Monografias | Humanidades y humanismo, Universalizacion y Formacion Humanista del profesional universitarioHumanidades y humanismo, Universalizacion y Formacion Humanista del profesional universitarioResumen: Ante nuestros ojos se desenvuelve un proceso de desarrollo de la ciencia y la tecnología nunca antes visto,cuyas perspectivas son imposibles de prever. El desarrollo de la llamada RCT y el advenimiento de la sociedad del conocimiento han puesto a la orden del día, la necesidad de preparar a los hombres para acceder al conocimiento científico y generar nuevos conocimientos,labor en la que desempeñan un papel fundamental los sistemas educativos y la escuela.(V) Ante
nuestros ojos se desenvuelve un proceso de desarrollo de la ciencia y la
tecnología nunca antes visto, cuyas perspectivas son imposibles de prever. El
desarrollo de la llamada RCT y el advenimiento de la sociedad del conocimiento
han puesto a la orden del día, la necesidad de preparar a los hombres para
acceder al conocimiento científico y generar nuevos conocimientos, labor en la
que desempeñan un papel fundamental los sistemas educativos y la escuela. En
este contexto se manifiestan criterios que sostienen la necesidad de dar
prioridad a la enseñanza de las disciplinas científico-técnicas en detrimento
del tratamiento de las disciplinas que pueden incluirse
dentro de las llamadas Humanidades, lo cual ha generado polémicas en diferentes partes del
mundo. Aunque
en nuestro medio, el análisis de esta cuestión no ha alcanzado todavía la
magnitud de una polémica como ocurre en Alemania, Gran Bretaña, España y
algunos países de Latinoamérica, si constituye una preocupación entre
docentes y directivos del sistema educacional a dilucidar ¿ Qué Humanidades
debemos enseñar? y ¿Cómo debemos enseñarlas?. El
camino que nos conduce a dar una respuesta a estas interrogantes pasa
necesariamente por la definición de ¿ Qué son las humanidades?. En este
sentido, primero que todo, debe señalarse que existen diversos criterios con
respecto al contenido de este concepto, los cuales analizaremos a continuación
ya que esto es imprescindible para dirimir que entender por una educación humanista. El
término Humanidades tiene su
origen en el Renacimiento, entonces se le aplicó a determinadas disciplinas
para diferenciarlas de los estudios teológicos, lo cual constituyó una expresión
de la “vuelta al hombre” característica
de ese período de la historia y superadora de la visión teocéntrica propia
del Medioevo. Las
Humanidades en este caso promovían el estudio de textos claramente humanos por
su contenido y por su forma, textos originarios de las culturas de la Antigüedad y escritos en griego o en latín,
de ahí que, tales lenguas adquirieran el rango de representantes de las
Humanidades. Con
el decursar del tiempo, se continuó usando el término Humanidades para
designar las disciplinas contrapuestas a las llamadas disciplinas científicas,
y para enfatizar en el papel de las primeras en la formación del hombre, en
este sentido se consideran a las Humanidades como saberes que enseñan
humanidad, que humanizan y a la educación humanista como aquella que pretende
formar íntegramente al hombre, al
desarrollar sus capacidades humanas y combatir lo inhumano. A
partir de esta idea general, se maneja el término desde diferentes puntos de
vista, considerándose a las
Humanidades: ·
Como todos los saberes que permiten la realización
de la idea de la libertad, que hacen posible la existencia moral de la
humanidad, de ahí que la educación humanista no implique enseñar algo en
particular, sino enseñar de cierta manera. Desde este punto de vista cabría
preguntarse ¿es posible incluir a las llamadas disciplinas científicas dentro
de las Humanidades? Aunque este no sea nuestro objeto específico de análisis,
nos atreveríamos a afirmar que sí. ·
Como saberes que se identifican con la cultura Occidental y con lo que hay de
estas en las respectivas culturas nacionales, en clara alusión a los orígenes
del concepto en la época renacentista y a la cultura griega, cuna de la llamada
civilización Occidental. Sobre esta base enseñar Humanidades, es entonces enseñar
contenidos culturales sustantivos (que evidentemente no incluyen a los de las
culturas no occidentales). ·
Como saberes que se identifican con la ciudadanía entendiéndose entonces la
educación humanista como educación ciudadana, como la educación necesaria
para la convivencia entre los hombres. ·
Como la materia de estudio más adecuada para formar al hombre, considerada como
una materia viva, cuyo contenido tiene un carácter histórico-concreto, lo cual
incide en que la educación humanista se adecue a las condiciones de cada
momento y región. ·
Las Humanidades no son una materia, sino un espíritu de realización del hombre
a través de los diversos productos de la cultura humana, por tanto la educación
humanista no es monopolio de ninguna materia. Obviamente,
no basta este análisis para acercarnos a qué Humanidades debemos enseñar, si
las Humanidades pretenden el logro de una formación humanista, es necesario
entonces profundizar en ¿qué es el Humanismo?. El
Humanismo está presente desde que la filosofía se constituye como elemento
consustancial a toda reflexión cosmovisiva, adquiriendo carácter de corriente
filosófica en un momento determinado del desarrollo histórico, no obstante ésta
no constituye una corriente filosófica homogénea, aunque posee características
comunes a sus diferentes manifestaciones: ·
Contiene
propuestas que sitúan al hombre como valor principal en todo lo existente. ·
Subordina a
toda la actividad a propiciar mejores condiciones de vida material y espiritual
al hombre para que pueda desplegar todas sus potencialidades. ·
Concibe al
hombre como fin y no como medio. ·
Pretende
reafirmar al hombre en el mundo y ofrecerle mayor libertad. El
Humanismo tiene un carácter histórico, en el Mundo Antiguo poseía rasgos
pesimistas, aunque alcanzó ribetes descollantes en Grecia; en el Medioevo la
visión humanista es desplazada por la visión teocéntrica superada dialécticamente
por el Humanismo renacentista. El
Humanismo, es la flor privilegiada del Renacimiento, representando la sublimación
ideológica de los interese materiales de la clase mercantil en ascenso; su
surgimiento y desarrollo constituyen reflejo del desarrollo económico del
naciente capitalismo y expresión de las necesidades de la burguesía como
clase. Sobre
esto señala Raúl Roa: “…
El humanismo fue, de esta manera, no obstante su invocación originaria al
hombre como tal, el instrumento ideológico que equipó a la clase mercantil
para derrotar al feudalismo en el plano de la cultura. Esa fue su misión, su
egregia misión histórica, que supo cumplir ejemplarmente, contribuyendo no sólo
a socavar la base objetiva de su predominio social y cultural, sino además a
‘liberar las almas de los temores y
pesadillas de la Iglesia’’ (Roa, 2001,181) Evidentemente,
el Humanismo renacentista estaba ya superado desde su surgimiento, desde sus orígenes
sus intentos de totalidad eran limitados, su acción liberadora no implicaba ni
teórica ni prácticamente una extensión de sus consecuencias a las masas, su
destino desde sus inicios era contradictorio, la historia posterior del
desarrollo capitalista lo confirmó. Al decir de Roa “…Junto
al humanismo, la deshumanización. Junto a la fiesta de luces y fragancias del
renacimiento, la oscura miseria y la crasa ignorancia del papolo
minuto…”(Roa, 2001,133). Con
la aparición del Marxismo, surge una de las corrientes de pensamiento que mejor
heredó las tradiciones del Humanismo, al desentrañar los mecanismos
deshumanizadores del capitalismo e indicar las posibles vías para su superación. El
Marxismo ofrece vías de concreción al humanismo a través de ensayos de
realización del nuevo paradigma del socialismo, ensayos que, independientemente
de su mayor o menor éxito y de las causa que lo hicieron fracasar en el caso
específico del denominado “socialismo real”, significaron y significan
intentos de reivindicación del hombre y de la esencia humana. El
Humanismo marxista llama a la acción, es un arma de lucha para el mejoramiento
humano. Ser humanista desde esta concepción significa militar en la causa del
hombre, asumiendo todas las consecuencias, esta condición le permite entroncar
armónicamente con las tradiciones humanistas presentes en el pensamiento de
distintas regiones, países y culturas. Además,
la concepción humanista contenida en el marxismo al ofrecer vías para su
concreción llama a la acción, por lo que se constituye en arma de lucha para
el mejoramiento humano. En nuestro caso específico, esta condición del
humanismo marxista le permite una articulación armónica con el humanismo
martiano. El
Humanismo martiano es un humanismo de raigambre ético-moral, no contemplativo,
que señala los causes analíticos de la realidad y los medios necesarios para
subvertirla en bien del hombre. En
Martí, el concepto de hombre, núcleo de su humanismo constituye una expresión
histórico-cultural con sentido, alcance y propósito de hacer de todo el
quehacer humano una empresa ética al servicio del bien. Para nuestro Héroe
Nacional el hombre puede y debe aprehender y realizar humanamente el bien,
cuestión esta que considera un deber. Al
definir al hombre señala: “Un
hombre no es una estatua tallada en un peso duro, con unos ojos que desean, una
boca que se relame y un diamante en la pechera de plata. Un hombre es un deber
vivo; un depositario de fuerzas que no debe dejar en embrutecimiento, un ala”
(Martí, ) Y
al referirse a los pueblos define: “Un
pueblo no es un conjunto de ruedas; ni una carrera de caballos locos; sino un
paso más dado hacia arriba para un concierto de verdaderos hombres” (Martí ) Aquí
es evidente la relación entre lo individual y lo social en la concepción
martiana de lo humano. En Martí es significativo el hecho de considerar a la
política como una zona de la cultura y a la cultura misma como consumada
expresión humana al servicio del hombre. Martí
considera la ética como mediación central y núcleo fundante del pensamiento y
acción, de ahí que su concepción de la política discurre por causes éticos.
Para Martí, lo ético es el parámetro valorativo de la identidad humana
(individual y social) y al mismo tiempo medio para engendrar la calidad humana. Martí
demostró con su obra y con su vida -la cual es parte importante de su obra- que
en nuestro contexto ser humanista implica, militar de una manera activa y
comprometida en la causa de los humanos, asumiendo las consecuencias de esta
elección. Es
precisamente en el humanismo marxista y martiano donde debemos adentrarnos en la
búsqueda del humanismo que postula y practica la Revolución Cubana, en cuyo
desarrollo las Humanidades desempeñan un papel fundamental. Un
punto de confluencia del humanismo marxista y martiano que es necesario tener
presente en las condiciones de hoy, es el reconocimiento al hecho de que la
diversidad es parte consustancial de lo humano, por tanto, no necesita ser
tolerada, exige ser preservada como expresión de la riqueza cultural y social
de la Humanidad, especialmente, es necesario hoy lograr que prevalezcan los
valores genuinamente humanos a partir de la sustitución de la razón
instrumental por la razón humanística, y la lógica del mercado por la lógica
de la vida. Cabría
preguntarse entonces ¿de qué Humanidades estamos hablando? ¿Las
Humanidades entendidas como aquellas disciplinas llamadas así desde el
Renacimiento para diferenciarlas de los estudios teológicos?.Por supuesto que
no. Para
nosotros, en la Cuba de hoy, las Humanidades no son simples disciplinas
intelectuales, son además
un espíritu que atraviesa la enseñanza de todas las disciplinas y todo el
quehacer académico, científico y laboral. Su papel es el de responder a una
verdadera formación de valores, fundamentalmente éticos y contribuir a formar
conciencia política en los estudiantes que los prepare y movilice para
participar en la lucha por la consecución de nuestro proyecto de sociedad. De
ahí que una educación humanista ha de estar dirigida a: ·
Evitar la
pobreza axiológica del ser humano, elevándolo por encima de sus necesidades
materiales. ·
Sensibilizar
a los hombres ante los productos espirituales humanos. ·
Enseñarlos
a percibir el consumo material no como un fin en si mismo, sino como un medio
para la realización personal. ·
Forjar un
concepto de vida que dignifique el calificativo de humana, que trascienda el
consumismo, no sólo porque este implica el empobrecimiento humano, sino además,
porque es imposible desde el punto de vista ecológico y social su
universalización y despliegue ilimitado. Las
Humanidades que debemos enseñar entonces, deben desempeñar un papel
fundamental en la batalla por el logro de una cultura general integral para
nuestro pueblo, ahora bien, cómo entender la cultura en nuestras condiciones y
contexto. Para
entender la cultura en nuestras condiciones y contexto, y profundizar en el
humanismo consustancial a la misma es p[posible remitirnos a lo mejor del
pensamiento cubano en especial a las ideas de Martí, el Che y Fidel. El
proyecto emancipador que propugnaron – que es el mismo en los tres casos
aunque ajustado a diferentes momentos históricos – tiene un sustrato cultural
lo que parte de una concepción de la cultura como proceso que se
desarrolla de manera dialéctica, con un enfoque socio cultural y antropológico
que concibe al hombre como centro y a la cultura como un atributo de lo humano,
de ahí que le conceden a ésta un papel esencial en la formación de un hombre
superior y por consiguiente de una sociedad superior. Esto constituye el
sustento del profundo humanismo que caracteriza sus puntos de vista, humanismo
que se concreta en la concepción de una sociedad de hombres liberados gracias a
la cultura, en la que la expresión
máxima es el grado de cultura alcanzado y la actuación de los individuos como
sujetos de la historia. Un
elemento común e incluso característico de todo lo mejor del pensamiento
cubano y latinoamericano – en cuya historia tienen un lugar destacado las
ideas de Martí, el Ché y Fidel – es concebir a lo ético como el sustrato de
su cosmovisión de toda la vida social y fundamentalmente de la cultura, la cual
es concebida por ellos como el único camino para la convivencia “humana
civilizada”· sobre la base de preceptos morales que impulsen el progreso
de la sociedad. Significación
especial en sus respectivas concepciones tiene el reconocimiento de que la
cultura es patrimonio del pueblo y de que en materia de cultura no hay pueblos
inferiores, así como el criterio que considera que en la sociedad se desarrolla
de manera constante un proceso de interculturalidad en el que todas las culturas
aportan y reciben influencias, proceso en el que no sólo se crea y transmite la
cultura, sino que se construye la identidad. Un
elemento de máxima importancia es el que los tres tienen en cuenta el papel de
la educación en la adquisición y desarrollo de la cultura. Como es evidente en
sus ideas sobre la cultura hay una continuidad y al mismo tiempo una ruptura
superadora desde el punto de vista dialéctico acorde con la realidad que
reflejan. El
criterio objetivo para medir el desarrollo de la cultura es el hombre como
sujeto social de la actividad y como sujeto histórico, condición que el hombre
adquiere y desarrolla en sus relaciones sociales, de ahí que el desarrollo de
las relaciones sociales constituya el criterio determinante del desarrollo del
hombre y por tanto de la cultura lo cual nos lleva a considerar que las
relaciones sociales constituyen
la esencia de la cultura, desde este punto de vista
la cultura no es producción de cosas, no es producción de conciencia,
sino producción de hombres como seres sociales. Otra
cuestión que debemos considerar es la relación entre cultura y libertad,
relación a partir de la cual es posible afirmar que cada
paso en el camino de la cultura es un paso hacia la libertad, o lo que es lo
mismo reconocer la función emancipadora de la cultura si entendemos la libertad
como la posibilidad de actuar sobre la base del conocimiento de la necesidad. Sobre
estas bases ¿Qué características podrían definir a un hombre culto? Un
hombre capaz de: ·
Reconocer y
asimilar los valores creados por el hombre en cualquier latitud y momento histórico
y que muestren la grandeza del género humano, para lo cual son necesarios
referentes culturales sólidos que han de tomarse de lo mejor de la cultura
nacional y de la cultura humana en general, dicho de otro modo un hombre culto
hoy debe ser un humanista. ·
Amar el
trabajo y dominar su profesión u oficio para desarrollarlo con calidad, lo cual
exige: -
Búsqueda
incesante de conocimientos -
Posibilidades
de apreciar el arte como modo de cultivar la sensibilidad. -
Tener
conocimientos del contenido de aquellas esencias de la cultura (científica, política,
de los sentimientos, ecológica, etc.) que les sean necesarias para actuar como
sujeto histórico consciente (sin intentar aprehenderlas todas) -
Poseer
instrumentos, vías para informarse y adquirir los conocimientos que necesita. -
Saber
comunicarse con la mayor amplitud posible, sobre la base de una comunicación
eminentemente humana. ·
Conocer
y cultivar su cuerpo a través de la actividad física para:
- Garantizar
la salud (en el sentido eco – bio – psico – social) -
Convivir y
ser útil a pesar de la enfermedad o la discapacidad. ·
Conocer, amar y vivir en armonía con la naturaleza. ·
Contribuir al progreso de la humanidad. Todo
esto ha de conducir a la concepción y ejecución de un proyecto de vida culto
sobre la base de la elaboración del sentido de la vida. Es
necesario tener en cuenta que el
grado de apropiación y asimilación por parte del sujeto de sus condiciones de
existencia depende del grado de desarrollo individual, de su personalidad, de su
cultura; por lo que cada individuo le imprime su sello propio al proceso a través
del cual se realiza la apropiación y la objetivación de esta apropiación
mediante la conducta o la actuación. La
elaboración del sentido de la vida desempeña un importante papel, este
concepto abarca problemas muy amplios relacionados con la conducta del hombre,
con sus actos y su responsabilidad ante ellos, el sistema de valores que motivan
su conducta individual y colectiva, así como la concepción general del mundo
de la cual se nutre su propia conducta. Este es un concepto regulador
relacionado con interrogantes como ¿quién soy?, ¿para qué actividad soy o no
soy capaz?, ¿tienen valor mis actos?, ¿cuáles son mis aspiraciones en la
vida? que obtienen una u otra respuesta sobre la base de la cultura. En
la elaboración del sentido de la vida como parte de la cultura individual y
social, la educación desempeña un papel fundamental y el profesor se erige en
una figura decisiva para orientar este proceso por causes beneficiosos tanto
para el individuo como para la sociedad en que vive, lo cual implica
determinadas exigencias en la formación y preparación constante de los
docentes. El
profesor de Humanidades y el profesor en sentido general debe caracterizarse por
su actuación, los requerimientos de calidad, la justicia en su desempeño ético-profesional,
su profundo compromiso humano que implica el ejercicio de las capacidades y
habilidades intelectuales, lo que puede resumirse en alta calificación ética,
independencia moral y flexibilidad de pensamiento, dando por sentado sus
profundos y sólidos conocimientos, no sólo de la materia que imparte. La
clase de Humanidades debe parecerse a una “colmena”.
En la misma debe estimularse la actividad independiente de los estudiantes, el
ejercicio de la crítica, el vínculo con la vida, el análisis de la realidad
social contemporánea, la cultura del debate; todo lo cual ha de redundar en la
motivación de la reflexión interior de los estudiantes y en la movilización
efectiva para la acción social como sujeto histórico. Este último elemento
debe constituirse en el principal indicador del éxito de la formación
humanista de nuestros estudiantes. Sobre
la base de las anteriores reflexiones en torno al Humanismo, las humanidades y
la educación o formación humanista es posible analizar la importancia de las
humanidades en la formación universitaria y en el contexto de la Universalización. La
Universidad y el universitario que requerimos hoy, necesitan de articular de
manera dialéctica el conocimiento teórico y la práctica, base para la formación
de una cultura académica comprometida con la investigación y con la
transformación de la realidad, en nuestras universidades se debe enseñar a
pensar cooperativamente y por si mismo a través del diálogo constructivo
sustentado en el compromiso ético; en este sentido hay en las Humanidades un
gran potencial formativo y creativo. Los
aspectos básicos del curriculum universitario deben propender a una sólida
Educación Humanista que garantice la formación de un profesional cuya
actividad redunde en beneficio de la sociedad, que posea suficiente capacidad
para analizar problemas sociales y participe en la búsqueda de soluciones, el
humanismo tiene que enseñarse y esto implica un compromiso para la universidad;
el papel fundamental de las humanidades en la universidad será el de responder
a una verdadera formación en valores, especialmente éticos, las humanidades
deben generar nuevas esferas de sentido, y adoptar incluso los universos tecnológicos
como estructuras fundantes de lo humano, de ahí que su papel e importancia no
se limite al marco de las llamadas carreras humanísticas lo cual fundamenta la
“utilidad” de la Universidad en nuestro contexto. Las
humanidades deben contribuir a formar la conciencia política en los
estudiantes, a asimilar nuestra tradición cultural, a fomentar el protagonismo
estudiantil y la formación ciudadana, en fin, a formar la competencia
humanista. Competencia de cardinal importancia para enfrentar los procesos del
mundo de hoy y lograr el mundo mejor posible por el que luchamos. En
el contexto del proceso de Universalización de la Educación Superior, las
potencialidades de las Humanidades y de la Educación humanista aumentan ya que
este proceso permite un estrecho vínculo del profesional en formación con la
vida, con la práctica social, involucrándolo desde los primeros momento s de
su formación en la búsqueda de soluciones a problemas profesionales y
sociales, poniéndolo en contacto directo con la realidad, lo cual permite
educar su sensibilidad humana en una Universidad cuyos muros se extienden a la fábrica,
el taller, el policlínico, el hospital, el centro de investigación y la
escuela. La
Universalización constituye una idea y una práctica extraordinariamente
revolucionaria, que da al traste con la Universidad clásica como concepto y
como institución, que amplía de manera ilimitada la oportunidad de realizar
estudios superiores a miles de personas sin moverse de sus casas. Al respecto
Fidel castro ha señalado “Creo
que podemos convertir la nación entera en una universidad. Teníamos una, después
dos más, ahora decenas y ya está en todas partes, y, simplemente, me parece
ver la posibilidad de una nación convertida en universidad…” (Castro, 2004) La
creación de Sedes Universitarias Municipales posibilita garantizar la
continuidad de estudios universitarios a los egresados de los Programas de la
Revolución en los lugares donde residen y permite la extensión de los procesos
sustantivos universitarios a toda la sociedad mediante la presencia en el
territorio. Lo anterior ha significado el inicio de una nueva etapa en el
desarrollo de la educación superior en Cuba, en
estrecho vínculo con la sociedad, su
desarrollo y demandas en sus diferentes ámbitos; lo cual dado el carácter
esencialmente humano de nuestro proyecto de sociedad es al mismo tiempo expresión
y fuente generadora del humanismo que pretendemos formar en nuestros
profesionales. Independientemente
de los lógicos cuestionamientos que genera todo cambio y de las dificultades
que implica su establecimiento y desarrollo, en especial en las condiciones en
que vive nuestro país en la actualidad, la presencia de la universidad en cada
municipio se ha convertido en un espacio
importante de
realización personal y colectiva. El establecimiento de la Universidad en el
territorio ha demostrado que nuestro país cuenta con una significativa fuerza
profesional altamente preparada y dispuesta a cumplir las tareas que se le
encomiendan, y ratificado la posibilidad de utilizar de una forma racional y óptima
los
recursos materiales y humanos disponibles en cada municipio en función de la
educación y la elevación cultural de sus propios habitantes
contribuyendo al
desarrollo sociocultural, político y económico de su entorno y la sociedad en
general. La
formación profesional en el contexto de la Universalización demanda de una
concepción y práctica pedagógica renovadora basada en un modelo de
autoeducación, en la que se potencia la flexibilidad del curriculum de formación,
el intercambio permanente, la respuesta educativa individualizada en
concordancia con la necesidades de cada estudiante y sus potencialidades y la
responsabilidad de la educación compartida con la familia, el profesorado, la
institución y la comunidad en general.
Este
proceso de formación del profesional universitario permite combinar armónicamente
el principio del estudio y el trabajo, garantizando que el estudiante desarrolle
el proceso de aprendizaje en su propio
entorno sociocultural y laboral. Es un proceso
flexible y centrado en el estudiante, lo cual supone un mayor esfuerzo y
dedicación de este y la asunción de su aprendizaje de manera activa, es decir,
la autogestión del conocimiento, la independencia al enfrentar los
problemas cognoscitivos y empleo de los recursos personológicos, intelectuales,
afectivos y motivacionales de que dispone. En
las condiciones de la Universalización el protagonismo estudiantil adquiere
mayor relevancia, lo cual no significa la negación del papel del profesor, todo
lo contrario, se potencia el papel
del profesor como principal facilitador del conocimiento y la educación,
y la labor educativa personalizada bajo la dirección del tutor
considerado este como el eje
integrador del sistema de influencias educativas. Todo
lo anterior obliga a un redimensionamiento de los procesos universitarios, en
particular de la preparación pedagógica y metodológica de los docentes que
posibilite la formación humanista de los estudiantes universitarios. En este
sentido, aunque contamos con un potencial elevado de docentes universitarios con
un alto nivel de preparación profesional el proceso exige, por un lado, la
elevación continua de ese nivel y su adecuación a la labor docente en un nuevo
contexto; y por otro, dada la necesaria incorporación de otros profesionales a
la labor docente universitaria, la preparación acelerada de estos profesionales
para asumir su nuevo rol como educadores. La
sustentabilidad del proceso hace necesario que la preparación del personal
docente se desarrolle de manera rápida
y logrando altos índices de eficiencia y eficacia lo cual implica la necesidad
e potenciar y perfeccionar el trabajo docente metodológico y científico
metodológico como vías fundamentales para el logro de estos propósitos,
estimulando además la autosuperación desde el puesto de trabajo, lo cual ha de redundar en la calidad del proceso pedagógico. Como
se evidencia, la UES es un proceso con un carácter esencialmente humano,
propicia el entorno favorable para la formación humanista de los estudiantes,
incide directamente en la concreción en el plano local de las condiciones
necesarias para hacer más humanas las condiciones de existencia de nuestro
pueblo, implica una mayor preparación profesional y humana de los docentes, es
en fin, expresión genuina y concreción práctica del humanismo consustancial
de nuestro proyecto social. BIBLIOGRAFIA Castro
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Torriente Brau, La Habana, 2001. Suárez
Rodríguez C y Del Toro M “La formación cultural de los estudiantes
universitarios en las condiciones de la Universalización”(en soporte magnético) Autores: MSc
Blanca Cortón Romero ISP
“Frank País García” e-mail:
blancacr@ispscu.rimed.cu MSc
Rafael A. Borges Betancourt Universidad
de Oriente e-mail:
rborges@vru.uo.edu.cu Publicación enviada por MSc Blanca Cortón Romero y MSc Rafael A. Borges Betancourt Contactar mailto:blancacr@ispscu.rimed.cu Código ISPN de la Publicación EEFuAkklAyGSFjSCbM Publicado Sunday 18 de December de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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