Monografias | La lectura en el pensamiento educativo del siglo XIX

La lectura en el pensamiento educativo del siglo XIX

Resumen: En ocasión de celebrarse el “Año Internacional del Libro Alejo Carpentier expreso: Si tan noble se considera la invención del barco, que lleva de un lugar a otro las riquezas y los placeres de la vida y comunica entre sí a las regiones más alejadas para que comparta

Publicación enviada por MsC. Esperanza Leyva Hernandez y otras autoras


 

DESARROLLO
En ocasión de celebrarse el “Año Internacional del Libro Alejo Carpentier expreso:

Si tan noble se considera la invención del barco, que lleva de un lugar a otro las riquezas y los placeres de la vida y comunica entre sí a las regiones más alejadas para que compartan sus diversos productos, cuanto debe exaltarse a los libros, que como los navíos, atraviesan los dilatados mares del tiempo y permiten a los hombres participar de las sabidurías, las luces y los descubrimientos desde edades más tempranas.

Como se ha observado, estas sabias palabras nos revelan con claridad, que en la preservación del conocimiento humano, el documento escrito desempeña desde hace miles de años, una función esencial. Lo mismo ocurre desde hace siglos. En unos y otros los pueblos han encontrado los mejores aliados para dominar su pensamiento y conquistar su libertad.

Debe consignarse que, el libro es un instrumento privilegiado del saber y la reflexión, contribuye a la plenitud del hombre, del individuo y del progreso de la sociedad, permite a todos apreciar las mejores creaciones del espíritus, en el mundo entero, sirviendo así a la comprensión entre los pueblos, que es una de las condiciones primordiales para el establecimiento de la paz.

El libro es la más universal de las fuentes del conocimiento. De él se nutren y hacia él convergen para dejar sus huellas todas las culturas, las historias, las artes, las ciencias, las filosofías, la vida de toda la humanidad. Es un eslabón imprescindible para el mejoramiento humano.
Una mirada al pensamiento pedagógico del siglo XIX permitirá comprender la esencia de estas ideas.

La burguesía cubana a inicios de este siglo se adscribió a modelos educativos europeos modernos, introdujo postulados de la Escuela Lancasteriana y el método de Pentalozzi.

Consideró que dentro del proyecto cultural que se proponía, la educación y la escuela como institución debían desempeñar un rol decisivo para afianzar definitivamente en la conciencia de las nuevas generaciones, el sentimiento de cubanía. Por esta razón crearon su propio camino en materia educacional y abordaron la copia acrílica de los modelos importados.

Varias son las figuras que hicieron sus aportes al desarrollo del pensamiento educacional cubano en este período de la ilustración, en relación con la enseñanza de la lectura.

José Agustín Caballero representante del reformismo filosófico a inicios de este siglo, abogó por reformas en la enseñanza con la inclusión de nuevos conocimientos científicos que demandaban el cuestionamiento filosófico. Aunque no desapareció en él la manera escolástica de pensar, sí hizo una sensible crítica a las bases filosóficas de la escolástica, al modelo educativo imperante y dio entrada a Cuba al pensamiento moderno.

Sus ideas educacionales constituyeron el primer paso transicional en el camino de la búsqueda de un pensamiento educativo propio.
Concedió gran importancia a la clase de leer en la enseñanza primaria, donde la cartilla, el deletreo y la lectura eran su esencia. Ofreció orientaciones precisas para el uso de la cartilla y estableció que en la clase de deletreo se siguiera el método silábico y recomendó para la clase de lectura la atención del maestro a la pronunciación y las inflexiones de la voz. Propuso los tipos de libros que debían leer los alumnos e hizo observaciones interesantes para hacer que todos leyeran sin perder el interés.

A pesar de que estas ideas eran una revelación en su tiempo no rebasaban la enseñanza memorística y repetitiva en la lectura.
A partir de los años 20 se produjo la radicalización del pensamiento filosófico y el nacimiento de un ideario educativo acorde con los intereses de la nación cubana. Se destaca en esta época la figura de José de la Luz y Caballero, quien enfrentó la lucha contra el escolasticismo y el eclecticismo en la tercera década del siglo XIX y se convirtió en el pensador más relevante de toda la América Latina.

Considero que la educación debía convertirse en el motor impulsor del progreso social, este constituía su fin político. Para lograr sus propósitos tuvo que luchar durante toda su vida activa y dentro de sus líneas directrices estuvo transformar los métodos de enseñanza. Propuso el explicativo que lo aplicó a la enseñanza de la lectura. Introdujo cambios en la enseñanza del abecedario, con la utilización de carteles, esto favorecería la identificación de los caracteres de cada letra, diferenciarlas y agruparlas por sus complejidades fónicas y silábicas. Después formar sílabas, palabras y oraciones. Utilizó lecciones graduadas para dinamizar la enseñanza de la lectura, a partir de la participación activa de los alumnos. Consideró que era importante que el alumno distinguiera lo principal de lo accesorio, lo abstracto de lo relativo. Significó la modulación de la voz según lo requiere el tema. La importancia de la lectura por el maestro como modelo para sus alumnos, fue destacada por él.

En la enseñanza de la lectura, en la pedagogía cubana actual, muchas de estas ideas se han tenido en cuenta.
A finales de la década de los años 60, aparecieron otras manifestaciones educativas, que no formaron una sólida tendencia. Representaron ideas democráticas de un profundo carácter popular. Se destacaron las ideas de Rafael Morales y González, quien fue maestro desde su adolescencia.
Concibió un plan para fundar en algunos barrios pobres de la capital, en los que habitaban los artesanos y jornaleros, escuelas nocturnas para enseñar a leer y a escribir. A pesar de los múltiples esfuerzos realizados por él y sus amigos no pudieron continuar su labor por las presiones del gobierno, quien suspendió las lecturas en los talleres por considerarlas contrarias al bienestar y a la paz.

En 1865, José Silverio Jarrín, director de la Sociedad Amigos del País, propuso llevar al domicilio del campesino la enseñanza, con preceptores que enseñarían a leer y a escribir gratuitamente.

Después de la guerra iniciada el 10 de octubre de 1868, en los territorios liberados en la manigua se desarrolló una amplia labor educacional. Se aprobó una ley utópica por iniciativa de Moralitos en la que se le concedió en la primera enseñanza gran importancia a la lectura. Elaboró una cartilla que fue considerada en esa época un documento de gran importancia en la historia de las ideas educativas en Cuba, en ella se recogían orientaciones precisas para la enseñanza de la lectura, criticaba los métodos más usados en ese momento y abogaba por el silabeo. Exhortó a los maestros que ejercitaran al educando en las lecturas de las leyes patrias, con preferencias las penales y políticas.

En las dos últimas décadas se produjeron cambios económicos y sociales en Cuba, como resultado de la Guerra de los Diez Años, donde la burguesía perdió no solo su posición económica, sino su aliento progresista. Y se alió al reformismo. España mantuvo inalterable en esencia el ideario educativo de siglos anteriores, sin tener en cuenta la necesidad de los cambios que se imponía, a pesar de esto se continuó desarrollando la escuela cubana, muchos maestros introdujeron elementos nuevos en su teoría educativa y en la manigua se continuó la labor que había sido interrumpida en la alfabetización a los combatientes y a los campesinos. Daniel Fajardo Ortiz escribió una nueva cartilla.

El ilustre camagüeyano Enrique José Varona, quien dedico toda su vida a la labor educativa, fue abanderado de la enseñanza práctica y teórica, proclamó la libre selección de los textos, pero exigía que las temáticas tuviesen un orden, organización en las ideas, con modernidad con un estilo caro y preciso. Concedió mucha importancia a la lectura de cuentos en la enseñanza preescolar.

Las soluciones cubanas al proyecto teórico práctico de la educación, se concentraron, en la última década del siglo XIX en las ideas positivistas y la teoría de José Martí, que elaboró a partir de su conocimiento y análisis crítico de las soluciones oficiales que se daban al problema de la educación en los países que visitó. Concibió la educación como un fenómeno social integral: la educación para la vida. Precisó que la educación debía ser laica, obligatoria, para todos, conforme a la época, natural, científica, desarrolladora y práctica.

Consideró que la enseñanza en general y en particular en las ciencias naturales, se desarrollara en íntimo vínculo con la poesía, que debían ser amenas y despertar la imaginación. Significó la lectura oral viva y accidentada.

José Martí (citado por Abel Prieto 2002) expresó:” La poesía, es más necesaria a los pueblos que la industria misma, pues esta le proporciona el modo de subsistir, mientras que aquella les da el deseo y la fuerza de la vida ¿A dónde irá un pueblo de hombres que haya perdido el hábito de pesar con fe en la significación y alcance de sus actos.

Estas sabias palabras nos revelan que en la concepción martiana del aprendizaje la lectura ocupa un lugar significativo y su elevada filiación al humanismo moderno de su época.

Los fundadores del pensamiento cubano del siglo XIX, contribuyeron con sus ideas a romper con esquemas impuestos en la enseñanza de la lectura, heredados de la escolástica, el eclecticismo y la filosofía clásica alemana. Con sus ideas situaron al pensamiento filosófico y educacional cubano a la altura del pensamiento universal, que aún se mantienen vigentes, al considerar al libro como un instrumento privilegiado del saber y la reflexión.

BIBLIOGRAFÍA
Carpentier, Alejo (1972) “Elogio y reinvindicacion del libro”. En Correo. Espana, p12.
Chavez, Justo A(1996): “Bosquejo historico de las ideas educativas en Cuba”. Editorial Pueblo y educación. 123p
Lahera, Falconeris(2005) “La enseñanza de la lectura en la ilustración cubana del siglo XIX”.
Luz Caballero,Jose (1950)” Instrucción a los maestros para practicar el metodo explicativo” P95.
Marti Perez, Jose(1985) “Lecturas orales”. En obras completas T6. Edicion Ciencias Sociales. La Habana. P233-236.

AUTORA
MsC. Esperanza Leyva Hernandez.
Coautoras: MsC Angela Rodriguez Mades.
Lic. Belquis Estevez Verdecia.
Lic. Yanelis Leyva Abreu.

INSTITUTO SUPERIOR PEDAGÓGICO “JOSE DE LA LUZ Y CABALLERO” HOLGUÍN

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Publicado Monday 19 de November de 2007

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