Monografias | ¿Por qué en relatividad el tiempo depende del marco de referencia? El espaciotiempo de Minkowski como kantiana condición de posibilidad para realizar cálculos relativísticos¿Por qué en relatividad el tiempo depende del marco de referencia? El espaciotiempo de Minkowski como kantiana condición de posibilidad para realizar cálculos relativísticosResumen: La fantasía es una capacidad imprescindible para el obrar y la existencia humanos. También permite desplegar cierta estrategia de dominación: alejar de la realidad a ciertos sectores entregándolos a las alas de su propia fantasía. Es así que junto a numerosos escapismos se los estimula a dedicar tiempo, energías y con frecuencia dinero para explorar los viajes en el tiempo y fantásticas lucubraciones afines. Ese uso que podría calificarse de político gira en torno a un núcleo de actividad académica que lo legitima con aparente seriedad y hace imposible que los menos preparados deconstruyan el ensamblaje de estimulantes mendacidades, que los mantienen convenientemente fascinados. Resumen
divulgatorio y para estudiantes:
La fantasía es una capacidad imprescindible para el obrar y la existencia
humanos. También permite desplegar cierta estrategia de dominación: alejar
de la realidad a ciertos sectores entregándolos a las alas de su propia
fantasía. Es así que junto a numerosos escapismos se los estimula a dedicar
tiempo, energías y con frecuencia dinero para explorar los viajes en el
tiempo y fantásticas lucubraciones afines. Ese uso que podría calificarse de
político gira en torno a un núcleo de actividad académica que lo legitima
con aparente seriedad y hace imposible que los menos preparados deconstruyan
el ensamblaje de estimulantes mendacidades, que los mantienen convenientemente
fascinados. La misma incapacidad afecta a no pocos de los más preparados. De
hecho, son muy numerosos los físicos matemáticos que suponen que el tiempo
es navegable. En
realidad no lo es (después se resumirá cómo es que sabemos esto). Pero para
pensarlo debe imaginárselo así. Para que esos físicos matemáticos puedan
realizar los cálculos de física relativística deben suponer los intervalos
como dados de una sola vez, "ya" – navegablemente. Si no lo
supusieran así, dichos cálculos no podrían llevarse a cabo. El continuo
espaciotemporal o espaciotiempo de Minkowski, donde los intervalos se
consideran como si fuesen tan navegables como lo son las dimensiones del
espacio, es pues una condición de posibilidad para llevar a cabo los cálculos
relativísticos. Kant, dentro de una visión de la realidad que hoy sería
insostenible[1],
sin embargo fue llevado a distinguir las condiciones de posibilidad que
permiten referirse intelectualmente a los procesos externos reflejados por la
sensación. Para pensar la duración de estos procesos es necesario encarar
esa duración como espacializada, navegable: no podemos comparar intervalos si
no nos los figuramos como simultáneamente dados en toda su "extensión". Esta
navegable "extensión", en realidad, no existe de una vez – pero
sin suponerlo no sería posible figurarse tales intervalos. Sí sería posible
tratarlos en modo puramente simbólico, sin figuración; pero esta es
imprescindible para interpretar vivencialmente (aperceptualmente) las
articulaciones de esos símbolos. Pero
la prédica continua de la industria del "entertainment" hace tomar
esa necesidad para pensar cosas como una realidad de las cosas en sí: como
decían los babilonios, cuando el sabio señala la luna los tontos miran el
dedo. Resulta de tal modo que son muchísimos quienes invierten sus recursos
en fantasear, o hasta imaginar con aparato erudito, esa yección simultánea
de los intervalos. Creen pues que las cosas tienen lo que llaman "partes
temporales"; por ejemplo, que el presente lector, en su existencia hace
diez años y dentro de diez años, también existe ahora en alguna parte o
alguna forma y que sólo es su psiquismo lo que se mueve entre esas realidades
perdurantes (las "partes temporales" que integrarían al lector
completo), creyendo ilusoriamente que le son dadas de a un instante por vez.
¿Cómo no fantasear con "viajes en el tiempo" al tomarse en serio
esa perspectiva? Claro
que esa opinión tendría grandísima necesidad de encontrar sustento en
alguna prueba. Pero, ¿en qué recoveco del mundo podríamos encontrar cosas
pasadas y futuras? Todo lo extramental remite. En esa búsqueda angustiosa
surge la cuestión que nos ocupa. Porque la física relativística, no
necesariamente la teoría general
de la relatividad, que tiene algunos aspectos controvertidos, sino la misma
relatividad especial que es un procedimiento geométrico para describir las
perspectivas que recíprocamente se tendrían desde diferentes estados físicos
de movimiento y por ello es aceptada sin controversias, tiene algo que decir
al respecto. En
efecto, cuando el objeto móvil es un punto la física relativística no señala
nada extraño. Pero cuando el objeto móvil es alargado en el sentido del
trayecto, lo que significa que su volumen cubre o contiene una pequeña porción
del itinerario, la descripción relativística desde otro móvil exterior
describe como simultáneos estados de las dos puntas del primero (la punta
trasera y la delantera del móvil alargado) que serían pasados y futuros en
la perspectiva tomada desde el centro del móvil alargado. Como
ilustración se suele imaginar un tren interestelar o un bastón muy largo,
extendidos en el sentido de su movimiento a casi la velocidad de la luz.
Descriptos desde el centro de los mismos, supongamos que en el extremo
posterior ya pasó algo, habiendo ocurrido allí tal vez una señalización
luminosa; y que en el extremo delantero todavía no ocurrió algo de nuestro
interés, tal vez otra señalización. Lo que ocurrió en el extremo
posterior, lo que ocurre en el centro del móvil alargado, y lo que ocurrirá
en su extremo anterior no son, pues, eventos simultáneos. Al contrario, en
este esquema, en cierto momento en que la ocurrencia central sea presente, la
de cola ya será pasada y la del frente aún será futura. En ese mismo
momento, en la perspectiva tomada desde un vehículo que pasase moviéndose a
velocidad cercana o similar a la de la luz, las señales de los tres eventos
podrán recibirse simultáneamente. Por supuesto un adecuado análisis del
trayecto y tiempos insumidos por las señales mostraría que aunque las señales
se reciben simultáneamente los eventos señalizados ocurrieron en diferentes
tiempos, uno tras otro – tal como tres cartas llegadas juntas pueden haber
sido despachadas separadamente. Hay que tomarse el trabajo de ser minucioso.
Ese análisis de la semiosis aclaró por ejemplo lo que durante bastantes años
fue creído paradójico, la (pseudo)"paradoja de los gemelos". Ya
hace varias décadas que, aunque los desinformados y no pocos textos de
voladiza profundidad siguen maravillándose ante la (pseudo)"paradoja de
los mellizos", es bien sabido por los especialistas que no se trata de
ninguna paradoja. La determinación de qué gemelo envejece más y de cuál
envejece menos obedece a sus diferentes trayectorias en lo que debemos
describir como espaciotiempo. (Sus diferentes aceleraciones no tienen nada que
ver). Igualmente la simultaneización de la recepción de las señales
emitidas una después de otra obedece a sus diferentes trayectorias en lo que
debemos describir como espaciotiempo. Nada hay de extraño en ello. Pero
se lo ha tomado como aparente prueba de que hechos pasados y futuros perduran
en algún modo o "lugar": de que la infancia del lector y sus años
futuros existen ahora y es sólo su consciencia lo que viaja entre ellos. Sus
"partes temporales" no tendrían consciencia (serían zombies
esperando el instante de animarse con máxima fugacidad física, y el lector
consistiría en el conjunto de todos esos zombies más la saltarina
consciencia que los enhebra con irreversibilidad cognoscitiva); o, sí, tendrían
consciencia, pero la experiencia del lector se dividiría sin cesar a medida
que brinca desde una parte temporal a la siguiente (à
la Everett III), o … macanas, diríamos por estos lares. En
efecto, son macanas: puro macaneo,
fantasías sin fundamento lucubradas para explicar un error, el de haber
supuesto que la necesidad de figurarse los intervalos como dados por completo
de una vez, necesidad que es condición de posibilidad para los cálculos
relativísticos, informa algo acerca de esos intervalos que ocurren fuera de
la mente del científico. En términos de Emanuel Kant, el error consiste en
suponer que la condición de posibilidad necesaria para pensar algo informa
adecuadamente acerca de la realidad extramental de ese algo, al que Kant llama
"noúmeno". Esta palabra significa "lo pensado". Sabemos
que no habitamos un sueño y que lo extramental existe. Lo sabemos porque los
animales empsiqueados, es decir cuyo nivel más superior de regulaciones orgánicas
lo desempeña un psiquismo allí circunstanciado, presentan conocimientos
adaptativamente ajustados al entorno. Ese ajuste, como lo muestra la
epistemología genética, no se adquiere por contemplación sino porque el
psiquismo va "tanteando"; es decir, tienta el entorno con activas
modificaciones que eficientemente causa; y entre sus propias reacciones
(entonaciones sensoriales) a las modificaciones externas así causadas,
distingue los objetos ambientales que se conservan: los distingue de su propia
acción causal (semoviencia). Así va construyendo su desarrollo intelectual y
conociendo objetos internos ajustados a la intimidad causal de las cosas
externas, cuyas características para operar con ellas ("concepto")
así se le revelan. Como esa causalidad eficiente de la semoviencia del
observador es la misma con que topa al querer negarla ("cogito"), en
la realidad de la misma halla el carácter extraonírico o suprafenomenal de
la naturaleza toda – punto este básico del realismo, nada ingenuo, en que
se afianza nuestra tradición neurobiológica. De
tal modo, no conocemos las cosas extramentales por medio de nuestras
condiciones de posibilidad para pensarlas, sino a través de tantear
explorativamente las características causales que intrínsecamente las
distinguen. Nuestra condición de posibilidad para pensar el tiempo y así
realizar cálculos relativísticos, necesaria condición de posibilidad que
incluye concebir al tiempo como una dimensión navegable análoga a las
dimensiones espaciales ("espaciotiempo", nombre propuesto por
Hermann Minkowski en 1908), no se ajusta a la realidad noumenal de su objeto:
los intervalos. Esta
realidad es conocida por medio de aquellos tanteos que originan nuestro
desarrollo intelectual y posibilitan compartirlo acumulativamente,
constituyendo las ciencias contemporáneas. No obstante, la mencionada
acumulación de errores quiere ver la realidad como un sueño, puramente
subjetivo, y el tiempo como ilusorio. De ahí que numerosos autores, algunos
de los cuales se comentan en detalle en el trabajo aquí resumido, sostienen
que la confirmación experimental de los cálculos relativísticos demuestra
que las cosas poseen partes temporales perdurantes, yectas a existir en un
pasado y un futuro que simplemente espera nuestra visita. Tal
fantasía sería apenas distractiva si no afectara el adelanto de la
neurobiología. En efecto, la localización inmediata de las interacciones de
los psiquismos con la extramentalidad se ha determinado en partículas aun no
identificadas cuyo estado de movimiento genera ciertos efectos psicofisiológicos.
La extendida fábula de la posibilidad de viajar en el tiempo y su supuesta
prueba en que los movimientos relativísticos simultaneízan pasado y futuro
induciría a creer, en modo tan inexperto como apresurado, que dicha
localización de la interacciones de los psiquismos permitiría fundamentar
antiguas supersticiones y hodiernas pseudociencias, bien conocidas. El estudio
aquí resumido tiende, pues, a eludir ese despiste. [1]
Porque se basa en la impugnación
de la causalidad eficiente que había propuesto Hume. Este no hubiera podido
preveer que 163 años después Planck originaría la explicación que, aún
más tarde, se halló que explicaba por qué la causación eficiente fuera
de la mente (extramental) no puede crear ninguna impresión en los
observadores – de modo que uno no puede detectarla. Ello se debe a que la
causación eficiente ocurre en partículas discretas portadoras de la acción,
las que dejan de existir al generar el cambio físico que producen. Se
agotan en ello, como desde mediados del pasado siglo comenzó a señalar uno
de los investigadores en nuestra tradición neurobiológica. Por eso tales
portadores de la acción que genera cambios no pueden también
dejar impresión alguna en los observadores. Pero la causación eficiente es
observable intramentalmente. Hume al no observarla extramentalmente,
imposibilidad que desde hace medio siglo es de esperar, declaró (sirviendo
a otras intenciones) que no tenía ningún motivo para creer en su
existencia, sin distinguir entre extramentalidad e intramentalidad. _____ Copyright
© 2005 Gobierno
de la ciudad de Buenos Aires Hospital
Neuropsiquiátrico "Dr. José Tiburcio Borda" Laboratorio
de Investigaciones Electroneurobiológicas y Revista Electroneurobiología Resumen
castellano de Why
is Time Frame-dependent in Relativity? Minkowski's spacetime as a Kantian
'condition of possibility' for relativistic calculations Electroneurobiología
vol. 13 (3), pp. 181-237, 2005; disponible (en inglés) en la Red, en (Gobierno
de la Ciudad de Buenos Aires) : http://electroneubio.secyt.gov.ar/index2.htm/ y
en ( por Mariela
Szirko Correo
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