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Monografias | Aspectos sociales de la obesidad infantil en el CaribeAspectos sociales de la obesidad infantil en el CaribeResumen: La obesidad infantil constituye un problema de salud en los países del Caribe donde es necesario elevar la aceptación por la población en general de que esta enfermedad afecta el presente y futuro de niños y niñas por lo cual se deben identificar sus aspectos sociales para ayudar a la solución de la misma. Este trabajo se realizó para explicar la relación de la política, la economía y la sociedad con la obesidad infantil. La revisión y análisis de la bibliografía de este trabajo permitió observar que la obesidad infantil es una enfermedad que tiene como factores causales importantes aspectos políticos, económicos y sociales que constituyen un problema social con perjuicios económicos para el estado y la sociedad, que requiere de la participación activa y consciente de todos los sectores de la población para la materialización de una política que tenga como prioridad la protección de la salud y la economía de la sociedad donde se incluya la prevención de la obesidad infantil. Palabras claves: Sociedad obesidad infantil. Resumen: La
obesidad infantil constituye un problema de salud en los países del Caribe
donde es necesario elevar la aceptación por la población en general de que
esta enfermedad afecta el presente y futuro de niños y niñas por lo cual se
deben identificar sus aspectos sociales para ayudar a la solución de la misma.
Este trabajo se realizó para explicar la relación de la política, la economía
y la sociedad con la obesidad infantil. La revisión y análisis de la
bibliografía de este trabajo permitió observar que la
obesidad infantil es una enfermedad que tiene como factores causales importantes
aspectos políticos, económicos y sociales que constituyen un problema social
con perjuicios económicos para el estado y la sociedad, que requiere de la
participación activa y consciente de todos los sectores de la población para
la materialización de una política que tenga como prioridad la protección de
la salud y la economía de la sociedad donde se incluya la prevención de la
obesidad infantil. Palabras
claves: Sociedad obesidad infantil Introducción Uno
de los factores más importantes en la determinación del estado de salud de la
población es su estado nutricional1,2, el cual está en
correspondencia directa con el grado de seguridad alimentaria que poseen los
integrantes de la misma, es decir, aquel que se alcanza cuando todas las
personas tienen, en todo momento, un acceso físico y económico a suficientes
alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer debidamente sus necesidades
nutricionales y sus gustos y preferencias alimentarias a fin de llevar una vida
activa y sana3. Asimismo,
el mejor estado nutricional de una población no sólo depende de la
disponibilidad global de alimentos que posibiliten, en la práctica, cubrir sus
necesidades energético-nutrimentales, con independencia de los diversos
factores económicos, geográficos, sociales y culturales que puedan afectar de
manera negativa el acceso físico a los alimentos y la capacidad de las familias
para comprarlos o producirlos4,5,6,7. La
salud física, psicológica, mental y espiritual del ser humano está en
dependencia del entorno económico, político, social, cultural y educacional en
el cual el mismo se mueve existencialmente y en cuyo contexto desarrolla un
determinado estilo de vida, condicionado por tales
múltiples factores8. Uno
de los aspectos más importantes del estilo de vida sano de una población es el
desarrollo, a través de un proceso educativo correcto, de costumbres, hábitos
y conductas alimentarías que posibiliten, en su conjunto, lograr y mantener un
estado nutricional normal de los individuos9,10. Actualmente
se acepta que, para buscar una solución lo más adecuada posible a los
problemas alimentarios y nutricionales que afectan a la población, es necesario
identificar correctamente sus factores condicionales, concentrándose los
esfuerzos en aquellos con posibilidades de ser atendidos por la comunidad y
entre los cuales figura el educativo alimentario-nutricional, que tiene como
propósito el de aliviar los reales efectos negativos de un acceso disminuido a
los alimentos y minimizar las consecuencias que pueda tener el acceso,
desequilibrado, a fuentes de alimentación determinadas en situaciones
particulares como de libre disponibilidad y una adecuada capacidad de compra
individual11. En consecuencia con ello, las intervenciones educativas
destinadas a solucionar los problemas alimentario-nutricionales que afectan a la
población, son reconocidas hoy como un complemento esencial de las acciones
tendientes a mejorar la seguridad alimentaria familiar e individual y
representan la estrategia principal en la prevención y control de las
enfermedades crónicas no transmisibles relacionadas con la dieta sobre la base
del desarrollo y consolidación de costumbres, hábitos y conductas de
alimentación correctas9,11. Tanto
para los países de América Latina como los que integran en su conjunto al
Cuenca del Caribe, el sobrepeso y la obesidad, tanto en adultos como en niños,
ha sido un fenómeno desde el punto de vista cuantitativo que siempre ha sido
subestimado y minimizado como problema de salud pública. Ambos problemas
muestran, como sin embargo, una marcada tendencia sostenida al incremento en las
regiones geográficas referidas, a pesar de que aún en estos momentos no se
pueden contar con cifras precisas de sus prevalencias debido a la innegable
dispersión y a la marcada poca representatividad de los estudios realizados. Así
mismo, durante un largo período fueron ignorados casi por completo, las
consecuencias negativas que tienen para la salud del individuo tanto el
sobrepeso como la obesidad, sobretodo si aparece durante la infancia o la
adolescencia. Tal situación se interpretó en su momento como una realidad que
solo a largo plazo ”podía afectar el potencial de salud de la población”,
válidas solamente para otros contextos socioeconómicos y despreciable, por su
significación en comparación con otros estados de desnutrición energético
proteica y de deficiencias nutrimentales específicas asociadas con la pobreza o
la sobrealimentación observables en países con alto grado de desarrollo
socioeconómico. En
estos momentos el sobrepeso y la obesidad en el segmento infantil de la población
constituyen parte del proceso global de la llamada transición demográfica y
epidemiológica que experimentan los países de la región, una ascendencia que
a muchos ya preocupa por las implicaciones que actualmente tiene y que
seguramente tendrá sobre los índices de morbilidad y mortalidad regional.
En
relación con el sobrepeso y obesidad infantil nunca se insistirá lo
suficiente, que ambas deben ser tomadas en consideración como un signo externo
que concomita o se genera en el seno de un fenómeno de mayor envergadura y
trascendencia que es el fenómeno del desarrollo como un mal que se intensifica
cada vez más y que, al mismo tiempo concomita con otros males aún mayores. El
sobrepeso y la obesidad, y en particular la obesidad infantil, en los países de
América Latina y la Cuenca del Caribe por su magnitud, requieren de la mayor
atención posible, a nivel de estado y gobiernos, sin considerar que los mismos
se tratan de “subproductos nocivos” que caracterizan a los excesos de las
sociedades de altos ingresos económicos, de aquí que todas aquellas acciones
que se emprendan para enfrentar los efectos adversos para la salud del sobrepeso
y la obesidad deben ser, en el mayor grado posible, autóctonos por las
particularidades y peculiaridades del problema en tal región del mundo que
obliga a darle un tratamiento diferente con el propósito de reducir, tanto como
se pueda las graves consecuencias que sobre la misma puedan tener, y donde las
características propias de la sociedad, la economía y la politica deben ser
considerados. El
objetivo de este trabajo es explicar la relación existente entre factores políticos,
económicos y sociales con el desarrollo de la obesidad infantil y su
tratamiento. Desarrollo. 1.
Algunas consideraciones sobre hambre, apetito e ingesta alimentaria. En
el ser humano, los factores que intervienen en la determinación de la elección
e ingestión de los alimentos constitutivos de la dieta son múltiples y los
mismos tienen un origen fisiológico y psicológico12. El sustrato
material y funcional de tales procesos es el cerebro quien se comporta como un
gran integrador de señales de distintas naturalezas y que en definitiva
equilibra el gasto y almacenamiento de energía con la ingesta de alimentos13. La
cantidad de alimentos que ingiere el ser humano depende esencialmente
de la integración de respuestas sensitivas y cognoscitivas
del individuo y están en relación directa con el contenido energético
y nutritivo de las sustancias alimentario-nutrimentales consumidas12. En
el hombre su experiencia social y cultural actúan modificando, de manera
importante, el efecto de señales directamente relacionadas con el estado fisiológico
y metabólico. Asimismo, factores puramente psicológicos como la presencia de
otros comensales, situaciones sociales específicas, la ocasión, el acervo
cultural, las creencias religiosas y factores hedonistas contribuyen de manera
importante al desarrollo de la sensación de saciedad12,14. A
un nivel descriptivo, más simple, se plantea que cuando el organismo necesita
realmente de energía y nutrimentos las sensaciones que identifican en lo fisiológico
a la sensación de hambre aumentan su intensidad hasta que tal necesidad sea
debidamente satisfecha. Si la persona ha comido recientemente, las sensaciones
que se tendrán serán débiles, mientras que las mismas serán relativamente
fuertes y desagradables si no lo ha hecho desde algún tiempo antes13,14. La
presencia asociada de elementos cognoscitivos o de tipo sensorial que resultan
placenteros tenderá a aumentar la ingesta de alimentos y en caso contrario, ni
siquiera las señales activadoras del reflejo del hambre, resultarán lo
suficientemente fuertes como para obligar al individuo a consumir alimentos
desconocidos, desagradables o aquellos prohibidos por una creencia religiosa o
que proporcionen una visión, sabor u olor inapropiados14. Desde
el punto de vista metodológico y conceptual los términos hambre y apetito
deben ser debidamente diferenciados. Si
bien el primero no es más que la conciencia de la necesidad de ingerir
alimentos (sensación prepotente) el segundo se corresponde con el “deseo de
comer”, se asocia a los aspectos más placenteros de la elección e ingestión
de los alimentos al tiempo que puede verse muy acentuado por el hambre en sí12.
El
termino apetito se emplea con frecuencia para identificar las señales que guían
o conducen al individuo a la elección y consumo de alimentos y nutrimentos
específicos, pudiéndose expresar a través de diferentes conductas como la
elección de componentes de la dieta de una
elevada densidad energética o de aquellos que permitan la satisfacción de
necesidades de determinados nutrimentos en ese momento o a la satisfacción de
deseos hedónicos como un sabor dado12,14. A
partir del momento en que aparecen las señales de saciedad derivadas de los
factores cognoscitivos y sensoriales, las diferentes categorías químicas
alimentario-nutrimentales comienzan a generar sus propias señales
postingestivas y postabsortivas de saciedad13. En definitiva, el
volumen, la composición, la velocidad de absorción y las consiguientes
respuestas metabólicas que se desencadenan, influyen en el intervalo que marca
el comienzo de la aparición de la sensación de saciedad, mientras que la
duración de la misma y el espacio de tiempo transcurrido hasta la próxima
ingestión de alimentos dependen, en su esencia, del complejo sistema de
respuestas neuronales integrado en el subsistema nervioso central14,15. 2.
Aspectos generales geopolíticos, económicos y sociales relacionados con la
alimentación y nutrición. En
los países en vías de desarrollo y también en los considerados como, del
“primer mundo”, ricos o desarrollados, existen imágenes familiares bien
conocidas que reflejan un estado de nutrición inadecuado, cuyas consecuencias
tienen una dimensión social. Así
por ejemplo, es frecuente observar que la curiosidad no se manifiesta en los
ojos de muchos niños, que un número crecidos de ellos presentan una estatura
mucho menor que la correspondiente a la edad, que existen jovencitos sin el
aliento suficiente para espantar las moscas que pululan en las llagas de sus
rostros, que hay adultos que cruzan por las calles con una lentitud exasperante,
madres de 30 años que representan más de 60 y hombres,
mujeres, niños, jóvenes y adultos, que contienen en sus cuerpos una
excesiva cantidad de grasa que compromete, de manera importante, la calidad de
vida de los mismos. En
la actualidad se acepta que el ser humano es el factor más importante del
desarrollo y que la calidad de la existencia humana es, precisamente, la medida
última de ese desarrollo y que el más trascendente de los factores que afectan
las condiciones y el estado existencial general de los individuos es una
correcta alimentación, constituyendo el estado nutricional, individual y
poblacional, el más determinante y decisivo de todos16. La
mala nutrición, ya sea por exceso o por defecto, influye de manera desfavorable
en el desarrollo mental y físico, en la productividad y los años de una vida
laboral activa, todo lo cual repercute de manera adversa sobre el potencial económico
del hombre como ser social. Recientemente
el concepto de capital ha sido extendido a los seres humanos. El desarrollo de
esta nueva teoría fue alentado, en su esencia, por el descubrimiento de que
“es mayor el incremento en la producción nacional en comparación con el
incremento de tierras, de horas-hombre y del capital que se puede multiplicar en
forma física. Tal vez la mejor explicación para esta diferencia la constituya
la inversión en el capital humano”17. En
parecidos intentos para determinar los innegables beneficios económicos de la
inversión en la salud, el costo de la prevención de una muerte se compara con
los futuros ingresos del trabajador si hubiese vivido18. También la
inversión en el capital humano algunos la han determinado relacionándola con
las perdidas que se producirían debido a la muerte en cualquier momento
anterior a la jubilación del trabajador. Ese capital abarca la salud, los
alimentos, vestido, habitación, educación y otros gastos necesarios para
educar lo imprescindible a una persona con el objetivo de que desarrolle al máximo
su capacidad particular. Tales costos también pueden ser evaluados en comparación
con la debilidad, cuando la muerte no es precisamente un factor19.
Ya
sea que la enfermedad tenga su traducción concreta en la perdida laboral de días
laborables o en la reducción temporal o permanente de la capacidad de trabajo,
la perdida calculada en la producción, aunada al costo de la atención médica,
puede compararse con los gastos propuestos para evitar, en primer lugar, la
aparición de la enfermedad20. De
manera semejante, también se pueden comparar las ganancias que se obtendrán de
los gastos en la alimentación y mejoramiento del estado nutricional. La nutrición
mejorada, sin lugar a dudas, eleva el flujo de ganancias por encima de lo que
las mismas hubieran sido en el caso de una falta de incremento en el estado
general de bienestar, individual o colectivo, sobre todo si gracias a dicha
mejoría un trabajador ausente se reintegra a la fuerza laboral activa, se
alarga el lapso de vida laborable, se supera un decaimiento que reduce su
capacidad productiva, se logra que un niño vuelva a la escuela o mejore su
grado de comprensión o retensión de lo aprendido y cuando se permite que un
adulto asimile de manera más eficaz cualquier tipo de adiestramiento laboral o
de capacitación en ese sentido17,20. Toda
vez que el bienestar de una persona se estabiliza, los costos de alimentación y
nutrición se convierten de inmediato en gastos de sostenimiento. Así las
cosas, una mejoría en tal sentido y su mantenimiento ulterior,
puede contribuir a elevar o mantener el nivel de productividad de un
miembro activo de la fuerza laboral o puede tomar la forma de inversión, por
ejemplo, ayudar a elevar las ganancias esperadas en el transcurso de la vida
activa futura de un niño de 2 años, de aquí la incuestionable importancia y
trascendencia que tiene para el desarrollo económico de la sociedad, en un
contexto del más pleno disfrute de felicidad de sus integrantes, el hecho de
que se garantice debidamente un flujo alimentario, en cantidad
y calidad, que asegure el mejor estado nutricional posible de ésta21,22. En
resumen, la alimentación y nutrición inadecuadas no sólo representan una
consecuencia del subdesarrollo, sino también un factor que contribuye a él,
una verdadera traba de la expresión del potencial del que se puede derivar
un mejoramiento global para
toda la sociedad, un verdadero “lastre” para aquellos grupos humanos en los
cuales se ha logrado ya un desarrollo científico y tecnológico notables pero
que han puesto poca atención al cuidado debido del aspecto
alimentario-nutricional. Si no se mejora la alimentación y la nutrición en las
dos terceras partes menos favorecidas de la población mundial en estos
momentos, puede retrasarse el desarrollo de los recursos humanos y el desarrollo
de las naciones mismas, debiéndose aclarar que no sólo se trata de la calidad
de vida, sino al mismo tiempo de la calidad de las personas. A menos que los
niveles actuales de mala nutrición no sean controlados en forma notable, ello
puede representar, en un breve lapso de tiempo, un gran detrimento para el
desempeño, el aspecto, el bienestar físico y, tal vez, de la capacidad mental
de gran parte de la población mundial23.
En
estos momentos de avance galopante de la Globalización Neoliberal, para evitar
tales cicatrices se requerirán de nuevos puntos de vista e investigaciones, de
nuevas entidades organizadoras en el contexto de una nueva disciplina y, lo que
es más importante, una nueva preocupación por el problema y una nueva escala
de acción concomitante a nivel planetario. Es realmente triste disponer de la
información necesaria que justifique las asignaciones requeridas de recursos
para dar solución a la problemática alimentaria y nutricional y no implementar
las acciones correctas, al menos en una escala básica, a sabiendas que los
esfuerzos aislados siempre serán una respuesta insuficiente e inaceptable
porque este es el momento de pensar en que, a pesar de que algunos proyectos en
el campo de la alimentación y nutrición humanas consigan algunos resultados
positivos y útiles, el objetivo final debe estar dirigido mucho más allá: a
conquistar, precisamente, metas más trascendentales24,25,26. 3.
Generalidades sobre habitos alimentarios Sin
lugar a dudas, las características organolépticas de los diferentes componentes de la dieta o patrón alimentario, es decir, las
referidas al color, sabor, olor y textura de los mismos,
que los identifican según su palatabilidad e influyen en su aceptación,
intervienen, de manera importante, en el desarrollo y consolidación de
costumbres, conductas y de los llamados hábitos alimentarios27, conjuntamente con factores o
elementos bien establecidos y reconocidos como creencias y tradiciones, medio
geográfico, disponibilidad alimentaria, recursos económicos, religión,
distintivos psicológicos y pragmáticos28,29. Dichos
factores evolucionan a lo largo de los años en amplios espacios y constituyen,
precisamente, la respuesta a los nuevos estilos de vida que siempre están
acompañados de nuevos productos con los cuales se confeccionan las dietas
dirigidas a satisfacer las reales necesidades de energía y nutrimentos de cada
individuo Los
hábitos alimentarios también se relacionan muy directamente con
las variaciones de los recursos económicos de cada persona o de las
colectividades, con el contacto entre representantes de culturas alimentarias
diferentes y ello puede condicionar que los cambios experimentados por patrones
alimentarios ancestrales comiencen a ser significativos, como lo que sucedió
respecto a los hábitos anteriores y
posteriores al descubrimiento de América31,32. 4.
Aspectos importantes de la dieta normal o balanceada. En
la práctica no resulta nada fácil lograr que el ser humano adecue su dieta a
los verdaderos requerimientos de energía y nutrimentos que necesita para
mantener una estructura y función normales de las diferentes células de sus
distintos tejidos y órganos del cuerpo y, por ende, desarrollar así la
capacidad para integrar una función corporal total normal. El
atributo más valioso de la Naturaleza es la ENERGÍA.
Ella puede considerarse como la medida de la capacidad que posee un sistema para
realizar trabajo útil, en el seno del mismo o respecto a su entorno.
Así, gracias a la disponibilidad energética de los sistemas u
organismos vivientes, éstos podrán realizar una mayor o menor cantidad de
trabajo biológico, con una potencia o velocidad determinada y que les permitirá,
en definitiva, adaptarse a las condiciones cambiantes del ambiente. Desde
el punto de vista alimentario y nutricional, la necesidad más importante que
debe ser satisfecha con la dieta es la energética, condicionada la misma por el
gasto energético del individuo el cual, a su vez,
está determinado en lo fundamental por el valor de la Tasa Metabólica
de Reposo y la actividad física que éste realiza. La
necesidad energética del individuo se satisface mediante la ingestión de las
llamadas categorías químicas alimentarias energéticas o simplemente alimentos
energéticos: los carbohidratos o azúcares (de un 55 a un 60%), las grasas
neutras (de un 25 a un 30%) y las proteínas (de un 10 a un 15%) y, según ésta,
así será el resto de la composición nutrimental de la dieta ingerida,
en correspondencia con el concepto de Densidad Nutrimental o cantidad
requerida de un nutrimento en particular por cada 1000 kcal de necesidad energética. Una
dieta balanceada es aquella que provee al individuo con la energía alimentaria
y las cantidades requeridas de las diferentes categorías químicas
nutrimentales necesarias para la realización de los diferentes tipos de trabajo
biológico. Ello se logra cuando la misma resulta adecuada, suficiente, variada y
equilibrada y proporciona, al mismo tiempo, determinadas cantidades y tipos de
fibra dietética y es consumida con una frecuencia nunca menor de 6 ingestas
parciales, cada una de las cuales ha de representar, en términos energéticos,
la satisfacción de un cierto valor en porcentaje respecto a la necesidad total
de energía del sujeto (desayuno 20%, merienda matutina 10%, almuerzo 30%,
merienda vespertina 10%, comida 20%
y cena 10%). Siempre y cuando los hábitos
alimentarios del ser humano sean correctos, éste podrá lograr, en su práctica
alimentaria y nutricional, una dieta saludable, sana, normal o balanceada,
objetivo supremo de la Alimentación, Nutrición y Dietética como ciencias
particulares que realmente son. 5.
Hábitos alimentarios generales en las regiones
de centroamérica, américa del sur y la cuenca del caribe. En
el conjunto de los pequeños países centroamericanos, de la cuenca caribeña y
en la extensa área geográfica que integran las naciones sudamericanas se han
identificado, un tanto esquemáticamente, los llamados “principales factores
condicionantes de la conducta alimentaria o hábitos
alimentarios regionales”. Entre
éstos figuran las características geográficas, la disponibilidad y elección
de alimentos, la disponibilidad económica, el nivel cultural, el marco
educativo, la publicidad o “marketing”, el marco social con su alta carga de
costumbrismo, los tabúes religiosos, el marco familiar, las preferencias
alimentarias, la educación nutricional, el resultado de los estudios de salud
realizados, la infraestructura social,
las comunicaciones, la política, lo económico y los importantes aspectos
tradicionales27,28. En
América del Centro, América del Sur y el Caribe una gran parte de la población
sufre, en estos momentos, las consecuencias biológico - funcionales negativas
de la mala nutrición por defecto y otra parte importante está indudablemente
sobre alimentada, expuesta a las enfermedades debidas al exceso de alimentación,
observándose en ambos casos un sobredimensionamiento de los factores
tradicionales, míticos y simbólicos en la determinación de la comida de cada
día, con una intervención tan fuerte en las preferencias y aversiones que
manifiestan los individuos por los alimentos que han llegado a constituirse
en los elementos primordiales definitorios de las formas de preparación,
distribución y de los servicios alimentarios29. Como
en muchos otros lugares del mundo, en Centroamérica, América del Sur y el
Caribe, los hábitos alimentarios
distan mucho de aquellos que son necesarios para alcanzar, en la práctica, una
alimentación sana. La falta de conocimiento que se tiene, en general, sobre el
valor nutritivo de los alimentos es algo preocupante, lo que unido a la falta de
recursos económicos de las grandes mayorías, con la inadecuada accesibilidad a
los componentes de una dieta saludable y a una
predominante falta de disponibilidad de alimentos en los mercados hacen aún
más sombrío el panorama de bienestar y salud de la región a corto, mediano y
largo plazo27,33,34. Asimismo,
nuevas tendencias negativas relacionadas con los hábitos
alimentarios se observan cada vez con mayor frecuencia.
La distribución y el consumo de alimentos, una forma muy expresiva para
valorar el funcionamiento de la organización familiar, laboral y escolar, las
propias relaciones sociales que se generan en relación con los alimentos, no
son las más idóneas y se alejan sustancialmente de lo que deberían ser34. Algo semejante ocurre con las denominadas preferencias
alimentarias que identifican e integran a los individuos en diferentes grupos:
los de la comida basura o “junk food”; el de las comidas rápidas, integrado
principalmente por adolescentes; el grupo tentempié o “snack” de muchos
adultos; el “self service” o sírvase usted mismo, el cual ha transformado a
las personas en camarero-comensales, por tan sólo mencionar algunos35. Los
centro, sudamericanos y caribeños sufren en estos momentos las consecuencias de
una evolución notable en sus hábitos
alimentarios debido al impacto de los nuevos estilos de vida, condicionantes
de cambios drásticos en la organización familiar y también a escala social, a
lo cual se ha sumado el desarrollo de avanzadas tecnologías en el área
agroalimentaria que han puesto a disposición de los consumidores los llamados
“alimentos servicio”, especialmente concebidos para facilitar la preparación
y consumo de los mismos sin tomar en consideración, las más de las veces, los
reales valores nutritivos que deben poseer cada uno de los integrantes de la
dieta ingerida33,34. La
Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce en la actualidad que es una
necesidad para toda el área de Centroamérica, Suramérica e incluso la Cuenca
del Caribe, hacer un intenso trabajo educativo, de mejoramiento de las
condiciones generales de vida, de acceso a espacios socioeconómicos que son muy
reducidos en estos momentos, de trabajo y productivos más amplios y que, en un
contexto de mayor grado de seguridad política posibiliten, en su conjunto, el
rescate de las mejores costumbres y el cambio consecuente en los hábitos
y conductas alimentarias, de los servicios de salud primarios y secundarios que,
de continuar así, sumarán cada día más muertes, sobre todo en los primeros 5
años de vida y en la llamada “edad mayor”, a las que ya se cuentan por
decenas de millares en esa región del mundo y se pronuncia al mismo tiempo en
el sentido de que “ello sólo será posible aunando voluntades con la
participación consciente de los gobiernos y de la población en general”36,38. La
OMS, conjuntamente con otros expertos, plantea que hay que trabajar en el
sentido de lograr que las personas comprendan y pongan en práctica, tanto como
les sea posible, que tratándose de la alimentación solamente podrán
desarrollarse hábitos alimentarios
saludables en la misma medida en que se tengan conocimientos sobre el valor
nutritivo de los alimentos y su inocuidad, siempre y cuando existan los recursos
económicos requeridos para la adquisición de los mismos y haya una adecuada
disponibilidad en el mercado de éstos. No
se trata de sugerir fríamente grandes cambios en las tendencias de consumo
sino, más bien, reforzar las costumbres tradicionales de la población en su tránsito
hacia el progreso que no radica, precisamente, en un consumo excesivo de grasas,
de alimentos de origen animal como las carnes rojas, de sal, de los llamados azúcares refinados con una casi
ausencia de fibra dietética, de franco menosprecio al pescado y una marcada
desatención por los vegetales y frutas frescas, aspectos éstos
extraordinariamente frecuentes en toda las Regiones38,39,40. Cuando
los hábitos alimentarios son
inadecuados la alimentación termina siendo deficiente, con disminución de la
resistencia a las enfermedades, retraso
del crecimiento y desarrollo, con afectación de la productividad en el trabajo
y reducción del rendimiento en los estudios y en los deportes, sin olvidar que
también la alimentación excesiva y una vida sedentaria favorece la aparición
de sobrepeso, obesidad, hipertensión arterial, ateroesclerosis, diabetes y cáncer39,
lo que se pone de manifiesto, de manera evidente, en amplios sectores, de bajos
y elevados recursos económicos, en los países de Centro y Sudamérica y del
Caribe en los cuales se precisa igualmente de prácticas higiénicas correctas
en la manipulación de los alimentos38. El
alcoholismo es una práctica inadecuada que se realiza por un número cada vez más
elevado de residentes en la Región que, además de producir adicción,
determina que los consumidores de bebidas alcohólicas (y de otras drogas)
desarrollen hábitos alimentarios
inadecuados, coman a deshoras o prefieran, incluso, la bebida a la comida.
También estas personas presentan alteraciones como aumento de los
niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre, predisposición a la
obesidad y una importante disminución en el aprovechamiento biológico de
algunas vitaminas y minerales39,40. Es,
por tanto, impostergable la necesidad de promover el desarrollo de adecuados hábitos alimentarios en el ámbito de Centro y Latinoamérica y en
la Cuenca del Caribe, a pesar de todas las dificultades objetivas y subjetivas
que ello conlleve, y así alcanzar metas nutricionales que promuevan un buen
estado de salud, individual y colectivo, garante del desarrollo económico
requerido para sustentar el bienestar social más pleno. 6.
Problemas asociados con la obesidad infantil El
sobrepeso y la obesidad es un problema de salud que no es aceptado como tal por
muchos padres y autoridades sanitarias, aunque además de afectar a hombres y
mujeres, ya afecta de forma importante, a niños, niñas y adolescentes7. La
obesidad infantil es el resultado del establecimiento y mantenimiento de un
balance energético positivo en los primeros estadios de la vida del individuo,
es decir la cantidad de energía alimentaria ingerida es mayor que la utilizada
y puede deberse a particularidades metabólicas condicionadas por la estructura
genética del individuo con un máximo de eficiencia en la utilización de la
energía alimentaria, al exceso de ingestión de ese tipo de energía y un gasto
energético disminuido5. Desde
los primeros años de la vida del individuo obeso se presentan afectaciones
importantes para su salud como la disminución de la ventilación pulmonar y
alveolar, trastornos del crecimiento y desarrollo funcional a nivel de
diferentes tejidos y órganos, aumento del riesgo a desarrollar stress
oxidativo, enfermedad de Perthes, disminución de su actividad física,
afecciones osteoarticulares, disminución de la adquisición de los valores de
la masa ósea adecuados, torpeza de movimientos, lentitud, disnea de esfuerzos,
irritaciones cutáneas, poca tolerancia al calor, olor ácido o cetónico del
sudor que puede generar rechazo social, hígado graso e hipodinamia desde edades
tan tempranas como en el período anterior a los cinco años de vida12. Todos
los problemas antes señalados se mantienen y agravan con el transcurso de la
edad. En niños y niñas se presenta además apnea durante el sueño, problemas
dermatológicos, diabetes mellitos tipo II y agravamiento de la de tipo I,
aparición de hipertensión arterial, somnolencias en horarios diurnos que
interfiere el aprendizaje por dismetabolia neuronal y acidificación del líquido
cefaloraquídeo, dislipidemias, así como incremento de posibilidades de caries
dentales, entre otros25. En
los adolescentes estos problemas continúan y pueden incluso intensificarse,
manifiestándose a través de trastornos psicoemocionales con repercusión
social, hipertensión arterial como entidad mas definida, lesiones ateromatosas,
cardiopatías isquémicas, constipación y alteraciones del desarrollo puberal. En
las hembras aparece tempranamente la menarquia, en los varones
pseudohipogenitalismo y ginecomastia como trastornos asociados, que contribuyen
a alteraciones psicoemocionales en esta etapa de la vida. Pueden presentarse
infertilidad, trastornos menstruales y displasias mamarias. Se plantea que, a
nivel del tejido adiposo, precursores estrogénicos se convierten en adrogénicos
y viceversa26. También
se presenta en esta etapa de la vida hipertrofia e hiperplasia del tejido
adiposo. La distribución de la grasa en el cuerpo se define mejor y de tener
tendencias a la acumulación en la parte superior, tendrá mayores posibilidades
de afectaciones cardiovasculares. Es
posible además la presentación del síndrome metabólico X, dado por
intolerancia a la glucosa que puede llegar a diabetes mellitus,
hiperinsulinismo, hipertensión y dislipidemias25. En
los adultos estos problemas son aún mayores donde el antecedente de haber sido
obesos en etapas anteriores de sus vidas frecuentemente se asocia a la obesidad
en la adultez . La
obesidad es una epidemia que afecta a mas del 10% de la población del mundo sin
distinción de edad, sexo, etnias, situación socioeconómica, cultural o
escolar3. En años
recientes se planteaba que la obesidad se presentaba fundamentalmente en la edad
adulta y en países industrializados; pero hoy se acepta que también afecta a
las poblaciones de los países en vías de desarrollo y en países pobres, además
de que su manifestación en la edad pediátrica es alarmante. Se
reportan niveles de obesidad infantil en Estados Unidos entre 5% y 25% con mayor
prevalencia en la población de origen hispano y afronorteamericana37.
En
un estudio realizado en Aruba se detectó, en 2952 escolares que tenían entre 6
y 11 años de edad, que el 26% era obeso y entre estos el 16% presentó niveles
de tensión arterial elevados para sus edades. Otra
investigación realizada en ese país demostró que existía un 23,9% de
lipidogramas patológicos en niños aparentemente sanos. En
los estudios realizados en Aruba, al igual que en los de los investigadores de
otros países, se destacan los problemas de malos hábitos de alimentación que
son considerados como normales junto al desconocimiento del problema de la
obesidad, por lo cual lejos de aplicar medidas para combatirla se propician hábitos
y estilos de vida que la favorecen. Sociedad y obesidad infantil El
primer aspecto a considerar en la relación causal entre la sociedad y la
obesidad, que afecta a los componentes más jóvenes de su población, es la
correcta identificación y aceptación de esta enfermedad como un problema de
salud; es decir, el conocimiento sanitario correcto de la misma41. Abandonar
el concepto de que la obesidad es una manifestación de bienestar, belleza
y buena salud, es un paso obligado en el proceso de una comprensión
correcta del significado que tiene el exceso de peso corporal en niños y niñas,
con la particular importancia que esto merece42. Sólo
con los conocimientos sanitarios que señalan las afectaciones, directas e
indirectas, que causa la obesidad a la salud es posible comprender su verdadera
significación y entender sus implicaciones inmediatas y futuras. Estos
conocimientos sanitarios se pueden resumir en la expresión de que la obesidad
es el resultado de un balance energético positivo durante un tiempo prolongado
debido a una mayor ingestión de energía alimentaria que la utilizada en la
realización de todas las funciones, actividades o acciones del individuo. El
nivel educacional y cultural de la sociedad, expresado de forma individual en
cada uno de sus miembros, en los pequeños colectivos familiares o sociales que
puedan constituir o en su gran conjunto que constituye la sociedad misma, son
necesarios también para entender las causas que facilitan o generan la obesidad
infantil1. Es
un verdadero reto para una sociedad el aceptar que las facilidades de la era
moderna, que permiten condiciones materiales de transportación, recreación,
alimentación y alojamiento puedan causar problemas de salud expresados en la
obesidad infantil. Sólo con el dominio pleno de los conocimientos sanitarios es
posible entender que un aparente bienestar produce un comprometimiento de la
salud tanto en el presente como en el futuro. La
sociedad debe, además de aceptar la relación entre algunas manifestaciones de
su desarrollo y la obesidad infantil, identificar y comprender los estilos de
vida que causan estos problemas que de forma general se agrupan en mala
alimentación y sedentarismo de niños y niñas. La
mala alimentación de niños y niñas se manifiesta por el consumo, cada vez de
forma más creciente, de productos alimenticios que contienen azúcares
refinados y grasas saturadas, poca ingestión de frutas y vegetales, así como
no desayunar y realizar el consumo de grandes cantidades de alimentos en las últimas
horas del día, entre otros hábitos perjudiciales16. El
sedentarismo en los niños y niñas esta presente en la sociedad con elevada
prevalencia de obesidad infantil por la dedicación durante muchas horas a mirar
la televisión o realizar juegos con equipos electrónicos, así como la
ausencia de actividades deportivas e incluso la total sustitución de las
caminatas por el transporte automotor y las facilidades de las comunicaciones
por vías teléfonicas11.
Los
problemas de mala alimentación y sedentarismo que causan la obesidad infantil
son, por tanto, condicionados por el nivel educacional de la sociedad y este
problema de salud, a su vez, influye en la cultura de la misma. Un ejemplo de
esta afirmación lo encontramos en un país como Aruba, donde la sociedad no
tiene incorporada la percepción del riesgo para la salud que tiene la obesidad
infantil por lo cual se comporta de una forma que facilita la elevada
prevalencia que presenta esta enfermedad y exhibe, como un logro, a sus niños y
niñas con exceso de peso corporal. Los
factores socioculturales, sin lugar a dudas resultan un factor determinante de
la prevalencia de la obesidad, sin menospreciar las reconocidas influencias genéticas
en la aparición y desarrollo de la obesidad. Es
necesario hacer una justa valoración de las influencias del tipo de ocupación
y el grado de educación, en su interrelación dinámica, con la prevalencia de
la obesidad, constituyendo precisamente estos dos aspectos, factores de
importancia intercultural presentes en el contexto no solo de América Latina
sino también en la región caribeña, donde el abordaje del problema de la
obesidad infantil, desde el punto de vista de la aculturación existente en la
actualidad, constituye una posibilidad prometedora para disminuir los altos
porcentajes observados en cuanto a sobrepeso y obesidad en esta etapa de la vida
se refiere12. Economía
y obesidad infantil La
relación de la economía y la obesidad infantil se manifiesta en una sociedad
de dos formas principalmente: los aspectos económicos como causales de la
obesidad infantil y ésta, como limitante del desarrollo económico de la
sociedad en sí42. En
una sociedad, con un abastecimiento de alimentos suficientes para toda su
población, que tiene poder adquisitivo suficiente para acceder a los mismos, se
puede presentar la obesidad infantil si estas condiciones coinciden con la falta
de conocimientos o cuidados en la calidad de la alimentación de niños y niñas. En
las actuales condiciones de las comunicaciones y la comercialización
globalizadas es muy fácil que los suministros de productos alimenticios tengan
como característica frecuente la oferta atractiva de alimentos que contienen
altas concentraciones de azúcares refinados y grasas saturadas que facilitan la
obesidad, donde los principales consumidores de estos productos son precisamente
los niños y niñas. Estos
tipos de alimentos son ofertados por grandes empresas elaboradoras y
comercializadoras de alimentos llamados “chatarra” que lamentablemente han
sustituido, en gran medida, a alimentos de mayor valor nutricional como las
frutas y vegetales41. A
esta situación, marcada fundamentalmente por el desarrollo económico en su
relación con el suministro de alimentos, se unen las influencias negativas de
estilos de vida que facilitan la existencia de la obesidad infantil. La
economía de una sociedad, también influye en la aparición y desarrollo de la
obesidad infantil por los estilos de vida que imponen sus principales
actividades como son las laborales, educacionales y recreativas. El ritmo
acelerado que impone una economía desarrollada, implica frecuentemente
descuidar la alimentación de niños y niñas que dejan de desayunar, no comen
en familia y son alimentados con las llamadas comidas rápidas que tienen altos
contenidos de azúcares refinados, grasas saturadas y escaso valor antioxidante43. Estos
estilos de vida negativos, que son generados por la rapidez de la vida moderna,
también implican un elevado nivel de sedentarismo pues cada vez se realizan
menos, por niños y niñas, actividades físicas moderadas o intensas como las
caminatas al aire libre o deportivas. Con frecuencia los niños y niñas
permanecen sentados durante muchas horas dedicadas a mirar la televisión o
jugar con computadoras. Estas
condiciones económicas favorecen así la aparición y desarrollo de la obesidad
infantil que compromete, a su vez, el desarrollo económico de la sociedad por
sus efectos adversos sobre la calidad de vida y en definitiva, la disminución
del potencial productivo alargo plazo. Además
del costo a la salud de niños y niñas, que es lo más importante, el costo
económico por conceptos de asistencia médica de la obesidad infantil resulta
elevado y esto, a su vez, tendrá un efecto adverso sobre el grado de eficiencia
y eficacia de la gestión económica a escala de toda la sociedad. Estos
gastos incluyen la asistencia social directa de los enfermos durante la niñez y
los que se producirán por la atención de esos obesos en la adultez, donde los
gastos necesariamente serán mayores por la existencia de afecciones mas
complejas con una mayor probabilidad de complicaciones, estados de minusvalía y
de muertes en una etapa aún productiva de la vida. Esto ocurre respecto a
entidades, como hipertensión arterial, trastornos cardiocirculatorios, diabetes
mellitus, distintos tipos de cáncer y problemas ortopédicos, entre otros24. Así
mismo, otro aspecto económico muy importante de la obesidad infantil es el
comprometimiento de la formación de una fuerza laboral en el futuro, realmente
calificada, con desempeño y competencia reconocidas, pues se observa con
bastante frecuencia que los niños y niñas obesos disminuyen su capacidad de
aprendizaje, en la etapa de la vida que resulta indispensable alcanzar su mayor
grado de profundización y desarrollo. Política
y obesidad infantil La
política es la expresión más concentrada de la economía y ella por lo tanto,
influye de manera decisiva sobre la creación y desarrollo de la base material
de la vida social, es decir, es uno de los reflejos mas vivos de la formación
económico social. Esta refleja en su esencia, a manera de síntesis los rasgos
mas importantes, los rasgos determinantes del régimen económico social que en
su reflejo sobre la sociedad, determina el grado de desarrollo alcanzado por la
misma para ese momento histórico de su evolución. Es
necesario destacar que cada formación económico social tiene como base de
sustentación, como apoyo fundamental, un modo de producción determinado el
cual se caracteriza por la existencia de determinadas fuerzas productivas y las
inherentes relaciones de producción propias de ella. En
cualquier sociedad las fuerzas productivas no son mas que los medios de producción
creados por la mismas, sobretodo las herramientas, instrumentos o equipos de
trabajo y los hombres que los ponen en funcionamiento y producen los bienes
materiales. Así mismo, sobre la base del desarrollo alcanzado por las fuerzas
productivas, se determinan y establecen relaciones de producción específicas,
o lo que es lo mismo, relaciones económicas entre los hombres que integran la
sociedad, la que constituyen en su conjunto el llamado modo de producción, de
aquí que cada formación socio económica tenga sus relaciones de producción
que la caracterizan y distingen de otras formaciones socio económicas.
Las
orientaciones o directrices del estado o gobierno que rigen la actuación en un
país sobre un tema determinado como puede ser la salud de la población
constituyen la política de salud de esa nación y directamente relacionada con
la misma, es que deben dictarse las leyes, decretos leyes, reglamentos,
resoluciones y directrices para el encausamiento adecuado de la planificación,
organización y ejecución de las actividades correspondientes que permitan la
adquisición, producción y comercialización de aquellos productos alimenticios
dirigidos a garantizar un adecuado estado nutricional de la población,
influidas en mayor o menor grado por la base estructural económica de la
sociedad42. Estas
acciones deben acompañarse, a su vez, con la creación de las condiciones socio
económicas que permitan una correcta accesibilidad a los productos ofertados,
con la calidad requerida, en el mercado alimentario, sustentada sobre bases de
gustos y preferencias y aceptabilidad condicionadas en lo fundamental, como
consecuencias de acciones educativas en lo referentes a la alimentación y
nutrición humanas del individuo35. La
integración y desarrollo armónicos de estos aspectos debe conducir al
establecimiento de un estado de salud poblacional elevado, necesario al mismo
tiempo para garantizar un desarrollo sostenido, material y espiritual a escala
social. En
la actualidad, para muchos países, tanto en vías de desarrollo como
desarrollados, la obesidad constituye un problema de enormes proporciones y
amplios efectos adversos, no solo para la salud, sino también para la producción
de bienes materiales y de servicios, comprometedores del desarrollo y bienestar
global de la sociedad43. Se
plantea con fuerza, en la comunidad científica, que el solo hecho de combatir
la obesidad no constituye en sí mismo una solución ni para contribuir a vencer
el subdesarrollo, ni para en el contexto de los países desarrollados reducir la
carga de gastos, estatales e individuales dirigidos a la atención de la problemática
de salud generada por tales situaciones34. Se
acepta igualmente que la obesidad va mucho mas allá, tiene un alcance mucho mas
abarcador, tan amplio y de tal significación que, en determinados momentos y
lugares pueden incluso influir con fuerza, de manera negativa, tanto en el
desarrollo humano como en su productividad. Al respecto se plantea que orientar
debidamente la nutrición de la población, a punto de partida de una correcta
política de salud, desarrollada al efecto, constituye la base para el progreso
de todos los factores involucrados en la llamada “felicidad material y
espiritual del ser humano” para impulsar todas las diversas formas de producción
en el ámbito social. Últimamente
se ha estado insistiendo en que la obesidad es una causa de grandes erogaciones
monetarias para países con un producto interno bruto elevado y un potencial
debilitamiento económico para los países en vías de desarrollo, todo lo cual
pudiera mejorarse de manera significativamente importante, encausando la
alimentación y nutrición del ser humano por caminos más correctos, incluso a
punto de partida de la inversión de capital en recursos humanos dirigidos a
lograr un mejoramiento en las disponibilidades alimentarias con mayor
accesibilidad a los alimentos, de los gustos y preferencias individuales
sustentados en ofertas de productos alimentarios de mayor calidad y un trabajo
educativo alimentario nutricional consecuente28. En
pronunciamientos políticos de muchos gobiernos, se plantea que en estos
momentos, tanto por motivos económicos como educacionales, en la sociedad no se
puede obtener a escala global, la satisfacción de los requerimientos energéticos
y nutrimentales básicos para sustentar un adecuado estado de salud de todos sus
miembros. Muchos gobiernos reflejan es sus respectivas políticas trazadas al
respecto, que resulta imprescindible asegurar que la población logre una
adecuada garantía de acceso a una alimentación que le permita nutrirse
adecuadamente sino que también junto a ello debe desarrollarse una política
que garantice que los programas educativos a los distintos niveles, aseguren un
aprendizaje tal que le permitan a los individuos alimentarse lo mas
correctamente posibles, según sus posibilidades de accesibilidad a un mercado
de productos alimenticios donde prime la calidad, variedad y precios en
correspondencia con el poder adquisitivo, al menos, de un 90% o mas de la
población42. Para
estos gobiernos, que desarrollan políticas alimentarias en correspondencia con
lo referido anteriormente comienza ya a observarse un mejoramiento de los índices
de morbilidad y mortalidad de aquellas afecciones que más comprometían sus
esfuerzos en el campo de la salud pública y que mas manifestaciones adversas
tienen sobre el potencial productivo y su productividad. La
pobreza masiva o riqueza excesiva, paradójicamente no constituyen causas implícitas
de obesidad y el ataque por sí solo a ambas situaciones extremas, se ha
observado que no mejoran de manera significativamente importante o del todo, la
prevalencia de la obesidad entre las poblaciones infantiles y adolescentes.
En
la política desarrollada por los gobiernos, de un número cada vez mayor de
estados, ya se pone en evidencia de manera manifiesta, que el enfrentamiento de
la obesidad infantil específicamente como problema de salud importante para los
mismos, es cuestión de una voluntad expresada en acciones concretas de sus
diferentes organismos o partes integrantes; es decir, además de la decisión
política central a nivel de las partes responsabilizadas con la ejecución de
la misma, ha de existir un grado de concientización de manera consecuente,
interrelacionada y debidamente retroalimentada por la base social a la cual van
dirigidas las distintas acciones implementadas, para lograr detener y hacer
retroceder a ese fenómeno de salud, conocido con el nombre de obesidad, sobre
todo cuando se manifiesta en etapas tempranas de la vida. Tales
gobiernos coinciden en que sus políticas de salud en este sentido sólo tendrán
éxito con un concurso de todas las partes y, de manera protagónica los
implicados en el problema, entiéndase los obesos. Las
autoridades sanitaria implicadas en la atención directa de la obesidad infantil
deben transmitir todos los fundamentos técnicos para su prevención y disminución
a los decisores políticos y a todos los sectores de la sociedad para que
procedan consecuentemente al tener plena información del mismo. De esta forma
la política de los distintos programas tendrán mayores posibilidades de éxito
en el mejoramiento de la calidad de vida de la población. 7. Cómo combatir la obesidad infantil La
participación activa de la sociedad toda en el enfrentamiento exitoso contra la
obesidad infantil, de acuerdo con una política que tenga una base científica
actualizada, puede convertir en una aplicación práctica y real la difícil
realización de estilos de vida saludable, en niños y niñas, que mantengan de
forma sistemática un balance energético negativo. La
participación activa de niños y niñas, tanto en el incremento de la actividad
física como en la alimentación saludable, constituye un aspecto imprescindible
de la estrategia de estas acciones para prevenir o disminuir la obesidad pues sólo
así se alcanzará el éxito esperado. Para lograr este resultado los niños y
niñas deben ser educados correctamente con la transmisión de buenos mensajes y
el buen ejemplo de sus padres. La
ejecución de estas acciones se deben realizar con la participación activa de
la sociedad en la identificación de su problema en relación con la obesidad
infantil, además de proponer y participar en su solución. El
enfrentamiento exitoso contra la obesidad infantil debe incluir la realización
por la sociedad de las siguientes acciones: creación y desarrollo de una
alianza contra la obesidad; comunicación social sobre actividad física y
alimentación saludable; capacitación de maestros, padres, niños,
manipuladores y comerciantes; intervenciones para elevar el nivel de actividad física
y actividades que permiten una alimentación saludable. La
creación y desarrollo de una alianza contra la obesidad constituye la primera
de las acciones de una intervención contra la obesidad infantil, debe permitir
la incorporación y activa participación de todos los miembros de la sociedad
que pueden aportar sus esfuerzos en la disminución de esta enfermedad. Su
funcionamiento facilitará la formación y puesta en funcionamiento del resto de
las acciones de intervención. Entre
los integrantes de la alianza contra la obesidad deben participar al menos los
representantes del gobierno, autoridades de educación, maestros, autoridades de
salud pública, médicos, psicólogos, enfermeras, trabajadores sociales,
autoridades religiosas, autoridades del orden público, nutricionistas, comité
olímpico, autoridades deportivas, instructores de deportes, instructores de
bailes, instructores de actividades recreativas, líderes de la comunidad, niños
y niñas de 6 a 11 años, comerciantes, manipuladores de alimentos,
comunicadores sociales, representantes de los medios de difusión masiva y de
todo aquel que puedan ayudar de alguna forma. Todas
las actividades de esta alianza contra la obesidad deben tener como propósito
fundamentar el fomento de acciones para lograr niños y niñas más activos que
practiquen una alimentación saludable. Entre
las primeras actividades que deben realizar los miembros de la alianza contra la
obesidad se encuentra la comunicación social sobre actividad física y
alimentación saludable pues la comunidad requiere ser informada correctamente
sobre las acciones que debe realizar para lograr y mantener el peso
correspondiente a la edad, sexo y talla de sus integrantes por las implicaciones
que esto tiene para la salud de la población. Entre
las informaciones que se le deben brindar a la comunidad se encuentran las que
tienen relación con las recomendaciones sobre la realización de un determinado
nivel de actividad física, buenos hábitos alimentarios e inocuidad de los
alimentos. La
comunicación social, a través de métodos correctos y efectivos, es una de las
mejores vías para lograr que la comunidad participe en la solución de los
problemas de salud entre los cual se encuentra el de la obesidad. Además
de la comunicación social es necesaria la capacitación de maestros, padres, niños,
manipuladores y comerciantes. Para contribuir a disminuir y
evitar el sobrepeso y la obesidad en una población es necesario el concurso de
varios líderes de la comunidad, entre los que se encuentran los maestros. El
papel de los maestros en la comunicación de conocimientos que contribuyan a la
formación de personas más activas y que tengan buenos hábitos de alimentación
es muy importante por su efecto directo en los niños, además de influir en la
conducta de los padres. Los
maestros requieren una capacitación sobre alimentación y nutrición, y
actividad física para cumplir correctamente la función de instruir a sus
alumnos y elevar los conocimientos de los padres en estos temas con el propósito
de que todos participen en mejorar sus estilos de vida. Los
padres tienen el deber de contribuir a que sus hijos sean activos y saludables
de acuerdo con una correcta alimentación para lo cual necesitan los
conocimientos que le permitan lograr esos propósitos. Asistir
a una capacitación impartida por los maestros de sus hijos sobre estos temas le
permite a los padres obtener las mejores informaciones e interactuar con los que
junto a ellos tienen mayor participación en la formación de los niños. Adquirir
los conocimientos sobre estos temas debe llevar a los padres a mejorar ellos
mismos sus estilos de vida para influir con los ejemplos de sus actuaciones en
la correcta educación de sus hijos, pues ellos realizarán más y mejor lo que
ven hacer que lo que les dicen que hagan. La
prevención y disminución de la obesidad sólo es posible con la participación
consciente de quienes pueden padecerla. En el caso de los niños,
independientemente de las posibilidades que les permite la edad, se requiere de
los conocimientos y del aprovechamiento de las oportunidades que brinda la etapa
de la vida en que se encuentran, para formar personas activas y saludables. La
capacitación de los maestros y padres permitirán la capacitación de los niños
por la participación de ambos como educadores y buenos ejemplos, pues aunque
los maestros enseñan en la escuela corresponde a los padres apoyar esa enseñanza
y estimular sus buenos efectos. Ambos tendrán la responsabilidad de comportarse
correctamente ante alumnos e hijos para demostrar así, el valor e importancia
de los buenos estilos de vida. La
capacitación de los manipuladores se justifica en estas intervenciones por el
hecho de que la alimentación tiene, entre sus requerimientos, la preparación
de los alimentos por personas con los conocimientos necesarios para elaborar
productos alimenticios saludables, para lo cual deben conocer las características
de los alimentos de acuerdo con su composición y las medidas necesarias para
garantizar la protección sanitaria de los mismos. Los
comerciantes también requieren ser instruidos para lograr que en la
comercialización de alimentos sea considerada la promoción y consumo de
alimentos saludables e inocuos de la población a través de su protección
sanitaria, así como el incremento de las ofertas de productos que por su
composición facilitan una alimentación más saludable. La
capacitación desarrollada permitirá, con la participación activa de la
comunidad, realizar actividades que promuevan la alimentación saludable entre
las que se pueden incluir un conjunto de acciones para aumentar el desayuno por
niños y niñas, así como la sustitución de alimentos con elevadas
concentraciones de azúcares refinados por frutas y vegetales, entre otras
acciones para mejorar la alimentación y crear buenos hábitos alimentarios. El
otro grupo de acciones para combatir la obesidad son las que tienen relación
con el incremento de las actividades físicas moderadas e intensas. La
calidad de las actividades físicas depende del tiempo, intensidad y frecuencia
de su ejecución. Para
lograr una población saludable se deben alcanzar elevados niveles de actividad
física que eviten el sedentarismo y las afectaciones de la salud que este
implica como el sobre peso y la obesidad. Estas
acciones deben ser realizadas de manera sistemática y regular con los niños
para mejorar su salud actual y promover una mejor calidad de vida en su futuro. Estas
acciones son para lograr que los niños sean mas activos y por tanto puedan ser
mas saludables, disfrutar mas de la vida y mejorar la calidad de la misma. La
ejecución de estas acciones requiere de la aceptación y participación activa
de múltiples sectores de la comunidad como educación, salud, autoridades
locales, activistas, autoridades religiosas, comerciantes, gobernantes, medios
de difusión masiva, comunicadores y otros que puedan ayudar a su éxito. Conclusiones La
obesidad infantil es una enfermedad que tiene como factores causales importantes
aspectos políticos, económicos y sociales. Las
afectaciones de la salud causadas por la obesidad infantil constituyen un
problema social con perjuicios económicos para el estado y la sociedad. Por
su naturaleza multifactorial el tratamiento de la obesidad requiere de la
participación activa y consciente de todos los sectores de la población. La
aplicación de un programa de intervención contra la obesidad infantil necesita
de la materialización de una política que tenga como prioridad la protección
de la salud y la economía de la sociedad. Referencias
bibliográficas Autores: Dr.
Richard Visser* Dr.
Troadio González** Dr.
Angel Caballero** *
Director del Visser Wellness and Research Center de Aruba **
Doctor en Ciencias Médicas. Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos
de Cuba Datos
del autor principal: El
Dr. Richard Visser es Director del Visser Wellness and Research Center de Aruba,
realiza investigaciones en el campo de la obesidad infantil y desarrolla
actividades científicas con el propósito de identificar el comportamiento de
esta enfermedad para aplicar acciones preventivas de la misma y de promoción de
salud en relación con estilos de vida saludables. Publicación enviada por Dr. Richard Visser, Dr. Troadio González y Dr. Angel Caballero Contactar mailto:angelc@infomed.sld.cu Código ISPN de la Publicación EEElVkZVyuYbrFaYrr Publicado Saturday 11 de June de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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