Monografias | Humanidades y humanismo, Universalizacion y Formacion Humanista del profesional universitario

Humanidades y humanismo, Universalizacion y Formacion Humanista del profesional universitario

Resumen: Ante nuestros ojos se desenvuelve un proceso de desarrollo de la ciencia y la tecnología nunca antes visto,cuyas perspectivas son imposibles de prever. El desarrollo de la llamada RCT y el advenimiento de la sociedad del conocimiento han puesto a la orden del día, la necesidad de preparar a los hombres para acceder al conocimiento científico y generar nuevos conocimientos,labor en la que desempeñan un papel fundamental los sistemas educativos y la escuela.(V)

Publicación enviada por MSc Blanca Cortón Romero y MSc Rafael A. Borges Betancourt


 

Ante nuestros ojos se desenvuelve un proceso de desarrollo de la ciencia y la tecnología nunca antes visto, cuyas perspectivas son imposibles de prever. El desarrollo de la llamada RCT y el advenimiento de la sociedad del conocimiento han puesto a la orden del día, la necesidad de preparar a los hombres para acceder al conocimiento científico y generar nuevos conocimientos, labor en la que desempeñan un papel fundamental los sistemas educativos y la escuela.

En este contexto se manifiestan criterios que sostienen la necesidad de dar prioridad a la enseñanza de las disciplinas científico-técnicas en detrimento del tratamiento de las disciplinas que pueden incluirse  dentro de las llamadas Humanidades, lo cual ha generado polémicas en diferentes partes del mundo.

Aunque en nuestro medio, el análisis de esta cuestión no ha alcanzado todavía la magnitud de una polémica como ocurre en Alemania, Gran Bretaña, España y algunos países de Latinoamérica, si constituye una preocupación entre docentes y directivos del sistema educacional a dilucidar ¿ Qué Humanidades debemos enseñar? y ¿Cómo debemos enseñarlas?.

El camino que nos conduce a dar una respuesta a estas interrogantes pasa necesariamente por la definición de ¿ Qué son las humanidades?. En este sentido, primero que todo, debe señalarse que existen diversos criterios con respecto al contenido de este concepto, los cuales analizaremos a continuación ya que esto es imprescindible para dirimir  que entender por una educación humanista.

El término  Humanidades tiene su origen en el Renacimiento, entonces se le aplicó a determinadas disciplinas para diferenciarlas de los estudios teológicos, lo cual constituyó una expresión de la “vuelta al hombre” característica de ese período de la historia y superadora de la visión teocéntrica propia del Medioevo.

Las Humanidades en este caso promovían el estudio de textos claramente humanos por su contenido y por su forma, textos originarios de  las culturas de la Antigüedad y escritos en griego o en latín, de ahí que, tales lenguas adquirieran el rango de representantes de las Humanidades.

Con el decursar del tiempo, se continuó usando el término Humanidades para designar las disciplinas contrapuestas a las llamadas disciplinas científicas, y para enfatizar en el papel de las primeras en la formación del hombre, en este sentido se consideran a las Humanidades como saberes que enseñan humanidad, que humanizan y a la educación humanista como aquella que pretende formar íntegramente al hombre,  al desarrollar sus capacidades humanas y combatir lo inhumano.

A partir de esta idea general, se maneja el término desde diferentes puntos de vista,   considerándose a las Humanidades:

·     Como todos los saberes que permiten la realización de la idea de la libertad, que hacen posible la existencia moral de la humanidad, de ahí que la educación humanista no implique enseñar algo en particular, sino enseñar de cierta manera. Desde este punto de vista cabría preguntarse ¿es posible incluir a las llamadas disciplinas científicas dentro de las Humanidades? Aunque este no sea nuestro objeto específico de análisis, nos atreveríamos a afirmar que sí.

·     Como saberes que se identifican con la cultura Occidental y con lo que hay de estas en las respectivas culturas nacionales, en clara alusión a los orígenes del concepto en la época renacentista y a la cultura griega, cuna de la llamada civilización Occidental. Sobre esta base enseñar Humanidades, es entonces enseñar contenidos culturales sustantivos (que evidentemente no incluyen a los de las culturas no occidentales).

·     Como saberes que se identifican con la ciudadanía entendiéndose entonces la educación humanista como educación ciudadana, como la educación necesaria para la convivencia entre los hombres.

·     Como la materia de estudio más adecuada para formar al hombre, considerada como una materia viva, cuyo contenido tiene un carácter histórico-concreto, lo cual incide en que la educación humanista se adecue a las condiciones de cada momento y región.

·      Las Humanidades no son una materia, sino un espíritu de realización del hombre a través de los diversos productos de la cultura humana, por tanto la educación humanista no es monopolio de ninguna materia.

Obviamente, no basta este análisis para acercarnos a qué Humanidades debemos enseñar, si las Humanidades pretenden el logro de una formación humanista, es necesario entonces profundizar en ¿qué es el Humanismo?.

El Humanismo está presente desde que la filosofía se constituye como elemento consustancial a toda reflexión cosmovisiva, adquiriendo carácter de corriente filosófica en un momento determinado del desarrollo histórico, no obstante ésta no constituye una corriente filosófica homogénea, aunque posee características comunes a sus diferentes manifestaciones:

·                        Contiene propuestas que sitúan al hombre como valor principal en todo lo existente.

·                  Subordina a toda la actividad a propiciar mejores condiciones de vida material y espiritual al hombre para que pueda desplegar todas sus potencialidades.

·                  Concibe al hombre como fin y no como medio.

·                  Pretende reafirmar al hombre en el mundo y ofrecerle mayor libertad.

El Humanismo tiene un carácter histórico, en el Mundo Antiguo poseía rasgos pesimistas, aunque alcanzó ribetes descollantes en Grecia; en el Medioevo la visión humanista es desplazada por la visión teocéntrica superada dialécticamente por el Humanismo renacentista.

El Humanismo, es la flor privilegiada del Renacimiento, representando la sublimación ideológica de los interese materiales de la clase mercantil en ascenso; su surgimiento y desarrollo constituyen reflejo del desarrollo económico del naciente capitalismo y expresión de las necesidades de la burguesía como clase.

Sobre esto señala Raúl Roa:

“… El humanismo fue, de esta manera, no obstante su invocación originaria al hombre como tal, el instrumento ideológico que equipó a la clase mercantil para derrotar al feudalismo en el plano de la cultura. Esa fue su misión, su egregia misión histórica, que supo cumplir ejemplarmente, contribuyendo no sólo a socavar la base objetiva de su predominio social y cultural, sino además a ‘liberar las almas de los temores  y pesadillas de la Iglesia’’ (Roa, 2001,181)

Evidentemente, el Humanismo renacentista estaba ya superado desde su surgimiento, desde sus orígenes sus intentos de totalidad eran limitados, su acción liberadora no implicaba ni teórica ni prácticamente una extensión de sus consecuencias a las masas, su destino desde sus inicios era contradictorio, la historia posterior del desarrollo capitalista lo confirmó. Al decir de Roa “…Junto al humanismo, la deshumanización. Junto a la fiesta de luces y fragancias del renacimiento, la oscura miseria y la crasa ignorancia del papolo minuto…”(Roa, 2001,133).

Con la aparición del Marxismo, surge una de las corrientes de pensamiento que mejor heredó las tradiciones del Humanismo, al desentrañar los mecanismos deshumanizadores del capitalismo e indicar las posibles vías para su superación.

El Marxismo ofrece vías de concreción al humanismo a través de ensayos de realización del nuevo paradigma del socialismo, ensayos que, independientemente de su mayor o menor éxito y de las causa que lo hicieron fracasar en el caso específico del denominado “socialismo real”, significaron y significan intentos de reivindicación del hombre y de la esencia humana.

El Humanismo marxista llama a la acción, es un arma de lucha para el mejoramiento humano. Ser humanista desde esta concepción significa militar en la causa del hombre, asumiendo todas las consecuencias, esta condición le permite entroncar armónicamente con las tradiciones humanistas presentes en el pensamiento de distintas regiones, países y culturas.

Además, la concepción humanista contenida en el marxismo al ofrecer vías para su concreción llama a la acción, por lo que se constituye en arma de lucha para el mejoramiento humano. En nuestro caso específico, esta condición del humanismo marxista le permite una articulación armónica con el humanismo martiano.

El Humanismo martiano es un humanismo de raigambre ético-moral, no contemplativo, que señala los causes analíticos de la realidad y los medios necesarios para subvertirla en bien del hombre.

En Martí, el concepto de hombre, núcleo de su humanismo constituye una expresión histórico-cultural con sentido, alcance y propósito de hacer de todo el quehacer humano una empresa ética al servicio del bien. Para nuestro Héroe Nacional el hombre puede y debe aprehender y realizar humanamente el bien, cuestión esta que considera un deber.

Al definir al hombre señala:

“Un hombre no es una estatua tallada en un peso duro, con unos ojos que desean, una boca que se relame y un diamante en la pechera de plata. Un hombre es un deber vivo; un depositario de fuerzas que no debe dejar en embrutecimiento, un ala” (Martí, )

Y al referirse a los pueblos define:

“Un pueblo no es un conjunto de ruedas; ni una carrera de caballos locos; sino un paso más dado hacia arriba para un concierto de verdaderos hombres” (Martí )

Aquí es evidente la relación entre lo individual y lo social en la concepción martiana de lo humano. En Martí es significativo el hecho de considerar a la política como una zona de la cultura y a la cultura misma como consumada expresión humana al servicio del hombre.

Martí considera la ética como mediación central y núcleo fundante del pensamiento y acción, de ahí que su concepción de la política discurre por causes éticos. Para Martí, lo ético es el parámetro valorativo de la identidad humana (individual y social) y al mismo tiempo medio para engendrar la calidad humana.

Martí demostró con su obra y con su vida -la cual es parte importante de su obra- que en nuestro contexto ser humanista implica, militar de una manera activa y comprometida en la causa de los humanos, asumiendo las consecuencias de esta elección.

Es precisamente en el humanismo marxista y martiano donde debemos adentrarnos en la búsqueda del humanismo que postula y practica la Revolución Cubana, en cuyo desarrollo las Humanidades desempeñan un papel fundamental.

Un punto de confluencia del humanismo marxista y martiano que es necesario tener presente en las condiciones de hoy, es el reconocimiento al hecho de que la diversidad es parte consustancial de lo humano, por tanto, no necesita ser tolerada, exige ser preservada como expresión de la riqueza cultural y social de la Humanidad, especialmente, es necesario hoy lograr que prevalezcan los valores genuinamente humanos a partir de la sustitución de la razón instrumental por la razón humanística, y la lógica del mercado por la lógica de la vida.

Cabría preguntarse entonces ¿de qué Humanidades estamos hablando?

¿Las Humanidades entendidas como aquellas disciplinas llamadas así desde el Renacimiento para diferenciarlas de los estudios teológicos?.Por supuesto que no.

Para nosotros, en la Cuba de hoy, las Humanidades no son simples disciplinas intelectuales, son además un espíritu que atraviesa la enseñanza de todas las disciplinas y todo el quehacer académico, científico y laboral. Su papel es el de responder a una verdadera formación de valores, fundamentalmente éticos y contribuir a formar conciencia política en los estudiantes que los prepare y movilice para participar en la lucha por la consecución de nuestro proyecto de sociedad.

De ahí que una educación humanista ha de estar dirigida a:

·                   Evitar la pobreza axiológica del ser humano, elevándolo por encima de sus necesidades materiales.

·                   Sensibilizar a los hombres ante los productos espirituales humanos.

·                   Enseñarlos a percibir el consumo material no como un fin en si mismo, sino como un medio para la realización personal.

·                   Forjar un concepto de vida que dignifique el calificativo de humana, que trascienda el consumismo, no sólo porque este implica el empobrecimiento humano, sino además, porque es imposible desde el punto de vista ecológico y social su universalización y despliegue ilimitado.

Las Humanidades que debemos enseñar entonces, deben desempeñar un papel fundamental en la batalla por el logro de una cultura general integral para nuestro pueblo, ahora bien, cómo entender la cultura en nuestras condiciones y contexto.

Para entender la cultura en nuestras condiciones y contexto, y profundizar en el humanismo consustancial a la misma es p[posible remitirnos a lo mejor del pensamiento cubano en especial a las ideas de Martí, el Che y Fidel.

El proyecto emancipador que propugnaron – que es el mismo en los tres casos aunque ajustado a diferentes momentos históricos – tiene un sustrato cultural  lo que parte de una concepción de la cultura como proceso que se desarrolla de manera dialéctica, con un enfoque socio cultural y antropológico que concibe al hombre como centro y a la cultura como un atributo de lo humano, de ahí que le conceden a ésta un papel esencial en la formación de un hombre superior y por consiguiente de una sociedad superior. Esto constituye el sustento del profundo humanismo que caracteriza sus puntos de vista, humanismo que se concreta en la concepción de una sociedad de hombres liberados gracias a la cultura,  en la que la expresión máxima es el grado de cultura alcanzado y la actuación de los individuos como sujetos de la historia.

Un elemento común e incluso característico de todo lo mejor del pensamiento cubano y latinoamericano – en cuya historia tienen un lugar destacado las ideas de Martí, el Ché y Fidel – es concebir a lo ético como el sustrato de su cosmovisión de toda la vida social y fundamentalmente de la cultura, la cual es concebida por ellos como el único camino para la convivencia “humana civilizada”· sobre la base de preceptos morales que impulsen el progreso de la sociedad.

Significación especial en sus respectivas concepciones tiene el reconocimiento de que la cultura es patrimonio del pueblo y de que en materia de cultura no hay pueblos inferiores, así como el criterio que considera que en la sociedad se desarrolla de manera constante un proceso de interculturalidad en el que todas las culturas aportan y reciben influencias, proceso en el que no sólo se crea y transmite la cultura, sino que se construye la identidad.

Un elemento de máxima importancia es el que los tres tienen en cuenta el papel de la educación en la adquisición y desarrollo de la cultura. Como es evidente en sus ideas sobre la cultura hay una continuidad y al mismo tiempo una ruptura superadora desde el punto de vista dialéctico acorde con la realidad que reflejan.

El criterio objetivo para medir el desarrollo de la cultura es el hombre como sujeto social de la actividad y como sujeto histórico, condición que el hombre adquiere y desarrolla en sus relaciones sociales, de ahí que el desarrollo de las relaciones sociales constituya el criterio determinante del desarrollo del hombre y por tanto de la cultura lo cual nos lleva a considerar que las relaciones sociales constituyen la esencia de la cultura, desde este punto de vista  la cultura no es producción de cosas, no es producción de conciencia, sino producción de hombres como seres sociales.

Otra cuestión que debemos considerar es la relación entre cultura y libertad, relación a partir de la cual es posible afirmar que cada paso en el camino de la cultura es un paso hacia la libertad, o lo que es lo mismo reconocer la función emancipadora de la cultura si entendemos la libertad como la posibilidad de actuar sobre la base del conocimiento de la necesidad.

Sobre estas bases ¿Qué características podrían definir a un hombre culto? Un hombre capaz de:

·                Reconocer y asimilar los valores creados por el hombre en cualquier latitud y momento histórico y que muestren la grandeza del género humano, para lo cual son necesarios referentes culturales sólidos que han de tomarse de lo mejor de la cultura nacional y de la cultura humana en general, dicho de otro modo un hombre culto hoy debe ser un humanista.

·                Amar el trabajo y dominar su profesión u oficio para desarrollarlo con calidad, lo cual exige:

-                    Búsqueda incesante de conocimientos

-                    Posibilidades de apreciar el arte como modo de cultivar la sensibilidad.

-                    Tener conocimientos del contenido de aquellas esencias de la cultura (científica, política, de los sentimientos, ecológica, etc.) que les sean necesarias para actuar como sujeto histórico consciente (sin intentar aprehenderlas todas)

-                    Poseer instrumentos, vías para informarse y adquirir los conocimientos que necesita.

-                    Saber comunicarse con la mayor amplitud posible, sobre la base de una comunicación eminentemente humana.

·                 Conocer y cultivar su cuerpo a través de la actividad física para:

         -     Garantizar la salud (en el sentido eco – bio – psico – social)

-                    Convivir y ser útil a pesar de la enfermedad o la discapacidad.

·                  Conocer, amar y vivir en armonía con la naturaleza.

·                  Contribuir al progreso de la humanidad.

Todo esto ha de conducir a la concepción y ejecución de un proyecto de vida culto sobre la base de la elaboración del sentido de la vida.

Es necesario tener en cuenta  que el grado de apropiación y asimilación por parte del sujeto de sus condiciones de existencia depende del grado de desarrollo individual, de su personalidad, de su cultura; por lo que cada individuo le imprime su sello propio al proceso a través del cual se realiza la apropiación y la objetivación de esta apropiación mediante la conducta o la actuación.

La elaboración del sentido de la vida desempeña un importante papel, este concepto abarca problemas muy amplios relacionados con la conducta del hombre, con sus actos y su responsabilidad ante ellos, el sistema de valores que motivan su conducta individual y colectiva, así como la concepción general del mundo de la cual se nutre su propia conducta. Este es un concepto regulador relacionado con interrogantes como ¿quién soy?, ¿para qué actividad soy o no soy capaz?, ¿tienen valor mis actos?, ¿cuáles son mis aspiraciones en la vida? que obtienen una u otra respuesta sobre la base de la cultura.

En la elaboración del sentido de la vida como parte de la cultura individual y social, la educación desempeña un papel fundamental y el profesor se erige en una figura decisiva para orientar este proceso por causes beneficiosos tanto para el individuo como para la sociedad en que vive, lo cual implica determinadas exigencias en la formación y preparación constante de los docentes.

El profesor de Humanidades y el profesor en sentido general debe caracterizarse por su actuación, los requerimientos de calidad, la justicia en su desempeño ético-profesional, su profundo compromiso humano que implica el ejercicio de las capacidades y habilidades intelectuales, lo que puede resumirse en alta calificación ética, independencia moral y flexibilidad de pensamiento, dando por sentado sus profundos y sólidos conocimientos, no sólo de la materia que imparte.

La clase de Humanidades debe parecerse a una “colmena”. En la misma debe estimularse la actividad independiente de los estudiantes, el ejercicio de la crítica, el vínculo con la vida, el análisis de la realidad social contemporánea, la cultura del debate; todo lo cual ha de redundar en la motivación de la reflexión interior de los estudiantes y en la movilización efectiva para la acción social como sujeto histórico. Este último elemento debe constituirse en el principal indicador del éxito de la formación humanista de nuestros estudiantes.

Sobre la base de las anteriores reflexiones en torno al Humanismo, las humanidades y la educación o formación humanista es posible analizar la importancia de las humanidades en la formación universitaria y en el contexto de la Universalización.

La Universidad y el universitario que requerimos hoy, necesitan de articular de manera dialéctica el conocimiento teórico y la práctica, base para la formación de una cultura académica comprometida con la investigación y con la transformación de la realidad, en nuestras universidades se debe enseñar a pensar cooperativamente y por si mismo a través del diálogo constructivo sustentado en el compromiso ético; en este sentido hay en las Humanidades un gran potencial formativo y creativo. 

Los aspectos básicos del curriculum universitario deben propender a una sólida Educación Humanista que garantice la formación de un profesional cuya actividad redunde en beneficio de la sociedad, que posea suficiente capacidad para analizar problemas sociales y participe en la búsqueda de soluciones, el humanismo tiene que enseñarse y esto implica un compromiso para la universidad; el papel fundamental de las humanidades en la universidad será el de responder a una verdadera formación en valores, especialmente éticos, las humanidades deben generar nuevas esferas de sentido, y adoptar incluso los universos tecnológicos como estructuras fundantes de lo humano, de ahí que su papel e importancia no se limite al marco de las llamadas carreras humanísticas lo cual fundamenta la “utilidad” de la Universidad en nuestro contexto.

Las humanidades deben contribuir a formar la conciencia política en los estudiantes, a asimilar nuestra tradición cultural, a fomentar el protagonismo estudiantil y la formación ciudadana, en fin, a formar la competencia humanista. Competencia de cardinal importancia para enfrentar los procesos del mundo de hoy y lograr el mundo mejor posible por el que luchamos.

En el contexto del proceso de Universalización de la Educación Superior, las potencialidades de las Humanidades y de la Educación humanista aumentan ya que este proceso permite un estrecho vínculo del profesional en formación con la vida, con la práctica social, involucrándolo desde los primeros momento s de su formación en la búsqueda de soluciones a problemas profesionales y sociales, poniéndolo en contacto directo con la realidad, lo cual permite educar su sensibilidad humana en una Universidad cuyos muros se extienden a la fábrica, el taller, el policlínico, el hospital, el centro de investigación y la escuela.

La Universalización constituye una idea y una práctica extraordinariamente revolucionaria, que da al traste con la Universidad clásica como concepto y como institución, que amplía de manera ilimitada la oportunidad de realizar estudios superiores a miles de personas sin moverse de sus casas. Al respecto Fidel castro ha señalado “Creo que podemos convertir la nación entera en una universidad. Teníamos una, después dos más, ahora decenas y ya está en todas partes, y, simplemente, me parece ver la posibilidad de una nación convertida en universidad…” (Castro, 2004)

La creación de Sedes Universitarias Municipales posibilita garantizar la continuidad de estudios universitarios a los egresados de los Programas de la Revolución en los lugares donde residen y permite la extensión de los procesos sustantivos universitarios a toda la sociedad mediante la presencia en el territorio. Lo anterior ha significado el inicio de una nueva etapa en el desarrollo de la educación superior en Cuba, en  estrecho vínculo con la sociedad,  su desarrollo y demandas en sus diferentes ámbitos; lo cual dado el carácter esencialmente humano de nuestro proyecto de sociedad es al mismo tiempo expresión y fuente generadora del humanismo que pretendemos formar en nuestros profesionales.

Independientemente de los lógicos cuestionamientos que genera todo cambio y de las dificultades que implica su establecimiento y desarrollo, en especial en las condiciones en que vive nuestro país en la actualidad, la presencia de la universidad en cada municipio se ha convertido en un  espacio importante de realización personal y colectiva. El establecimiento de la Universidad en el territorio ha demostrado que nuestro país cuenta con una significativa fuerza profesional altamente preparada y dispuesta a cumplir las tareas que se le encomiendan, y ratificado la posibilidad de utilizar de una forma racional y óptima los recursos materiales y humanos disponibles en cada municipio en función de la educación y la elevación cultural de sus propios habitantes contribuyendo al desarrollo sociocultural, político y económico de su entorno y la sociedad en general.

La formación profesional en el contexto de la Universalización demanda de una concepción y práctica pedagógica renovadora basada en un modelo de autoeducación, en la que se potencia la flexibilidad del curriculum de formación, el intercambio permanente, la respuesta educativa individualizada en concordancia con la necesidades de cada estudiante y sus potencialidades y la responsabilidad de la educación compartida con la familia, el profesorado, la institución y la comunidad en general.

Este proceso de formación del profesional universitario permite combinar armónicamente el principio del estudio y el trabajo, garantizando que el estudiante desarrolle el proceso de aprendizaje en su  propio entorno sociocultural y laboral. Es un proceso flexible y centrado en el estudiante, lo cual supone un mayor esfuerzo y dedicación de este y la asunción de su aprendizaje de manera activa, es decir, la autogestión del conocimiento, la independencia al enfrentar los problemas cognoscitivos y empleo de los recursos personológicos, intelectuales, afectivos y motivacionales de que dispone.

En las condiciones de la Universalización el protagonismo estudiantil adquiere mayor relevancia, lo cual no significa la negación del papel del profesor, todo lo contrario, se potencia  el papel del profesor como principal facilitador del conocimiento y la educación,  y la labor educativa personalizada bajo la dirección del tutor considerado  este como el eje integrador del sistema de influencias educativas.

Todo lo anterior obliga a un redimensionamiento de los procesos universitarios, en particular de la preparación pedagógica y metodológica de los docentes que posibilite la formación humanista de los estudiantes universitarios. En este sentido, aunque contamos con un potencial elevado de docentes universitarios con un alto nivel de preparación profesional el proceso exige, por un lado, la elevación continua de ese nivel y su adecuación a la labor docente en un nuevo contexto; y por otro, dada la necesaria incorporación de otros profesionales a la labor docente universitaria, la preparación acelerada de estos profesionales para asumir su nuevo rol como educadores.

La sustentabilidad del proceso hace necesario que la preparación del personal docente se desarrolle de manera  rápida y logrando altos índices de eficiencia y eficacia lo cual implica la necesidad e potenciar y perfeccionar el trabajo docente metodológico y científico metodológico como vías fundamentales para el logro de estos propósitos, estimulando además la autosuperación desde el puesto de trabajo, lo cual  ha de redundar en la calidad del proceso pedagógico.

Como se evidencia, la UES es un proceso con un carácter esencialmente humano, propicia el entorno favorable para la formación humanista de los estudiantes, incide directamente en la concreción en el plano local de las condiciones necesarias para hacer más humanas las condiciones de existencia de nuestro pueblo, implica una mayor preparación profesional y humana de los docentes, es en fin, expresión genuina y concreción práctica del humanismo consustancial de nuestro proyecto social.

BIBLIOGRAFIA

Castro Ruz, Fidel “Discurso en la clausura del IV Congreso de Educación Superior”. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado. La Habana, 2004.

Cortón Romero, Blanca “La batalla por una cultura general integral; ¿a que  podemos aspirar realmente?”. Ponencia presentada en Evento Ciencia y Conciencia, Santiago de Cuba, julio del 2003.

De la Higuera, Javier “Pensar las Humanidades”. http/monografías.com

Fabelo Corzo, José R. “Los Valores y sus desafíos actuales”. Editorial José Martí, 2003.

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Guemes S, Ricardo “Educación y Cultura”. Conferencia Iberoamericana de Ministros de Cultura, 5-6 de septiembre del 2000. http/oei-org.

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Martí Pérez, José “Una Universidad naciónal”.

Mina Paz, A “Humanidades un acto académico para reflexionar”. http. Monografías. com

Roa, Raúl “ Historia  de las doctrinas sociales”. Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2001.

Suárez Rodríguez C y Del Toro M “La formación cultural de los estudiantes universitarios en las condiciones de la Universalización”(en soporte magnético)

Autores:

 MSc Blanca Cortón Romero

ISP “Frank País García”

e-mail: blancacr@ispscu.rimed.cu

 MSc Rafael A. Borges Betancourt

Universidad de Oriente

e-mail: rborges@vru.uo.edu.cu

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Publicación enviada por MSc Blanca Cortón Romero y MSc Rafael A. Borges Betancourt
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Publicado Sunday 18 de December de 2005

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