Monografias | Salud Mental Laboral en los Profesionales de la EducaciónSalud Mental Laboral en los Profesionales de la EducaciónResumen: Peter Warr (1987) diferencia dos términos: “salud mental independiente del contexto” (salud mental global) y “salud mental relacionada con el contexto”. Este último lo utiliza para referirse a la salud mental laboral, que se define como el mecanismo a través del cual la experiencia subjetiva del trabajo afecta a la “salud mental independiente del contexto” o global. Numerosos estudios han demostrado que las características organizacionales y laborales tienen una clara incidencia sobre la salud mental de los trabajadores.(V) Indice Importancia del estrés sobre la salud Síndrome de Burnout como respuesta al estrés
laboral crónico Principales estresores laborales Programas y estrategias de intervención Estrategias
de intervención a nivel individual Condiciones
que modulan el síndrome de Burnout Peter Warr (1987) diferencia dos términos:
“salud mental independiente del contexto” (salud mental global) y “salud
mental relacionada con el contexto”. Este último lo utiliza para referirse a
la salud mental laboral, que se define como el mecanismo a través del
cual la experiencia subjetiva del trabajo afecta a la “salud mental
independiente del contexto” o global. Numerosos estudios han demostrado que las características
organizacionales y laborales tienen una clara incidencia sobre la salud mental
de los trabajadores. La frase calidad de vida en el
trabajo (quality of work life ) durante los pasados 20 años ha
aparecido frecuentemente en discusiones acerca de técnicas para prevenir la
salud mental laboral. Los programas de calidad de vida en el trabajo, en los que
se subraya la importancia de los factores psicosociales y de la salud mental
laboral, han intentado mejorar el grado en que los miembros de una organización
son capaces de satisfacer importantes necesidades personales en el trabajo
(tener una sensación personal de ser útil, ser reconocido por los logros
obtenidos, tener oportunidades de mejorar las habilidades y conocimientos,
etc.). Como señalan De la Poza y Prior
(1988) algunas de las contribuciones más importantes de los estudios de Calidad
de Vida Laboral tienen que ver con el diseño de los puestos de trabajo, la
valoración del desempeño y los procesos de formación y desarrollo. González,
Peiró y Bravo (1996) enfatizan la importancia de la formación y el desarrollo
de los trabajadores, que forma parte del proceso de recursos humanos que
antepone la dignidad y valía de las personas, de tal forma que, todos los
trabajadores necesitan recibir formación en un amplio rango de conocimientos y
destrezas necesarios para el desempeño eficaz de sus tareas, pero también,
deben recibir formación para la toma de decisiones, el trabajo en grupo , y el
desarrollo de habilidades interpersonales. El 10 de Octubre de cada año, se
celebra el Día Mundial de la Salud Mental, con el propósito de difundir a la
sociedad y a los responsables de políticas del mundo entero, temas centrales
que requieren de la información, participación y compromiso de los distintos
sectores implicados. En el año 2000, el tema central fue “Salud Mental y
Trabajo”. Así la Federación Mundial de la Salud Mental, acordó
priorizar la Salud Mental Laboral para los años 2000 y 2001. En España el interés por la
prevención de los riesgos psicosociales y del estrés laboral a quedado
plasmado en la actual Ley de Prevención de Riesgos Laborales (B.O.E
10-11-1995), y en el Reglamento de los Servicios de Prevención (B.O.E.
31-1-1997). Estas medidas están concienciando a la sociedad de la importancia
que tiene evaluar y prevenir los riesgos de carácter psicosocial para disminuir
los accidentes, el absentismo laboral, y en definitiva para mejorar la salud y
la calidad de vida de los trabajadores. Dentro de este marco de análisis e
intervención en los problemas de salud mental laboral, el síndrome de quemarse
por el trabajo (burnout) ocupa un lugar destacado. Desde que, a finales de la década
de los setenta, los psicólogos norteamericanos acuñaron esa expresión, ha
aparecido este síndrome en incontables publicaciones científicas
internacionales, y se han realizado una gran cantidad de investigaciones, que
han contribuido a una mayor comprensión del síndrome. Sin embargo, como señala Ibonne
Olza (1999), desde el campo de la psiquiatría los problemas psicológicos
propios del contexto laboral no han recibido una atención suficiente. El síndrome
de burnout, a pesar de ser un trastornos con una psicopatología propia y
diferencial, no puede ser diagnosticado con las clasificaciones psiquiátricas
actuales. Así el Manual diagnóstico y estadístico DSM-IV incluye, bajo el epígrafe:
“problemas adicionales que pueden ser objeto de atención médica”, la
siguiente definición: Problema
laboral
(Z56.7): categoría que puede utilizarse cuando el objeto de atención clínica
es un problema laboral que no se debe a un trastorno mental o que si se debe a
esto, es lo suficientemente importante cómo para justificar una atención clínica
diferente. Ejemplos de esto son la insatisfacción laboral y la incertidumbre
sobre la elección de una profesión.” En
España el Burnout ha despertado un enorme interés. Tal y como queda reflejado
en el trabajo de Montalbán, Durán y Bravo (2000), constantemente aparecen
noticias en la prensa diaria referentes al impacto que el síndrome tiene en
diferentes colectivos profesionales. Por otro lado, cada día son más las páginas
web en castellano que le dedican atención específica al síndrome. Este
creciente interés social en España por el Burnout, se pone de manifiesto en la
sentencia del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (ratificada por el
Tribunal Supremo, en diciembre de 2000) en la que se reconoce que, el síndrome
del quemarse por el trabajo es accidente laboral si éste se contrae por causa
exclusiva de la ejecución del trabajo. Gil-Monte
(2000) señala que, a pesar de haber crecido espectacularmente en España la
investigación y las publicaciones científicas sobre el “síndrome de
quemarse por el trabajo”, el interés por el estudio de este fenómeno, lejos
de estar agotado, se proyecta hacia el próximo milenio. Es
necesario seguir investigando para delimitar bien las relaciones entre las
dimensiones del burnout, para identificar cómo se desarrolla el proceso de
quemarse por el trabajo, para mejorar los instrumentos de medida existentes, y
para desarrollar programas de prevención e intervención de carácter
individual, grupal y organizacional. La
mayoría de los investigadores (v.g., Maslach y Jackson, 1981; Coox, Kuk y
Leiter, 1993; entre otros) coinciden en que las profesiones más predispuestas a
desarrollar el Desgaste psíquico profesional, son aquellas que pertenecen a las
ocupaciones asistenciales o de ayuda, que tienen un contacto frecuente y directo
con otras personas como su principal tarea de trabajo. Freudemberger
(1986) apunta que el Burnout puede padecerse en muchas otras profesiones no
asistenciales, que también implican trato directo con personas. Golembiewski,
Munzenrider, Carter y Winnubust, que en sus investigaciones emplean como sujetos
muestras profesionales que no trabajan en servicios asistenciales (directivos,
vendedores), defienden que el síndrome de quemarse se puede desarrollar en todo
tipo de profesionales (Golembiewski, Munzenrider, Carter (1993); Winnubust
(1993). Numerosos
autores, (v.g., Kyriacou, 1980; Cunningham, 1982; Moreno, Oliver y Aragonés,1992;
Manassero, Vázquez, Ferrer, Fornés, y Fernández,1994; Yela, (1996),
Aluja,1997; o Guerrero, 1998); a lo largo de los últimos 20 años han defendido
la necesidad de investigar el Burnout en los profesionales de la educación.
Así, Oliver (1993) considera que el síndrome de Burnout no es cuestionable
en el caso de la docencia, ya que en estas profesiones se producen problemas
somáticos y psicológicos que dañan significativamente la ejecución
profesional y porque afecta a las relaciones mantenidas con los alumnos y en
definitiva a la calidad de la enseñanza. Son
muchas las investigaciones que se centran en el estudio del Burnout en
profesiones concretas (Médicos de Urgencias, Profesionales de la Enfermería,
Funcionarios de Prisiones, Docentes de todas las etapas y niveles…), acotando
el problema, y mejorando por tanto las propuestas de actuación. Esta línea de
investigación ha contribuido a que el síndrome de burnout fuera ganando especificidad,
lo que ha permitido que vayamos acercándonos a poder elaborar propuestas
concretas que consigan prevenir e intervenir en los distintos perfiles
profesionales afectados. Dentro de esta línea queremos insertar nuestro
trabajo, centrándonos en la problemática específica del Burnout en los
profesionales de la educación (profesores de todos los niveles, orientadores,
etc) para poder proponer respuestas pertinentes a sus necesidades concretas que
mejoren el desarrollo de su práctica profesional. Eloisa
Guerrero (1998) expone que con frecuencia los cambios, la calidad y las mejoras
que se piden al sistema educativo, se realizan en medio de una falta lamentable
de recursos personales y materiales para llevarlos a cabo; añadiendo que en
esta situación es fácil asegurar que el Desgaste va hacer acto de presencia. Las
numerosas líneas de investigación que han surgido en los últimos tiempos en
torno al estrés laboral vienen a coincidir en que, en este proceso están
implicados factores que van desde los personales y el contexto del trabajo,
hasta aquellos que están relacionados con la formación que los profesionales
reciben. La
mayor parte de las personas emplean una buena parte de su vida en actividades
laborales, primero preparándose para ello y después, en su ejecución. Las
actitudes ante el trabajo, los comportamientos y la manera de entender el
trabajo, individual y socialmente, influye en la forma en que se vive la
experiencia laboral y en las consecuencias que conllevan. Los
programas y cursos de formación sobre control de estrés laboral pueden ser una
importante contribución para ayudar a afrontar de forma efectiva sus
consecuencias negativas, tanto desde el punto de vista laboral y profesional
como personal. Es por ello y constatamos, la necesidad de intervenir en las
organizaciones laborales para introducir modificaciones que prevengan y alivien
las consecuencias nocivas que pueden llegar a derivarse del estrés en el
trabajo. Estamos
convencidos y creemos en la importancia de que la salud (individual y
organizacional) se entienda como algo a desarrollar y mejorar activamente,
teniendo en cuenta que somos nosotros, como personas o como parte de una
organización, quienes en definitiva hemos de actuar para mejorar o conservar
nuestras condiciones físicas, sociales y psicológicas y así prevenir posibles
deterioros. El
término estrés fue introducido por Selye a raíz de sus trabajos endocrinológicos
para indicar esfuerzo, tensión, acentuación. Es estrés todo lo que es vivido
como sobrecarga y así se emplea en fisiología y psicología. La
palabra estrés ha sido utilizada desde entonces con bastante ligereza en
nuestro lenguaje coloquial. En general, se podría decir que ha tenido muchos
significados, pero ninguno lo suficientemente operativo para imponerse sobre los
demás. En
el ámbito de la psicología ha habido autores que han considerado al estrés
como un estímulo, otros lo han considerado como respuesta e incluso otros como
interacción entre el sujeto y el medio. Actualmente todos coinciden en que es
un proceso amplio, complejo y dinámico y atribuyen al estrés los llamados trastornos
psicofisiológicos o tradicionalmente llamados trastornos psicosomáticos. El
estrés puede inducir directamente efectos psicológicos y fisiológicos que
alteran la salud. También puede influir sobre la salud de una forma más
indirecta a través de "conductas no saludables" (estrategias de
afrontamiento nocivas como fumar, beber alcohol, conductas de riesgo) o bien
inhibir conductas relacionadas con la salud, como el ejercicio físico. Las
conductas relacionadas con la salud, han sido definidas como constitutivas de
una vía mediante la cual variables ambientales y personales pueden afectar a
los mecanismos fisiológicos e incrementar el riesgo de enfermar. El
vivir bajo situaciones estresantes se suele asociar a una reducción de
conductas de salud y a un incremento de conductas nocivas para ésta. Se ha
visto de igual forma que el apoyo social
(grupo de amigos, pertenecía a un club social, etc.) reduce la frecuencia de
conductas no saludables e incrementa las saludables (hacer más ejercicio físico
y evitar el uso de excitantes). También las variables disposicionales, como
tendremos ocasión de ver, han sido vinculadas a la practica de conductas
nocivas para la salud (Ibáñez, 1989). La conducta Tipo
A se ha relacionado con el consumo elevado de alcohol y con el hábito de
fumar y el neuroticismo parece correlacionar negativamente con la práctica
continuada del ejercicio físico. Recientemente se han desarrollado algunas líneas
teóricas y de investigación que enfatizan los determinantes personales de las
conductas de salud. En
1978, la OMS define la salud como un estado de completo bienestar físico,
mental y social y no como la mera ausencia de enfermedad. Hoy, este término es
considerado como un proceso que permitirá a la persona
adaptarse desde el punto de vista físico, psíquico y social y,
transformar su medio externo e interno. Salud
y enfermedad no van a ocurrir exclusivamente en el espacio privado de nuestra
vida personal. La calidad de vida, la prevención, el cuidado y los problemas de
salud configuran todo un denso tejido social y ecológico y es por ello que la
salud pública pretende el mejoramiento de las condiciones de vida y del nivel
de la comunidad mediante la implantación y ejecución de programas que
promuevan salud y prevención. Desde esta perspectiva, el objetivo principal no
es combatir la enfermedad una vez que se manifiesta como tal, sino una actuación
preventiva que posibilite al hombre desarrollar todas sus potencialidades y
evite la aparición de procesos degenerativos. Los
factores psicológicos (cognitivos, emocionales, motivacionales) producto de la
historia de cada persona en un contexto cultural, socioeconómico y político
influyen tanto en el proceso de enfermar como en la prevención de trastornos,
así como en el mantenimiento del nivel óptimo de salud. Estos factores van a
incidir en todos los trastornos y enfermedades, en el agravamiento o mejoría
del proceso, en su pronóstico y en el tratamiento. Al mismo tiempo, toda
enfermedad física y estado de salud repercutirá en el ámbito psicológico. De
la misma manera, nuestras formas de comportamiento, estilos de vida y hábitos
pueden acarrearnos problemas de salud o, por el contrario, impedir o retardar su
aparición. Costa
y López (1986) han señalado que las diez principales causas de muerte en países
desarrollados, están determinadas por problemas de conducta y, en consecuencia,
podrían reducirse y prevenirse si las personas mejoraran en cinco
comportamientos: dieta, hábitos de fumar, ejercicio físico, abuso del alcohol
y abuso de fármacos hipotensores. Por otro lado, hay varias razones que
justifican la importancia que los factores psicológicos y comportamentales
tienen sobre la salud en general: •
Epidemiológicas. Los problemas psiquiátricos suponen aproximadamente
entre un 20-50% del total de consultas vistas en atención primaria (estrés,
ansiedad, depresión, trastornos psicosomáticos, trastornos del sueño,
trastornos asociados al alcohol y drogas). Los factores desencadenantes pueden
ser personales , interpersonales (conflictos familiares, agresiones) o
situacionales (pérdida de empleo, fallecimiento de un ser querido, etc.) •
Cambio en los patrones de enfermedad y morbilidad, es decir, las enfermedades
funcionales priman sobre las infecciosas y contagiosas (Labrador y Crespo,
1993). •
Cambio en el modelo de salud desde una perspectiva restaurativa hasta una
perspectiva activa, en el sentido
de que el sujeto es el principal protagonista, el que tiene la última palabra y
el que debe actuar para mejorar sus condiciones de salud y calidad de vida. •
La escasa utilidad de la cirugía y de la farmacología para solucionar los
problemas funcionales. Pueden no existir infecciones ni lesiones en estas
enfermedades, sino formas de
comportamientos (preocupaciones, ritmo de vida intenso, comidas insanas,
urgencia temporal etc.) (Labrador y Crespo, 1993). De
lo anterior parece deducirse que desde la Psicología nos vemos en la necesidad
de buscar soluciones alternativas que permitan dar respuestas a los retos
existentes, incidiendo principalmente sobre patrones de conducta, estilos hábitos
de vida y estrategias de afrontamiento. Como ciencia de la conducta, la psicología
puede ayudarnos a observar, describir , operativizar, explicar, predecir y
modificar comportamientos. Nos enseñará a descubrir y analizar las variables
que hacen que un comportamiento se produzca se mantenga o se desarrolle. Más
específicamente, la psicología comunitaria y de las organizaciones incorpora
recursos teóricos y prácticos de las ciencias del comportamiento y se suma a
la labor de optimizar las condiciones de vida social y laboral, promocionar la
salud y prevenir la enfermedad. Estrés
laboral es un fenómeno personal y social
cada vez más frecuente con consecuencias importantes a nivel individual y
organizacional. A nivel individual afecta al bienestar físico y psicológico y
al salud de las personas. A nivel colectivo puede deteriorar la salud
organizacional. El modelo de Peiró (1993) distingue seis factores
fundamentales: variables ambientales o estresores, características personales,
experiencia subjetiva del estrés, estrategias de afrontamiento que desarrolla
la persona y la organización, consecuencias producidas por el afrontamiento y
por último, consecuencias para la persona y la organización. "Burnout
“ es un término anglosajón cuya traducción más próxima al castellano sería
"estar quemado, sobrecargado, exhausto". También ha sido denominado desgaste
profesional. Aunque
en principio se definió como una disfunción psicológica que parecía ser típica
de profesionales cuya labor
se realiza en contacto directo con otras personas manteniendo con éllos
una relación constante y directa de ayuda, hoy ha sido descrito en otros
profesionales. Actualmente
se acepta que es fundamentalmente un proceso que se desarrolla por la interacción
del entorno laboral y las características personales del sujeto. Se trata de
una patología derivada más que de factores biogénicos, de características
del ambiente físico y de las demandas del puesto de trabajo y el aspecto más
relevante, es el papel que juegan las relaciones interpersonales. La
definición de síndrome de Burnout más
aceptada ha sido la de Maslach y Jackson (1981) quienes lo consideran como un síndrome
tridimensional y como una respuesta inadecuada a un estrés emocional crónico
cuyos rasgos principales son: •
Agotamiento físico y/o psicológico
o lo que es lo mismo, es la sensación de no poder más de sí mismo a los demás.
Es definido como desgaste, pérdida de energía, agotamiento y fatiga y puede
manisfestarse física, psíquicamente o como una combinación de ambos. •
Despersonalización, es decir una
actitud fría en relación hacia los clientes y que actúa como mecanismo de
defensa para protegerse del
cansancio emocional. El profesional trata
de distanciarse también de los miembros del equipo de trabajo, mostrándose cínico,
irritable, irónico e incluso utilizando etiquetas despectivas para
aludir a los usuarios o bien tratará de hacer culpables a los demás de
sus frustraciones y descenso de su rendimiento laboral. Todos estos recursos
suponen para él una forma de
aliviar la tensión experimentada de
manera que al restringir la intensidad de relación con las
demás personas, está tratando de adaptarse a la situación •
Sentimiento de inadecuación profesional
y personal al puesto de trabajo, que surge al verificar que las demandas que
se le hacen , exceden su capacidad para atenderlas de forma competente. Supone
respuestas negativas hacia uno
mismo y a su trabajo típicas de la depresión, moral baja, evitación de las
relaciones personales y profesionales, bajo rendimiento laboral, incapacidad
para soportar la presión y una baja autoestima. Este tercer componente puede
manifestarse de forma clara o bien puede estar encubierto por una sensación
paradójica de omnipotencia. Ante la amenaza de sentirse incompetente, el
profesional incrementa sus
esfuerzos para afrontar las situaciones dando la impresión
a los que le observan que su interés y dedicación son inagotables. Los
síntomas más característico se exponen en el siguiente cuadro: Psicosomáticos Frecuentes
dolores de cabeza, fatiga crónica, úlceras o desórdenes
gastrointestinales, dolores musculares en la espalda y cuello, hipertensión
y en las mujeres pérdidas de ciclos menstruales Conductuales Absentismo
laboral, aumento de conducta violenta, abuso de drogas, incapacidad de
relajarse y comportamientos de alto riesgo (conducción suicida, juegos de
azar peligrosos) Emocionales Distanciamiento
afectivo, impaciencia, deseos de abandonar el trabajo, irritabilidad,
dificultad para concentrarse, descenso del rendimiento laboral, dudas
acerca de su propia competencia profesional y baja autoestima Defensivos Negación
de las emociones, ironía, atención selectiva y desplazamiento de
sentimientos Síntomas
asociados al Síndrome de Burnout A
continuación numeramos un listado de los principales desencadentes de estrés
laboral: •
Grupos ocupacionales. Ej. trabajadores cuello blanco/azul •
Específicos de diferentes ocupaciones; asistenciales; profesores, enfermeras,
policías y no asistenciales. •
Factores del puesto de trabajo: factores del ambiente físico, estructura
organizacional. Los estresores del ambiente físico incluyen: ruido, iluminación,
temperatura, toxicidad, espacio, etc. •
Demandas estresantes del trabajo: trabajos por turnos y nocturnos, sobrecarga de
trabajo, exposición a riesgos y peligros. •
Estresores procedentes del contenido del trabajo. Incluye: oportunidad para el
control: autonomía y libertad, oportunidad para el uso de habilidades, variedad
de la tarea, feedback de la propia tarea, identidad con la tarea y complejidad
del trabajo •
Relaciones interpersonales como estresores. Tipos de relaciones y calidad con
compañeros, superiores y subordinados. •
Estresores grupales: falta de cohesión, presiones de grupo, clima grupal y
conflicto grupal. •
Estresores del desarrollo de la carrera: inseguridad en el trabajo, transiciones
de carrera, estresores en los diferentes estadios de la carrera profesional:
inicial, consolidación, mantenimiento y preparación para la jubilación •
Estresores a nivel organizacional: estructura de la organización, ambigüedad y
conflicto de roles y clima organizacional. Nos
resta concluir que la calidad de vida, la prevención y el cuidado ha de formar
parte de los objetivos de intervención, por parte no sólo ya de la salud pública
sino de la educación y de la formación. Desde este enfoque creemos que la
mejor contribución es la implantación de programas que promuevan la prevención
y optimización de la salud, que permitan a los profesionales implicados
desarrollar todas sus potencialidades y evite la aparición de procesos
degenerativos. A
partir de las aportaciones de múltiples investigaciones, proponemos sugerencias
sencillas y útiles estrategias de intervención para el manejo y afrontamiento
del Burnout, enfocadas tanto a las organizaciones como al individuo, ya que en
ocasiones puede resultar difícil o imposible eliminar ciertos estresores
organizacionales. También hemos incluido un apartado que recoge las condiciones
(ambientales, conductuales, fisiológicas y cognitivas) que parecen suavizar los
efectos nocivos del Desgaste psíquico sobre la persona, la organización o el
propio puesto de trabajo. Técnicas
de relajación física y mental Técnica
de Jacobson, técnicas de respiración (pausada, profunda y diafragmática),
meditación (filosofía oriental, yoga, etc.). Biofeedback Información
sobre el estado biológico al sujeto para su modificación y control Mantenimiento
de buenas condiciones físicas Hábitos
saludables, práctica de ejercicios aeróbicos 3 ó 4 veces semanales,
unos 30' ó 40' de intensidad moderada. Técnicas
cognitivas y autocontrol Detención
pensamiento, técnicas de solución de problemas y toma de decisiones,
entrenamiento en inoculación del estrés y reestructuración cognitiva. Estrategias
individuales de intervención La
literatura revisada parece apoyar la idea de que existen determinadas
condiciones (ambientales, fisiológicas y cognitivas) que favorecen u
obstaculizan el afrontamiento del estrés laboral. En cuanto a las condiciones
ambientales que parecen modular los efectos del afrontamiento del estrés,
se ha publicado recientemente abundante evidencia que relaciona el
apoyo social con la salud física y psicológica argumentándose que
favorece la salud, bien porque se relaciona negativamente con el comienzo de
enfermedades o bien, porque facilita la recuperación de pacientes con algún
tipo de trastorno (Adler y Matthews, 1994). También
exponerse a situaciones de carácter
positivo suaviza la respuesta de estrés.
Estas situaciones tiene relación con acontecimientos que en la vida diaria son
de fácil acceso y que por razones de tiempo, sobrecargas, etc. no nos
permitimos en muchas ocasiones poder disfrutar, tales como actividades de ocio y
tiempo libre tan sencillas como: pasear, descansar, oír buenas noticias,
recibir sesiones de masaje, ir al teatro, etc. De la misma manera, la literatura
sobre control del estrés laboral señala que los recursos
utilitarios: dinero, acceso a información, acceso a los servicios sociales
y a programas de entrenamiento, van a acompañar el manejo y la facilitación de
la resolución en una situación estresante. En
un plano más individual, se ha destacado que las condiciones
fisiológicas del sujeto van a
favorecer u obstaculizar el manejo del estrés, en el sentido de que cuantos más
recursos físicos u orgánicos tenga el individuo, mayor resistencia al estrés
tendrá. También se ha argumentado que existe cierta predisposición biológica
o estereotipia de respuesta que puede, o bien facilitar las consecuencias
nocivas del estrés o bien protegerlas. Las
conductas cognitivas del sujeto también
modulan el estrés. Labrador y Crespo (1993) aseguran que existen diferencias
entre los individuos en el modo de evaluar las situaciones estresantes: unas
personas lo hacen centrándose en las demandas de la situación (sujetos
autoeficaces; analizan cómo manejar la situación, se centran en el
problema), otras lo hacen centrándose en sí mismo (sujetos autoreferentes; se preocupa cómo les afecta la situación, se
centran en la emoción) y otras personas en cambio lo hacen negando el problema
o las demandas del medio (sujetos negativistas).
Los sujetos autoeficaces llevaría mucho mejor que los anteriores la situación
estresante. El
optimismo es otra característica
personal que se ha señalado como catalizador del efecto del estrés sobre el
sujeto, de manera que, los individuos optimistas seleccionan estrategias de
afrontamiento centrándose en el problema, buscan con mayor probabilidad
aspectos positivos de la situación y la desdramatizan y perciben la situación
más como reto que como amenaza. De igual modo, la sensación de control, el locus
de control interno también modularía los efectos del estrés: la creencia de
poder manejar la situación y de que ésta depende de los esfuerzos realizados y
de las habilidades que se tengan, puede favorecer su resolución. Por el
contrario, la pasividad ante situaciones estresantes y pérdida de control se ha
relacionado con sentimientos depresivos y de
indefensión. El
último aspecto a destacar es el que se refiere a aspectos conductuales tales como hábitos saludables de conductas, dieta sana y ejercicio físico. En
este sentido, una dieta equilibrada, no fumar ni beber en exceso y no consumir
excitantes ni fármacos psicoactivos mejoraría nuestro estado de salud y
sistema inmunológico al mismo tiempo que modularía la respuesta de estrés. El
ejercicio físico moviliza el organismo y mejora su funcionamiento aumentando la
capacidad en los sistemas circulatorio, muscular y respiratorio. Se ha
comprobado que en los estados de estrés, se movilizan recursos orgánicos como:
ácidos grasos, colesterol, glucógeno que rara vez se van a utilizar, ya que la
vida moderna no exige respuestas físicas intensas. Estos recursos movilizados y
no utilizados pueden llegar a depositarse en el sistema vascular tapizando
paredes y vasos, disminuyendo así el paso de la sangre, lo que da lugar a un
aumento de la presión arterial, hipertensión y propensión a infartos. Con el
ejercicio físico podemos utilizar y consumir estos recursos movilizados por la
respuesta de estrés, antes de ser depositadas, e impedir deterioros en el
sistema cardiovascular. Los ejercicios recomendables son los aeróbicos como
correr, montar en bicicleta, nadar, practicados tres o cuatro días semanales,
unos treinta, cuarenta minutos y de una intensidad moderada (Labrador, 1993). Las
estrategias de intervención que se han desarrollado en el ámbito de las
organizaciones parten del supuesto de que gran parte de los elementos
organizacionales pueden convertirse en estresores para las personas Las
estrategias de intervención que se centran en algún estresor, tienen como objetivo reducir o eliminar sus consecuencias
negativas. Algunas propuestas de intervención han tratado de mejorar las
condiciones ambientales del trabajo, los factores intrínsecos y aspectos
temporales del mismo, proponiéndose medidas de seguridad e higiene en el
trabajo, enriquecimiento del puesto de trabajo, etc. Existen
también programas de prevención del
estrés aplicables a todo tipo de organización, los cuales recogen un conjunto
de conocimientos y técnicas orientadas a los trabajadores que pretenden
promover el reconocimiento de los estresores y sus efectos para la salud y
ofrecen habilidades de reducción de las experiencias de estrés mediante técnicas
adecuadas en cada caso. Generalmente estos programas tienen como objetivo
principal desarrollar habilidades personales y producir cambios en las personas
como forma de abordar los problemas de estrés sin prestar gran atención a las
alteraciones de los estresores de la organización. Estos programas son
variados. Unos, orientan sus objetivos a la adquisición de conocimientos, otros
tienen como objetivo la adquisición de habilidades y unos terceros combinan
ambos tipos de objetivos. La
mayor parte de lo que hemos expuesto no deja de ser más que una muestra de las
propuestas de intervención ya realizadas. Recordamos que no se ha de olvidarse
que los programas de intervención han de insertarse dentro de una planificación
estratégica mucho más amplia que involucre la toma de conciencia del problema
por parte del sujeto, el deseo y responsabilidad de hacer algo al respecto. Estamos
convencidos y de acuerdo con Iwanicki (1983) en que, la conciencia de pertenecer
a una población de alto riesgo en síntomas Burnout, sensibiliza a los
individuos, no sólo a informar ante sintomatología incipiente sino también, a
crear conductas de afrontamiento específicas para muchas de estas situaciones. -
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Psicología. Publicación enviada por Eloisa Guerrero Barona y Jesús Carlos Rubio Jiménez Contactar mailto:madichu@teleline.es Código ISPN de la Publicación EEEVlFVkFZRgneYffx Publicado Wednesday 11 de May de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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