Monografias | Reflexiones sobre las epifisiolísis traumáticas en los niñosReflexiones sobre las epifisiolísis traumáticas en los niñosResumen: Sin pretender en nuestro artículo decirlo todo sobre lesiones epifisarias en los niños, queremos hacer hincapié en algunos elementos conceptuales que muchas veces son verdaderamente subestimados por todos los que de una forma u otra tienen que ver con esta área. Uno de estos es precisamente el alcance de la clasificación de Salter y Harris, que, siendo sencillamente genial en muchos puntos, en otros se le escapan algunos aspectos, como son otras lesiones epifisarias las cuales la misma no contempla. Resumen Sin
pretender en nuestro artículo decirlo todo sobre lesiones epifisarias en los niños,
queremos hacer hincapié en algunos elementos conceptuales que muchas veces son
verdaderamente subestimados por todos los que de una forma u otra tienen que ver
con esta área. Uno de estos es precisamente el alcance de la clasificación de
Salter y Harris, que, siendo sencillamente genial en muchos puntos, en otros se
le escapan algunos aspectos, como son otras lesiones epifisarias las cuales la
misma no contempla. Introducimos, como elemento cultural, algunos aspectos
relacionados con los epónimos de Salter y Harris. Por otra parte, insistimos en
que el conocimiento de la histología del cartílago de crecimiento es
fundamental para comprender sus alteraciones y el porqué de éstas, sobre todo
sus complicaciones. Dentro de éstas, colocamos a las epifisiodesis como líderes,
e igualmente planteamos una clasificación de las mismas en base a la localización
exacta del puente óseo transcartilaginoso neoformado. Desarrollamos ampliamente
los tipos de lesiones epifisarias que se escapan de la clasificación y que de
hecho aparecen y son subvaloradas o subestimadas. Hacemos especial referencia a
las lesiones del complejo fibrocartilaginoso pericondrial de La Croix, y sobre
todo a sus contusiones y fracturas periféricas. Introducción Al
estudiar las lesiones traumáticas óseas en los niños, es clásico el tema de
las lesiones del cartílago de crecimiento, importante estructura cuyo adecuado
funcionamiento determinará el crecimiento normal del individuo, pero cuyas
lesiones provocarán un sinnúmero de complicaciones, de las cuales las más
importantes al fin y al cabo son las epifisiodesis postraumáticas, entidades
sobre las cuales ahondaremos más adelante en nuestro artículo. La
mal llamada epífisis de crecimiento (tengamos en cuenta que la denominación
correcta es físis de crecimiento) ya que se encuentra entre la epifísis y la
metafísis, es una estructura de extrema importancia
para el paciente, ya que de su funcionamiento normal depende que se produzca un
crecimiento óptimo, y más importante aún, que el mismo sea llevado a cabo en
una dirección correcta y armónica con las consideraciones estéticas
adecuadas. Es por ello que se mantiene
un celo extremo en conservarla en las mejores condiciones posibles. Desde el
punto de vista histológico, consta de varias capas celulares, cada una con
distinta función, acorde con sus particularidades celulares. Éstas son las
siguientes: Ø
Capa de células
de reserva, de reposo o de las células germinales o germinativas. Ø
Capa de células
en proliferación o células proliferativas. Ø
Capa de células
hipertróficas, ésta a su véz se divide en: §
Capa de
maduración, §
Capa de
degeneración, y, §
Capa de
calcificación provisional (1,2). Existe
un detalle importante, y es que en la base de esta última capa hay varias
características, tales como, baja tensión de oxígeno y depleción de glucógeno.
Todo esto trae como consecuencia que las mitocondrias no puedan retener el
calcio, y este pase a formar parte de la zona de calcificación provisional.
Esto determina que la inmensa mayoría de las fracturas se produzcan entre el
cartílago calcificado y el no calcificado, donde existe depleción de calcio.
Debido a que casi siempre las fracturas epifisarias ocurren en la zona que está
situada entre la transformación y la osificación, y que no afecta la región
donde estan las asas vasculares, se afecta poco la zona de células germinales y
la hemorragia no es una característica fundamental, más bien es de escasa
importancia. Esto posee particular importancia en la clínica, debido a que al
examinar a estos pacientes, en su inmensa mayoría encontramos muy pocos síntomas
y signos, sobre todo la búsqueda de hematoma es infructuosa, pero es
inconfundible la palpación profunda dolorosa en extremo sobre la región del
cartílago de crecimiento, aún cuando, como ya veremos más adelante la
radiografía sea aparentemente negativa. La equímosis postrauma es igualmente
muy pobre clínicamente, si la comparamos con las fracturas. El
siguiente esquema ilustra lo anterior: ZONA
DE CRECIMIENTO ZONA
DE TRANSFORMACIÓN (ZONA NO CALCIFICADA) ÁREA
DONDE SE PRODUCEN CON MAYOR FRECUENCIA LAS FRACTURAS. ZONA
DE OSIFICACIÓN (ZONA CALCIFICADA) Nótese
cómo casi siempre afortunadamente, la zona de crecimiento resulta indemne y por
tanto puede continuar creciendo adecuadamente la región. Nótese además que el
área más afectada es la situada entre la zona calcificada y la no calcificada,
por ser la zona más vulnerable; en la misma no se afectan las asas vasculares
ni las células germinales. Ahora bien, esto ocurre con los trazos horizontales
y no con los verticales, los cuales sí afectan de manera inevitable a la zona
germinal y al cartílago articular. La
niñéz como etapa evolutiva de las edades de un individuo, es, per se,
extremadamente activa en la inmensa mayoría de los casos, por lo que cabe
preguntarse cómo es posible que una estructura cartilaginosa, aparentemente tan
vulnerable como la placa de crecimiento, puede resistir los embates de múltiples
traumas, tanto macrotraumas como microtraumas, debido a la actividad del niño,
expresada fundamentalmente mediante el juego en todas sus manifestaciones (3,4). Existen
numerosas clasificaciones de las lesiones epifisarias, sin dudas la más
empleada internacionalmente es la Robert B. Salter y Harris, pero aún siendo la
más popular y brillante en su concepción, existen algunos aspectos que se le
escapan a la misma; sobre este hecho vamos a hacer obligatoriamente un alto..
Como curiosidad histórica, hemos
de plantear que los epónimos de Salter y Harris, vienen de los profesores
Robert Bruce Salter (1924-) prominente cirujano canadiense , semiretirado en la
actualidad como profesor universitario y profesor emérito de cirugía ortopédica
e investIgador emérito de la Universidad de Toronto. En sus inicios fué jefe
de Ortopedia y luego fué Cirujano Jefe del Hospital para Niños Enfermos de la
Universidad de Toronto. W. Robert Harris (1922-) es un prominente cirujano ortopédico
canadiense actualmente retirado. Es profesor emérito de cirugía de la
Universidad de Toronto y “fellow” del Real Colegio de Médicos y cirujanos.
De forma general, ya que es por todos conocida, la clasificación de Salter y
Harris divide estas lesiones en cinco tipos. El tipo I es una lesión en la cual
la fractura separa completamente la epífisis de la metáfisis, pero no
necesariamente tiene que existír desplazamiento, sobre todo si el periostio está
intacto; esto hace que radiográficamente aparente normalidad absoluta, aunque
se puede presentar un ligero ensanchamiento de la placa o cartílago de
crecimiento. Sin lugar a dudas en este tipo lo más relevante y orientador es la
clínica, donde encontramos sensibilidad local sobre la placa de crecimiento y
tumefacción de los tejidos blandos. Su
mecanismo principal de producción son las fuerzas de torsión, avulsión y
cizallamiento. El tipo II es básicamente igual al tipo I, pero se le suma una
fractura de un fragmento metafisario triangular en el lado opuesto (signo de
Thurston-Holland). De lo anterior sacamos como conclusión que el tipo I es una
epifisiolísis pura, pero el tipo II es una fractura-epifisiolísis, en este
caso de mucho mejor pronóstico que las que veremos a continuación, debido a
que esta fractura es extraarticular y extraepifisaria, es decir, no involucra al
cartílago de crecimiento ni al cartílago articular. A partir del tipo III
encontramos que la fractura asociada es totalmente intraarticular, involucra al
cartílago articular, lo que empeora el pronóstico. Aquí, se produce una
fractura que atraviesa el cartílago de crecimiento, la epífisis y la
superficie del cartílago articular, en ángulo recto. El plano de separación,
al igual que los dos primeros tipos, pasa inicialmente por el cartílago de
crecimiento, pero luego continúa verticalmente, cruzando en dirección a la
articulación. El tipo IV sigue siendo una fractura intrarticular-epifisiolísis,
en la cual el trazo abarca el cartílago articular, la epífisis, el cartílago
de crecimiento y la metáfisis. Comporta en sí misma un pésimo pronóstico,
sobre todo cuando está desplazada. Por último, el tipo V es una lesión por
aplastamiento, que es prácticamente indistinguible radiográficamente, y que su
diagnóstico es eminentemente prospectivo, casi siempre de sus complicaciones,
fundamentalmente las epifisiodesis. Conceptualmente éste es el peor tipo de
todos, por lo solapado y lo sutíl de su presentación, y porque sólo
diagnosticamos sus complicaciones, mucho tiempo después de producidas. Con el
paso del tiempo, aparecen signos clínicos y paraclínicos de detención o de
distorsión del cartílago de crecimiento. De
forma general, podemos plantear los tipos de Salter y Harris de la siguiente
forma: Ø
Tipo I: es una epifisiolísis pura, no existen elementos fracturarios
acompañantes. Ø
Tipo II: es una fractura-epifisiolísis, debido al fragmento metafisario
acompañante, pero comporta buen pronóstico porque es extraarticular y
extraepifisario. Ø
Tipo III: es una fractura-epifisiolísis, pero de peor pronóstico,
debido a su trazo vertical que la hace intraarticular e intraepifisaria. Ø
Tipo IV: es igualmente una fractura-epifisiolísis, y al igual que la
anterior, es intrarticular e intraepifisaria, de peor pronóstico aún pues pone
en contacto el hueso epifisario con el metafisario. Ø
Tipo V: es un tipo extremadamente peligroso, pues es por un mecanismo de
compresión, pero sobre todo porque puede estar detrás de cualquier tipo de las
anteriores. Sólo diagnosticamos sus complicaciones. Hemos
expuesto este punto de vista porque se acostumbra a manejar y a conceptualizar
estas lesiones como epifisiolísis puras, y esto no es correcto, ya que, afecta
la filosofía para confrontarlas y por ende para tratarlas, éste es el
principal factor que conduce a la subestimación de estas peligrosas lesiones. El
principal peligro, como ya hemos planteado, es la epifisiodesis en todas sus
manifestaciones. Ahora bien, ¿qué es la epifisiodesis?. No es más que la
detención del crecimiento de una parte o de la totalidad del cartílago de
crecimiento, por la formación de un puente óseo transcartilaginoso, es decir,
se forma hueso donde normalmente debe haber sólo cartílago. Recordemos que no
siempre aparecen puentes transcartilaginosos, sino que de hecho puede que
desaparezca completamente el cartílago de crecimiento, como sucede en el tipo
V. Las mismas pueden clasificarse de la siguiente forma: q
Epifisiodesis
totales: aquí el trastorno abarca a toda la físis, su principal complicación
es la detención total del crecimiento, resultando fundamentalmente en una
discrepancia longitudinal de los miembros. No tiene porqué aparecer
necesariamente una deformidad posicional en el plano sagital o coronal. q
Epifisiodesis
parciales: a su véz éstas se dividen en, centrales y periféricas. En el caso
de las centrales la deformidad principal que se establece es la deformidad en
cola de pescado, denominada así porque se detiene el crecimiento en la zona
central, pero continúa en las zonas periféricas, medial y lateral, semejando
una cola de pescado. Por otra parte, en el caso de las periféricas, éstas
pueden ser mediales o laterales. Las mediales causan una deformidad en varus, y
las laterales causan una deformidad en valgus. Así mismo, si la lesión
asentara en las zonas anterior o posterior, las deformidades serían básicamente
recurvatum y antecurvatum, respectivamente (5,6). Cuando
se habla de epifisiodesis, tenemos que tener en cuenta muchos factores a la hora
de determinar qué tipo de lesión puede provocar, con mayor frecuencia, dicha
complicación. Esto es muy difícil de categorizar, ya que, el tipo V de lesión
(mecanismo de compresión) puede esconderse solapadamente detrás de cualquier
modalidad de epifisiolísis, y lo peor que tiene es que es prácticamente
indistinguible desde el punto de vista radiográfico. Ahora bien, es un hecho
que los tipos que peor se comportan son los tipos III y IV, debido a su
compromiso de severa lesión del cartílago de crecimiento y del cartílago
articular, sobre todo si están desplazadas. Otro aspecto que habla a favor de
su severidad es el hecho de que ponen en contacto íntimo el hueso epifisario
con el hueso metafisario, lo que formará un puente óseo imposible de corregir
por medios conservadores. Es por ello que a los tipos III y IV, aparte de su
gravedad, se le suma un pronóstico sumamente reservado, y por tanto una mayor
tendencia a las epifisiodesis. De todo esto se desprende de cierta forma algo
que podemos denominar Regla de Oro de los trazos fracturarios que involucran las
epifísis: v
En su inmensa mayoría, los trazos horizontales que afectan el cartílago
de crecimiento, poseen buen pronóstico. v
Los trazos verticales serán siempre graves hasta que no se demuestre lo
contrario. La
justificación de esto radica en que los trazos horizontales no afectan a las células
germinales, ni al cartílago articular. Los trazos verticales siempre lesionan
al cartílago de crecimiento y al cartílago articular, además de que poseen
una enorme tendencia al desplazamiento, aún siendo correctamente inmovilizados. Está
más que claro, que la clasificación de Salter-Harris hasta este punto es
sencillamente genial, pero quedan algunos tipos de lesiones epifisarias que se
le escapan. Éstas son las siguientes: q
Lesiones por avulsión: éstas son lesiones
muchas veces inadvertidas por el cirujano, ocurren fundamentalmente en los
sitios de inserción de ligamentos, por ejemplo tenemos las de la base de la
falange, producida por un mecanismo de hiperextensión del dedo, las de la
estiloides ulnar, y las de la espina tibial. Éstas fracturas comportan una
importancia capital, sobre todo las de la espina tibial, producida por un
mecanismo de hiperestiramiento del ligamento cruzado anterior; al ser un niño,
el ligamento va a ser mucho más fuerte y resistente que la epífisis, y por
tanto la avulsiona. El fragmento continúa nutriéndose por la inserción
ligamentosa, y puede que consolide por formación de tejido fibroso, haciendo al
LCA mucho más largo desde el punto de vista biomecánico, pudiendo el fragmento
bloquear la extensión de la rodilla. q
Contusiones periféricas de la palca
epifisaria: ésta lesión específicamente es la añadida por Rang a la
clasificación de Salter-Harris como tipo VI. Inicialmente se observa en la
radiografía como una elevación perióstica, por hematoma, que luego evoluciona
hacia la calcificación. Es dicha calcificación la que provoca cicatrización,
tirantéz y detención del crecimiento de una porción periférica de la placa,
siendo el área más crítica, ya que provoca la deformidad angular, tanto en el
plano coronal, como en el sagital. q
Fracturas periféricas a nivel del
pericondrio: la enorme importancia de estas lesiones radica en que son las más
infravaloradas y subestimadas de todas. q
Fracturas osteocondrales u
osteocartilaginosas: es curioso el señalamiento de que prácticamente ningún
cirujano se dirige directamente a buscar las fracturas osteocondrales cuando
observa una radiografía, a menos que la consideren de antemano. Éstas poseen
una enorme importancia pues pueden convertirse en su evolución en cuerpos
libres intraarticulares, pudiendo potencialmente bloquear el recorrido articular
(5,6,7). Nótense
los distintos tipos de lesiones que pueden ocurrir en la zona epifisaria, tanto
en la zona de la periferia del cartílago como fuera de ésta, sin embargo, no
son contempladas en la clasificación antes mencionada. Es por ello que varios
subtipos han sido añadidos a la misma, por autores como Rang, etc. De forma
general, la zona más crítica de lesión del cartílago de crecimiento es la
periférica, debido a que es donde se produce la angulación tanto en el plano
coronal como en el sagital, afecando mucho más la estética del paciente; no
ocurre lo mismo con los acortamientos secundarios a epifisiodesis, ya que, éstos
son un poco más difíciles de detecar clínicamente, sobre todo cuando no han
sobrepasado los 2 centímetros de discrepancia longitudinal. Conclusiones: Es
necesario recalcar la extrema importancia de las lesiones del cartílago de
crecimiento, pero el enfoque parcializado a éste hace que se obvien o se
subvaloren otras lesiones que involucran la epífisis y al complejo
fibrocartilaginoso pericondrial de La Croix. Esto se evita cuando se cambia la
filosofía de enfoque hacia estas lesiones. Por otra parte, es necesario llevar
a la mente de todos que no podemos aplicar la clínica de las fracturas a éstas
lesiones, debido a que la hemorragia, la equímosis y el aumento de volúmen
grosero no son elementos acompañantes constantes, y que además son muy pobres
por las justificaciones antes expuestas. Se debe dirigír nuestra atención a
las complicaciones postepifisiolísis, buscando fundamentalmente las
epifisiodesis postraumáticas, tanto parciales como totales. Esto hace que
podamos detectar a tiempo las posibles desviaciones en el plano coronal y
sagital, así como las discrepancias longitudinales que igualmente pueden
aparecer. Enfocamos nuestras consideraciones hacia el punto de que el tipo V
puede localizarse en cualquier tipo de lesión. En la parte de los exámenes
paraclínicos se debe tener en cuenta que los tipos I y V son prácticamente
indistinguibles desde el punto de vista radiográfico, y el diagnóstico por
tanto, tiene que poseer un alto índice de sospecha. En fin, éstas lesiones
constituyen un patrimonio único de los niños, y se deben enfocar con la
filosofía que éstos requieren, nunca aplicando o traspolando conocimientos o
conceptos de adultos. Ésta es nuestra principal recomendación. Bibliografía: 1.
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Carlos Alejandro Silva Hernández. Profesor
Instructor de Ortopedia. Especialista
de Primer Grado en Ortopedia. Dirección
Particular: Calzada
de Buenos Aires, Edificio Pelayo Cuervo, Apto #3, entre Calle A y Durege.
Municipio Cerro. Zona Postal: Habana 20. La Habana. Cuba. Publicación enviada por Dr. Carlos Alejandro Silva Hernández Contactar mailto:zulema@netcons.com.cu Código ISPN de la Publicación EEEupVkZFVkCmyNDaB Publicado Wednesday 20 de April de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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