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Entre la anemia y el estilo: de Radio Bayamo a la corrección de errores
Resumen: Se intenta demostrar, a partir de un análisis de las propuestas comunicativas habituales de los periodistas de Radio Bayamo, que el estilo en este medio de comunicación masiva está anémico, debido a que no se respetan las reglas para la redacción de los trabajos periodísticos dictadas por la dirección del medio.
Publicación enviada por Yurisnel Ramón Castellanos Espinosa
RESUMEN
Se intenta demostrar, a partir de un análisis de las propuestas comunicativas
habituales de los periodistas de Radio Bayamo, que el estilo en este medio de
comunicación masiva está anémico, debido a que no se respetan las reglas para la
redacción de los trabajos periodísticos dictadas por la dirección del medio. Por
tanto, es una necesidad que todos los periodistas de Radio Bayamo (y con ellos
los del resto del país en general) concienticen este problema en aras hacer un
periodismo como lo exigen los tiempos actuales y así mejorar la programación
habitual de la Emisora Provincial de Granma.
PALABRAS CLAVES: **Estilo periodístico**discurso**redacción**periodismo**
virus del lenguaje**
ABSTRACT
It is tried to demonstrate, starting from an analysis of the habitual talkative
proposals of the journalists of Radio Bayamo that the style in this means of
massive communication is anemic, because the rules are not respected for the
writing of the journalistic works dictated by the address of the means.
Therefore, it is a necessity that all the journalists of Radio Bayamo (and with
them those of the rest of the country in general) they inform this problem in
function to make a journalism like they demand it the current times and this way
to improve the habitual programming of the Provincial Radio station of Granma.
KEY WORDS
**Journalistic style **Speech **Writing **Journalism **Language virus
INTRODUCCIÓN
Hacer con un lenguaje y una técnica diferente es uno de los retos más marcados
del periodismo cubano de hoy, verdad que aún está en proceso de
retroalimentación por los profesionales de los más diversos medios de
comunicación masiva de nuestro país.
Se impone, pues, crear un periodismo novedoso, dotado de un discurso lleno de
vigor, profesionalismo, profundidad, y basado en altos niveles de análisis a
través del cual nuestra audiencia habitual conozca la noticia y, a la vez, pueda
reflexionar.
Esto traería como resultado la posibilidad de conocer cada género o formato
desde sus propios objetivos, desde las ópticas que brindan a partir del contexto
que los suscita; haciendo de la hiperinmediatez –al menos en el periodismo
radiofónico- una forma de convencimiento desde la intención, la idea, la voz, el
sonido; en fin, de las propias potencialidades del medio.
La contemporaneidad nos impone abrir nuevos horizontes al público sobre lo que
se está escribiendo y sobre su cotidianidad; tributar al conocimiento del
pueblo, explotar toda la integridad de la información; convertirnos en cronistas
de nuestro tiempo, pero concientes de lo diferente, sin apelar al facilismo.
Por tanto, hacer formatos más atractivos, tener un discurso más rico, que
refleje lo que la gente piensa, su mundo interior y exterior, es el objetivo
esencial del periodismo actual.
Las reglas hacen falta (eso no lo puede dudar nadie), pero hay que asumirlas
desde la propia diversidad de los medios y de la frescura de lo que escribimos
con creatividad y sobrado interés, con nuevos experimentos sin tocar lo banal o
efímero.
El presente trabajo, responde a una problemática existente en los medios de
comunicación masiva del país y, particularmente, en Radio Bayamo, traducida en
los errores más frecuentes que presentan nuestros periodistas a la hora de
escribir y que mellan tanto su discurso como el estilo periodístico en general.
Por tanto, está dirigido a caracterizar el estilo periodístico en general y en
Radio Bayamo en particular, revistiendo gran importancia porque ayuda a
profundizar en las cuestiones referidas al estilo de un periodista, y constituye
una fuente de consulta para los profesionales tanto de Radio Bayamo como del
resto de los medios granmenses y del país, en aras de hacer un mejor periodismo
en los tiempos actuales.
DESARROLLO
- Consideraciones teóricas en torno al estilo periodístico cubano de hoy, con
énfasis en la Emisora Provincial de Granma “Radio Bayamo”.
Desde el nacimiento mismo del periodismo hasta nuestros días, muchos se han
encargado de producir normas para la redacción en los diferentes medios de
comunicación masiva. Es por ello que hoy en día existe una gran variedad de
manuales de estilo.
Pero ni juntándolos todos se alcanzaría un texto ideal para la redacción
periodística. Investigadores del tema, no obstante, han logrado tras este empeño
reunir algunas normas que propician una buena elaboración de trabajos de esta
índole. Sin embargo, ¿qué es el estilo?
Algunos afirman que el estilo es la libertad que tiene el autor de un texto de
seleccionar dentro de los medios de expresión aquellos que necesita para su
comunicación, resultando de esta forma un hecho de estilo.
Otros dirigen su interpretación del fenómeno hacia la selección de los medios de
expresión utilizados, la cual es determinada por la naturaleza, las intenciones
o la situación del sujeto hablante o escribiente, y de su composición. De esta
forma se constituye el estilo, el cual está determinado por factores
estilísticos, individuales o subjetivos y objetivos.
Juan Cosgaya, por su parte, lo define como el conjunto de características o
cualidades que diferencian y distinguen una forma de escribir de otra. El estilo
es el sentido vital, la personalidad transferida al desarrollo oral o escrito
del tema.
Existe también otra denominación de estilo, la cual enuncia que el mismo se
nutre de elementos o usos menos frecuentes dentro de la lengua, por lo que
resulta evidente la relación entre la lengua y sus usos.
A nuestro modo de ver, y en concatenación con los objetivos de este trabajo,
decidimos acogernos al criterio emitido por Luis Sexto, en el que alude al
equilibrio de la síntesis como lo más recomendable:
Estilo (…) se define con más certeza por lo operativo que por lo atributivo.
Y, así, la selección de los recursos de expresión obligatorios u opcionales y su
composición integran el estilo que a su vez se somete, como operación electiva,
a los dictados estilísticos subjetivos o personales, u objetivos o sociales.
Esto es, la elección dentro de un muestrario de procedimientos y normas, y con
una intención procesada por la formación estilística funcional en la que uno
escribe, es lo que verdaderamente da una voluntad de estilo, en aras de
trascender conscientemente por medio de la expresión.
Es en la combinación dialéctica elección–expresión donde descansa la definición
de estilo, si tenemos en cuenta que su interrelación posibilita escoger entre
dos o más razones para expresar el mensaje deseado. Es decir, elegir la forma
que más convenga y se apropie tanto a la frase utilizada como a la situación en
que ésta tenga lugar.
Pero esta problemática no es tan sencilla como parece. Justo en ella el
periodista, aunque puede encontrar una justificación perfecta para emitir un
mensaje según estime, puede hallar la perdición y caer en banalidades o errores
imperdonables, costándole su reconocimiento como buen comunicador; e incluso, el
oficio.
Por tanto, nunca deberá olvidar el periodista su función dentro del medio al que
pertenece, no como portavoz de la información o aclarador de los problemas
diarios, sino como predicador a través de la palabra, de las vías que
solucionarán las dificultades existentes y elevarán a planos superiores el
horizonte visual y los niveles de conciencia de cada ser social que lo sigue.
El periodista, visto desde este ángulo, constituye una alternativa para la
transmisión de cultura y la consagración a los derechos humanos fundamentales
desde una posición optimista, donde priman el razonamiento lógico y la
comprensión. Es éste un mecanismo para construir equidad y conciencia del
momento histórico, para llevar a sus seguidores al entendimiento pleno de su
realidad social y tomar actos de conciencia sobre el propio acontecer y devenir
del ser humano.
- ¿Anemia en el periodismo cubano actual?
Una de las polémicas más tratadas en el ámbito del periodismo es cómo lograr la
eficacia comunicativa a partir de diferentes propuestas periodísticas. Pero este
no es un asunto que se pueda resolver tan fácilmente y es aquí donde el estilo
cumple su función primordial.
Decir más con menos es un lema que todo periodista debiera poner en práctica;
sin embargo, constituye el problema más serio en este quehacer.
Como resultado de la búsqueda de alternativas para lograr la economía de
palabras pero con mayor sentido y significación, los tratadistas han propuesto
una serie de características esenciales para el estilo periodístico.
Tales características constituyen la armonía del mensaje trasmitido, o sea, el
efecto que puede contener la definición exacta de lo bien escrito, o más bien la
impresión eufónica que brinda el texto emitido.
Es por ello que el periodista debe pensar y repensar antes de emitir un
criterio; valorar si es justo o desproporcionado; si su mensaje está tan
fundamentado que los receptores serán capaces de entenderlo y sacar de él
conclusiones apropiadas. Porque el periodismo no sólo informa o entretiene, sino
que también engendra actitudes y aptitudes, modos de pensamiento y hasta de
convivencia. Y muchas veces se convierte en un arma donde “ciertas” ideas se
refugian y alcanzan vuelo.
Esta es la principal razón por la que los estudiosos de esta temática se han
visto en la necesidad de crear manuales de estilo; no para condicionar al
periodista y restringirlo a normas sin pies ni cabeza, sino para elevar la
calidad de la información en los tiempos actuales y crear un sistema capaz de
producir en el ser humano sentimientos de pertenencia hacia su propia vida y al
mundo que lo rodea.
Pero no son todos los que entienden este fenómeno de tal manera, lo que ha dado
lugar a que se afirme en ocasiones que el periodismo cubano de hoy está anémico,
pues padece de serias lesiones en cuanto a la redacción y el estilo.
Ya se hablaba anteriormente que existe gran variedad de manuales de estilo. Y
aunque se deben seguir las normas establecidas en ellos para una buena
redacción, es fundamental que el periodista –especialmente el radiofónico- no
olvide a los que habitualmente siguen sus reportes.
Tener un estilo, pues, no significa escribir siempre de la misma manera o de
modo exclusivo; más bien es necesario que cada trabajo periodístico sea
interesante desde el propio título, y esa no es la mejor forma de conseguirlo.
Apelar a la diversidad de sectores que alimentan y dan vigor a la profesión para
no ahuyentar a los simpatizantes de nuestros reportes informativos, traería como
resultado ir marcando un estilo. Mas, aún se está muy lejos de tenerlo. Nos
falta explotar las posibilidades que nos ofrece nuestra lengua en pos de buscar
lo diferente todos los días y hallarlo; así tendrán espacio recursos llenos de
matices y efectos capaces de lograr la transmisión exitosa del mensaje y la
interpretación que deseamos se tenga del mismo.
Y justo ahí radica la mayor dificultad del periodismo cubano de hoy, al menos el
radial: es más lo que escribimos para nosotros que lo que escribimos para los
oyentes, resultando un trabajo carente de sentimiento, sentido y emoción.
Tributar para los medios de comunicación, por ende, y más para la radio, no
significa sólo concebir los materiales periodísticos de forma clara, directa y
sencilla para que suene armoniosa tanto al oído como a la comprensión: es
escribir con dedicación y esmero, valorando a toda costa la factura estilística
que encierran dichas propuestas comunicativas.
Es muy notorio en el periodismo radiofónico la utilización de giros que alguna
vez definieron en forma precisa determinados fenómenos o situaciones, pero que
de tanto repetirse ya constituyen virus del discurso. Y aquí comienza la
indudable justificación de la anemia presente en el periodismo actual.
En Radio Bayamo, por ejemplo, es muy frecuente el empleo de frases como magna
cita, aromático grano, masivo acto, digno ejemplo, logros obtenidos, combativo
acto, merecido homenaje, éxito extraordinario, exigentes esfuerzos, líquido
vital, futuro luminoso, calidad requerida, fructífero proceso, parámetros de
eficiencia, espíritu de vanguardia, actual contienda, entre otros, que en vez de
elevar la relevancia de los enunciados, denotan pobreza léxica y acomodamiento
estilístico.
Es imperioso que los periodistas se percaten de la necesidad que sienten los
radioyentes de mantenerse informados, de cuántas expectativas encierran nuestros
noticieros y revistas informativas. Es por ello que debemos centrar nuestros
textos en brindar, de la forma más analítico-sintética posible, las
informaciones que mantienen actualizadas a la población que nos escucha; pero no
como a dé lugar, dejándonos llevar por redacciones simples o argumentos sin
juicios ni calidad, sino logrando la verdadera visión objetiva que es capaz de
dar nuestro periodismo.
La adjetivación es otro de los vicios que, tras un mal empleo, le aportan
monotonía a las expresiones y denotan falta de dominio del idioma.
Tal es el caso de magnífico, maravilloso, eminente, incomparable, ilustre,
insigne, notable, excelso, fantástico, tan empleados en nuestra Emisora para
hiperdimensionar la significación de un entrevistado o un hecho, muchas veces
sin trascendencia alguna. Los partidarios del periodismo que actualmente se
lleva adelante han de respetar cada situación que aborden, sin llegar a definir
algo más de lo que realmente es. No aporta en ningún sentido ni para el que
brinda declaraciones, ni para una circunstancia dada, ni para el propio
periodismo, que se atribuyan apelativos fuera de contexto o que están muy lejos
de contribuir al corte semántico del mensaje.
Decir lo que es, con elementos que ayuden a la comprensión del enunciado y
argumenten o clarifiquen en la medida exacta de los hechos es hacer con palabras
concreciones y conceptualizaciones; es demostrar un uso racional de los
dispositivos que nos ofrece la lengua que hablamos; es hacer de nuestro trabajo
un modelo a seguir tanto por colegas como por la audiencia habitual de los
programas para los que trabajamos.
Este empeño también se logra si eliminamos radicalmente las muletillas, frases
improductivas e inútiles que no le aportan nada ni a las ideas desarrolladas en
la cuartilla ni al discurso periodístico propiamente dicho.
Las muletillas más usadas en la Emisora Provincial de Granma pudieran resumirse
de la siguiente manera: asimismo, así como, además, por otra parte, por su
parte, en otro orden, también, sobre el particular, en sendas declaraciones, así
mismo.
El gerundio es más rechazado todavía por su marcado carácter antiperiodístico.
Al indicar acción en transcurso perceptivo, no da toda la inmediatez que
requiere la noticia, pero tampoco es como para temerle. En ocasiones es
fundamental emplearlo y para nada resulta desatinado; aunque nuestros
periodistas aún no concientizan su uso racional ni han sabido diferenciar cuándo
resulta adecuado y cuándo forzado.
El abuso de las cifras es uno de los caracteres que más marca la falta de tacto
de los periodistas a la hora de llenar con palabras los espacios vacíos. El
exceso de cifras en un enunciado tiende a cansar y aburrir al receptor. Es
necesario ser lo más precisos posible, sin andar con tantos regodeos, por lo que
es mucho mejor dar las cifras con imágenes, por ejemplo: la mitad de los
cubanos, logrando que sean potables y muestren algo.
También es frecuente ver en nuestra prensa los neologismos, aquellas palabras
elaboradas para enriquecer el idioma, pero que en la radio tienden a tergiversar
el mensaje provocando el no entendimiento de éste por parte de los oyentes.
En Radio Bayamo, al menos, son habituales los neologismos accionar y
educacional, cuando debe decirse actuar y educativo, respectivamente. Recordemos
que nuestra prensa tiene entre sus funciones principales educar al pueblo y con
ello sólo logramos desproporcionar su léxico y, por transitividad, su acervo
cultural.
En el medio radial deben evitarse igualmente los tecnicismos pues se trabaja
para una población media que no está adaptada al lenguaje técnico. Es por ello
que para hacer periodismo en la radio lo primero que hay que saber es para quién
se trabaja y cómo llegar de manera más clara a ese público.
La información que elaboramos, además, debe ser por excelencia periodística y no
científica. Lo más importante en este empeño es la repercusión social del
problema tratado, el interés y el lenguaje. Por tal razón, se deberán evitar los
tecnicismos a cualquier precio.
Otros de los errores más frecuentes en la radio son las discordancias (también
llamadas inelegancias), las ambig-edades, las redundancias o tautologías (Ej.:
El acto reunió a OCHO MIL 534 personas), las frases intrascendentes o anodinas,
cambios del sentido de los verbos, mal uso de las preposiciones, sujetos
excesivamente largos, informaciones estáticas, los barbarismos, las
generalizaciones (Ej.: La ciudad esperó la celebración del primero de mayo
engalanada como nunca; Se alista el municipio de Buey Arriba para realizar el
desfile más grande de la historia).
También el exceso de seriedad, formalidad y formulismo; las recurrencias a los
mismos temas y maneras de decir; las informaciones aburridas; los títulos
demacrados; la falta de condensación imaginación-síntesis-sentido artístico del
periodista; las jergas; los comienzos tradicionales; las carencias de ensayos,
documentales y crónicas; y la no profundización en los lados más amables de la
realidad (la opinión), traducida en: a)exclusión del análisis, b)asunción del
lado más polémico, c)predominio del contenido propagandístico; entre otros.
Cotidianamente escuchamos trabajos plagados de recursos como estos, tan vacíos y
simplistas, resueltos por elementos carentes de originalidad y faltos de
concisión y claridad.
Así, el exceso de estereotipos y automatismos estilísticos hacen del discurso
periodístico, en primer lugar, en no creíble o vano; y, en segundo lugar, en
técnicas e ideas archiutilizadas sin la posibilidad de ser visiblemente
–auditivamente en el caso de la radio- comprensible (teniendo en cuenta, por
supuesto, que los excesos son malos: no a lo desmesuradamente claro; no a lo
absolutamente directo: ambos resultan empobrecedores).
No se trata de innovar una teoría, un idiolecto renovado, porque entonces nadie
nos entendería; todo está en darle más fuerza, elegancia y credibilidad a los
textos periodísticos. Es una necesidad estar todo el tiempo a su acecho y
eliminarlas siempre que sea posible. Así lo exige el medio radial y el respeto
que les debemos a quienes nos escuchan.
El nuevo periodismo exige, sobre todas las cosas, la sustantividad informativa y
la evidencia expresiva, en función de formar valores y darle más significación
al hecho noticioso. De esta forma es que se construye el estilo del periodista,
tomando de otros estilos empréstitos léxicos y tropológicos y poniendo al
servicio de los receptores enunciados claros, interesantes y creativos. O sea,
equilibrando lo verdaderamente importante con lo expresivo, lo sensible y lo
comprensible. Nada mejor para asegurar la atención de la audiencia y la claridad
en las informaciones, así como para informar y comentar la actualidad de la
mejor manera posible.
La autenticidad no significa pulir el estilo con maniqueísmos literarios,
extravagancias léxicas o recurrencias coloquiales o retóricas. Es apelar a
modelos claros, exactos, limpios y elegantes, con presencia de un vocabulario
comprensible que mueva el análisis, la teoría y los sentimientos humanos.
- Más que anemia… en el estilo periodístico.
Uno de los grandes males que aquejan a los periodistas es la no revisión de los
trabajos que serán publicados para receptores no poco inteligentes o con censura
mesurada.
La confianza es una agravante en materia de información, sin percatarnos que los
que nos leen o escuchan no dan cabida a los llamados lapsus mentis, sino que
atribuyen el error a los insuficientes conocimientos sobre el tema o a querer
tomarle el pelo a los que están del lado allá del dial o frente a la cuartilla
impresa.
La prensa de hoy padece una gran contrariedad que provoca esquizofrenia o mudez
al periodista: las fuentes se limitan a dar informaciones o encubren verdades
que traerían consigo serios problemas de moral y reputación; incluso son capaces
de tirar la puerta a su cara porque lo creen entrometido y fuera de lugar
–chismoso, vulgarmente hablando.
Pero el otro 50% del problema lo constituye el propio periodista, porque su
falta de tacto, búsqueda, confirmación de datos, nombres, cifras y direcciones,
y hasta su persistencia pudiéramos decir, lo llevan a publicar cosas que luego
son cuestionadas o rebatidas.
El estilo periodístico, visto así, va mucho más allá de escoger los medios de
expresión para informar situaciones cotidianas; es más bien donde convergen el
cuidado, el gusto estético, la dedicación, la delicadeza ling-ística, el acervo
cultural, la sabiduría, los sentimientos humanos, el sentido de pertenencia, los
deseos de hacer, la responsabilidad ante los hechos y, por último, el papel que
hay que llenar de ideas convincentes.
Es un error pensar que tanto el tiempo como la memoria nos pueden traicionar. El
engaño va por el propio periodista, que no se exige a sí mismo una correcta
revisión de su obra; que no apela a otros ojos o reniega sugerencias de sus
colegas; que piensa que nadie lo escucha cuando en materia de radio es el
cocinero y la audiencia los comensales, o sea, que puede recibir de vez en
cuando un golpe fuerte con un plato por mucha sal, por poco condimento o por
ambas cosas.
Siempre es muy bueno someter a juicio nuestras valoraciones y puntos de vista.
La pifia a veces pasa inadvertida, pero si se descubre pudiera costar el puesto
y la disminución del respeto público como periodista y como persona (o sea:
tener en lo adelante un currículum manchado y el menosprecio de los que pudieron
siempre creer en ti).
- Las tres normas sagradas
Se dice que la primera y sagrada norma del ejercicio periodístico es la
claridad. Es por ello que escribimos para ser entendidos inmediatamente la
mayoría de las veces . Sin su presencia –sea el género periodístico que fuere-
los recursos seleccionados para expresar las ideas necesarias y deseadas carecen
de significación, pues provoca que los oyentes no entiendan el mensaje que se
quiere trasmitir.
Pero no podemos ser claros si padecemos oscuridades en nuestra lexicografía o,
lo que es peor, en el pensamiento, ingrediente fundamental para lograr la
claridad. Porque la palabra se inventa, pero no la manera de razonar, de ver las
cosas, de pensar claro y con horizonte visual futurista. Esto acarrea el
rebuscamiento de palabras, la tortura para los receptores que están obligados a
escuchar vocablos que ni siquiera conocen y que están fuera de contexto, que
rompen con el hilo de la información); atentando contra la transparencia
estilística de los textos informativos.
Se torna imprescindible, entonces, que el periodista no presuponga ni dé por
sabido los diferentes aspectos que trabaja. O sea, no se debe subestimar en
absoluto a la radioaudiencia promedio de nuestras emisoras. Recuérdese que una
de las características principales de la palabra hablada es la fugacidad y en
consonancia con ello, existen muchos estímulos que asedian –aún sin
proponérselo- la atención de los oyentes. De ahí que la radio tenga, entre
otras, una función lúdrica o de entretenimiento.
Por tanto, el periodista debe preocuparse por ser agradable e interesante a
través de una buena selección de los medios expresivos que ha de utilizar, así
como balancear dramatúrgicamente los temas que aborda, en aras de lograr y
mantener el interés en el público.
Esta es la razón fundamental por la que hay que escribir bien y con toda la
claridad posible. Para ello, lo primero es usar un lenguaje sencillo, evitando a
cualquier precio la combinación de los sustantivos adjetivados con adjetivos
sustantivados y el empleo de palabras largas que terminan en -ción, -dad, -orio,
-oria.
Ser claros es dominar la sintaxis; ubicar cada vocablo donde va; dominar la
norma estándar (con plenos conocimientos de las lenguas culta, popular y
vulgar), porque no podemos plagar nuestros trabajos de propuestas vanas e
ininteligibles, de palabras vacías de significados por estar fuera de lugar o de
elementos que tergiversen el mensaje que trasmitimos.
Así, y siguiendo las pautas de Luis Sexto, el estilo del periodista debe ir
poniendo una cosa al lado de la otra, por ejemplo SUJETO + VERBO + PREDICADO,
como una sucesión de hechos que pueden separarse y analizarse por sí solos, pero
que forman un todo único en su interrelación. Por lo que el estilo periodístico
debe ser cortado (o analítico, como se prefiera).
Este consiste en la mezcla de frases breves y frases un tanto más largas, con el
sujeto, el verbo y los complementos como puntos de apoyo, y con el punto y
seguido de piedra sillar sobre la cual se asiente la estructura del párrafo .
Su uso, sin dudas, le aporta perdurabilidad y un mejor funcionamiento al oficio
del periodista. El mismo debe ser, además, pequeño pero extenso, concreto pero
profundo y abarcador. En fin, armonioso. Sobre todo armonioso, incentivando al
receptor a la lectura o la escucha del trabajo porque éste promete por sí solo,
con altos niveles de análisis y sugerencia.
La segunda gran norma del estilo periodístico es la concisión, principal
marcador de calidad en los textos. De ahí la imperiosa necesidad de la economía
de palabras para el logro de una mayor comprensión y fluidez del mensaje. Aquí,
la construcción nominal es la más recomendada en los tiempos actuales, siempre y
cuando su empleo sea favorable para el texto y no lo convierta en monótono e
insoportable.
Muchos piensan que decir concisión es decir sintético. Mas, ambos conceptos
difieren, pues síntesis es pensamiento, elección de lo más primordial de un
acontecimiento, de una realidad, presentándolos en sus rasgos definidores. La
concisión se refiere más bien a la construcción de la frase y la expresividad
del enunciado.
Para lograr este trabajo de higienización del lenguaje hay que ser primero buen
investigador, pues de ahí resultarán las preguntas, a quiénes preguntar y dónde
buscar. Después corresponde revisar lo más importante de las notas tomadas y
hacer con ello un primer borrador; luego se pasará a la definición del género y
a la organización formal, y final, del trabajo, valorando las entradas en cada
párrafo, la utilización de los vocablos adecuados y la sintaxis.
En este afán, se tendrá en cuenta desarrollar la estructura en cadena,
seleccionando cada elemento o párrafo, pero logrando su sostenibilidad. La
lectura en voz baja será el próximo paso; aquí nos detendremos, preferentemente
en los errores y repeticiones que pudieran constituir agravantes del trabajo. La
segunda lectura ya es para ajustar el texto y el sonido. Someter el trabajo,
cuando está en este nivel, a los ojos de algún colega es una buena manera de
corroborar la concisión del mismo, de valorar si vamos por buen camino o hay que
hacer algún cambio. Una vez determinada la integralidad del texto, se someterá a
publicación y consideración de los receptores.
La concisión está compuesta por recursos como la condensación y la saturación
que, al ser mezcladas, se produce una miscelánea de estilo y composición, un
estadío medio que le aporta el equilibrio necesario al enunciado.
Sin embargo, no son suficientes la claridad y la concisión para que un texto
tenga verdadero carácter periodístico. Es preciso que el receptor se interese
por la propuesta comunicativa o, lo que es lo mismo, que el hecho en cuestión
esté redactado de manera tal que sea interesante en todas sus partes. Para ello
el periodista deberá organizar sus datos según su jerarquía y construirá su
discurso teniendo como premisa los valores noticias, el que estará impregnado
con una técnica periodística precisa y exacta, capaz de interrelacionarse con el
talento para formar, a partir de este momento, los protagonistas principales de
la historia periodística.
La tercera norma es la relevancia de la propuesta desde el punto de vista del
interés del lector.
El periodista debe trabajar, por excelencia, sobre la base de lo informativo
pero sin olvidar los presupuestos estéticos que pueden enriquecer y fortalecer
el texto. Ser austero, imaginativo, expresivo, creativo, encantador, hará de los
enunciados una perfecta asimilación por parte de los oyentes.
Todo ello dará al traste con la capacidad de cada periodista de adornar su
texto, sin apelar a una excesiva imaginación que entorpezca el ritmo, el tono, y
con ello el lenguaje de la noticia que se comenta.
Así lo expresa Luis Sexto, a saber
manifestación de un periodismo personal, que alude a un profesional capaz de
interesar, con una forma y fuerza expresiva que prometan un enunciado que
suscitará como mínimo la polémica. El periodista equivale a revelación. De datos
e ideas. O de formas.
El estilo periodístico, por tanto, se sustenta en la creatividad, en su
ductilidad, en la sensatez y en la verdad: un pensamiento bien desarrollado en
el papel traerá consigo un discurso bien conformado, con plenitud en la
estructura y en la forma, con claridad en el mensaje y en el oyente.
En este sentido, no han de obviarse las variantes del lenguaje figurado, los
tropos poéticos, porque en no pocas ocasiones ellos son los marcadores de la
clarificación y la comprensión de los enunciados. No se le debe temer como si
fueran repelentes, sino más bien cuidar su empleo y reservarlos para los
momentos en que se requiera su uso. De ellos se ha dicho: “Con el tropo el
estilo se matiza, alcanza relieve; sin él discurriría planamente”.
Pero cuidado con el medio radial. Su carácter efímero, y a la vez claro y
directo, puede ser obstruido por imágenes tan rebuscadas, nada esclarecedoras a
los oídos de la audiencia.
Es imperioso mantener la frescura de las expresiones, matizarlas con los tropos
adecuados, los que en realidad revelen la idea creativa y definidora. Tan es
así, que no se emplean de igual manera en los diferentes géneros: la nota
informativa, por ejemplo, será más sutil en cuanto a las metáforas, las
paradojas, las reticencias y las ironías (por tan sólo mencionar algunos); no
así el comentario, el documental radial y la crónica, más factibles a tales
figuras. Un poco más claro: ni tan elevados, no tan barrocos, ni tan escuetos.
Justo a la medida y estaremos en presencia de un perfecto uso racional de los
mismos; tocando lo original y apelando a lo eminentemente coloquial, como mismo
lo requiere el proceso comunicativo en este medio.
Lo interesante, por ende, se instaura como la tercera característica esencial
del estilo periodístico.
Sin embargo, existen otras que también definen el estilo y lo enriquecen: la
armonía, el tono, el ritmo. Todo depende del tiempo, el contexto del medio y,
por su puesto, del periodista.
Lo más importante es escribir bien y llegar lo mejor posible al público que día
a día espera por nuestros trabajos. Si construimos de manera eficiente nuestra
forma de hacer, nuestro oficio, nuestras propuestas y nuestra audiencia,
entonces podremos hablar de un verdadero estilo periodístico. Mientras, sólo
estaremos tanteando. Pero tanteando en el vacío.
Ahí radica el universo del periodista y su estilo, tan complicado como nosotros
mismos.
CONCLUSIONES
Una vez finalizado este trabajo podemos concluir que existen serias dificultades
en Radio Bayamo en cuanto a estilo periodístico, lo que denota la falta de
conciencia de nuestros periodistas a la hora de elaborar un discurso regido por
normas de redacción pero con altas dosis de creatividad e interés; por lo que es
una necesidad que los periodistas que allí laboran se preocupen por elevar sus
niveles de redacción –partiendo de la carta de estilo del medio- en aras de
perfeccionar los mensajes que diariamente llevan a la población granmense para
cultivarla y educarla sobre la base de la formación de valores y de la
salvaguarda, desde dondequiera que estemos, de las conquistas de la Revolución
Cubana.
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AUTOR
Yurisnel Ramón Castellanos Espinosa
Licenciado en Letras y Periodista
Profesor Instructor Universidad de Granma (Sede Universitaria Buey Arriba).
Antonio Guiteras no. 21-B, Buey Arriba, Granma.
Sede Universitaria Municipal de la Universidad de Granma, Buey Arriba/ Centro de
Estudios de Desarrollo Local.
Telefono: 343204
E-mail: rgonzalezg@sbueyarriba.udg.co.cu
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Publicado Monday 24 de September de 2007
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