Monografias | La real academia de ciencias médicas, físicas y naturales y su contribución al desarrollo de la ciencia colonial

La real academia de ciencias médicas, físicas y naturales y su contribución al desarrollo de la ciencia colonial

Resumen: El objetivo de este trabajo es valorar la importancia de la fundación de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana para el desarrollo de la ciencia cubana durante el siglo XIX. Específicamente, pretende identificar la ciencia como actividad humana y ejemplificar los diversos intentos realizados, entre 1826 hasta 1861, por el Dr. Nicolás José Gutiérrez Hernández para crear una institución científica.(V)

Publicación enviada por Lic. Ana María Gelpi Leyva


 

OBJETIVOS

OBJETIVOS

GENERAL

. Valorar la importancia de la fundación de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana para el desarrollo de la ciencia cubana durante el siglo XIX. 

ESPECÍFICOS 

. Identificar la ciencia como actividad humana. 

. Ejemplificar los diversos intentos realizados,  entre 1826 hasta 1861,  por  Dr. Nicolás José Gutiérrez  Hernández   para crear una institución científica. 

INTRODUCCIÓN 

Desde la segunda mitad del siglo XVII aparecen los primeros elementos culturales que posteriormente darán pasos al surgimiento del movimiento científico cubano; elementos inicialmente hispánicos pero que rápidamente se unen a los aportes de los criollos del siglo XVIII.

Como ejemplos de este primer período que se caracteriza fundamentalmente, en un aporte desde afuera para el conocimiento de la Isla, aunque participan nativos,  pueden señalarse a la obra escrita por el médico Lázaro de Flores, graduado en la Universidad de Sevilla, “Arte de navegar”, el primer libro científico escrito en Cuba.  En 1714, el médico Riaño de Gamboa, graduado en México, realiza observaciones astronómicas para determinar la latitud y la longitud de La Habana y otras ciudades del interior del país. En 1723 se introduce la imprenta en La Habana y en 1728 se funda la Real Universidad  Pontificia de San Jerónimo en La Habana por iniciativa de los dominicos, bajo los impulsos de los estudios de medicina iniciados por el cubano Francisco González de Álamo. En 1780 la expedición científica del Conde de Mopox, enviada por España, realizó la recolección de material científico y la investigación de algunos aspectos de la naturaleza cubana.  En 1787 se conoce el primer libro científico ilustrado e impreso en La Habana, la obra del portugués Antonio Parra, titulado “Descripción de algunas piezas de historia natural de la Isla de Cuba”.

Desde fines del siglo XVIII, mientras se desarrolla el proceso de formación de la nacionalidad cubana y  se define una nueva clase social, la burguesía criolla, se produce un cambio al dar mayor atención y facilidades para el estudio y progreso de las ciencias vinculadas a los objetivos e intereses de esta clase social, quien necesitaba crear su base económica, basada en la explotación agrícola y en el fomento de la industria, principalmente la azucarera. Para incrementar la producción económica y conservar y ampliar las fuerzas productivas se necesita del desarrollo de la ciencia. Entre las ciencias que fomentan su progreso están; inicialmente la química, la botánica, posteriormente la agronomía. La medicina adquirirá un carácter cada vez más científico, debido a su aspecto preventivo.

El movimiento cultural estará integrado por grandes personalidades que divulgarán las nuevas ideas, aprovechando la existencia de la Sociedad Económica Amigos del País, y el Papel Periódico de La Habana. En el campo filosófico se destacará la lucha contra el escolasticismo y el oscurantismo, ya que las órdenes religiosas dirigían la educación y dominaban la divulgación de los conocimientos con la censura de imprenta. En el seno de las propias instituciones religiosas, comienza la transformación de la enseñanza, con  conceptos  e ideas antiescolásticas, divulgando el establecimiento de escuelas gratuitas e introduciendo sistemas pedagógicos más modernos. Este movimiento cultural crea la necesidad de un progreso técnico en la imprenta para garantizar las publicaciones.

En 1797 ocurre un hecho muy importante: la aparición de una serie de publicaciones que constituyen el punto de partida de la bibliografía científica moderna. Se pueden mencionar: “Disertación sobre el vómito negro”, del Dr. Tomás Romay; “La filosofía electiva” de Agustín y Caballero; “Discurso sobre las buenas propiedades de la tierra bermeja para el cultivo de la caña de azúcar” de Morejón  y Gato; “Memorias sobre el mejor modo de fabricar azúcar” de Martínez Campos. Todas estas publicaciones tienen como objetivo hacer la naturaleza apta para obtener de ella los mayores y mejores recursos materiales.

Ya en esta etapa el movimiento científico se desarrolla fuera del ambiente universitario y se concentra en la Sociedad Económica de Amigos del País.

A partir de 1820, se inicia una nueva etapa cuyo promotor es Félix Varela, quien llevará al traste a las ideas escolásticas y el oscurantismo, fomentará el amor a la Patria.   Con él aparece la enseñanza teórica y práctica de una ciencia. Se le unirán otras dos grandes personalidades; José A. Saco y José de la Luz y Caballero, interesados también en las ciencias naturales.

 En 1842, la Universidad de La Habana dejó de ser pontificia, se produce la secularización y esto posibilita el ingreso al claustro profesoral, un grupo de profesionales de ideas liberales y más progresistas, disminuyendo la influencia religiosa. Esto dio un impulso al progreso científico, al modernizarse los textos, los métodos de enseñanza y la aparición de nuevas asignaturas.

Entre 1840 y 1860  se produce un incremento notable con la aparición de nuevas ciencias y la interrelación de ciencias y descubrimientos modernos. Como figuras científicas representativas de este período se encuentran Esteban Pichardo, Felipe Poey  y Manuel Fernández Castro. La geografía y la cartografía, la meteorología y la astronomía, la zoología, la geología y la paleontología y la agronomía, constituyen las ciencias más beneficiadas.

En esta etapa al movimiento científico cubano solo le falta la creación de una academia científica, por la cual enfrentarán la resistencia de las autoridades coloniales españolas, y también  buscarán intercambio con otros países para superar el atraso de la propia metrópoli.

Después de este breve recorrido sobre la aparición del movimiento científico en Cuba,  es de vital importancia un breve análisis del concepto ciencia, y posteriormente destacar los intentos realizados durante treinta y cinco años por insignes personalidades para la fundación de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales en 1861, destacando el extraordinario papel que desempeñará en el desarrollo de la ciencia en Cuba.

 

DESARROLLO

El conocimiento del desarrollo de la ciencia es un factor decisivo para comprender la estructura socioeconómica de cualquier país, Indiscutiblemente, la sociedad y la naturaleza forman una unidad dialéctica y sus interrelaciones son complejas y complicadas. La sociedad es un producto histórico de las relaciones de los hombres con los requerimientos materiales para su existencia, pero en la medida que se desarrolla, influye y modifica su base material, de la cual es el elemento esencial de la naturaleza y la utilización de sus recursos. Por supuesto que al tener mayores recursos, se avanza más en la economía y crecen las posibilidades de transformar la sociedad.

 El concepto ciencia  se puede definir por oposición al de técnica, según las diferentes funciones que ellas realizan.

En principio la función de ciencia se vincula con la adquisición de conocimientos, al proceso de conocer, cuyo ideal más tradicional es la verdad, en particular la teoría científica verdadera. La técnica se refiere a procedimientos operativos útiles desde el punto de vista práctico para determinados fines. Constituye un saber cómo, sin exigir necesariamente un saber por qué. Ese por qué, es decir, la capacidad de ofrecer explicaciones es propio de la ciencia.

Agazzi  (1996) admite que en su evolución la ciencia ha cambiado considerablemente, desde una ciencia basada en la contemplación, para luego orientarse al descubrimiento y finalmente, lo cual sería su rasgo contemporáneo, a la investigación. Desde épocas remotas hasta el renacimiento la ciencia constituye un conocimiento que se apoya en la contemplación de la naturaleza,  y se accede a la esencia de esta a través de la observación y el razonamiento.

La ciencia moderna, encabezada por Galileo, desplaza la especulación sobre las esencias y promueve: “… una racionalidad apoyada en la experimentación y el descubrimiento de las leyes matemáticas que están detrás de los fenómenos sensibles.” (1)

Para otros filósofos como Descartes no es suficiente la observación: “…es mediante el experimento que se formulan preguntas a la naturaleza, obligándola a revelar la estructura matemática subyacente. El intelecto, más que los sentidos, es lo fundamental.” (2)

Todo lo anterior expresado por antiguos filósofos, Agazzi lo resume planteando que el ideal de la ciencia antigua fue la observación, el de la ciencia moderna el descubrimiento que apela al recurso de la experimentación y la matematización,  y que la ciencia actual realiza la investigación en sentido estricto. Esta investigación comprendida como a la actividad de producción de conocimientos que se despliega a partir de los resultados anteriormente expresados en modelos, leyes, teorías, instrumentos, equipos, experiencias, habilidades, todas creadas por  el hombre con el fin de explicar y manipular. Esta utilización de los resultados precedentes y su modificación constituye a la ciencia en una tradición acumulativa de conocimientos y prácticas. Pero la ciencia no es sólo el conocimiento por ella creado. Barnes (1995) plantea que puede ser vista desde el ángulo de los procesos de profesionalización e institucionalización que genera. Se trata de observar la ciencia desde la perspectiva de su aparición y desarrollo como una ocupación profesional, proceso que viene a manifestarse claramente en el siglo XIX. Prácticamente todas las sociedades han tenido individuos  y aun instituciones que han trasmitido y preservado conocimientos, cuya misión ha sido ampliar y modificar el conocimiento.

Este es fundamental para entender la ciencia y su lugar en la sociedad y la cultura. “Las sociedades han tenido individuos e instituciones que han trasmitido y preservado conocimientos, pero parece un hecho único y decisivo en la evolución social haber creado una profesión y una institución cuya misión es ampliar y modificar el conocimiento, como cuestión de rutina como práctica habitual de una ocupación específica.” (3)

La ciencia se le puede analizar como sistema de conocimientos que modifica nuestra visión del mundo real y enriquece nuestra imaginación y cultura. Se le puede comprender como proceso de investigación que permite obtener nuevos conocimientos, los que a su vez ofrecen mayores posibilidades de manipulación de los fenómenos; es posible atender a sus impactos prácticos y productivos, caracterizándola como fuerza productiva que propicia la transformación del mundo y es fuente de riqueza; la ciencia también se nos presenta como una profesión debidamente institucionalizada portadora de su propia cultura y con funciones sociales bien identificadas.

Otro aspecto importante es las concepciones de Kuhn,  quien considera: “ciencia normal” a la investigación basada en logros científicos pretéritos que alguna comunidad reconoce como fundamento de toda práctica científica posterior.” Señala:

“Los miembros de una comunidad científica (practicantes de la misma especialidad; miembros de las mismas sociedades científicas; individuos con intereses comunes) suelen compartir un lenguaje para la comunicación intragrupal y una relativa unanimidad de juicio en materias profesionales; suelen haber absorbido la misma literatura y haber extraído básicamente las mismas conclusiones de su lectura. Estos elementos de entendimiento común, que identifican un repertorio de problemas, que establecen las pautas para dicha identificación y los criterios de aceptación de sus soluciones, configuran un paradigma.” (4)

Para Kuhn el desarrollo científico no es por lo menos siempre, un proceso acumulativo,  se pasa por etapas o períodos de “ciencia normal” y por períodos de transición de “ciencia extraordinaria” que ocurre cuando un paradigma hace crisis y es sustituido por otro. Esta sustitución se produce en medio de verdaderas revoluciones científicas que crean nuevas y radicalmente diferentes visiones de la realidad. Desde su punto de vista el paradigma cohesiona a los miembros de la comunidad, les proporciona determinado modo de ver el mundo, específicos patrones conceptuales a partir de los cuales investigan el mundo. El Dr. Núñez Jover plantea que Kuhn cuando considera los valores que comparten los miembros de las comunidades, se refiere a la preferencia por la exactitud, las determinaciones cuantitativas, la sencillez, coherencia y probabilidad de las explicaciones y solo de pasada, menciona como un valor la utilidad social de la ciencia. A su juicio,  carece de una adecuada caracterización de lo social.  No se toma en cuenta algo que Engels definió claramente al plantear que una necesidad técnica impulsa más  a la ciencia que diez universidades.

J.D. Bernal  (1954) señala que la ciencia debe ser entendida como: Institución, método, tradición acumulativa  de conocimiento, factor principal en el mantenimiento y desarrollo de la producción y una de las influencias más poderosas en la conformación de las opiniones respecto al universo y el hombre. Se trata de un enfoque amplio que permite una aproximación rica  y diversa al fenómeno ciencia. Abierta sobre todo, a lo que él consideraba principal: estudiar su historia y contexto social.

La caracterización de la ciencia ha experimentado varios desplazamientos.

1- La atención se ha trasladado  de los productos de la ciencia  (en particular los conocimientos, con énfasis en las teorías científicas) hacia la actividad científica misma, es decir, a la ciencia en el proceso de ser hecha. Con ello, el problema de las fuerzas motrices del desarrollo de la ciencia, la interacción de la misma con otras actividades sociales, políticas, económicas, los factores subjetivos e intersubjetivos que intervienen  en los procesos de producción, difusión y aplicación de conocimientos, aparecen en primer plano.

2- Tiene que ver con la diferente percepción de los resultados de la actividad científica.  Admite un demarcacionismo menos radical entre ciencia y otras formas de conocimiento, y entiende el conocimiento científico como producto de la historia, la sociedad y la cultura, influido por tanto por sus valores y prioridades. La ciencia no consiste sólo en el trabajo de investigación que perfecciona sistemáticamente el universo de las teorías disponibles. La ciencia tiene muy diversas expresiones en la educación, en la industria, en los servicios,  en las labores de consultoría y dirección que realizan las personas que poseen una educación científica. En esos y otros ámbitos, la misma tiene una presencia relevante. Ofrece posibilidades para captarlos nexos ciencia-sociedad.

3-Consiste en explorar las ciencia desde el ángulo de los procesos de profesionalización e institucionalización que  hacen posible la actividad científica. La ciencia es una actividad profesional institucionalizada que supone educación prolongada, internalización de valores, creencias, desarrollo de estilos de pensamiento y actuación. La ciencia es una cultura y así debe ser estudiada.

Por lo tanto, “al hablar de ciencia como actividad nos dirigimos  al proceso de su  desarrollo, su dinámica, e integración dentro del sistema total de las actividades sociales. Desde esta perspectiva se promueven a un primer plano los nexos ciencia-política, ciencia-ideología, ciencia-producción, en general ciencia-sociedad.  La sociedad es un continuo pluridimensional donde cada fenómeno, incluso la elaboración de conocimientos, cobra sentido exclusivamente si se relaciona con el todo. El conocimiento aparece como una función de la existencia humana, como una dimensión de la actividad social desenvuelta por  hombres  que contraen relaciones objetivamente condicionadas. Solo dentro del marco de estas relaciones es posible comprender y explicar el movimiento histórico de la ciencia”. (5)

Por lo tanto, la actividad científica supone el establecimiento de un sistema de relaciones que hacen posible el trabajo científico orientado a la producción, diseminación y aplicación de conocimientos. Como institución, la ciencia se presenta como un cuerpo organizado y colectivo de personas que se relacionan para desempeñar tareas específicas, que han seguido un proceso de profesionalización y especialización que los distingue de otros grupos sociales

El enfoque de la ciencia como actividad  ofrece un excelente marco para explorar sus relaciones con el contexto cultural en que ella actúa.  La cultura puede verse como el proceso de asimilación, producción, difusión y asentamiento de ideas y valores en que se funda la sociedad; es el conjunto de representaciones colectivas, creencias. Usos de lenguaje, difusión de tradiciones y estilos de pensamiento que articulan la conciencia social , es el ámbito en que se producen y se reproducen nuestras formas de vida y nuestra ideología;  vista así  la cultura es un mecanismo de  regulación social. (6)   

Situado explícitamente en la tradición de Marx, Krober (1986) resume el tema así: “Entendemos la ciencia  no sólo como un sistema de conceptos, proposiciones, teorías, hipótesis, etc, sino también, simultáneamente, como una forma específica de la actividad social dirigida a la producción, distribución  y aplicación de los conocimientos acerca de las leyes objetivas de la naturaleza y la sociedad. Aún más, la ciencia se nos presenta como una institución social, como un sistema de organizaciones científicas, cuya estructura y desarrollo se encuentran estrechamente vinculados con la economía, la política, los fenómenos culturales, con las necesidades y las posibilidades de la sociedad dada.” (7)

Tomando el anterior análisis, se pretende destacar algunos aspectos esenciales en el desarrollo de la ciencia en Cuba, haciendo énfasis en los intentos realizados por un grupo de personalidades cubanas y algunas extranjeras por fundar una corporación de carácter científico que abarcara las ramas de la medicina, farmacia, química e historia natural, y permitiera fortalecimiento del movimiento científico cubano del siglo XIX, destacando al Dr. Nicolás José Gutiérrez, quien no decae su ánimo en sus propósitos, a pesar de obstáculos y trabas impuestos por la metrópoli española.

Se considera necesario de manera breve, señalar algunos datos de Nicolás José Gutiérrez Hernández por dos razones esenciales. Una,  para entender históricamente el contexto en el cual desarrolla su actividad; y otra,  por constituir la principal personalidad  del período en los intentos por crear una academia,

Nicolás José Gutiérrez Hernández nació el 10 de septiembre de 1800 y  desde pequeño manifestó su inclinación por la medicina. Pasó por las diferentes etapas que regulaba la enseñanza médica. La primera para alcanzar el título de cirujano latino, tutorado por el médico y cirujano militar Manuel Antonio Díaz, entre 1818 y 1821. En este año obtiene la categoría referida al realizar los exámenes correspondientes ante el Real Tribunal del Protomedicato de la Habana. En 1823, obtuvo el grado de bachiller en medicina en la Real y Pontificia Universidad de la Habana y es nombrado auxiliar del hospital militar. Ya desde entonces comienza a fomentar la idea de crear una sociedad de medicina.

En 1824, Ramón de la Sagra asume la dirección del Jardín Botánico e imparte un curso de botánica (1824-1829) y Gutiérrez Hernández asiste sistemáticamente, destacándose en él.

En 1825, al recibirse como médico, fue designado Director anatómico interino en el Hospital Militar, pero no puede ocuparlo hasta que alcanza en 1827, los grados de Licenciado y Doctor en Medicina.

Surge una buena amistad entre el médico español Francisco de Paula Alonso y Fernández y el Dr. Gutiérrez y este en una conversación  le comunica su idea de crear una sociedad médica, pero Alonso: “…le pareció mejor el título de Real Academia de Ciencias Médicas y pues que contábamos con algunas posibilidades en Ciencias Físicas y Naturales, hubiera una sección de éstas, que les sirviera a éstos de estímulo para trabajen y nos favorecieran, con sus luces.” (8)

Para dar a conocer su proyecto y lograr el apoyo de otros médicos, elaboran un oficio, con fecha el 1ro de enero de 1826. La respuesta de 17 personalidades científicas habaneras llegó rápidamente, ofreciendo su disposición a cooperar. El 31 de enero de 1826, escribieron al gobernador Francisco Dionisio Vives pidiendo su autorización para celebrar asambleas preparatorias y redactar el proyecto de estatutos. Obtuvieron el permiso y narra Gutiérrez: “…nos reuníamos dos veces por semana en el museo del hospital militar, haciendo yo de secretario; presidiendo las reuniones el honorable Dr. Romay.” (9)

Entre los objetivos científicos de la Academia reflejados en el proyecto de estatutos de 1826,  se encontraban:

- elaborar un tratado médico general que partiera de los datos positivos fundados sobre la observación y la experimentación, enseñe el modo de alejar las causas de las enfermedades de este país y el de curarlas por principios seguros, constantes y científicos.

La Academia estaría compuesta de tres secciones; la de medicina, la de ciencias auxiliares y la de cirugía. La responsabilidad de elaborar el tratado ya referido  abarcaba el trabajo de las dos primeras. A la sección de medicina le correspondía elaborar un tratado completo de las enfermedades más comunes del país. Además debía hacer énfasis en la higiene pública, la salubridad de instituciones como los hospitales y cementerios; el examen de la calidad de los alimentos y del agua; conocer el sistema de medicina más dominante en el mundo civilizado e implantarlo en Cuba, determinando su conveniencia y las modificaciones necesarias teniendo en cuenta nuestro clima.

 La sección de  ciencias auxiliares debía clasificar todos los seres naturales, tanto orgánicos como inorgánicos, pertenecientes a Las Antillas, fundamentalmente a Cuba. Se les responsabiliza con la publicación de una flora cubana. Le correspondía la observación meteorológica para conformar una historia física del clima cubano; realizar el análisis de las aguas minerales, de las drogas y alimentos.

La sección de cirugía se limitaba a estudiar los procedimientos e instrumentos más seguros para las operaciones y para el tratamiento de heridas, tumores y úlceras.

Con la elaboración de los estatutos en 1826, también se envió una exposición a Fernando VII redactada por el Dr. Tomás Romay, pero nunca recibieron respuesta.

El Dr. Gutiérrez se relaciona con importantes personalidades de la época. Asiste a clases de Filosofía y sobre la constitución española  impartidas por Félix Varela, en las cuales se encontraban José Antonio saco y José de la Luz y Caballero.

En 1828, a solicitud del Dr. Romay comienza a encargarse de la salud del Obispo Espada y a su muerte le corresponde confeccionar la mascarilla mortuoria y el embalsamar del cadáver. Por el prestigio que alcanza ya en esta etapa, el Dr. José López Sánchez plantea: “Gutiérrez fue el sucesor legítimo de Romay, y como éste llena un período de la historia de la medicina cubana.” (10)

En 1828 era secretario  de la sección de educación de la Sociedad Económica Amigos del País, y en 1829  vice-contador de esta institución. De 183 a 1836 se desempeña como catedrático de Anatomía General en la Universidad. Desde 1831 fue profesor de Anatomía descriptiva del Hospital Militar.

Cuando se desencadena  la epidemia de cólera en la Habana en 1833, lo designan para escribir el informe sobre los estudios que se realizan de esa enfermedad. En 1834, fue designado vocal de la Real Junta Superior de Medicina y Cirugía de la Isla de Cuba. Al año siguiente, obtuvo por oposición, la cátedra de Anatomía Patológica de la Universidad.

Viajó a Francia en el momento de mayor esplendor en la práctica médica en los hospitales, conociendo importantes figuras de la medicina. A su regreso es nombrado cirujano mayor del Hospital Militar. Imparte en 1839 el primer curso de grandes operaciones de cirugía que se da en La Habana, y funda la primera revista cubana dedicada exclusivamente  a la medicina, “Repertorio Médico Habanero”. Introdujo en ese año, el uso del primer estetóscopo que se utilizó en la Isla.

“Desde 1842 Gutiérrez llevó a cabo, por primera vez en Cuba, una serie de importantes operaciones quirúrgicas: la talla hipogástrica para extraer un cálculo de grandes dimensiones, la litotricia, la extracción de un pólipo uterino y la tenotomía. También introdujo el tratamiento (ideado por Velpeau en 1835) del hidrocele por medio  de la inyección de tintura de yodo, de las lesiones iniciales de la sífilis por el procedimiento (basado también en el uso del yodo) del cirujano francés Ricord, y aplicó los vendajes inamovibles (empapados en dextrina)  ideados por Velpeau para el tratamiento de las fracturas, técnica que aún se utiliza. Años más tarde, en 1848 empleó, por primera vez en Cuba, la anestesia por cloroformo.” (11)

Nicolás Gutiérrez realiza un segundo intento por crear la academia médica en el marco de la reforma de la educación superior llevada a cabo en Cuba en 1842. Aunque no se logra el objetivo, Gutiérrez reúne a un nuevo grupo de colaboradores que apoyan el proyecto.

En 1844 se funda el Liceo Artístico y Literario de La Habana y entre 1845 a 1848 se reúnen un distinguido grupo de profesores para impartir diferentes materias. Nicolás Gutiérrez asume las lecciones de Anatomía, quien dictaba un curso de “anatomía al alcance de todos”. Muchos de estos profesores se suman a la idea de fundar la academia médica.

En 1848  el ilustre maestro José de la Luz y caballero fundó el colegio El Salvador, convirtiéndose en el centro de asociación de los intelectuales criollos y siete de sus profesores de los primeros años fueron posteriormente fundadores de la Academia. Como dato curioso se debe señalar que varios alumnos participaron en la Guerra de los Diez Años.

En 1852, Ramón Zambrana y Félix Giralt presentaron un  proyecto de reglamento de  un Instituto de ciencias médicas. Este hecho es considerado por Zambrana como un paso fundamental en el intento de crear la Academia.

El Dr. Gutiérrez presta atención médica al ayudante del  gobernador de la Isla, general Concha y este había dado la orden de cada vez que visitara al enfermo le avisaran. Gutiérrez aprovecha estas oportunidades y habla de la posible institución. Él se manifiesta interesado por ella, quiere conocer el objeto de su fundación y cuáles pasos se habían dado. Le pide un reglamento para gestionar esto. Zambrana y Gutiérrez firman una solicitud el 5 de febrero de 1857 pero: “…la exposición o solicitud… en realidad no se elevó a la  Reina, por cuanto Concha se guardó la representación y como cosa suya solicitó del Gobierno Supremo.” (12)

El general Concha realmente le entregó el documento al jefe de la Sección de Secretaría  del Gobierno de la Isla, don Anselmo Villaescusa, y este lo pasó para que se analizara en la Real Universidad y de la Inspección de Estudios. La Universidad responde el 8 de abril sugiriendo tres pequeñas modificaciones en los estatutos y una sugerencia de un cambio en el nombre porque existe una disposición de que las academias que se establecían en el país debían regirse por un reglamento particular ordenado.. El presidente de la Sección de Medicina, Cirugía y Farmacia de la Inspección de estudios, José María del Castillo y Montoso planteó: que no hay inconveniente que se funde dicha Academia según va expuesto con las modificaciones indispensables de localidad y circunstancias, por las ventajas que a la humanidad reportará.

En mayo se reunieron los miembros de la Inspección de Estudios, entre ellos tres futuros integrantes de la Academia, y aprobaron el informe de la Sección de Medicina, Cirugía y Farmacia, y señalan que no es necesario realizar modificaciones al nombre propuesto para la Academia si “… no existe la disposición expresa a que la Sección alude.” (8)

Surgieron dificultades con el nombre y luego de múltiples trabas y una demora de tres años y medio, el gobernador  Francisco Serrano y Domínguez recibió la Real Orden por la que se creaba la Academia y procedió a su organización:

- “Se publicó una circular para que los profesores en toda la Isla por medio de oficio manifestaren al Gobierno si aceptaban o no la institución.”

- “La conformidad después de un mes o poco más dio lugar a una reunión general de profesores para nombrar los individuos que según el Reglamento de entonces formarían la Academia y los que habían de constituir la mesa.” (13)

Los pasos orientados fueron:

1- Admisión de las aceptaciones.

2- Junta General  de los aceptantes para elegir los treinta académicos de n-umero fundadores.

3- Junta para elegir la Directiva.

4- Celebración de la sesión solemne.

A la convocatoria de aceptación respondieron 166 personas. De ellas 102 eran médicos o cirujanos, 14 farmacéuticos, 11 personas dedicadas a la historia natural o la química, 7 juristas y 2 ingenieros. De los 166 aceptantes, sólo se reunieron 85, el 3 de marzo de 1861, en asamblea general para elegir a los treinta miembros  de número fundadores.

De los treinta numerarios, 24 eran nativos de Cuba, 5 nacidos en España y uno en Francia. Entre los 30 fundadores habían 14 doctores: el español Juan Manuel Sánchez Bustamante, Ramón Zambrana,  Antonio Oliva y otros. También se encontraban el naturalista Felipe Poey y su hijo Andrés, director del Observatorio Físico-Meteórico de La Habana; José A. de Benjumeda, jefe local de Sanidad Militar de La Habana y médico mayor del Hospital Militar; el geólogo español Manuel Fernández de Castro; Félix Giralt, graduado en Medicina en París y otros.

Se realizó el 14 de abril,  la Junta para elegir la Directiva, resultó  electo presidente el Dr. Nicolás José  Gutiérrez y Ramón Zambrana como secretario,  José Atanasio Valdés, vicepresidente; Joaquín García Lebredo, vicesecretario; José de la Luz Hernández, el censor.  Se escogió  el  19 de mayo  como la fecha que debía tener  lugar la inauguración de la Academia.

El 19 de mayo de 1861 el Capitán General Serrano en acto solemne pronuncia un discurso inaugurando la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana . Entre 1861 – 1863 se reunió en casa de particulares. A fines de 1863, Gutiérrez logró que el gobierno de la Isla  facilitara a la Academia un lugar para reunirse y comenzaron a celebrar sus sesiones  en la biblioteca de la Sociedad Económica  y la sala de la Academia de Dibujo de San de Alejandro. Posteriormente ocupó una casa que le entregó la Sociedad Económica ubicada en la calle de Rayo 32, construyendo un salón en los bajos del edificio. En esa sala sesionó hasta mayo del 1867, pasando a un antiguo local del extinguido Convento de San Agustín.

La  característica fundamental en el desarrollo de la ciencia en este período es la asimilación y la aplicación de los descubrimientos científicos, pero limitados estos por el atraso tecnológico agrícola e industrial. La formación de una intelectualidad en centros mas avanzados en otros países, creará un movimiento de investigación y experimentación que hará aportes a la ciencia universal. Cabe destacar que la Academia contó entre sus miembros con lo más distinguido de los grupos científicos y culturales de nuestra patria en el siglo XIX, muchos de ellos convirtiéndose en figuras de renombre a escala internacional en el mundo científico. Pueden mencionarse a los doctores Nicolás José Gutiérrez y Hernández, Ramón Zambrana Valdés, los hermanos Fernando y Ambrosio González del Valle y Cañizo,  Antonio Mestre y Domínguez, , y otros;  entre naturalistas del siglo pasado a Juan Cristóbal Gundlach y Roedberg, Felipe Poey y Aloy, Francisco Adolfo Sauvalle y Chanceaulme;   Alvaro Reynoso y Valdés, el padre de la agronomía cubana; Francisco de Albear y Lara, ilustre ingeniero; los padres jesuístas Benito Viñes y Mariano Gutiérrez Lanza entre los meteorólogos; a educares cubanos como José de la Luz y caballero; publicistas como José Antonio Saco y el Dr. Ramón Zambrana y Valdés.

En esta etapa, 1861 a 1898, tienen lugar contribuciones muy importantes a la ciencia en Cuba, algunas alcanzan proyección internacional como la formulación por el Dr. Carlos J. Finlay de una nueva concepción teórica sobre el contagio de las enfermedades a través de vectores biológicos, que le permitió descubrir la trasmisión de la fiebre amarilla: los aportes de Felipe Poey  a la concepción darwiniana y al enriquecimiento de la ictiología; los de su hijo Andrés Poey, fundador del Observatorio Físico Meteorológico de la Habana, en la clasificación de las nubes y a la fundamentación de la meteorología agrícola.

Es imprescindible mencionar  que en 1864 aparece Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, la más importante de las revistas científicas que se publican hasta 1958, con una pequeña interrupción de 1928 a 1933. Constituyen un testimonio valioso de todos los trabajos que sus miembros presentaron sobre ideas y opiniones propias sobre diferentes materias, muchos de ellos marcan hitos en la historia de la ciencia cubana, informaciones sobre adelantos y progreso de la ciencia universal; es un conjunto de otras noticias de relevancia acerca de hechos históricos, vidas de académicos y traducciones y artículos originales de científicos extranjeros.

La Academia juega un papel decisivo en el progreso de la ciencia porque  en ella se realiza la presentación de diversos y variados temas científica; su discusión y sus premios; impulsó a los científicos a asimilar rápidamente los más modernos descubrimientos y cultivar en ellos mismos el espíritu  investigativo y creador; incrementó los conocimientos científicos; contribuyó a que la intelectualidad decidiera no quedar enterradas en el atraso y partieran a estudiar o ampliar sus conocimientos en otros centros científicos en Europa, regresando con los más avanzados, listos para trasmitirlos y aplicarlos en Cuba.

La Academia desarrolla su labor científica con estudios e investigaciones dirigidas a dar realce a la cultura cubana  y sentar las bases de la ciencia cubana. Los hombres de ciencia crean obras magistrales acerca del conocimiento de la naturaleza del país y posibilitan la mejor utilización de sus recursos.

Indiscutiblemente esta institución científica  desempeña una labor muy útil en el desarrollo y el progreso de la ciencia en Cuba,  en una época llena de hostilidad marcada por la metrópoli, en la que ya se definía que el reformismo, como corriente política no resolvería las contradicciones que existían y se formaba una conciencia patriótica en un grupo de criollos.

 La Real Academia fue capaz de crecerse ante esa situación y generó un ambiente de  expresión, discusión y de investigación científica. Logró integrar y sistematizar el movimiento científico cubano al proceso científico mundial;  ayudó a formar una intelectualidad impregnada del deseo de servir al progreso de la ciencia e influyó en todos los aspectos de la vida cultural; se crearon nuevas ciencias; por su influencia se crearon otras instituciones científicas; se elevó el nivel y rigor de la docencia universitaria.

CONCLUSIONES 

- La ciencia como actividad abarca al proceso de su  desarrollo, su dinámica, e integración dentro del sistema total de las actividades sociales promoviendo a un primer plano los nexos ciencia-política, ciencia-ideología, ciencia-producción, en general ciencia-sociedad. 

- Desde 1826 a 1861,  el Dr. Nicolás José Gutiérrez y otras personalidades realizaron varios intentos para crear una  institución que abarcara diferentes ramas del quehacer científico. Se enfrentaron a obstáculos y trabas impuestas por la metrópoli española en su afán de impedir el desarrollo de la ciencia cubana como un exponente más de la realidad de la sociedad criolla de este período. 

- La  Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana,  fundada el 19 de mayo de 1861 desempeñó un rol muy importante en el desarrollo de la ciencia en Cuba. Posibilitó la presentación de diversos temas científicos en las ramas de la medicina,  farmacia, química e historia natural; propició ricos análisis y debates sobre los avances científicos de la época; impulsó a numerosos intelectuales a no desear quedar rezagados en sus conocimientos  y partir a estudiar a otros centros más avanzados en Europa  para a su regreso aplicar los nuevos conocimientos adquiridos  a nuestro país; cultivó el espíritu investigador entre sus miembros; se realizaron importantes contribuciones científicas a la ciencia  en Cuba y a la ciencia universal; se crearon nuevas ciencias; formó una intelectualidad impregnada en el propósito de servir al progreso de la ciencia; integró y sistematizó al movimiento científico cubano al proceso científico mundial; la  publicación sistemática de la revista los Anales, constituyó el testimonio científico más valioso de su época. Esta institución permitió el fortalecimiento del movimiento científico cubano y propició la posterior fundación de otras instituciones científicas. 

-Como homenaje a todos los miembros de la Academia, que de una forma u otra contribuyeron nacional o internacionalmente  a impulsar el progreso de la ciencia, posteriormente al triunfo de la Revolución Cubana, el edificio que ocupaban se transformó en el Museo Histórico de las Ciencias “Carlos J. Finlay”. 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 

1- Núñez Jover Dr. Jorge. “La ciencia y la tecnología como procesos sociales. Lo que la educación científica no debería explicar.” Epígrafe: Visiones de la ciencia. Editorial Félix Varela. La Habana 1999. Pág. 17 

2- ________  

3- ________ Pág. 22 

4- Colectivo de autores. Lecturas de Filosofía, Salud y Sociedad. “Los paradigmas en la ciencia”  La Habana 2000. Pág. 250 

5-Núñez Jover      ________ Págs. 26-27 

6- ________ Pág. 34 

7- _______  Pág. 37 

8-Pruna Goodgall Pedro. Ciencias y científicos en Cuba colonial. La Real Academia de Ciencias de La Habana 1861-1898. Editorial  Academia. La Habana 2001 pág. 23 

9- ________ Pág. 24 

10- López Sánchez José. “Ciencias y Medicina. Historia de las ciencias.” “Génesis histórica de la Real Academia.” Editorial Científico-Técnica. Pág.  38 

11- Pruna Goodgall ______  Pág. 28 

12- _______ Pág 36 

13- _______ Pág 38

IBLIOGRAFÍA 

- Bouza Suárez Alejandro. “Propuesta de periodización para el estudio de la beneficencia en Cuba en el siglo XIX.”Rev. Cub. de Salud Pública Vol. 27 Nro 1 enero-junio 2001. 

- Colectivo de autores. Lecturas de Filosofía, Salud y Sociedad. “Los paradigmas en la ciencia”  La Habana 2000. 

-Delgado García Gregorio. “Desarrollo histórico de la administración de la salud pública en Cuba en su etapa colonial española”. Cuaderno de Historia de la Salud Pública No. 72. 

- Delgado García Gregorio. “La salud pública en Cuba durante el período colonial español.” Cuaderno de Historia de la Salud Pública No. 81 1996 INFOMED Págs. 11- 46 

-  Delgado García Gregorio. “El ciento quince aniversario  de la fundación de la Academia  de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana.” Cuaderno de Historia de la Salud Pública Nro. 66. Publicación del Consejo de Científico del MINSAP. C. de La Hab. 1983 Págs. 84 – 95. 

- Delgado García Gregorio. “Los orígenes de la enseñanza universitaria de la medicina  en la atención hospitalaria en Cuba”. Cuaderno de Historia de la Salud Pública No. 84. 1998. INFOMED. 

- López Espinosa José A. “El Dr. Ramón Zambrana Valdés y el Repertorio Económico de Medicina, farmacia y Ciencias Naturales. Rev. Cub. de salud Pública Vol. 25 No. 1 enero-julio 1999. INFOMED. 

- López Sánchez José. “Ciencias y Medicina. Historia de las ciencias.” Editorial Científico-Técnica. 

- Martínez Fortín J. “Cronología Médica Cubana. Contribución al estudio de la historia de la medicina en Cuba.” Edición Mimeografiada. La Habana, 1947-1948. 

-- Núñez Jover Dr. Jorge. “La ciencia y la tecnología como procesos sociales. Lo que la educación científica no debería explicar.” Epígrafe: Visiones de la ciencia. Editorial Félix Varela. La Habana 1999. 

- Pruna Goodgall Pedro. Ciencias y científicos en Cuba colonial. La Real Academia de Ciencias de La Habana 1861-1898. Editorial  Academia. La Habana 2001.

        Autora: Lic. Ana María Gelpi Leyva

                  Profesora Instructora

                  FCM “Dr. Salvador Allende”

                  Enero 2005

 

 

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Publicado Friday 18 de March de 2005

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