Monografias | Intervención en crisis en suicidas frustradosIntervención en crisis en suicidas frustradosResumen: El suicidio frustrado es, por definición, aquel acto suicida que no conlleva la muerte del sujeto por circunstancias fortuitas, casuales, imprevistas, que si no se hubieran presentado, se habría producido necesariamente el desenlace fatal. Aunque no conlleva a la muerte, no debe considerarse como un intento de suicidio, o parasuicidio, término que se emplea en Europa como sinónimo del comportamiento autodestructivo del sujeto pero con la firme conciencia e intención de no ser mortal; es decir el individuo hace intentos de dañarse a sí mismo, sin que el objetivo final sea el de quitarse la vida.(V) El suicidio frustrado es, por
definición, aquel acto suicida que no conlleva la muerte del sujeto por
circunstancias fortuitas, casuales, imprevistas, que si no se hubieran
presentado, se habría producido necesariamente el desenlace fatal (1). Aunque
no conlleva a la muerte, no debe considerarse como un intento de suicidio, o
parasuicidio, termino que se emplea en Europa como sinónimo del comportamiento
autodestructivo del sujeto pero con la firme conciencia e intención de no ser
mortal; es decir el individuo hace intentos de dañarse a sí mismo, sin que el
objetivo final sea el de quitarse la vida. Nótese la diferencia entre esta
definición y la que se ha expuesto con antelación sobre el suicidio frustrado. Algunas investigaciones
califican al suicidio frustrado como una tentativa gravísima de
suicidio, un acto cuyas consecuencias son similares al suicidio, diferenciándose
en cuanto al resultado mortal de este último. El individuo tiene ideas de
muerte, un profundo trastorno psicopatológico, prepara su comportamiento
suicida, pero un elemento circunstancial evita su muerte. El individuo puede
presentar, como consecuencia de su conducta suicida, gravísimas heridas físicas. En otras palabras, el suicidio
frustrado es un suicidio que no se materializó por factores externos al sujeto.
Generalmente en el momento de ser descubierto y recibir los primeros auxilios,
la vida de los suicidas frustrados esta gravemente comprometida, por lo que
todos los casos requieren
hospitalización para tratamiento intensivo en el que se aplican medidas de
apoyo vital avanzado que garantizan el mantenimiento de las funciones
cardiaca y respiratoria. Por lo general, estos casos
cumplen algunas características comunes con los suicidios como pertenecer al
sexo masculino, utilización de métodos mortales, mayor psicopatología de
quienes lo realizan, mayor edad y tener una historia personal con mayor numero
de estresares crónicos que los que cometen intentos de suicidio sin peligro
inminente para la vida. Cuando el suicidio frustrado afecta a una persona joven,
generalmente el intento de autoeliminación fue realizado bajo los efectos del
alcohol, las drogas o ambos. Por las características del
suicidio frustrado, el abordaje terapéutico de la crisis suicida en la que está
inmerso el sujeto, no podrá iniciarse hasta que sea posible establecer una
adecuada comunicación, lo cual no siempre es posible por el grave daño físico
que hemos señalado con antelación que generalmente padece el individuo. El terapeuta debe entonces
entrevistar a los familiares para iniciar la conformación de un diagnostico
presuntivo del individuo lo que se intentará lograr mediante un interrogatorio
dirigido a determinar: 1. ¿Quién era esta persona
antes de cometer el suicidio frustrado? De las respuestas a esta
pregunta se pueden determinar aquellos factores que contribuyeron a la realización
del acto suicida como los siguientes: • Padecer una enfermedad
psiquiátrica previa • Tener antecedentes de
intentos de suicidio (por lo general, en estos casos los intentos suicidas
previos han sido realizados con creciente letalidad del método utilizado hasta
llegar al que utilizo para realizar el suicidio frustrado) • Tener historia de
inadaptación social, laboral y familiar • Provenir de una familia
psiquiátrica o tener familiares psiquiátricos. • Provenir de una familia de suicidas o sobrevivientes de suicidios. 2. ¿Quién es esta persona
ahora? La comparación entre las
respuestas a la pregunta precedente y a ésta puede dar más aproximación al
diagnostico del sujeto, pues mientras mayores sean las diferencias desfavorables
entre lo que una persona fue y lo que es, mayor sicopatología debe padecer. Aquí
queda incluido además, el cuadro clínico actual, es decir, los síntomas
presentados por el sujeto antes de realizar el acto suicida, los factores que
desencadenaron el suicidio frustrado , entre los que sobresalen los conflictos
de familia y pareja, las enfermedades físicas asociadas, etc. 3. ¿Qué es lo que decía o
hacia el sujeto que llamara la atención de los familiares? Con esta pregunta se trata de
descubrir las ideas distorsionadas sobre la realidad, los clásicos
“disparates” al decir de los familiares, supuestas culpas, autorreproches,
enfermedades incurables, ideas de persecución, daño o perjuicio,
quejas físicas poco creíbles, si amenazaba con el suicidio, etc. (2) (3) (4). Se deben explorar los
sentimientos de culpa de los familiares y la presencia de ideas suicidas en
alguno de ellos como parte del abordaje a los familiares de los que cometen
suicidio frustrado así como ayudar a la familia a reconocer que el suicidio
frustrado estuvo relacionado con la posible enfermedad del individuo y no con
una falla de ellos, pues está comprobado que los familiares están en peligro
de tener un comportamiento similar por diversos mecanismos, entre los que la
imitación desempeña su papel. Una vez que se pueda
entrevistar al paciente, es necesario determinar su estado mental, pues no es
infrecuente que exista amnesia para lo ocurrido, principalmente cuando se trata
de ahorcamientos incompletos y disparos de armas de fuego en la cabeza que ocasionan daños al Sistema
Nervioso Central. En tales casos se deben responder con sinceridad las preguntas
que realice el individuo con respecto a su aspecto físico (marca de surco en el
cuello debido al ahorcamiento, deformidad facial o craneal derivadas del disparo
de arma de fuego). En ocasiones para explicar tales secuelas
los pacientes esgrimen diversos argumentos que no corresponden con la realidad,
y que se trata de mecanismos de adaptación ante la nueva situación, los que no
siempre son útiles, como por ejemplo, la negación de lo ocurrido a pesar de
las explicaciones de familiares y terapeuta o bien la confabulación, atribuyéndole
otro origen a las secuelas del acto suicida, tejiendo toda una historia ficticia
al respecto, lo que denota una alteración cualitativa del proceso mnésico,
signo evidente del sufrimiento cerebral padecido. Es por ello que en esos casos
es recomendable no intentar destruir tales mecanismos por varias razones,
primera porque no dependen de la voluntad del sujeto sino del daño cerebral subyacente y segunda
porque se pueden desencadenar reacciones afectivas insospechadas, catastróficas. Si el sujeto no presenta los
trastornos del estado mental señalados y su estado permite una comunicación
adecuada con el terapeuta, en tales casos se impone completar la impresión
diagnóstica iniciada con el interrogatorio de los familiares, lo cual implica
una entrevista medica exhaustiva para detectar los síntomas y signos de
aquellas enfermedades que conllevan al suicidio frustrado con mayor frecuencia
que otras, como son las depresiones con síntomas psicóticos sean o no
congruentes con el estado de ánimo, los trastornos esquizofrénicos, el
alcoholismo y la dependencia de sustancias asociadas a otras enfermedades
mentales ( comorbilidad), trastornos de la personalidad tipo limite o
antisocial, los trastornos somáticos con merma sustancial de la calidad de vida
( dolor insoportable, falta de aire intensa la mayor parte del tiempo,
incapacidad para valerse por si mismo considerándose una carga para otros,
etc.). Es conveniente precisar el
diagnostico e imponer el tratamiento psicofarmacológico correcto ya que este es
un elemento básico en el manejo de un suicidio frustrado si se parte del
principio que ese acto suicida grave estuvo determinado por un trastorno mental
especifico que si no se trata adecuadamente el riesgo suicida no disminuirá e
incluso puede incrementarse. El abordaje acertado de un
individuo con un suicidio frustrado debe hacer mayor énfasis en el manejo terapéutico
de los síntomas psiquiátricos de la enfermedad mental que conllevó al acto
suicida que de las manifestaciones de la crisis suicida en si misma, pues estas
son secundarias a dicha condición. Además de intentar arribar al
diagnostico definitivo, se debe explorar la presencia de ideas suicidas actuales
en el sujeto, y para ello se sugieren las siguientes variantes de abordar el
tema: 1ra variante:
"Evidentemente usted no se siente bien y quisiera saber cómo ha meditado
resolver su situación actual". 2da variante: "Usted me ha
manifestado que apenas duerme y quisiera saber en qué piensa cuando eso le
ocurre, pues sé que en esos casos se idean muchas cosas". 3ra variante: "¿Y durante
este tiempo que usted se ha sentido así, ha tenido pensamientos malos?" 4ta variante: "Bien, yo
quisiera saber si en su familia alguien se ha matado, es decir, se ha suicidado
o ha intentado contra su vida" (Esperar respuesta y preguntar)."¿Cuantas
veces usted ha intentado contra su vida o lo había pensado hacer?",
"Y ahora, ¿sigue pensando matarse? 5ta variante: "¿Ha
pensado usted quitarse la vida nuevamente?" (5) Si de esta exploración se
detecta una idea suicida actual, se sugiere continuar profundizando en su
semiologia para lo cual se propone la siguiente secuencia de preguntas: I.- ¿Cómo ha pensado repetir
el intento de suicidio? Esta
pregunta intenta descubrir el método suicida. Es mayor el peligro suicida si el
método está disponible. Aunque cualquier método,
en determinadas circunstancias puede ocasionar la muerte, los llamados métodos
duros, como el ahorcamiento, el fuego, la precipitación de lugares elevados
creados por el hombre o naturales, sección de grandes vasos, y otros, son más
peligrosos II.-¿Cuándo ha pensado
suicidarse? Esta pregunta no trata de
averiguar una fecha específica para cometer suicidio sino más bien determinar
si el sujeto está poniendo las cosas en orden, haciendo testamento, dejando
notas de despedida, regalando posesiones valiosas, si espera la ocurrencia de un
hecho significativo como la ruptura de una relación valiosa, la muerte de un
ser querido, etc. Permanecer a solas es el mejor momento para cometer suicidio,
por tanto, debe estar acompañado hasta que el riesgo desaparezca. III.- ¿Dónde ha pensado
suicidarse? Mediante esta pregunta se
intenta descubrir el lugar en que se piensa realizar el acto suicida. Por lo
general los suicidios ocurren en los lugares frecuentados por el suicida,
principalmente el hogar y la escuela o casa de familiares y amigos. Los lugares
apartados y de difícil acceso, con pocas probabilidades de ser descubierto, y
los elegidos por otros suicidas, conllevan un riesgo elevado. IV.- ¿Por qué ha pensado
suicidarse? Con esta interrogante se
pretende descubrir el motivo por el cual se pretende realizar el acto suicida.
La pérdida de una relación valiosa y los conflictos familiares se sitúan
entre los más frecuentes. Los motivos nunca deben ser evaluados a través de la
experiencia del entrevistador y siempre considerarlos significativos para el
suicida. V.- ¿Para qué ha pensado
suicidarse? Al enfrentarnos a una persona que ha realizado un acto de suicidio
se debe intentar descubrir el significado del acto suicida para su manejo
psicoterapéutico. En el caso del intento de suicidio los significados pueden
ser disímiles como los deseos de mostrar a otros cuan grandes son los
problemas, como grito de ayuda o socorro, deseos de escapar de una situación
intolerable, deseo de expresar rabia, de reunirse con sus seres queridos
fallecidos, para agredir a otros, etc. Sin embargo en los sujetos que cometen un
suicidio frustrado el significado del acto suicida es el deseo de morir similar
al del suicidio consumado. Mientras más planificada sea
la idea suicida, el riesgo de cometer suicidio se incrementa considerablemente.
(6). En algunos casos puede ser conveniente pedir una mora suicida al sujeto, es
decir, invitarlo a posponer el acto de suicidio durante unas semanas, que
generalmente es el tiempo necesario para que los psicofármacos actúen
debidamente y desaparezca la ideación suicida. Si el sujeto no presenta ideas
suicidas en el momento de la entrevista se deben investigar sus opiniones con
relación a lo ocurrido, si considera que su suicidio frustrado fue un acto
correcto o no, si los motivos que le llevaron a intentar contra su vida se
modificaron o no con ese acto, si necesariamente tenia que realizar el acto
suicida que casi le cuesta la vida o si por el contrario, tenia otras
alternativas y si las tenía porque no se decidió por otras menos destructivas.
Se debe hacer énfasis que con el suicidio frustrado se ha pretendido
dar una solución definitiva en contra de su propia persona a sufrimientos y
situaciones que son temporales. Uno puede sentirse mal durante un mes, tres
meses, un año, cinco años, pero no va a sentirse mal todo el tiempo, toda la
vida. Este
abordaje intenta conocer si el individuo ha comenzado a considerar otros
mecanismos de adaptación y si la salida suicida ha sido desechada. Ante
esta situación es muy útil servir de “modelo ortopédico” a este tipo de
individuos, dándoles apoyo frecuente, ayudándoles en el análisis de sus
problemas y dificultades, facilitando la participación de ellos en la búsqueda
de soluciones en conjunto con otros familiares, compañeros de estudio o de
trabajo, con la finalidad de disminuir hasta donde sea posible los sentimientos
recurrentes de soledad tan frecuentes en las personas suicidas pues en momentos
de crisis esas alternativas están sustancialmente reducidas, y predominan los
sentimientos de autodestrucción. Es
una buena técnica de ayuda no intentar convencer al individuo que realiza un
suicidio frustrado de lo maravilloso que resulta estar vivo, de lo buena que
es la vida y otras conversaciones similares, pues ellos, precisamente, no son
capaces de pensar eso y lejos de ayudar, se pueden incrementar sus sentimientos
de ineficiencia, inutilidad, minusvalía, por sentirse incapaces de disfrutar de
los beneficios de vivir. En este sentido, es más útil precisar con detalles lo
que dicen sobre sus vidas y porqué consideran que carecen de sentido y es mejor
morir, pues la sola expresión de estas opiniones pudiera llevarles cierto
alivio, además de permitirnos conocer cómo piensan. Si
se trata de repetidores hay que analizar si la letalidad de los métodos
utilizados con anterioridad es
menor que la del ultimo acto suicida, porque ello indica que el riesgo de
suicidio se ha incrementado. Bibliografia Editorial
Imagen Grafica SA de CV. México. DF. Autor: Prof. Dr. Sergio A.
Perez Barrero Fundador de la Sección de
Suicidiologia de la Asociación Mundial de Suicidiologia Fundador de la Red Mundial de
Suicidiologia. Publicación enviada por Prof. Dr. Sergio A. Perez Barrero Contactar mailto:serper.grm@infomed.sld.cu Código ISPN de la Publicación EEEkykFEpZfIdQvMBY Publicado Monday 4 de April de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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