Monografias | Factores del entorno y del individuo en relación con la obesidad y la obesidad infantil

Factores del entorno y del individuo en relación con la obesidad y la obesidad infantil

Resumen: Uno de los aspectos más importantes del estilo de vida sano de una población es el desarrollo, a través de un proceso educativo correcto, de costumbres, hábitos y conductas alimentarías que posibiliten, en su conjunto, lograr y mantener un estado nutricional normal de los individuos por lo cual se realizó este trabajo para poner en evidencia la relación que existe entre la política, la economía y la sociedad en el desarrollo de la obesidad; además de exponer como participan la sociedad, la economía y la política en el tratamiento de la obesidad infantil. Palabras claves: entorno, obesidad, obesidad infantil.

Publicación enviada por Dr. Angel Caballero


 

Indice

Resumen

Introducción 

Desarrollo

Bibliografía    

 

Resumen

Uno de los aspectos más importantes del estilo de vida sano de una población es el desarrollo, a través de un proceso educativo correcto, de costumbres, hábitos y conductas alimentarías que posibiliten, en su conjunto, lograr y mantener un estado nutricional normal de los individuos por lo cual se realizó este trabajo para poner en evidencia la relación que existe entre la política, la economía y la sociedad en el desarrollo de la obesidad; además de exponer como participan la sociedad, la economía y la política en el tratamiento de la obesidad infantil.

Palabras claves: entorno, obesidad, obesidad infantil 

 

INTRODUCCIÓN

Uno de los factores más importantes en la determinación del estado de salud de la población es su estado nutricional1,2, el cual está en correspondencia directa con el grado de seguridad alimentaria que poseen los integrantes de la misma, es decir, aquel que se alcanza cuando todas las personas tienen, en todo momento, un acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer debidamente sus necesidades nutricionales y sus gustos y preferencias alimentarias a fin de llevar una vida activa y sana3.

Asimismo, el mejor estado nutricional de una población no sólo depende de la disponibilidad global de alimentos que posibiliten, en la práctica, cubrir sus necesidades energético-nutrimentales, con independencia de los diversos factores económicos, geográficos, sociales y culturales que puedan afectar de manera negativa el acceso físico a los alimentos y la capacidad de las familias para comprarlos o producirlos4,5,6,7.

La salud física, psicológica, mental y espiritual del ser humano está en dependencia del entorno económico, político, social, cultural y educacional en el cual el mismo se mueve existencialmente y en cuyo contexto desarrolla un determinado estilo de vida, condicionado por tales  múltiples factores8.

Uno de los aspectos más importantes del estilo de vida sano de una población es el desarrollo, a través de un proceso educativo correcto, de costumbres, hábitos y conductas alimentarías que posibiliten, en su conjunto, lograr y mantener un estado nutricional normal de los individuos9,10.

Actualmente se acepta que, para buscar una solución lo más adecuada posible a los problemas alimentarios y nutricionales que afectan a la población, es necesario identificar correctamente sus factores condicionales, concentrándose  los esfuerzos en aquellos con posibilidades de ser atendidos por la comunidad y entre los cuales figura el educativo alimentario-nutricional, que tiene como propósito y objetivo el de aliviar, al máximo, los reales efectos negativos de un acceso disminuido a los alimentos y minimizar, tanto como se pueda, las consecuencias que pueda tener el acceso, desequilibrado, a fuentes de alimentación determinadas en situaciones particulares como de libre disponibilidad y una adecuada capacidad de compra individual11. En consecuencia con ello, las intervenciones educativas destinadas a solucionar los problemas alimentario-nutricionales que afectan a la población, son reconocidas hoy como un complemento esencial de las acciones tendientes a mejorar la seguridad alimentaria familiar e individual y representan la estrategia principal en la prevención y control de las enfermedades crónicas no transmisibles relacionadas con la dieta en base del desarrollo y consolidación de costumbres, hábitos y conductas de alimentación correctas9,11.

 

OBJETIVOS.

De acuerdo con los señalamientos anteriores, se realizó este trabajo para poner en evidencia la relación que existe entre la política, la economía y la sociedad en el desarrollo de la obesidad; además de exponer como participan la sociedad, la economía y la política en el tratamiento de la obesidad infantil.

 

DESARROLLO.

HAMBRE Y APETITO COMO FACTORES IMPORTANTES EN LA DETERMINACIÓN CUANTI-CUALITATIVA DE LA INGESTA ALIMENTARIA.

En el ser humano, los factores que intervienen en la determinación de la elección e ingestión de los alimentos constitutivos de la dieta son múltiples y los mismos tienen un origen fisiológico y psicológico12. El sustrato material y funcional de tales procesos es el cerebro quien se comporta como un gran integrador de señales de distintas naturalezas y que en definitiva equilibra el gasto y almacenamiento de energía con la ingesta de alimentos13.

La cantidad de alimentos que ingiere el ser humano depende esencialmente  de la integración de respuestas sensitivas y cognoscitivas  del individuo y están en relación directa con el contenido energético y nutritivo de las sustancias alimentario-nutrimentales consumidas12.

En el hombre su experiencia social y cultural actúan modificando, de manera importante, el efecto de señales directamente relacionadas con el estado fisiológico y metabólico. Asimismo, factores puramente psicológicos como la presencia de otros comensales, situaciones sociales específicas, la ocasión, el acervo cultural, las creencias religiosas y factores hedonistas contribuyen de manera  importante al desarrollo de la sensación de saciedad12,14.

A un nivel descriptivo, más simple, se plantea que cuando el organismo necesita realmente de energía y nutrimentos las sensaciones que identifican en lo fisiológico a la sensación de hambre aumentan su intensidad hasta que tal necesidad sea debidamente satisfecha. Si la persona ha comido recientemente, las sensaciones que se tendrán serán débiles, mientras que las mismas serán relativamente fuertes y desagradables si no lo ha hecho desde algún tiempo antes13,14.

La presencia asociada de elementos cognoscitivos o de tipo sensorial que resultan placenteros tenderá a aumentar la ingesta de alimentos y en caso contrario, ni siquiera las señales activadoras del reflejo del hambre, resultarán lo suficientemente fuertes como para obligar al individuo a consumir alimentos desconocidos, desagradables o aquellos prohibidos por una creencia religiosa o que proporcionen una visión, sabor u olor inapropiados14.

Desde el punto de vista metodológico y conceptual los términos hambre y apetito deben ser debidamente diferenciados.  Si bien el primero no es más que la conciencia de la necesidad de ingerir alimentos (sensación prepotente) el segundo se corresponde con el “deseo de comer”, se asocia a los aspectos más placenteros de la elección e ingestión de los alimentos al tiempo que puede verse muy acentuado por el hambre en sí12. 

El termino apetito se emplea con frecuencia para identificar las señales que guían o conducen al individuo a la elección y consumo de alimentos y nutrimentos específicos, pudiéndose expresar a través de diferentes conductas como la elección de componentes de la dieta de  una elevada densidad energética o de aquellos que permitan la satisfacción de necesidades de determinados nutrimentos en ese momento o a la satisfacción de deseos hedónicos como un sabor dado12,14.

A partir del momento en que aparecen las señales de saciedad derivadas de los factores cognoscitivos y sensoriales, las diferentes categorías químicas alimentario-nutrimentales comienzan a generar sus propias señales postingestivas y postabsortivas de saciedad13. En definitiva, el volumen, la composición, la velocidad de absorción y las consiguientes respuestas metabólicas que se desencadenan, influyen en el intervalo que marca el comienzo de la aparición de la sensación de saciedad, mientras que la duración de la misma y el espacio de tiempo transcurrido hasta la próxima ingestión de alimentos dependen, en su esencia, del complejo sistema de respuestas neuronales integrado en el subsistema nervioso central14,15.

 

INFLUENCIA DE FACTORES ECONÓMICOS, POLÍTICOS SOCIALES Y GEOGRÁFICOS SOBRE LA ALIMENTACIÓN Y EL ESTADO NUTRICIONAL DE LA POBLACIÓN.

En los países en vías de desarrollo y también en los considerados como, del “primer mundo”, ricos o desarrollados, existen imágenes familiares bien conocidas que reflejan un estado de nutrición inadecuado, cuyas consecuencias tienen una dimensión social.  Así por ejemplo, es frecuente observar que la curiosidad no se manifiesta en los ojos de muchos niños, que un número crecidos de ellos presentan una estatura mucho menor que la correspondiente a la edad, que existen jovencitos sin el aliento suficiente para espantar las moscas que pululan en las llagas de sus rostros, que hay adultos que cruzan por las calles con una lentitud exasperante, madres de 30 años que representan más de 60 y hombres,  mujeres, niños, jóvenes y adultos, que contienen en sus cuerpos una excesiva cantidad de grasa que compromete, de manera importante, la calidad de vida de los mismos.

En la actualidad se acepta que el ser humano es el factor más importante del desarrollo y que la calidad de la existencia humana es, precisamente, la medida última de ese desarrollo y que el más trascendente de los factores que afectan las condiciones y el estado existencial general de los individuos es una correcta alimentación, constituyendo el estado nutricional, individual y poblacional, el más determinante y decisivo de todos16.

La mala nutrición, ya sea por exceso o por defecto, influye de manera desfavorable en el desarrollo mental y físico, en la productividad y los años de una vida laboral activa, todo lo cual repercute de manera adversa sobre el potencial económico del hombre como ser social.

Recientemente el concepto de capital ha sido extendido a los seres humanos. El desarrollo de esta nueva teoría fue alentado, en su esencia, por el descubrimiento de que “es mayor el incremento en la producción nacional en comparación con el incremento de tierras, de horas-hombre y del capital que se puede multiplicar en forma física. Tal vez la mejor explicación para esta diferencia la constituya la inversión en el capital humano”17.

En parecidos intentos para determinar los innegables beneficios económicos de la inversión en la salud, el costo de la prevención de una muerte se compara con los futuros ingresos del trabajador si hubiese vivido18. También la inversión en el capital humano algunos la han determinado relacionándola con las perdidas que se producirían debido a la muerte en cualquier momento anterior a la jubilación del trabajador. Ese capital abarca la salud, los alimentos, vestido, habitación, educación y otros gastos necesarios para educar lo imprescindible a una persona con el objetivo de que desarrolle al máximo su capacidad particular. Tales costos también pueden ser evaluados en comparación con la debilidad, cuando la muerte no es precisamente un factor19. 

Ya sea que la enfermedad tenga su traducción concreta en la perdida laboral de días laborables o en la reducción temporal o permanente de la capacidad de trabajo, la perdida calculada en la producción, aunada al costo de la atención médica, puede compararse con los gastos propuestos para evitar, en primer lugar, la aparición de la enfermedad20.

De manera semejante, también se pueden comparar las ganancias que se obtendrán de los gastos en la alimentación y mejoramiento del estado nutricional. La nutrición mejorada, sin lugar a dudas, eleva el flujo de ganancias por encima de lo que las mismas hubieran sido en el caso de una falta de incremento en el estado general de bienestar, individual o colectivo, sobre todo si gracias a dicha mejoría un trabajador ausente se reintegra a la fuerza laboral activa, se alarga el lapso de vida laborable, se supera un decaimiento que reduce su capacidad productiva, se logra que un niño vuelva a la escuela o mejore su grado de comprensión o retensión de lo aprendido y cuando se permite que un adulto asimile de manera más eficaz cualquier tipo de adiestramiento laboral o de capacitación en ese sentido17,20.

Toda vez que el bienestar de una persona se estabiliza, los costos de alimentación y nutrición se convierten de inmediato en gastos de sostenimiento. Así las cosas, una mejoría en tal sentido y su mantenimiento ulterior,  puede contribuir a elevar o mantener el nivel de productividad de un miembro activo de la fuerza laboral o puede tomar la forma de inversión, por ejemplo, ayudar a elevar las ganancias esperadas en el transcurso de la vida activa futura de un niño de 2 años, de aquí la incuestionable importancia y trascendencia que tiene para el desarrollo económico de la sociedad, en un contexto del más pleno disfrute de felicidad de sus integrantes, el hecho de que se garantice debidamente un flujo alimentario, en cantidad  y calidad, que asegure el mejor estado nutricional posible de ésta21,22.

En resumen, la alimentación y nutrición inadecuadas no sólo representan una consecuencia del subdesarrollo, sino también un factor que contribuye a él, una verdadera traba de la expresión del potencial del que se puede derivar  un  mejoramiento global para toda la sociedad, un verdadero “lastre” para aquellos grupos humanos en los cuales se ha logrado ya un desarrollo científico y tecnológico notables pero que han puesto poca atención al cuidado debido del aspecto alimentario-nutricional. Si no se mejora la alimentación y la nutrición en las dos terceras partes menos favorecidas de la población mundial en estos momentos, puede retrasarse el desarrollo de los recursos humanos y el desarrollo de las naciones mismas, debiéndose aclarar que no sólo se trata de la calidad de vida, sino al mismo tiempo de la calidad de las personas. A menos que los niveles actuales de mala nutrición no sean controlados en forma notable, ello puede representar, en un breve lapso de tiempo, un gran detrimento para el desempeño, el aspecto, el bienestar físico y, tal vez, de la capacidad mental de gran parte de la población mundial23. 

En estos momentos de avance galopante de la Globalización Neoliberal, para evitar tales cicatrices se requerirán de nuevos puntos de vista e investigaciones, de nuevas entidades organizadoras en el contexto de una nueva disciplina y, lo que es más importante, una nueva preocupación por el problema y una nueva escala de acción concomitante a nivel planetario. Es realmente triste disponer de la información necesaria que justifique las asignaciones requeridas de recursos para dar solución a la problemática alimentaria y nutricional y no implementar las acciones correctas, al menos en una escala básica, a sabiendas que los esfuerzos aislados siempre serán una respuesta insuficiente e inaceptable porque este es el momento de pensar en que, a pesar de que algunos proyectos en el campo de la alimentación y nutrición humanas consigan algunos resultados positivos y útiles, el objetivo final debe estar dirigido mucho más allá: a conquistar, precisamente, metas más trascendentales24,25,26.

 

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE HABITOS ALIMENTARIOS Y SU IMPORTANCIA COMO DETERMINANTES DE LA ALIMENTACION.

Sin lugar a dudas, las características organolépticas de los diferentes  componentes de la dieta o patrón alimentario, es decir, las referidas al color, sabor, olor y textura de los mismos,  que los identifican según su palatabilidad e influyen en su aceptación, intervienen, de manera importante, en el desarrollo y consolidación de costumbres, conductas y de los llamados hábitos alimentarios27, conjuntamente con factores o elementos bien establecidos y reconocidos como creencias y tradiciones, medio geográfico, disponibilidad alimentaria, recursos económicos, religión, distintivos psicológicos y pragmáticos28,29.

Dichos factores evolucionan a lo largo de los años en amplios espacios y constituyen, precisamente, la respuesta a los nuevos estilos de vida que siempre están acompañados de nuevos productos con los cuales se confeccionan las dietas dirigidas a satisfacer las reales necesidades de energía y nutrimentos de cada individuo (dieta sana o saludable, normal o balanceada), pero que desgraciadamente no se logra las más de las veces en la actualidad30.

Los hábitos alimentarios también se relacionan muy directamente con las variaciones de los recursos económicos de cada persona o de las colectividades, con el contacto entre representantes de culturas alimentarias diferentes y ello puede condicionar que los cambios experimentados por patrones alimentarios ancestrales comiencen a ser significativos, como lo que sucedió respecto a los hábitos anteriores y posteriores al descubrimiento de América31,32.

 

LA ENERGIA EN EL CONTEXTO DE LA DIETA BALANCEADA.

En la práctica no resulta nada fácil lograr que el ser humano adecue su dieta a los verdaderos requerimientos de energía y nutrimentos que necesita para mantener una estructura y función normales de las diferentes células de sus distintos tejidos y órganos del cuerpo y, por ende, desarrollar así la capacidad para integrar una función corporal total normal.

El atributo más valioso de la Naturaleza es la ENERGÍA. Ella puede considerarse como la medida de la capacidad que posee un sistema para realizar trabajo útil, en el seno del mismo o respecto a su entorno.  Así, gracias a la disponibilidad energética de los sistemas u organismos vivientes, éstos podrán realizar una mayor o menor cantidad de trabajo biológico, con una potencia o velocidad determinada y que les permitirá, en definitiva, adaptarse a las condiciones cambiantes del ambiente.

Desde el punto de vista alimentario y nutricional, la necesidad más importante que debe ser satisfecha con la dieta es la energética, condicionada la misma por el gasto energético del individuo el cual, a su vez,  está determinado en lo fundamental por el valor de la Tasa Metabólica de Reposo y la actividad física que éste realiza.

La necesidad energética del individuo se satisface mediante la ingestión de las llamadas categorías químicas alimentarias energéticas o simplemente alimentos energéticos: los carbohidratos o azúcares (de un 55 a un 60%), las grasas neutras (de un 25 a un 30%) y las proteínas (de un 10 a un 15%) y, según ésta, así será el resto de la composición nutrimental de la dieta ingerida,  en correspondencia con el concepto de Densidad Nutrimental o cantidad requerida de un nutrimento en particular por cada 1000 kcal de necesidad energética.

Una dieta balanceada es aquella que provee al individuo con la energía alimentaria y las cantidades requeridas de las diferentes categorías químicas nutrimentales necesarias para la realización de los diferentes tipos de trabajo biológico.  Ello se logra  cuando la misma resulta adecuada, suficiente, variada y equilibrada y proporciona, al mismo tiempo, determinadas cantidades y tipos de fibra dietética y es consumida con una frecuencia nunca menor de 6 ingestas parciales, cada una de las cuales ha de representar, en términos energéticos, la satisfacción de un cierto valor en porcentaje respecto a la necesidad total de energía del sujeto (desayuno 20%, merienda matutina 10%, almuerzo 30%, merienda vespertina 10%, comida  20% y cena 10%). Siempre y cuando los hábitos alimentarios del ser humano sean correctos, éste podrá lograr, en su práctica alimentaria y nutricional, una dieta saludable, sana, normal o balanceada, objetivo supremo de la Alimentación, Nutrición y Dietética como ciencias particulares que realmente son.

 

HÁBITOS Y CONDUCTAS ALIMENTARIAS EN CENTROAMERICA,  LA CUENCA DEL CARIBE Y AMERICA DEL SUR.

En el conjunto de los pequeños países centroamericanos, de la cuenca caribeña y en la extensa área geográfica que integran las naciones sudamericanas se han identificado, un tanto esquemáticamente, los llamados “principales factores condicionantes de la conducta alimentaria o hábitos alimentarios regionales”.  Entre éstos figuran las características geográficas, la disponibilidad y elección de alimentos, la disponibilidad económica, el nivel cultural, el marco educativo, la publicidad o “marketing”, el marco social con su alta carga de costumbrismo, los tabúes religiosos, el marco familiar, las preferencias alimentarias, la educación nutricional, el resultado de los estudios de salud realizados, la infraestructura  social, las comunicaciones, la política, lo económico y los importantes aspectos tradicionales27,28.

En América del Centro, América del Sur y el Caribe una gran parte de la población sufre, en estos momentos, las consecuencias biológico - funcionales negativas de la mala nutrición por defecto y otra parte importante está indudablemente sobre alimentada, expuesta a las enfermedades debidas al exceso de alimentación, observándose en ambos casos un sobredimensionamiento de los factores tradicionales, míticos y simbólicos en la determinación de la comida de cada día, con una intervención tan fuerte en las preferencias y aversiones que manifiestan los individuos por los alimentos que han llegado a constituirse  en los elementos primordiales definitorios de las formas de preparación, distribución y de los servicios alimentarios29.

Como en muchos otros lugares del mundo, en Centroamérica, América del Sur y el Caribe, los hábitos alimentarios distan mucho de aquellos que son necesarios para alcanzar, en la práctica, una alimentación sana. La falta de conocimiento que se tiene, en general, sobre el valor nutritivo de los alimentos es algo preocupante, lo que unido a la falta de recursos económicos de las grandes mayorías, con la inadecuada accesibilidad a los componentes de una dieta saludable y a una  predominante falta de disponibilidad de alimentos en los mercados hacen aún más sombrío el panorama de bienestar y salud de la región a corto, mediano y largo plazo27,33,34.

Asimismo, nuevas tendencias negativas relacionadas con los hábitos alimentarios se observan cada vez con mayor frecuencia.  La distribución y el consumo de alimentos, una forma muy expresiva para valorar el funcionamiento de la organización familiar, laboral y escolar, las propias relaciones sociales que se generan en relación con los alimentos, no son las más idóneas y se alejan sustancialmente de lo que deberían ser34.

 Algo semejante ocurre con las denominadas preferencias alimentarias que identifican e integran a los individuos en diferentes grupos: los de la comida basura o “junk food”; el de las comidas rápidas, integrado principalmente por adolescentes; el grupo tentempié o “snack” de muchos adultos; el “self service” o sírvase usted mismo, el cual ha transformado a las personas en camarero-comensales, por tan sólo mencionar algunos35.

Los centro, sudamericanos y caribeños sufren en estos momentos las consecuencias de una evolución notable en sus hábitos alimentarios debido al impacto de los nuevos estilos de vida, condicionantes de cambios drásticos en la organización familiar y también a escala social, a lo cual se ha sumado el desarrollo de avanzadas tecnologías en el área agroalimentaria que han puesto a disposición de los consumidores los llamados “alimentos servicio”, especialmente concebidos para facilitar la preparación y consumo de los mismos sin tomar en consideración, las más de las veces, los reales valores nutritivos que deben poseer cada uno de los integrantes de la dieta ingerida33,34.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce en la actualidad que es una necesidad para toda el área de Centroamérica, Suramérica e incluso la Cuenca del Caribe, hacer un intenso trabajo educativo, de mejoramiento de las condiciones generales de vida, de acceso a espacios socioeconómicos que son muy reducidos en estos momentos, de trabajo y productivos más amplios y que, en un contexto de mayor grado de seguridad política posibiliten, en su conjunto, el rescate de las mejores costumbres y el cambio consecuente en los hábitos y conductas alimentarias, de los servicios de salud primarios y secundarios que, de continuar así, sumarán cada día más muertes, sobre todo en los primeros 5 años de vida y en la llamada “edad mayor”, a las que ya se cuentan por decenas de millares en esa región del mundo y se pronuncia al mismo tiempo en el sentido de que “ello sólo será posible aunando voluntades con la participación consciente de los gobiernos y de la población en general”36,38.

La OMS, conjuntamente con otros expertos, plantea que hay que trabajar en el sentido de lograr que las personas comprendan y pongan en práctica, tanto como les sea posible, que tratándose de la alimentación solamente podrán desarrollarse hábitos alimentarios saludables en la misma medida en que se tengan conocimientos sobre el valor nutritivo de los alimentos y su inocuidad, siempre y cuando existan los recursos económicos requeridos para la adquisición de los mismos y haya una adecuada disponibilidad en el mercado de éstos.  No se trata de sugerir fríamente grandes cambios en las tendencias de consumo sino, más bien, reforzar las costumbres tradicionales de la población en su tránsito hacia el progreso que no radica, precisamente, en un consumo excesivo de grasas, de alimentos de origen animal como las carnes rojas,  de sal, de los llamados azúcares refinados con una casi ausencia de fibra dietética, de franco menosprecio al pescado y una marcada desatención por los vegetales y frutas frescas, aspectos éstos extraordinariamente frecuentes en toda las Regiones38,39,40.

Cuando los hábitos alimentarios son inadecuados la alimentación termina siendo deficiente, con disminución de la resistencia a las enfermedades,  retraso del crecimiento y desarrollo, con afectación de la productividad en el trabajo y reducción del rendimiento en los estudios y en los deportes, sin olvidar que también la alimentación excesiva y una vida sedentaria favorece la aparición de sobrepeso, obesidad, hipertensión arterial, ateroesclerosis, diabetes y cáncer39, lo que se pone de manifiesto, de manera evidente, en amplios sectores, de bajos y elevados recursos económicos, en los países de Centro y Sudamérica y del Caribe en los cuales se precisa igualmente de prácticas higiénicas correctas en la manipulación de los alimentos38.

El alcoholismo es una práctica inadecuada que se realiza por un número cada vez más elevado de residentes en la Región que, además de producir adicción, determina que los consumidores de bebidas alcohólicas (y de otras drogas) desarrollen hábitos alimentarios inadecuados, coman a deshoras o prefieran, incluso, la bebida a la comida.  También estas personas presentan alteraciones como aumento de los niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre, predisposición a la obesidad y una importante disminución en el aprovechamiento biológico de algunas vitaminas y minerales39,40.

Es, por tanto, impostergable la necesidad de promover el desarrollo de adecuados hábitos alimentarios en el ámbito de Centro y Latinoamérica y en la Cuenca del Caribe, a pesar de todas las dificultades objetivas y subjetivas que ello conlleve, y así alcanzar metas nutricionales que promuevan un buen estado de salud, individual y colectivo, garante del desarrollo económico requerido para sustentar el bienestar social más pleno.

Una parte muy importante dentro del fenómeno social que es la obesidad y todos los aspectos con ella relacionados como causas o efectos de la misma es la presentación de esta enfermedad en los primeros años de la vida.

La obesidad infantil requiere una atención priorizada por su elevado incremento y las afectaciones a la salud de los niños que ella implica a corto y mediano plazo, pues se acepta que en niños obesos son mas frecuentes la hipertensión arterial, problemas ortopédicos, diabetes y trastornos psicológicos, entre otros, además de que al llegar a la edad adulta también presentan una elevada incidencia de las llamada enfermedades crónicas no transmisibles.

 

LA OBESIDAD COMO ENFERMEDAD Y POSIBLES FACTORES ASOCIADOS CON SU GENESIS Y DESARROLLO.

La obesidad se considera como un incremento de la grasa corporal en un grado tal que pone en riesgo la salud del individuo.  Se produce como consecuencia de un balance energético positivo a largo plazo y constituye a su vez un factor de riesgo importante de las llamadas enfermedades crónicas no transmisibles y también de otros tipos 41,42.

Es una enfermedad que ha acompañado al ser humano a través de toda su historia y durante siglos fue considerada sinónimo de poder, belleza y bienestar físico, según las influencias de factores culturales, políticos, económicos y religiosos en las diferentes épocas 42.

El sobrepeso y la obesidad, se han incrementado notablemente en los últimos años, tanto en la población infantil como adulta de países desarrollados y de los llamados en vías de desarrollo, llegándose a constituir en un verdadero problema de salud pública a escala mundial 43,44. 

Desde el punto de vista termodinámico, la obesidad es una enfermedad de etiología simple, consecuencia de la ingestión de una cantidad de energía alimentaria superior al gasto energético del individuo.  Esto puede ocurrir como consecuencia de múltiples factores:  una inadecuada educación alimentaria, hábitos y conductas de alimentación incorrectas, un genotipo propiciador de la utilización de la energía metabolizable con una alta eficiencia a través de una determinada estructura metabólica, alteraciones de este tipo y neuroendocrinas particulares, factores económicos, sociológicos, culturales y de un estilo de vida con un componente de sedentarismo elevado, entre otros  45-55. 

Se acepta la existencia de factores predisponentes a la obesidad.  La utilización oxidativa de la fracción de carbohidratos y lípidos en la dieta está influenciada por el genotipo del individuo.  Además, se ha encontrado que la preferencia gustativa por las grasas neutras era significativamente mayor en los obesos que en los individuos de peso normal que fueron obesos en el pasado y que la oxidación, en general, de las mismas estaba reducida, conjuntamente con valores bajos de la tasa metabólica de reposo y una baja actividad del subsistema nervioso simpático.  A esto se suma la baja  capacidad del músculo esquelético para utilizar con fines energéticos los ácidos grasos, lo que en definitiva favorece el incremento de la acumulación de grasas neutras en el tejido adiposo 53,54.

Asimismo, la existencia de factores genéticos como predisponentes al desarrollo de la obesidad, se pone de manifiesto en la coexistencia de ésta en varios miembros de una misma familia, observándose que cuando uno de los padres es obeso la probabilidad de que los hijos lo sean alcanza un 50% mientras que la misma se eleva al 80% si ambos padres presentan la enfermedad.  En estos casos  se ha tratado de explicar tales influencias sobre la base de la transferencia a la descendencia  de una menor capacidad termogenética y de un tono simpático disminuido, factores estos que indudablemente contribuyen, de manera importante, al desarrollo de un balance energético positivo 56,57.

El valor de la tasa metabólica de reposo de la persona representa, en definitiva,  del 65% al 75% de su gasto energético total, lo que ha llevado a plantear a varios investigadores que la obesidad no es la consecuencia de un excesivo ahorro energético debido a un valor bajo de la tasa metabólica de reposo 103.  En este sentido se ha invocado a las hormonas tiroideas como “factores humorales de la mayor importancia en la modulación de la tasa metabólica de reposo”, incrementando las mismas el gasto energético total del organismo, en justa correspondencia con los valores encontrados de las mismas en sangre en casos de mala nutrición por defecto o de enfermedades crónicas, como para salvaguardar al máximo las reservas energéticas del individuo” 58-61.

Además de las hormonas tiroideas,  se ha planteado que el glucagón,  sintetizado y secretado por las células alfa de los islotes pancreáticos, en las concentraciones a las cuales fisiológicamente se presenta en sangre, no debe ejercer un efecto calorigénico de importancia aunque cuando las mismas se elevan por cualquier razón tal efecto puede incrementarse y ello a su vez elevar el gasto energético total del organismo.  Los glucocorticoides por su parte, pueden dar lugar a una disminución significativa de la termogénesis, aunque en condiciones de normalidad funcional del organismo la secreción de los mismos no se plantean como un factor relacionado con el desarrollo de   obesidad.  En este sentido, la hormona de crecimiento desarrolla un efecto lipolítico que, al favorecer la síntesis de proteínas tísulo-orgánicas aumentando la biodisponibilidad energética necesaria, provocaría una disminución de las grasas neutras acumuladas en el tejido adiposo.  También se ha observado una respuesta disminuida a la acción de la hormona adrenocorticotropa y al factor hopotalámico de liberación de la referida hormona, con una escasa respuesta de prolactina al estimulo del factor de liberación de la hormona tirotropina 62.

Según planteamientos recientes, relacionados con el desarrollo de la Nutrigenómica, el acumulo de grasas neutras en el tejido adiposo de la persona, depende de la susceptibilidad individual, de la cantidad ingerida de sustratos energéticos y de la distribución de éstos, ya que los procesos de “utilización oxidativa y oxidación de los hidratos de carbono, lípidos y proteínas, están sujetos a diferentes mecanismos reguladores independientes, comandados desde el núcleo celular por influencias en la expresión de la bioinformación  determinante de la disponibilidad y actividad de las enzimas involucradas en las distintas rutas metabólicas catabólicas” 63-69. 

Las bases moleculares de la obesidad requieren una descripción más exacta de la que hasta ahora se tiene.  Uno de los retos científicos más apasionantes en la endocrinología y en la biología molecular actuales es la descripción completa del mecanismo celular que regula el peso corporal y ello debe servir de base para el desarrollo de la llamada farmacogenética la cual permite personalizar los tratamientos según el subtipo de la enfermedad de que se trate y al mismo tiempo ajustar la dosis según la herencia genética 70.

El número de comidas por día y los ritmos de alimentación pueden variar ampliamente según la disponibilidad y tipo de comida, oportunidad, situación social, estilo de vida u otras condiciones y, sin embargo, la mayoría de las personas mantienen estable, a largo plazo, su peso corporal.  Probablemente el control de la ingesta se puede describir mejor considerando, separadamente, dos sistemas de regulación, a corto y mediano plazo,  si bien las señales de adiposidad, proporcionales al tamaño de las reservas grasas (control a largo plazo) funcionan, al menos en parte, modulando la efectividad de las señales de saciedad (que regulan el tamaño y la duración de las comidas individuales a corto plazo), y la integración de ambos tipos de señales conecta la regulación a corto y a largo plazo de la ingesta, mecanismo éste de particular importancia en la génesis y desarrollo de la obesidad 71-75.

La insulina y la leptina se han propuesto como “señales de adiposidad” para el control central y a largo plazo del peso corporal 76. Los cambios en los niveles plasmáticos de leptina y/o de insulina reflejarían cambios en el estado energético y la adiposidad,  frente a los cuales el sistema nervioso central responde ajustando la ingesta para restablecer los depósitos grasos.  La grelina, por su parte podría ejercer un papel estimulando el inicio de la ingesta 77,78.  Asimismo, la hormona neuroendocrina amilina y la adiponectina se plantea que intervienen en una adecuada integración de la ingesta y utilización en el metabolismo de los macronutrimentos energéticos de la dieta, lo que pone en evidencia la extrema complejidad de los mecanismos reguladores y moduladores de la ingesta total de energía alimentaria y su utilización a través del metabolismo celular 79-81.

La regulación a corto plazo de la ingesta, sustentada sobre la base de las llamadas señales de saciedad, además de ser importante resulta también de una gran complejidad.  Así la entrada de comida en el tracto digestivo genera una serie de señales mecánicas, como la distensión gástrica, y químicas derivadas de los alimentos y nutrimentos ingeridos y de osmosensores  situados en el intestino delgado que responden a productos específicos obtenidos de la digestión de las categorías químicas alimentarias ingeridas.  Tales señales son transmitidas desde receptores vagales ubicados en el tracto gastrointestinal al subsistema nervioso central, constituyendo la base molecular-fisiológica de ka regulación a corto plazo de la ingesta 72,73.

El tracto gastrointestinal también secreta una variedad de péptidos en respuesta a la presencia de determinadas sustancias químicas productos de la digestión incompleta de las categorías químicas alimentarias o de determinados nutrimentos.  La colecistoquinina es el más representativo de estos que actúa conjuntamente con otros como la gastrina, el péptido parecido al glucagón-1, los péptidos de la familia de la bombesina (bombesina,péptido liberador de gastrina y neuromedina B) y la amilina 71-73.

Asimismo, para alguno de estos péptidos como la colecistoquinina, está bien comprobado un papel fisiológico determinante de la interrupción de la ingestión de alimentos, en sinergia con otras señales como la distensión gástrica.  La colecistoquinina es liberada por células endocrinas localizadas en la mucosa del intestino delgado proximal, en respuesta principalmente a la grasa ingerida con la dieta y a aminoácidos y pequeños péptidos liberados durante el proceso de la digestión de las proteínas alimentarias 72,73.

En estos momentos se le presta particular atención a la relación existente entre el componente simpático del subsistema neurovegetativo y la obesidad por la participación de éste en el control de la ingesta de energía alimentaria y el gasto energético del individuo que son factores claves en la determinación y regulación del peso corporal 74,75.

El componente simpático del subsistema neurovegetativo y la medula de las glándulas adrenales conforman el llamado subsistema simpático adrenal, el cual participa de manera directa en la integración de una función corporal total normal y, por ende, en la función homeostática general del organismo, tanto por acciones directas mediante impulsos nerviosos que llegan a través de los nervios simpáticos a los órganos efectores del mismo, como indirectos, cuando las catecolaminas vertidas en el torrente circulatorio actúan como hormonas sistémicas o generales en diferentes tejidos u órganos diana en distintas localizaciones del cuerpo 75.

Se está de acuerdo en que el componente simpático del subsistema neurovegetativo desempeña un papel principal en las adaptaciones de la función metabólica del cuerpo ante aquellas situaciones de disminución en el suministro de energía alimentaria y de sobrealimentación, sugiriéndose que en las personas obesas, en menor o mayor grado según la estructura genotípica de las mismas,  el componente simpático del subsistema neurovegetativo presenta una actividad basal menor, lo que determina a su vez una disminución en el gasto total energético, situación esta que no se presenta en las personas delgadas donde su actividad tónica es mayor 75,76.

Últimamente se ha venido insistiendo en que además del factor genotípico y de los comportamientos individuales ante la ingesta de energía alimentaria y su movilización y utilización a través de la función metabólica celular, existen otros tres factores que podrían tener una importancia significativa en el favorecimiento del desarrollo de la obesidad y del sobrepeso corporal a expensas del componente graso del organismo 54.

Uno de los referidos tres factores es el llamado entorno prenatal que involucra tanto al alto peso al nacer como la exposición intrauterina del nuevo ser en la mujer portadora de una diabetes mellitus tipo I.  Ambas situaciones se asocian con una mayor prevalencia de obesidad y se piensa que los mecanismos responsables del desarrollo del cúmulo excesivo de grasa neutra en el tejido adiposo pudieran ser genéticos o ser el reflejo de alteraciones surgidas como consecuencia de la exposición del feto a sustratos metabólicos específicos 54.

Asimismo, se ha descrito el llamado “fenotipo adaptativo” caracterizado por un feto de bajo peso al nacer como consecuencia de una deficiencia energético-alimentaria de la madre durante el período de embarazo.  En el referido feto la probabilidad de que aparezca un estado de obesidad durante el ciclo infantil de vida es alto, debido al desarrollo de una estructura metabólica (memoria metabólica) que determina la utilización de parte de la energía liberada en el metabolismo oxidativo en la biosíntesis de grasas neutras, con una alta eficiencia, en el tejido adiposo54.

Los otros dos factores estarían en relación con determinadas enfermedades de la madre, como la enfermedad de Cushing, el síndrome de poliquistosis ovárica, el hipotiroidismo, los insulinomas, el hipogonadismo, el seudohipoparatiroidismo y lesiones hipotalámicas y con la ingestión de determinadas sustancias farmacológicas como las fenotiazinas, la cloropromazina, antidepresivos tricíclicos, la ciproheptadina, glucocorticoides, progestágenos, valproato, litio, insulina y sulfonilureas 54,55,62.

En todo afrontamiento de la obesidad como problema de salud pública la actividad física representa un factor de incuestionable importancia ya que a través de la misma se puede facilitar el establecimiento y mantenimiento de un balance energético negativo y así alcanzar una perdida de peso a expensas, sobre todo, del componente graso del organismo.  Asimismo, las personas que practican, de manera sistemática, algún tipo de actividad física, principalmente moderada o intensa, son las que en definitiva logran mantener un peso corporal aconsejable o saludable, de aquí que los investigadores conductistas se preocupan y ocupan, cada vez más en como lograr que los individuos con sobrepeso corporal u obesidad adopten y mantengan en la práctica un programa de ejercicios77,78.

Es necesario investigar más sobre las formas de mejorar el resultado de las acciones dirigidas a lograr el adelgazamiento en personas obesas o sobrepeso, mediante el incremento del desarrollo de  programas idóneos para cambiar hábitos y desarrollar conductas adecuadas en el contexto del llamado estilo de vida saludable.  Asimismo,  es necesario la búsqueda de mecanismos que promuevan y logren la adaptación de los diseños terapéuticos a grupos de pacientes específicos y el desarrollo simultáneo de técnicas más eficientes y eficaces dirigidas a modificar las características del medio hogareño y externo 79-81.

Se ha comprobado que diferentes estrategias conductistas, útiles para tratar la obesidad como el control de estímulos, la prevención de recaídas y el autocontrol,  también resultan beneficiosas en la modificación no sólo de hábitos alimentarios, de incorporación a la actividad física sistemática sino también en el desarrollo de un estilo de vida promotor de salud física, psíquica, mental y espiritual 77,82-87.

 

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Autores:

Dr. Richard Visser*

Dr. Troadio González**

Dr. Angel Caballero**

*Director del Visser Wellness and Research Center de Aruba

** Doctor en Ciencias Médicas. Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos de Cuba

Datos del autor principal:

El Dr. Richard Visser es Director del Visser Wellness and Research Center de Aruba, realiza investigaciones en el campo de la obesidad infantil y desarrolla actividades científicas con el propósito de identificar el comportamiento de esta enfermedad para aplicar acciones preventivas de la misma y de promoción de salud en relación con estilos de vida saludables.

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Publicación enviada por Dr. Angel Caballero
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Publicado Thursday 12 de May de 2005

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