Monografias | La magia de la alquimiaLa magia de la alquimiaResumen: Estaba sola en su habitación, Carolina fue descendiendo al fondo de su ser y no encontraba mas que miseria, pero algo bonito latía en su corazón. Quizás en que se va a morir del todo lo sabe de verdad, pero también lo siente en su corazón. (Relato) Estaba sola en su habitación,
Carolina fue descendiendo al fondo de su ser y no encontraba mas que miseria,
pero algo bonito latía en su corazón. Quizás en que se va a morir del todo lo
sabe de verdad, pero también lo siente en su corazón. ¿Y que siente? Cuando
escuchas a tu corazón sabes comprender el mundo, a las gentes, y sabes
comprender los errores. Los latidos del corazón no son ecos de conciencia, sino
que escuchas y sientes el dolor ajeno, el dolor humano, que incluso en muchas
ocasiones se convierte en absurdo. Carolina padecía de ese dolor absurdo que a
veces sentimos los humanos, por que Carolina vivía en ese mundo absurdo que es
el mundo de las apariencias. Muchas veces tumbada en su habitación se hacía la
misma y la misma pregunta...¿Por qué sufrimos tanto? Pero era una pregunta sin
respuesta. Somos
absolutamente todo lo que interpretamos, la mente humana mantiene una autocharla
con nosotros mismos en su impulso de llegar a la realidad. Pero a veces el
pensamiento se puede deformar al interpretar mal los sucesos de nuestra vida
cotidiana. Augusto era precisamente de
aquellas personas que se podrían considerar que son un bien para la humanidad.
Por que...¿Los sentimientos intelectuales promovidos por la autoexcitación
amorosa en decir por el yo o por el ego... son legítimo derecho de la
gente rica? Augusto era un ser tremendamente castizo hijo de familia humilde y
trabajadora. Augusto poco a poco fue trabajando lo intelectual es decir la razón
divina, la razón cálida. Si por que la razón es una potencia que evoluciona
con el pensamiento, y no hay pensamiento por muy frío que sea con no tenga una
pizca de calor. No existe sentimiento mas castizo, es decir, mas tradicional,
que ordenar el mundo en fórmulas vivas. Por que los sentimientos intelectuales
no son otra cosa que fórmulas vivas, carne palpitante de la naturaleza. La idea
de un Dios que solo se ama a si mismo es un disparate de idea, Dios está en
todas partes. Pero lo que no comprendía Augusto es en separar, es decir,
razonar, que el pensamiento unificado de una nación no tiene nada que ver con
la unidad, es decir, con el sentimiento, con el amor. Su dolor no era absurdo,
pero siempre tenía la sensación de estar al borde del abismo. Si, por que la
razón y el sentimiento se contradicen, era como el incesante ruido de una
cascada, no para y no para de sonar, y en ella ves un abismo. Carolina y Augusto son una pareja de enamorados que vivía en
un pueblo llamado la Romana. Era invierno de 2005 y amaneció un pueblo nevado,
un manto blanco de nieve cubría toda la ciudad. Augusto abrió la ventana de la
habitación y quedó maravillado al ver todo el pueblo cubierto de blanco.
Augusto cogió el 4x4 y se dirigió hacía el interior del pueblo hacía el
interior de la provincia. A lo legos Augusto vio un restaurante, paró el 4x4 en
el parking del restaurante y entró a la cafetería a tomarse un café. El
cuerpo y la mente de Augusto se llenó de nostalgia, una nostalgia tal vez
provocada por la sensación de unidad que provocaba la nieve. A Augusto le volvió
a pasar esa extraña sensación de cuando España era castiza de verdad, de
cuando existía un pensamiento único, una nostalgia que embriagaba toda su
mente. Quizás es la quietud del paisaje, quizás la sensación, de que,
incluso, por la noche la nieve alumbra. Augusto reflexionó en el bar, pensó
que cuando tuviera hijos les iba a dar una educación diferente a lo que a sido
la educación castiza, la educación
que han tenido muchos niños junto a los curas. Augusto reflexionó que el
psique del ser humano, es decir, con lo que interpretamos a Dios y al mundo esta
enfermo por una mala educación. Dios es algo tremendamente profundo que
evoluciona, el error es haberle puesto un nombre, valorar algo tan vivo y tan
bello. De repente sonó el móvil de Augusto, era Carolina- su esposa- que
preguntaba por el, Carolina le digo a Augusto que en el pueblo estaba cayendo
una copiosa nevada, Augusto volvió la cabeza y vio como también nevaba en la
zona donde estaba el restaurante. Todo en menos de 45 minutos quedó bajo un
mando espeso de nieve- unos 50 centímetros-. Augusto quedó atrapado intento
regresar a pueblo pero el 4x4 derrapaba en la nieve. Carolina se asustó muchísimo
en ese momento a Carlina se le apareció una película de imágenes sin
contenido, a Carolina le dio un ataque de nervios de los que padecía de vez en
cuando. Augusto le digo que se calmara que estaba bien refugiado del frío, que
en cuanto pudiera regresar al pueblo la llamaría. Augusto fue hacía el coche,
allí en el 4x4 tenía algunos libros decidió coger uno llamado En Torno Al
Casticismo de Miguel de Unamuno. En ese libro Miguel de Unamuno explica la
realidad subyacente formada por los hombres anónimos. Augusto mientras leía el
libro junto a la chimenea del restaurante pensó el tremendo impulso que hay en
las gentes de llegar a la historia, de salir en la televisión. En ese ambiente
apacible para Augusto, Augusto reflexionó y pensó que hay mucha más vida en
las cosas pequeñas que en las que son grandes, el corazón es pequeño, pero es
una fuente de vida increíble, y también de espiritualidad. La mente es
retorcida por naturaleza y el mundo hay que comprenderlo con el corazón.
Augusto se levantó y se dirigió hacía una ventana, seguía nevando con
fuerza. Augusto se dirigió hacía el 4x4 y cogió otro libro, este hablaba de
las emociones. Fue un regalo que Carolina- su esposa- le hizo. Tanta nostalgia
había en Augusto que casi llegó a comprender lo que son las emociones, Augusto
pensó que también en la emoción continua, es una incesante cascada la que estás
escuchando, un estruendo, oyes el estruendo
del mundo, el dolor y el sin sentido, la razón de la sin razón. Pero... un
Español ¿Deja de creer tan fácilmente? Carolina creía, creía en los latidos
de su corazón, y como el corazón embriaga el alma de verdad y te regala
momentos agradables. Por que...¿Qué de verdad tiene el amor? ¿Qué de verdad
tiene una relación amorosa entre un hombre y una mujer? Es el para que en lo
que fallamos todos y ahí la verdad de que han dejado tantos hombre que lo mas
importante es creer en ti mismo. ¿Cómo? ¡Como sea! He ahí la nostalgia de
Augusto la grandeza de las obras que han dejado algunos hombres que incluso
muertos, - sus obras-siguen en el corazón de la humanidad. De
repente paró de nevar pero el camino estaba intransitable. Augusto intentó
regresar al pueblo pero el coche resbalaba. La temperatura era de –4
grados centígrados y lógicamente la nieve iba a quedar congelada toda
la noche y además se formarían capas de hielo. Augusto llamó por teléfono a
Carolina y le dijo que pasaría la noche en el hotel del restaurante, que no se
preocupara por nada que por el medio día del día siguiente regresaría al
hogar. Carolina sintió un alivio al comprender que a su marido no le pasaría
nada, y que regresaría al día siguiente. También en el hogar de Augusto y
Carolina había una chimenea, Carolina cogió una carpeta, se sentó junto a la
chimenea y empezó a escribir algo así como lo que sería el comienzo de un
diario, por que la gran virtud de Carolina es que ella nunca a sido esclava de
sus palabras porque siempre calló ante las críticas de los demás y junto a
Augusto pudo salir relativamente del mundo de las apariencias, ya apenas se le
aparecía- por la mente- esa dolorosa y absurda película de imágenes sin
contenido. Carolina recordó el día
que comprendió que su neurosis no era nada comparada con lo que en realidad era
ella –el yo-. Fue una época en
que Augusto también padecía de un poco de neurosis, incluso tuvo que necesitar
a una psicóloga para curarse de algo que por ejemplo en Estados Unidos es una
cultura. Fue una época en que Augusto le hizo comprender que con el corazón
que tenía y su fuerza del creer nunca estaría sola en el mundo, por que el
verdadero lenguaje del corazón es el siguiente: nadie está solo en este mundo.
Quien está solo es por que quiere o por que lo necesita. Augusto le hizo
comprender que hay que respetar la intimidad del prójimo y que no hay que
globalizar los problemas psicológicos que tenga cada uno, hay que empezar por
uno mismo, comprender que el yo es más que el mundo y que una vida vale la de
todos. Si te propones eso seriamente y sobre todo con voluntad
puedes vencer la neurosis y salir del mundo de las apariencias. En
aquella época Carolina y Augusto practicaba unas técnicas de respiración con
una vela y aparte unas técnicas fisiológicas para relajar el cuerpo, Augusto
no lo hacía por lo espiritual sino para poner un poco de orden a la razón. A
partir de esos momentos el corazón de Carolina empezó a regalarle momentos
agradables y una fe ardua y fuerte empezó a brotar de Carolina. La
verdadera fe consiste en creer en lo que no se ve. ¿ Y que no se ve? Lo que no
se ve solo está en el corazón que lo real también está en el corazón y que
el corazón aunque parezca mentira también tiene sus razones por que ni te
enamoras en dos días, ni te desenamoras en dos, al igual que puedes caer en el
desamor en cualquier momento de, simplemente, un día. Pero
aquel día gélido y nevado del invierno del 2005 todo era una sensación de
amor y reflexión. Y se que la nieve es la gran niveladora lo junta todo pues
incluso por la noche la nieve alumbra. El blanco- color de la reflexión-
embriaga de nostalgia al alma más sencilla, junta el parque de niños, junta a
vecinos y amigos, para la vida, para a los coches
y incluso de noche la nieve alumbra. Por que... ¿Como podemos saber que es la
vida si no la paramos un poco? Eso es cosa de la razón divina... Augusto
se dirigía hacía la habitación que le había asignado, tuvo la sensación de
morir, si por que el Dios de la Razón es un dios que muere solo, es un Dios que
se diluye en su propia contemplación, es un Dios que sabe cuando le llega su última
hora, lo siente en su corazón. Si, por que al igual que quien sabe que morirá
del todo siente la humanidad en su
corazón, quien duda toda su vida de si morirá del todo, cuando llega su última
hora lo siente en su corazón. Amaneció una mañana nueva
con una nueva frescura, había un sol radiante y las temperaturas habían subido
lo suficiente para que la nieve se derritiera un poco. Augusto cogió el 4x4 y
regresó a la Romana. Todas las montañas estaban nevadas. De repente Augusto
dejó de escuchar a su corazón, y su mente se empezó a fragmentar un poco, era
lo retorcido de su mente que lo separó
de la magia que vivió esa noche en aquel restaurante. Augusto volvió a sentir
por sus oídos el estruendo del mundo, el dolor absurdo, el sin sentido, la razón
de la sin razón, pero volvía sentir nostalgia por su cuerpo y mente,
necesitaba ver a Carolina. Cuando Carolina despertó, un
sol radiante se asomaba por el horizonte. En ese momento Carolina recordó una
maravillosa noche que pasaron los dos juntos, en las fiestas de las hogueras de
Alicante. Carolina tenía un escrito sobre esa maravillosa noche, mientras
llegaba Augusto Carolina recordó Aquella maravillosa noche que pasaron juntos.
Carolina bajó al sótano de la casa abrió un cofre donde habían innumerables
fotos.... buscó y buscó el manuscrito. Al final lo encontró, fue hacía la
chimenea y empezó a leerlo, el manuscrito decía lo siguiente: En
una noche estrellada, no recuerdo bien el día, pero si el mes y el año: Junio
de 2004. Vi la vida, en la mirada
de una chica. Todo empezó por la mañana, decidimos irnos a pasar un día en la
playa. A mí me encantaba pasear orilla
de la playa. Pasear en la
orilla de la playa me parecía una experiencia muy relajante. Paseando orilla de la playa, mi mirada se dirigía hacía las
explosivas rubias que también paseaban acompañadas de sus amigas o amigos. Me
encantaba reflexionar cuando las olas del mar acariciaban mis pies. Le dije a mi
chica que tardaría un poco en volver, por que me recorrí toda la playa. Cuando
paseaba, reflexioné sobre si alguna persona, en la historia de la humanidad,
había muerto sabiendo lo que es verdaderamente la vida. De repente mi mirada,
que se dirigía hacía las explosivas mujeres, se dirigió hacía el mar. Pensé
de convencer a mí chica de hacerlo en el agua. Llegué a donde estaba ella,
ella estaba tumbada esperándome con ansiedad, al llegar a ella me tumbé a
tomar un poco el sol, la brisa soplaba con mas y más fuerza y la sensación
empezaba a ser muy agradable. Después, al poco rato, empezamos a conversar, fue
una conversación muy fluida, nuestras almas estaban en conexión, y también
nuestros corazones, cada vez me encontraba mas cómodo con ella. En la
conversación le dije a mi chica que tenía la sensación de que ya ha había
pasado eso, como si ya lo hubiera vivido. La brisa soplaba con más y más
fuerza… Nos
tumbamos a tomar el sol, de repente, mientras dormía, sentado en la arena de la
playa, empecé a escuchar una voz. Era el de los refrescos y el agua, le dije
que se acercara, le pedí una botella de agua. Tenía mucha sed…era como si la
brisa del mar nos llevara a los dos mar adentro. Decidimos
darnos un chapuzón, ella no sabía nadar, luego la cogí y nos fuimos muy
adentro, donde nadie nos viera. Antes de empezar a hacer el amor , salieron dos
lágrimas divinas de mis ojos… cuando volvimos orilla de la playa, mi chica me
comentó que había sentido algo muy especial. Regresamos
hacía el pueblo el mi automóvil, de repente, por el camino empezaban a verse
montañas, el relieve casi era una representación de mi alma, lo allanada que
era en la playa, y como todo se empezaba a fragmentar en mi conciencia, al ver
aparecer por el camino, regreso al pueblo, montañas. Me costaba distinguir y
separar y le pregunté a mi chica
que había sentido, cuando hacíamos el amor en la playa, me contestó que se lo
guardaba para ella. En el coche empecé a sentir dolor, era algo irracional. Llegamos
a su casa, nos duchamos juntos, y a continuación comimos. Los oídos, me dolían
un poco, quizás por la constante melodía de la playa. Sentí que necesitaba
dormir un poco, así que me eche una buena siesta. En la cama,
mientras dormía, todavía escuchaba la melodía de la playa, todavía
estuchaba, el ruido de las olas y de la brisa, era como una espiral, un círculo
perfecto, era como el infinito. Cuando
llegó la noche, decidimos volver a la playa, pero ahora iba a ser a la zona de
discotecas. Ella se puso un vestido negro, sus pechos estaban sueltos igual que
su pelo, una melena rubia y larga que sobrepasaba su cuello, un cuello del que
iba atado un colgante que le regalé la noche de fin de año. Yo me asomé al
balcón y miré el firmamento. Tuve otra vez esa sensación de que había vivido
ya ese momento. Cogimos el coche y fuimos otra vez a la costa en busca de
diversión. Fuimos a Alicante, era junio del 2004 y Alicante estaba en fiestas,
eran las hogueras. En el coche, cuando nos dirigíamos hacía Alicante, sentía
todavía el roce de la brisa del mar en mi cuerpo, quizás mi alma, y la de mi
chica, se estaban rozando, era algo irracional. ¿Por qué se rozaban aquel día
las almas de ella y la mía? Digo que es algo irracional, quizás no todo sea
materia, como se supone hoy en día la ciencia. Reflexiono
ahora y pienso que el instinto de personificación, es decir, el impulso a serlo
todo, es irracional, como es en el fondo el amor, irracional, y reflexiono ahora
que eso me gusta o me agrada. Pues…!Que aburrida sería la vida si todo fuera
materia! La ciencia es algo que me aburre, lo real es la humanidad, y de la
humanidad brota el arte y el amor. Un ejemplo fue, aquella estatua, - o eso
parecía- mi chica le echó una moneda, y lo que parecía una estatua empezó a
bailar, mi chica no paraba de reírse, le hizo mucha gracia. Seguimos paseando,
más adelante, en el paseo de la explanada, volví a ver otra estatua, esta vez
era un payaso, era increíble, ni se inmutaba. Le heché una moneda, y,
sigilosamente le dio una rosa a mi chica. Otra vez tuve la sensación de haber
vivido eso alguna vez. Fuimos
a pasear al puerto, nos sentemos en un banco, y ella me confesó lo que había
sentido en la playa cuando estábamos haciendo el amor. Me dijo que le había
aparecido una imagen, yo le dije que quizás esa imagen había sido la
representación de Dios. A partir de ese momento ya no tuve esa extraña sensación
de haber vivido los momentos que mis “ojos” veían. La piel se me puso de
gallina, y le di un consejo a ella, le dije que no razonara ese momento. Después
fuimos a bailar a una barraca, nos sentíamos muy sueltos, y pronto entremos en
el “alma de la fiesta”. Bailemos mucho, hasta las cuatro de la madrugada, a
esa hora decidí que debíamos irnos de allí, ella no quería pero yo le insistí.
Cogimos el coche y regresamos al pueblo. De camino al pueblo, existe un pequeño
santuario donde hay una cueva, de le llama la Cueva De San Pascual, en un
pueblecito llamado Orito. Subimos con el coche hasta la cueva, la cueva estaba
llena de ramos de flores, y dentro de unas rejas, había una estatua que
representaba a San Pascual “el Santo”. Esta vez la estatua era de verdad. A
continuación nos dirigimos hasta el coche, cogí la rosa que le había dado
“el artista” y la llene toda de pétalos de rosas y le hice nuevamente el
amor. Estábamos
los dos en el interior del coche, arriba en la cueva,
cuando empezó a soplar un viento fuertísimo, con rachas que superaban a
veces, los sesenta kilómetros por hora. Todavía recordaba, la melodía del
mar. Con lo que ese viento fortísimo me pareció como un estruendo, todo me
volvió a parecer irracional. Volví a sentir dolor en los oídos, pero esta
vez, no por la melodía del mar, sino por el ruido de ese incesante viento que
soplaba. A los pocos instantes, empezó a llover. Primero llovía con moderación,
después empezó a caer con mas y más fuerza. Fue curioso, pero aquella melodía
del mar, desapareció de mis oídos. Mientras llovía, dentro del coche, surgió
una conversación... Llegó
la hora de la despedida, cuando lleguemos a su casa los dos nos mirábamos con
cara de circunstancias, ella me dió un beso y se fue a su casa. Yo, regresé a
mi pueblo, ya que los dos vivíamos en pueblos distintos. Reflexionando,
mientras conducía regreso a mi
pueblo, pensé en aquella teoría, la del caos. Esa teoría dice; que “el
simple aleteo de una mariposa, puede provocar un huracán en el otro extremo del
mundo”. Augusto abrió la puerta de la casa. Carolina se estremeció
al verlo. Era como si todos sus huesos se estuvieran echando a reír. Empezaron
a conversar: -
Sabes, Augusto acabo de leer aquel manuscrito que escribiste, - dijo
Carolina-. -
No tengo ganas de hablar
contigo Carolina. -
¿Y por que? – dijo Carolina. -
No se... he tenido aquella desagradable sensación, no se... como si
hubiera sentido un desamor. -
¿Un desamor? ¿Cómo? De mí. Dijo Carolina. -
No hacía ti no, sino hacía todo, y es curioso por que mi corazón me ha
regalado unos momentos de felicidad en el restaurante donde he pasado la noche.
Dijo Augusto. Sabes Carolina en el fondo sigo teniendo todavía un poquito ese
problema por el cual tuve que ir a una psicóloga. -
Cual, lo de las crisis de Angustia. Dijo Carolina. -
Si sobre las crisis de Angustia. Me conoces Carolina sabes que mi religión
no es otra que soñar lo imposible, está en mi. -
Tengo una idea, que tal si hacemos un viaje, nos vamos lejos, muy lejos a
vivir una aventura. Dijo Carolina. -
Iremos a visitar el paisaje verde de la Asturias. Dijo Augusto. Carolina
y Augusto cogieron un vuelo rumbo a Asturias. Llegaron a un hotel de tres
estrellas. Subieron a sus habitaciones y lo primero que hizo Augusto es subir
las persianas de la habitación. Todos los montes y los prados que se
contemplaban en aquel pueblecito estaban repletos del color de la esperanza- el
verde-. Carolina esperaba ansiosa que su corazón le regalara otro momento de
felicidad junto a Augusto. Al
día siguiente cogieron una 4x4 de
alquiler y fueron a visitar todos los monumentos históricos que habían en el
pueblecito. Primero fueron a un santuario y después se dirigieron con el 4x4
hacía una inmensa cueva donde habían enormes escalactitas colgando sobre los
techos de la cueva. También habían enormes cascadas. Augusto se dirigió hacía
una cascada. De repente un monje se acercó hacía él, el monje era
tremendamente sabio y pronto detecto en Augusto que le estremecía el ruido de
las cascadas. El monje de dijo a Augusto que el dolor más absurdo en el cual
caemos los seres humanos es el de sentirnos solos. El monje le confesó que era
alquimista, que siempre tuvo un sueño que cumplir lo supo desde muy pequeño. Y
el sueño que quería cumplir era conquistar una montaña, una bella montaña de
unos 3000 metros de altitud que había cerca del monasterio, y que desde esa
montaña se divisaba todo el Océano Atlántico. El monje lo miró fijamente a
los ojos y le dijo que el era el elegido para subir esa montaña junto a él.
Empezaron a conversar: -Sabes
Augusto. –dijo El monje alquimista-.Veo en ti y en Carolina algo especial,
haveis escuchado el lenguaje del corazón. Te voy a contar una cosa; algo
relacionado entre el caos y el orden. El alquimista esencialmente, ordena el
caos reinante en la creación o lo que es lo mismo hacer que la materia
se purifique y se complete, regresando a la unidad originaria por medio
de la anulación de la dualidad.
-Pero no piensas que tal y como está el mundo, es indispensable la función
de la razón, es decir, distinguir y separar. –dijo Augusto-.
-Sabes una cosa, sabes por que a veces
incluso a un ser como tu, siente esa angustia
existencial. -
La verdad es que no lo se del todo bien- dijo Augusto-. -
Pues por que retuerces tus pensamientos a tu forma de ser.- dijo el
monje-. -
Si es cierto me lo dijo la psicóloga. Dijo Augusto.- -
Pero eso no te pasa por que seas malo, sino por que eres mas cerebral que
emocional. Y estoy convencido que has creado un universo de ideas. –dijo el
monje.- -
Si pero el hombre construye un universo de ideas pero vive en una choza.
–dijo Augusto.- -
Cierto Augusto. -
Sabes otra cosa Augusto. Esa montaña que vamos a escalar, representa en
esta aldea la fe. -
-¿La fe en que? -
En que las pequeñas cosas conspiran contigo para que tus sueños se
hagan realidad. Dijo el monje-.Esa es la fe del alquimista. A
la mañana siguiente comenzó a caer una copiosa nevada sobre el pueblecito en
que se hospedaban Augusto y Carolina. Augusto fue a visitar al monje, el monje
le dijo que, ver la copa de la montaña era un acto simbólico de fe. Ver como
la copa de la montaña se llena de
nieve y como los copos de derriten en un lago que había cerca de la
montaña. Al lado de la montaña había un río, el monje le dijo a Augusto que
ese era el río del pasado, por que al final nunca pasa nada. Mientras crees- le
decía el monje- y tienes fe, al final el río se lleva la sangre al mar. Ese
era el acto simbólico del río que pasaba junto a la montaña. El monje le dijo
a Augusto que verdaderamente pasa algo cuando dejas de creer. Y que también hay
que creer en la vida mas silenciosa y humilde, que era la vida que tenía el
monje por que la vida más silenciosa y humilde vale infinitamente mas que la
mayor obra de arte. El monje- el alquimista- le confesó que hay locura tanto en
las personas que sienten el existir con ansiedad, como las que quieren el no
existir, y que por eso lo había elegido
a el- a Augusto-. Augusto le dijo que si pudiera elegir entre la existencia
absoluta y el no-existir elegiría el no-existir, es decir en llevar una vida en
el anonimato, pero eso le dijo el monje tampoco es posible. Por
fin llegó le día de escalar la montaña, Augusto y el monje se abrigaron
fuertemente, ya que hacía bastante frío, y además supondrían los dos que en
la copa de la montaña- si llegaban a ella-, tendría que hacer bastante frío.
Carolina los acompañó hasta la ladera de la montaña. Les dijo a los dos que
tuvieran cuidado, mucho cuidado. Augusto y el monje alquimista empezaron a
escalar la montaña, esa aventura de escalar la montaña iba a ser un acto
rotundo de fe. Mientras subían por la montaña el monje le comentó a Augusto
que no importa que en esta vida no creas en Dios. No importa que se pierda la
tradición en el Dios de la religión católica. El monje le confesó que si no
hay reflexión sobre uno mismo, es decir, tener una idea de Dios, no hay Dios
que valga en tu vida. Augusto le dijo que la fe es algo que se consigue, es
decir, que es lucha, lucha por la vida. Mientras seguían subiendo la montaña,
el monje le contó un caso curios, fue el de un compañero de monasterio que
contrajo un cáncer. En monje le dijo a Augusto que su compañero antes de
contraer el cáncer era de los monjes del monasterio que menos fe tenía. Pero
fue luchar por vencer su enfermedad, que casi se podría decir que había
ocurrido un milagro por que la fe de su compañero había aumentado
considerablemente hasta puntos desorbitados. El monje le dijo que es curioso que
los hombres crecen ante las adversidades y reflexionan sobre las cosas de verdad
ante las adversidades. Pasaron
un par de horas y pararon a comer algo aún faltaba un largo camino hasta llegar
a la copa de la montaña, donde había un manto espeso de nieve. Al terminar de
comer se pusieron en pie y continuaron la marcha. Desde allí arriba se divisaba
un paisaje extraordinario. Cuando
quedaban pocos metros para llegar hasta la copa de la montaña, Augusto sufrió
un desfallecimiento a causa del intenso frío y por el fuerte y gélido viento
que soplaba. El monje le dijo que mirara la nieve, que mirara la montaña y
sacara fuerzas de donde no las había para llegar hasta ella. Augusto le decía
que ya no podía más y que abandonaba. Pero al final Augusto se levantó y
llegaron hasta la copa de la montaña. Desde allí se contemplaba todo el Océano
Atlántico. Estuvieron un par de horas en la copa de la montaña, desde allí
arriba el se veía el monasterio con sus enormes cascadas, empezaron a
conversar: -
¿Qué sensaciones tienes aquí arriba? Dijo el monje -
Sabes, estoy mirando las cascadas del monasterio, y tengo la sensación
de haber salido de mi abismo. Esta
aventura que hemos tenido juntos me
ha llenado bastante. Dijo Augusto. -
¡El abismo el abismo! La razón y el sentimiento son potencias que se
contradicen, flotamos en un medio vago entre el ser y la nada. Dijo el monje. -
¡Fíjate! Al fondo se ve el lago. –Augusto. -
Te voy a confesar el por que te elegí a ti para subir esta montaña tan
mítica entre los habitantes de
este pueblo. Te escogí a ti por que dudas de si vas a morir del todo. Yo pienso
que, dudar sobre si moriremos del todo es algo necesario, y por eso el abismo
entre la razón y el sentimiento. -
Pienso que ni la razón ni el sentimiento
nos dan consuelo divino de vivir, por que en el fondo de la razón existe un
odio hacia la vida y el sentimiento, es en el fondo trágico. Dijo
Augusto. El
monje Alquimista y Augusto bajaron la montaña en dirección
al monasterio. Al llegar a él Augusto fue a darse una ducha, decía que
se encontraba un poco mareado. Carolina y el monje se sentaron en un sofá y
empezaron a conversar. Llegó
la hora de la despedida Augusto y Carolina regresaban a la Romana –provincia
de Alicante-. Augusto y el monje alquimista se dieron un fuerte abrazo, cuando
se dieron el abrazo, el monje con una voz que parecía venir de otro mundo, le
dijo al oido a Augusto: -
“Es el genio de la ficción el que crea la magia- es decir el amor”-. Publicación enviada por Jorge Moleno Contactar mailto:kokemen@hotmail.com Código ISPN de la Publicación EEEZpVpFkpWMuWpohi Publicado Wednesday 25 de May de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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