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Petróleo: ¿Por qué cada día más caro?
Resumen: El 13 de diciembre de 2007 se cumplen 100 años del descubrimiento del primer pozo petrolero y el inicio de la historia de Argentina como país productor de hidrocarburos. Pero lejos de los festejos, el panorama no es alentador.
Publicación enviada por Sebastián Laza
DESARROLLO
1. A 100 años del descubrimiento del petróleo en Comodoro Rivadavia. ¿Cómo
está la Argentina?
El 13 de diciembre de 2007 se cumplen 100 años del descubrimiento del primer
pozo petrolero y el inicio de la historia de Argentina como país productor de
hidrocarburos. Pero lejos de los festejos, el panorama no es alentador. Algunas
claves:
• De mantenerse el actual nivel de consumo interno de combustibles líquidos
(vinculados al crecimiento económico) y el actual retroceso en la producción de
petróleo, la Argentina deberá empezar a importar petróleo a fines de 2008 o
principios del 2009, según el Instituto Argentina del Petróleo y el Gas (IAPG).
• Nuestro país, luego de alcanzar el pico máximo de 135.000 metros cúbicos día
(m3/d) promedio en 1998, comenzó una sistemática caída; entonces se estima que
sobre finales del 2008 o principios de 2009 el consumo promedio cercano a los
100.000 m3/día será mayor el nivel de producción.
• Terminar con nuestro actual status de país que se autoabastece para
convertirnos en importador neto traería aparejado un cambio brusco en el actual
esquema de costos internos, si tenemos en cuenta que el precio internacional del
crudo está cerca de los U$S100 el barril.
• En los últimos cinco años el valor del crudo se multiplicó por cuatro fruto de
la mayor demanda de China e India, la especulación financiera y las tensiones
bélicas que se viven en países productores como Irak y Medio Oriente.
• Ya desde 2006 y fruto de la crisis energética, el país empezó a importar
gasoil y se estima que en todo el 2007 se importarán 1,5 millones de m3 de este
combustible vital para el transporte de cargas y pasajeros.
• La caída en la producción se debe a la falta de inversión en exploración de
nuevos yacimientos, principalmente por falta de rentabilidad adecuada, aducen
generalmente desde muchas petroleras, ya que si bien es cierto que el precio
internacional del crudo (WTI) cotiza a unos U$S94, en nuestro país ese precio no
corre; hasta ahora el petróleo paga 45% de retenciones, y encima la semana
pasada el ministro de Economía, Miguel Peirano, anunció que las subiría en
función de los precios futuros de este hidrocarburo en el mercado internacional,
si bien no precisó en cuánto.
• Es decir, en nuestro país el barril le deja a las petroleras casi la mitad de
lo que hoy marcan los precios internacionales, en un intento del gobierno por
hacer que la crisis mundial del petróleo no le impacte al ciudadano argentino,
que está teniendo efectos contraproducentes.
• frente a este panorama, la salida es salir a explorar para encontrar nuevos
yacimientos que permitan revertir la curva descendente de la producción.
2. El precio del petróleo en el mundo sube cada día. ¿Cómo afecta eso a los
precios mundiales y a la Argentina?
Analicemos un poco el por qué de este comportamiento tan alcista del mercado
internacional, ya que si bien se sabe que tanto el crecimiento de China e India
como la debilidad internacional del dólar ayudan a explicar el aumento del
barril de crudo de los últimos años, la principal razón es la inestabilidad
política en Medio Oriente, que a su vez se asocia esta última con el problema
del agotamiento del petróleo y las desesperadas políticas norteamericanas para
administrar dicha situación.
En lo que sigue de esta respuesta, vamos a tomar como base un estudio del
economista argentino Walter Graziano, a su vez bastante fundamentado en uno de
los capítulos del best-seller “La economía del hidrógeno”, del norteamericano
Jeremy Rifkin. Para ambos, y también para muchos geólogos a nivel mundial, el
oro negro está muy cerca de empezar su curva descendente de producción. Veamos
algunos párrafos del estudio de Graziano:
• A nivel posibilidades de producción, en el mercado petrolero, existe una curva
del tipo campana. Primero un período ascendente, de producción año tras año
superior, causado por el hecho de que van entrando al circuito productivo más
yacimientos que los que se van "secando". Luego se alcanza el "techo mundial de
producción", y ésta se estanca cerca de esa cifra durante un período breve de
algunos años. Finalmente, comienza un período de producción declinante año tras
año, originado por el hecho de que ya no pueden agregarse a la producción nuevos
yacimientos al mismo ritmo al cual van saliendo de circulación y agotándose
muchos de ellos, ya secos.
• Estados Unidos tocó el techo de su producción anual de petróleo en el año
1970, con algo menos de 10 billones de barriles anuales de crudo. Hoy apenas si
puede producir 5 billones de barriles por año. Ello, a pesar de que se ha
incorporado la un tanto decepcionante —en cuanto a su magnitud— cuenca
petrolífera de Alaska al mercado. Todo esto al costo de comenzar a generar un
preocupante problema ambiental, y aunque se han desarrollado y aplicado nuevas
tecnologías extractivas, las que, por ejemplo, introducen gas a presión en la
roca de los yacimientos para virtualmente "secar" las rocas de petróleo y
aumentar la posibilidad extractiva de pozos vecinos, incrementando de forma
importarte el recupero de la inversión en los pozos.
• A pesar de que estas cifras indican una realidad energética preocupante al
menos dentro de los propios Estados Unidos, el gobierno de George W. Bush
muestra una gran lentitud en las tareas preliminares previstas para licitar
entre las universidades norteamericanas algunos fondos para el estudio de
tecnologías masivas qué reemplacen al petróleo. Esa pereza se contrapone a la
enorme rapidez con la cual el mismo gobierno decidió efectuar la licitación de
las obras petrolíferas por desarrollarse en Irak, que ganó antes de la propia
caída de Bagdad y Basora una filial de la empresa Halliburton (Kellogg), la que
fue hasta hace poco dirigida por Dick Cheney, ex vice del mismo Bush.
• Desde ese año 1970, cuando Estados Unidos alcanzó el denominado "techo de
producción anual", ésta no ha cesado de declinar, como lo indican las cifras
antes comentadas. El descenso ha sido particularmente mayor en los años '90 y en
el inicio de este siglo, ya que a lo largo de una década cayó casi 20%. Hacia
1950, Estados Unidos producía prácticamente el 100% del petróleo que consumía y
era el primer productor mundial. Importaba algo de petróleo, pero también
exportaba. Hoy, Estados Unidos no llega a producir 45% del petróleo que consume.
Sigue siendo el primer consumidor mundial, con casi un cuarto del consumo de
todo el planeta. Se calcula que, al actual ritmo de producción, el petróleo
norteamericano se extinguirá en el año 2010. Peor aún es la situación en
Inglaterra: los pozos descubiertos en el Mar del Norte, cuya propiedad comparten
Inglaterra y Noruega, sobre los que se llegó a pensar en su momento que eran
mucho más grandes, han resultado menos abundantes que lo previsto, y se calcula
que Inglaterra se quedará sin petróleo antes que EE.UU.
• Y fuera de los países musulmanes, el petróleo es aún abundante sólo en
Venezuela y algunas de las ex repúblicas de la URSS. En mucha menor medida en
China, Libia y México. Y... en ningún lado más.
• Desde mediados de la próxima década, el petróleo estará entonces tan
concentrado en tan pocas manos, y tan escaso resultará en Estados Unidos, que
ello puede ayudar a explicar la verdadera naturaleza de las guerras que hemos
visto en el siglo XXI. La decisión hasta el momento ha sido no sólo ir tras el
petróleo, sino también seguir férreamente con un modelo basado en ese
combustible, sin buscar aún sustitutos importantes.
• Las cifras oficiales indican que hay reservas mundiales para 35 años. Ello
puede generar una falsa idea: que hay por lo menos tres décadas de tiempo antes
de que se produzca una grave crisis energética. A dicha conclusión se puede
llegar si se atan lo suficiente los cabos sueltos a partir de las cifras
oficiales de la International Energy Agency.
• Pero lamentablemente estaríamos frente a un espejismo, mucho más grande aún
que los que se suelen padecer en los desiertos bajo los cuales se encuentra el
petróleo.
• Ocurre que el petróleo no se puede extraer al ritmo que se desea ni se
encuentra en forma uniforme ni es siempre de la misma calidad. Por empezar, en
las reservas suelen figurar petróleos especialmente pesados, que suelen ser de
mucho más bajo valor energético y de alto costo de procesamiento, petróleo que
aún hoy no se sabe procesar bien por su bajo valor energético y económico. Hay
incluso tipos de petróleo que aún hoy no poseen valor económico, y otros
ubicados en zonas de muy difícil acceso, cuya explotación sería tan cara que
sólo tendría sentido con precios mundiales del crudo muy altos. Esto implica que
un porcentaje indeterminado pero apreciable de las cifras oficiales es petróleo
que está en las estadísticas pero no en la realidad.
• En segundo lugar, y en forma aún mucho más importante, hay que tener en cuenta
que el petróleo no va a empezar a faltar desde el año en que teóricamente se
extinga (alrededor del 2035 - 2040), sino desde cuando se alcance lo que se
denomina "techo mundial de producción". El "techo mundial de producción" es la
máxima cantidad posible de petróleo que se puede producir en un año y depende de
las características geológicas de los pozos, del tipo de crudo, de la tecnología
extractiva que se use. etc. En el mundo, todavía nos encontramos en la fase
ascendente de producción mundial del crudo, pero medir su disponibilidad por la
cantidad de años de reservas existentes implicaría aplicar un cálculo lineal de
posibilidades de extracción. O sea, significa pensar que todos los años se puede
extraer la misma cantidad y un poco más.
• Pero la realidad es diferente. Como dijimos al principio, existe primero un
período ascendente, de producción año tras año superior, causado por el hecho de
que van entrando al circuito productivo más yacimientos que los que se van
"secando". Luego se alcanza el "techo mundial de producción", y ésta se estanca
cerca de esa cifra durante un período breve de algunos años. Finalmente,
comienza un período de producción declinante año tras año, originado por el
hecho de que ya no pueden agregarse a la producción nuevos yacimientos al mismo
ritmo al cual van saliendo de circulación y agotándose muchos de ellos, ya
secos. Hoy el planeta ha ingresado en la última parte de la curva ascendente del
ciclo de producción del petróleo. Al "techo mundial de producción" aún no se ha
llegado. Cuánto falta para alcanzarlo es un dato clave para la economía del
mundo entero.
• A partir del momento en que se toque el "techo de producción" mundial, se va a
evidenciar una serie consecutiva de bruscas escaseces de petróleo. El mundo
habrá alcanzado su máximo ritmo de producción mundial, a partir de cuyo momento,
año tras año, habrá cada vez menos petróleo disponible para alimentar a cada vez
más habitantes de la Tierra y a economías que pugnarán por seguir creciendo a un
ritmo superior al 2% anual, mínimo umbral considerado aceptable, lo que sería
inalcanzable para todos los países en forma conjunta en un mundo en el que cada
día habría menos petróleo.
• Para dar una idea de la magnitud del problema frente al cual estamos, es
necesario mencionar que hoy en día más de 85% de toda la energía mundial
proviene de hidrocarburos fósiles. Sólo 7% tiene su origen en la energía
hidroeléctrica, y en porcentajes menores aún las demás fuentes. Esto implica que
no va a ser posible reemplazar los hidrocarburos fósiles con fuentes energéticas
hoy existentes, sino que se deberá generar una tecnología alternativa.
• Otro espejismo que suele aparecer comúnmente es el relativo a la posibilidad
de utilizar carbón como recurso energético reemplazando al petróleo y al gas
natural. El carbón es bastante más abundante que ambos. Estados Unidos posee
carbón para 300 años en su actual nivel de consumo. En el mundo, cifras
comparables pueden obtenerse para muchos países. Sin embargo, si el consumo de
carbón se acelerara para reemplazar al gas y al petróleo, la cantidad de
reservas se reduciría dramáticamente. Rifkin calcula que con tan sólo un
crecimiento anual de 4% en el consumo anual de carbón, las reservas
norteamericanas sólo alcanzarían para 65 años. Además, el carbón posee muchos
inconvenientes: no es fácil extraer de él combustibles líquidos, y es muy
costoso. Por lo tanto, no es un sustituto apto del petróleo y del gas natural.
Adicionalmente, hay que tener en cuenta que el carbón es un hidrocarburo
"sucio", muy contaminante, difícil de cargar y transportar.
• El "techo mundial de producción" es, entonces, el dato crucial que es
necesario tener en el análisis porque marca el límite entre una producción en
alza y una que comienza a ser declinante. Los geólogos están divididos entre
"optimistas" y "pesimistas". En el caso de lo evidenciado ya en Estados Unidos
en 1970, la batalla la ganaron los "pesimistas". Peor aún, triunfó el más
pesimista, dado que el consenso hablaba de una imposibilidad de que la
producción tocara su techo en 1970, cosa que ocurrió y generó una gran crisis
sólo tres años más tarde. En el caso del mundo, los "optimistas" esperan que el
"techo mundial de producción" sea alcanzado entre el 2014 y el 2018. En ningún
caso esperan que se alcance después del año 2020. Los "pesimistas" esperan que
el "techo mundial de producción" se alcance hacia el año 2010.
En resumen, el panorama que nos trazan Graziano-Rifkin, nos demuestra que
estamos muy próximos a alcanzar el techo mundial de producción, y de ahí en
adelante, se viene la escasez permanente de petróleo, año a año creciente,
claro... si no se apuesta hoy a fuentes alternativas que puedan reemplazarlo
cuando empiece el problema.
En síntesis, y en mi opinión, a partir de los estudios citados, el petróleo caro
vino para quedarse y su principal causa, disfrazada tras los problemas políticos
en Medio Oriente, es la conciencia en las altas esferas de poder en EE.UU., de
que el petróleo cada vez está más cerca de agotarse. De ahí los intentos
desesperados norteamericanos por controlar todo el mercado petrolero, que lo han
llevado a invadir Irak y quién sabe hasta dónde más.
Las consecuencias para Argentina de un petróleo caro ya fueron analizadas en la
pregunta uno.
3. El descubrimiento del petróleo en Brasil ¿en qué nos afectará?
Está ubicado en aguas profundas del Atlántico. Tendría entre 5 mil y 8 mil
millones de barriles de crudo y gas. Esa cifra representa una suba del 50% en
las reservas que se conocían hasta hoy en territorio brasileño. Lo dio a conocer
la estatal Petrobras, que invirtió junto a otras empresas unos US$ 1.000
millones en la exploración.
Tras el hallazgo, las reservas petroleras y gasíferas de Brasil quedarían con un
volumen importante, aunque por debajo de otros países del Hemisferio Sur, como
Venezuela y Nigeria. Pero la escasez mundial de petróleo comentada en la
pregunta anterior no se modificaría casi nada: el aporte brasilero será muy
pequeño para el mercado mundial, si bien gigantesco para ellos como país.
Las reservas de petróleo convencional de Venezuela, un influyente socio de la
Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), se ubican en unos 80 mil
millones de barriles. Nigeria, otro socio del grupo de países que controla seis
de cada 10 barriles que llegan a los mercados mundiales, dispone de unos 36 mil
millones de barriles. Ambos ejemplos demuestran lo pequeño del aporte brasilero,
puesto en contexto mundial.
4. ¿Se puede pensar un mundo funcionando sin petróleo? ¿Que alternativas hay?
Pasar de un sistema basado en los combustibles fósiles a otro completamente
distinto va a ser tarea ardua, pero -por todo lo dicho en este informe- deberá
ser encarada durante este siglo XXI. Y si bien hay varias fuentes alternativas
ya en uso (entre ellas el biodiesel que Argentina produce cada vez en mayor
escala), vamos a centrarnos en la alternativa del hidrógeno, en especial
siguiendo a Jeremy Rifkin y su importante estudio sobre el tema :
• A lo largo de la historia de la humanidad, las diversas civilizaciones han
tenido maneras de resolver sus asuntos energéticos, lo cual les ha permitido el
uso, agotamiento y sustitución de sus recursos, no sin el peligro de perecer en
dicho proceso. Rifkin nos llama la atención sobre este tema desde los albores
mismos de la civilización hasta el presente, señalando en el tema del
agotamiento de los recursos, que nuestra civilización se encuentra abocada a la
mayor crisis en todo su modo de vida. No hay que olvidar que... "Calentamos
nuestras casas y oficinas con combustibles fósiles, mantenemos nuestras fábricas
y nuestros sistemas de transporte con combustibles fósiles, iluminamos nuestras
ciudades y nos comunicamos a distancia con electricidad generada a partir de
combustibles fósiles, construimos nuestros edificios con materiales hechos con
combustibles fósiles, tratamos nuestras enfermedades con medicamentos derivados
de combustibles fósiles, almacenamos nuestros excedentes en contenedores de
plástico y embalajes hechos de combustibles fósiles y manufacturamos nuestras
ropas y aparatos domésticos con la ayuda de nuestros productos petroquímicos.
Prácticamente todos los aspectos de nuestra vida moderna extraen su energía de
los combustibles fósiles, derivan materialmente de ellos o reciben su influencia
de algún otro modo" (Pág. 85).
• La apuesta de Rifkin y de muchos otras personas e instituciones en el mundo,
es por el uso del hidrógeno como fuente energética; por una descarbonización
(sustitución progresiva de los átomos de carbono por otros de hidrógeno con cada
nueva fuente de energía) y una economía del hidrógeno. El hidrógeno es un
combustible eterno que no contamina y aunque se halla prácticamente en todas
partes, raramente aparece en la naturaleza en estado libre, por lo que debe ser
extraído. Las diversas formas de producirlo, que aunque pueden involucrar el uso
de energías procedentes de hidrocarburos, se inclinan hacia la utilización de
energías renovables, como la fotovoltaica, la eólica, la hidráulica y la
geotérmica; éstas, pueden generar la electricidad que se consume en el proceso
de la electrólisis para descomponer el agua en hidrógeno y oxígeno.
• Pero el aspecto más interesante del hidrógeno es el de una nueva economía
menos centralizada, más autosuficiente, que depende del mismo consumidor. Para
explicar el tema, Rifkin adopta dos criterios, el de generación distribuida y el
de red, análogo éste último a la WEB. La generación distribuida se refiere a un
conjunto de pequeñas plantas generadoras de electricidad, situadas cerca del
usuario final, o en su mismo emplazamiento, y que pueden bien estar integradas
en una red o bien funcionar de forma autónoma. Sus usuarios pueden ser fábricas,
empresas comerciales, edificios públicos, barrios o residencias privadas. Ellas
representan en la actualidad, un coste menor en la producción del kilovatio; y
prometen ser una solución ante el peligro de un corte de energía y una
alternativa al calentamiento global. En esta perspectiva, el usuario se puede
convertir en su propio productor, al usar pilas de combustible que pueda
recargar.
• "Las revoluciones económicas verdaderamente importantes de la historia se
producen cuando una nueva tecnología de comunicación se funde con un régimen
energético emergente para crear un paradigma económico completamente nuevo. La
introducción de la imprenta en el siglo XV, por ejemplo, estableció una nueva
forma de comunicación que cuando más adelante se combinó con la tecnología del
carbón y el vapor dio origen a la revolución industrial. La imprenta hacía
posible una forma de comunicación lo bastante rápida y ágil como para coordinar
un mundo impulsado por la energía del vapor" (Pág. 244). Tras esta afirmación,
Rifkin considera que el hidrógeno y las nuevas tecnologías de generación
distribuida por medio de pilas, fusionado con la revolución informática y las
telecomunicaciones, pueden crear una era económicamente nueva. Estamos entonces,
a la vuelta de pocos años, frente a la posibilidad de convertir la red eléctrica
en una red interactiva de miles o millones de pequeños proveedores y usuarios.
Sin duda, son diversos los problemas técnicos a abordar, como por ejemplo, la
puesta en juego de un sistema flexible -no tan unidireccional- de corriente
alterna, que permita a las compañías de transmisión distribuir cantidades
precisas de electricidad a áreas específicas de la red. Otros problemas, de tipo
organizativo, demandarán otra clase de soluciones, de carácter más democrático,
cooperativo y seguramente con menores costos; por ejemplo, para alquilar o
comprar pilas de combustible en hogares y empresas. En todos estos casos, ya
existen experiencias en los EEUU.
• La posibilidad de una democratización de la energía, significa, del lado de
los países pobres, la oportunidad de mayores accesos a la economía y al
bienestar. Un mínimo acceso al empleo y a la electricidad, significa una
"calidad de vida básica" que incluye la alfabetización, una mejor higiene,
seguridad personal y una mayor expectativa de vida. Con el aumento de la pobreza
en esta parte del mundo, el crecimiento demográfico, las economías en recesión y
el peso de la deuda externa; una economía basada en el hidrógeno constituye una
esperanza para los miles de millones de seres humanos que habitan la mayor parte
del globo.
• Concluye Rifkin, acentuando el desafío que la generación distribuida
representa, tanto ambientalmente como en el ámbito sociológico, respecto de una
nueva comprensión de la globalización. Al estar conectados por una red de
generación distribuida a partir del hidrógeno, los asentamientos humanos pueden
ser vistos desde enfoques diferentes al viejo concepto de Estado-Nación, propio
de un régimen energético que está caducando. Los patrones de asentamiento humano
entrelazados con las biocomunidades, podrán ser entendidos en términos de
eco-regiones, bio-regiones y geo-regiones, lo que contribuirá a forjar un nuevo
y profundo sentido de la seguridad, la salud y el bienestar de la tierra.
AUTOR
Sebastián Laza
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Publicado Thursday 27 de December de 2007
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