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Monografias | Algunos Aspectos Bioeticos en los Pacientes con Sida

Algunos Aspectos Bioeticos en los Pacientes con Sida

Resumen: En el presente trabajo se realiza una revisión de los estatutos o principios de la Bioética,en el mismo se exponen algunas implicaciones éticas relacionadas con los procederes investigativos realizados a estos pacientes así como la voluntariedad o no de los mismos de someterse a estas investigaciones. Se hace un análisis de los principales problemas a los que se enfrenta el médico al tratar a estos pacientes así como la relación de éstos problemas terapéuticos con los principios de la Bioética, finalmente se analizan algunas implicaciones éticas de la educación para la salud en el caso de esta enfermedad. Palabras claves: SIDA, Bioética, estatutos de la Bioética.(E)

Publicación enviada por MSC Dr Jesús Pintos Valluerca y Otros Autores




 


RESUMEN

En el presente trabajo se realiza una revisión de los estatutos o principios de la Bioética,en el mismo se exponen algunas implicaciones éticas relacionadas con los procederes investigativos realizados a estos pacientes así como la voluntariedad o no de los mismos de someterse a estas investigaciones. Se hace un análisis de los principales problemas a  los que se enfrenta el médico al tratar a estos pacientes así como la relación de estos problemas terapéuticos con los principios de la Bioética, finalmente se analizan algunas implicaciones éticas de la educación para la salud en el caso de esta enfermedad. Seconcluye que el acceso voluntario a la realización de la s investigaciones debe ser política priorizada en los sistemas de Salud Pública, al igual que la orientación del tratamiento adecuado. El uso de campañas educativas basadas solo en el uso del condónpuede conllevar a que se establezcan mayor número de relaciones sexuales y por en de mayor número de contactos potencialmente peligrosos.

Palabras  claves: SIDA, Bioética, estatutos de la Bioética.

INTRODUCCIÓN

En un manuscrito del Siglo X, conocido como Marcianus graecus 538, que se conserva en la biblioteca de San Marcos de Venecia, puede observarse una miniatura que parece situarnos ante el problema que ahora nos ocupa. En ella se representa a Job, postrado en su enfermedad.

Su esposa le sirve la comida por medio de una larga cuchara, mientras se tapa la boca y la nariz, como para defenderse del hedor que supuestamente despiden las llagas del enfermo.

La miniatura evoca toda una larga historia de marginación a que fueron sometidos durante siglos determinados enfermos, sobre todo por motivos de grandes epidemias. Ese dolor y las actitudes consecutivas las considerábamos anatematizadas para siempre por las páginas de la Peste de A. Camus. Pero aquí de nuevo parecen recobrar  actualidad  ante el SIDA. (1)

En la tarde del 6 de Octubre de 1980 en la Clínica del Dr. Dale en Estados Unidos, uno de los doctores fue a interconsultar a su colega Michael Gottlieb, experto en células rojas e inmunidad. Se encontraba ante un desconcertante caso de un paciente homosexual con un cuadro de candidiasis pseudomembranosa bucal de brusca aparición. A los pocos días fué dado de alta con tratamiento intensivo, a la semana regresa al Hospital con un cuadro agudo de neumonía por Neumocistis Carini. (2)

En el período comprendido entre mayo de 1980 y junio de 1981 M. S. Gottlieb y otros publicaron y reportaron cinco casos de hombres jóvenes homosexuales estudiados en tres Hospitales de los Angeles, California, Estados Unidos, que presentaban neumonía a un germen oportunista, (el protozoo Pneumocistis Carini). En julio del propio año, se reportó el estudio de 26 casos de hombres homosexuales que presentaban Sarcoma de Kaposi, solo o asociado a neumonía por P. Carini  u otros tipos de infecciones oportunistas. ( A. Friedman- Kier y otros).(3) (4) (5), así la humanidad se encontraba a las puertas de una de las más temibles epidemias que jamas haya amenazado al género humano. (2).

A partir de estas primeras referencias, en los Estados Unidos se comenzaron a reportar con frecuencia cada vez mayor casos de similar naturaleza. Los estudios inmunológicos realizados a estos pacientes tenían como común denominador la presencia de una inmunodepresión severa que se caracterizaba entre otros datos por la presencia de una anergia ante las pruebas de hipersensibilidad tardía y una disminución de la relación entre las subpoblaciones linfocitarias T4/T8. En todos estos casos no se presentaba ninguna de las causas de inmunodeficiencia hasta ese momento conocidas. (3).

En el año 1981, ante estos hechos, se crea en los Estados Unidos una “fuerza de tareas”  del Center for Disease Control (CDC) radicado en Atlanta, Georgia, como aparato de vigilancia epidemiológica del Public Health Service de Estados Unidos con el propósito de determinar factores de riesgo, realizar estudios de laboratorio, y acumular la información diseminada con el propósito de combatir lo que eventualmente era una nueva enfermedad. (3).

En Septiembre de 1982, el CDC elabora una definición con el propósito de estudios epidemiológicos de lo que se denominó Acquired Inmunodeficiency Syndrome (AIDS) o Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). (3) (4) (5)

En Mayo de 1982 se reporta la aparición de un cuadro de linfoadenoatías persistente en 57 homosexuales observados desde Octubre de 1981 y que no se debía a ninguna de las causas conocidas de estas alteraciones linfáticas, similares a la del SIDA, aunque menores, del aparato inmunitario. Ya  en esta época se reportó que uno de estos casos había evolucionado mal, acabando por presentar un Sarcoma de Kaposi. (3) (4)

En los años siguientes apreció una verdadera explosión epidémica entre los casos de riesgo en los Estados Unidos, especialmente en sus centros urbanos mayores donde se observó un crecimiento exponencial del número de casos reportados. Se apreció también la elevada mortalidad de los casos definidos como SIDA y comenzaron a aparecer reportes crecientes en la mayoría de los países del mundo. (3)

A finales de 1982 los datos epidemiológicos indicaban claramente que el SIDA era una enfermedad infecciosa transmitida por vía sexual y por transfusiones sanguínea. Por entonces habían casos raros, pero indiscutibles, de transmisión en hemofílicos tratados con extractos sanguíneos procedentes de bancos de sangre que habían sido preparados de modo que mediante filtración fueran eliminados solamente eventuales bacterias y hongos contaminantes, así las cosas, el causante de este mal no podía ser sino un agente no retenido por los filtros, (es decir, filtrable): un VIRUS. (3)

 En el año 1983, el grupo del Instituto Pasteur de París, dirigido por Luc Montagnier, descubre como probable agente causal del SIDA un retrovirus LAV(Virus asociado a linfoadenopatías) por haberse aislado primeramente en un paciente con este síndrome. (3) (4) (5).

Meses mas tarde el grupo de trabajo dirigido por Robert Gallo, del National Cancer Institute de Bethesda, Maryland, Estados Unidos, identifica como agente etiológico a un retrovirus denominado HTLV-III (Humam-T-Leukemia-Linphoma-Virus III). (3) (5)

En Julio de 1986, el Comité Ejecutivo para la Taxonomía de los Virus (ICTV), recomienda emplear el nombre HIV (Ingles) ó VIH (Francés- Español) para denominar al virus implicado en la etiología del SIDA, en vez de la denominación de HTLV-III/LAV. (3) (5)

En nuestro país el Ministerio de Salud Pública crea a principios de 1983 una Comisión Nacional por el área de Higiene y Epidemiología, estableciéndose un plan de medidas inmediatas que se aplicaron en junio del propio año. Posteriormente, habiéndose profundizado en el ámbito mundial el conocimiento de esta enfermedad, conocido el agente causal y habiéndose desarrollado pruebas de serodetección, a partir del mes de enero de 1986, se confeccionó un plan de control, de desarrollo progresivo, meticulosamente elaborado, que permite garantizar la mayor protección posible a nuestros ciudadanos, siendo nuestro país uno de los pocos en el mundo que garantiza la serodetección al 100 % de los donantes de sangre. (3)

El VIH es uno de los problemas sanitarios más graves del mundo de hoy, y la situación actual es peor de lo que se había previsto. Por afectar a la población activa en sus años más productivos, representa un difícil obstáculo para el desarrollo. Las mejoras de la supervivencia infantil y la salud del adulto que tanto trabajo costaron se han visto de repente anuladas, al par que vemos en peligro las estructuras de sociedades enteras y destruidos los sistemas de salud. (6)

América Latina y el Caribe es la tercera región del mundo mas afectada por la incidencia del mal, después de Africa y Asia. (7)

Pese a los esfuerzos sustanciales desplegados en los últimos años, la epidemia de la infección por VIH-SIDA y de las infecciones de transmisión sexual siguen representando un grave problema de salud en la región de las Américas. La OPS calcula que 1.6 millones de personas viven con la infección en estas regiones y cerca de 1 millón en América del Norte. (8)

Aunque las vías de transmisión están bien definidas existen pruebas fehacientes de una mayor propagación en personas pobres y analfabetas de las Américas. (8) De los adultos positivos al VIH el 20 % en América del Norte y en América Latina así como mas del 30 % en la región del Caribe son mujeres, demostrándose también un aumento en la tasa de infección por VIH-SIDA en los lactantes de estas regiones lo que refleja un aumento de la transmisión del VIH de madre a hijo. (8)

El VIH no es un gran problema de salud en nuestro país, hasta el 17 de diciembre del año 2002 se habían diagnosticado 4454 casos seropositivos, de ellos 3521 (78,4 %) son masculinos y 933 (21,6%) son del sexo femenino. Habían enfermado de SIDA 1981 personas (42,9%), de ellos han fallecido 1051 (23,7 %). (9) 

En cuba el 97 % de los seropositivos han adquirido la infección por vía sexual, predominando en números absolutos las personas heterosexuales,  aunque los homosexuales y bisexuales masculinos presentan un riesgo relativo mas elevado. (10)

Esta pandemia ha sido capaz de diseminarse en menos de dos decenios a mas de 190 países en todos los Continentes, por estos motivos esta enfermedad ha pasado ha ser una situación de análisis constante por parte de la Bioética, dada las implicaciones que la misma tiene sobre el individuo, su familia y el medio social en que el mismo se desenvuelve. (1)

En nuestro tiempo la conciencia individual y social sigue considerando la vida humana como un valor sagrado e intangible, pero este valor sufre una especie de “eclipse” de modo que se puede constatar la presencia de una “cultura de la muerte”. Se ha llegado a hablar de una especie de “conjura contra la vida”. Esta situación de crisis se manifiesta no solo en el desprecio a la vida humana, sino también en la aceptación de prácticas que con el pretexto del progreso científico ó médico reducen en realidad la vida humana a simple “material biológico” del que se puede disponer libremente. (1)

Por otra parte se ha ido difundiendo una mentalidad eugenésica que lleva a acoger la vida humana solo en determinadas condiciones, rechazar la limitación, la minusvalía, la enfermedad e incluso una actitud eutanásica ante enfermos incurables y moribundos a los que no escapan los pacientes de SIDA en fases terminales de su enfermedad. (1)

Se ha discutido mucho si la Bioética es una ciencia nueva o es una aplicación mas de una antigua ciencia. El problema surge cuando se observa que la Bioética tiene que habérselas con numerosos campos, algunos de ellos desconocidos para antaño. Esto es, la Bioética, es una disciplina que entra perfectamente dentro de lo que se llama interdisciplinariedad (11), la misma se ocupa de examinar desde el punto de vista de los valores y los principios éticos, el impacto del desarrollo y las aplicaciones de las ciencias médicas y biológicas en todos los organismos vivos. (12)

 La Bioética nace como una disciplina que se ocupa de conectar los principios éticos con las acciones humanas de la técnica biomédica en desarrollo. (11)

El término Bioética fue acuñado en 1971 por el oncólogo Van Reusselaer Potter en su libro "Bioethics: a bridge to the future" para determinar una reflexión moral sobre el conjunto de las ciencias biológicas que sirven para mejorar la calidad de vida.(12) (13)

La "Encyclopedia of Bioethics" propone la siguiente definición: Estudio sistemático de la conducta humana en el área de las ciencias de la vida y del cuidado de la salud, por cuanto dicha conducta es examinada a la luz de los valores y principios morales.(12)

Etimológicamente Bioética, significa vida y ética y por lo tanto designa a la vida y a la Etica como sus partes, esto no quiere decir que la Bioética sea una Etica aplicada a temas específicos de la vida; sino que el termino Etica es el elemento formal, mientras que la vida será el elemento material. De aquí que la Bioética sea una disciplina eminentemente ética y secundariamente -por su materia- de las ciencias de la vida (Medicina, Biología, etc.) (10)

Podemos decir entonces que la Bioética no es mas que el conjunto de conceptos, argumentos y normas que valoran y legitiman éticamente los actos humanos que eventualmente tendrán efectos irreversibles sobre fenómenos vitales. (14)

Para algunos estudiosos como Beauchamp, Childress, Walters, etc, admiten que la Bioética es una parte, mas que una aplicación práctica de la Etica; es una Etica médica, porque su campo material se restringe al de la actividad médica científica. (11)

Teniendo en cuenta, que muchas veces los pacientes a los cuales se le ha detectado que son VIH positivos, sufren de discriminación tanto en su trabajo, en su hogar, en la sociedad, y lo que es peor, en ocasiones por el propio personal de la Salud, que de forma muchas veces inconsciente, violan los principios elementales de la Etica Medica durante la atención a estos enfermos, decidimos realizar esta revisión del tema con el propósito de que pueda servir a todos los que participan en la atención a estos enfermos, y así poder humanizar mas aun el cuidado de estas personas.

DESARROLLO

ESTATUTOS DE LA BIOÉTICA

La importancia de la Bioética es hoy innegable, basta pensar, por una parte, que la preocupación por la defensa de la vida humana incluye hoy una necesaria referencia a la preocupación ética por la supervivencia de toda vida en el planeta Tierra, la Bioética se une así a la ecoética. En este aspecto se hace cada vez más urgente él dialogo interdisciplinar. Las ciencias médicas han de abrirse a las orientaciones estudiadas por las ciencias jurídicas y ambas han de mantenerse a la escucha de la reflexión filosófica. En el ámbito de las ciencias de la vida es más evidente que nunca que no basta con orientar las actividades éticas de las personas particulares, es preciso considerar la importancia de los ordenamientos legales, tanto nacionales como internacionales y ordenar los recursos con vistas a una defensa de la vida y a una mejora de su calidad. (1)

Por muchas reacciones y "alergias" que haya suscitado en el pasado la categoría de la ley natural, se puede observar hoy que precisamente en el ámbito de la Biotecnología, como en el de la ecología y los derechos humanos, es bastante habitual apelar a una dignidad del hombre y de lo humano, previa al convenio social o a las determinaciones del derecho positivo. Por todo esto se hace necesario conocer los estatutos sobre los que se fundamenta esta disciplina, por lo que se pasaran a analizar cada uno a continuación:

Ø         Autonomía del Individuo: Uno de los principales aportes del llamado código de Nuremberg consistió en  destacar que la participación de los individuos en la investigación médica debe ser absolutamente voluntaria, el derecho de las personas de disponer de sus cuerpos, de su honor y de sus potencialidades (15). Es el principio que regula las instancias éticas expresadas por el paciente que, en virtud de su digualdad como sujeto, tiene el derecho de decidir autónomamente si aceptar o rechazar lo que se trata de hacer con él, tanto desde el punto de vista diagnóstico como terapéutico. Este principio tiene una inmediata relación con la exigencia del consentimiento informado de la persona actual o potencialmente enferma, este consentimiento informado del paciente, o de sus representantes legales, es continuamente requerido sea para legitimar la experimentación terapéutica sea para legitimar la licitud de operaciones quirúrgicas, o  hasta de procedimientos cada vez más rutinarios como el diagnostico prenatal. (1)

Ø         Beneficencia: Completa al principio anterior, se denomina así al principio que regula las instancias éticas típicas de la profesión médica, que tiene por finalidad la defensa de la vida, de la salud física y psíquica de la persona y el alivio de sus sufrimientos, en el respeto a la dignidad de la persona, la mayoría de los códigos éticos obligan a los profesionales a intervenir en casos de necesidad, a pesar de que el paciente no haya podido expresar su consentimiento, así el convenio relativo a los derechos humanos y a la biomedicina plantean:

Cuando debido a una situación de urgencia, no pueda obtenerse el consentimiento adecuado, podría procederse inmediatamente a cualquier intervención indispensable desde el punto de vista médico a favor de la salud de la persona afectada.

Este mismo convenio exige tomar en consideración los deseos expresados anteriormente con respecto a una intervención médica, cuando el paciente no se encuentre en condición de expresar su voluntad. (1)

Ø         Justicia: Es el principio que expresa y sintetiza las instancias éticas que en el acto médico hace valer un tercer sujeto y actor, como es la sociedad, en la que el paciente y el médico se encuentran insertos.

Ø         No maleficencia: no producir daño al individuo, este principio debe tener prioridad sobre el principio de beneficencia. (16)

Ø         Principio de doble efecto: En la vida real ocurren acciones, valoradas de modo deontológico, que pueden llevar a diversas consecuencias, unas consideradas acordes con los valores éticos y otras desechables en cuanto comportan consecuencias negativas. En tal encrucijada, sería lícito realizar una acción u omisión,  buena o indiferente, de la cual se sigue esa diversidad de efectos, con tal de que se considere el bueno como positivo y pretendido voluntariamente y no exista una relación de causalidad del efecto malo sobre el bueno. (1)

     Para la legitimidad moral de tal acción se han de cumplir cuatro condiciones:

§         Carácter moralmente bueno o indiferente de la acción.

§         Bondad en la intención del agente, es decir, buscar el fin bueno y no intentar el malo.

§         Conexión causal del efecto bueno con la acción, al menos tan inmediata como la del efecto malo.

§         Razón proporcionalmente importante para permitir la producción del efecto malo. (17) 

Ø         Principio de totalidad: Las partes del organismo están al servicio de la integridad de la persona, en consecuencia las partes pueden sacrificarse al todo, este principio puede encerrar una enorme ambigüedad ética si se aplica de modo unívoco tanto al organismo humano cuanto al organismo social. (1)

Ø         Confidencialidad de datos relativos al paciente: Se refiere al derecho de la persona a mantener su vida privada, la violación de este principio significaría quiebra irreparable en la relación de confianza que se encuentra en la base de la misma profesión médica, sin embargo, su mantenimiento a ultranza crea algunos problemas, como por ejemplo en el caso de los enfermos de SIDA. (1)

Ø         Principio de tuciorismo: Plantea que la vida humana es un valor tan fundamental que su defensa impediría cualquier experimento injustificado que pudiera ponerla en situación de riesgo. (1)

Los tres primeros principios, es decir, autonomía, beneficencia y justicia, guardan una relación dialéctica estrecha entre ellos y son conocidos con el nombre de trinidad bioética, se trata así de los tres grandes principios que entran en juego al tratar de determinar la éticidad de un procedimiento médico-sanitario, afirmar que estos principios éticos son absolutos supone negar que puedan tener excepciones, es decir, que existen circunstancias en la que los principios no sean aplicables. si los principios son absolutos  deben cumplirse siempre y en cualquier circunstancia (16). Así de acuerdo al principio de autonomía habría que respetar siempre la decisión de la persona implicada en el experimento o terapia, siempre que haya sido debidamente informada y pueda otorgar su consentimiento con plena lucidez, según el principio de beneficencia si el paciente no puede otorgar su consentimiento o se niega a una intervención de emergencia que podría dañar gravemente su vida o su integridad, en este caso el médico deberá entonces tomar la decisión que mas convenga. (1)

Según el principio de justicia es preciso recordar que en algunos casos la intervención sobre la persona resulta necesaria e impostergable en virtud del perjuicio que se esta ocasionando a ella misma o evitando un daño inminente a la sociedad. (1)

IMPLICACIONES ETICAS DE LAS INVESTIGACIONES EN ESTOS PACIENTES.

Ø         Medidas técnicas de prevención: Los medios de prevención relativos a otras actividades de riesgo, como las vinculadas a las donaciones de sangre, plantean problemas éticos teóricamente mas sencillos y que habitualmente se resuelven por los de causes de una mayor responsabilidad tanto por parte del donante como por parte de la institución sanitaria llamadas a extremar las cautelas profilácticas y a realizar todos los análisis de confiabilidad a la sangre que se utilizara con estos fines. En nuestro país el 100% de la sangre utilizada en donaciones, así como en hemoderivados se le garantiza la total "esterilidad" en cuanto a virus del SIDA. (1).

Ø         Métodos de análisis y control. En este aspecto las cuestiones éticas no son menos numerosas ni menos inquietantes. De hecho en este contexto se sitúa el mas espinoso de los problemas éticos-sanitarios el del conflicto de la sanidad pública versus libertad individual. (1)

Ø         Voluntariedad- obligatoriedad: Parece en primer lugar que el control de los eventuales infestados por el virus debería ser absolutamente voluntario y confidencial, con el fin de no poner en entredicho el derecho de la persona a su propia digualdad y privacidad. Sin embargo, la afirmación de tales derechos de voluntariedad y confidencialidad, cuando son reivindicados a ultranza, suscita la pregunta por el peligro en que podría ponerse el derecho que los demás ciudadanos y la sociedad entera tienen a disfrutar de un nivel adecuado de salud, en ningún tratado de Etica Médica puede faltar la discusión sobre este argumento crucial, teniendo en cuenta esto a veces se recurre a una campaña educativo- preventiva a gran escala que trata de convencer a los ciudadanos sobre la oportunidad de someterse voluntariamente  a un determinado tipo de control, con el fin de adelantar las medidas terapéuticas, a ser posibles preventivas, de esta forma se trata de compaginar el derecho del individuo con el derecho de la comunidad. (1)

Ø         Realización del control: La realización del análisis para la detección del VIH plantea otra larga serie de interrogantes, tal vez el más agudamente sentido sea el de la invasión de la privacidad y libertad de las personas. La mayoría de las declaraciones de derechos del enfermo, reconocen a este el derecho a  que sea mantenido en secreto su eventual permanencia en algunas instituciones hospitalarias, de forma semejante el individuo puede sentir disminuidas sus capacidades sociales, de relación o de trabajo, por el mismo hecho de haberse sometido a un control de detección del SIDA. Otro grupo de problemas se relaciona con las preguntas sobre la misma fiabilidad de los análisis, teniendo en cuenta las inquietudes que podría desencadenar, sobre el temor a la intromisión de extraños y la consiguiente perdida de confidencialidad, y sobre todo, se relacionan con el temor a la discriminación social, tanto en el lugar de trabajo como en el resto de la sociedad. (1).

Ø         Destinatarios del control: Los problemas éticos no terminan con la misma realización de los análisis y controles. Tampoco es fácil determinar quienes son las personas que deberán ser sometidas a estos análisis. A primera vista, parece que el screening debería ser obligatorio para los grupos de alto riesgo, pero aquí no es fácil argumentar a favor de la obligatoriedad de los controles, así se sugieren una serie de grupos como presos, drogadictos, prostitutas, ingresos hospitalarios, mujeres embarazadas, etc.

En cuanto a los ingresos hospitalarios surgen otras interrogantes éticas y el problema se torna especialmente sensible cuando dichos pacientes no son capaces de suscribir el consentimiento informado requerido para la realización de las pruebas y se requiere así el de sus familiares, tutores o personas responsables, en estos casos la misma confidencialidad del análisis y su resultado parece entrar en conflicto con la necesidad de recabar el consentimiento de  los representantes legales del paciente. (1)

Intimamente vinculado a este supuesto está el contrario. Ante una operación quirúrgica hay quien se pregunta sino habría que someter al control al personal médico que participará en la misma; en caso de negativa por parte del personal, ¿habría que prohibirle tomar parte en esta intervención? El derecho de la confidencialidad, que también asiste al personal médico, puede entrar en conflicto con el derecho del paciente o su seguridad. (1)

Ø         Utilización de los resultados: Si pasamos al resultado de los controles la problemática Bioética se complica cada vez más. En todos los estudios de Deontología Médica se trata la cuestión de la oportunidad de informar al paciente sobre su verdadero estado, pues bien, en los casos de un resultado positivo en los análisis encaminados a detectar la presencia del VIH parece que habría que informar tanto a los pacientes como a sus familiares y compañeros sexuales, o lo que es lo mismo habría que recabar la colaboración del paciente con vistas a esa información, así se requiere un ejercicio de extrema prudencia, sobre todo en los casos en que es previsible  un grado tal de desesperación que podría desencadenar un suicidio, por lo tanto es preciso comunicar la parte de verdad que el paciente este preparado para tolerar. (1)

Por otra parte si se ocultan los datos sobre estos pacientes será difícil proteger a su familia, a su compañero o compañera sexual, siendo este aspecto el mas debatido a la hora de brindar información o no a la persona en peligro real de contagio, (16) prevenir las infecciones perinatales, evitar la transmisión por medio de hemoexposiciones etc. Cuando el médico se encuentra con un paciente seropositivo surge un conflicto ético entre la confidencialidad que le es debida y la necesaria protección de todos los que rodean a dicho paciente, de ahí que a propósito del SIDA, se planteé la posibilidad de una excepción respecto a la obligatoriedad del secreto profesional. (1)

Una vez que los pacientes han sido informados caben muy diversas reacciones. Unos por debilidad o por otras causas prefieren continuar con el estado de vida que los ha llevado a tal enfermedad, otros, aún habiendo sido informados de su situación parecen pretender ignorarla, otros, parecen que en su desesperación deciden contagiar a otras personas y aún utilizar el medio de contagio como instrumento de chantaje, y otros creen que a partir de ahora serán marginados por la sociedad. (1)

Por lo tanto todo el personal médico-sanitario, trabajadores sociales y por último la sociedad entera, habrán de intentar crear un clima tal que no haga pensar al enfermo que la manifestación de su estado de salud va a suponer una marginación social. (1)

ASPECTOS ETICOS EN EL TRATAMIENTO DE LOS PACIENTES CON SIDA

   Actualmente podemos decir que el SIDA no es solo una enfermedad, sino que va aumentando las proporciones de un hecho social de primera importancia, por lo tanto esta enfermedad constituye para la ética una preocupación formidable sobre todo porque sus raíces epidemiológicas se hunden en un terreno en el cual tienen gran importancia el comportamiento de las personas. Un cierto tipo de conducta constituye, un efecto, un factor de riesgo de la enfermedad, es decir, contribuye a su difusión, sin que sea su causa en sentido estrictamente médico. (1)

El SIDA es sobre todo una enfermedad ó mejor aún todo un complejo de enfermedades que desafían nuestra responsabilidad, tanto en el momento de articular los medios adecuados de prevención, como a la hora de aplicar los métodos correctos de análisis y control y más aún, en el cuidado y tratamiento de los pacientes afectados. (1)

Las responsabilidades éticas vinculadas al cuidado de los afectados por el SIDA son innumerables. Nunca ha sido fácil para los profesionales de la Medicina el tratamiento de las enfermedades de pronósticos infaustos, la dificultad surge a veces por parte de los mismos profesionales, que, ante estas enfermedades y en particular ante el SIDA, podrían rehusar el tratamiento a estos pacientes, las dificultades provienen en otras ocasiones de los mismos pacientes, su frecuente situación de depresión ó perdida de la memoria hace problemático el intento de obtener el consentimiento de tales pacientes, tanto para un tratamiento ordinario como para una terapia experimental, igualmente será difícil obtener un consentimiento informado para proceder a  la utilización de medios extraordinarios de mantenimiento ó reanimación ó bien para la retirada de tales medios en el caso de que sean considerados ya como "desproporcionados". (1)

Estas circunstancias colocan el tratamiento de los enfermos de SIDA ante otros dos problemas éticos:

§         El de las eventuales decisiones distanásicas ó antidistanacicas y

§         El del paternalismo profesional.

El primero tiene lugar siempre que el enfermo resulta incapaz de firmar una decisión personal sobre los medios extraordinarios que el personal médico debe utilizar o esta autorizado a retirar, llegando al punto de no retorno, en la atención al paciente. (1)

El segundo (paternalismo profesional) se producirá siempre que el personal médico, dada la incapacidad del paciente para tomar decisiones sobre la aplicación de las medidas terapéuticas ó sobre el internamiento hospitalario, hubiera de animar tal responsabilidad en presunto beneficio del enfermo. (1)

Desde el punto de vista ético también resulta problemático la determinación de la terapia aplicable a los enfermos afectados por el VIH, puesto que toda terapia es todavía tentativa y en cierto modo experimental. (1)

La problemática se acentúa aún mas si se tiene en cuenta que su efectividad depende en gran medida de la precocidad de un tratamiento que habría que aplicar preferentemente antes de la manifestación de los síntomas más claros, pero ya irreversibles. A favor de la licitud de la terapia experimental se puede invocar la necesidad apremiante de poner en uso y rápidamente todos los medios terapéuticos disponibles, por leves que sean las esperanzas que ofrezcan. (1)

Pero en contra de tal determinación cabría esgrimir los peligros que encierran los ensayos terapéuticos, especialmente cuando se prolongan durante mucho tiempo. Un caso especialmente controvertido ha sido el de los experimentos a base de administración de Zidovudina (AZT) que inhibe la replicación del VIH o bien de placebos a las madres embarazadas, en países en vías de desarrollo, con el fin de estudiar la reducción de los porcentajes de transmisión perinatal del VIH de madres a hijos. (1) Un problema específicamente dramático resulta el de algunos médicos y personal sanitario que rehusan el tratamiento de los pacientes afectados por el SIDA, con el fin de prevenir su posible contagio. En torno a esto hay controversias, se ha escrito en defensa de la decisión de rehusar a los pacientes infectados por el VIH, otras asociaciones han calificado como “deber” para los médicos la prestación de tales cuidados y otros mas conservadores plantean que quien no pueda ó no este capacitado para atender a tales pacientes los encaminen a médicos ó instituciones capacitadas para ofrecer esos servicios, en este aspecto, no se debe olvidar la obligación moral que todos nosotros hemos adquirido de aportar nuestros cuidados a todas las personas, incluidos los que estén contaminados con este virus. (1)

En algunas sociedades los médicos aducen como razón a tal rechazo el propio "derecho" a seleccionar sus propios pacientes, o bien afirman que el SIDA no existía todavía cuando ellos cursaban sus estudios de Medicina en la Universidad, de forma tal que no pudieron comprometerse, “en su contrato con la sociedad”, a prestar sus servicios y asistencia a unos enfermos que todavía no existían como tales y cuya enfermedad era aun desconocida, debemos recordar que aunque sea por una elemental razón de humanidad, el paciente, cualquiera que sea su enfermedad, ha de ser tratado con los medios disponibles en cada momento histórico y en cada lugar concreto, habría que recordar también que los códigos de ética de la profesión médica impiden a los profesionales de la salud a rechazar a un determinado paciente, discriminado por razones sociales, raciales ó ideológicas ó de otra índole, habría que decir entonces que mucho más escandalosa sería una exclusión y discriminación en razón de la misma enfermedad, que constituye el objeto formal de la relación entre el paciente y el médico. (1) 

De todas formas habría que tener presente que el miedo exagerado al contagio, evitable con una adecuada profilaxis, no viene sino a delatar un cierto miedo tabuistico que en modo alguno se reduce a las culturas primitivas, así como un juicio moral sobre el paciente que artificialmente trata de establecer distancias y levantar barreras. (1)

IMPLICACIONES ETICAS DE LA EDUCACION PARA LA SALUD EN ESTA ENFERMEDAD

El SIDA es por el momento una enfermedad incurable que no hace discriminación de razas, edades ó clases sociales, tampoco se encuentra en exclusividad en los "culpables" de un comportamiento inadecuado. Si a pesar de las grandes inversiones en el campo de la investigación, todavía resulta casi utópico el hallazgo de una cura adecuada contra el virus, y si la infección ya presente, aunque velada, va a persistir durante toda la vida de los enfermos, o al menos durante un largo futuro, se hace necesario desde el punto de vista ético extremar las estrategias preventivas.

Teniendo en cuenta los habituales medios de transmisión del virus, resulta razonable postular el máximo interés en la promoción de los medios adecuados de prevención y profilaxis entre los que cuentan la introducción de una extensiva modificación conductual, especialmente en el comportamiento sexual, utilización cuidadosa de análisis, de donaciones de sangre y hemoderivados, así como el aislamiento de personas ya afectadas, suscitando numerosos conflictos éticos, cada uno de estos métodos que de ningún modo en ocasiones resultan fáciles de resolver. (1)

Los comportamientos humanos, por su propia naturaleza, pueden y deben considerarse desde la perspectiva ética. La educación para la salud no puede escapar a estas exigencias, tanto mas cuanto, que la salud es en si misma un valor del que el hombre tendrá que rendir cuentas, cualquiera que sea la opinión que esta le merezca. (11)

El fascinante ámbito del comportamiento ético resulta hoy algo apasionante, especialmente en lo que se refiere a los temas de salud. Se diría que todo el ejercicio profesional de la medicina y de la promoción y educación para la salud están hoy penetrados por esta preocupación. (11)

Sea por la novedad de las intervenciones a este nivel o por la enorme infraestimación de su importancia, el hecho es que no disponemos todavía de ningún ordenamiento ético que en este ámbito, sea en la práctica operativo y eficaz. (11)

Desde una perspectiva exclusivamente ética hay ya planteados importantes dilemas en el ámbito de la educación para la salud, que claman por encontrar solución, entre estos tenemos:

§         Derechos individuales versus derechos comunitarios de salud.

§         Balance entre la presente ó futura cantidad y calidad de la vida.

§         Beneficio inmediato versus beneficios futuros.

§         Necesidad de optar entre estrategias preventivas e intervenciones curativas. (11)

La educación para la salud  puede entenderse como una combinación de métodos de aprendizaje cuya finalidad es facilitar la adaptación voluntaria del comportamiento conducente a la salud, en esta definición debe destacarse él termino "adaptación voluntaria", quiere esto decir que la educación para la salud comporta una dimensión ética ineludible, que aunque sea un bien en sí misma, sin embargo, debe contarse con la libre libertad del educando. (11)

Es cierto que la libertad de la voluntad sea tanto mayor cuanto mejor informada este, sabemos que la ignorancia alcanza al hombre. Si conociésemos algunas de las consecuencias de nuestros actos, muchos de ellos tal vez no llegarían a producirse. Se es tanto mas libre, se goza de mayor libertad, no solo cuanto mayor y más exacta sea la información recibida, con ser esta muy importante, sino, también cuanto más profunda sea la formación desde la cual podemos valorar objetivamente esa información. (11)

Es un deber de cualquier Gobierno el empleo de recursos para promocionar la salud de los ciudadanos, pero no esta tan claro los cambios de opinión producidos por su intervención se hagan contra la libre voluntad del ciudadano, de manera que este perciba tal acción bien intencionada como una fuerte presión contraria a su voluntad y a su natural comportamiento, precisamente por eso, la adaptación del individuo a la propuesta de un nuevo y más higiénico estado de conducta debe ser siempre voluntaria. (11)

La información preventiva puede llegar a trasformarse en auténtica presión que se impone al individuo sin su consentimiento, por ejemplo: se nos recomienda un cierto control alimentario para no vivir con altas tasas de colesterol, para conservar nuestra dentadura se nos disuade de comer dulces, para evitar los accidentes parece ser más conveniente no conducir vehículos etc, así el educador para la salud debe saber que con su intervención contribuye a cambiar la voluntad de su paciente aunque para ello no disponga de su explícito consentimiento, de ahí que su labor sea persuasiva, velada y en cierto modo atribucional. (11)

La prevención de una enfermedad es siempre más eficaz que su tratamiento, pero la prevención no es algo automático ó casi mecánico que en todos los casos pueda ser llevado a cabo sin el curso de la libertad humana. (11)

El SIDA es una enfermedad infecciosa que no responde a los modelos tradicionales que de este tipo de enfermedades teníamos y a las que antes con tanta eficacia se hizo frente. Muchas de las estrategias que entonces se usaron para combatir las enfermedades infecto-contagiosas resultan irrelevantes para la prevención del SIDA, pues el contagio de esta enfermedad no depende tanto de factores ambientales, como de comportamientos personales que por ser libres y voluntarios si pueden ser objeto de predicción y autocontrol por parte de la personas. Esto quiere decir que el SIDA, responde a modelos diferentes a los tradicionales y, por consiguiente, propicia otras formas de intervención diversas a aquellas. (11)

En la actualidad a pesar de todos los conocimientos sobre los mecanismos de contagio del SIDA, la prevalencia sigue en aumento, por lo que hay necesidad de optar por otros métodos preventivos que sean más eficaces. Hoy sabemos que en la lucha contra el SIDA ocupan un puesto preeminente las actividades de las personas, el modo en que a través del aprendizaje social, se ha modelado su conducta sexual y los valores y creencias por las que se opta. (11)

Cierto es que si el SIDA está presente en nuestro mundo es porque existe el virus que causa esta enfermedad, pero no es menos cierto que el virus causa la enfermedad cuando alguien de forma voluntaria o involuntaria mediante su comportamiento, facilita su contagio y transmisión, esto quiere decir que en la mayor parte de los enfermos el contagio se ha producido como consecuencia de su comportamiento, por lo que es lógico pensar que la mayoría de los programas preventivos insistan en estrategias y medidas centradas en el comportamiento humano, es decir, estrategias que han de influir sobre la conducta humana, y es lógico que esto sea así, pues es el procedimiento más directo y eficaz de atajar el problema, al modificar los hábitos de comportamientos que están implicados en el contagio y facilitan la transmisión del SIDA. (11) 

Ahora bien, si estos hábitos de comportamientos que se han aprendido son, en cierto modo, los responsables de la transmisión de la enfermedad, lo que habría que hacer para prevenir el SIDA es la modificación de estos hábitos de comportamiento, es decir, modificar los aprendizajes a cuyo través se formaron esos hábitos. He aquí un gran reto de la educación para la salud en la prevención de esta terrible enfermedad: al proporcionar los preservativos y animar a las personas a usarlos, no solo se les propicia una barrera que impide el contagio del SIDA, sino, que sé esta modificando el comportamiento del ciudadano y a través de esta práctica, imponerle una determinada dirección a su manera de conducirse personalmente, lo que es mucho mas grave, al suministrar el preservativo se esta estimulando una cierta conducta que, con la repetición de actos (el consumo de mas preservativos) acabará por configurar y modular una determinada facilidad para las relaciones sexuales (implantación y emergencia de un nuevo hábito de comportamiento), por consiguiente, el uso del preservativo genera un hábito del comportamiento y a través de este, una mayor facilidad para obrar con mayor frecuencia. (11)

La modificación del comportamiento sexual exigirá siempre una referencia más amplia a una educación moral general que tenga en cuenta el sentido de la vida y sus valores. La cuestión del uso del preservativo ha sido abordada con un excesivo simplismo, como si el instrumento usado pudiera eximir del análisis de las actividades íntimas del usuario. Es sabido que los programas educativos dirigidos a una amplia audiencia tengan en cuenta el hecho de que la conducta de muchos no corresponderá a lo que deberían hacer y que en estas conductas sexuales muchos seguirán comportamientos susceptibles de transmitir el SIDA, ya desde 1987 la OMS recuerda que el preservativo no es el único medio de prevención, sino que lo menciona junto a la limitación del número de compañeros sexuales y la continencia, por lo tanto, los principios éticos y morales de las personas entran a jugar un papel fundamental en la prevención de esta enfermedad (1).

En el caso de matrimonios en la que uno de los cónyuges está infestado se plantean situaciones relativas al conflicto de valores y deberes, en este caso, según el principio bioético del doble efecto sería totalmente lícito el uso del condón, aunque hay quienes lo niegan al referirse a la malicia intrínseca y objetiva de la anticoncepción. Entonces ¿qué hacer?, ¿recurrir a la abstinencia sexual completa en la pareja?, o acaso ¿tener relaciones sexuales con la pareja sin protección? He aquí algunos conflictos éticos en relación con las modificaciones o cambios de conducta en cuanto a la prevención de esta enfermedad (1).

En un estudio realizado se analizó la eficacia preventiva del preservativo, parece estar demostrado que entre el 15 y 20 % de los preservativos hoy utilizados fallan, lo que significa que 1 de cada 5 ó 6 contactos sexuales, en los cuales se han empleado el preservativo constituyen una fuente muy segura de contagio, por lo tanto, se concluye que el uso del preservativo, en tanto que barrera, disminuye el contagio del SIDA, pero en tanto que promueve las relaciones sexuales y el hábito de comportarse así incrementa su contagio, por lo tanto, es posible que entonces estas campañas no consigan disminuir el contagio del SIDA, sino aumentar y extender más aún la enfermedad, por lo tanto, una campaña así diseñada no previene de nada y no es, por consiguiente, tal campaña (11).

En una investigación del Research International para la Agencia Francesa de lucha contra el SIDA (1992) realizada en 697 personas de más de 18 años, de los cuales 654 llevaban vida sexual activa, 505 jamás utilizaron preservativo. En este estudio se arrojó que las 3/4 partes de los franceses que llevan vida sexual activa rehusan usar el preservativo, a pesar de las campañas publicitarias de tipo preventivo. Las razones que se ofrecieron varían mucho en función de cuál sea su edad (11).

Así el rechazo del uso del preservativo entre los jóvenes de 18 a 24 años lo atribuyen a que genera una considerable pérdida de sensibilidad, y su aspecto sexual desagradable, los que no lo utilizan entre 25 y 34 años de edad lo atribuyen a que su uso se limita a las relaciones ocasionales  (11).

En las minorías que los emplean se puede afirmar que no reina ni la satisfacción ni la tranquilidad absoluta: el 43 % se inquieta por el riesgo que se rompa, el 26 % se queja de contacto desagradable, el 21 % de que no se repliega, el 19 % manifiesta de forma negativa la dificultad para colocarlo (11).

A pesar de todas estas quejas, la razón atribuida por el 88 % de los que lo usan es el temor al SIDA y a otras enfermedades de transmisión sexual (11).

En el Reino Unido algo parecido aconteció (Sheram y Cols, 1992).

Afortunadamente, no todos los procedimientos de prevención que hoy pueden aconsejarse quedan reducidos a sólo el empleo del preservativo. Este es el caso de otras medidas preventivas como establecer relaciones sexuales sólo con una misma persona, dejar de consumir drogas, evitar transfusiones de sangre, abstinencia sexual, fidelidad conyugal, etc., no promocionar ninguno de estos procedimientos podría constituir una flagrante delito "de mala práctica sanitaria" en el diseño de las campañas preventivas (11).

Los estudios más recientes sobre prevención, demuestran que la suposición de que los preservativos ofrecen una protección fiable contra el VIH es una peligrosa ilusión, este énfasis recae en el hecho de que la ausencia de proporcionalidad existente entre el posible fallo de esa medida preventiva (15-20 %) y la gravedad de la enfermedad que se adquiere (mortal), en un caso de peligrosidad como el SIDA no se concibe que una medida preventiva pueda fallar, ni siquiera aunque sea en un ínfimo rango de posibilidad (11).

Hasta aquí tenemos dos hechos concluyentes:

a)       El empleo del preservativo aumenta la frecuencia y el número de relaciones sexuales, contribuyendo así a implantar un hábito de comportamiento que forzosamente ha de crecer extraordinariamente el futuro riesgo de contagio.

b)       A pesar de las campañas preventivas a favor del empleo del preservativo su efecto, por diversas actitudes y razones que se han observado sólo en determinados sectores de la población y con unos resultados ambiguos, imprecisos y en algunos casos expresamente contrapreventivos (11).

De aquí el imperativo ético de no silenciar, sino de promocionar, la información acerca de otros procedimientos y estrategias de prevención que son mucho más eficaces. No resulta extraño que el centro de Control de Enfermedades de Atlanta afirme:

La abstinencia, relación sexual con una pareja mutuamente fiel y no infestadas son las únicas estrategias preventivas totalmente eficaces (11).

Por otra parte la Sociedad Americana de Enfermedades Infecciosas viene recomendando desde 1988 que: "los esfuerzos en la prevención primaria deberían incluir la educación de los adolescentes y de los adultos jóvenes respecto a la transmisión del VIH y el estimulo a la abstinencia ó de las relaciones sexuales monógamas (11).

La resolución del Consejo Ejecutivo de la OMS del 29 de Enero de 1992 afirma lo que sigue:

La OMS quiere que se sepa que solo la abstinencia sexual ó la absoluta fidelidad eliminan el riesgo de infección y que solo la abstinencia sexual ó la mutua fidelidad de por vida entre parejas no infestadas elimina totalmente el riesgo de enfermedades sexuales transmisibles. (11)

Debemos por lo tanto seguir trabajando sobre la importancia del uso del preservativo sobre todo ante relaciones sexuales riesgosas, ocasionales y con desconocidos, pero también debemos trabajar y educar sobre todo a nuestros niños, adolescentes y jóvenes a evitar precisamente estos tipos de relaciones sexuales.

CONCLUSIONES

1.       Los principios o estatutos de la Bioética (autonomía, beneficencia y justicia) a pesar de mantener una estrecha Interrelación dialéctica constituyen en si una contradicción, poniendo al personal de salud que labora con estos pacientes en situaciones muchas veces difíciles de resolver.

2.       Las políticas de salud publica deben destacar el valor del acceso voluntario a las pruebas detectoras del VIH y el valor agregado de la orientación, que ofrece la oportunidad de proporcionar apoyo a la persona infestada por el VIH.

3.       La orientación del tratamiento representa la mejor oportunidad de persuadir a la persona infestada para que contribuya a detener la propagación del VIH, adoptando comportamientos menos riesgosos y procurando que su pareja tenga acceso a los servicios de orientación y prueba.

4.       Propiciar el uso del preservativo multiplica la probabilidad de que en el futuro los usuarios de este método establezcan mayor número de relaciones sexuales y por ende mayor número de contactos potencialmente contagiosos  por lo tanto, las campañas de educación para la salud deben ir encaminadas a lograr cambios de conducta en la población como la abstinencia y la fidelidad.

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31.   Vidal M. Bioética: estudios de Bioética racional. Madrid: Ed Tecnos, SA, 1989.

AUTORES

MSc Dr JESÚS PINTOS VALLUERCA

MÉDICO ESPECIALISTA EN MEDICINA GENERAL INTEGRAL

POLICLINICO DOCENTE HÉROES DE GIRÓN

PROFESOR ASISTENTE DE MEDICINA FAMILIAR

Dra IRENE CEPERO ABREU

MEDICO ESPECIALISTA EN MEDICIMA INTERNA

POLICLINICO DOCENTE HEROES DE GIRON

PROFESOR INSTRUCTOR

Dra MARIA DE LOS ANGELES DIAZ CASTELLON

MÉDICO ESPECIALISTA EN MEDICINA GENERAL INTEGRAL

POLICLINICO DOCENTE HÉROES DE GIRÓN

PROFESOR ASISTENTE DE MEDICINA FAMILIAR

           

CORRESPONDENCIA  MSc Dr. JESÚS PINTOS VALLUERCA

PORVENIR 563 ALTOS ENTRE DOLORES Y TEJAR

LAWTON. 10 DE OCTUBRE.

CIUDAD DE LA HABANA. CUBA

E mail: jesuspintos@infomed.sld.cu

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Publicado Tuesday 13 de December de 2005

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