Monografias | Defensa de Finlay en los libros de texto de Historia de Cuba durante el período Neocolonial (1902-1958)

Defensa de Finlay en los libros de texto de Historia de Cuba durante el período Neocolonial (1902-1958)

Resumen: Este artículo aborda un aspecto relacionado con la enseñanza de la historia de Cuba durante el período neocolonial (1902-1958). Presenta en este sentido una caracterización del aporte de varios libros de texto de Historia de Cuba publicados en esta etapa, a la labor desarrollada por el pueblo cubano en defensa de la vida y obra del científico Carlos J. Finlay, ante las intenciones de desvirtuar su autoría sobre el genial descubrimiento del agente trasmisor de la transmisión de la fiebre amarilla.

Publicación enviada por Máster Luis Ernesto Martínez González


 

RESUMEN

Este artículo aborda un aspecto relacionado con la enseñanza de la historia de Cuba durante el período neocolonial (1902-1958). Presenta en este sentido una caracterización del aporte de varios libros de texto de Historia de Cuba publicados en esta etapa, a la labor desarrollada por el pueblo cubano en defensa de la vida y obra del científico Carlos J. Finlay, ante las intenciones de desvirtuar su autoría sobre el genial descubrimiento del agente trasmisor de la transmisión de la fiebre amarilla.

INTRODUCCIÓN

La historia educa en los alumnos y el pueblo en general, los sentimientos de patriotismo e identidad nacional. Ello requiere enfatizar en las mejores tradiciones progresistas, contribuyendo a crear un orgullo genuino por lo más relevante de la evolución política, cultural y social de cualquier nación. En el caso cubano esto ha implicado la lucha por salvaguardar los más entrañables valores de la cultura nacional, preservándolos de ideologías extrañas y penetraciones neocoloniales más o menos solapadas.

Esta tarea, que siempre ha sido de primordial orden para los cubanos por múltiples razones históricas, se puede desarrollar con éxito cuando el maestro sabe, apoyándose en el contenido de un texto concreto, educar en los sentimientos de amor a la patria y a su cultura.

Cuando se asume la defensa de estos valores nacionales a partir del estudio de personalidades, ello permite identificar concretamente en los hijos preclaros de Cuba, aquellos valores que existen en el ámbito nacional o que subsisten en lo mejor del pueblo, como la honradez, la honestidad, la responsabilidad, el patriotismo, entre otros. La enseñanza de la historia de Cuba puede y ha desempeñado un papel destacadísimo en la defensa de estos valores que nos identifican como nación.

Resulta importante demostrar lo planteado anteriormente con una figura cumbre de nuestra historia científica: Carlos J. Finlay (1833-1915), a partir de caracterizar la defensa de su vida y obra en varios de los textos de historia de Cuba durante la etapa anterior a 1959.

DESARROLLO

Carlos Juan Finlay de Barres, nació en Camagüey, cursó sus estudios en Europa y en 1855 se graduó como médico en los Estados Unidos. Desde 1858 comenzó a investigar sobre la fiebre amarilla. El 18 de febrero de 1881, en la Conferencia Internacional Sanitaria, celebrada en Estados Unidos, defendió por vez primera su revolucionaria teoría acerca del contagio de esta enfermedad a través de una especie de mosquito. En este propio año, el 14 de agosto, presentó en la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, su trabajo: El mosquito hipotéticamente considerado como agente de transmisión de la fiebre amarilla.

En este trabajo y a partir de toda su labor práctica, Finlay descubrió y formuló la teoría científica del contagio de las enfermedades, o sea, del modo de propagación y su transmisión de una persona enferma a un sujeto sano apto para contraerla. Esto tuvo, por su aplicación a todos los organismos vivos, el carácter de un descubrimiento biológico. También Finlay determinó, con notable exactitud, el vector responsable de esta transmisión, el mosquito hoy denominado científicamente Aedes aegypti.

Esta teoría, que Finlay pudo además comprobar experimentalmente, fue acogida con frialdad por la comunidad científica cubana, puesto que significaba una ruptura con el nivel de los conocimientos médicos prevalecientes en la etapa. Sin embargo, este avance estimuló el desarrollo de investigaciones similares en otras enfermedades y creó una nueva ciencia: la entomología médica.

Con la primera ocupación militar norteamericana (1899-1902) esta situación cambió radicalmente y, tras varios intentos infructuosos, una comisión médica yanqui dirigida por el Dr. Walter Reed e integrada por los médicos Jesse Lazear, James Carroll y Arístides Agramonte, corrobora lo planteado por Finlay. No obstante, como ha señalado el historiador José López Sánchez, debe quedar claro que el "...afrontamiento de la fiebre amarilla por el gobierno interventor fue una acción política, porque si ellos no lograban exterminar la fiebre amarilla, se desmoronaba su tesis de que venían a sanear la isla." [i]

Posteriormente, en Estados Unidos se desarrolló una campaña dirigida a opacar la figura de Finlay y a glorificar a Walter Reed, a la cual no fue ajeno este último.[ii]  Hoy "...se hace evidente que el intento de despojo, y de adjudicación por parte de Estados Unidos, fundamentalmente, en favor de Walter Reed, no es un episodio como otros tantos, que han tenido lugar en el decurso de la historia médica sobre cuestión de precedencias, rivalidades o celos, sino que se proyectó rebasando lo meramente científico, para hacer de esto un factor más en la prepotencia del imperialismo en su afán expansivo por América y de sojuzgamiento de sus pueblos." [iii]

Paralelamente a esto múltiples personalidades se destacaron en la defensa de la obra científica de Finlay y su paternidad sobre la teoría de la transmisión de enfermedades contagiosas mediante insectos. En el período neocolonial sobresalieron en este aspecto los médicos Juan Guiteras, José A. López del Valle, Domingo Ramos, Federico Torralbas, Diego Tamayo, Jorge Le Roy, Carlos E. Finlay y Francisco Domínguez Roldán, así como los historiadores Emilio Roig de Leuchsenring y César Rodríguez Expósito.

Gracias a sus esfuerzos se reivindicó la obra y grandeza finlaísta en eventos como:

§         VI Conferencia Internacional Panamericana. La Habana, 1928.

§         X Congreso de Historia de la Medicina. Madrid, 1935.

§         Congreso Panamericano de Medicina General, 1939.

§         I y VI Congreso Nacional de Historia. Cuba, 1942 y 1947.

§         XIV y XV Congreso Internacional de Historia de la Medicina. Roma, 1954 y Madrid, 1956.

§         XXII Congreso Internacional de Historia de la Medicina. Bucarest, 1970.

En relación con lo anterior el biógrafo de Finlay, Dr. José López Sánchez, ha destacado que si "...algo se reveló como un elemento catalizador para la unión de las más disímiles personalidades del mundo médico, científico y político fue precisamente la defensa de Finlay." [iv] Sobre estos esfuerzos realizados para la justa valoración de Finlay y su obra, es necesario señalar que fue "...un hecho digno del mayor encomio, la unidad que se forjó en torno a la defensa de la teoría de Finlay, sobre todo frente a la ambición de apropiársela el gobierno de Estados Unidos. Por supuesto que no todos convergían en ciertos aspectos de la controversia, matizándola con sus propias opiniones científicas e ideológicas." [v]

Es por ello que no se debe dejar pasar por alto que la "...defensa de la prioridad de Finlay en el descubrimiento de la fiebre amarilla y en la formulación de la teoría de los vectores biológicos de enfermedades microbianas fue, durante los años de la república neocolonial, una de las banderas que esgrimieron los defensores de nuestra cultura nacional y del prestigio y capacidad de nuestro pueblo." [vi]

Pionero en esta labor reivindicadora, a partir de la enseñanza de la historia, fue el Dr. Vidal Morales y Morales, autor de Nociones de Historia de Cuba, texto que apareció en 1904 y después tuvo varias ediciones. Precisamente en su quinta edición, revisada por el Dr. Carlos de la Torre, se planteó lo siguiente: "La primera intervención americana vino a llevar a cabo una obra radical de saneamiento, extirpando de raíz endemias que, como la fiebre amarilla, tifus, paludismo, etc., existían desde tiempo inmemorial en Cuba. Los trabajos de un ilustre hombre de ciencia cubano, el Dr. Finlay, que descubrió la transmisión de la fiebre amarilla por la picadura de un mosquito stegomia fasciata, permitió combatir con éxito la endemia hasta hacerla desaparecer completamente." [vii]

Temporalmente le siguió en este empeño el Dr. Juan M. Leiseca, autor del texto Historia de Cuba, publicado en 1925. Como parte del contenido del libro, este episodio de nuestra historia fue denominado como "Triunfo de Finlay" y se mencionó después la necesidad que tuvieron los norteamericanos de erradicar la fiebre amarilla, así como la composición de la comisión dirigida por Reed. También se incluyeron aspectos de la historia de la enfermedad y se añadió que el "...médico cubano Carlos J. Finlay venía sosteniendo lo mismo, pero los grandes de la ciencia buscaban en los laboratorios y no podían hacer caso de un insignificante médico sin historia de sabio."  [viii]

De la misma forma, este autor incluyó una breve reseña de los trabajos de la comisión resaltó el ejemplo honesto de los médicos Carroll y Lazear. Después dice: "Carlos J. Finlay, humilde y modesto médico cubano, había triunfado. ¡El médico criollo tenía razón! Se había encontrado al transmisor de la fiebre amarilla, al transmisor de la muerte, y ya podía venir a Cuba la juventud de otros países sin temor a la sierpe. Finlay había señalado al transmisor, y ese era el stegomya calopus.[ix] Para combatir el mal bastaba destruir el insecto, y a esa obra se puso mano, con lo que desapareció la fiebre amarilla. Fue necesario que España perdiera a Cuba para que los españoles pudieran arribar a las playas cubanas en busca de fortuna sin encontrar la muerte segura y traidora oculta en la insignificante expresión de un mosquito."  [x]

En el resumen correspondiente al capítulo donde se incluyeron las citas anteriores, Leiseca agregó, como uno de los hechos más relevantes del período, el siguiente comentario: "Otro suceso importantísimo fue el descubrimiento de la causa productora de la fiebre amarilla (el mosquito), triunfando la teoría o afirmación del médico cubano Carlos J. Finlay."  [xi]

En sus Nociones de Historia de Cuba, obra que apareció por vez primera en 1927, el destacado historiador cubano Ramiro Guerra Sánchez destacó que durante la primera ocupación yanqui se realizaron "...grandes adelantos en la ejecución de obras de utilidad general y en la higiene pública."  [xii]

Más delante agregó que las "...epidemias fueron muy combatidas, y se logró extirpar la fiebre amarilla. Este gran adelanto se logró gracias a que se comprobó la verdad de la teoría del sabio médico cubano don Carlos Finlay sobre el origen de la enfermedad, y a las medidas que en relación con dicho descubrimiento tomó el Jefe de Sanidad de la isla, Mr. Gorgas.”  [xiii]

Otra obra histórica utilizada como texto donde se asumió la defensa de Finlay fue Resumen de la Historia de Cuba, publicada varias veces por los doctores Isidro Pérez Martínez e Isidro Pérez Sanjurjo. En uno de sus acápites, el titulado "El doctor Finlay y la fiebre amarilla", se planteó que en el año “...1900, el médico cubano doctor Carlos J. Finlay demostró con pruebas terminantes que la fiebre amarilla era trasmitida por una clase de mosquitos, y se combatió de tal modo y con tanto acierto esa terrible enfermedad y su propagación que desapareció de Cuba. Ayudaron eficazmente al doctor Finlay en sus experimentos y demostraciones los doctores Agramonte, Delgado y Lazear, pereciendo este último a consecuencia de los experimentos."  [xiv]

Uno de los textos más relevantes del período, Historia de Cuba del Dr. Fernando Portuondo del Prado, analizó lo referido a la obra sanitaria del gobierno de Leonard Wood en Cuba, las medidas dictadas según las célebres Ordenanzas sanitarias, la labor de la Junta Superior de Sanidad y después planteó que "...fue inusitada la actividad y energía desplegadas por los agentes del servicio de sanidad para erradicar los focos de procreación de mosquitos, cuando quedó probada la teoría del sabio cubano Carlos Finlay sobre la transmisión de la fiebre amarilla por cierta especie de estos insectos."  [xv]

Como aspecto novedoso se incluyó en la figura 326, titulada "Probando la teoría de Finlay", el cuadro Conquistadores de la fiebre amarilla, del pintor norteamericano Dean Cornwell. Al pie del grabado apareció que en el mismo "...ha sido reconstruido el dramático momento del año 1900, en que la Comisión de Fiebre Amarilla del Ejército Americano iniciaba la inoculación de la terrible enfermedad por medio de un mosquito infectado, en uno de los médicos militares sometidos voluntariamente a la riesgosa prueba. Entre los que presencian la operación aparecen de pie, a la izquierda, el sabio cubano autor de la teoría en experimento, y a la derecha, sentado, el gobernador militar, general Leonard Wood."  [xvi]

Sobre esta significativa obra plástica dijo el Dr. López Sánchez: "En esta misma fecha [1939] apareció el bien conocido cuadro (...), en la serie denominada Pioneros de la Medicina Americana. Cierto que la escena es imaginada y muy apartada de la realidad, ya que la Comisión americana llevó a cabo sus experimentos en circuito cerrado y absolutamente secreto, a la que no tuvo jamás acceso Finlay ni ningún otro investigador cubano. Lo meritorio del mismo es que aparece la figura de Finlay con sus rasgos de nobleza y bondad tan característicos de su personalidad y en una actitud como si bajo su vista se llevasen a cabo las inoculaciones. ¡Lástima grande para la ciencia médica fue que esta fantasía no fuese una plasmación de la realidad! Cornwell demostró valentía y honestidad al hacer figurar a Finlay en el cuadro y sobre todo en la pose que históricamente fue la cierta, la del maestro que presidía los experimentos para revelar la verdad de su magistral doctrina."  [xvii]

Con el texto Curso de Historia de Cuba, escrito a finales de los años 50 y  publicado en 1959, se cierra este período histórico, en el cual se asumió con vehemencia la defensa de Finlay. En él sus autores, los doctores Edilberto Marbán Escobar y Elio Leyva Luna, describen la situación sanitaria del país al cese de la soberanía española y mencionan las medidas tomadas al respecto por Brooke y Wood, a cuyo gobierno, según ellos, correspondió la gloria "...de haber contribuido a exterminar en Cuba el vómito negro o fiebre amarilla..."  [xviii]

Mencionan además el arribo a Cuba de la comisión médica dirigida por Reed y que, después de fracasar en un inicio, se "...decidió verificar la del sabio cubano Carlos J. Finlay, quien, en agosto de 1881, la había dado a conocer a la Academia de Ciencias...", la cual no tomó "...en mucha consideración el trabajo de Finlay..." [xix] en aquel momento.

Seguidamente valoran de manera positiva lo planteado por Finlay, con estas palabras: "Llevando a cabo sus experimentos mediante un riguroso plan científico, la Comisión pudo confirmar las teorías del sabio cubano e inmediatamente se dictaron las medidas sanitarias para combatir al mosquito, que los estudios de Finlay habían hallado como el agente trasmisor de la fiebre amarilla.  Las doctrinas de Finlay, que fueron comprobadas luego fuera de Cuba, permitieron hacer de La Habana y de las más importantes poblaciones de la Isla lugares perfectamente habitables desde el punto de vista sanitario; y gracias a ellos logróse la construcción del Canal de Panamá, al ser saneadas completamente aquellas regiones mediante una enérgica campaña antiamarilla." [xx]

Este texto, con el cual se cierra el análisis, demuestra también la labor desarrollada por los historiadores cubanos en defensa de la figura de Carlos J. Finlay para que su legado científico fuese conocido en la escuela pública, mediante la publicación de libros para la enseñanza.

Sin lugar a dudas, la polémica en torno a Finlay tuvo un "...trasfondo político agresivo que se ocultaba tras el reclamo de la paternidad de un descubrimiento en la medicina, que en aquel tiempo pudo confundir o engañar a gente de buena fe, [y que] ahora se presenta nítidamente claro que formaba parte de la conjura urdida para justificar su intervención o interferencia en los asuntos internos de Cuba, como un elemento mas. Lo que ha provocado en mayor grado el repudio y la indignación, una vez que se ha tenido conciencia del mismo, es haber utilizado una cuestión que no aspiraba, por parte de su autor, más que a servir a la humanidad, librándola de los sufrimientos de las enfermedades." [xxi]

Los historiadores cubanos contaron para esta labor con el propio ejemplo de Finlay, máxima figura de la ciencia cubana, sobresaliente además por sus cualidades humanas. No se trataba de opacar la gloria o el aporte de Reed, sino de valorar correctamente lo que nos pertenecía, aunque no es posible olvidar, como señala López Sánchez, que la "...diferencia como investigador entre Finlay y Reed es que aquél inició y continuó sus experimentos llevando en su corazón y en todo su ser la vestal pureza de proteger y salvar la vida del hombre de la enfermedad, en tanto Reed la acometió por disciplina, en cumplimiento de un deber encomendado y su fin fue el de alcanzar renombre, ascenso y fortuna." [xxii]

Hoy, a más de cien años de aquellos hechos científicos y políticos, perdurables para siempre en los anales de la medicina mundial, puede entenderse mejor que "...esta contribución científica de Finlay fue un ingrediente más en la conciencia nacional que se oponía y hacía imposible esta pretendida acción de los Estados Unidos. En otras palabras, que Finlay, sin proponérselo de modo consciente, contribuyó a derrotar a los anexionistas, y su teoría fue un arma importante para los que aspiraban a una patria independiente, libre y soberana." [xxiii]

Como resumen conclusivo se deben anotar los siguientes elementos:

·        Durante el período neocolonial (1902-1958) los historiadores cubanos, a través de la publicación de libros de texto de Historia de Cuba para la escuela pública, desarrollaron una positiva labor en defensa de la vida y obra del médico cubano Carlos J. Finlay.

·        En estos textos, aunque se reconoció como positiva la labor sanitaria del primer gobierno yanqui de ocupación sin destacar en ocasiones sus intenciones políticas, se refleja que esto solo fue posible tras la aplicación de las tesis de Finlay.

·        Adecuados a la edad de los estudiantes a los cuales iban dirigidos, los libros de texto de Historia de Cuba publicados en la república neocolonial, presentaron al pueblo los valores presentes en Finlay y la trascendencia de su obra científica.

·        Cada uno de estos textos, al reconocer a Finlay como una legítima gloria de la patria, realizó una perdurable contribución a la defensa de los valores patrióticos y de la identidad nacional cubana, en momentos de aguda penetración imperialista en el país.

NOTAS Y REFERENCIAS

[i] López Sánchez, José. Finlay. El hombre y la verdad científica. La Habana: Ed. Científico-Técnica, 1987. p.381.

[ii] Esta intención malévola tuvo, como ejemplos significativos, la película Héroes del trópico, de 1938 y el libro Los cazadores de microbios, de Paul de Kruif, publicado por primera vez en 1926.

[iii] López Sánchez, José. Idem., p.415.

[iv] Idem., p.416.

[v] Idem., p.417.

[vi] Palabras pronunciadas por el Doctor Wilfredo Torres Yribar, en el acto solemne de inicio de las actividades en conmemoración del centenario del descubrimiento realizado por el Doctor Carlos J. Finlay, el 18 de febrero de 1981. En El centenario de un gran descubrimiento. La Habana: Ed. Científico-Técnica, 1985. p.33.

[vii] Morales, Vidal. Nociones de Historia de Cuba. Quinta edición. Habana: Imp. y Lib. La Moderna Poesía, 1923. p.258.

[viii] Leiseca, Juan M. Historia de Cuba. La Habana: Montalvo, Cárdenas y Co., 1925. p.456.

[ix] Con este nombre científico se denominaba, en aquella época, la misma especie identificada por Finlay.

[x] Idem., pp.456-57.

[xi] Idem., p.459.

[xii] Guerra y Sánchez, Ramiro. Nociones de Historia de Cuba. Quinta edición. Habana: Cultural, S.A., 1948. p.93.

[xiii] Idem., p.93-94.

[xiv] Pérez Martínez, Isidro y Pérez Sanjurjo, Isidro. Resumen de la Historia de Cuba. Octava edición. Habana: Cultural, S.A., 1949. p.144.

[xv] Portuondo del Prado, Fernando. Historia de Cuba. Quinta edición. La Habana: Ed. Minerva, 1953. p.573.

[xvi] Ídem., p.572.

[xvii] López Sánchez, José. Ob. cit., p.445.

[xviii] Marbán, Edilberto y Leiva, Elio. Curso de Historia de Cuba. Parte segunda. La Habana: Imp. Modelo, 1959. p.516.

[xix] Ídem., p.520.

[xx] Ídem., p.521.

[xxi] López Sánchez, José. Ob. cit., p.377.

[xxii] Idem., p.376.

[xxiii] Idem., p.421.

Autor:

Máster Luis Ernesto Martínez González

DATOS DEL AUTOR

El autor es profesor e investigador de la Universidad Pedagógica de Matanzas, Cuba. Ha desarrollado trabajos acerca del pensamiento de José Martí y sobre la historia de la ciencia y la educación en Cuba.

 

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Publicado Thursday 3 de November de 2005

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