Monografias | La sistematización como creación de voz y lucha en los profesionales de la educaciónLa sistematización como creación de voz y lucha en los profesionales de la educaciónResumen: Sentirse y actuar como un profesional de la educación supone una forma determinada de entender y relacionarse con el propio quehacer docente. Esto refiere fundamentalmente a la posibilidad de conocer y aportar al conjunto del proceso. Como docentes, la tarea específica es la realización de actividades que conlleven a un proceso de enseñanza para lograr los aprendizajes de los alumnos.(V) Sentirse y actuar como un profesional de la
educación supone una forma determinada de entender y relacionarse con el propio
quehacer docente. Esto refiere fundamentalmente a la posibilidad de conocer y
aportar al conjunto del proceso. Como docentes, la tarea específica es la
realización de actividades que conlleven a un proceso de enseñanza para lograr
los aprendizajes de los alumnos. Por lo que el ser docente compromete a una
entrega total de ese proceso, y en él se esta circunscrito hasta el fin de
nuestro ejercicio. La riqueza con la que cuenta el docente a lo largo de su
vida, las experiencias que vive día a día, los cambios que tiene que adaptar y
adoptar por las exigencias de un sistema, etc. Todo eso, es experiencia, y
en ello se van construyendo una serie de hechos, estrategias, medios que
permiten un cambio de verdadero impacto; entonces, al ver todo lo que ha
vivido, y vive el docente dentro de su práctica, ¿dónde está?. Por qué
desarrollarse ante lo ya establecido, aunque la inconformidad lo invada, por que
estar sujeto a procesos que otros dictaminan, cuando él tiene el cambio por
todo aquello que ha puesto en la práctica para solucionar los problemas que se
le van presentando, por qué el docente no levanta su voz. Lo anterior permite plantearse una pregunta, que
tal vez sea común, pero que tiene un vasto fondo, ¿Cuál es la razón
por la que los docentes no sistematizan sus experiencias, como un espacio de
innovación? Ante tal cuestionamiento se requiere antes de
desarrollar un análisis, dejar en claro que es sistematizar, y sobre todo, qué
tiene el docente que ver en este concepto. Existe una diversidad de conceptualizaciones que
permiten tener una idea clara de lo que es y lo que pretende, ya que cuando se
habla de sistematizar nos da la idea de algo organizado, coordinado, que tiene
conexiones lógicas. El Centro de Estudios del Tercer Mundo (CEESTEM), concibe a
la sistematización “como una forma de producción de conocimientos basada en
la recuperación y comunicación de las experiencias vividas”. (en Jara,
1994: 30). Esto refiere que la persona o equipo que participa directamente en
una intervención es el indicado para la tarea de sistematizar. De igual forma el Centro Latinoamericano de
Trabajo Social (CELATS), refiere “que es un método que integra teoría y práctica
para producir conocimiento a partir de la experiencia” (1991:19). También es
importante mencionar que el Consejo de Educación de Adultos de América
Latina (CEAAL), lo define “como una reconstrucción y reflexión analítica
sobre una experiencia de promoción vivida, distinguiendo aciertos y errores”
(1991:20). Esto nos lleva a la reflexión que proponen una contratación y
acumulación de sistematizaciones que permitirán la elaboración de pautas
metodológicas de intervención. Por otra parte Oscar Jara (1994) del grupo
ALFORJA la concibe: Como una interpretación crítica de una o varías
experiencias que, a partir de su ordenamiento y reconstrucción, descubre o
explicita la lógica del proceso vivido, los factores que han intervenido en
dicho proceso, cómo se han interrelacionado entre sí y por qué lo han
hecho de ese modo (p. 22). En esta última concepción, la cual considero más
completa, se define sistematización como una interpretación crítica; como el
resultado de todo un esfuerzo por comprender el sentido de las experiencias. Se puede entender que todo docente requiere de
producir conocimiento, de construir conocimiento, y en la mayoría de las veces
no se da cuenta de ello, sin embargo con todas las experiencias que tiene va
mejorando su práctica que como docente tiene. De acuerdo a lo anteriormente mencionado,
se está en condición de abordar algunos puntos argumentativos de por qué el
docente no sistematiza sus experiencias: En un primer momento es hasta cierto punto
comprensible, ya que la formación que como profesor ha tenido, ha sido un
tanto tradicional, por lo que se vuelve reproductor de un sistema que ya tiene
todo dado, se envuelve en una rutina que no permite crear, y lo más lamentable,
se duda de esa capacidad creadora y compartida que como individuo tiene. El docente no se encuentra solo, pues comparte
momentos importantes con sus compañeros, autoridades, padres de familia, sin
embargo se niega a esa realidad, y trata de vivir aislado; de este modo, la práctica
del docente desplegada durante años y en numerosos contextos escolares,
se reduce al conocimiento individual y en el mejor de los casos a la evocación
anecdótica y a la serie de creencias y juicios que en ambientes dentro y fuera
de la institución escolar expresan los profesores, esto pone de manifiesto una
“competencia desaprovechada” y la “incompetencia ignorada”, refiriéndose,
en el primer caso, a la enorme riqueza de experiencias innovadoras realizadas
por los profesores que, por la razón ya anotada, quedan en el olvido al no
socializarse entre otros profesores y, en el segundo caso, a la serie de errores
cometidos por los docentes que, sin ser conscientes de ellos, los reproducen día
a día. Entonces es fácil ver que la sistematización
permite, al reflexionar, cuestionar, confrontar la propia práctica, superar el
activismo, la repetición rutinaria de ciertos procedimientos, la perdida de
perspectivas en relación al sentido de su práctica. En sí pensar en lo que se hace. Cada experiencia
de educación, es única e irrepetible, cualquier práctica tiene intenciones,
apuestas, desarrollos y resultados que definitivamente sirven de inspiración a
otras prácticas. Esta transformación es lo que realmente permite
construir conocimiento, pero desde su propia práctica, es llegar a una situación
estructural pero originada por el interés de la persona. Al docente se le ha formado para ser un
docente reproductor, reproductor de un currículo, de una sociedad, de lo ya
establecido. Un docente que asiste a una formación constante de cascada, a que
se refiere esto, a que la persona que está directamente en el aula, es el último
en recibir una información supuestamente “innovadora para su práctica”,
pero le llega, con una información carcomida y sin fundamento. Un docente que
vive cotidianamente a lo que le digan los demás, el sentirse fiscalizado y
esclavizado de los estándares normativos. Sin darse cuenta que él dentro de su
práctica puede transformar. Actualmente en los programas de formación
continua es alentador ver que cada vez adquieran mayor importancia las
estrategias para fomentar el trabajo en equipo para que los profesores compartan
sus experiencias y aprendan mutuamente para resolver problemas de la enseñanza
como se desprende de diversas investigaciones cuyos hallazgos muestran mayores
niveles de rendimiento escolar al tiempo que reducen la sensación de impotencia
de los docentes y aumentan sus condiciones de eficacia. Se parte del supuesto de
que la mejora de la enseñanza constituye una empresa más colectiva que
individual, y que el análisis, la evaluación y la experimentación, en compañía
de sus colegas, son condiciones bajo las cuales el docente mejora (Rosenholtz en
Fullan y Hargreaves: 2000: 90-91). Lo anterior es semejante a la propuesta que
realizan Aguerronda y Pogré (2001), en donde hacen referencia a “que se
requieren cambios profundos en las propuestas sobre cómo formar docentes y cómo
ofrecer oportunidades permanentes para su actualización” (p. 23). Es
ver a la formación en un sentido social, en un ámbito realmente pedagógico de
cambio, en donde el docente transforme e innove su práctica, que realmente
impacte significativamente la calidad y mejoramiento de su enseñanza.
Estas autoras pretenden que los institutos de formación docente sean
centros de innovación pedagógicas, y que su accionar conduzca a una práctica
transformadora. Es detectable el interés que se tiene, al igual que el
presente trabajo, de sustentar lo importante que es, el que todo
docente busque cambios que puedan favorecer su cotidianidad. Se considera importante mencionar que el docente
dentro de su práctica trata de construir conocimientos orientados a resolver
problemas prácticos. Esto significa por cuanto a la validez de los mismos,
acotar su carácter particular, temporal y concreto, o más precisamente como
apunta Morgan (1995): es “su éxito para orientar una nueva práctica lo que
valida los nuevos conocimientos y no sólo su consistencia interna ni en relación
con determinada teoría, como sucede en el conocimiento producido mediante
la impartición de cursos sin sentido” (p. 23.) Otra situación por la que acallan sus voces los
profesores es sin duda considerar que su trabajo no es una verdadera profesión,
sino que es, como máximo una “semiprofesión”, lo anterior es referido por
Imbernon (1994:9), este autor plantea que existen características dadas
por una racionalidad técnica y que cumplen tres requisitos: ·
Cuerpo de conocimientos emergidos de la
investigación ·
Un cuerpo de conocimientos que surge
de un colegiado ·
La subordinación de los intereses en el
cliente. En
el caso de los docentes esto no se cumple, por lo que
propone que se consideren otros criterios: 1. Un cuerpo codificado de
conocimiento 2. La existencia de
mecanismos de regulación y control
en el reclutamiento, la preparación, el
acceso y el ejercicio. 3.
Una responsabilidad ética ante los alumnos, las familias y la sociedad. Ante
lo anterior se visualiza que el docente dentro de su profesionalización es un
agente social, con la responsabilidad de ver por los demás, ya que como agente
social influye en los demás. El impacto del docente se percibe no solo en el
aula, sino en el contexto que le envuelve, sin embargo el propio docente, duda
de esa capacidad, y se envuelve en la desesperanza del que no es escuchado. Es
necesario sentir que ser profesor, es “ser profesional”,
ya que según Aguerredonde y Pogré (2001) refieren “que el ser
profesional docente tiene que ver con la
calidad del trabajo que realiza, el modo y estilo de conducirse y los estándares
que enmarcan la calidad” (p. 24). Con
lo anterior es palpable identificar
que el propio docente requiere de darle un sentido a su profesión, un sentido
creíble, laudable y honesto, no es posible dudar de una profesión que requiere
toda la vida, para seguirse preparando, pues el conocimiento avanza y el
profesor está inmerso en él. Imbernorn
(1994) refiere que la “función del docente comporta un conocimiento pedagógico
específico, un compromiso ético y moral y la necesidad de corresponsabilización
con otros agentes sociales” (p. 23). Con
la sistematización de las experiencias que tiene el docente dentro de su práctica
docente, como situaciones vividas por problemas reales, requiere de la lucha del
propio profesor como un agente social, inconforme con lo prescrito y aventurero
con las respuestas que obtiene de sus propias reflexiones, el docente sabe lo
que pasa dentro de su aula y actúa, como un mediador de soluciones. Cuando
el docente se sitúe en ésta lógica de ver su práctica, podrá darse cuenta
que es capaz de innovar, de impactar con sus reflexiones y con la producción de
conocimiento, que es capaz de generar. Por
lo que la innovación es entendida, desde el particular punto de vista de la
autora del presente ensayo, como una transformación de cambio significativo, se
pretende decir que todo aquello que afecte a cada individuo, al grupo y al marco
institucional es innovación. No se puede dudar del docente, pues es quien vive
las vicisitudes de la docencia. Cuando
el docente produce conocimiento y este impacta, es que propició no una invención
efímera, sino algo nuevo que propicia un avance en el sistema o un orden, es
decir partir de lo que existe. Lo nuevo se define en función de una situación
determinada y en relación con lo antiguo, ya que nadie innova al margen de sus
tradiciones, y la formación que tiene el docente, viene aparte de una institución,
de una familia que le propició valores, y una personalidad definida. Lo
que el docente puede crear para él y para los demás tiene una intencionalidad
deliberada, planificada. El desafío de toda innovación es producir cambio que
apoyen el mejoramiento de la calidad de trabajo de los profesores. Es
suponer que el docente dentro de su profesión tiene una gran responsabilidad,
ya que como sujeto partícipe en la construcción de una historia en su vida
dentro de la docencia, implicado de forma activa en su proceso, es protagonista
o víctima de sus cambios y movimientos; es en última instancia, responsable de
su devenir. Por
ello no se puede aspirar simplemente a “reproducir” o “describir” los
fenómenos y a “observar” sus comportamientos, sino que se debe proponer
intuir y comprender sus causas y relaciones, identificar sus contradicciones
profundas, situar honradamente su práctica como parte de esas inquietudes, y
llegar a imaginar y a emprender acciones tendientes a transformarla. Transformar
la realidad, transformarse él mismo, con sus ideas, sueños, voluntades y
pasiones. Cuando
pase lo anterior, se puede decir, que ha innovado su práctica, no se trata de
descubrir la panacea, lo que para alguno es nuevo, para otros no; lo importante
es el atreverse a dar a conocer lo que ha hecho en esos 10, 20 ó 30 años de
servicio. Ningún científico podrá tener tanta riqueza como la de un profesor
que ha dejado su vida en la enseñanza, ese docente que ante los problemas que
en que se enfrenta, busca solución, aún en lo más complicado, crea, imagina y
transforma. Conclusiones A
través del análisis argumentativo desarrollado he intentado responder al por
qué el docente no sistematiza su experiencia profesional, esto creo, obedece a
dos razones: por su formación tradicional que lo ubica como simple reproductor
y por su propio proceso de desvalorización que lo lleva a considerarse un
semiprofesional. Es
importante mencionar que la sistematización no es algo nuevo, es una situación
que el docente ha vivido y a hecho, lo único que le ha faltado es escribir y
darlo a conocer. Atreverse a ser escuchado, no como el docente artesanal, o
tradicional, o el técnico, sino como el docente crítico y transformador. Es
importante de igual forma desarrollar las prácticas mismas de la innovación,
para que estas sean duraderas, y sobre todo dar a conocer lo que el profesor es
capaz de hacer, con su realidad y con el anhelo de transformar lo que vive. La
formación continua del docente debe enmarcarse, en la transformación, en el
propiciar discusiones lógicas de las prácticas de los docentes, compartirlas y
tomarlas en cuenta para el diseño de estrategias que sean innovadoras en el
quehacer docente. La
práctica del docente parte de lo individual hasta llevarlo a un contexto más
estructural en donde sus experiencias sean generadoras de conocimiento. El
sistematizar las experiencias que vive el profesor constituiría una forma de
razonar qué puede servirnos en la aprehensión y conceptualización de nuestras
experiencias específicas. Y que en todo caso, deberá recrearse originalmente
en el intento de reflexionar, expresar y comunicar la experiencia hecha por el
profesor y quienes le rodean. Aguerrondo,
I. y Pogré, P. (2001), Las instituciones
de formación docente como centros de innovación pedagógica.
Buenos Aires, Argentina: Troquel educación. Fullan,
M. y Hargreaves, A. (2000), La escuela que
queremos. Los objetivos por los que vale la pena luchar. México, SEP/
Amorrortu. Biblioteca para la actualización del maestro. García Escalante, Nancy
(1991) Sistematización, propuesta metodológica
y dos experiencias: Perú y Colombia, Nuevos cuadernos. No. 17, Lima, Perú,
CELATS. Imbernón, Francisco (1994)
La formación y el desarrollo profesional
del profesorado: Hacia una nueva cultura profesional. Madrid, España: Graó. Jara, Oscar. (1994) Para
sistematizar experiencias. México: IMDEC. Morgan,
Ma. de la Luz (1995), “Búsquedas teóricas y epistemológicas desde la práctica
de la sistematización” en La innovación, (antología básica) de la
Licenciatura en Educación. Plan 1994, de la Universidad Pedagógica de Durango,
México, Autor. Taller
Permanente de sistematización CEAAL – Perú (1991): La Sistematización al
interior del colectivo de Apoyo Metodológico del CEAAL. En la Revista Tarea. INSTITUTO
UNIVERSITARIO ANGLO-ESPAÑOL FORMACIÓN
DOCENTE E INNOVACIÓN. Alumna:
Dolores
Gutiérrez Rico Publicación enviada por Dolores Gutiérrez Rico Contactar mailto:lolitarico@terra.com.mx Código ISPN de la Publicación EEEFVlZuuAnDloNEtJ Publicado Friday 15 de April de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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