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Marx: biografía de una teoría
Resumen: En agosto de 1835, cuando el joven marx contaba con 17 años, presentó tres ensayos para aprobar su bachillerato. Las ideas humanísticas de la revolución francesa son las que dominaban el ámbito cultural, de la región renana de Alemania...
Publicación enviada por Humberto Escobedo Cetina
1.- ESCRITOS ESCOLARES
En agosto de 1835, cuando el joven marx contaba con 17 años, presentó tres
ensayos para aprobar su bachillerato.
Las ideas humanísticas de la revolución francesa son las que dominaban el ámbito
cultural, de la región renana de Alemania, donde nació el 5 de mayo de 1818.
Desde muy pequeño recibió la influencia de su padre, maestros de escuela y de su
futuro suegro.
En esta edad de su vida, el joven alemán, revela una transición de un
pensamiento cristiano, bebido desde la infancia, a una mentalidad humanista.
Las materias que debía aprobar eran: latín, religión y un tema libre en alemán..
El primero, según su biógrafo Mac Lellan carece de valor y todavía no ha sido
traducido al español, tenia como titulo: “¿Es posible considerar que el gobierno
de augusto, ha sido uno de los más felices de la historia de roma?”.
Este primer trabajo “constituye una comparación bastante trivial de dicho
reinado con el de la época anterior, menos culta, y con la época posterior, en
la cual la decadencia empieza a manifestarse y ya se enuncia la tiranía”.
El segundo escrito tuvo como titulo: “mostrar según el evangelio de san Juan-IV,
1-4, la razón, la naturaleza, la necesidad y los efectos de la unión de los
creyentes con el cristo”.
Aquí el joven comienza diciendo que la historia “la gran maestra de la
humanidad” nos enseña que desde la antigüedad la naturaleza humana siempre ha
tratado de elevarse hacia una moralidad superior.
Luego asienta que la historia de la humanidad nos indica la necesidad de la
unión con cristo.
También “cuando consideramos la historia de los individuos y la naturaleza del
hombre, percibimos de inmediato una chispa divina en su interior, y un
entusiasmo por el bien, una lucha en pos del conocimiento, un deseo de verdad”
Aunque estos instintos naturales se viesen oscurecidos por deseos pecaminosos,
la unión con cristo los vencería y proporcionaría una “felicidad que en vano, el
epicúreo en su simple filosofía y el más profundo pensador en los más hondos
abismos buscarán felicidad que sólo alguien incondicionalmente entregado como un
niño a cristo, y mediante él a dios, puede conocer y que le procura una vida más
bella y elevada.
Según Auguste Cornu, estudioso de la obra de Carlos marx, este escrito
“inspirándose en las concepciones racionalistas de su padre y sus maestros, en
especial de wyttenbach, reducía la religión a la moral.
Al comentar este pasaje del evangelio de san Juan desde un punto de vista
histórico y filosófico, sostiene que la unión de los hombres en dios responde a
una profunda tendencia de la naturaleza humana, que siempre se ha esforzado,
como lo prueba el ejemplo de platón, por elevarse hasta dios por medio de una
moralidad más noble.
A continuación exponía que la unión de los creyentes con cristo –que la impura
moral de los paganos había hecho necesaria- permitía acceder a la verdadera
virtud, a la virtud cristiana, más humana y más dulce que la de los estoicos,
más elevada y más pura que la de los epicúreos.
Desde el punto de vista dogmático, esta disertación era más bien débil, pues las
razones dadas para la unión de los creyentes en cristo eran exclusivamente de
orden moral, y no se tenían en cuenta, como observó el corrector, las razones
específicamente religiosas”.
A partir de este momento el joven marx, al igual que su padre, se desliga de
toda creencia dogmática y la filosofía racionalista predomina en él sobre la
religión.
Este ensayo tampoco ha sido traducido al español.
El tercer escrito se llamó: “reflexiones de un joven al elegir profesión”.
Aquí la filosofía de la razón le hace reemplazar la concepción religiosa de la
vida humana por la teoría del destino moral del hombre.
Por considerar de importancia para este libro y para que los lectores conozcan
este trabajo escolar, lo reproduzco íntegramente:
“reflexiones de un joven al elegir profesión”
“Al animal se encarga la misma naturaleza de trazarle el radio de acción dentro
del que ha de moverse y en el que se mantiene tranquilamente, sin salirse de él
ni sospechar siquiera que exista otro. también al hombre le ha trazado dios un
fin general: el ennoblecer a la humanidad y ennoblecerse a sí mismo, pero
encargándole al mismo tiempo de encontrar los medios para alcanzarlo; dejando
que sea él el encargado de elegir el puesto que dentro de la sociedad considere
más adecuado para su persona y desde el cual pueda elevarse mejor él mismo y
elevar a la sociedad.
“esta posibilidad de elegir constituye un gran privilegio del hombre con
respecto a los demás seres de la creación, pero es, al mismo tiempo, algo que
puede destruir su vida entera, llevar sus planes al fracaso y hacerlo
desgraciado. de ahí que la elección seria de una profesión sea el primer deber
del joven que inicia su carrera en la vida y no quiere encomendar al azar sus
asuntos más importantes.
“cada cual tiene ante sus ojos una meta que a él, por lo menos, le parece grande
y que lo es, siempre y cuando que su convicción más profunda, la voz más
recóndita del corazón, la considere así, ya que dios no deja nunca al hombre sin
consejo y, aunque hable en voz baja, su voz es siempre segura.
“sin embargo, esta voz es ahogada, a veces, por los ruidos de fuera y los que se
nos antoja entusiasmo puede ser un capricho del momento, que el momento mismo se
encargue también de disipar. puede ocurrir que nuestra fantasía se sienta
inflamada, que nuestros sentimientos se vean estimulados, que se proyecten ante
nuestros ojos imágenes engañosas y nos precipitemos afanosamente hacia una meta
que creemos nos ha sido trazada por dios, para ver luego que lo que habíamos
abrazado tan apasionadamente nos repele, y toda nuestra existencia amenaza con
derrumbarse.
“debemos, pues, pararnos seriamente a meditar, cuándo, de veras, sentimos
entusiasmo por una profesión, si es una voz interior la que la aprueba o nos
engañaba el entusiasmo que se hacia pasar por una llamada de la divinidad.
“Ahora bien, la única manera de convencerse de esto, es ahondar en la fuente
misma de la que nace el entusiasmo.
“la grandeza brilla, el brillo suscita la ambición y la ambición puede
fácilmente provocar el entusiasmo o lo que se hace pasar por tal: y cuando la
furia de la ambición se desencadena y nos atrae, ya no podemos refrenar la
razón, sino que nos precipitamos alocadamente en pos de nuestros impulsos
refrenados, y no somos nosotros quienes elegimos lo que queremos ser en la vida,
sino que nos dejamos llevar por la apariencia y el azar.
“el puesto para el que estamos llamados no es precisamente aquel en que más
podemos brillar, ni es tampoco el que a lo largo de todos los años en que
podamos ejercer esa actividad, no nos fatiga ni deja que se entibie nuestro
entusiasmo, pero en el que, sin embargo, al cabo de algún tiempo, ya no colma
nuestros deseos, ya no satisface nuestras ideas, sino que nos lleva a murmurar
de dios y a maldecir de los hombres.
“pero no es sólo la ambición la que puede suscitar en nosotros el repentino
entusiasmo por un puesto en la vida; a veces es también nuestra fantasía la que
lo adorna engañosamente, llevándonos a ver en él lo más alto que la vida puede
ofrecernos. no nos detenemos a analizarlo, a considerar todas las cargas, la
gran responsabilidad que nos impone, sólo lo vemos de lejos, y la lejanía
siempre engaña.
“en esto, nuestra propia razón no es nunca buena consejera, ni la experiencia,
ni una profunda observación se encargan de apoyarla, y los sentimientos y la
fantasía la fascinan, no pocas veces. y si nuestra propia razón nos abandona,
¿hacia donde podemos volver la mirada, en quien podemos buscar apoyo?
“en nuestros padres, que han recorrido ya la trayectoria de la vida y saben lo
que es rigor del destino: he ahí lo que nuestro corazón nos aconseja.
“y si, en estas condiciones, seguimos sintiendo el mismo entusiasmo y seguimos
amando la misma profesión por la que nos sentimos atraídos, habiéndonos parado a
considerar lo que representa como carga, conociendo sus inconvenientes y sus
amarguras, podemos abrazarla sin miedo, seguros de que no nos engañará el
entusiasmo ni obraremos movidos por la precipitación.
“ahora bien, no siempre podemos escoger en la vida aquella posición hacia la que
nuestra vocación nos llama, pues las relaciones en que nos encontramos dentro de
la sociedad se encargan, hasta cierto punto, de decidir por nosotros antes de
que nosotros mismos lo hagamos.
“ya nuestra misma naturaleza física se interpone con frecuencia, en ademán de
amenaza, sin que nadie se atreva a discutir sus derechos.
“es cierto que podemos desafiarla, pero, cuando lo hacemos, nos exponemos a
perecer irremisiblemente, nos lanzamos a levantar, imprudentemente, un edificio
sobre precarios fundamentos, nos exponemos a que nuestra vida sea un conflicto
desventurado entre el principio físico y el principio espiritual. quien no sea
capaz de acallar dentro de sí mismo los elementos en pugna jamás podrá obrar
serenamente, y sólo en la paz pueden nacer los grandes y hermosos hechos de la
vida; la calma es el suelo del que tienen que brotar los frutos sazonados.
“aunque no sea posible luchar durante mucho tiempo y rara vez con satisfacción
contra una naturaleza física adversa a la profesión abrazada, la idea de
sacrificar al deber nuestro bienestar se hace sentir siempre vigorosamente, en
cierta medida. pero, si elegimos una profesión sin poseer el talento necesario
para ella, no podemos ejercerla dignamente y no tardaremos en reconocer,
avergonzados, nuestra propia incapacidad y considerarnos como un ser inútil en
la creación, como miembro de la sociedad condenado a no poder ejercer con fruto
su profesión. y la consecuencia más natural de ello será, entonces, el desprecio
de uno mismo, el más doloroso y amargo de los sentimientos, en el que nada vale
todo lo que, como compensación, nos puede ofrecer el mundo exterior. pues el
desprecio de uno mismo es como el veneno de una serpiente que nos corroe
constantemente el corazón, que corrompe día tras días nuestra sangre y destila
en ella la ponzoña del odio a la humanidad y la desesperación.
“cuando nos engañamos acerca de nuestras dotes para el ejercicio de la profesón
a la que nos entregamos, cometemos un crimen que se venga de nosotros mismos y
que, aunque no sea condenado por el mundo que nos rodea, provoca en nuestro
pecho un dolor más penoso que la condena de los demás.
“después de meditar en todo esto y si las condiciones de nuestra vida nos
permiten realmente escoger la profesión deseada, debemos procurar elegir aquella
que nos ofrezca la mayor dignidad, que descanse sobre ideas de cuya verdad
estemos profundamente convencidos, que abra ante nosotros el mayor campo de
acción para poder actuar en bien de la humanidad, que nos permita acercarnos a
la meta general al servicio de la cual todas las profesiones son solamente un
medio: la perfección.
“la dignidad es lo que más eleva al hombre, lo que confiere mayor nobleza a sus
actos y a todas sus aspiraciones, lo que le permite mantenerse intacto, admirado
por la multitud y elevarse, al mismo tiempo, por encima de ella.
“y solo puede conferir dignidad aquella profesión en la que el hombre no se
convierte en un instrumento servil, sino que puede elegir por sí mismo el
círculo en que se mueve; solamente aquella profesión que no impone ninguna clase
de hechos reprobables ni siquiera el vislumbre de ellas puede ser abrazada con
noble orgullo por los mejores. y las que más garantizan esto no son siempre las
más altas, pero sí las más dignas de ser elegidas.
“pero así como una profesión sin dignidad nos humilla, podemos estar seguros de
sucumbir ante aquella basada en ideas que más tarde habremos de reconocer como
falsas.
“si la abrazamos, sólo podremos sostenernos en ella engañándonos a nosotros
mismos, camino que nos conducirá necesariamente a la desesperación.
“las actividades que, en vez de entrelazarse con la vida, se alimentan de
verdades abstractas son las más peligrosas de todas para el joven cuyos
principios aún no están formados, cuyas convicciones no son aún firmes e
inconmovibles, aunque puedan considerarse, al mismo tiempo, como las más altas
de todas, si han echado profundas raíces en nuestro pecho, si somos capaces de
sacrificar la vida y todas nuestras aspiraciones por las ideas que en ellas
predominan.
“podemos considerar dichoso a quien se siente llamado por estas actividades,
aunque destruye a quien las abraza precipitada y atolondradamente, dejándose
llevar por un impulso del momento.
“en cambio, la alta opinión que nos formamos de las ideas sobre las que
descansan nuestras actividades nos confiere una posición superior dentro de la
sociedad, acrecienta nuestra propia dignidad y hacen que nuestros actos sean
inconmovibles.
“quien elige una profesión que tiene en alta estima retrocederá aterrado ante la
posibilidad de hacerse indigno de ella y obrará noblemente por el solo hecho de
ser noble la posición que le asigna en la sociedad.
“pero la gran preocupación que debe guiarnos al elegir una profesión debe ser la
de servir al bien de la humanidad y a nuestra propia perfección. y no se crea
que estos dos intereses pueden ser hostiles o incompatibles entre sí, pues la
naturaleza humana hace que el hombre sólo pueda alcanzar su propia perfección
cuando labora por la perfección, por el bien de sus semejantes.
“cuando el hombre sólo se preocupa de sí mismo, puede llegar a ser, sin duda, un
famoso erudito, un gran sabio, un excelente poeta, pero nunca llegará a ser un
hombre perfecto, un hombre verdaderamente grande.
“los más grandes hombres de que nos habla la historia son aquellos que,
laborando por el bien general, han sabido ennoblecerse a sí mismos; la
experiencia demuestra que el hombre más dichoso es el que ha sabido hacer
dichosos a los más; y la misma religión nos enseña que el ideal al que todos
aspiran es el de sacrificarse por la humanidad, aspiración que nadie se
atrevería a destruir.
“quien elija aquella clase de actividades en que más pueda hacer en bien de la
humanidad, jamás flaqueará ante las cargas que pueda imponerle, ya que éstas no
serán otra cosa que sacrificios asumidos en interés de todos; quien obre así, no
se contentará con goces egoístas, pequeños y mezquinos, sino que su dicha será
el patrimonio de millones de seres, sus hechos vivirán calladamente pero por
toda una eternidad, y sus cenizas, se verán regadas por las ardientes lágrimas
de todos los hombres nobles”.
Carlos marx
Cornu escribe que esta patética profesión de fe era la primera afirmación
apasionada de un ideal al cual debía seguir siendo fiel y al que sacrificaría su
vida.
En su idealismo juvenil refleja las ideas humanistas de su padre y maestros y
era testimonio de que ya había tomado resueltamente partido por la tendencia
democrática que había nacido en Alemania.
La conclusión de este ensayo es un plan de vida o mejor dicho un manifiesto
filosófico que será la meta a la que dedicará toda su vida: trabajar por el bien
de la humanidad
Aquí el joven desdeña la vanidad, la ambición egoísta y la búsqueda de una
brillante posición económica.
Guiado por la conciencia del deber social, considera que su misión es dedicar
toda si vida al servicio de la humanidad.
En conclusión: imbuido de racionalismo critico a sus 17 años, este joven optó
por esas altas actividades humanas, que se alimentan de verdades que exigen el
sacrificio de la vida misma.
La elección estaba hecha: sólo faltaba que la experiencia biográfica la
concretase.
2.- LA TESIS DOCTORAL.
Con el fin de obtener un puesto de catedrático en la universidad, Carlos marx en
1839 comenzó a trabajar en su tesis doctoral.
Durante todo ese año y comienzos del siguiente, leyó e hizo extractos de
diversos libros. El título de estas notas fue: “la filosofía epicúrea”.
Estudió a Hegel, Aristóteles, Leibniz, Hume, Kant y otros autores.
Los temas que abordó fueron: la relación entre epicureismo y estoicismo, el
concepto de sabio en la filosofía griega, las ideas de Sócrates y Platón sobre
la religión y las perspectivas de la filosofía pos-Hegeliana.
En su tesis doctoral titulada “Diferencia de la filosofía de la naturaleza en
Demócrito y Epicuro”, Marx se coloca al lado de Epicuro y su ética de la
libertad, en contra del determinismo mecanicista de Demócrito.
Según Marx, Epicuro no copió la física de Demócrito, sino introdujo la idea de
espontaneidad en el movimiento de lo átomos, agregando a la naturaleza inanimada
del mundo de Demócrito, regulado por leyes mecánicas, un mundo de naturaleza
animada en donde operaba la voluntad humana.
Marx prefirió la visión de Epicuro, por su énfasis sobre la autonomía absoluta
del espíritu humano que liberaba a los hombres de todas las supersticiones de
objetos trascendentes y por el énfasis sobre la libre autoconciencia individual
que mostraba una vía que podía ir más allá del sistema de una filosofía total.
Mientras que Demócrito aceptaba sumisa y mecánicamente, los mandatos de los
dioses, Epicuro se rebelaba y preguntaba: ¿dónde queda el libre arbitrio, la
voluntad de los seres vivos arrancada a los dioses?
Epicuro el más grande racionalista griego, como Marx le llamaba, lucha contra la
religión que con su mirada amenazadora, aterroriza desde lo alto del cielo a los
mortales.
En esta tesis doctoral, Marx continúa en el terreno idealista de la filosofía
hegeliana.
A pesar de que el tiempo le daría la razón a Demócrito, Marx defendía a Epicuro
porque este filósofo, como el mismo Marx, se alzaba contra el peso oprimente de
la religión y desafiaba a los dioses, “sin que los rayos le aterrasen, ni los
gruñidos de los dioses, ni la sorda cólera del cielo”.
Marx apoya las palabras de Epicuro: “no es ateo el que desprecia a los dioses
del vulgo, sino quien abraza las ideas del vulgo acerca de los dioses”.
La rebeldía revolucionaria del joven filósofo alemán se manifiesta en su
identificación con Prometeo quien dijo: “dicho en pocas palabras, odio a todos
los dioses”.
Para Marx, Prometeo es el santo y el mártir más sublime del calendario
filosófico. La rebeldía filosófica de Marx era la confesión sencilla y recogida
del hombre que había de ser, con el tiempo, otro Prometeo, así en la lucha como
en el martirio.
Según Stepánova, Marx defendió con admiración la osadía de Epicuro, porque luchó
contra la religión de su época, Marx era adversario irreconciliable de todo
intento de subordinar la ciencia a la religión, así como de hacer un lado el
libre pensamiento.
Al declarar la guerra a todos los dioses, de los cielos y de la tierra, Marx
aparece no sólo como ateo, sino también como revolucionario, valiente luchador
contra el “Estado cristiano”, la monarquía absoluta prusiana que oprimía
políticamente al pueblo alemán.
Esta tesis, presentada en abril de 1841, contiene ya una critica a la filosofía
idealista y especulativa hegeliano.
Al mismo tiempo que se deslinda de los demás integrantes de la izquierda
hegeliana, puede notarse en este documento una separación radical del
determinismo histórico de la filosofía de Hegel, que consideraba al Estado
prusiano la encarnación de la idea absoluta, una deificación del Estado.
El joven Marx, adelantándose a la onceavo tesis sobre Feuerbach, afirma ya aquí,
que la unión hegeliana de lo racional y real, no podía ser el resultado del
simple desarrollo dialéctico del espíritu, sino que debía realizarse por la
crítica que prepara a la teoría que dispone a la teoría el camino de la
transformación práctica.
Consideraba que la filosofía no debía conformarse con racionalizar teóricamente
el mundo, sino que debía tender en esencia a transformarlo en los hechos.
Más tarde, en la tesis mencionada, afirmó que “Los filósofos anteriores (hasta
Hegel) se habían dedicado a interpretar al mundo, cuando lo que debía realizarse
es transformarlo”
Esta tesis es un paso importante en el pensamiento filosófico y político del
joven Marx, en especial porque no sólo supera el idealismo hegeliano, sino
también porque asienta ya las bases del materialismo histórico y con ello el
papel trascendental de los hombres en la transformación radical de la sociedad
humana.
A diferencia de la filosofía individualista de Sigmund Freud y la filosofía
científica de Wilhelm Reich, el pensamiento de Carlos Marx , desde sus primeros
escritos, revela un HUMANISMO, ubicado en el momento histórico en que los seres
humanos, liberados de las cadenas religiosas, pueden ser capaces de convertir
las condiciones sociales de esclavitud, en una sociedad realmente LIBRE y
HUMANA.
A partir de aquí, Marx, para ser consecuente con su filosofía práctica, tendrá
que participar, primero como periodista, en la vida política de su tiempo,
defendiendo a los trabajadores y con ello enfrentándose al aparato del Estado
prusiano que defendía los intereses económicos y políticos de las clases
dominantes.
Para los jóvenes y en general, para todos los que se interesen por leer el texto
completo de esta TESIS DOCTORAL, les recomiendo la traducción de Wenceslao
Roces, publicada en el primer tomo de las obras fundamentales de Carlos Marx y
Federico Engels, titulado MARX: ESCRITOS DE JUVENTUD, edición del Fondo de
Cultura Económica, México, 1987.
3.- LOS ARTICULOS PERIODISTICOS
En febrero de 1842, el joven filósofo se convierte en periodista.
El año anterior cuando escribió una critica a Gustav Hugo(1764-1844), fundador
de la Escuela Histórica del Derecho, al mismo tiempo planeó 5 artículos sobre
los debates del parlamento Renano, de los cuales sólo fueron publicados el de la
libertad de prensa y el robo de madera.
El primero artículo que le envió al director de “Los anales Alemanes”, Arnold
Ruge, se tituló: “Observaciones sobre la reciente instrucción prusiana acerca de
la censura”.
En este trabajo Marx expuso las inconsistencias de las nuevas regulaciones de la
censura que se suponía suavizaban las prevalecientes.
Puesto que prohibía los ataques a la religión cristiana y penalizaba las ofensas
contra la disciplina, las costumbres, el joven periodista consideró que la
censura debe rechazar a los grandes pensadores morales del pasado (Kant, Fichte,
Spinoza), por irreligiosos y violadores de la disciplina, las costumbres y la
respetabilidad social.
Para Marx las nuevas regulaciones tendían a crear una sociedad en la que un solo
órgano del Estado se consideraba poseedor único de la razón y la moralidad,
cuando en realidad un Estado ético debe reflejar las opiniones de sus miembros,
aun si llegan a oponerse a uno de sus órganos o al mismo gobierno.
El crítico comenzaba a sacar conclusiones democrática-liberales de la filosofía
política de Hegel.
Las autoridades prohibieron la publicación de este artículo.
Al año siguiente se publicaría en Suiza en la revista “Anekdota”
El estilo humanista de Marx se manifestaba cuando comentaba la publicación de
los debates de la Dieta Renana, en los que no se citan los nombres de los
representantes que intervinieron en dichas discusiones. El joven alemán dice que
la Dieta no soporta la luz del día y si los lectores confiaron, al elegir a sus
representantes éstos a su vez, al ocultarse en el anonimato no confían en el
juicio de la provincia que les dio su confianza.
Cuando un orador alemán reclamó la libertad de prensa como integrante de la
libertad de industria, Marx respondió: ¿Acaso es libre la prensa degradada a
industria?. Es innegable que el escritos tiene que ganar con el trabajo de su
pluma para existir y escribir, pero jamás existir y escribir para ganar.
La primera libertad de la prensa consiste precisamente en no ser una industria.
“Al escritor que prostituye esa libertad de prensa, convirtiéndola en medio
material, le está bien empleada como castigo de esa esclavitud exterior de la
censura; o por mejor decir, ya su propia existencia es su castigo”.
Durante toda su vida, Marx había de corroborar prácticamente, lo que aquí exige
de todo escritor; sus trabajos fueron siempre fin y jamás un medio, hasta tal
punto fueron, para él y cuantos le rodeaban, que llegó a sacrificarles, siempre
que fue necesario, su propia existencia.
El segundo estudio sobre los debates de la Dieta Renana, acerca de la “historia
arzobispal”, (inédito en español), fue suprimido también por la censura oficial.
En una carta a Arnold Ruge, del 9 de Julio de 1842, Marx le dice: “Mi segundo
artículo acerca de la Dieta, el referente a los líos eclesiásticos, ha sido
tachado. En él demostraba cómo los defensores del Estado se habían colocado en
el punto de vista clerical y los defensores de la iglesia en el punto de vista
del poder civil”.
En el tercer estudio formado por cinco artículos, Marx analiza los debates
reñidos en torno a una ley sobre los robos de leña. Con este tema -nos dice
Mehring- el autor descendía a la tierra llana o en otras palabras, se veía
sujeto a la perplejidad de tener que tratar de intereses materiales que no
estaban previstos en sistema ideológico de Hegel.
Esta ley trataba de la batida capitalista contra los últimos vestigios de
propiedad comunal sobre el suelo, de una cruel expropiación contra las masas
populares. De los 207,478 procesos criminales seguidos por el Estado prusiano en
1836, unos 150,000 se referían a robo de leña y transgresiones contra la
propiedad forestal, costos de caza y guardería.
En estos debates triunfó el interés expoliador de la gran propiedad privada.
Marx enfrentándose a ese interés , con su crítica tajante, tomó partido “por la
muchedumbre pobre, política y socialmente desposeída”.
El periodista pedía que a los pobres, amenazados de ruina, se les garantizasen
sus derechos consuetudinarios. Su defensa no era económica, ni política, todavía
era jurídica.
El joven escritor denuncia las granujadas de los propietarios de extensos
terrenos y bosques, quienes al defender sus intereses particulares, pisoteaban
la razón y la lógica, la ley y el derecho, atentando también, muy directamente,
contra el interés público, para luchar a costa de los pobres y los miserables.
Para perseguir a los pobres campesinos que atentan contra la propiedad de los
terratenientes, la Dieta no se ha contentado con romperle al derecho brazos y
pierna, sino que le ha atravesado el corazón -dice Marx-.
Mehring, en su famosa biografía, afirma que, con este ejemplo de la ley sobre
los robos de leña, Marx demostró que los integrantes de la Dieta Renana
representaban y defendían los intereses económicos de los grandes propietarios
de la tierra en Alemania.
En este trabajo, aunque Marx todavía estaba influido por la filosofía hegeliana
del derecho y del Estado, no reverenciaba al Estado prusiano como el Estado
ideal, como lo hacían los viejos hegelianos conservadores, sino contrastando la
realidad del Estado prusiano con la pauta del Estado Ideal, que se desprendía de
los supuestos filosóficos de que arrancaba Hegel.
Marx veía en el estado, el gran organismo en que debían encarnar y realizarse la
libertad jurídica, la libertad política y la libertad moral y en el que el
ciudadano, súbdito suyo, al someterse a las leyes del Estado, no hacía más que
obedecer a las leyes naturales de su propia razón, la razón humana.
Varios autores, reconocen la importancia de este ensayo sobre los robos de leña,
en la radicalización política que experimentó el joven Marx.
Mc Lellan, por ejemplo, asienta que en este artículo, Marx discutió las
cuestiones del robo de la leña, desde un punto de vista legal y político, sin
mucho detalle histórico y social, y el autor solicita que el Estado defendiese
la ley tradicional frente a la capacidad del rico.
Años después, el propio Marx reconoció la importancia de ese artículo. Engels,
su compañero de lucha, también dijo que por ese trabajo, Marx se vio llevado de
la política pura a las relaciones económicas y de allí al socialismo.
Lenin escribió: aquí se perfila el paso del idealismo al materialismo y de la
democracia revolucionaria al comunismo.
Estos artículos periodísticos, pueden leerse, en la traducción de Wenceslao
Roces mencionada líneas atrás.
4.-LA CRITICA DE LA FILOSOFIA DEL ESTADO DE HEGEL.
En 1841, el joven Marx al leer La Esencia del Cristianismo de Feuerbach,
encuentra las armas filosóficas para poder criticar a Hegel.
En este libro, Feuerbach demuestra que no es la religión quien hace al hombre,
sino el hombre quien hace la religión. Los seres superiores que crea nuestra
fantasía, los dioses, son producto de la proyección fantástica de nuestro propio
ser.
Marx no sólo asimila los aspectos positivos de la filosofía de Feuerbach, sino
también crítica su aspecto negativo : En la carta a Ruge, le dice: “Los
aforismos de Feuerbach me parecen desacertados en un punto: hace demasiado
hincapié en la naturaleza, sin preocuparse en los debidos términos de la
política. Sin esta alianza, la filosofía actual no llegará a ser nunca una
verdad.
En virtud de que el materialismo de Feuerbach no tocaba la política, será Marx
quien abordará la filosofía del Derecho del Estado, tan concienzudamente como
Feuerbach, investigó la filosofía hegeliana de la naturaleza y la religión.
La filosofía política de Hegel, la conciencia humana se manifiesta a sí misma
objetivamente en las instituciones jurídicas, morales, sociales y políticas del
hombre.
Estas instituciones permiten al espíritu alcanzar plena libertad y el logro de
esta libertad se hace posible por la moralidad social presente en los grupos
sucesivos de la familia, la sociedad civil y el Estado, La familia educa al
hombre en la autonomía moral, mientras que la sociedad civil organiza la vida
económica, profesional y cultural.
Sólo el nivel supremo de la organización social -el estado- es capaz de
sintetizar los derechos particulares y la razón universal en la fase final de la
evolución del espíritu objetivo.
Hegel rechazaba con ello la idea de que el hombre fuese libre por naturaleza y
que el Estado recortaba esta libertad natural.
Consideró que el Estado ideal que describía se hallaba presente en Prusia.
Marx revisó los poderes monárquicos, ejecutivos y legislativos, en lo que según
Hegel el estado se dividía a sí mismo, mostrando que la supuesta armonía lograda
en cada caso era, de hecho, falsa.
Así como la religión no hace al hombre, sino al contrario, la Constitución, no
hace al pueblo, sino que es el pueblo quien hace la Constitución.
Hegel entendía por burocracia un cuerpo de funcionarios superiores que se
reclutaban entre las clases medias. A ellos venía confiada la formulación de los
intereses comunes y la tarea de mantener la unidad del Estado. El monarca desde
arriba y la presión de las corporaciones desde abajo, impedían que sus
decisiones fueran arbitrarias.
Marx rechazaba la presunción de Hegel de que la burocracia fuese una clase
imparcial y en cuanto tal “universal”. Marx afirmó que los burócratas habían
acabado en la práctica por volver a sus propios asuntos privados, creando un
interés de grupo seccionado de la sociedad, siendo en el interior del Estado una
sociedad particular y cerrada, la burocracia apropiándose de la conciencia,
voluntad y poder des Estado
Para profundizar en su crítica a Hegel, Marx estudio las teorías de Maquiavelo,
Montesquieu, Rousseau y otros políticos.
Para Hegel el hombre real que produce el Estado y la sociedad civil, se presenta
como producto de la idea o del Estado , como encarnación de la idea del espíritu
o la razón.
En la transformación de lo condicionante en condicionado reside la mistificación
o especulación, característica de la filosofía política hegeliana.
Marx critica a Hegel por presentar lo real como ideal, o por mostrar la sociedad
civil (esfera de los intereses particulares y de las relaciones materiales) como
una determinación de la idea.
Denuncia esta mistificación que consiste en hacer de lo real, de lo empírico (la
sociedad civil) un hecho ideal. Hegel pretende presentar al Estado como es
realmente, pero en realidad lo presenta como es idealmente. La sociedad civil
aparece como un atributo del Estado, cuando en verdad es lo contrario.
Hasta aquí (1843) Marx no pudo todavía llevar su crítica hasta las últimas
consecuencias. Ignora el papel de la producción material, de la industrial y del
trabajo, así como las relaciones que los hombres contraen en la producción,
carece del concepto de la clase social, y desconoce aún cuál es el agente
histórico fundamental o clase revolucionaria que producirá el cambio que
conduzca a la nueva sociedad.
Al criticar al Estado debe pasar al plano de las relaciones materiales. Para
salvar el límite de su crítica de la filosofía especulativa de Hegel, tiene que
iniciar una crítica de la economía política. LA filosofía empuja hacia la
economía política.
5.- SOBRE LA CUESTION JUDIA
En 1843, Marx publicó en la revista “Anales Franco-alemanes”, dos artículos: un
comentario de dos trabajos de Bruno Bauer sobre la cuestión judía. El primero de
ellos es un resumen filosófico de la sociedad socialista y el segundo un resumen
filosófico de la lucha proletaria de clases.
En el artículo “Sobre la cuestión judía”, el autor investiga la diferencia entre
la emancipación humana y la emancipación política.
Los judíos se regocijaban viendo a los nacionalistas hundir el escalpelo crítico
en el cuerpo de la religión cristiana, por ellos tan aborrecida, pero cuando le
llegaba el turno a la religión judía, ponían el grito en el cielo, clamando
traición contra la humanidad.
Reclamaban la emancipación política de los judíos, pero no en un sentido de
equiparación de derecho, ni con la intención de renunciar a su posición
privilegiada, sino antes al contrario, atentos a reforzarla y dispuestos en todo
momento a sacrificar los principios liberales en cuanto éstos se opusieran a sus
intereses de casta.
Feuerbach había analizado la fe judía como la religión del egoísmo: Los judíos
se han mantenido con su fisonomía característica hasta los tiempos actuales.
Su principio, su Dios, es el principio más práctico del mundo: El egoísmo bajo
la forma de religión.
El egoísmo aglutina, concentra al hombre sobre sí mismo, pero le hace
teóricamente limitado, imbuyéndole indiferencia en cuanto no toca directamente a
su propio bienestar.
La religión judía -decía Bauer- era toda ella astucia animal para satisfacer las
necesidades de los instintos y acusaba a los judíos de haberse opuesto desde el
primer momento al progreso histórico, creándose, en su odio a todos los pueblos,
la más aventurera y mezquina de las vidas nacionales.
Pero, a diferencia de Feuerbach, que pretendía explicar la esencia de la
religión judaica por el carácter del pueblo judío, Bauer, a pesar de toda la
hondura, la audacia y la agudeza que Marx elogiaba en sus estudios sobre la
cuestión judía, no acertaba a enfocarla más que a través del cristal teológico.
Los judíos escribía bauer -solo podrán remontarse a la libertad, igual que los
cristianos, superando su religión. El Estado cristiano no podía, por si carácter
religioso, emancipar a los judíos, ni estos podían tampoco, por su carácter
religioso, mientras no cambiasen, o ser emancipados. Cristianos y judíos tenían
que dejar de ser lo que eran por su religión, cristianos y judíos, para
convertirse en hombre libres. Y como el judaísmo, en cuanto a religión, había
sido superado por el cristianismo, el judío tenía que recorrer el camino más
largo y espinoso que el cristianismo para llegar a la libertad.
A juicio de Bauer, los judíos no tenían remedio que someterse a la disciplina
del cristianismo y de la filosofía hegeliana , si querían llegar a ser libres.
Marx por su parte, replicaba que no era suficiente investigar quién había de ser
el emancipador y quien el emancipado, sino que la crítica debía indagar de que
clase de emancipación se trataba, si de la emancipación política meramente o de
la emancipación humana.
“La emancipación política es la reducción del hombre, de una parte, a miembro de
la sociedad burguesa, a individuo egoísta e independiente; de otra parte su
reducción a ciudadano del Estado, a persona moral. Solo cuando el hombre
individual y verdadero absorba en sí al ciudadano abstracto del Estado, para
tornarse en ser genérico como tal hombre individual, con su vida empírica, su
trabajo individual y sus condiciones individuales; solo cuando el hombre haya
reconocido y organizado sus fuerzas propias como las fuerzas sociales, sin que,
por tanto, separe ya de su persona la fuerza social bajo la forma de fuerza
política, sólo entonces, podremos decir que la emancipación humana se ha
consumado”.
Con este artículo, Marx consiguió dos cosas, primero puso al desnudo las raíces
de las relaciones entre las sociedad y el Estado. El Estado no es, como
pretendía Hegel, la realidad de la idea moral, la razón absoluta y el absoluto
fin en sí, sino que tiene que contentarse con el papel, mucho más modesto, de
amparar la anarquía de la sociedad burguesa, que le erige en guardián suyo.
En segundo término, descubre que las cuestiones religiosas del día no tienen, en
el fondo, mas que una significación social.
Para indagar el desarrollo del judaísmo, no acude a la teoría religiosa, sino a
la práctica industrial y comercial, de la que la religión judía es, a su juicio,
un reflejo imaginativo.
El judaísmo práctico no es más que la consumación del mundo cristiano.
En una sociedad burguesa comercial y judaizada como la nuestra, el judío tiene
un puesto de derecho propio y puede reclamar la emancipación política, como el
goce de sus derechos generales del hombre.
Pero la emancipación humana implica una nueva organización de las fuerzas
sociales, que haga al hombre dueño y señor de sus fuentes de vida.
En trazos borrosos, Empieza a dibujarse ya, en este artículo, la imagen de la
colectividad socialista.
6.- LA FILOSOFÍA DEL DERECHO DE HEGEL.
El segundo artículo publicado por Marx en los “Anales Franco-alemanes”, es
el titulado “Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel”.
En este documento, Marx resume su crítica de la filosofía judía hegeliana
diciendo que la clave para la inteligencia del proceso histórico no había que
buscarla en el Estado, que tanto ensalzaba Hegel, sino en la sociedad, que él
tanto condenaba.
Marx, en este trabajo, entronca directamente con Feuerbach, de quien dice que ha
apurado substancialmente la crítica de la religión, condición previa de toda
critica.
Es el hombre quien hace la religión, no la religión quien hace al hombre -apunta
Marx- no es ningún ser abstracto, que flote fuera del mundo.
El hombre es el mundo de los hombres, el Estado, la sociedad, que hace brotar la
religión como una conciencia invertida del mundo, al revés.
Luchar contra la religión es por tanto, indirectamente, luchar contra este mundo
de que la religión es el aroma espiritual.
Surge así como misión de la historia establecer la verdad.
La crítica de la teología es la crítica de la política.
Este ensayo, el último de tipo netamente filosófico, también tiene el mérito de
señalarnos, no solo el paso de la filosofía a la política y de ésta a la
economía política, sino también nos indica el paso del análisis teórico a la
toma de conciencia de la importancia de la práctica política, es decir de la
importancia de la militancia.
El arma de la crítica no puede naturalmente, suplantar la crítica de las armas;
el poder material sólo puede derrocarse con otro poder material, pero también la
teoría se convierte en fuerza colectiva en cuanto se adueña de las masas y se
adueña de las masas pronto como se hace radical.
Sin embargo una revolución radical necesita de un elemento positivo, de una base
material; en los pueblos, la teoría no se ha realizado nunca más que en la
medida en que da realización a sus necesidades. No basta que la idea clame por
realizarse; es necesario que la realidad misma clame por la idea.
De la imposibilidad de la revolución a medias infiere Marx la posibilidad
positiva de la revolución radical.
Preguntándose en qué reside ésta posibilidad, contesta: “En la formación de una
clase cargada de cadenas radicales, de una clase de la sociedad burguesa que no
es clase alguna de la sociedad burguesa, es un estamento que implica la
disolución de todos los estamentos, de una esfera a quien sus sufrimientos
universales presentan un carácter universal y que no puede reivindicar para sí
ningún derecho aparte, porque el desafuero que contra ella se comete no es
ningún desafuero específico, sino la injusticia por antonomasia; que no puede
invocar ningún título histórico, sino solamente el título humano, que no es
parcialmente incompatible, con las consecuencias, sino totalmente incompatible
con los fundamentos del Estado; de una esfera, en fin, que no puede emanciparse
sin emanciparse de todas las demás esferas de la sociedad, emancipándolas al
mismo tiempo a ellas; que presentando, en una palabra, la total pérdida del
hombre, sólo puede volver a encontrarse a sí misma, encontrando de nuevo
totalmente al hombre perdido. Esta disolución se la sociedad es proletariado”.
Si la filosofía encuentra en el proletariado sus armas materiales, el
proletariado encuentra en la filosofía sus armas espirituales, y tan pronto como
el rayo de la idea haya prendido en el pueblo, sonará la hora de la emancipación
humana.
La filosofía no podrá realizarse sin la disolución del proletariado, ni el
proletariado se disolverá sin hacer realidad la filosofía.
Stepánova nos dice, acerca de este importante artículo de Marx, que su autor, al
contrario de Hegel, llegó a la conclusión de que no es la sociedad civil la que
depende del Estado, sino viceversa, el Estado depende de la sociedad civil, y
que la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la Economía Política.
A partir de esta conclusión Marx concluyó que la propiedad privada determina el
contenido del Estado y el Derecho.
De este modo Marx se acercó a su siguiente paso: la interpretación materialista
histórica del Estado como instrumento de dominio de la clase explotadora y
opresora.
7. LOS CUADERNOS DE PARIS.
Desde las primeras líneas de estos escritos económicos, que inician un largo
período de estudios de la economía, el joven Marx adopta una posición crítica
hacia la economía política clásica burguesa.
Después de pasar revista a las tesis de algunos economistas, Marx escribe a
cerca de la enajenación al dinero, es decir al espejismo de creer que la esencia
de las relaciones entre los hombres es la relación entre los poseedores de
dinero, cuando en realidad es la relación entre los productores de riqueza,
entre seres humanos, la verdadera relación humana, relación que se oculta detrás
del intercambio de dinero, siendo éste solo un instrumento para el cambio de
mercancías.
Marx compara la comunidad humana y la sociedad comercial. El tipo de intercambio
relaciona a las dos.
En la comunidad humana la relación entre individuos, con el intercambio
complementa mutuamente la satisfacción de sus necesidades.
El intercambio corresponde aquí al verdadero ser comunitario, al a esencia
humana.
En esta comunidad, que existió antes de la propiedad privada, durante el
matriarcado, no existía el dinero, ni la enajenación.
El hombre enajenado es aquel a quien su actividad se le presenta como un
tormento, su propia creación como un poder ajeno, su riqueza como pobreza; que
el vínculo esencial que le une a los otros hombres se le presenta como un
vínculo accesorio y la separación respecto de los hombres como su existencia
verdadera; que su vida se le presenta como un sacrificio de su vida, su
producción como producción de su nada, su poder sobre el objeto como poder del
objeto sobre él; que el amo y señor de su creación, aparece como esclavo de esta
creación.
Para Marx el intercambio en su forma comercial, lejos de ser adecuada a la
esencia humana, es su enajenación o su enajenación como ser genérico o humano.
Desgarrando el velo ideológico de la experiencia, Marx encuentra que al no
relacionarse los hombres como hombres con las cosas, no tienen un verdadero
poder sobre los objetos, es decir, nuestro propio producto se ha vuelto contra,
pero en verdad nosotros somos su propiedad.
Las cosas y su lenguaje ocupan el lugar del hombre.
El lenguaje enajenado de los calores cosificados se nos presenta como si fuera
lenguaje humano.
Lo que sucede es que el hombre al relacionarse sólo por medio o instrumento de
su propio objeto, se cosifica, se deshumaniza.
El intercambio, producto de la propiedad privada, desemboca en la esclavitud de
los productores entre sus propios productos.
La enajenación humana expresa en el hecho de que la relación entre los hombres
se presenta como si fuera relaciones entre objetos, entre cosas, mismas que
siendo producto y creaciones de los seres humano, se manifiestan como si fueran
cosas humanizadas o seres humanos que dominan a sus propios creadores.
Un ejemplo de ello lo tenemos en los anuncios comerciales donde las mercancías
cobran vida y toman formas humanas.
El dinero no sólo es endiosado, sino hasta logra sustituir a Dios: El dinero es
el Dios ante el cual no puede prevalecer legítimamente ningún otro Dios.
El dinero humilla a todos los dioses del hombre y los convierte en mercancía.
La enajenación del dinero se manifiesta en que la relación entre el mediador (el
dinero) y los productos se invierten ideológicamente.
El dinero no vale porque representa los productos del hombre, sino que
aparentemente, estos productos solo tienen valor en la medida en que el dinero
los representa.
Todos los atributos del ser humano pasan a ser atributos del dinero son
productos de su creador; el ser humano.
8.- MANUSCRITOS ECONOMICO-FILOSOFICOS DE 1844.
En 1844, el joven filósofo alemán inicia sus manuscritos económicos por en
análisis de las tres fuentes de ganancia: el salario, la ganancia del capital y
la renta del sueldo.
Su siguiente paso fue llegar a la conclusión de que el punto de partida real del
análisis de estas fuentes de ganancia no es el salario sino la ganancia del
capital.
Esta conclusión tiene importancia metodológica porque muestra que Marx, desde el
principio, vio la raíz de todos los problemas de la sociedad burguesa, en el
capital y en su naturaleza relacionada con el fenómeno peculiar de la ganancia
del capital.
El capital es trabajo acumulado. Pero no todo trabajo acumulado es capital, sólo
el que asegura a su propietario cierto beneficio o ganancia.
Únicamente la ganancia lleva con regularidad, nuevo trabajo materializado al
capital inicial.
Considerando que el poseedor del capital no es el verdadero propietario del
trabajo acumulado, sino lo son los trabajadores que lo producen, podemos afirmar
que el capital es trabajo ajeno acumulado o, como escribe Marx, “Propiedad
privada de productos de trabajo ajeno”.
La paradoja es que los productos del trabajo no son considerados productos
ajenos. Por el contrario, la legislación vigente el la sociedad capitalista los
considera pertenecientes al detentador del capital, quien es un parásito.
La ley está de parte del capitalista, en otras palabras, el capitalista es el
dueño de la ley. Junto con el capital el hombre no solo adquiere bienes, sino
también el poder de gobernar. El capitalista posee este poder de gobernar no por
sus cualidades personales o humanas, sino porque es propietario del capital,
propietario según sus propias leyes.
La economía política burguesa considera al obrero como si fuera un caballo que
debe recibir lo que le capacite para trabajar.
No tiene en cuenta cuando no trabaja, ni lo considera ser humano, transfiere
estas apreciaciones a la ley criminal, a los médicos, a la religión, a las
tablas estadísticas, a la política y a los que vigilan a los mendigos.
Para concluir leamos lo que el propio Marx escribió en su famosos “manuscritos
económicos-filosóficos de 1844”; “El trabajador se empobrece más cuando más
riqueza produce, cuanto más poderosa y extensa se hace su producción.
“A medida que se valoriza el mundo de las cosas, se desvaloriza el mundo de los
hombres. El trabajo asalariado, bajo el capitalismo, no produce solamente
mercancías; se produce a sí mismo y produce al obrero como una mercancía y hace
esto, en la misma proporción en que produce mercancías en general.
“El objeto producido por el trabajador, su producto, se le enfrenta al
productor, como algo ajeno, como una potencia independiente del obrero.
“La realización del trabajo es su objetivación. Esta realización del trabajo,
tal como se presenta en la economía política burguesa aparece como la
desrealización del trabajador, la objetivación se manifiesta como la pérdida y
servidumbre del objeto, la apropiación como enajenación, como alineación.
“La apropiación del objeto se manifiesta hasta tal punto como enajenación, que
cuando más objeto produce el trabajador, menos puede poseer y más cae bajo la
independencia de su producto, del capital.
“Cuando más se mate el obrero a trabajar, más poderoso es el mundo ajeno de
objetos creados por él en contra suya, más se empobrece él mismo y su mundo
interior, menos le pertenece éste a él como suyo propio. Lo mismo ocurre en la
religión. Cuando más pone el hombre en Dios menos se retiene para sí mismo.
“La enajenación del trabajador en su producto no significa solamente que su
trabajador se traduce en un objeto, en una existencia externa , sino que ésta
existe fuera de él, como algo ajeno y que adquiere frente a él un poder propio y
sustantivo; es decir que la vida infundida por él al objeto se le enfrenta ahora
como algo ajeno y hostil.
El trabajo asalariado produce maravillas para los ricos, pero produce miseria y
desamparo para los trabajadores. Produce palacios, pero también tugurios para
los que trabajan. Produce belleza, pero también invalidez y deformación para el
trabajador. Sustituye el trabajo por máquinas, pero obliga a una parte de los
obreros a retornar a los trabajos de la barbarie y convierte a otros obreros en
máquinas. Produce espíritu, pro produce también estupidez y cretinidad para el
trabajador.
“El trabajo es algo exterior al trabajador, algo que no forma parte de su
esencia, el trabajador no se afirma en su trabajo sino que se niega en él, no se
siente feliz, sino desgraciado, no desarrolla al trabajar, sus libres energías
físicas y espirituales, sino por el contrario, mortifica su cuerpo y arruina su
espíritu. El trabajador solo se siente él mismo fuera del trabajo, y en trabajo
se encuentra fuera de sí. Cuando trabaja no es él mismo y solo cuando no trabaja
cobra su personalidad. Su trabajo no es libre, voluntario, sino obligado, es un
trabajo forzoso. No constituye la satisfacción de una necesidad, sino
simplemente un medio para satisfacer necesidades exteriores a él. Su trabajo no
le pertenece, sino pertenece a otro. Como la religión, donde la propia actividad
de la fantasía humana, del cerebro y del corazón humanos, obra como si se
tratase de una actividad independiente del individuo, divina o diabólica, así
también la actividad del obrero no es su propia actividad. Pertenece a otro, es
la pérdida de sí mismo”.
9.- LA SAGRADA FAMILIA
Cuando Engels, en 18844 encuentra a Marx ocupado en criticar a Bruno Bauer y sus
seguidores de Berlín. Marx Había postergado su proyecto de redactar el libro
“Crítica de la política y de la Economía Política” y se dedicaba a rebatir
detenidamente los artículos de ese grupo de hegelianos de derecha, convencido de
la concepción de ellos acerca de la sociedad y de la historia era idealista y
reaccionaria y que sembraba la confusión en el movimiento democrático e ignoraba
la función histórica decisiva del proletariado.
Al coincidir Engels y Marx en su crítica a los hegelianos derechistas, deciden
redactar y publicar una obra en conjunto, cuyo título fue “Crítica de la Crítica
Crítica”, mejor conocido como “La sagrada familia”.
En este libro, los autores a la crítica puramente teórica de los jóvenes
berlines, oponen la transformación revolucionaria, práctica, de las condiciones
materiales de la existencia humana de los trabajadores bajo el capitalismo.
Saben los obreros que la propiedad, el capital, el dinero, el trabajo
asalariado, etc., no son precisamente quimeras ideales de sus cerebros, sino
creaciones muy prácticas y materiales de su enajenación, que sólo podrán ser
superadas así mismo, de un modo práctico y material, para que el hombre se
convierta en hombre, no sólo en el “pensamiento”, en la “conciencia”, sino en el
“ser”, en la “vida”.
No son las ideas, ni las élites intelectuales, las que hacen la historia, como
piensan los berlineses. Son los hombres. Como trabajadores, con necesidades e
intereses materiales muy concretos; sin actividad práctica, las ideas resultan
históricamente impotentes.
“las ideas no pueden ejecutar nada. Para la ejecución de las ideas hacen falta
los hombres que pongan en acción una fuerza práctica”.
Son las condiciones existentes, materiales y prácticas, de la clase trabajadora
bajo el capitalismo, las que posibilitan el desarrollo de su conciencia de
clase, con vistas precisamente a la transformación material y práctica de dichas
convicciones sociales.
Al criticar las concepciones idealistas de Bruno Bauer y su grupo, los autores
de La Sagrada Familia, formularon una de las principales tesis del materialismo
histórico, consistente en afirmar que los auténticos artífices de la historia no
son los héroes, sino las masas populares. Presagiaron que esas masas serían
agentes inconscientes y activos de ese proceso.
Contrariamente a los socialistas utópicos, que veían en el proletariado unas
masas impotentes y sufridas, Marx y Engels demostraron que la clase obrera, en
virtud de su situación en la sociedad capitalista, podía y debía llevar a cabo
la transformación revolucionaria de todos los países del mundo.
10.- TESIS DE FEUERBACH.
Federico Engels caracteriza estas tesis como notas escritas para desarrollar,
más tarde, notas a vuelo de pluma y no destinadas a ala publicación, pero
valiosas, pues son el primer documento en que se contiene el germen genial de la
nueva concepción del mundo.
Para el maestro Ludovico Silva, estas tesis son partos súbitos de la gran idea,
la nueva idea que ve del revés todos los hechos históricos, la idea materialista
en plenas funciones y dueña de sí misma.
Son una suerte de programa intelectual que sólo será realizado con los años y al
cual pertenecerá siempre fiel Marx.
Son la ruptura con la concepción anterior: son la concepción de la práctica como
criterio último del conocimiento: son la caracterización definitiva de la
ideología religiosa como una inversión del mundo real: son la desmitificación de
la célebre “esencia humana”; son la reducción de la filosofía a los hechos.
Al igual que Hegel idealiza la historia al considerarla conducida por la idea
absoluta, los economistas burgueses invierten la concepción científica acerca de
la realidad al “canonizar” la explotación de los asalariados.
También la religión hace lo mismo que Hegel y los economistas, pues una de sus
funciones ideológicas específicas ha consistido siempre en la bendición de la
pobreza existente.
La teología divide en dos al hombre y lo alienta para después identificar con el
hombre a este ser alienado (dividido). Es como decir: la religión divide en dos
al hombre; divide su ser mundano y ser divino ; y, luego, decreta que el
verdadero de estos dos seres es el divino.
La religión, según Marx, surge como un recurso ideal para subsanar en el
pensamiento la impotencia del hombre ante la naturaleza. A falta de un dominio
técnico de los medios de producción, el hombre se inventa un dominio religioso
de los mismos, a través de unos dioses que, estimulados por ritos y sacrificios,
proveerán al hombre de los medios necesarios para producir su existencia.
Dios no es más que un predicado del hombre, una criatura de la fantasía humana.
La alineación religiosa ha puesto este orden al revés, ha convertido al creador.
Es preciso reinvertir el orden, poner sobre sus pies a la creación; esta es la
vía para la superación de la alineación religiosa.
“La coincidencia del cambio de las circunstancias con el de la actividad humana
o transformación de los hombres mismos es algo que sólo puede concebirse y
entenderse racionalmente como una práctica revolucionaria”.
Marx insiste en que la ideología religiosa sólo puede desaparecer cuando
desaparezcan las contradicciones mundanas, sociales, que la originaron.
11.- LA IDEOLOGÍA ALEMANA
En la ideología alemana, escrita en abril de 1846, Marx y Engels formularon por
primera vez las principales tesis sobre la interpretación materialista de la
historia.
Según Stepánova, biógrafa de Marx, este gran descubrimiento marcó una revolución
en la filosofía, en la ciencia que estudia la sociedad y las leyes de su
desarrollo, convirtiendo la historia en una verdadera ciencia que permite
estudiar el pasado, comprender el presente y prever el futuro.
En esta obra, que fue abandonada a la crítica de los roedores y publicada en
este siglo, los autores fundamentan la importante tesis del materialismo
histórico acerca del papel determinante que desempeña la producción de bienes
materiales en la vida de la sociedad y en su historia.
Del modo de producción dependen las relaciones sociales, políticas, culturales,
reales y, en definitiva, distintas formas de la conciencia social; la filosofía,
la moral, la religión, etc.
Contrariamente a la filosofía idealista, los autores demostraron que: “no es la
conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la
conciencia”.Marx y Engels escribieron en este libro, que el proceso histórico se
basa en el desarrollo de las fuerzas productivas, es decir, los medios de
trabajo y los hombres que los ponen en movimiento.
A medida que se desarrollen las fuerzas productivas entran en contradicción con
las relaciones de producción (las relaciones de propiedad).Las contradicciones
entre las fuerzas productivas en desarrollo y las relaciones de propiedad que
las entorpecen, se manifiestan en las luchas de clases, que debe culminar en la
revolución social y política.
Resultando de esta revolución un sistema económico social y político nuevo,
sustituyendo al anterior; el feudalismo es sustituido por el capitalismo; el
capitalismo es sustituido por el comunismo.
En pocas palabras, en la ideología Alemana los autores sentaron las bases sobre
la teoría de las formaciones económico-sociales y la lucha de clases como fuerza
motriz del desarrollo de las sociedades clasistas, basadas en las sociedades
clasistas legalizadas por el aparato del Estado, defendidas por el ejército de
clases dominantes, justificadas por las burocracias políticas y cimentadas por
ese cemento ideológico y moral, sembrado en la mente de las clases explotadoras
y oprimidas.
Al analizar las contradicciones de la sociedad capitalista, demuestra la
inevitable sustitución del capitalismo por el comunismo.
Esta revolución se diferencia de las anteriores por la supresión de la
explotación de una clase por otra, por la supresión de la propiedad social en
pocas manos (propiedad privada) y con ello la desaparición de la injusticia
social, económica y política.
Para que se lleve a cabo esta revolución (que deberá ser violenta), los
trabajadores deberán, ante todo, conquistar el poder político.
Mientras que en las viejas sociedades los hombres se encontraban en poder de las
fuerzas y leyes del desarrollo social, en el comunismo, los trabajadores, al
frente del destino político, dominarán por primera vez la producción, el
intercambio, sus propias relaciones sociales y su propia cultura y sexualidad.
El golpe del Estado militar, de tres días, realizado por el ejército rojo y la
policía política stalinista en contra del reformista y traidor de Gorbachov,
demuestran que el sistema económico, social y político, de la Unión Soviética,
debido al stalinismo de los años 20, en realidad es un capitalismo de Estado,
regido por una casta parasitaria burocrática.
Al fracasar el intento reformista de Gorbachov, que pretende restaurar el
capitalismo, el pueblo soviético, se levantará y luchará por mejores condiciones
económicas, sociales y políticas.
La única esperanza es la organización y lucha, no solo de los trabajadores
rusos, sino de todos los proletarios del mundo por derrocar definitivamente a
los capitalistas, burgueses, burócratas stalinistas e imperialistas de todo el
planeta.
12.- MISERIA DE LA FILOSOFÍA
En este libro, Marx crítica la concepción idealista de Proudhon, su falseamiento
de la dialéctica hegeliana y fundamenta el materialismo histórico al escribir:
las relaciones sociales están íntimamente vinculadas a las fuerzas productivas.
Al adquirir nuevas fuerzas productivas, los hombre cambian de modo de
producción, cambian la forma de ganarse la vida y con ello, cambian sus
relaciones de propiedad y todas sus relaciones sociales.
El molino movido a brazo nos da la sociedad de los señores feudales; el molino
de vapor, la sociedad de los capitalistas industriales.
Al establecer los hombres las relaciones sociales con arreglo al desarrollo de
su producción material, crean también los principios, las ideas y las categorías
conforme a sus relaciones sociales.
Estas categorías no son eternas, al igual que las relaciones a las que sirven de
expresión. Son productos históricos y transitorios.
En esta obra, Marx expuso las conclusiones a las que había llegado como
resultado de sus estudios económicos.
Criticó las concepciones económicas pequeño-burguesas de transformación pacífica
del capitalismo que planteaba Proudhon, que sustentaba la eliminación de sus
aspectos “malos” y la conservación de sus aspectos “buenos”.
Proudhon sembraba ilusiones perniciosas de que, mediante el intercambio directo
(sin dinero) de mercancía y el crédito barato o gratuito, es posible eliminar la
explotación y las crisis inherentes al capitalismo, dejando intacta la propiedad
privada de los medios de producción; al igual que los economistas burgueses,
consideraba inmutables y eternas las relaciones capitalistas existentes y las
categorías económicas capitalistas.
Sólo un teórico del proletariado, como Marx, con la valentía y audacia propias
de la clase obrera, era capaz de analizar de modo científico y objetivo las
tendencias del desarrollo capitalista.
El autor de la miseria de la filosofía, no solo aplicó la dialéctica histórica
materialista a la Economía Política, sino que también analizó las
contradicciones de la sociedad capitalista y la agudización del antagonismo
entre el trabajo y el capital, así como también, demostró que el capitalismo
debe ceder lugar a un régimen social superior: la sociedad comunista.
En este libro que nos ocupa, Marx logró un nuevo avance en la elaboración de la
teoría de la lucha de clases y fundamentó los principios de la táctica del
proletariado.
Demostró lo nocivo de suavizar las contradicciones de la sociedad capitalista,
como la lucha de clases.
Consideró al proletariado como clase en desarrollo que convierte de “clase en
sí” que todavía no tiene conciencia histórica de sus tareas, en clase “para sí”
o sea en clase conciente de su contraposición a la burguesía y su lucha
histórica por liquidar la esclavitud capitalista y por una conciencia comunista,
sin propiedad privada, sin clases sociales y sin explotación y opresión del
hombre pro hombre.
A diferencia de Proudhon que no estaba de acuerdo con el sindicato y las
huelgas, Marx veía en la lucha económica por mejores salarios y condiciones
sociales, no solo un medio para defender sus intereses, sino también una
condición, imprescindible para elevar la conciencia política y la organización
partidaria de la clase obrera.
Lenin consideraba gran mérito de Marx, el haber unido la lucha económica y la
lucha política.
Cuando las masas obreras pasan de manifestaciones dispersas contra individuos
burgueses, a lucha contra toda la clase capitalista y contra el instrumento
ideológico y político de los burgueses, el Estado, la lucha económica se
convierte en lucha política.
13.- MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA
Escrito en diciembre de 1847 y enero del siguiente año, es el primer documento
programático del comunismo científico.
Redactado en su mayor parte por Marx, y completada por Engels, se expone en esta
obra general, una expresión concisa, íntegra y sistematizada de los fundamentos
del materialismo histórico, así como la estrategia política de la clase obrera
en su lucra por borrar de la historia al sistema capitalista.
Lenin escribió que esta obra expone, con una claridad y una brillantez geniales,
la nueva concepción del mundo, el materialismo comúnmente aplicado también al
campo de la vida social, la dialéctica como la más completa y profunda doctrina
del desarrollo, la teoría de la lucha de clases y del papel revolucionario
histórico mundial del proletariado como creador de una sociedad nueva, de la
sociedad comunista”
Partiendo de los supuestos teóricos del materialismo histórico, los autores del
manifiesto formularon una clara teoría de la lucha de clases como fuerza motriz
del desarrollo de las sociedades clasistas: “La historia (escrita) de todas las
sociedades hasta nuestros días, es la historia de la lucha de clases”.
Explotados y explotadores, oprimidos y opresores, “se enfrentaron siempre,
mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta:
lucha que terminó con la transformación revolucionaria de la sociedad. La
sociedad capitalista se analiza dentro de un contexto histórico, siguiendo su
nacimiento y desarrollo y mostrando sus contradicciones internas que
inevitablemente llevarán a su desaparición.
Concentrando en las fábricas millones de obreros, el capitalismo imprime
carácter social al progreso de producción y a este carácter social debe
corresponder la propiedad social de los medios de producción, pero éstos siguen
en manos del capital privado o del Estado capitalista. La propiedad privada de
los medios de producción se convierte en un obstáculo para el desarrollo de las
fuerzas productivas.
Las crisis económicas son resultado de las contradicción de las mencionadas
fuerzas productivas (impulsadas por los trabajadores) y las relaciones de
propiedad (defendidas por los capitalistas).
Solo una verdadera revolución socialista (no como la stalinista que ésta siendo
despreciada por las masas proletarias) puede impedir la destrucción de las
fuerzas productivas, salvar de las ruinas los frutos de la civilización y abrir
a la humanidad el camino de un futuro mayor.
El Estado capitalista es una junta que administra los negocios comunes de la
clase burguesa.
En cierta etapa de su desarrollo, la lucha de la clase obrera debe desembocar en
una revolución, en el curso de la cual el proletariado derrocará (por medio de
la violencia y no solo por medios electorales a la burguesía y establecerá su
denominación política. Los trabajadores son los únicos que al liberarse,
liberarán a la humanidad de toda explotación e injusticias.
Los comunistas -dice el Manifiesto (no se refiere a los stalinistas que han
traicionado el marxismo como Gorbachov y Yelzin), los verdaderos comunistas
(como Marx, Lenin, Trotsky, etc.) “son el sector más resuelto de los partidos
obreros de todos los países, el sector que siempre impulsa adelante a los demás
teóricamente, tienen sobre el resto del proletariado la ventaja de su clara
visión de las condiciones, de la marcha y de los resultados generales del
movimiento proletario”.
Mientras que en capitalismo, en sociedades seudo- socialistas, el trabajo
asalariado y enajenado, sirve para enriquecer a una minoría parasitaria, en la
sociedad comunista (que hasta hoy no ha existido el trabajo será un medio para
enriquecer y aliviar la vida de los trabajadores.
Marx y Engels, fustigan la hipócrita y repugnante moral burguesa, que se reduce
al insensible pago en “dinero constante y sonante” y le oponen la moral
humanista y libre de todo cálculo codicioso, de una nueva sociedad comunista que
substituirá el capitalismo.
A la moral autoritaria, antivida que produce las neurosis y psicosis, los
verdaderos marxistas en la actualidad debemos oponer una moral libre y humana
que se base en los sentimientos, en el cariño, el amor y la libertad sexual de
toda la humanidad.
Otra aportación importante del manifiesto, es la concepción del
internacionalismo proletario y la teoría de que la revolución comunista tendrá
que ser a escala mundial.
Los trabajadores como los burgueses, no tienen patria. Los proletarios deberán
primero derrocar, por la violencia a su propia burguesía, para luego extender,
como plantea la teoría de la revolución permanente de trotsky, la revolución en
todo el planeta.
14.- TRABAJO ASALARIADO Y CAPITAL
Engels, en la introducción de 1891 al folleto de Marx titulado Trabajo
asalariado y Capital, cuyo origen fueron las conferencias impartidas por Marx en
1847 en la Asociación Obrero Alemana de Bruselas, informa que según el texto
original, el obrero vende al capitalista, a cambio del salario, su trabajo,
según el texto actual, acorde con la teoría científica de El Capital, vende su
fuerza de trabajo.
La economía política clásica burguesa dentro de las fluctuaciones constantes en
los precios de las mercancías, que suben y bajan, se puso a buscar el punto
fijo, en torno al cual se movían estas fluctuaciones: arrancó de los precios de
las mercancías para investigar la ley regulada de éstos el valor de las
mercancías, valor que explicaría todas las fluctuaciones de los precios y al
cual podrían reducirse a todas ellas.
Así, la economía política clásica encontró que el valor de una mercancía lo
determina el trabajo socialmente necesario para su producción encerrado en ella.
La fuerza de trabajo, como toda mercancía, se determina por su costo de
producción, este costo, consiste en la suma de medios de vida -o su precio en
dinero- necesario por término medio para que el obrero pueda trabajar y
mantenerse en condiciones para seguir trabajando, y para sustituirle por un
nuevo obrero (que puede ser su hijo), cuando muera, o quede inservible por vejes
o enfermedad, es decir para asegurar la reproducción de la clase obrera.
Mientras que todas las mercancías se venden por su valor o costo de producción,
la única mercancía que se vende por debajo de su valor, es la fuerza de trabajo.
De ahí que la plusvalía (más valor) surja del tiempo de trabajo NO PAGADO al
asalariado.
Considerando que los trabajadores produzcan su salario en cuatro horas de su
jornada de ocho, en estas primeras cuatro horas producen el equivalente de su
salario. Las segundas cuatro constituyen la plusvalía, es decir el tiempo de
trabajo que el patrón ROBA LEGALMENTE a su asalariado.
Las mercancías producidas por los obreros no les pertenecen a ellos, sino al
capitalista que los ha acumulado, gracias al robo legal de la fuerza de trabajo
de los asalariados.
En cuanto los patrones se enriquecen robando y explotando a los obreros éstos al
recibir una parte de lo que producen, se hunden más y más en la miseria
económica, política y sexual.
Es por anterior por lo que la lucha sindical por mejoras saláriales, no debe
reducirse, como los hacen los dirigentes de la sección XXII del magisterio,
únicamente a exigir aumentos de salarios, sino a luchar también por la
desaparición del sistema asalariado del trabajo.
Ya que de continuar las redes del trabajo asalariado, los dirigentes sirven al
patrón Estado, ya que las leyes económicas capitalistas son la telaraña donde se
enredan, ideológicamente, los trabajadores asalariados y enajenados a la
ideología de clase dominante, quien tiene bajo su control los medios masivos de
información (radio, prensa y TV.
También cuenta el Estado con el sistema electoral, para continuar por medio de
sus partidos de Estado (PRI y PAN), oprimiendo políticamente al pueblo
trabajador mexicano.
15.- LA REVOLUCIÓN PERMANENTE
En marzo de 1850, Marx, ayudado por Engels, redacta el Mensaje del Comité
Central de la Liga de los Comunistas.
Los autores reconocen, que durante las luchas de masas de 1848 y 1849, los
miembros de la liga, participaron en la prensa, en las barricada y en los campos
de batalla. Estos comunistas, estuvieron en la vanguardia del proletariado, la
única clase revolucionaria.
En cambio la burguesía y la pequeña burguesía, al velar por sus intereses se
comportaron como las más reaccionarias, los más odiosos enemigos y verdugos de
los trabajadores.
Según los autores, las tareas de los proletariados, dirigidos por los verdaderos
comunistas, deben consistir en hacer la revolución permanente, hasta que sea
descartada la dominación de las clases poseedoras hasta que el proletariado
conquiste el poder del Estado.
Hasta que la asociación de los proletariados se desarrolle, no sólo en un país
sino en todos los países del mundo, hasta que las fuerzas mundiales estén en
manos de sus reales dueños, los trabajadores.
No se trata de deformar la propiedad privada, sino abolirla; no se trata de
paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases, no se trata de
mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva.
Los obreros y los verdaderos comunistas, deben establecer una organización
propia, un partido obrero, legal y secreto, y hacer de cada comunidad centro y
núcleo de sociedades obreras en las que los intereses y acciones políticas del
proletariado se discutan libre e independientemente de las influencias políticas
e ideológicas burguesas.
Frente a los gobiernos burgueses (como del PRI en México) los obreros deben
constituir gobiernos obreros revolucionarios, en forma de clubes o consejos (soviets)
municipales o comités obreros, campesinos, etc.,
De tal forma que los gobiernos capitalistas, no solo pierdan el apoyo de los
trabajadores, sino que se vean vigilados y amenazados por verdaderos dirigentes
de las masas obreras.
Para poder oponerse enérgica y amenazadoramente el partido oficial burgués, los
obreros, según Marx, se armarán y tendrán su organización como la tuvieron los
bolcheviques rusos.
Se procederá a armar a todo el proletariado con fusiles, carabinas, cañones y
municiones.
Los obreros deberán organizarse independientemente como guardia proletaria, con
jefes y estado mayor elegidos por ellos mismos.
Bajo ningún pretexto entregarán sus armas y municiones. Todo intento de desarme
será rechazado por la fuerza de las armas.
Una vez derrotado el gobierno burgués de los capitalistas. Marx plantea la
elección de una asamblea nacional representativa.
A diferencia de las elecciones controladas por la burguesía, y su gobierno, las
que se realicen convocadas por los trabajadores al frente el Estado y el nuevo
gobierno, serán verdaderamente democráticas, pues la fuerza libre de la mayoría
de la población, los trabajadores, elegirán a sus verdaderos representantes.
Los trabajadores, en fin, escribe Marx, con la suficiente conciencia política de
clase, independientemente de la influencia ideológica burguesa, organizarán su
partido proletario revolucionario y su grito será LA REVOLUCIÓN PERMANENTE.
16.- LAS LUCHAS DE CLASES EN FRANCIA.
Federico Engels en la introducción de 1895 al folleto escrito por Marx en 1850,
titulado Las luchas de clase en Francia, escribió que este es el primer ensayo
donde se explica un fragmento de la historia mediante la concepción
materialista, partiendo de la situación económica existente.
En el manifiesto comunista se había aplicado a grandes rasgos la teoría, a toda
la historia moderna y en los artículos publicados por Marx y Engels en la nueva
Gaceta Renana, esta teoría explica los acontecimientos políticos del momento.
En este folleto, nos dice Engels, se trataba de poner de manifiesto, a lo largo
de una evolución de varios años, tan crítica como típica para toda Europa, el
nexo causal interno; se trataba de reducir, siguiendo la concepción e Marx, los
acontecimientos políticos a efectos de causas, en última instancia económicas.
Una vez que Engels argumenta que en la actualidad, jamás podemos remontarnos
hasta las últimas causas económicas, por la velocidad de los acontecimientos
diarios y porque la estadística va siempre a la zaga, renqueando.
Por lo anterior, una visión clara de conjunto, sobre la Historia Económica, de
un período dado, no puede conseguirse nunca en el momento mismo, sino solo con
posteridad, después de haber reunido los materiales.
Por esta razón -continúa Engels- el método materialista tendrá que limitarse con
harta frecuencia, a reducir los conflictos políticos a las luchas de intereses
de las clases sociales y fracciones de clase existentes determinadas por el
desarrollo económico, y a poner de manifiesto que los partidos políticos son la
expresión política más o menos adecuada de estas mismas clases y fracciones de
clases.
Prueba de la teoría materialista de la historia fue que la crisis del comercio
mundial, producida en 1847, había sido la madre de las revoluciones de febrero y
marzo, y que la prosperidad industrial, de 1849 y 1850, fue la fuerza animadora
que dio nuevos brios a la reacción europea.
Por lo anterior, afirma Engels, citando a Marx: Una nueva revolución sólo es
posible, como consecuencia de una nueva crisis económica”.
En el folleto de Marx que nos ocupa, proclama, por primera vez, la formula en
que unánimemente los partidos obreros de todos los países del mundo condensan su
demanda de una transformación económica: la apropiación de los medios de
producción de la sociedad.
Diez años antes, en el prólogo a la tercera edición alemana al XVIII brumario de
Luis Bonaparte, elaborado por Marx, Engels escribió: “Fue precisamente Marx
quien descubrió la gran ley que rige la marcha de la historia, la ley según la
cual todas las luchas históricas, ya se desarrollen en el terreno ideológico
cualquiera, no son, en realidad, más que la expresión más o menos clara de
luchas entre clases sociales, que la existencia, y por lo tanto también los
choques de estas clases, están condicionados, a su vez, por el grado de
desarrollo de su situación económica, por el carácter y el modo de su producción
y de su cambio, condicionado por ésta”.
17.- LOS “GRUNDRISSE”.
Wenceslao Roces, traductor de las obras de Marx, nos dice que los Grundrisse
son el primer borrador completo de la economía política, cimiento de proyectos y
manuscritos de años posteriores de un -genial esbozo histórico- crítica de la
economía burguesa y su literatura.
La incursión de Marx en el terreno de la economía burguesa, a la que se
enfrentaba, proponía un enfoque revolucionario, una perspectiva proletaria que
buscaba, el desenmascaramiento de dicha economía, su desmitificación, para
denunciar su punto de vista capitalista y su superación final por la economía
política proletaria.
El más preciado valor de los Grundrisse es su claro intento de las una respuesta
decididamente crítica de demoledora a la economía política burguesa.
El objeto central de los borradores de Marx, fue desnudar la economía política
capitalista, que se encuentra cubierta en sus propias mistificaciones
ideológicas burguesas.
Ernest Mandel, por su parte, en su libro: LA formación del pensamiento económico
de Marx de 1843 a la redacción de EL CAPITAL, escribe que los Grundrisse
constituyen, con la Contribución a la crítica de la economía política, una suma
enorme de análisis política.
Concebidos, estos borradores, como los trabajos preparatorios del EL CAPITAL, o
más exactamente como un desarrollo del análisis del capitalismo en todos sus
aspectos, del que habría de nacer la obra maestra de Marx, contiene a la vez,
los materiales de construcción de todo lo que Marx habría de desarrollar después
y multitud de elementos que le sirvieron más tarde.
De ese “esbozo”, Marx realiza una serie de observaciones de la mayor
importancia, concernientes a la propiedad de los bienes raíces, al trabajo
asalariado, al comercio, al comercio exterior, al mercado mundial, que no se
vuelven a encontrar en ninguno de los cuatro tomo de EL CAPITAL (el cuarto tomo
se tituló Teorías de la plusvalía).
Por otra parte, el método de exposición de los Grundrisse es más “abstracto”,
más deductivo que el de EL CAPITAL, y si hay menos materiales de
ejemplificación, hay en cambio una infinidad de digresiones, sobre todo de
naturaleza histórica, o que abren ventanas al porvenir, que fueron suprimidas
para la redacción final del EL CAPITAL, peor que poseen a veces una riqueza
incomparable, y con auténticas aportaciones complementarias a la teoría
socioeconómica marxista.
Rosdolski, reconoce que esa obra “nos ha introducido en el laboratorio económico
de Marx, y nos ha revelado todos los refinamientos, todos los caminos ondulantes
de su metodología”.
Stepánova, en su libro Carlos Marx, Esbozo biográfico, escribe que los
Grundrisse constituyen el primer esbozo de EL CAPITAL y ocupan un lugar
importante en la historia del marxismo: reflejan la etapa decisiva de la
formación de la teoría económica de Marx. Precisamente en ese trabajo expone los
fundamentos de su teoría de la plusvalía.
Con la teoría de la plusvalía (tiempo de trabajo no pagado al obrero), Marx
reveló el mecanismo de explotación de la sociedad burguesa, fundamentó desde el
punto de vista económico la misión histórica universal del proletariado, al
carácter necesario de la revolución social.
Para concluir, los Grundrisse contienen importantes ideas de Marx sobre la
sociedad comunista, sobre la ley económica del tiempo, inherente a esa sociedad,
sobre la organización comunista del trabajo, sobre el inaudito desarrollo de las
fuerzas materiales y espirituales de dicha sociedad y sobre el desenvolvimiento
armónico y multilateral de la personalidad, gracias al aumento del tiempo libre
para todos los individuos.
18.- EL MATERIALISMO HISTORICO
En enero de 1859, después de redactar resúmenes y comentarios de decenas de
libros sobre economía política burguesa, (manuscritos conocidos como los
Grundrisse), Marx expone, en forma resumida, su concepción acerca de la
estructura y funcionamiento de la actual sociedad capitalista.
La exposición de la historia del materialismo histórico, aplicado a la sociedad
burguesa contemporánea, la lleva a cabo Marx en su famoso “Prólogo de la
contribución a la crítica de la economía política”.
Aún cuando la parte esencial de este prólogo, ha sido reproducido muchas veces,
por divulgaciones del marxismo, considero que debe continuarse su reproducción,
pues no sólo sigue siendo de actualidad, sino porque también existen muchos
jóvenes lectores que no lo conocen.
Rafael Jerez, en su libro Marx y Engels: el marxismo genuino, divide en 5 claves
teóricas el pasaje más importante del citado prólogo.
1.- En la producción de su existencia, los hombres entran en relaciones
determinadas, necesarias, independientes de su voluntad; estas relaciones de
producción corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus fuerzas
productivas materiales.
2.- Durante el curso de su desarrollo las fuerzas productoras de la sociedad
entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o lo cual
no es más que su expresión jurídica con las relaciones de propiedad en cuyo
interior de ha movido hasta entonces.
De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones se
convierten en trabas de estas fuerzas. Entonces se abre una época de revolución
social.
El cambio que se ha producido en la base económica trastorna, más o menos lenta
o rápidamente, toda la colosal superestructura.
Una sociedad no aparece nunca antes de que sean desarrolladas todas las fuerzas
productoras que pueda contener, y las relaciones de producción nuevas y
superiores no se destruyen jamás en ella, antes de que las condiciones
materiales de existencia de esas relaciones, hayan sido incubadas en el seno
mismo de la vieja sociedad.
3.- El conjunto de estas relaciones de producción constituye la estructura
económica de la sociedad, la base real, sobre la cual se levanta una
superestructura jurídica y política y a la que corresponden formas sociales
determinadas de conciencia.
En otros términos: el modo de producción de la vida material, condiciona el
proceso de la vida social e intelectual en general.
Lo que quiere decir que las relaciones jurídicas, así como la forma de Estado,
no pueden explicarse ni por sí mismas, ni por la llamada evolución general del
espíritu humano... se origina más bien en las condiciones materiales
(económicas) de existencia.
No es la conciencia de los hombres la que determina la realidad; por el
contrario, la realidad social es la que determina su conciencia.
4.- En las épocas de revolución social, importa siempre distinguir entre el
trastorno material de las condiciones económicas de producción y las formas
jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas; en una palabra, las
formas ideológicas bajo las cuales los hombres adquieren conciencia de este
conflicto y lo resuelven.
5.- Por último; las relaciones burguesas de producción son la forma antagónica
del proceso de producción social, no en el sentido de un antagonismo individual,
sino de un antagonismo que nace de las condiciones de existencia de los
individuos: las fuerzas productoras que se desarrollan en el seno de la sociedad
burguesa, crean, al mismo tiempo, las condiciones materiales para resolver este
antagonismo: con esta formación social (la capitalista actual) termina la
prehistoria de la sociedad humana.
19. EL SALARIO PRECIO Y GANANCIA
La lucha sindical por el aumento salarial es, desde hace décadas, una lucha
de los obreros no sólo por un mejor pago a su fuerza de trabajo, sino por
mejores condiciones sociales, culturales y humanas.
En 1865, como resultado de una marea de huelgas por aumentos saláriales, en el
continente europeo, se levantaron voces, unas a favor de esa demanda y otras en
contra de ella.
Una posición en contra fue la de John Weston, uno de los dirigentes del
movimiento obrero inglés y miembro del consejo general de la I Internacional
(Asociación Internacional de los trabajadores)
Este dirigente afirmaba que la elevación de los salarios no es beneficiosa a los
obreros y por consiguiente esa lucha es nociva para ellos.
Muchos dirigentes obreros europeos predicaban conceptos similares.
El 20 y 27 de junio de 1865, Marx intervino en la sesión de la I Internacional,
con un extenso informe titulado Salario, precio y ganancia, el cual fue
preparado en respuesta a los planteamientos de weston.
En forma asequible para los obreros, Marx expuso en ese informe las principales
tesis de su doctrina económica, poniendo de relieve el papel y la importancia de
la lucha del proletariado por el aumento de los salarios.
Criticó resueltamente a quienes llamaban a los obreros a la resignación a la
pasividad frente a los capitalistas, actitud que atentaban contra los derechos
vitales de los trabajadores.
Al mismo tiempo, Marx demostró la necesidad de unir la lucha económica con la
lucha política de la clase obrera contra la clase dominante.
Borisov, comentarista ruso sobre el documento que nos ocupa, lo divide en 3
parte fundamentales:
En la primera, se brinda un profuso análisis crítico de la teoría burguesa y
pequeña burguesa de mayor difusión sobre el salario, el precio y la ganancia.
Aquí Marx resolvió una tarea de extraordinaria importancia, tanto para la teoría
económica, como para actividad práctica del movimiento obrero: no dejó piedra
sobre piedra de todas las elucubraciones teóricas de los economistas burgueses,
tendientes a justificar y argumentar la injusticia social del régimen
capitalista y a evitar la actuación de la clase obrera contra la explotación del
hombre por el hombre.
En la segunda parte, el autor expuso su nuevo aporte al teoría económicas,
resultante de un verdadero viraje revolucionario realizado por él, en la
economía política. Parte esencial de ese aporte, fue la teoría de la plusvalía,
teoría que desnudó, que llevan a cabo los capitalistas al no pagarle todo su
trabajo al obrero asalariado.
Gracias a esa teoría los trabajadores pueden comprender la forma en que los
patrones les roban parte de su trabajo, la mayor parte de las riquezas
producidas por ellos, que van a dar el los bolsillos de los parásitos
capitalistas.
La parte final, está dedicada a examinar el caso más importante de la lucha de
los obreros por la elevación de sus salarios o contra la reducción de éstos.
Aquí se fundamentan los objetivos programáticos de la lucha de clase del
proletario contra la burguesía.
En la actualidad siguen vigentes los planteamientos de Marx, asentados en este
folleto. También hoy día, brinda a los obreros un programa claro de lucha por
sus derechos económicos, políticos y sociales, y por la emancipación de todos
los trabajadores del mundo, de la explotación capitalista.
20.- “EL CAPITAL”
El primer tomo de EL CAPITAL, el único de los 4 tomos que pulió Marx para su
redacción al público y el único que publicó en vida su autor, dedicado a
analizar, el proceso de producción del capital, pone al desnudo las relaciones
económicas más esenciales y profundas del capitalismo o sea las relaciones entre
los capitales detentadores de los medios de producción y ladrones de plusvalía
(tiempo de trabajo no pagado al obrero) y los obreros asalariados y enajenados.
En una carta a Engels, Marx reconoce que lo mejor de EL CAPITAL, es el carácter
doble del trabajo, que puede expresarse como valor de uso o como valor de cambio
y en análisis de la plusvalía, independientemente de sus formas particulares:
del beneficio, del interés, de la renta sobre la tierra, etc.
Marx comienza a investigar el modo de producción capitalista analizando la
mercancía, esa “cédula económica elemental de la sociedad burguesa”, y demostró
que la mercancía contiene el germen de todas las contradicciones del
capitalismo.
Toda mercancía, dice Marx, se compone de su utilidad y de su cambiabilidad por
otras mercancías.
El valor de uso de la mercancía es su utilidad, su capacidad para satisfacer
diversas, su capacidad para satisfacer diversas demandas del hombre.
Los valores de uso constituyen el contenido material de la riqueza
independientemente de la forma social de la misma.
Por otra parte, la mercancía es el producto del trabajo destinado para el
cambio. Es decir tiene valor de cambio.
El valor de cambio es, ante todo, la relación cuantitativa entre dos mercancías.
Marx demostró que esta relación se basa en el trabajo invertido en la producción
de ambas mercancías.
El valor de la mercancía se determina por el tiempo de trabajo, pero no sólo por
el tiempo individual, que necesita el productor, sino por el tiempo de trabajo
SOCIALMENTE necesario para producirla.
Después de aclarar el carácter del trabajo (el privado y el social), encarnado
en las mercancías, Marx analizó la evolución de las formas del valor, comenzando
por la más simple, el trueque en la sociedad primitiva y terminando por la
monetaria.
Al analizar el proceso de la conversión del dinero en capital, demostró que el
dinero participa en la circulación de mercancías según la formula M-D-M
(mercancía -dinero- mercancía), es decir, venta de una mercancía para comprar
otra.
La circulación del dinero como capital se efectúa según otra fórmula D-M-D.
En el primer caso el objetivo consiste en adquirir una mercancía necesaria para
el uso; el valor de la mercancía vendida y el de la comprada es igual.
La circulación del dinero como capital es distinta.
En la segunda fórmula el dinero obtenido por la venta de la mercancía (D’)
representa el dinero lanzado a la circulación, más cierto INCREMENTO.
Ese incremento o remanente que queda después de cubrir el valor primitivo, es lo
que Marx llama PLUSVALÍA (que se origina en la producción de mercancía y resulta
del tiempo de trabajo no pagado al obrero).
Es así como el dinero se convierte en capital y el que lo detenta, el ladrón y
parásito, en capitalista.
Lo anterior se debe a que la única mercancía que se vende por debajo de su
valor, es la fuerza de trabajo del obrero.
El capitalista, al comprar la fuerza de trabajo, al obrero, su poseedor, solo le
paga una parte del valor de ella, la otra parte, la no pagada, se convierte en
plus-trabajo (más trabajo) y que al vender la mercancía, preñada de esa fuerza
robada legalmente, el capitalista obtiene un plus-valor (más valor) conocido
como PLUSVALÍA.
Al descubrir el mecanismo de la explotación capitalista y el origen de la
plusvalía, Marx demostró que la aspiración de la producción capitalista, y de
los capitalistas en particular, constituye, el móvil de la producción
capitalista, pero esa insaciable sed de plus-trabajo tropieza con la resistencia
de la clase obrera.
Esta resistencia, estudiada en el folleto Salario, precio y ganancia de Marx, y
comentado en el artículo anterior, se manifiesta en la lucha de los obreros
sindicalizados, no solo por mejoras salariales, sino por la desaparición de la
esclavitud de la sociedad capitalista y su sustitución por la sociedad
comunista.
Marx demostró que el desarrollo del capitalismo produce la profundización y
agravamiento de su contradicción principal: entre el carácter social de la
producción y la forma capitalista privada de apropiación de los productos del
trabajo.
Con una lógica irrebatible, Marx probó que el capitalismo mismo, en el proceso
de su desarrollo, crea las premisas materiales del socialismo y la fuerza social
(del proletariado) que desempeña el papel de sepulturero del capitalismo y será
artífice del modo de producción, y de la sociedad más avanzada y humana, que
hasta hoy no ha existido: el comunismo.
Stepánova, de quien hemos tomado lo esencial de este resumen, del tomo I de EL
CAPITAL, nos dice, que Marx terminó su análisis de la tendencia histórica de
acumulación capitalista con una previsión genial, confirmada cada vez más por la
historia: “El monopolio del capital se convierte en grillete del régimen de
producción que ha florecido con él y bajo él”.
LA centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo,
llegan a un punto en que son ya incompatibles con su envoltura capitalista. Esta
salta hecha añicos. LE LLEGA LA HORA A LA PROPIEDAD CAPITALISTA: LOS
EXPROPIADORES SON EXPROPIADOS.
AUTOR
Humberto Escobedo Cetina
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Publicado Thursday 18 de October de 2007
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