Monografias | Conociendo la violencia de género: un viaje al centro de la visión femenina cubanaConociendo la violencia de género: un viaje al centro de la visión femenina cubanaResumen: La perspectiva de género es indispensable para interpretar la violencia de género, y su impacto como un problema social y de salud. Esta es un fenómeno antiguo asociado con la desigual distribución de las relaciones de poder según los sexos. Su enfoque desde la perspectiva de la violencia contra la mujer (violencia de genero), ha motivado un incremento del esfuerzo para eliminarlo, promulgándose leyes que defienden los derechos de la mujer. Este trabajo trata de identificar el nivel de conocimiento en diferentes generaciones de mujeres sobre la violencia de género empleando el paradigma cualitativo de investigación. Se utilizó la técnica de grupo focal con una muestra de mujeres de mayores de 13 años del CM 57-45 del Policlínico “Carlos J. Finlay”, municipio Marianao, en el año 2003. Palabras claves: violencia, género, estereotipos, mujer. RESUMEN La
perspectiva de género es indispensable para interpretar la violencia de género,
y su impacto como un problema social y de salud. Esta es un fenómeno antiguo
asociado con la desigual distribución de las relaciones de poder según los
sexos. Su enfoque desde la perspectiva de la violencia contra la mujer
(violencia de genero), ha motivado un incremento del esfuerzo para eliminarlo,
promulgándose leyes que defienden los derechos de la mujer. Este trabajo trata
de identificar el nivel de conocimiento en diferentes generaciones de mujeres
sobre la violencia de género empleando el paradigma cualitativo de investigación.
Se utilizó la técnica de grupo focal con una muestra de mujeres de mayores de
13 años del CM 57-45 del Policlínico
“Carlos J. Finlay”, municipio Marianao, en el año 2003. Se confeccionó una
guía semiestructurada de preguntas, para recoger información en relación con
los objetivos trazados. Se constató que las mujeres reconocían fácilmente
formas de violencia evidentes como la sexual y física, no sucediendo así con
formas sutiles como la psicológica. Se reconoce por los grupos que la violencia
puede ocurrir en cualquier espacio social. Se concluyo que existen criterios
diferentes sobre la violencia en cada grupo de edades, matizados por
estereotipos de genero, donde el hombre siempre será sujeto y la mujer objeto
de violencia. Se detectó que persiste un desconocimiento integral en cuanto a
formas de la violencia, siendo identificadas las más explícitas. Se recomienda
incluir en el Análisis de la Situación de Salud el aspecto de la violencia de
género. Palabras
claves: violencia, género, estereotipos, mujer. INTRODUCCIÓN La
perspectiva de género constituye una herramienta de trabajo indispensable para
interpretar la realidad en salud y profundizar en el fenómeno de la violencia
de género, sus consecuencias e impacto como un problema social y de salud. Para
comprender su utilidad es necesario explicar que la categoría género se
refiere a las implicaciones sociales y simbólicas del
supuesto "deber ser" para ambos sexos,
y comprender y pensar las relaciones entre ellos como sistemas que tienen
ventajas y desventajas en el ordenamiento social (1). Género
podría asumirse, entonces, como la red de rasgos de personalidad, actitudes,
sentimientos, valores, conductas y actividades que, a través de un proceso de
construcción social, diferencia a los hombres de las mujeres (2). En
el género encontramos la respuesta a “quién soy”, “cómo soy”, “cómo
me siento” y “cómo tengo que actuar”. Esta organización íntima, psicológica,
subjetiva del ser mujer o varón, se construye también en el proceso de
socialización/ educación y como resultado de asumir modelos de los géneros
que se trasmiten (“deber ser”), y se aceptan a priori. Nuestro
movimiento a través de diferentes grupos, - la familia, la escuela, los grupos
de pares y las diferentes instituciones del entramado social – también
modelan lo que significa la masculinidad y feminidad que cada cultura pondera,
donde aprendemos usos, costumbres, valores, pautas, normas y símbolos que
configuran lo femenino y lo masculino. Lo
femenino se relaciona con lo afectivo y con lo concerniente a la reproducción.
Por ello las cualidades que se le asocian son la ternura, la dulzura, el
sacrificio, la maternidad, la contención emocional de los otros, la
inteligencia en términos prácticos. Todas estas, cualidades que apuntan a la
docilidad y la subordinación y posibilitan
el accionar de las mujeres en el mundo doméstico
garante de la reproducción
social y en muchas ocasiones la aceptación de la violencia como algo “natural
e intrínseco” al ser mujer. Por
otra parte, lo masculino se asocia al mundo instrumental y el espacio de la
producción en términos de productividad, provisión y sostén económico por
lo que la socialización de los varones se dirige más hacia la independencia y
hacia el afuera, la competencia, la fuerza, el valor y el control de otros
varones y de las mujeres en particular, lo que explicaría la violencia de género. “La
identidad femenina construida desde un ser de otros y en la responsabilidad por
el cuidado de los otros lleva a las
mujeres a sobre-exigencias en la actuación de roles de cuidado y sostén de los
otros y con ello a un mayor desgaste y estrés emocional”(1). Esta
subjetivación femenina produce olvidos y ceguera ante situaciones de la vida
que consideran “naturales” producto de una socialización
encaminada a lograr la subordinación y el silencio. Muchas mujeres no
pueden identificar el fenómeno de la violencia en sus vidas ni tampoco evaluar
el impacto de la misma en su salud física y mental y menos aún trabajar en pos
de protegerse o enmendar la situación sufrida. La
violencia es un fenómeno de características universales en su proyección
espacio-temporal, cuyos protagonistas sociales le imprimen formas diferentes de
evidenciarse según sea el contexto historico-social en el cual se manifiesta y
desarrolla. Esto, sin dudas, implica el abordaje de su estudio atendiendo a
dichas peculiaridades. (3) La
violencia es una forma de ejercicio del poder mediante el empleo de la fuerza
(ya sea física, psicológica, económica, política, etc.) e implica la
existencia de un “arriba “ y un “abajo”, reales o simbólicos, que
adoptan habitualmente la forma de roles complementarios: padre-hijo,
hombre-mujer, maestro-alumno, patrón-empleado, joven-viejo, etc. Este
trabajo está dirigido a estudiar dentro de las diferentes formas de violencia,
la violencia de género, entendiendo la misma como todo acto de violencia hacia
las mujeres tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico,
sexual, psicológico para las mismas, inclusive las amenazas de tales actos,
coacción o la privación arbitraria de libertad y de los derechos de las
mujeres, tanto si se produce en la vida pública como en la privada, puede
incluir la manipulación económica.(4) La
violencia de género puede tener diferentes formas de expresión, por ejemplo, violencia
física, violencia psicológica, violencia sexual. (5) El
enfoque de este tema desde la perspectiva de la violencia ejercida contra la
mujer, entendido como violencia de género, es algo que podría considerarse
novedoso. Hasta hace unas décadas se consideraba que no era un problema y mucho
menos con una repercusión tan amplia en cuanto a edades, culturas y razas,
incluso era asumida como cuestión privada de la familia. Afortunadamente en los
últimos años se ha evidenciado un giro positivo en el pensamiento sobre este
tema al que actualmente se le considera un asunto de salud pública. (6,7) Datos
estadísticos y estudios internacionales recogen la enorme magnitud del fenómeno
de la violencia hacia las mujeres, y ha provocado que organismos internacionales
como las Naciones Unidas la hayan definido y la reconozcan como un problema que
afecta a individuos, familias, comunidades y países. (6, 8,9) Hechos
históricos que avalan lo anterior fueron la primera aprobación de una resolución
contra la violencia de género en Noviembre de 1985 en la Asamblea General de
las Naciones Unidas, el reconocimiento en la Conferencia de Viena del año 1993
por primera vez en la historia, de la violencia contra la mujer como una violación
flagrante de los derechos humanos. En 1996 la Asamblea General de la OMS definió
la violencia de género como una prioridad de salud pública. Asimismo,
a escala regional, la OPS ha mantenido un papel activo en esta contienda,
auspiciando proyectos sub-regionales como los de 1994 en Centroamérica y de
1995 en la región andina, para prevenir combatir y erradicar la violencia
contra la mujer. (10- 12) El
estudio de este tema ha sido bastante profuso en los últimos años,
particularmente en los Estados Unidos y Europa, y en similar
medida en nuestro contexto latinoamericano. De los primeros se destaca el
enfoque relacionado con las implicaciones de la emigración por motivos económicos
de una gran masa de mujeres que en busca de una mejoría a su situación en su
país de origen, encuentran que profundizan en su condición de víctimas. Ya no
será solamente por ser mujeres, sino también por la condición sobreañadida
de inmigrantes, en muchos casos ilegales, que las conmina a buscar trabajos poco
remunerados y en el peor de los casos a caer en las redes de la prostitución,
del consumo de sustancias ilegales, el tráfico de órganos y la trata de
blancas. (13-18) En
Latinoamérica, donde la problemática de la violencia contra la mujer es
omnipresente en casi todas las
esferas de la vida de las mismas, se han desarrollado estudios muy profundos
donde se han determinado las peculiaridades del fenómeno en el continente. Uno
de los más abarcadores estuvo dirigido a precisar la secuencia de decisiones
tomadas y acciones ejecutadas por las mujeres afectadas que fueron objeto de
estudio, para enfrentar la situación de violencia que sufrían, así como las
respuestas encontradas en su búsqueda de ayuda.
(1, 10, 11, 19) Según
lo encontrado por Ortíz, “de 649 mujeres maltratadas solo el 26.7% se percibía
como objeto de agresión y 241 que eran maltratadas severamente; algo más de la
mitad (53.9%) estaba consciente de ello. (…)la mayoría de las mujeres no se
percibía a si mismas como objeto de maltrato aunque su compañero le gritara,
amenazara, coaccionara, la golpeara u obligara a tener relaciones sexuales.”
En Costa Rica, un estudio que abarcó el periodo comprendido entre 1990 y 1998
reveló que un promedio de 2.8 mujeres al mes fueron asesinadas por sus esposos,
ex-esposos, compañeros o novios. (20, 21) En
nuestro país algunos autores plantean que los cambios sociales han acarreado un
grupo importante de leyes que han beneficiado a la mujer. La entrada de la
perspectiva de género como herramienta teórica ha posibilitado que un grupo de
investigadoras (es) haya comenzado a identificar este fenómeno.
Sin embargo, estos mismos autores reconocen que muchas veces los cambios
en la sociedad van más rápidos que los cambios en las ideas y en el
pensamiento de los implicados en las relaciones de género. (22, 23) Otros
estudios exploratorios realizados a lo largo de todo el país han mostrado que
persisten criterios sexistas en la educación de los niños y niñas. Que muchas
veces se desconoce en la pareja que se está viviendo en una situación de
violencia, cuyas formas de manifestarse también son desconocidas, incluso por
profesionales de los sectores de salud y educación. (24) Si
bien es cierto que la importancia del estudio del fenómeno de la violencia de género
es indiscutible, existen dudas de cómo
se aborda el estudio del mismo. Uno de los aspectos que más se valoran son los
referidos a la ética de la investigación desarrollada, puesto que es difícil
superar el obstáculo que presuponen los estereotipos y prejuicios sociales.
Pero una vez superados, la seguridad de las víctimas que deciden contar sus
experiencias y la de los propios investigadores que se disponen a explorar este
tema tan complejo justifica el abordaje bajo preceptos no asociados a otros
tipos de investigaciones. Así,
encontramos autores que defienden la metodología basada en las técnicas
cualitativas porque se enmarcan en un contexto de espacio-tiempo preciso. Pero más
importante aún es el hecho de que en el marco de la misma se le da “voz y
palabra” y escucha, a las personas, en nuestro caso las mujeres. Desde este
punto de vista metodológico es
importante quien habla, a quien habla, para quien habla, con quien y con que
propósito. Esto
permite una mejor aprehensión de las dinámicas particulares de la experiencia
humana, de los procesos vividos y de la construcción de las representaciones
sociales. Por otra parte, en la investigación cualitativa la opinión de los
investigadores no se distancia irremediablemente de la de los sujetos
participantes. Por el contrario, se entrelazan armónicamente en el proceso de
obtención y análisis de datos de vital importancia en la comprensión del
problema. Esto significa que él o la investigadora no son asépticos, que
tienen un compromiso en la revelación del problema. Aquí se revela una
diferencia esencial de las investigaciones de corte cualitativo respecto a las
investigaciones cuantitativas, en las que aquellas (os) devuelven o ayudan a
partir de la interpretación del problema que trae la mujer o el grupo de
mujeres.(11, 25, 26) En
virtud de lo expresado con anterioridad, y basándonos en supuestos originados
de nuestra experiencia laboral y compromiso profesional, nos propusimos estudiar
la violencia de género, para conocer las interioridades especificas de
la visión de un grupo de mujeres en nuestra área de salud en relación con
dicho fenómeno. Para ello nos propusimos identificar el nivel de conocimiento
en diferentes generaciones de mujeres sobre la violencia de género. Este
fue un estudio de tipo descriptivo con un enfoque metodológico cualitativo,
empleando la técnica de grupo focal. Se utilizó la técnica
de “la bola de nieve” para determinar el número final de mujeres que
participaron, dadas las características del estudio, empleando el criterio de
“saturación” que implicó considerar hasta cuando se obtuvo información
relevante de cada grupo de edades, dejándose entonces de añadir nuevos
subgrupos en cada grupo de edades. Universo:
Las personas del sexo femenino del área de salud correspondiente al consultorio
médico 57-45, del Policlinico Docente: “Carlos J. Finlay” del Municipio
Marianao. Muestra:
53 mujeres mayores de 13 años de edad. Criterios
de inclusión: Criterios
de exclusión: Selección
de la muestra: Se tomaron las fichas familiares y se seleccionaron
del total de población femenina aquellas cuya edad estaba comprendida en
el rango descrito. Se realizó una visita a las casas por parte de una enfermera
y la doctora coordinadora del estudio, para conocer su voluntariedad a
participar en las entrevistas, dejándoseles saber que serian citadas de ser
necesario. Se
dividieron en tres grupos siendo el primero las comprendidas entre los 13 y los
17 años, el segundo, las comprendidas entre los 30 y los 45 años y finalmente
otro grupo con las comprendidas entre las mayores de 65 años de edad. Esta
división tuvo como premisa la obtención de grupos donde existiesen diferencias
generacionales a partir de su ubicación en diferentes etapas del ciclo vital
(adolescencia, edad reproductiva, tercera edad) Así,
las adolescentes del primer grupo pudieran considerarse inmaduras desde un punto
de vista psicobiológico, están en una etapa de búsqueda de identidad
personal, de autonomía e independencia con respecto a la familia. A la vez, las
relaciones y vínculos con el grupo de iguales cobran mayor importancia. Por su
parte el grupo de las adultas jóvenes está en plena etapa fértil dentro de su
ciclo vital reproductivo. Pero más aún, presentan criterios significativos
como la adquisición del status de edad y roles propios como el matrimonio, la
maternidad, la vida laboral, entre otros. Finalmente, el grupo de las adultas
mayores contempla el hecho de que comienzan a disminuir las obligaciones con los
hijos y de algunas de las tareas domésticas, mientras que desde un enfoque biológico
están en una etapa de modificación franca de sus funciones en la esfera
sexual, mediado por el desarrollo del climaterio, que no implica para nada un
aislamiento y/o retroceso de su proceso de desarrollo como ser humano. Todo lo
anterior pudiera justificar el desarrollo
de sentimiento generacionales bien definidos donde sus experiencias del fenómeno
de la violencia pudieran expresarse con matices diferenciales. Las
mujeres citadas fueron seleccionadas al azar, utilizando para ello una tabla de
números aleatorios, en subgrupos de entre 5 a 8 por cada grupo de edades. En
total fueron dos subgrupos para el primer grupo de edades (n=15), otros dos para
el segundo grupo de edades (n=17) y tres subgrupos para el tercer grupo de
edades (n=21). Se les informó todo lo pertinente en cuanto a su participación
en la investigación, dándoles seguridad con relación al anonimato y la
confidencialidad de la información obtenida.
Las
entrevistas se realizaron en el consultorio médico en el horario de la tarde de
los fines de semana, garantizando de este modo la privacidad necesaria para este
trabajo y evitando la interferencia de personas ajenas a la investigación. La
duración de cada entrevista fluctuó entre hora y media y dos horas para todos
los subgrupos, estando presente la coordinadora del estudio cuya función estuvo
enmarcada en guiar y controlar el flujo de la entrevista y un observador (un médico
con conocimientos del protocolo de trabajo y de la metodología cualitativa) que
se dedico a anotar los datos escritos y a manipular el equipo de grabación. La
entrevista comenzó con las preguntas según la guía de entrevista
semiestructurada utilizada para lo cual se instruyó a las participantes en
responder una cada vez. En los casos en que existieron dificultades con la
comprensión de lo que se quería explorar, se les aclaró oportunamente,
verificando el entendimiento del tema. Las respuestas fueron grabadas en una
radio-grabadora comercial marca PHILIPS usando casetes marca LG. Por otra parte,
el observador fue anotando dichas respuestas en un cuaderno de apuntes, para lo
cual fue instruido en relación con la recogida de información estrictamente
relacionada con la guía. Esta recogida de información simultánea permitió un
análisis más exhaustivo de los datos recopilados. En
el análisis de los datos se tuvo en cuenta la separación de los mismos según
las unidades temáticas relacionadas con las preguntas de la guía, así como la
eliminación de información no ajustada a dichas temáticas por irrelevantes
según el objetivo de la investigación. Este último aspecto fue tenido en
cuenta desde el momento de las entrevistas y durante el resto del proceso de análisis
y discusión de la información ofrecida por las informantes tal y como
establece la metodología cualitativa. (27) GUIA
PARA ENTREVISTA SEMIESTRUCTURADA PARA GRUPO FOCAL 1.
¿Qué se entiende por violencia? 2.
¿Cuáles son los tipos de violencia que Uds. conocen? 3.
¿En que lugares Uds. consideran que se produce con mayor frecuencia
situaciones de violencia? DISCUSIÓN
DE LOS RESULTADOS Una
de las primeras evidencias que justificaron nuestras sospechas de cuan difícil
resulta para la mujer cubana tratar el tema de la violencia, la tuvimos en cada
una de las entrevistas cuando se lanzaba la primera pregunta explorando sus
enfoques del concepto de violencia y algunas de las que iniciaban la conversación
(y otras más cuando se les pidió su opinión) comenzaban negando la presencia
de este fenómeno en su contexto familiar. Frases como “…no es que a mí me
suceda, pero he visto que…” o “…bueno… esto no ha pasado en mi casa,
pero sé que a veces…” repetidas con mayor o menor énfasis por las
participantes reflejan una notable concordancia con lo planteado por otros
autores, en relación con las “barreras” que contribuyen al silencio que
rodea a la violencia de género. (28, 29) Por
otra parte, existen referencias donde se destaca el reconocimiento de dicha
problemática con una elevada frecuencia por parte de las participantes en otros
estudios. Estas diferencias con relación a lo encontrado por nosotros pudieran
estar vinculadas a la metodología empleada, pues resulta mucho más difícil
revelar información de este tipo en una entrevista grupal frente a un grupo de
vecinas y dirigida por la doctora que usualmente trabaja para ellas, lo que
pudiera generarles cierta desconfianza, que en cuestionarios anónimos. Es de
destacar como el hecho de conversar abiertamente sobre un tema del que
cualquiera de ellas pudiera ser víctima real o potencial, consciente o
inconscientemente, implica la intromisión en la vida privada de ellas y
enfrentar obstáculos socialmente aceptados desde varios siglos atrás y del
cual nuestra sociedad, desafortunadamente, no está exenta.(11, 15, 21, 30) En
virtud de atenernos a reflejar lo planteado por las participantes de la manera más
cercana a la realidad de sus palabras, consideramos prudente analizar las dos
primeras preguntas imbricadas. En principio a nosotros nos parecían preguntas
estrechamente vinculadas entre sí. Posteriormente confirmamos nuestra apreciación
al observar que las entrevistadas empezaban
a exponer sus criterios al respecto de una forma implícitamente conexa. De
hecho, al plantear intencionalmente la segunda pregunta en relación con los
tipos de violencia que conocían, muchas reflejaban en su rostro una expresión
de duda. Las menos, inmediatamente apuntaron que ya había sido respondida. Esto
ameritaría varios análisis, pero más que nada nos interesa discutir como
nuestras mujeres enfocan el problema de la violencia con mayor o menor
conocimiento de contenido conceptual, pero en general con una clara percepción
en cuanto a los tipos de violencia más severos como las formas físicas y
sexual, mientras que tipos más sutiles como la psicológica, en su forma de
expresión social y/o económica no eran usualmente identificadas, como ha sido
reflejado por otros investigadores. Constituye
un hecho documentado, la presencia de una representación diferencial por géneros
en cuanto al tema de la violencia.(31, 32) Sin embargo, a pesar de
ser evidente, existen pocas referencias respecto a las diferencias
generacionales con relación al mismo. Las respuestas encontradas para la
primera interrogante que se refiere a lo que entienden por violencia, revelan
una incipiente diferencia que se hace palpable cuando escuchamos a las
adolescentes destacar que la asumen vinculada a la situación del “…padre
que golpea a los niños…”, que incluso tiene matices como cuando dicen que
“…los padrastros tienden a ser más violentos con los que no son sus hijos
mientras son más permisivos con sus hijos
…” o cuando revelan que “…los niños se fajan entre ellos y
contra las hembras…”. A estos señalamientos que vinculan
inmediatamente con la violencia física
habría que sumar la percepción que tempranamente tienen de que esta se expresa
cuando “…un hombre le pega a una mujer…”. En el caso de la oposición de
los padres a que los hijos salgan a la calle podemos pensar que a pesar de haber
sido dicha la frase de manera genérica, este referida mas bien en relación con
las adolescentes. El hecho de existir en nuestro país una sociedad patriarcal
implica el pensar a la mujer/niña en un espacio social diferente al del
hombre/niño donde como apuntamos antes en la justificación teórica de nuestro
estudio, a las primeras les corresponde el ámbito domestico preponderantemente.
Una doble interpretación del fenómeno conlleva a entender como las
adolescentes se ven violentadas en sus intereses sociales de relacionarse con su
grupo de afinidad. (22, 24) Otras
formas usuales de entender el fenómeno, esta vez dentro del ámbito de la
esfera sexual, lo reflejan en el hecho de “…las niñas pequeñas que son
violadas…”, o que se obligue a la adolescente a tener relaciones sexuales en
una relación de pareja impuesta por la familia. En relación con la primera se
verifica durante la entrevista su conexión temporal con hechos violentos de
este tipo que han ocurrido en el contexto social y cuyo conocimiento fue
obtenido por transmisión oral o por los medios masivos de comunicación, todo
lo cual conlleva a un incremento de sentimientos de desprecio hacia el
victimario que se revela en el tono de la voz y la expresión facial cuando es
comentado. Es interesante señalar que la segunda forma en que expresaron este
tipo de violencia no se relaciona con otros tipos de violencia con los que
pudiera solaparse, en especial la psicológica, manifestada por ellas en las
amenazas empleadas para obligar a la adolescente a mantener la relación, lo
cual se hace evidente cuando escuchamos que “…a veces las madres obligan a
sus hijas a casarse sin amor por un hombre que no les gusta, con el que tuvieron
sexo por tenerlo, y tienen miedo a la represalia de la madre…”. Finalmente,
en este grupo, aunque en menor cuantía, también fueron expresadas
manifestaciones económicas de la violencia psicológica cuando revelaban que
“…que se explotan a los hijos mayores obligándolos a trabajar en casa…”
y que “…hay padres tacaños que no quieren que los hijos salgan a la
calle…”. Estas formas sin embargo fueron expresadas más abiertamente en
contraposición a las primeras que se discutieron,
evidenciando que a pesar de ser igualmente rechazadas, su implicación
emocional es menos dañina. (10) En
el grupo de mujeres adultas jóvenes la primera evidencia de diferencia con
respecto al grupo anterior la encontramos cuando expresan en primera instancia y
con notoria unanimidad la presencia de la violencia sexual cuando “…la mujer
no tiene ganas de tener relaciones con el esposo y este se impone por la
fuerza…”. Es precisamente el empleo de términos como ‘’esposo’’ y
‘’marido’’ en la discusión de los temas, lo que le da una connotación
de particularidad al enfoque propio y esperado para este grupo de edades, con
una evidente carga de información implícita, a pesar de cumplirse lo antes
planteado con relación a la falta de aceptación del fenómeno en su ámbito
familiar (o por lo menos las formas más severas de la violencia de género).
Sin embargo, una vez más se constata lagunas en el conocimiento de las
particularidades de este tipo de violencia al no encontrarnos señalamientos de
que estas relaciones sexuales forzadas dentro de la relación de pareja
constituyen una expresión de violación. La
violencia física también fue destacada como fenómeno frecuente
en la vida de la mujer en formas de ‘’…los golpes
que reciben las mujeres…’’ con la peculiaridad de que a diferencia
de lo que pudiera sospecharse esto se observa tanto dentro de la relación de
pareja como cuando este vinculo se rompe por parte de la mujer en busca de un
cambio en su vida, lo que manifestaron al contar que ‘’…a veces cuando la
mujer se separa del esposo y comienza otra relación, el primer esposo la
violenta físicamente…’’. Igualmente se escucharon frases como
‘’…para montarse a la guagua estamos en desventaja física…’’, lo
que refleja una vez más la diferencia de género en cuanto a la violencia por
ser la mujer más vulnerable en una situación de violencia interpersonal,
existiendo una desigualdad de poder en su relación con los hombres. (33,
34) Finalmente,
la violencia psicológica expresada por ‘’…los gritos y agresividad de
palabra que reciben…’’ fue señalada aunque con una menor carga expresiva
por parte de algunas de las participantes, y en algunos casos entremezclada con
otras expresiones de violencia antes discutidas. Las manifestaciones sociales de
la misma fueron igualmente destacadas cuando referían que ‘’…el hombre no
quiere que la mujer trabaje en la calle para complacerlo a el…’’,
‘’…cuando llego del trabajo la comida no esta hecha…’’ o que
‘’…el marido piensa que siempre tiene la razón…’’. Para abundar en
la relevancia de esta, apuntaron que en la telenovela cubana de turno “A pesar
de todo”, transmitida en el verano del 2003, se manifiesta que ‘’…la
mujer es la que tiene que ponerle los botones que le faltan a la camisa del
marido…’’, lo cual deja un mensaje implícito de cuan profundas son las
diferencias de género y su aparente aceptación social. Dentro
de este acápite resulta interesante un enfoque que desdichadamente fue poco
discutido por las participantes de este grupo y que se refiere
a que ‘’…la mujer sufre violencia por estar obligada por la
sociedad a vivir en un ambiente que
no es el que quisieran para educar a sus hijos…’’. En primer lugar, salta
inmediatamente a la vista la implicación generacional al hacer evidente la
responsabilidad que asumen estas mujeres del grupo de adultas jóvenes en relación
con la educación de sus hijos. Por otra parte, es de notar como relacionan las
dificultades económicas por la que atraviesa nuestra sociedad con las
expresiones de violencia de género. Esta situación ha sido reflejada
fundamentalmente en estudios de otros países, donde se destaca que los
problemas económico-sociales a menudo inciden con toda su fuerza en la mujer
que es en definitiva quien asume la mayor responsabilidad de la economía doméstica.
(9, 12, 18, 19, 35) Es
interesante notar como este tipo de abuso no motivó intervenciones mas
profundas y generalizadas por parte de las participantes. Las implicaciones de
dicho hallazgo serán ampliamente discutidas más adelante, en relación con la
otra pregunta de la guía, que sumadas al análisis inicial de la información
que se iba recogiendo nos hizo comprender mucho mejor dicha problemática.
En
relación con el grupo de las adultas mayores, podemos confirmar una vez mas el
criterio de la representación diferencial por edades en virtud de los términos
en que se expresaron sobre estas dos primeras interrogantes. Otro aspecto
que revela lo anterior estriba en que a diferencia del grupo de adultas jóvenes,
no abordaron de forma espontánea formas de expresión de la violencia de genero
dentro de la esfera sexual, lo cual, independientemente de no estar entre los
objetivos que nos planteamos, consideramos que pudiera tener relación con los
tabúes respecto a conversar sobre la sexualidad en las mujeres adultas mayores
que aún existen en nuestra sociedad. Las
expresiones de violencia física fueron en este caso, ampliamente documentadas
en primer lugar, aportando como dato interesante, que ‘’…la violencia física
se escucha…que hay sonidos como de golpes…’’ cuando se
refieren a la que ocurre en el ámbito doméstico. También se destaca que
‘’…hay violencia física cuando se impide mediante la fuerza acudir a
ayudar a la afectada…’’ y en las ocasiones en que “…en la calle se
observan hombres golpeando a mujeres que a veces no pueden defenderse…”.
Esto deja claro una vez más la desigualdad de poder que existe entre los géneros.
En
menor cuantía se manifestaron con relación “…al robo con fuerza en las
casas…” y a “…la
violencia física que sufren los hijos cuando son asaltados con armas
blancas…”. En este caso, a pesar de que el daño físico no ocurre sobre
ellas, si implica una repercusión psicológica que consideran una forma
indirecta de manifestarse este tipo de violencia en sus hijos jóvenes. En
cuanto a otras formas de expresarse la violencia de género le dedicaron un
tiempo importante a comentar ‘’…la incomprensión de los hijos jóvenes
que recargaban las tareas de la casa
a mama jubilada, mientras ellos se iban con la pareja a pasear…’’
muchas veces ‘’…dejando los hijos a la abuela…’’. Es oportuno
abordar en relación con esto último que unas pocas que escucharon las frases
anteriores en silencio, se animaron a dar un toque de justificación a lo señalado
ya que ‘’…como eran las mas viejas, tenían que llevar las riendas de la
casa…’’ recibiendo un rechazo general a dicha postura cuando se les dijo
que ‘’…entonces los hijos se lo van a sentir mucho cuando les suelten las
riendas…’’ y que ‘’…no deben a su edad, llevar la carga de los hijos
adultos…’’, ‘’…que se la arreglen como puedan…’’. Por
todo lo anterior, pudimos caracterizar una vez más los aspectos que hacen
particulares los enfoque de un mismo tipo de violencia entre los tres grupos,
notando en este ultimo que a pesar de no haber conceptualizado estas situaciones
en el contexto de la manifestación social de la violencia psicológica, si son
capaces de identificarlas suficientemente. Otras
frases que apuntalan lo discutido en el párrafo anterior destacan que “…la
mujer tiene que servirle la comida al hombre antes de cumplir con tareas
sociales, como las reuniones del CDR…” o
que “…las citaciones para las reuniones en la escuela siempre vienen
a nombre de la madre…”. Finalmente
se refirieron a la agresión psicológica manifestada en ‘’…tener que
soportar muchas malas palabras y gritos…’’ mencionando que ‘’…hay
casas donde no se permiten las malas palabras, lo que tiene que ver con la
tradición de la educación en estas…’’. El
hecho de encontrar que no se aborda la violencia psicológica en primera
instancia en ninguno de los grupos mientras la violencia física es ampliamente
discutida, resulta ser a nuestro juicio un hallazgo preocupante porque es
frecuente encontrar en la literatura al respecto que en realidad esta ultima es
precedida generalmente de la primera. Consideramos que nuestro país no sea una
excepción, por lo tanto lo que queda pensar es que esta ocurriendo un fenómeno
de tolerancia a estas formas supuestamente menos agresivas de violencia. (
8, 11, 14, 17, 36) No
queríamos concluir la discusión de estas dos primeras preguntas sin analizar
el criterio concordante en los tres grupos de que ‘’…la violencia es algo
que siempre ha existido…’’, aunque encontramos criterios antagónicos en
cuanto a su magnitud. Las adultas mayores, sobre la base de la experiencia que
acompaña a la edad, plantearon con unanimidad que ‘’…antes se veía mucho
mas violencia…’’ y lo asociaban con una disminución de fenómenos como el
machismo en nuestra sociedad actual, mientras que en los dos grupos restantes
consideraron que existe un incremento de la misma en todas sus formas, pero que
a su entender ‘’…no se les da mucha divulgación por los medios oficiales
de información…’’ y que ‘’…en la mayoría de los casos una se
entera por los comentarios del pueblo…’’. En
aras de hacer un análisis de esta información es prudente recordar que los dos
primeros grupos se relacionan cotidianamente en un contexto social que va mucho
más allá de su barrio, ya sea por motivos de estudio trabajo o de sus formas
de disfrutar su tiempo libre, cuestión que no ocurre en el grupo de las adultas
mayores las que suelen relacionarse
en un espacio social más pequeño, y que pudiera justificar las diferencias.
Aún así, no podemos obviar la posibilidad de que en sus opiniones se
esté reflejando la problemática del subregistro de casos de violencia, en
relación con la cual las instituciones del sistema de salud en coordinación
con otros organismos del estado deben incrementar sus acciones en cuanto a la
promoción y prevención del fenómeno de la violencia. Cuando
pasamos a discutir el tercer tema que explora los lugares donde podían
evidenciarse situaciones de violencia, nos percatamos de que por primera vez
encontrábamos no sólo unanimidad de criterios entre los diferentes subgrupos
para cada grupo de edades, sino también entre los tres grupos
en cuestión. Frases como ‘’…en cualquier lado…’’ y
‘’…donde quiera…’’, dichas inmediatamente, nos permitieron analizar
cuestiones que pueden considerarse como logros irrefutables de nuestro sistema
social tales como el derecho pleno de la mujer a la educación y al trabajo
remunerado. Estas
verdades, por otro lado encubren una dura realidad que diferencia
cualitativamente a la mujer cubana de las mujeres de sus similares de regiones
como el resto de Latinoamérica y el caribe en particular, y por que no, del
resto del mundo. Por sus palabras es evidente que pueden ser víctimas de la
violencia en cualquiera de sus formas desde que se levantan por la mañana de la
cama, cuando salen bien temprano “…en
la calle…” donde puede ser que ‘’… le caigan atrás para abusar de
ellas (tocarlas)…’’ o encontrarse ‘’… los borrachos que ofenden de
palabra a las mujeres…’’, o quizás a ‘’…un hombre golpeando a una
mujer que no puede defenderse…’’. Camino del trabajo se encuentran que
‘’…en la guagua los hombres se imponen por la fuerza para montarse
…’’ y donde tienen que soportar ‘’…mucha mala forma y falta de
respeto…’’. En
este punto del supuesto diario de la mujer (y adolescente) cubana se destacan
divergencias generacionales en los comentarios escuchados. Así las cosas, las
adolescentes denuncian que ‘’…a veces los maestros faltan el respeto a los
alumnos, hablan en mala forma…’’, y que incluso ‘’…pueden que den
golpes a sus alumnos…’’ o que ‘’…amenacen con suspenderlas sino le
hacen regalos, por ejemplo, en el día de los maestros…’’.
Sobre lo ultimo reflejado, queríamos destacar su doble efecto nocivo,
pues además de la violencia psicológica implícita, esta el efecto deformante
que en la educación de las nuevas generaciones conlleva esta conducta que en
nuestra humilde opinión amerita un abordaje más profundo y particular, pues es
un fenómeno que independientemente si ocurre o no en otros países, no aparece
mencionado en la literatura consultada. Por
su parte las mujeres del segundo grupo exponen que ‘’…el tipo de trabajo
que realizan, a veces permite que las puedan agredir cuando realizan su
labor…’’ y se refieren tanto a los hombres a los que se les presta un
determinado servicio como a los jefes masculinos (que representan el mayor
porcentaje en nuestro país), los que muchas veces exigen “favores sexuales”
a cambio de otorgarles lo que pudiera ser un legitimo derecho de la trabajadora,
como ascender profesionalmente, obtener una licencia laboral, etc. Es aquí otro
ámbito donde se pudiera encontrar diferencias en nuestro país que soporten lo
planteado en párrafos anteriores, en virtud de las incorporación notablemente
superior de mujeres en trabajos fuera de la casa respecto a otros países.
Ya
de regreso al hogar, es innegable la carga de violencia que implica para la
mujer/adolescente asumir la parte dura del trabajo doméstico en situaciones de
escasez lo que hace que el mismo sea muy agotador, expresándose a veces desde
edades tempranas en la adolescencia cuando ‘’…se explota a los hijos
mayores obligándolos a trabajar en la casa…’’ tal y como se escuchó de
algunas adolescentes, todo esto sazonado con algunos gritos, amenazas y de vez
en cuando unos cuantos golpes. Una
vez más, escudadas en su experiencia, las adultas mayores consideraron acordar
que ‘’…la casa es el lugar donde ocurre más violencia de toda la vida,
aunque hay menos que antes ya que por el machismo que había, la mujer no podía
trabajar en la calle…’’. Pero también mencionaron que actualmente “…
hay mucha violencia donde se venden bebidas alcohólicas como es el caso de las
discotecas…” y coincidieron en señalar “…las colas en los puestos de
vianda y la bodega…” o “…el maltrato de quien las atienden…” como un
momento y lugar donde se apreciaba mucha violencia, donde les faltan el respeto
tanto en los servicios que se dan en divisas como en moneda nacional. El
último aspecto planteado, más que nada en relación con los servicios que
ellas habitualmente hacen uso, denota un fenómeno posiblemente vinculado con la
idiosincrasia de nuestro pueblo, argumento que evidencia el impacto de la
violencia en la resolución de problemas, a veces muy simples, de la vida
cotidiana. Es
evidente a partir de todo lo anteriormente detallado, que la mujer cubana, a la
par de haber ganado más espacios de participación social, ha visto
incrementarse la probabilidad real o supuesta de ser objeto de violencia en
estos. Sin embargo, esto no ha tenido una adecuada contraparte en relación con
la identificación y un estudio más profundo del fenómeno. RECOMENDACIONES 1-
Incluir en el Análisis de la Situación de Salud el aspecto de la
violencia de género y la aplicación
de la metodología de la investigación cualitativa en las acciones de prevención,
promoción y rehabilitación de la salud relacionadas con los condicionantes
sociales de la salud. 2-
Implementar talleres de reflexión y capacitación en el tema de la
violencia en el Equipo Básico de Trabajo (E.B.T), con vistas a trabajar la
salud desde lo social mediante el empleo de los métodos de investigación
cualitativos, que permita identificar otras formas de morir y enfermar las
personas relacionadas con sus formas sexo, la construcción de género, la
subjetividad y la vida.
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Lidusvina de la C. Caballero González * Dr.
Alain Hernández Darias ** Lic.
Celia Sánchez Sarduy *** Dra.
Mercedes Darias Pérez ****
*Especialista de Primer Grado en Medicina General Integral. **Especialista de Primer Grado en Fisiología Normal y Patológica. ***Licenciada
en Psicología. Master en Psicología de la Salud. ****Especialista
de Primer Grado en Pediatría. Publicación enviada por Dra. Lidusvina de la C. Caballero González y Otros Autores Contactar mailto:rrs@infomed.sld.cu Código ISPN de la Publicación EEEpVVAkEEVimphxkN Publicado Friday 11 de March de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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