Monografias | Un homenaje a Emilio Fermín Mignone Intenso y lúcido protagonista,…. y privilegiado testigo del siglo XXUn homenaje a Emilio Fermín Mignone Intenso y lúcido protagonista,…. y privilegiado testigo del siglo XXResumen: Ha transcurrido un poco más de seis años desde que este vecino lujanense nos abandonara, aunque sólo físicamente, un 21 de diciembre de 1998. Abogado, especializado en derecho público, ciencia política, política educativa y científico-tecnológica, historia contemporánea, derechos humanos, y relaciones entre religión y sociedad, sus 76 años de vida han resultado de un protagonismo inusual y -al mismo tiempo- intensos como ha ocurrido con pocos hijos de Luján.(V) “Ha
sufrido duramente, con su familia, los
dolores más fuertes que
se puedan haber sufrido en nuestro país. Su
dolor lo convirtió en obligación de lucha. Lo
comprendió así y
nada le impidió continuar su docencia cívica, con
las formas y características que
para él eran las más indicadas para
el bien de la sociedad de
la que es miembro”[1]
Ha transcurrido un poco más de seis años desde que este vecino
lujanense nos abandonara, aunque sólo físicamente, un 21 de diciembre de 1998.
Abogado, especializado en derecho público, ciencia política, política
educativa y científico-tecnológica, historia contemporánea, derechos humanos,
y relaciones entre religión y sociedad, sus 76 años de vida han resultado de
un protagonismo inusual y -al mismo tiempo- intensos como ha ocurrido con pocos
hijos de Luján. Además de las repercusiones periodísticas de su amplia
trayectoria y actividad pública, quedan -de su pluma, tan concisa, aguda y
amena- firmes testimonios documentales como numerosos libros, folletos, artículos,
minutas y ensayos, además de videos y cintas grabados.
1. Derechos humanos e iglesia.
Más de una vez he leído y escuchado opiniones y/o versiones absurdas y
disparatadas las que -en una apretada generalización- dan cuenta algunas acerca
de la izquierdista ideología de
nuestro evocado; otras refiriendo que “Mignone
fue uno de los que ‘hizo’ la noche de los bastones largos”; para
culminar leyendo a Hebe Pastor de Bonafini (referente de un sector de “Madres
de Plaza de Mayo”) sostener que “Emilio
Mignone era Estados Unidos, el Buenos Aires Herald” y vinculándolo con la
“banca Rockefeller”[2]
Atípico comienzo para un
recordatorio, que pretende otorgar al lector -especialmente a quien no conoció
a nuestro protagonista- una suerte de espontánea impresión acerca de la
inquieta y rica personalidad de quien fuera Emilio Fermín Mignone, nacido el 23
de julio de 1922 en Luján, Buenos Aires, en el seno de lo que sería una muy
numerosa y ahora más que centenaria familia. Testimonio de un católico practicante. En su libro “Iglesia
y dictadura. El papel de la iglesia a la luz de sus relaciones con el régimen
militar” (Ediciones del Pensamiento Nacional, 1986) -y en muchísimas
otras publicaciones y reportajes- Mignone dejó riguroso testimonio de las
relaciones de la Iglesia católica con el poder político ejercido entre 1976 y
1983, puntualmente juzgadas desde la óptica de la debida y pastoral defensa de
la vida humana y del respeto a los demás derechos fundamentales.
No menos importantes resultan sus análisis y propuestas sobre los vínculos
entre la iglesia y el Estado, la educación confesional, el vicariato castrense,
la siempre polémica -y por muchos desconocida- cuestión del financiamiento y
sostén del culto, etc. Todo ello fundado en sólidos argumentos
constitucionales, canónicos e históricos (en virtud de ello, llega a sugerir,
en una eventual reforma constitucional -la oportunidad fue en 1994- la
reconsideración de la interrelación “iglesia-cultos-estado”). Así,
Mignone nos refiere “la prevalencia a lo largo del tiempo de una actitud de subordinación
con respecto al estado por parte del cuerpo episcopal y en menor medida del
clero y las organizaciones católicas. Esa impronta, pese al proceso de
secularización de la sociedad a partir de la década del sesenta, mantiene su
vigencia en el imaginario colectivo, en el seno de la sociedad y en las
posiciones de gobernantes y prelados”[3].
Egresado con el mejor promedio del colegio de los
Hermanos Maristas (Instituto Ntra. Sra. de Luján), en 1940 (como figura en los
boletines del alumnado), los lectores maduros recordarán seguramente su
posterior rol de dirigente del movimiento juvenil católico. Por entonces,
integró grupos de trabajo apostólicos notables, “capaz de llenar estadios en el Congreso de la Juventud (1946) y
prolongar acciones formativo-educativas en un periodismo juvenil de avanzada,
como el de Antorcha, del que fue su primer director” (Alfredo M. Van
Gelderen, 1993). Entre otras cosas, en nuestra ciudad, fue el primer
prosecretario, quien redactó los estatutos y quien tramitó la personería de
la legendaria “Fundación Ateneo de la
Juventud Lujanense”, que posee la magnífica sede en 9 de Julio y Las
Heras, y en cuyo seno se promovieran tantas actividades en favor de la juventud)[4]. Herencia institucional para la defensa de los
derechos del futuro. A partir de la dictadura iniciada en 1976, merece
destacarse (en conjunto con otros abogados, como Augusto Conte, Boris Pasik y
Alfredo Galetti) la creación (1979) y -lo más importante- la supervivencia, la
proyección y la extensión del campo de acción del Centro de Estudios Legales
y Sociales (CELS), cuya presidencia ejerció hasta su muerte. Sin dudas, Emilio
Mignone fue “la figura central del
movimiento por los derechos humanos”[5],
y su pionera -y muchas veces dificultosa y cuando no arriesgada- labor inicial
está hoy a la vista y con creces. La prestigiosa organización no gubernamental
cuenta hoy con una dirección ejecutiva, diversas áreas (desarrollo
institucional, litigio y defensa legal, documentación y archivos, y comunicación),
variados programas (memoria y lucha contra la impunidad del terrorismo de
Estado, violencia institucional y seguridad ciudadana, derechos económicos,
sociales y culturales, y justicia democrática), un equipo de asistencia en
salud mental y un proyecto de educación para la ciudadanía. Integra, además,
disímiles organizaciones internacionales de juristas y tutelares de los
derechos humanos, y reconoce el apoyo de diversas fundaciones, universidades y
asociaciones internacionales. Ello ocurre en nuestro país, donde -lamentablemente-
cierta pretendida dirigencia ha procurado y aún procura -sin suerte mucha,
otra, sin convicción- construir y fundar instituciones políticas, sociales,
vecinales, culturales, etc. Es la que observamos moverse solamente con afanes de
figuración o al ritmo de las urnas, demostrando la incapacidad de construir
ideas-fuerza o instituciones más o menos perdurables, sobreviviendo a las
personas, y con posibilidades de proyección -desindividualizadas- hacia el futuro. Mignone avizoró, con la brillantez de un hombre de
estado, que el movimiento de derechos humanos –por intermedio de la acción de
organizaciones serias, pluralistas, democráticas y no fundamentalistas o hiperideologizadas-
terminaría ganando la batalla de “la
verdad y la justicia”. La realidad le da la razón, cada día, con el
avance de los procesos judiciales procurando evitar la impunidad. Como bien se
ha dicho, Augusto Conte y Mignone (aliados pioneros en la fundación del CELS)
conviertieron la ingenuidad que se reprochaban “en
un programa de acción, con el propósito de que algún día las instituciones
merecieran la confianza que habían depositado en ellas, para cambiarlas y
ponerlas a la altura de sus mentes limpias y sus corazones nobles”
(Horacio Verbitsky, 2004).
2. Educación y política universitaria.
Con sólo 27 años, conduce políticamente la enseñanza oficial bonaerense
(1948-1952), con éxitos indiscutibles, acompañando la eficaz gestión de
Domingo A. Mercante-Julio C. Avanza. Promovió desde dicha función la
modernización de la legislación y fijó pautas para la transfomación. Entre
1962 y 1967 se desempeñó como consultor-experto en educación en la Organización
de Estados Americanos, con residencia en Washington.
Vuelto al país, entre 1968 y 1971 ejerce la función de subsecretario de
Educación de la Nación -bajo la dictadura de Juan C. Onganía- probando
nuevamente idoneidad y capacidad de gestión en la función pública. A
propósito de lo controvertido del caso, recuerdo un diálogo generado en medio
de un almuerzo televisivo a fines de los ’80 o al principiar la década del
’90. “Dr. Mignone,... Ud. se
arrepiente de haber participado -como funcionario- de un gobierno de facto?”,
pregunta la actriz y conductora; a lo que nuestro convecino contesta: “No
me arrepiento,... me hago una autocrítica,... que no es lo mismo”. El
hecho me dio la pauta de que Mignone se haría siempre cargo de lo que había
sido y de lo que había hecho...., lo que no es poco, y contrasta con algunas
otras actitudes -por cierto distintas- de otras personas públicas. Conozco
otros ex funcionarios de facto, que desempeñaron luego funciones electivas al
llegar la democracia, pero que han suprimido de su curriculum vitae oscuros períodos
vergonzantes -como una ex subsecretaria del orden nacional y lujanense- aún
cuando en el país algunos recién comenzaban a “descubrir errores” e -incrédulos los más- “los horrores” de la última dictadura. En junio de 1973 fue designado rector-normalizador de
la Universidad Nacional de Luján por el ex presidente de la Nación, Héctor J.
Cámpora, donde ejerce dicha función –no sin dificultades, propias de la época-
hasta la interrupción constitucional de 1976. Cuenta muy bien la historia de
Luján y su alta casa de estudios, en la obra que la misma institución le
encarga, recién en 1992, dando un visionario panorama sobre la problemática
universitaria el que se proyecta adecuadamente hasta avanzada la década del
’90. Sobre esto último -y revistiendo plena actualidad-
escribe Mignone: “Si persiste la política
estatal en virtud de la cual las universidades nacionales recibirán del estado
un subsidio y, en el uso integral de su autonomía, podrán distribuirlo
libremente, hay que utilizar sin titubeos esa facultad para conseguir los
efectos deseados. Y por cierto, procurar formas adicionales de financiamiento,
tanto externas como provenientes de la misma comunidad universitaria. Para ello
hay que eliminar los tabúes que constituyen una constante perniciosa de la política
educativa argentina”[6].
Al respecto, siempre comentaba que la mayoría de los dirigentes universitarios
(correligionarios míos, los más) -que tanto invocaban e invocan aún, en las
discusiones presupuestarias y/o sobre la autonomía- el “Manifiesto
de la reforma universitaria”, de 1918, interpretaban erróneamente dicho
texto y procuraban lo que el documento nunca sostuvo. Nunca abandonará el ámbito educativo (fue, en
varias oportunidades, el candidato del justicialismo
universitario al rectorado de la importante Universidad de Buenos Aires),
dedicándose hacia el final de su vida -casi con exclusividad- a la cuestión
universitaria y a la enseñanza superior. Ejerce distintas funciones académicas
en diversos escenarios, públicos y privados, y de organizaciones
internacionales. Participa en los debates acerca de la legislación federal
educativa y de la educación superior, habiéndose incorporado antes a la
Academia Nacional de Educación (1993), hasta que la muerte lo encuentra en la
estratégica y muy reconocida presidencia de la imprescindible comisión
nacional de evaluación y acreditación universitaria -CONEAU- al final de 1998.
El rol estatal en la evaluación y acreditación universitarias. Refiriéndose
al desafío de la calidad, la pertinencia, la eficiencia y la equidad de
la educación, sostenía nuestro evocado que “uno de los riesgos que corre el país es el de caer en un sistema
educativo dual, particularmente en el nivel superior, con la existencia de una
formación supuestamente de excelencia -y digo supuestamente porque mientras no
exista un mecanismo de evaluación objetivo, externo y transparente, nadie está
en condiciones de garantizar nada- en establecimientos particulares destinados a
los pudientes, donde la calidad se mediría por el costo de la matrícula; y de
otra de segunda, tercera o cuarta categoría para el resto de la población.
Esto conduciría -continúa- al desarrollo de una sociedad antidemocrática; sería suicida para
la Nación por cuanto la inteligencia no está distribuida solamente entre los
ricos; y contraría nuestra tradición histórica, fundada en la posibilidad de
acceso a la universidad de todas las clases sociales”[7].
Este acertado y lúcido diagnóstico ratifica el necesario control de la
autoridad pública en la materia; eso mismo que el propio Mignone comenzó a
hacer desde la conducción fundante de la CONEAU. Bajo su liderazgo (explicaba que procuraba -y lograba
casi siempre- el consenso en las decisiones de importancia), la Comisión “fue
ganando el respeto de la comunidad universitaria gracias a la severidad con que
se juzgó a los proyectos de creación de universidades poniendo freno a una década
donde la ausencia de sólidos controles permitió el aumento de universidades de
irregulares condiciones “[8].
3. La realidad nacional y la política.
Harto conocida resulta la filiación peronista de nuestro convecino, sólo
resquebrajada ante el manifiesto y violento enfrentamiento entre las autoridades
públicas y la Iglesia Católica (1953-1955) y -quizá- ante la normalización
institucional de 1983. En dicha oportunidad, el candidato presidencial del
justicialismo (Italo A. Luder) se manifestó a favor de la denominada ley
de autoamnistía -dictada en las postrimerías del régimen militar- ante el
mayoritario rechazo de varios partidos políticos; entre ellos, la luego
triunfante Unión Cívica Radical con Raúl Alfonsín a la cabeza. Hacia noviembre de 1972, acompañó -como tantos y
famosos militantes- el regreso al país del ex presidente Juan Domingo Perón,
luego de su exilio de 17 años, viajando en el Giuseppe
Verdi de Alitalia. “Sin que ellos lo
supieran, viajaban en el charter todos los presidentes peronistas del siglo XX:
además de Perón, Héctor Cámpora, Raúl Lastiri, Isabel Perón y Carlos Menem”[9].
El periodismo de opinión y de tribuna no le fue
ajeno: fundó y dirigió en su ciudad natal La
Voz de Luján aunque de corta vida (resulta interesante recorrer algunas páginas
y contenidos que resultan pioneros en materia de derechos fundamentales y su
reconocimiento y protección internacional), en 1956. Luego, su carácter de
colaborador y columnista en distintos medios y revistas, como el diario Página
12 (en plena ultima dictadura, 1982, aguardaba con ansiedad su columna en La Voz -que dirigía Vicente L. Saadi, luego titular del
Justicialismo en el orden nacional- para informarme y leer opiniones que
desafiaran aquel monocorde discurso de la información oficial). Las responsabilidades públicas desempeñadas
-prematuras algunas, como hemos visto-, su protagonismo en muchas decisiones y,
especialmente, su calificada óptica (dada su excelente formación) sobre
problemas y soluciones, convirtieron a Mignone en crítico y agudo observador de
la realidad argentina. Como resulta lógico, con la madurez alcanzada con la
edad, las experiencias que dejan los hechos vividos, los sufrimientos y dolores,
su opinión fue creciendo en quilates. Su palabra, con el tiempo, se jerarquizó
y resultó aún más valorada fuere quien fuere el destinatario.
Michael Shifter escribe que -llegado a la Argentina varias veces, a
partir de 1987- optaba por principiar y culminar su labor con entrevista previa
y final con nuestro protagonista: “En nuestra primera conversación,
Emilio no solamente me explicó lo que decían las leyes (se refiere a las
denominadas “de punto final” y de “obediencia debida”),
sino que me las puso en perspectiva y me aclaró su importancia. Lo hizo
juiciosa y brillantemente, sin mostrar ningún atisbo de sus propios intereses o
de rencor. De alguna manera, y aparentemente sin esfuerzo, encontró el balance
adecuado entre los principios morales, de un lado, y las consideraciones pragmáticas,
del otro....
No
sólo quería comenzar mi trabajo hablando con quien tenía la más lúcida,
ilustrada y confiable interpretación de lo que ocurría en ese país, sino que
quería, además, tener la oportunidad, antes de irme, de cotejar mis
impresiones de lo que había percibido y de escuchar lo que él pensaba. Hablar
con Emilio -continúa-
era mi forma de buscar que mis apreciaciones estén intelectual y moralmente
centradas. Nunca me decepcionó”[10].
Respecto a la actitud de la dirigencia política con relación a las
peores secuelas de la dictadura 1976-1983, el evocado sostenía que “la
clase política se encontró en general alejada del movimiento por los derechos
humanos en los años más álgidos de la represión. Era difícil obtener
representantes oficiosos en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. El
único interés de la mayoría de los dirigentes partidarios se centraba en la
posibilidad del llamado a elecciones y estaban convencidos que esto
era sólo posible negociando con los militares”.
A mediados de los ’80, el ahora senador Rodolfo H. Terragno, escribía:
“Emilio Mignone estremece a quien lo oye narrar ahora el tránsito de la
incredulidad al asombro:
‘Hasta hace unos meses, casi todos
mis vecinos pensaban que yo estaba loco, o que era un mentiroso. Desde que me
dejaron aparecer por primera vez en televisión, hay gente que me abraza en la
calle y, con lágrimas en los ojos, me dice: ¡Dios mío! ¡Usted tenía razón!”
(Memorias del Presente. Edit. Legasa, 1987).
Sobre la reforma constitucional de 1994 y el consenso del Pacto de Olivos, Mignone escribió, a manera de balance:
“Muchas
de esas objeciones provienen de una ignorante o interesada idealización del
pasado y una falta de esperanza en el porvenir. Ni los constituyentes de 1853,
de 1860, o de 1957 fueron todos eminentes constitucionalistas, como ahora se
pretendía, ni entre los 305 representantes de 1994 faltaban personalidades
cultivadas en esa disciplina. En 1853 el más conspicuo inspirador de su texto,
Juan Bautista Alberdi, estaba en Europa y no integró la convención..... El
tiempo, que permite advertir los resultados de las acciones de los hombres, dirá
si tuvieron o no razón. Y nos enseñará si los protagonistas de este episodio
fueron o no por una motivación patriótica, sin perjuicio de la salvaguardia de
sus intereses políticos concretos, porque ello es un ingrediente inseparable de
la naturaleza humana”[11].
4. Impresiones. Conocí
personalmente a Mignone en febrero de 1982, seguramente mucho más tarde que un
buen número de lectores de este recordatorio, y en especial, de vecinos
lujanenses. Fue en ocasión en que cursaba (junto a su sobrino y querido amigo,
Luis Alberto Mignone) el ingreso a derecho en la Universidad de Buenos Aires.
Recuerdo también aspectos y las repercusiones periodísticas de su arbitraria
detención -un año antes- previo allanamiento a la sede del CELS y a su
domicilio (de donde la Policía Federal se llevó documentación y papeles,
folletos y libros), por orden de un juez federal[12].
No eran momentos fáciles; ni para Mignone -que tenazmente buscaba a su
desaparecida hija Mónica, como tantos familiares de detenidos-desaparecidos- ni
para el país, sumergido en una grave crisis moral, política, social y económica.
Lo cierto es que, en pocos días, el objetivo panorama argentino cambió
radicalmente: la ocupación irracional y la derrota posterior en Malvinas -con
sus consecuencias institucionales- que derivaría luego en la normalización
democrática de 1983. Cuando podíamos, asistíamos al departamento de Avda.
Santa Fe al 2900, y no costaba mucho ver lucir las paredes con las amenazantes
leyendas del estilo: “Mignone.. te va a
pasar lo mismo que a tu hija”, o de similar contenido. Cuando no estaba
ocupado (muy pocas veces), siempre algún intercambio de palabras, o la pregunta
típica de Emilio: “Y qué opinan de
esto,... o aquello -política, casi siempre- dos jóvenes alfonsinistas como ustedes ?”, aludiendo así a
nuestra militancia partidaria juvenil en el centenario partido. Pero lo cierto
es que Mónica no apareció -como tantos miles- y toda la conocida historia
hasta esta parte. El 5 de septiembre de 1998, Emilio Fermín Mignone
ilustró a los lujanenses con una atípica, rica y curiosa conferencia sobre la
historia del lugar (cuyos ejes fueron las personalidades y las acciones de Ana
de Matos, Juan de Lezica y Torrezuri, el R. P. Jorge M. Salvaire y Enrique
Udaondo). Lo invitaron los amigos del
Museo histórico para celebrar
-junto a otros disertantes de renombre- el 75° aniversario del complejo. Poco
tiempo después, la desaparición física. Varios lugares públicos lo recuerdan: en nuestra
ciudad, en distintos puntos del país y del exterior. Un fallo de la Suprema
Corte federal (del año 2002)[13]
lleva su nombre (por la modalidad de la carátula judicial, aunque accionara
representando al CELS): se trata de una acción de amparo que procuró y logró “garantizar
el derecho de sufragio (Art. 37 de la C. N.) de las personas detenidas sin
condena en todos los establecimientos penitenciarios de la Nación, en
condiciones de igualdad con el resto de los ciudadanos”. Todo un símbolo. “....
Puso el servicio humanitario por encima de pasiones políticas y jamás dejó de
lado sus ideales de justicia y de libertad, que impulsó en la época más
sangrienta de la Argentina.... Por su trayectoria en la lucha por los derechos
humanos bajo regímenes dictatoriales, es un ejemplo para todos aquellos quienes
de alguna manera hemos enfrentado situaciones similares” Roberto Cuéllar M. director ejecutivo Instituto
Interamericano de Derechos Humanos San José, Costa Rica,
agosto de 2001 Luján, enero de 2005.-
Notas y bibliograf
[1]
Alfredo M. van GELDEREN. Presentación y palabras de bienvenida en
acto de incorporación -como miembro académico- a la Academia Nacional
de Educación, 4 de octubre de 1993. [2]
Reportaje en 1988 / Asociación Madres de Plaza de Mayo. Sitio
web www.madres.org.ar. [3]
“Dictadura e iglesia en Quilmes. Contexto para una investigación”. Revista
de Ciencias Sociales (Papeles de Investigación. Publicaciones). Universidad
Nacional de Quilmes, 1996, (en sitio web www.argiropolis.com.ar
/documentos/investigacion/publicaciones). [4]
Recuerdo vivamente testimonios relatados, en Luján, por Héctor “Pelito”
Calzetta (presidente, muchos años, de la institución), Andrés J. “Tito”
Casset, Arturo Monteiro y Carlos A. Mignone. [5]
Horacio VERBITSKY. “El legado de Mignone”. Diario “Página 12”. 9 de
noviembre de 2004. Ver también sitio web del Cels (www.cels.org.ar
) [6]
“Universidad Nacional de Luján. Origen y evolución”. Secretaría de
Bienestar y Extensión Universitaria / UNLu. Editorial UNLu, 1992. [7]
Academia Nacional de Educación. “Educación en los años ’90: el desafío
de la calidad, la pertinencia, la eficiencia y la equidad”, en el tomo
“Reflexiones para la acción educativa”. Incorporaciones, presentaciones y
patronos, 1993-1994. Buenos Aires,1995. [8]
“Mignone, acompañado por figuras de reconocida trayectoria académica, debió
soportar durante ese tiempo las presiones ejercidas por legisladores de los
partidos mayoritarios en favor de algunas instituciones”, en EDUCYT. “Los
nuevos pasos de la Coneau” (en sitio web www.fcen.uba.ar,
1999. [9]
Homenaje a la Militancia Peronista (en sitio web www.causapopular.com.ar),
2004 [10]
Organización de Estados Americanos. Discurso homenaje ante su fallecimiento,
Washington, 1999. [11]
“Constitución de la Nación Argentina, 1994. Manual de la reforma”.
Editorial Ruy Díaz, 1995 [12]
El procedimiento, absurdo, privó
de la libertad a los detenidos durante varios días, se hizo invocando “la
Seguridad del Estado” y estudiando “la vinculación de los procesados con
determinados movimientos subversivos de proyección internacional”, hecho que
originó reacciones e irónicos comentarios dada las personalidades de los
detenidos. [13]
CSJN. Fallo (3ra. Instancia) en “Mignone, Emilio Fermín s/ promueve acción
de amparo”, 9 de abril de 2002; que declaró la inconstitucionalidad del
inciso d) del Art. 3 del Código Nacional Electoral, con fundamento en la
Constitución reformada y en los tratados internacionales de jerarquía
constitucional (según ese mismo texto de 1994). Autor: Publicación enviada por Néstor Fabián Migueliz Contactar mailto:nfmigueliz@hotmail.com Código ISPN de la Publicación EEEpVAylpEQDzXAsDE Publicado Friday 11 de March de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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