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Monografias | Apuntes de Gramática HistóricaApuntes de Gramática HistóricaResumen: Por lo común decimos que nuestra Lengua es “hija” del Griego y el Latín. Esta afirmación no dista mucho de la realidad, y por eso es menester hacer referencia primero al Griego. La Lengua Griega es la que hablaban los pueblos griegos posiblemente desde antes del siglo IX a. C., y que actualmente se emplea en Grecia. 1)
Orígenes y Cambios del Griego: Por lo común
decimos que nuestra Lengua es “hija” del Griego y el Latín. Esta afirmación
no dista mucho de la realidad, y por eso es menester hacer referencia primero al
Griego. La Lengua Griega es la que hablaban los pueblos griegos posiblemente
desde antes del siglo IX a. C., y que actualmente se emplea en Grecia. El
griego, sin embargo, no es tan antiguo como el Sánscrito y el Arameo. Pertenece
a la denominada familia “Indoeuropea” de los idiomas, a la que también
pertenecen el Dórico, el Jónico, el Ático y el Eólico, entre otros, que son
llamados en general “Dialectos Griegos” –aunque son verdaderos idiomas–.
El Griego
Clásico es el que se habló en Grecia entre los siglos IX y II a. C. Los
antiguos filósofos ya lo utilizaban, junto con otros de los idiomas que hemos
mencionado. Y es que cada idioma tiene su historia, y se constituye en un
sistema unificado morfológicamente, fonética, sintáctica, semántica, etimológica
y ortográficamente. La Lengua Griega
se extendió tanto en el mundo, cuanto alcanzó primero la expansión colonial
del pueblo helénico, después el influjo militar de las conquistas de Alejandro
Magno y, posteriormente, en todo el Imperio Romano. “GRAECIA
VICTA FERUM VICTOREM CEPIT”.[1]
Así que el griego siguió durante muchos años, siglos, como la lengua de los
romanos de más exquisita cultura y de la aristocracia. Ahora bien, el
griego utiliza fonemas y grafemas y unidades léxicas distintas a las que
llamamos del “alfabeto latino”, siendo su ortografía completamente otra. El
alfabeto griego es de origen fenicio, siendo distinto del Latín y del
Castellano tanto en los grafemas como en la pronunciación. La mayor dificultad
del griego sobre el Latín, se debe en parte a
que no todas las letras se corresponden, y su pronunciación y escritura
varía muchísimo más que en otras lenguas. Pero el griego es,
además, una extraordinaria fuente de contenido etimológico, como una suerte de
matriz lingüística para muchos idiomas, como el Ruso y el Latín, y a través
de este, de nuestro Castellano o Español. Cientos y miles de palabras de
nuestro léxico corriente vienen del griego: Andrés, aristócrata, antropólogo,
aritmética, física, filosofía, filólogo, fotografía, fotosíntesis, geométrico,
geología, lógica, luz, política, psicología, etc. Así que puede verse que
el Castellano o Español tiene como papá al Latín y como Mamá al Griego,
aunque también muchísimo de Árabe. De manera que
estos idiomas clásicos siguen vivos en sus descendientes, que son las Lenguas
Romances (más o menos, podría decirse con verdad, el cuarenta por ciento del
castellano viene del griego). Muchas otras palabras de uso común u ordinario en
castellano vienen del griego: Música, estética, sinfonía, eufonía, cacofonía,
disfonía, eucaristía… en fin. Por otra parte, el griego es una lengua de
unos treinta y cinco (¡!) siglos de antigüedad y, siendo tan antigua, es
natural que a lo largo del tiempo haya ido modificándose, por la interacción
entre los distintos pueblos, las relaciones comerciales, las guerras e
invasiones y demás fenómenos históricos que constituyen el llamado
‘comercio o tráfico cultural’. En las antiguas Polis
griegas, como dijimos, se hablaban distintos dialectos, tales como el Eólico,
el Dórico, el Jónico y el Ático, pero los viejos dialectos fueron olvidándose,
aunque quizá el que más perduró fue el Ático, que se habló especialmente en
el Siglo de Pericles, que conocemos como “Edad de Oro” de Atenas.
Finalmente, con el advenimiento del Cristianismo, el griego se generalizó, llamándose
entonces koinh glwtta (‘koiné glótta’), literalmente “lengua de la
comunidad” o griego común, que a su vez se fue modificando con el paso de los
siglos hasta transformarse en el griego moderno de hoy en día. 2)
Datos Genealógicos Específicos de la Lengua Griega[2]: Ya vimos que la
Lengua Griega se hablaba en la antigua Grecia y en sus colonias. Hay que añadir
que los monumentos más antiguos que de ella poseemos son los celebérrimos “Poemas
Homéricos”, de fecha incierta, pero anteriores al siglo VII a. C. Pero es
necesario detenerse ahora para estudiar su situación y parentesco lingüísticos.
A este respecto sabemos que el griego pertenece a una gran familia de lenguas
derivadas de una lengua primitiva común o primigenia, llamada “Indogermánico”
o “Indoeuropeo”. Constituyen esta
gran familia lingüística, como lenguas hermanas oriundas de la misma lengua
madre o matriz, el Sánscrito, el Persa, el Armenio,
el Albanés, el Griego, el Latín,
el Celta, el Germano y el Baltoeslavo.
Todas ellas, si no han desaparecido enteramente, poco a poco se han ido
cubriendo con el oscuro velo del olvido, y en cualquier caso están prácticamente
extintas si no es al interior de las academias más tradicionales. Pero si en el
numeral anterior (1) habíamos hecho mención de los diversos dialectos griegos,
fue porque no todos los griegos hablaban en la antigüedad la misma lengua,
puesto que cada región tenía su propio dialecto o idioma. Los dialectos
griegos comprenden, pues, cuatro grupos principales, a saber: a)
El Jónico: Era el que hablaban el Eubea
(isla del Mar Egeo), en las Islas Cícladas y en la región del Asia Menor que
comprende a Esmirna, Éfeso y Mileto. El Jónico es la base de la lengua de
Homero, Hesíodo y Heródoto. También da nombre a uno de los llamados órdenes
griegos o estilos clásicos en arquitectura, del que abundan ejemplos en toda
Grecia e Italia. b)
El Eólico: Se hablo en la parte norte de
la costa de Asia Menor, en la isla de Lesbos, en Tesalia y en Boecia. En Eólico
compusieron su poesía Alceo y la famosa Safo. c)
El Dórico: Se usaba principalmente en el
noroeste de Grecia, en el Peloponeso, en la parte sur de la costa de Asia Menor,
en las islas de Creta y Rodas, y en la Magna Grecia. Es la lengua de Píndaro,
Teócrito y de toda la poesía bucólica[3]
y coral. También da nombre al primero de los órdenes griegos en arquitectura,
tal y como lo vemos en el Coliseo Romano. d)
El Ático: Se hablaba en Atenas y sus
alrededores. Fue precisamente el dialecto Ático el más importante de estos
cuatro, no sólo porque se hablaba principalmente en Atenas, sino porque como
lenguaje literario llegó a superar con mucho a los otros tres dialectos,
especialmente entre los siglos V y IV a. C., que llamamos la “Edad de Oro”
de Atenas o Siglo de Pericles. Justamente fue en
el dialecto Ático en el que escribieron los más reconocidos autores de la
literatura griega: los poetas trágicos Esquilo, Sófocles y Eurípides; el
poeta cómico Aristófanes; los historiadores Tucídides y Jenofonte; los
oradores Lisias, Demóstenes y Esquines y, naturalmente, Platón. Posteriormente sería
el Ático el dialecto griego de mayor preeminencia. Así que lo que estudiamos
en la facultad de Filosofía y Humanidades en la cátedra de Griego Clásico (I,
II, III y IV) será el Griego Ático. Posteriormente, ya después de Aristóteles
y de la unificación de Grecia bajo el reinado de Filipo de Macedonia, el
dialecto Ático, ligeramente alterado en contacto con los demás dialectos, se
impuso como lengua literaria por excelencia en toda Grecia, y se extendió a
todo el oriente con las conquistas de Alejandro Magno, pasando a ser ahora h
koinh dialektos (el dialecto de la comunidad), o simplemente h koinh glwtta (la
lengua común). En esta lengua común
escribieron, entre otros, el filósofo por antonomasia, Aristóteles, así como
Polibio y Plutarco; y constituyó, en últimas, el fondo del griego bíblico, así
del Antiguo como del Nuevo Testamento. Luégo, durante el período Bizantino, la
Lengua Griega fue perdiendo paulatinamente su antigua carácter, y con el paso
de los siglos se ha ido transformando hasta lo que llamamos Griego Moderno. 3)
Orígenes y Cambios del Latín: “Si preguntamos
por curiosidad a cualquier persona culta de España o de Hispanoamérica sobre
cuál es el origen de la lengua española, sin duda no va a respondernos que es
España o que es Castilla. Nos dirá, indudablemente, que el origen de nuestra
lengua es el Latín. Igual respuesta nos dirá un francés de París, un marsellés,
un portugués y un rumano, con respecto a ñas lenguas de ellos, porque éstas,
según la filología comparada, proceden también del Latín, que es parte del
llamado grupo itálico, o grupo de lenguas itálicas”.[4] Hoy decimos del
Latín, siguiendo la terminología que usan en las investigaciones lingüísticas
y arqueológicas, que se trata de una lengua “indoeuropea”, es decir, que
sus orígenes se remontan a la India, en Asia, y que su mayor desarrollo fue muy
posterior y en Europa. Ciertos eruditos
sitúan la conformación del Latín Arcaico entre el 753 y el 240 a. C., y
explican que empezó a conformarse a partir del establecimiento de los grupos
arios (de origen indogermánico) que se mezclaron con otros pueblos originarios
de la península italiana, como los oscos, los umbros y otros de nombres extraños,
que fueron enriqueciendo sus dialectos mutuamente hasta dar ese resultado lingüístico.
La historia del
Latín empieza unos cinco mil años antes de Cristo (5.000 a. C., aprox.), entre
los habitantes de la región de Armenia, estratégicamente situada entre los
continentes, cerca de Asia, Asia Menor y Europa. Entre otros grupos allí al sur
de Rusia, se venía desarrollando el pueblo de los arios,
que fue migrando hasta concentrarse en Ariana
(de donde viene su nombre), más conocida como Persia o el moderno Irán. Los
arios se mezclaron ya hacia los 3.000 años a. C. con los grupos allí
existentes y asimilaron elementos lingüísticos del “Zendo” y del
“Iraniano”. Luégo continuaron
su migración hacia lo que conocemos como Afganistán, y más al sur, hacia la
India, donde siguieron entrando en contacto con otros grupos, especialmente con
el de los Vedas (grupo religioso que hablaba el Sánscrito). El Sánscrito
influyó mushísimo en la estructura lingüística de los arios, dándole más
forma y solidez. El predominio de
los arios hizo que siguieran migrando hacia Europa, donde fue imponiéndose
paulatinamente su impronta cultural a otros pueblos, especialmente desde el
idioma, mezclándose con ellos y apropiándose de elementos lingüísticos y
culturales en una simbiosis que generó el desarrollo de las diversas familias
lingüísticas europeas, dentro de los rasgos comunes que los arios iban legando
del Sánscrito. Aunque muchos
recibieron la influencia del Sánscrito a través de la migración de los arios,
los más importantes fueron los siguientes grupos: a)
Los Eslavos: Ubicados en la Europa
oriental, en los territorios que más o menos podríamos identificar con los que
hoy corresponden a Rusia, Checoslovaquia, Yugoslavia y Polonia. b)
Los Germanos: El grupo germánico se situó
en Europa nororiental, Suecia, Noruega, Alemania, y parte de Bélgica. c)
Los Celtas: Localizados más hacia el
occidente europeo, en los territorios que hoy ocupan Inglaterra, Escocia, y
parte de Francia. d)
Los Íberos o Celtíberos: Los que ocuparon
la Península Ibérica o la Iberia,
como la denominaban los romanos, correspondiente a los modernos España y
Portugal. e)
Los Pelasgos: Estaban localizados en la península
helénica, la Grecia actual, donde – como vimos– se desarrolló la Lengua
Griega. f)
Los ITALIOTAS O LATINOS: Es el grupo más
importante para efectos de este estudio. Se ubicaban en el Lacio, en el centro
de la bota italiana, y hacia el siglo VIII a. C. ya tenían los rudimentos del
Latín, que junto con el osco y el umbrío servían de instrumento de comunicación
a todos los habitantes de la península. Parece ser que fueron los Etruscos (de
Etruria, un grupo portador de una notable cultura), los responsables del aspecto
urbano y colonizador que caracterizó a Roma desde su fundación, fechada por lo
general en el 753 a. C. Nótese como la
Lengua Griega y la Latina, aunque de idéntico origen ario, fueron desarrollándose
de manera muy distinta e independiente; de manera que el Griego no es, como
suele escucharse a menudo, el padre del Latín. A lo sumo podría considerárselos
idiomas hermanos, por provenir del mismo tronco. Otra cosa es que, durante el
período de predominio cultural griego, y a través de su literatura, el griego
haya influenciado grandemente la lengua, las letras y la cultura latinas. El Latín (etimológicamente
“[lengua del] Lacio”, de Latus, -a,
-um. Nótese cómo en ésta etimología se sintetiza el afán católico, es
decir, de universalidad o conquista, de la Lengua, característica que se repite
también en la nuestra castellana) vino a imponerse sobre prácticamente todos
los dialectos existentes y se convirtió en la lengua oficial del Imperio
Romano, extendiéndose así a sus dominios en toda Europa, y parte de Asia y África,
al paso arrollador de las legiones y las águilas imperiales.
4)
El Latín en España: Como se dijo
arriba, España estaba habitada originalmente por pueblos muy diversos, reunidos
bajo el nombre de Íberos o Celtíberos
(los antiguos pueblos “españoles” que se fundieron con los invasores
celtas).[5]
Estos pueblos se fundieron con los fenicios
(hacia el 1.100 a.C.) y con pueblos griegos
que inmigraron tras la caída de la hegemonía de Grecia en el Mediterráneo.
Precisamente fueron los griegos los que le dieron el nombre de Iberia
a la península, aproximadamente desde el siglo VI a.C., aunque los romanos
siempre la llamaron Hispania. Los historiadores
han construido ya de mucho tiempo acá un largo y denso relato que cuenta cómo
el Imperio Romano se apoderó de España. Baste decir que para el siglo III d.
C. ya Hispania era provincia romana, y empezaba a organizarse políticamente según
las pautas imperiales, a pesar de las muchas guerras e insurrecciones (sobre
todo de los pueblos del interior). Para el año 409 se imponía definitivamente
la Lengua Latina y, todo ese territorio, donde “no se había producido ninguna
cosecha intelectual alguna, se convirtió –por obra de la civilización
latina– en un semillero de personalidades eminentes”, en palabras de Nicolás
Bayona Posada. Para hacer el
cuento corto: desde el s. II a.C. hasta el siglo V d.C. España hizo parte del
Imperio Romano, pero cuando éste cayó toda la península fue invadida por los
bárbaros (visigodos). Empero, éstos adoptaron también la Lengua Latina,
enriqueciéndola. Después vino la invasión de los árabes y los judíos, desde
el 711 hasta el año de 1492. Durante esos siglos el latín llegó naturalmente
a su decadencia, y a medida que España se iba convirtiendo en una nación, y luégo
en un Estado, así mismo fue evolucionando la lengua. Menéndez Pidal
indica que, ya desde el s. VIII de nuestra era,
había en España un deseo de escribir y hablar con independencia del Latín.
Claro que el Latín seguía vivo: el vulgar era el que se hablaba normalmente,
era la lengua del pueblo y la que dio pie a la evolución idiomática, por ser
flexible y abierto; el latín culto era el de las clases altas, principalmente
del clero, y seguía el modelo de los oradores romanos clásicos, era el que se
emulaba de César y Cicerón, y por tanto mucho más estable y cerrado. a)
Hegemonía Leonesa: Se llama al
período que va del 920 al 1067, y en el que fueron redactadas en el territorio
de San Millán las famosas glosas
emilianenses. Se dice de estas glosas, acotaciones, apuntillas o “apuntes
al pie” que son el primer documento histórico de que se tenga memoria en que
se usa el romance español con deseo
de independencia del Latín. Parece ser que algunos monjes escribanos estaban
preocupados por hacer llegar el evangelio al pueblo, en algún modo en que
pudieran entenderlo mejor, y quizá a raíz de este afán pedagógico uno de
ellos redactó estas glosas, comentando una oración latina. Dicen esto: “Con
el ayudamiento de nuestro dueño don Cristo don Salvador, el cual dueño es en
la honra y el cual dueño tiene la potestad con el padre con el Espíritu Santo
en los siglos de los siglos. Háganos Dios Omnipotente tal servicio; hacer que
delante ela su faz gozosos seyamos. Amem”. [sic] b)
Hegemonía Castellana: Se llama al período
que va del 1067 al 1140 y que se caracterizó por la lucha de Castilla por la
hegemonía. Castilla se dividía entonces en lo que se llama “Castilla la
Vieja” [Ávila, Segovia, Burgos, Valladolid, Santander, Logroño, etc.] y
“Castilla la Nueva” [Madrid, Toledo, Ciudad Real, etc.]. Esa preponderancia
de Castilla sólo vino a lograrse hacia el 1157 y con ella la preponderancia
lingüística del Castellano sobre otras influencias, mozárabe y orientales. El nombre de la
lengua procede de la tierra de castillos que la configuró, Castilla, y antes
del siglo X no puede hablarse de ella. Por entonces existían cuatro grandes
dominios lingüísticos en la Península: castellano, leonés, aragonés y mozárabe. El castellano fue
tan innovador en la evolución del latín como lo fueron los habitantes de
Castilla en lo político. A esta época pertenecen las Glosas
silenses y las Glosas emilianenses,
del siglo X, que son anotaciones en romance a los textos en latín: contienen
palabras y construcciones que no se entendían ya. Las primeras se escribieron
en el monasterio benedictino de Silos, donde para aclarar el texto de un
penitencial puede leerse “quod: por
ke”, “ignorante: non sapiendo”;
las Glosas emilianenses se escriben en el monasterio de San Millán de la
Cogolla o de Suso. Los estudios
latinos recobraron fuerza y ayudaron a dar forma a este romance
español, al Castellano en formación. Predominó entonces la lengua española
por sobre todos los dialectos, idiomas y argots que se extendían por España.
El español del siglo XII ya era la lengua de los documentos notariales y de la
Biblia que mandó traducir Alfonso X. Pero no fue sino hasta la aparición de
Antonio de Lebrija (o Nebrija) en el siglo XV que se dieran unas reglas
concretas y empezara la Gramática Española. La publicación de la
primera gramática castellana de Elio Antonio de Nebrija en 1492, fecha del
descubrimiento de América y de la toma de Granada por los Reyes Católicos,
establece el inicio del Castellano Moderno. Posteriormente
vino la conquista de América y la Lengua Española se adoptó por gracia de
Dios en todas las indias, en toda Latinoamérica, especialmente merced a la
evangelización de los misioneros españoles. Cabe anotar aquí que algunos de
ellos también procuraron redactar gramáticas indígenas, algunas de las que se
conservan todavía hoy. El resto es historia. [1]
La Grecia dominada cautivó a su
terrible conquistador. [2]
Véase: Jaime Berenguer Amenós, “Gramática
Griega”, Ed. Bosch; Barcelona, 1999. y especialmente la excelente
publicación numerada del Banco de la República de las “Letras
Griegas y Latinas”, de Julián Motta Salas, Bogotá, 1959. [3]
Género de poesía en que se trata de
cosas concernientes a los pastores o la vida campestre, y cuyas obras son
por lo general dialogadas. [4]
Ciro Alfonso LOBO: “Morfología
y Sintaxis Español-Latín-Español”, Ed. Sterner; Bogotá, 1980. p.
22. [5]
Algunos autores afirman de los Íberos
que son descendientes de la India o de Escitia, por tanto, que son de origen
ario, asiático. Otros autores afirman que son de origen camita, es decir,
negro o africano. No obstante, y a pesar de la Crítica Histórica de
izquierda, especialmente para efectos de la enseñanza en colegios y
universidades (por razones de inculturación, de política y de formación
de la mentalidad joven, por lo menos en la tradición conservadora
colombiana) deberemos preferir y decir siempre que los Íberos eran, como
los Celtas, de origen indogermánico, en consecuencia, que tenían sangre
aria. Publicación enviada por Andrés Martínez Pardo Contactar mailto:martinezpardoandres@yahoo.com Código ISPN de la Publicación EEFAukEFyAVIXnYgkU Publicado Wednesday 8 de February de 2006 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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