Monografias | Los herederos de FrancoLos herederos de FrancoResumen: El autor reflexiona a propósito de la creciente espiral de hostilidad que en los últimos meses se ha embarcado el principal partido conservador de España. Exhorta a retomar políticas más cercanas a las preocupaciones reales de la población y a abandonar debates estériles sobre riesgo de fraccionamiento territorial o escenarios de confrontación civil. Nada tiene de especial que aún en nuestros días exista algún que otro anciano enfermo de odio, de esos… que sobrevivieron a la Guerra Civil, que no atienden a razones, que sufrieron de cerca el dolor, o que al menos así se lo contaron. El
autor reflexiona a propósito de la creciente espiral de hostilidad que en los
últimos meses se ha embarcado el principal partido conservador de España.
Exhorta a retomar políticas más cercanas a las preocupaciones reales de la
población y a abandonar debates estériles sobre riesgo de fraccionamiento
territorial o escenarios de confrontación civil. Nada
tiene de especial que aún en nuestros días exista algún que otro anciano
enfermo de odio, de esos… que sobrevivieron a la Guerra Civil[ii],
que no atienden a razones, que sufrieron de cerca el dolor, o que al menos así
se lo contaron. Nos
encontramos en 2005 y la conflagración española se remonta a 1936. Incluso los
nacidos el mismo día del Alzamiento serían hoy septuagenarios, y durante los
primeros tres años de su vida no dispondrían aún de discernimiento político,
por lo que lo que su hipotética percepción de la guerra carece de valor
alguno. Son –a lo sumo–, espectadores privilegiados de una más que difícil
posguerra, marcada por una represión inaudita y por el imperio de la sinrazón,
del fanatismo político-religioso, por el genocidio ideológico entre hermanos,
el miedo, la negación cultural y una vida pública en blanco y negro. Pero nada
más. Los supervivientes de la guerra son solo eso: supervivientes de la guerra.
En su mayoría, víctimas de los Goebels[iii]
locales, del embrutecimiento oficial y de un silencio coordinado por una banda
de déspotas que detentaban el poder del Estado en base a la supremacía de la
fuerza sobre la justicia y la razón. Ensuciando el nombre y los símbolos de
una república democrática –la española–, que juraron defender con sus
vidas.
Todavía quedan ancianos enfermos de odio, eso
es fácil de comprender. Gente que perdió a sus padres, a sus tíos, a sus
abuelos. Incluso alguno que no perdió a nadie, pero que durante años creyó
que había que seguir protegiendo unos valores –sensu stricto– frente un
enemigo que podía volver, y al que habría que vencer de nuevo. Les
conocemos bien: bigote pequeño, aspecto rechoncho, camisa y jersey de lana
–no importa la estación–, carajillo matutino, forofo del Madrí, homófobo,
machista, atormentado sin pretenderlo y bastante más ultraderechista que el
propio Hitler[iv]. Nos
los encontramos en el café, en la consulta del médico, en el autobús, en la
calle, aparecen en televisión, en la radio… son reflejo de un modo de sentir
que hasta hace bien poco se consideraba políticamente incorrecto. Yo
pensaba que estos ejemplares eran cosa del pasado y que entre Kronos y Deméter
pronto serían cosa del olvido. Incluso llegaba a escuchar alguna de sus
hirientes arengas de cafetería con cierta nostalgia preventiva. –Son pasado
inminente– creía yo. Hasta
hace bien poco, nombres como Cañete, Verstringe o Vidal-Quadras definían barones
de muy alto valor ideológico, eran nombres de “honor”, de inteligencia
privilegiada y sentimientos coincidentes con los deseados por el
Sistema, pero… su exposición pública resultaba incómoda, eran demasiado
genuinos como para permitir que la turba les oyera. Había que filtrarles,
porque en política, en democracia, gobernar consiste en aprobar presupuestos,
pero gobernar significa también sumar, y no dividir. Los políticos españoles
saben –o mejor dicho: sabían–, que los excesos y el radicalismo reducen la
masa crítica de voto. La mayor parte de cualquier pueblo intelectualmente
maduro no consiente, bien estante e informado no consiente que una docena de
exaltados comprometa la continuidad de su modus
vivendi.
Pero, hete aquí que de un tiempo a esta
parte, el tono del debate político está elevando su intensidad: recuperando
argumentos prebélicos, entremezclando ruido de sables con amenazas agoreras
sobre la destrucción de la Patria, el
triunfo de los separatistas, el advenimiento de los rojos, la proliferación de
la gente de fuera, legislando contra
los vagos y maleantes, descalificando
la igualdad de los homosexuales, deslegitimando la lucha del proletariado,
decaplicando el coste de la vivienda, capitalizando el descontento de las capas
más desfavorecidas, abogando por el recrudecimiento de ancestrales odios
interregionales. Leyendo
periódicos como LA RAZÓN[v], ABC[vi]
o determinadas columnas de EL MUNDO[vii],
oyendo emisoras como la COPE[viii],
viendo emisiones como las de ANTENA TRES TELEVISIÓN[ix],
o TELEMADRID[x], se diría que estamos
cerca de repetir lo peor de nuestra historia. A
la vista de todo esto, se diría que el estereotipo del fascista de barrio, no
solo no tiende a la extinción por causas naturales, sino que está de
permanente actualidad y además, ha logrado escalar a lo más alto de la escena
pública, como articulista y tertuliano en todo tipo de medios de comunicación,
empresa e incluso ha llegado a introducirse en el organigrama del segundo
partido más votado de un país “occidental” como pretende ser la España
del S. XXI. Personajes
como Acebes, Zaplana o García-Escudero, campan a sus anchas amenazando a quien
quiera escucharles con horizontes terribles de muerte y destrucción que solo
están en sus incomprensibles mentes. Nos alertan sobre el fin de España; sobre
el triunfo de los terroristas; sobre la supuesta connivencia del Gobierno
socialista con los separatistas; sobre el peligro que suponen los inmigrantes
que “solo vienen a robar, matar y quitarnos el trabajo”; sobre pactos
indemostrables entre asesinos y poderes públicos… Para
nosotros no suponen ningún riesgo. A quienes tenemos la fortuna y el criterio
de escribir o leer artículos como el presente, no pueden hacernos nada. Tenemos
el sentido de la justicia blindado. Solo hace falta ver sus apellidos, ver sus
patrimonios… es tan sencillo como preguntarles qué era y para qué servía la
División Azul[xi],
o por qué se niegan a votar resoluciones institucionales de condena al anterior
régimen, por qué les molesta que retiremos estatuas de Franco… solo hay que
preguntarles quién nombró al Rey[xii]
–y por qué–. Solo hace falta preguntarles acerca de los inconvenientes que
le ven a que un matrimonio formalice su conclusión… o qué tienen en contra
de que las mujeres trabajen fuera del hogar, o que decidan sobre su cuerpo… qué
piensan de que mi esposo y yo adoptemos una criatura… qué opinan de utilizar
los sentimientos de las víctimas del terrorismo para fines electorales… son
los de siempre.
Es
un grave error y una imperdonable falta de responsabilidad introducir en el
discurso político, argumentos prebélicos a sabiendas. Y por supuesto, es un
error permitirlo en las urnas. España
debe reconducir la escena política hacia los problemas que realmente afectan a
sus ciudadanos. Debatir sobre el acceso a la educación pública, sobre el coste
de la vivienda, sobre la estabilidad laboral, sobre la igualdad de derechos para
mujeres y todo tipo de personas que sufran cualquier tipo de discriminación.
Debemos concentrar nuestros esfuerzos en la
investigación científica, en la cooperación internacional, en la reducción
de la deuda externa, en controlar el gasto público, en procurar una ordenación
urbanística útil para el pueblo, en promover la industria y el comercio
locales, en atender al turismo, en dotar de medios la Justicia, en integrar a
los llegados de fuera… Y dejarnos de debates estériles, que a nada llevan,
que a nadie interesan y solo sirven para producir miedo, vender periódicos, azuzar
la turba, avivar odios irracionales, reducirnos frente a la globalización,
traficar con los sentimientos de fanáticos e incultos provincianos,
ahondar diferencias socioeconómicas y perpetuar en sus cargos a una
clase política alejada de la realidad que dice representar. Pretender
nuestra preocupación por la independencia de Cataluña –una comunidad autónoma
sin ejército ni esperanzas de reconocimiento exterior alguno–, es algo tan
estúpido e irreal, que no puede provenir de alguien medianamente inteligente, a
no ser que obedezca a intenciones más allá de lo evidente. Asistimos
a una prensarosización de la política.
En efecto, como en el mundo del papel couché,
donde los lectores de hoy –ávidos de mentiras nuevas–, ya no se conforman
con ver las casas de la nobleza de los años setenta, que aparecían
fotografiadas en la revista ¡HOLA![xv]; como en el mundo de la
prensa del corazón, donde al final, se ha impuesto el imperio de los paparazzis
y la generalización de la información-basura; de igual modo, parece que la
clase política se ha hartado de señalar la corrupción ajena y ocultar la
propia –tema estrella en los años noventa–, hemos pasado a mayores… los
votos fabricados por Matas ya no son suficientes… el más difícil todavía nos ha llevado a esto: amenazar con una
segunda Guerra Civil.
¿Yo
mismo exagero el tono? Nadie podía pensar en 1992, que a la sede de los juegos
olímpicos de invierno –una emergente ciudad europea y cosmopolita–, se el
avecinaba una década de guerra de espaldas a la civilización. No se puede
hacer política con amenazas. No se puede hacer apología del odio. No se puede
gobernar para unos pocos. No se puede vivir anclado en el pasado, y menos en un
pasado tan horrible como el nuestro. Cierto
es que Franco nombró un sucesor que todavía es el Jefe del Estado. También es
cierto que tenía un “Movimiento”, cuyo presidente –Adolfo Suárez González[xvi]–,
lo fue también de la democracia. Es cierto que Franco tenía un “gobierno”,
cuyo Ministro de la Gobernación –Manuel Fraga Iribarne[xvii]–, fundó un
partido (Alianza Popular[xviii])
que luego se refundó en el Partido Popular. Es cierto. Pero todo eso pasó.
Franco ha muerto y España ya está casi curada. El partido de los de Franco
debería comprender eso. Si no lo entienden, el electorado acabará por hacérselo
saber. España
no tiene memoria, porque algunos se han encargado de borrarla. España
es hoy un suculento caldo de cultivo para que aparezca un nuevo partido, de
corte conservador moderado; sí: un partido de derechas, que favorezca al
empresariado y a las clases acomodadas, pero exento de vínculos con lo que en
Alemania se llamaría “un pasado nazi”. Si en España se fundara ahora un
partido que no tuviera manchas franquistas en su seno, un partido que no
propugnara el odio entre regiones, un partido que no se aprovechara de las
fobias de los nacionalistas, un partido que –aún siendo de derechas–, no
persistiera en menospreciar a la mujer, un partido que no tuviera reparos en
reconocer la igualdad de derechos a parejas homosexuales, un partido no basado
en el pasado sino en el futuro… si ese partido se fundara, el Partido Popular
tendría un serio problema. Esto
no es política ficción, todos recordamos nombres como Pimentel y otros más,
que se bajaron a tiempo del tren del odio gratuito. Nombres limpios. Que todavía
pueden dar mucho juego. El
Partido Popular sigue en juego –pese a su pasado–, un poco porque en este país
es muy normal que los hijos profesen el credo de sus padres, sean del equipo de
fútbol del que es toda la familia y voten al partido de sus mayores. No
olvidemos que durante cuatro décadas, “comunista” era un insulto; que todavía
hoy haber nacido en esa o aquella comunidad autónoma despierta recelos y que
hubo un tiempo, no muy lejano, en el que ser rico era motivo de honor, por el
mero hecho de tener dinero. Aquello del “si es pobre, seguramente es
maleante”. Pero
el rédito político –la inercia electoral–, no dura siempre. Responsabilidad.
Moderación. Realismo. Seriedad.
Jaume
d'Urgell [i]
Jaume d'Urgell es escritor e ingeniero informático y reside en Madrid. jaume@durgell.com [ii]
Golpe de Estado de 1936. http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_civil_espa%C3%B1ola
[iii]
Político nazi alemán. http://es.wikipedia.org/wiki/Joseph_Goebbels [iv]
Político genocida alemán. http://es.wikipedia.org/wiki/Hitler [v]
Periódico español cuya línea editorial es ultraderechista. http://www.larazon.es [vi]
Periódico español cuya línea editorial es muy conservadora. http://www.abc.es [vii]
Periódico español de línea editorial conservadora. http://www.elmundo.es [viii]
Cadena de emisoras de radio, propiedad de la Iglesia. http://www.cope.es [ix]
Cadena privada de televisión. http://www.antena3tv.com [x]
Televisión pública de Madrid. http://www.telemadrid.es [xi]
Campaña militar española de apoyo a Hitler. http://es.wikipedia.org/wiki/Divisi%C3%B3n_Azul [xii]
Político autócrata español. http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Carlos_I [xiii]
Político conservador español. http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Mar%C3%ADa_Aznar [xiv]
Partido político español. http://www.spartacus.schoolnet.co.uk/SPcatholic.htm [xv]
Publicación frívola sobre cotilleos de personas conocidas. http://www.hola.com [xvi]
Político franquista español. http://es.wikipedia.org/wiki/Adolfo_Su%C3%A1rez_Gonz%C3%A1lez [xvii]
Político franquista español. http://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Fraga [xviii]
Partido político español. http://es.wikipedia.org/wiki/Partido_Popular#Alianza_Popular Jaume
d’Urgell[i] Publicación enviada por Jaume d’Urgell Contactar mailto:jaume@durgell.com Código ISPN de la Publicación EEFkyAAuFEgogTGxjH Publicado Tuesday 22 de November de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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