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Libro de poesía “Muertos de amor en el monasterio”
Resumen: La subjetividad de los discursos líricos es expresada de modo enfático mediante la descripción de sentimientos y narraciones en versos libres y prosa poética que proponen la cuidadosa elaboración de imágenes en el contexto semántico de carácter polisémico, basados en la intertextualidad y la cita con la incorporación de referentes culturales cubanos y universales como generalidades que sustentan meditaciones, contemplaciones y cuestionamientos de marcada reciedumbre filosófica.
Publicación enviada por Amarilis del Carmen Terga
OBJETIVO
OBJETIVO
Expresar
pensamientos y sentimientos mediante la relación axiológica y espiritual dada
entre el amor y la belleza, a través de imágenes literarias, tropos y figuras,
con la fusión de géneros en el ámbito literario de la postmodernidad.
FUNDAMENTACION TEORICA
La subjetividad de los discursos líricos es expresada de modo enfático
mediante la descripción de sentimientos y narraciones en versos libres y prosa
poética que proponen la cuidadosa elaboración de imágenes en el contexto semántico
de carácter polisémico, basados en la intertextualidad y la cita con la
incorporación de referentes culturales cubanos y universales como generalidades
que sustentan meditaciones, contemplaciones y cuestionamientos de marcada
reciedumbre filosófica. La obra estará conformada por dos partes, la primera
titulada: “Muertos de amor en el monasterio”, incluirá treinta textos en
versos libres y la segunda: “Una luz en la pared”, conformada por alrededor
de veinte textos en prosa poética para un total de cincuenta poemas, cuyos
temas y subtemas estarán referidos al amor en sus diversas acepciones en nexo
con las artes, la existencia, vida y muerte, como razones para emitir
reflexiones y acercamientos a una realidad “otra”, marcada por los signos de
la postmodernidad.
Etapas de trabajo previstas y fecha aproximada de culminación:
-Trabajo en la primera parte del libro: Abr.-Sept. / 2006.
-Trabajo en la segunda parte del libro: Oct../ 2006 – Feb./ 2007.
-Entrega del original terminado: Marz. / 2007.
Fragmentos del libro en proceso:
PRIMERA PARTE:
MUERTOS DE AMOR EN EL MONASTERIO
“Los heraldos del amor deben ser los pensamientos que caminan
diez veces más que el Sol cuando ahuyenta la sombra en las colinas”.
William Shakespeare
MALLARMÉ EN UN PAISAJE FRANCÉS
“Salido de las sombras, el lienzo renace tras la noche
en la blancura afanosa de ser habitada”.
Alejo Carpentier
Mallarmé espía círculos con la prontitud del carboncillo.
Interrumpido el trazo, los versos en la canción de moda
figuran en naturalezas muertas de un café.
La vedette sueña con su rol de florista,
entre tiendas de arte, buhardillas y teatros
que bordean el Sena.
Mallarmé escribe a una distancia del milagro,
deambula por la Rué Rívolí,
por los miembros mutilados de París.
La primavera describe el amanecer
a manera de flor ámbar.
Dios exhibe puñales desde un lienzo
mientras lloramos sin comprender
que no es posible recomenzar.
COMO LLAMA Y PRIMAVERA Por Zenea.
Te veo en la hora del postrer suspiro
sobre calles cubiertas de lumbre
a la vera de un tiempo espectral.
Recorro las casas de tertulia
por la playa eterna, mutilada de un paisaje otoñal
como pájaro que no encuentra en los bosques el sustento.
Poeta, Fidelia al fin te espera transformada en niña,
mientras tanto seré arena en el desierto
desierto de sed,
hasta entonces seré el vagabundo que busca eternidad
en el lado oscuro.
Desde la bartolina nadie escucha esta historia
de porvenir incierto,
nadie descubre que nuestras sendas se cruzan
mediante viajes inusuales cubiertos
de fantasías profanas intactas ante el odio
-esa bestia colmada de vejez-.
Estamos condenados a volver,
tus flores del destierro y los licores
que me hicieron gris
provocan mi error de morir condenada.
Para entonces nada faltará en “Brisas de Cuba”
o “El Almendares”.
¿Quién nos salva en la tarde del “Nocturno”
en el instante secreto, cuando emigran aves en días de esclavitud?.
Duele pensar en ligaduras inútiles hoy que la primavera permanece
entre los dos y se transforma en llama.
OTRA CIUDAD
A mi amigo Carlos Manuel Baltre,
inventor de sueños.
Otra ciudad en mis brazos se hace ventisca,
urdo sus lágrimas a un tiempo con notas de violín.
¿Dónde los bares el café la madrugada?
Tengo un más allá sobre calles infinitas,
deshago sus instintos de raro animal:
la risa de los niños en un lecho de agua
entre plazas y arbolados
es una verdad que no encuentro.
Los héroes a unos pasos del atrio
permanecen a la vera de un tiempo espectral.
Asisto a su verdad sobre ensombrecido cauce.
AMAZONAS
Amazonas sirven al Dios Hades en la policromía,
existe un pasadizo entre sus cuerpos y las cabalgaduras:
emergen de un secreto colérico sombreadas por magia,
vibran en la magnitud del kílix: “será más fácil criticarlas
que imitarlas”.
Es posible un más allá en su danza irreal provista de luz.
DANZANTES
Las danzantes deshojan la tarde y mueren de ausencias
en naturalezas muertas de un café.
Jugamos a iluminar historias sobre lagos venecianos
en páginas del Corán o la Biblia
junto a Lennon, el rock y las putas.
Mariposas vigilan nuestro dolor sin necesidad de respirar.
Vamos hacia donde no llegan las notas del violín
cómplices de la senda oscura, más allá del tiempo.
ACABA LA PRIMAVERA
Falta luz en los dogmas que descubren
al guerrero:
su destino en memorias de una batalla
sobre estampillas de una ciudad goda,
el carcaj y la partitura relumbran.
Es posible la flor y el fruto alcanzados por dardos
sobre el contraste inmaculado del muro.
Un agujero ha hecho el milagro en verdes y sepias
cuando acaba la primavera.
ESCENA FINAL
“(…)y no seríamos para la posteridad
manantial peremne de poesía”.
Eurípides
Desde la altura palpo, no distingo.
El proscenio a media luz muestra quien soy
con pasiones detrás de la máscara.
El coro interpela y responde mi ausencia
sobre grutas de una ciudad persa.
Busco sin manos el Nilo: su mirada en flor
revela secretos de fiero animal.
Me transformo en aguas turbias que besan la mastaba.
Ando como rosa y faquir entre las huestes persas.
Cadenas atan mi identidad al muro,
inquisidores debaten la oscuridad
que me convierte en lluvia estival.
El tiempo mancilla el cadáver de Edipo
en brazos de Yocasta,
La madrugada toma a jirones mi piel:
paisaje que sangra, muerde y espera.
Me sostienen despojos, en la escena final.
YARA: LUZ DE AURORA
Soldados en las llanuras suben por las llamas,
recorren el Cauto y sus medianías,
descubren astros y clavellinas que absortos contemplan
hasta hallar cantos de amor a plena luz.
Junto al arroyuelo viajan del cerro a la espiga.
La madrugada humea con cantos Libertad.
Yara es por siempre luz de aurora.
GUÁIMARO
En Guáimaro la primavera asiste convertida en crisálida,
luceros describen anchura de mar sobre prados y montañas.
La República con notas de arpa es eco en la sombra.
Del cielo emerge la bandera y el himno
a un llamado de rama y rosa.
En Guáimaro la primavera se transforma en milagro.
SAN JUAN
He vuelto a San Juan con clamores de Cuba Libre.
Ángeles sostienen la pasión: el vía crucis muestra crisálidas
en días de fuego y versos.
Mármoles en la hora del himno me hallan en predios
de una batalla:
Céspedes planea y convoca,
Figueredo escribe cantos de amor en el púlpito,
Fornaris llora con estolidez,
José Joaquín prende cirios en un paisaje inusitado.
He vuelto a San Juan con la sorpresa del amor en las guitarras
ante la noche de soldados en mañanas de Guáimaro.
Descubro en el Consistorio: pilastras de cara a la memoria
historia de amor a plena luz.
Me pierdo en San Juan, en su estela de agua y luz.
SAN LORENZO
San Lorenzo acude con hordas a donde las palmas
declaran preces.
Entre las rocas lumina el cuerpo del General,
cantos de soldados destrozan la crueldad.
Es inútil tomar parte en un paisaje que respira,
y no encuentra respuesta.
Corrientes me llevan a decir adiós.
¡Ha muerto el presidente entre palmas y ocujes.
Su cuerpo en las rocas es refugio de alas.
Mariposas sobreabundan en el trayecto,
atan mi identidad a un río infinito.
San Lorenzo resplandece en la escena del calvario.
GUILLÉ SOBRE BLANCO
Guillé de blanco, a manera de Tomas Gaisbourgh
muestra los bordes de un poema futurista.
Puedo escuchar su nostalgia de champagne en la voz
como rugido en la selva imaginaria entre puentes y abismos.
El público confunde su danza irreal en la voz del paisaje.
Guillé dice parlamentos y se agravia la sangre:
de una mano el gozo, de otra la desolación
en el estrado de su propia culpa.
Su inocencia miente transformada en destello.
Guillé sobre blanco vive, más allá del tiempo.
ESPECTROS
Somos espiga que arrastra el viento
enemiga de la madrugada interminable
cuando muere el día en las parábolas
a la saga de parlamentos que remedan luceros
en la escena tenebrista de alfa y omega
mientras aparecen cantos nuevos
que moran y callan por siempre.
CUERPOS
Tomados de las manos van hacia el día:
-puedo escuchar la crecida, el poema
a un roce de misterio-.
Cuerpos en la monotonía de un color,
-aún siento el arco iris en los dedos,
la tarde en los sentidos que da fin a este viaje
enlazado a la tierra que nos transforma
en savia y flor
con el éter de los besos sobre cauces de luz
que hacen melodía el instante.
Cuerpos sobre corceles de amazonas y pájaros
en la danza inmemorial de la noche
caminan asistidos por esa dualidad.
Se juntan sobre un pasaje secreto que les hace lerdos:
manos y voces trazan en el polvo eternamente, el amor.
DE LA LLANURA AL MAR
Paloma que vas de la llanura al mar
te busco con soles y media luna
como acertijo que devuelve el canto de los duendes
cuando las flechas tienden al infinito
y he visto hemisferios de ínsulas a continentes
de océanos a mares,
hoy que es posible poblar un paisaje conocido
y me pierdo con la voz y el signo
a pesar de la sed, el hambre que sobrecoge este juego
hoy que te veo y sigo paloma, más allá del mar.
TENGO UN SECRETO
Tengo un secreto: el azar, diminutas crisálidas en la lluvia pétrea,
la geografía verde y rosa: sueños de dolor y bruma para la eternidad.
MUERTOS DE AMOR EN EL MONASTERIO
“(…) la encontró muerta de amor en la cama,
con los ojos radiantes y la piel de recién nacida”.
Gabriel García Márquez
Te amo como la noche a las guitarras
sobre el aroma de los parques,
como palomas que han visto el milagro.
Aparezco a tu playa como fiero animal
con los ojos cansados de errar.
He tomado la heredad del guerrero
con lágrimas de ninguna parte,
lágrimas como grito en la intemperie
que remedan rostros en los muros.
Tengo a Odiseo, su isba sola
callada
en las sombras de un manuscrito.
Llora la noche desde el atrio con mi amor en los sentidos
frecuentada por ángeles en un escenario de dardos y luceros.
Duele pensar la primavera entre el lloro y la ausencia,
cuando muero de amor en el monasterio con los ojos radiantes
y la piel de recién nacida.
LLUEVE EN MONTPARNASSE
Llueve en Montparnasse, en el círculo oscuro de un eco
que conmina a partir
y enlaza el ruido de transeúntes de cara al asfalto.
Llueve en las ventanas de la gran ciudad
a la que un día dijimos adiós:
arlequines de un café
cantantes de ópera, poetas con estelas de pasión.
Inútil espera en los muelles donde se encontraron
Baudelaire y Mondrian en lienzos y poemas
para traer esta lluvia que nos hace lerdos en Montparnase,
en la orilla quebrada del Sena,
sobre calles tortuosas y avenidas relumbrantes de otoño.
Llueve sobre el boudoir mientras regresa el resplandor de la noche
a buhardillas donde fuimos llama
sombra
misterio,
donde aún renacemos entre perlas infinitas.
CIUDAD
I
Atravieso la ciudad con miedo de un adiós.
Ánimas ensayan en el círculo oscuro
y retienen mi voz vedada por girasoles.
Tabernas desde un puerto imposible
muestran la llegada de otro sol.
Estoy en el lucero de la tarde con secretos en mis dedos
privados del gris, de esa libertad en la que permanezco.
II
Desde un cristal la ciudad exhibe el arco iris de un verso:
paisaje donde pude hallar los arcanos,
la noticia deshecha en aguas que transformaron mi ser
para que se hiciera el milagro.
PASAJE A LA GRAN CIUDAD
Para Alexis Pantoja,
con la evidencia de esta ciudad cercana, soñada.
En la gran ciudad acallo el nombre
en grafittis, en escenarios de Joan Miró.
A la espera de ángeles y guitarras vivo en un grabado japonés
o la porcelana,
sueño hasta el amanecer con las máscaras del tiempo.
Soy la que no vio esta lluvia lenta - todo herrumbre-
detrás de la ventana impactada por el vuelo
y aún escribe en la estación central
cuando los trenes nublan los sentidos.
La que olvida que nos besamos después de recorrer
las salas del Kunstalle
asediados por emigrantes turcos
que ofrecían el vino de sus cuencas.
La que escribe sin remitente estas palabras
que van hacia la noche
-su perfil toca nuestros cuerpos y sentimos esta lluvia en el puerto,
en los boulevares. Nadie sabe que existe en las nubes de un sueño,
en manchas y trazos, para que la tierra se haga sol.
SEGUNDA PARTE:
UNA LUZ EN LA PARED
“Ya sonríe la aurora de ojos grises
que desafía a la torva noche
inundando las nubes del oriente
con listones de luz (…)
William Shakespeare
UNA LUZ EN LA PARED
Trenes del amanecer bordean lagos, puentes amarillos sobre andenes de una
ciudad que provoca el sueño en la trama de un viaje: me siento observada con
manos y ojos que vigilan mi actitud ante espectros, acosada por la duda vago
entre vitrinas y elixires que contaminan la intemperie. Trenes acuden y
sobreviene el horizonte. En el extremo, quedan rescoldos de una aurora asomada a
la marea, a los secretos de Van Gogh.
Me miro en Arles, paisaje donde fui rama entre serpientes y canciones hasta
descubrir esta niebla en cada estación. Duele el frío en noches compartidas
con extraños, secretos que aún gravitan en la habitación roja de Matisse, un
espejo para mirar el horizonte plagado de ti, mientras escribo en la pared
historias sobre llanuras sombreadas por el horizonte que emerge de aguas
procelosas a un set, donde soy omitida por el tedio de transeúntes, con mi
cuerpo quemado por dardos.
¿Cómo salvarme de tanta indiferencia, de la circunstancia de ida y regreso, de
la solemnidad y los espacios cada vez más fríos?, si aún siento que vuelves
de la gloria o la muerte hacia galerías y escalas del tiempo con la luz tocada
por guitarras, y viajas hacia el universo de vitrales para que los siglos pasen
y quedemos en rincones de este hemisferio, para que nadie recuerde que el vacío
es una puerta plagada de sol, a cuya entrada iremos como improperio. Nadie
escucha estos versos plagados de noche, contrarios al abismo enlazado al dolor y
los laureles, eternamente.
Aún el misterio me transporta a un pozo que revela mi entrada en el barro, con
sed de otoño y aliento en la zona triste, más allá de morir. Los trenes a mi
alcance surgen como abismo que nos separa del amor. Distantes, añoramos el
encuentro sobre el muro, como una luz en la pared.
LA LLAMA DE LOS PARQUES
“Así el amor quebranta nuestras vidas.
(…)
El amor es una nube hecha por el vapor de los suspiros.
Si se evapora brilla como el fuego en los ojos que aman,
si se ataca hacen un mar de lágrimas de amor.
William Shakespeare.
Te fuiste sin saber que inundabas los espacios, las plazas del insomnio, el café
en altas horas y avenidas que terminan en muros donde el reloj aún me absuelve
del naufragio, sin saber que muero en el manicomio porque tengo un poema,
lecturas que hicieron el milagro y la niebla de esta madrugada.
Aquella noche descubrí que estabas en el pasaje de Shakespeare. Sin saberlo
apagabas la entrada a quienes negaban girasoles al pasar. Habías frecuentado el
museo, fascinado por miniaturas de un grabado japonés. Fuimos del ocaso a la
piedra, del sánscrito a los manuscritos, por primera vez en mis manos.
Buscaba tu solemnidad en luminarias, equilibrio en la llama que restalla memoria
con horizontes a mi alcance. Faroles en un paseo medieval recuerdan que
mostraste otra parte en el espejo, viejos cantos de sed y gloria.
El director me echó en estampida, con rabia y temor. Quedé sumergida en el
humus de esta casa grande y oscura. Los amigos partieron y frecuenté rincones
donde quedaba un poco de cada encuentro, pero mi rebeldía agolpó los sentidos.
Desde entonces escribo en la pared hasta que no quede un jamás, escribo un
paisaje con porciones de sol ante la llama de los parques.
BOHEMIA
Me declaró obsesión con aquel desenfado en la mirada. Es imposible negarme
-contesté. Anécdotas y poemas de Ezra Pound con dibujos colgados en las
canciones de Jonh Lennon, lienzos en mi memoria como aguadas y la mirada
inquisidora de cuantos pasan mientras tomamos un té en rincones de la ciudad.
Noches que fueron el argumento para anteponer mis manos en las suyas, manchadas
por el barro y los duendes. La gente nos ve pasar desde la entrada opuesta y sólo
pienso en la lluvia que roza los puentes, en su irreverente mirada mientras
discutimos sobre el “Cinema Novo” hasta que brota agua de los espejos y
arreglamos una cena con vegetales y té, un bolero de mis rodillas a sus ojos
que fulguran misterio.
BAJO LAS CÚPULAS
A Miguel Ángel Fraga y Omar Milián,
donde quiera que estén.
“Él y yo abrazados en medio de un parque como dos ciegos
enfrentados a una nueva vida”.
Miguel Ángel Fraga
Es ridículo que mienta después de haber tocado el fondo -decías, mientras girábamos
bajo las cúpulas asombrados por mitos que parecían de papel. Me invitaste a un
café tras el cristal, en el límite de los parques donde estuviste enamorado de
otros, de otras, y transitamos con la culpa en los espejos, obcecados por versos
de la guerra y amor en recintos de la soledad.
La noche y los bares sabían de ti, de mí, con versos y Camelias que recuerdan
la noticia. Leímos a Albert Camús hasta el límite de la fragilidad que caía
de una montaña a la grieta donde elegimos Utopía y el Mito de Sísifo para
juntar cometas en un cielo de mariposas. Intercambiamos plaquettes a merced de
guirnaldas y mis cuartetas con voz de siempre. El teatro y las crónicas de
cacería del Padre de la Patria apagaron la tos que secaba tu cuerpo bajo las sábanas.
¿Hacia dónde voy sin los barcos que transgreden el oleaje? en otredad de
escalas que provocan este viaje con tu abrazo de eternidad, y un beso bajo las cúpulas:
tan sólo arena, arena y arena entre los dos.
AYER
Ayer elude mi entrada con la verdad transformada en osario: te conozco desde
un pozo con rachas que van de mi calle a tu puerta y caigo a tus ojos con nueces
y rabia de mar, para ir de James Joyce a las maldiciones que siguen en la línea
cursi de mirarnos, en el sitio de respuestas que parodian impiedad, y aprendo a
escapar con ardides que salvan la canción para que acabe el insomnio y la
noche, en máscaras de ayer.
MONÓLOGOS DEL REY, FRENTE AL MAR
I
Desde el monte Halicarnaso puedo ver el mar, convicción que provoca este juego:
le amo prendido a la red en pasajes de Plutarco, en la trama que devela pasiones
y turbios deseos ante forasteros y murallas.
Venerado por la culpa de llevar mitos hacia la soledad del sol, voy de Macedonia
a Persia, de Egipto a Babilonia con rasgaduras. Descubro ríos sin término,
colonias de sal y espuma, la majestad de lo antiguo: venerable estocada al
dolor.
Llevo el albedrío de mi raza helénica proclive a voluptuosidades, pero el oráculo
expresa que eludo el amor, yo, Alejandro guerrero, hijo de Olympia y Filipo,
reyes de Macedonia hago historia en el ágora, por quebradas y desfiladeros para
morir siempre.
Mi esperanza es el silencio de dólmenes y leyendas que hacen informe la
oscuridad en frisos y cráteras de un palacio. Desde sus pretiles siento el
dolor en las colinas con esplendor de cascada: el hijo que no fue sucesor en
brazos de ése universo, aún por descubrir y mi amor que regresa para morir en
fauces de la guerra.
II
Traigo palabras del atrio a la encáustica, del trono a los montes que hacen
piedra el horizonte de un arco iris. Traigo la noche a las riveras de un paisaje
en la memoria de héroes y semidioses, por cuya estela pierdo y gano el sueño
convertido en Loto.
Beocia está en la madrugada de Issos, tras el cristal oscurecido por el impacto
de arqueros persas en el fresco, donde eupátridas, oradores y concubinas
ascienden sin ley a orillas del océano para caer heridos con magnolias en los
cuerpos.
Quedan las calles de cara al Hades y sajaduras que hablan del camino infiel, de
tierras y fortalezas, de pajes y doncellas, de colinas y magia, para borrar la
gloria, ése alpiste que impide mi regreso, lejano en los mármoles.
OTRA VEZ UNA RED AL MAR
He lanzado una red al mar yo, Cadmio, ciudadano de Rodas, y extiendo el conjuro
hasta enloquecer la memoria de mis ancestros. Como labrador y paje, aprendo a
guardar un jazmín en la noche cerrada de Babilonia, hacia donde voy con
esperanzas de barcos y melodías diurnas.
Ya no seré el escándalo Caronte, ni el barco que viaja en la sombra por el
paisaje hacia el acertijo que frecuenta la historia: esa hechicera que suplanta
mi voz con rabia de halcón.
El destino es un lugar que presiente despertares en bancos de piedra sobre el
escenario de Ninfas y luceros, prisioneros en las grutas. Ensayo su entrada con
notas ambarinas que reciben rachas en los huesos, ante espejos que son el símbalo,
para echar otra vez una red al mar.
Autora:
Amarilis
del Carmen Terga Oliva,
Granma,
Cuba, 1970. Investigadora y profesora universitaria. Ha publicado su Antología
Cósmica y Lírica por el Frente de Afirmación Hispanista, A. C., Sueño de
Hetaira (Premio Fidelia de Poesía del 2005) por Ediciones Bayamo, “Historia y
reflexión a través de Hojas y Flores”, en Historia en la palabra, entre
otros. Actualmente se desempeña como profesora asistente de la Facultad de
Ciencias Sociales y Humanísticas de la Universidad de Granma.
e-mail:atergao@udg.co.cu
Dirección particular: Coronel Liens s/n. Bueycito. Granma. Cuba. C.p.:89270
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Contactar mailto:atergao@udg.co.cu
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Publicado Wednesday 11 de January de 2006
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