Monografias | Rito del corte de los primeros cabellos en los andesRito del corte de los primeros cabellos en los andesResumen: Basado en una investigación etnológica realizada en las comunidades quechuas de La Loma y San Antonio, en el norte de la provincia de Tayacaja, en el departamento de Huancavelica, en los Andes Centrales del Perú, con una perspectiva diacrónica, este artículo da cuenta de las implicaciones sociales, económicas y simbólicas del rito de pasaje del corte de los primeros cabellos.(V) Basado
en una investigación etnológica realizada en las comunidades quechuas de La
Loma y San Antonio, en el norte de la provincia de Tayacaja, en el departamento
de Huancavelica, en los Andes Centrales del Perú, con una perspectiva diacrónica,
este artículo da cuenta de las implicaciones sociales, económicas y simbólicas
del rito de pasaje del corte de los primeros cabellos1. El corte de cabellos en el Perú antiguo El
corte de los primeros cabellos en el Perú antiguo era un rito de pasaje de carácter
colectivo que involucraba a una red de relaciones sociales, con intercambio de
bienes y otorgar un nombre al niño. Al respecto, Molina el del Cusco describe:
«El rutuchiku es cuando la criatura llega a un año, ora fuese hombre,
ora mujer: le daban el nombre que había de tener hasta que fuese de edad... y
así cumplido un año la criatura la trasquilaban, llamaban al tío más
allegados y éste le cortaba el primer cabello y ofrecía para la criatura; y
por este orden iba hasta todos los parientes, hacían la ofrenda y después lo
hacían los amigos de los padres y bebían este día y el tío más principal le
daba el nombre que había de tener hasta que fuese de edad» (Valcárcel, 1985:
272). Pablo
Joshep Arriaga describe así al corte de los primeros cabellos: «A los cuatro o
cinco años los hijos varones o mujeres son trasquilados por primera vez en
ceremonia de que participa toda la parentela y de modo especial los masas
y cacas, previo ayuno, haciéndose fiesta a la huaca, a la cual han
ofrecido al niño recién nacido, obsequian al muchacho llamas, maíz, plata, y
otras cosas y en esta ocasión le cambian de nombre poniéndole el de la huaca o
del mallqui. Los cabellos cortados se llaman pacto o huarca en
quechua y ñaca en la lengua de los llanos; unas veces las envían a las
huacas y las cuelgan delante de ellas y en otras partes los guardan en sus casas
como cosa sagrada» (Valcárcel, 1985: 273). Guamán
Poma de Ayala da referencias del rutuchiku y describe como a un ritual de
carácter familiar, que crea relaciones de reciprocidad; los parientes están
obligados a dar algunos regalos a los niños y los padres de éstos están
obligados a proporcionar chicha y comida a los parientes. De
lo narrado por los tres cronistas referidos desprendemos que el corte de los
primeros cabellos en el Perú antiguo era de carácter familiar, que estrechaba
lazos de afinidad y consanguinidad y era una forma de acopio de regalos. Los
destinos que dan a los cabellos son para fines mágicos y religiosos. Mágicos
porque son guardados como portadores de buena suerte, se convierten en amuletos;
y religiosos, porque constituye una ofrenda a las guacas o divinidades. Bernabé
Cobo describe al rutuchiku como una ceremonia que incluía el corte de
las uñas. Nos ilustra: «... el tío del niño anciano es quien lo
trasquilaba y cortaba el primer cabello y las uñas, que eran guardadas, le daba
el nombre que debía tener hasta que fuese de edad adulta y le ofrecía algún
regalo y daba paso enseguida a los demás parientes que realizaban cosa
parecida. Las ofrendas consistían en plata, ropa, lana u otras cosas útiles»
(Valcárcel, 1985: 276). El
corte de cabellos en la nobleza inca tenía las mismas características que en
los rituales populares, con la diferencia que los regalos eran objetos de oro.
El Padre Anello de Oliva escribe al respecto: «Cuando se realizó el corte de
cabello en la persona del príncipe Huascar, estaban reunidos todos los
principales señores del reino, ocupando su respetivo lugar y que por orden
estricto iban subiendo al trono en que se encontraba el muchacho y después de
besarle la mano con un cuchillo que llaman tumi le cortaban un poco de
sus cabellos, dejándole como ofrenda algún objeto de oro. Fue tanto que le
ofrecieron -dice el cronista- que cuando acabaron de cortarle el cabello para
eterna memoria de esta ceremonia que con todo el otro que se había ofrecido se
forjara una cadena que llamaron huasca» (Valcárcel, 1985: 275). Estas
son algunas razones de las prácticas acerca del cabello en el Perú antiguo:
Según Pérez Bocanegra se entierra las uñas y el cabello para no tenerlos que
buscar después de muerto. El Padre Oliva describe que para fines mágicos ofrecíanse
algunos sujetos realizando determinadas penitencias, como hacerse crecer los
cabellos hasta la cintura o cortárselos. Murúa informa que los hechiceros les
quitan a los cadáveres los dientes, las uñas y les cortan los cabellos para
emplearlos en sus operaciones mágicas. Las Casas registró que las cejas, las
pestañas y los pelos eran soplados hacia el sol como ofrendas. Arriaga informa
que cuando se hace una consulta sobre amores, el «layka» pide los
cabellos o la ropa de la persona a quien a de adivinar (Valcárcel, 1985). Por
otra parte, en una relación de idolatrías de Avendaño se halla que en algunas
provincias, los indios mozos, para haber de casarse, escarban la tierra en
ciertas partes hasta que haya cabellos y si le hallan blanco dicen que su suerte
es que se han de casar con vieja, si es negro con moza, y si es castaña con
muchacha. Peña Montenegro escribe
que los hechiceros usaban para sus actos mágicos los dientes o las muelas
humanas, así como las uñas y los cabellos de las personas. Hernández Príncipe
registró que el cabello cortado los ofrecían a los compadres e invitados para
que los guarden supersticiosamente (Duviols op. cit.). La presencia del corte de los cabellos en
el huarachiku y quicuchiku Juan
de Betanzos describe que en el huarachiku
"... el novel es llevado a la huaca de Huanacauri, a legua y media de la
ciudad del Cusco, y en una fuente que hay allí le lavan el cuerpo los
parientes, después le trasquilan el cabello 'muy tusado', enseguida vístenle
con una túnica de lana negra y le calzan unas sandalias hechas de paja por él
mismo y le ponen en la cabeza una cinta negra" (Valcárcel, 1985: 259). Según
este cronista el huarachikuy era propio de la nobleza, en ella se reconocen a los
nuevos orejones, incluyendo a los hijos del monarca, para que fueran reconocidos
en todo el imperio por tales, señores e hijos del Sol. Cieza de León (1967)
coincide con esta información pero con el añadido que al futuro orejón le
atan un poco de lana en su alabarda simbolizaba cuando el candidato llegase a
pelear en la guerra, procura traer cabellos y cabezas de sus enemigos; es decir,
los cabellos y las cabezas de los enemigos eran considerados como trofeos de
guerra. Según
el P. Ramos Gavilán, el huarachiku se
ejecutaba en Copacabana de la siguiente manera: "Cada parcialidad, barrio o
ayllo llevaba sus niños de 13 a 14 años y los ponía en un lugar público,
donde pudiesen ser vistos de todos, y allí les daban azotes en los pies, brazos
y manos, con unas hondas hechas de cuero, hasta que derramaban algún poco de
sangre. Hecho esto, el curaca principal exhortaba a los azotados dándoles
buenos consejos y diciéndoles que ya no habría que vivir como muchachos, pues
había llegado el tiempo de comportarse como varones, ocupándose del servicio
de la comunidad y del Inca. Concluido este sermón los muchachos eran
trasquilados y enseguida se les colocaba de 3 en 3 o de 2 en 2 en una llanura próxima
a la laguna y a cierta señal partían todos en veloz carrera hasta lo alto del
cerro donde se encontraban los jueces que debían decidir quiénes eran los
victoriosos" (Valcárcel, 1985: 221. Estos
informes contrastan con los de Betanzos y Cieza de León, ya que describen el huarachiku
no como propio de la nobleza, sino también de la colectividad. Se aprecia con más
nitidez el pasaje de una etapa de vida a otra, de la niñez a la juventud; su
integración al servicio de la comunidad y del Inca. Por
otra parte, los ritos de cabellos también están asociados con el quicuchicu,
que es propio de mujeres, rito que marca el pasaje de niñez a la juventud,
estableciendo que estarán aptas para el matrimonio. Santa Cruz de Pachacuti, el
P. Cobo y Ramos Gavilán refieren que en este rito participaban las jóvenes de
16 años que eran peinadas por primera vez como mujeres. El
simbolismo del cabello entre los indígenas y los españoles en el contexto de
la dominación colonial El
encuentro entre la sociedad andina y los conquistadores españoles ha
establecido una relación de dominación y subordinación entre dos culturas,
dos pueblos y dos economías diferentes. La catequización fue una de las
justificaciones de la conquista. Mircea Eliade escribía que: "Los
'conquistadores' españoles y portugueses tomaban posesión, en nombre de
Jesucristo, de las islas y continentes que descubrían y conquistaban. La
instalación de la Cruz equivalía a una 'justificación'..." (Eliade,
1985: 16). Los
ritos y las ceremonias mágico-religiosos, al principio de la conquista, gozaban
de cierta impunidad, pero a partir de la primera década del siglo XVII, cuando
se desata la caza de brujas, tendrían que refugiarse en la clandestinidad y
desde ella subsistirían y persistirían. La
Extirpación ha sido una institución que comprendía la extirpación, las
visitas, los procesos, las idolatrías y hechicerías; que han tenido por
clientela a las comunidades rurales no integradas a la cultura hispana. El
proyecto era negativo, destructivo. Debía destruir a las religiones andinas,
mas procuró también prohibir costumbres, comportamientos tradicionales de indígenas,
como las borracheras, el amancebamiento, la sodomía, etc. (ver Duviols, 1985). Los
períodos de mayor actividad de la Extirpación, como institución, se sitúan
entre los años de 1610 y 1660, bajo los gobiernos de los cuatro arzobispados de
Lima: Lobo Guerrero (1610-1620), Gonzalo de Campo (1625-1626), Arias Ugarte
(1630-1638) y Villagómez (1641-1661). La
pena de muerte estaba excluida en la Extirpación, en cambio habían condenas de
prisión, como en la famosa cárcel "Santa Cruz" a cargo de los
jesuitas, había destierros, trasquilamientos de cabelleras, azotainas públicas,
los hacían dar la vuelta en las plazas montados sobre llamas, les obligaban a
llevar en el cuello una Cruz de madera del tamaño de un jeme, los obligaban
construir y donar bienes para los templos, y estar por un tiempo determinado al
servicio de la iglesia. Si
en tiempos prehispánicos el corte de cabellos tenía contenido mágico
religioso, generador y normador de reciprocidad, la trasquilación en la colonia
era una humillación y una grave afrenta para el indio. La
iglesia tomaba medidas a fin de evitar la propagación de creencias y prácticas
mágicas o religiosas del indio. El Concilio Limense de 1551-52 acordó, entre
varias medidas, para combatir a los antiguos cultos y creencias mágico-religiosas
y evitar su práctica: "prohibir la deformación craneana y el corte y
trenzado de los cabellos de carácter especial". Recordemos que una de las
interrogantes de los cuestionarios de Joshep Arriaga para la extirpación de
idolatrías fue ¿quién trasquiló a su hijo y quién tiene guardado sus
cabellos?. Lo
expuesto hasta aquí nos lleva a afirmar que el cabello tenía gran importancia
simbólica tanto para el indígena como para el español. Para el primero tenía
profundo contenido mágico-religioso, mágico en tanto que el cabello se
constituía en amuleto, portador de fortuna, y que podía ser usado para
hechizos a través de la magia contaminante (ver Frazer, 1986). De contenido
religioso porque era ofrecido como ofrenda a las guacas, a sus divinidades, para
pedirles protección y fortuna, igual hacían los viajeros que ofrecían pelos,
cejas y pestañas a las apachetas del
camino, para que les alivien del cansancio y les vaya bien. Las
costumbres relativas a los cabellos debían ser destruidas. Lo que para el
andino fue elemento simbólico mágico-religioso, para el extirpador fue un
elemento de violencia simbólica: lo usó como una forma de castigo, de
humillación, de ofensa, de afrenta. Las
prohibiciones dadas con respecto al corte de cabellos nos muestran el cómo los
occidentales violentaban a la cultura andina. En un edicto se lee: "Item de
aquí en adelante ningún indio, ni india, trasquilará a sus hijos los cabellos
que llaman huarca, con las ceremonias
que hasta aquí lo han hecho; y el indio que tuviere hijo o hija, que tengan
dichos cabellos lo presentará ante el cura de este pueblo, lo presentará antes
de trasquilarlo; para que dicho cura mande a un criado suyo, que lo trasquile
por estorbar dicha ceremonia, y al que quebrantase esta constitución le serán
dados cien azotes" (Duviols, 1986). El ritual del corte de cabellos andino
contemporáneo En
las comunidades andinas existen muchas formas de parentesco ceremoniales, tales
como el compadrazgo por corte de cabellos, uñas, de ombligo, de bautizo,
confirmación, por matrimonio y otros diversos motivos (Morote, 1954). El
compadrazgo andino aparece vinculado a los ritos de pasaje. En el norte de
Tayacaja, el compadrazgo es una forma de buscar apoyo, protección, seguridad y
tutela. En consecuencia, el padrino puede ser un miembro de la familia consanguínea
u otra ajena, pero que en ambos casos sean solventes. Puede ser una persona que
pueda brindar servicios. También eligen por la conducta, si se quiere,
intachable al interior de la comunidad, ya que serán buenos ejemplos para sus
ahijados. Cuando
los padres del niño tienen elegido a la persona idónea para que sea padrino de
su o sus hijos, buscan una oportunidad propicia para abordarle e invitarle
aguardiente, y cuando están semi embriagados le expondrán sus intenciones,
comprometiéndole para ese fin. En otras ocasiones, a las personas elegidas, les
invitan a comer a su casa, con cualquier motivo; al final de la comida, como
asentativo, invitan unas copas de aguardiente, luego les piden que sean padrinos
de sus hijos. Otras
veces los padrinos elegidos son aquellas que han echado el agua de socorro,
posteriormente, estas mismas personas serán también los padrinos de bautizo. Así
se llega a establecer que el parentesco ceremonial está vinculado al rito de
pasaje. Cumple una función de socialización, cumple una función sustitutoria
de la familia extensa frente al resquebrajamiento de la misma motivada por
causas migratorias. Enlaza automáticamente a dos grupos de familias: la de los
padrinos y la de los ahijados. Con Silva Santisteban (1985) diríamos que esta
forma de parentesco ritual es muy importante, como los vínculos consanguíneos
o "políticos" y constituyen dentro de la comunidad una forma de
cohesión de las relaciones familiares y en el exterior una manera de establecer
nexos provechosos con personas que se encuentran en posición ventajosa en la
estructura económico-político. Cuando
ya se ha establecido la institución del compadrazgo, nacen ciertas normas que
prescriben o prohíben determinados aspectos socioculturales entre las personas
que involucra esta institución. Así, los ahijados se "convierten" en
hermanos de los hijos del padrino. Los hermanos e hijos de este último son
considerados como tíos y primos de los ahijados. El compadrazgo no sólo
abarcará a los padres de los niños y los padrinos, sino también a los
hermanos, padres y suegros de ambos. Es decir, se establece vínculos de
parentesco ritual o ceremonial bastante extenso que será la base de la
reciprocidad andina. El
establecimiento del compadrazgo instituye un conjunto de prohibiciones o tabúes.
Así, si el incesto es cuando hay relaciones sexuales entre miembros de la
familia consanguínea, esta categoría se extiende también hacia los
integrantes del parentesco ceremonial o ritual, y su control y sanción social
están normados por los mitos de las qarqarias
o qarqachas. Cuando
fue concertada la fecha para el corte de cabellos, los padres se preparan para
la ceremonia: adquieren coca, cigarrillos, aguardiente, cerveza; los componentes
necesarios para la comida, generalmente, una pachamanca de humitas, papas y
algunas veces carne. El regalo ceremonial para el padrino: dos cuyes, dos
gallinas, todos cocidos, junto con maíz tostado, humitas, papas sancochadas y
una botella de aguardiente, todo ello en un atado especial. Los
padrinos por su parte limpian su casa para recibir a los padres del niño y sus
acompañantes, porque el ritual será en la casa de estos. Disponen de
aguardiente, algunas veces de cerveza, se prestan lámpara de queroseno, invitan
a sus familias y demás allegados, finalmente procuran conseguir dinero en
sencillo. A
la casa de los padrinos llegan sus invitados y van ocupando las bancas de un
sector del corredor de la casa. El anfitrión va invitando copas de aguardiente
y charlan sobre diversos motivos mientras esperan a sus compadres. Por
otra parte, los padres del niño, ayudados de sus parientes y amistades, se
afanan en disponer de la comida y el regalo ceremonial. Cuando todo está listo,
a más o menos las nueve de la noche, se trasladan a la casa de sus compadres,
llevando la comida, los servicios, el regalo ceremonial, licores, coca y demás
objetos. Cuando
llega el grupo de los padres del niño a la casa de los padrinos, son recibidos
muy ceremoniosamente, entre saludos, besos de la mano, copas de aguardiente.
Este grupo se ubica en las bancas del otro sector del corredor de la casa.
Inmediatamente después las señoras sirven la comida a los padrinos y los
integrantes del grupo que les esperaban. Tienden en medio de ellos una manta
conteniendo una servilleta de cancha, a cuyos costados ponen humitas y papas.
Luego sirven una sopa, un guisado. Sólo cuando acabó de comer el grupo que
estaba a la espera, lo hacen los integrantes del grupo visitante. Mientras tanto
los demás van libando algunas copas de aguardiente. Inmediatamente
después de esta cena, se efectúa el tendido de mesa
(espacio ritual sacro). Los
padres y los padrinos extienden en el suelo una manta nueva, sobre ella una
servilleta conteniendo coca, aguardiente, cigarrillos, fósforos, dos platos y
unas tijeras adornadas con una cinta rojiblanca, esta última, ni los platos no
tienen presencia en la mesa de los
padrinos. Los
padres y los padrinos reparten coca y mastican, igualmente invitan copas de
aguardiente. Después el padrino consulta si ya pueden empezar el rito, al que
responden los padres: "En tus manos está compadre". El padrino dice: Mamallakuna,
taytallakuna, licenciaykichikwan, kanan punchaw... kay wawa Luz Nery Vega
Benítez, costumbrinchikman hina, taytachapa licencianwan, chukchanta
rutuykusunchik. Señoras
y señores, con la licencia de ustedes, hoy día..., a esta criatura Luz
Nery Vega Benítez, de acuerdo con nuestra costumbre, con la licencia de
Dios, cortaremos sus cabellos. A
la niña lo ponen en las faldas de una mujer del grupo de los padres. Éstos
piden a esta señora que sea la que separe en porciones a los cabellos, luego
toma las tijeras y deposita un monto de dinero en uno de los platos y corta la
primera porción de cabellos, los mismos que son guardados cuidadosamente en el
otro plato con flores. Enseguida el padrino pide a uno de sus acompañantes que
sea el secretario y a otro para que entregue las tijeras a las personas que
deseen cortar los pelos de la niña, a otro de sus acompañantes entrega una
botella de aguardiente para que sirva a sus colaboradores, igual hace el padre
del niño. Seguidamente,
la madrina deposita otra cantidad de dinero y recibiendo las tijeras corta el
cabello. Sólo después continúan las otras personas que deseen hacer el corte.
Es norma que sólo los invitados del padrino participen de este acto. Se avanza
hasta cortar la mitad de los cabellos del niño o niña, luego realizan un
descanso, tiempo en el cual mastican coca. En este intermedio, el secretario
ejecuta el conteo del dinero recolectado. El secretario anota el nombre de las
personas y el monto que colaboran. Según este listado, será la devolución del
ayni cuando sus invitados sean
padrinos. El
padrino reinicia el corte. Acabado éste, le corresponde al padrino emparejar
los cabellos. Luego pasan a otro descanso en el que el secretario debe tener la
contabilidad exacta del dinero recolectado, y le hace entrega al padrino, éste
a su vez entrega a su comadre, agradeciendo a sus colaboradores e invocando que
el dinero sea usado en bien del ahijado. La
cantidad recaudada depende muchas veces con cuánto empiece el padrino, si la
suma depositada en el primer corte es alto, lo que aporten sus invitados será
con generosidad. También observé que los colaboradores daban más dinero, de
acuerdo a la calidad de licor que recibían. Por ejemplo a un buen colaborador,
el padrino le dará una botella de cerveza. En otros casos, he constatado que
practican el suñay como forma de
regalo que ejecuta algún familiar del niño, por ejemplo una res, una oveja. A
veces esto genera competencia de donaciones. Así vi que frente a un regalo de
una res de parte del abuelo del niño, el padrino respondió diciendo que él
abriría una libreta de ahorros con mil quinientos nuevos soles para su ahijado.
Otras veces es objeto de regalo alguna parcela de tierra. Acabado
el "corta pelo", los cabellos cortados son entregados al padrino, a
quien le traerán buena suerte. Estos cabellos se convierten en representaciones
impersonales concretos (ver Mauss, 1979), en amuletos generadores de buena
suerte, de fortuna.
No obstante, todo ritual establece
ciertos tabúes. Por ejemplo, los cabellos no deben ser derramados, porque
provocaría la desgracia del niño. El tabú en este caso es de carácter mágico,
de magia negativa (Frazer, 1986). En cuanto a la presencia cristiana sólo la
hallamos en el momento de apertura del ritual, cuando el padrino invoca la
licencia de Dios para ejecutar el corte de cabellos.
Finalmente, el rito ubicado en un
tiempo y un espacio liminar (ver Turner, 1980; Leach, 1989) permite percibir el
movimiento del iniciado a través de los límites sociales. Antes del rito la
criatura pertenece a la categoría asexuada; después del rito pertenecerá a la
categoría sexuada: niño o niña, así lo reconocerán no sólo la parentela
del iniciado, sino también la parentela de los padrinos. Antes del rito, la
criatura era desconocida por la sociedad extrafamiliar; después del rito será
conocida por los miembros de la comunidad. Antes del rito, la criatura era
desposeída de bienes; después del rito empezará a ser poseedora de bienes en
forma de dinero, animales y terrenos que sus padrinos o familiares les
obsequian. Antes del rito, la criatura sólo tenía protección de los miembros
de su parentela; después del rito tendrá protección extra familiar (la de sus
padrinos). Antes del rito, la criatura era sólo miembro de su parentela sanguínea;
después del rito será miembro del parentesco ritual. Estas características
sexuales, sociales y económicas antes y después del rito pueden ser ordenadas
así: Características sexuales, sociales y
económicas antes del rito: Asexuado Desconocido Desposeído
de bienes Sin
protección extra familiar Miembro
del parentesco sanguíneo Zona liminar: El
rito del corte de los primeros cabellos. Características sexuales, sociales y económicas después del rito: Sexuado Conocido Poseedor
de bienes Con
protección extra familiar Miembro
del parentesco ritual BIBLIOGRAFÍA CIEZA
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del Centro de Apoyo Rural (CEAR) y miembro de la Sociedad Científica Andina
de Folklore. Publicación enviada por Rita Amparo Orrego Bejarano Contactar mailto:cear@terra.com.pe Código ISPN de la Publicación EEEupuFElkwezyKWaT Publicado Wednesday 20 de April de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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