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Aspectos topográficos de la cavidad orbitaria
Resumen: El cuerpo humano posee distintos sistemas los que en conjunto posibilitan la vida. Cada uno de ellos cumple importantísimas funciones, dentro de las cuales se encuentra la no despreciable función del sistema óseo. El sistema óseo, corresponde al esqueleto, el que no sólo cumplirá una función de armazón sino que tendrá además una función de protección de estructuras nobles, como puede ser su disposición en la configuración de la bóveda craneana o de la caja torácica, constituyendo además, unidad funcional en el aparato locomotor, permitirá que tomen inserción diversos músculos, que junto con las articulaciones obtendremos los diversos tipos de palancas de la física clásica, que permitirá los movimientos.
Publicación enviada por Lic. Leandro Pérez Viladebal y Otros Autores
font face="Arial" size="2">INTRODUCCION
El cuerpo humano posee distintos sistemas los que en conjunto posibilitan la vida. Cada uno de ellos cumple importantísimas funciones, dentro de las cuales se encuentra la no despreciable función del sistema óseo. El sistema óseo, corresponde al esqueleto, el que no sólo cumplirá una función de armazón sino que tendrá además una función de protección de estructuras nobles, como puede ser su disposición en la configuración de la bóveda craneana o de la caja torácica, constituyendo además, unidad funcional en el aparato locomotor, permitirá que tomen inserción diversos músculos, que junto con las articulaciones obtendremos los diversos tipos de palancas de la física clásica, que permitirá los movimientos.
Al articularse los huesos de la cara entre sí y con los de la base del cráneo se originan una serie de cavidades más o menos amplias, a saber; las cavidades orbitarias, las fosas nasales, las fosas cigomáticas, las fosas pterigomaxilares y la cavidad bucal, cavidades cuya clara comprensión es necesaria para el conocimiento de las partes blandas que alojan en estado fresco.
En esta ocasión analizaremos la Cavidad Orbitaria la que aloja en su interior al globo ocular y sus anexos.
En este trabajo tendremos como objetivo comprender e identificar, claramente, las diferentes estructuras óseas de la cavidad orbitaria y también los músculos que las rodean, debemos comprender además, el funcionamiento y relación que tienen estas estructuras en conjunto y las patologías que afectan al órgano alojado en dicha cavidad
El órgano periférico del aparato visual se encuentra situado en la cavidad orbitaria y los clásicos de la anatomía le proporcionan un enfoque topográfico muy importante para interpretación de procederes quirúrgicos, diagnósticos y terapéuticos de las estructuras situadas en la cavidad orbitaria
1. Cavidad orbitaria:
Las órbitas son dos cavidades anchas y profundas, simétricas, entre el neurocráneo y el maxilar, separadas una de la otra por la parte superior de las fosas nasales. Encierran los globos oculares y sus principales anexos.
Orbita:
Pirámide cuadrangular, hueca, de paredes óseas, cuya base es anterior y su vértice posterior y medial. Su eje mayor tiene una dirección oblicua de delante a atrás y de fuera a dentro.
Sus dimensiones varían con la edad, sexo y raza. Presenta variaciones individuales. Como promedio tiene una profundidad de 42-50 mm. La anchura de la base es de 40 mm y la altura de 35 mm.
La órbita es demasiado grande para su contenido, por lo que los cuerpos extraños de cierto volumen pueden penetrar y permanecer ignorados más o menos tiempo (Testut y Jacob).
Paredes y sus relaciones:
Tiene cuatro paredes: superior, inferior, medial y lateral.
· Pared superior o bóveda de la órbita:
Formada por delante por la cara orbitaria del frontal y por detrás por el ala menor del esfenoides. Es muy excavada, separa la cavidad orbitaria de la craneal. Es extremadamente fina y se fractura fácilmente directa o indirectamente.
· Pared inferior o suelo de la órbita: Muy delgada también, ligeramente excavada, constituida por la cara orbitaria del maxilar y el cigomático, y completada por detrás por el proceso orbital del palatino. Se relaciona con el seno maxilar, por lo que es posible su necrosis en el curso de las sinusitis maxilares. Presenta un surco y un conducto infraorbitario, por donde transcurren los vasos y el nervio homónimos. Es el canal donde en casos de neuralgia se descubre el nervio para resecarlo.
· Pared medial, interna o nasal: Plana, a veces convexa (cuando las celdas etmoidales están muy desarrolladas). Formada por el proceso frontal de maxilar (rama ascendente), el lagrimal (unguis), la cara orbitaria del etmoides y del cuerpo del esfenoides. Se relaciona sucesivamente de delante a atrás con el saco lagrimal (ángulo antero inferior de la órbita), con las celdas o células etmoidales, con el seno esfenoidal (cuando está muy desarrollado). La pared ósea que separa la órbita de las celdas etmoidales es muy fina, por lo que puede fracturarse fácilmente en los traumatismos (causa de enfisema palpebral). Se necrosa rápidamente en la etmoiditis (absceso orbitario).
· Pared lateral o externa: Por delante la cara orbitaria del cigomático y por detrás la cara orbitaria del ala mayor del esfenoides. Se completa con la cara orbitaria del frontal. Se relaciona con la fosa temporal. Es la única pared de la órbita que no está en relación con cavidades o regiones peligrosas, por lo que puede resecarse, y permite el acceso libre a la órbita (Testut y Jacob).
Ángulos, aristas o bordes: (Rouviere los designa con los dos primeros términos, Testut Jacob los considera bordes.)
En número de cuatro:
· Súpero lateral: Muy poco marcado, tiene por delante la fosita de la glándula lagrimal.
· Súpero medial: Desde el vértice de la órbita hacia delante presenta el canal óptico, los agujeros etmoidales posterior y anterior, la tróclea o polea de reflexión del músculo oblicuo superior o mayor, y por delante se relaciona con el seno frontal. Un plano frontal trazado a nivel del orificio etmoidal anterior, sirve de límite a las celdas etmoidales anteriores y posteriores.
· Ínfero lateral: Ocupado en gran parte por la fisura orbital inferior o hendidura esfeno maxilar, cuya extremidad anterior está a sólo 15 Mm. del reborde orbital. Por medio de esta hendidura la órbita se comunica con las fosas infratemporal y ptérigopalatina (Prives). Testut Jacob considera su relación con la fosa temporal.
· Ínfero medial: redondeado y poco marcado.
Base:
Constituida por un amplio orificio de forma cuadrilátera, cuyo borde (reborde orbitario), es grueso y muy resistente. Por arriba tiene al borde supraorbitario, orbital superior o arcada orbitaria del frontal, (que sostiene al arco superciliar correspondiente, donde está excavado el seno frontal), así como a los procesos orbitarios del frontal (medial y lateral). Por debajo y medialmente presenta al proceso frontal del maxilar. Por debajo y lateralmente al borde anterosuperior del hueso cigomático.
Vértice:
En él se encuentra el canal óptico y por fuera de éste, la fisura orbitaria superior o hendidura esfenoidal. Así lo describen la mayoría de los autores, sin embargo Testut Jacob sitúa al canal óptico en el vértice y en el ángulo súpero medial al mismo tiempo.
El canal óptico tiene una longitud de 5 a 8 Mm. Y 4 Mm. de ancho. Por el transcurren el nervio óptico y la arteria oftálmica. Está relacionado íntimamente con el seno esfenoidal, lo que explica la neuritis óptica como consecuencia de una sinusitis esfenoidal. Su pared es muy delgada, por lo que puede fracturarse por traumatismos frontales o específicamente de la región superciliar, lo que pudiera ocasionar atrofia del nervio óptico y ceguera. La fisura orbitaria superior o hendidura esfenoidal está limitada por las alas mayor y menor del esfenoides. Esta dividida en tres partes por el anillo de Zinn:
· La parte situada lateralmente al anillo sirve de paso a los nervios lagrimal, frontal y troclear (patético, IV par craneal), así como a la vena oftálmica superior.
· La parte correspondiente al anillo da paso a los nervios óculo motor (motor ocular común, III par craneal), abducens o abductor (motor ocular externo, VI par craneal), el nervio nasal.
· La parte situada por debajo del anillo es atravesada por la vena oftálmica inferior.
Los nervios lagrimal, frontal y nasal son ramos del nervio oftálmico, la primera rama de Trigémino, V par craneal.
2. Periostio orbitario:
La cavidad orbitaria, al estar constituida por huesos, está tapizada en toda su extensión por un periostio delgado y resistente, muy fuertemente unido al esqueleto a lo largo de las suturas, a nivel de los orificios vasculares y sobre todo a nivel del reborde orbitario (adito de la órbita), donde se engruesa significativamente. En las paredes laterales está débilmente adherido a los huesos. Según Rouviere, el periostio modifica muy poco la configuración general del esqueleto orbitario. Sin embargo, cierra la fisura orbital inferior. En la fisura orbitaria superior se adosa a la duramadre, a la que está fuertemente unido, sobre todo en la parte superior. A nivel
del canal óptico también está adosado a la duramadre, pero con la particularidad de que ésta se prolonga hacia delante formando la vaina del nervio óptico. A nivel de los orificios vasculares y/o nerviosos el periostio se refleja y tapiza sus paredes. (Rouviere).
Exploración y vías de acceso:
Por palpación se explora el reborde de la órbita y la parte anterior de las paredes orbitarias. Se puede abordar la cavidad orbitaria directamente o por resección temporal de la pared externa.
3. Región palpebral:
Como región corresponde exactamente a los párpados.
Límites:
Circunscrita por el reborde de la órbita, limita por arriba con la región superciliar, por abajo con la región geniana, medialmente con la región nasal y lateralmente con la temporal. En profundidad se extiende hasta la conjuntiva.
Forma exterior:
Los párpados presentan dos caras: anterior o cutánea y posterior, dos extremos y dos bordes.
La cara anterior es convexa, la del párpado superior es visible totalmente cuando el ojo está cerrado. Presenta en su parte superior el surco órbito palpebral. La cara posterior es cóncava, recubierta por la conjuntiva y forma parte de la llamada cavidad conjuntival.
Los extremos se unen medial y lateralmente, formando los ángulos o comisuras interna y externa.
Se distinguen dos bordes: el adherente y el libre. El primero corresponde al reborde orbitario y se continúa con las partes blandas de las regiones vecinas. El borde libre, de 2 Mm. de grosor como promedio, está dividido por el tubérculo lagrimal en dos partes muy desiguales: una parte medial, corta, ocupada por los conductos lagrimales (porción lagrimal), y una parte lateral, mas larga, que constituye ella sola la casi totalidad del borde libre (porción ciliar). En su labio anterior se insertan las pestañas, con las glándulas cliares o de Zeis, (localización de blefaritis y orzuelos). En su labio posterior se abren las glándulas tarsales o de Miebomio (localización del chalacio).
Los bordes libres de los párpados se ponen en contacto cuando se cierra el ojo, excepto en los casos de ectropion o entropio n. Cuando se abre el ojo, se separan uno del otro y limitan entonces el orificio palpebral.
Planos constitutivos:
Los párpados están constituidos por una armadura fibrosa: el septum orbitario, los planos superficiales por delante de éste, y los planos profundos situados por detrás.
El septum orbitario representa una especie de diafragma fibroso aplicado a la base de la órbita. Se distinguen en él dos partes: la porción periférica y la porción marginal.
La porción periférica está constituida por los ligamentos anchos de los párpados y es muy fina. Esta perforada por vasos y nervios que transcurren por los tendones del elevador del párpado superior y el recto inferior. La porción marginal es muy resistente y se corresponde con el borde libre del párpado. Está constituida por los tarsos superior e inferior, que se amoldan sobre el globo ocular y dan a los párpados consistencia. De las extremidades medial y lateral de los tarsos parten respectivamente los ligamentos palpebrales correspondientes. El medial se dirige al proceso frontal del maxilar, pasando por delante del saco lagrimal. El lateral se mantiene unido al septum orbitario.
El borde adherente del tarso superior sirve de inserción al tendón de músculo elevador del párpado superior, el del tarso inferior da inserción a la expansión orbitaria del recto inferior. Estos músculos abren los párpados y son antagonistas del músculo orbicular.
Los planos superficiales:
En número de cuatro: piel, tejido celular subcutáneo, músculo orbicular de los párpados, el tejido celular submuscular.
Piel: delgada y fina.
TCS: contiene grasa, muy laxo, se deja infiltrar fácilmente (serosidad, edema) (sangre, equimosis), y distender por el aire (enfisema).
Orbicular de los párpados: Músculo anular, aplanado, ancho, delgado. Sus fibras se inician por dentro, mediante un tendón bifurcado (directo y reflejo) y a la vez, en los labios anterior y posterior del canal lagrimal. Termina por fuera, en la piel. Su función
es el cierre de los párpados.
Tejido celular submuscular: es laxo.
Los planos profundos:
Están representados por dos capas: una delgada, de fibras lisas (músculos palpebrales superior e inferior), y una mucosa, la hoja palpebral de la conjuntiva.
Vasos y nervios:
Las arterias provienen de las palpebrales superior e inferior, de las supra e infraorbitarias, de la lagrimal, de la transversa de la cara y de la temporal superficial. Las venas drenan hacia las venas oftálmicas (red profunda) y hacia la vena facial (red superficial). Los linfáticos se dirigen hacia los ganglios submandibulares, parotídeos, y preauriculares. Los nervios provienen de la rama superior del facial (los motores) y del nasal, frontal, lagrimal e infraorbitario (los sensitivos). También llegan fibras simpáticas para los músculos palpebrales.
Exploración y vías de acceso:
Los párpados por su situación superficial, son fácilmente explorables y abordables.
3. La conjuntiva:
La cara profunda de los párpados se encuentra separada de la cara anterior del globo ocular o bulbo del ojo, por una cavidad, la cavidad conjuntival, que tapiza una membrana mucosa: la conjuntiva.
Cavidad conjuntival:
Está destinada a asegurar la movilidad del globo ocular, y por medio de las lágrimas, que circulan continuamente, la transparencia de la córnea. Su forma es la de un saco (saco conjuntival), estrechamente amoldado a la cara anterior del ojo, saco que está abierto por delante a nivel de la hendidura palpebral y cuyas paredes, anterior y posterior, se adosan una a otra a la manera de las serosas. En realidad, como las serosas, tiene una hoja parietal (palpebral) y una visceral (ocular). Estas dos hojas tienen continuidad a nivel del fondo de saco o fórnix. Su contenido en estado normal, está representado por una capa delgada de líquido claro, segregado por las glándulas conjuntivales y la glándula lagrimal.
Conjuntiva:
Membrana mucosa dependiente del tegumento externo, que presenta una dermis con papilas, numerosos folículos cerrados y glándulas acinosas, cuya secreción puede suplir a la de la glándula lagrimal. La hoja parietal es lisa, se adhiere a los
tarsos y deja ver por transparencia las glándulas de Meibomio subyacentes. En el fondo de saco, que se subdivide en superior, inferior, medial y lateral, la conjuntiva, en contacto con el tejido celular de la órbita, forma pliegues. En el fondo de saco medial se observa la carúncula lagrimal, un relieve rojizo. Por fuera de la carúncula se encuentra el repliegue semilunar. Se continúa con la capa epitelial de la córnea y está separada de la esclera por un tejido celular laxo (asiento de posible edema o quemosis).
Vasos y nervios: Las arterias tienen un doble origen. Unas provienen de las palpebrales e irrigan toda la conjuntiva (territorio palpebral), a excepción de un segmento de 3 o 4 milímetros alrededor de la córnea. Estas arterias se congestionan en los casos de conjuntivitis. Las otras emanan de las ciliares anteriores y vascularizan la porción periquerática de la conjuntiva (territorio ciliar) no irrigado por las palpebrales, que se hacen visibles en caso de iritis y forman entonces el denominado círculo periquerático de los clásicos. Las venas son tributarias de las palpebrales y de las ciliares. Los linfáticos se unen a los palpebrales y tienen su mismo destino. Los nervios provienen del lagrimal, nasal, ciliares, y dan a la conjuntiva una especial sensibilidad en estado normal, que se hace aun mayor en estados patológicos.
Exploración y vías de acceso: Para explorar o abordar la cavidad conjuntival es conveniente bajar el párpado inferior y revertir el superior.
4. Aparato lagrimal:
Se compone de la glándula lagrimal y las vías lagrimales propiamente dichas.
Glándula lagrimal:
Situación y relaciones: Glándula similar a las salivales, situada en la parte superior, anterior y lateral de la órbita. La expansión fibrosa del músculo elevador del párpado superior la divide en una porción orbitaria y una porción palpebral. La porción orbitaria es la más voluminosa, en forma de almendra, ovalada, alargada transversalmente. Mide como promedio 20 mm de longitud, 10 mm de ancho y 5 mm de grosor. Se sitúa en la fosa lagrimal, donde ocupa una cavidad osteo fibrosa (celda lagrimal, Picou), que tiene por arriba la pared superior de la órbita, por abajo la expansión del elevador del párpado superior y el tendón del recto lateral, y por delante el ligamento ancho del párpado. Entre la glándula y su celda se extienden
tractos fibrosos, reconocidos por algunos autores como ligamentos, que acompañan a vasos y nervios. Se relaciona entonces por arriba con la pared superior de la órbita, por abajo con la conjuntiva (fondo de saco conjuntival), separadas por los tendones de referencia (peligro de seccionarlos en la cirugía de la glándula). Por delante se relaciona con el surco órbito palpebral superior y puede formar una eminencia cuando está aumentada de volumen. Por detrás se relaciona con la grasa orbitaria (posible difusión de infecciones postoperatorias).
La porción palpebral está constituida por un conjunto de lobulillos (entre 15 y 40), que se sitúa en el párpado superior, debajo de la porción orbitaria, ocupando el tercio lateral del fondo de saco conjuntival superior. Se relaciona por arriba con el tendón del músculo elevador y su expansión, que como hemos dicho la separa de la porción orbitaria. Por debajo con la conjuntiva y la cápsula de Tenon. Por detrás con la porción orbitaria de la glándula lagrimal y la grasa orbitaria. Y por delante por el borde superior del tarso correspondiente.
Los conductos excretores de la glándula lagrimal, en número de 6 a 10 (Testut-Jacob), van a abrirse en la parte superior y lateral del fondo de saco conjuntival. Ellos se ordenan en una línea paralela al borde superior del tarso, a medio cm del mismo.
Vasos y nervios: La glándula lagrimal es irrigada por la arteria del mismo nombre. Las venas terminan en la vena oftálmica superior y la inerva la rama lagrimal del nervio oftálmico.
Exploración y vías de acceso: En estado normal es muy difícil de explorar. Se aborda quirúrgicamente a través del surco órbito palpebral si se trata de la porción orbitaria) y de la cavidad conjuntival (si se refiere a la porción palpebral).
Vías lagrimales propiamente dichas:
Las lágrimas, segregadas por la glándula lagrimal, se dirigen, gracias al movimiento de los párpados, al lago lagrimal, situado en el ángulo medial del ojo. Desde allí, las vías lagrimales las conducen hacia las fosas nasales.
Están representadas por los puntos lagrimales, en el borde libre de los párpados, los conductillos lagrimales, el saco lagrimal y el conducto naso lagrimal. La obstrucción de este último se acompaña de epífora o lagrimeo.
El lago lagrimal es un pequeño espacio del ángulo medial del ojo, situado por dentro de los tubérculos lagrimales y ocupados por la carúncula lagrimal.
Los puntos lagrimales en número de dos (superior e inferior), se sitúan en el vértice de los tubérculos lagrimales. Su diámetro es mínimo: ¼ o 1/3 Mm. Su disposición es tal, que se sumergen constantemente en el saco lagrimal y se yuxtaponen cuando se produce la oclusión de los párpados. Las causas que modifican su disposición (ectropión, parálisis del orbicular) ocasionan la epífora.
Los conductos lagrimales son dos. Los puntos son sus orificios de entrada. Presentan una porción vertical (2 Mm. de largo) y una horizontal (de 5 a 7 Mm.) La porción vertical comienza por un infundíbulo (embudo), cuyo vértice denominado angustia, está a 1mm del punto lagrimal. Es el punto más estrecho de las vías lagrimales (mide solo 0.1 Mm. de diámetro). A continuación del embudo hay una dilatación ampular. La porción horizontal tiene un diámetro de 0.4 mm de diámetro. Se sitúa por detrás del ligamento palpebral medial, y está rodeada por la porción lagrimal del músculo orbicular de los párpados y del músculo de Horner.
Los conductos lagrimales ocupan la parte medial del espesor del borde libre de los párpados y están en íntima relación con el saco lagrimal. Antes de alcanzarlo, los dos conductos se unen en un conducto de 1 a 3 Mm. de longitud (conducto de unión). A veces este conducto está sustituido por un divertículo del saco lagrimal, el seno de Maier, donde los conductos lagrimales desembocan de manera independiente.
El saco lagrimal es un pequeño reservorio membranoso de forma cilíndrica, situado en ángulo medial del ojo, a nivel del inicio del canal lagrimal, en el espesor de los párpados, entre los tendones directo y reflejo del orbicular: eso explica por qué en las dacriocistitis supuradas está respetada la órbita y en cambio invadidos los párpados. El saco lagrimal mide de 12 a 15 Mm. de altura por 6 a 7 Mm. de longitud. El saco lagrimal se relaciona por delante con la piel del ángulo medial de los párpados y con el ligamento palpebral medial. Este lo divide en una parte superior (fondo de saco terminal) y una inferior (porción asequible del saco, que corresponde directamente con el orbicular y la piel. Por detrás se relaciona con el tendón reflejo del orbicular, reforzado por el músculo de Horner, y con el septum orbital. Por dentro, con las células etmoidales y por fuera con los conductos lagrimales.
Conducto naso lagrimal: Prolonga al saco lagrimal, al principio continúa su dirección, después se dobla ligeramente para dirigirse hacia abajo, atrás y adentro. Su longitud es de 12 a 16 Mm. y su diámetro de 2 a 3 mm.
Excavado en el espesor de la pared lateral de la cavidad nasal, se relaciona con la parte anterior de meato medio y por fuera con el maxilar. Desemboca en el meato inferior (infección ascendente de las vías lagrimales) mediante un orificio que se abre unas veces en el vértice de aquel (entonces es circular), y otras en su pared lateral, a una distancia de 10 Mm. como promedio de la extremidad anterior de este meato (en este caso es ovalado y está limitado por dentro con un repliegue mucoso que se denomina válvula de Hasner.
Está contenido en el canal óseo del mismo nombre y unido a sus paredes por tejido conectivo denso que contiene una red venosa desarrollada.
Las vías lagrimales están constituidas por una mucosa, la mucosa lagrimal, que presenta una serie de repliegues. A los que se encuentran con mayor frecuencia se le ha dado el nombre de válvulas. En orden, desde los puntos lagrimales hasta el orificio nasal son:
· Válvula de Bochdaleck (puntos lagrimales)
· De Foltz (angustia)
· Rosenmuller ( borde superior de la desembocadura del conducto de unión en el saco lagrimal)
· Huschke (parte inferior de mismo)
· Krause (unión del saco y el conducto nasolagrimal)
· Taillefer ( parte media de este último)
· Hasner o Bianchi (ya mencionada en su desembocadora).
La mucosa tiene las características de la conjuntiva en los conductos lagrimales y de la pituitaria en el saco lagrimal y conducto nasolagrimal.
Vasos y nervios: Las arterias provienen de la arteria palpebral inferior y de la nasal. Las venas, voluminosas y plexiformes se dirigen a los plexos de la mucosa nasal (pituitaria). Los linfáticos se reúnen con los de ambas mucosas. Los nervios provienen del nasal.
Exploración y vías de acceso:
Las vías lagrimales pueden ser exploradas por inspección, palpación, y por cateterismo. Son asequibles en cirugía por el borde libre de los párpados (conductos lagrimales), por el ángulo medial del ojo, debajo del ligamento palpebral (saco), y a través del saco previamente abierto para el conducto naso lagrimal.
6 Cápsula de Tenon: (Fascias orbitarias)
Es una membrana dispuesta como un tabique, en un plano frontal, que divide la cavidad orbitaria en compartimientos: uno anterior o precapsular y otro posterior o retrocapsular. Esta membrana se continúa por su circunferencia con el periostio de la órbita y se haya en relación con el globo ocular en su parte central (porción ocular) y con los dos párpados en su parte periférica (porción palpebral). De este tabique parte un repliegue subconjuntival, que acompañando a los tendones de los músculos extrínsecos del ojo, se inserta con ellos en el globo ocular a nivel del limbo esclero corneal. La cápsula de Tenon recubre la parte posterior del globo ocular. La porción de la cápsula que acompaña a los tendones, forma sus vainas (hoja subconjuntival). La hoja palpebral se inserta en el adito de la órbita y se relaciona con los párpados. Una expansión fibrosa de los cuatro músculos rectos y del oblicuo inferior refuerza esta hoja e impide la compresión del globo ocular durante la contracción de los mismos y limita su acortamiento. La cápsula de Tenon no es solo un medio de fijación del globo ocular, si no un aparato para su movilización.
Desde el punto de vista quirúrgico, permite enuclear el ojo sin abrir el compartimiento retrocapsular y obtener un muñón capaz de mover un ojo artificial.
Desde el punto de vista anatomo patológico, funciona como un tabique temporal en los procesos infecciosos.
El compartimiento retr0ocapsular de la órbita contiene los músculos extrínsecos del ojo, los vasos y nervios destinados al globo ocular y tejido adiposo de relleno.
Vasos y nervios:
La órbita y su contenido están vascularizados por la arteria oftálmica, rama de la carótida interna. Esta arteria penetra en la órbita por el agujero óptico, transcurre primero lateral al nervio óptico, luego cruza al mismo y se sitúa por encima, continúa por la pared medial de la órbita hasta la tróclea del oblicuo superior, donde emite sus dos ramas terminales: la nasal y la frontal. En su trayecto da once colaterales: lagrimal, central de la retina, supraorbitaria, ciliares posteriores cortas, largas, musculares superior e inferior, etmoidales anterior y posterior, palpebrales superior e inferior.
La vena oftálmica superior (la mas voluminosa y la que acompaña a la arteria), la oftálmica inferior y la central de la retina desembocan en el seno cavernoso. De allí el exoftalmos pulsátil que se observa en las aneurismas carótidocavernosas.
Las venas oftálmicas se anastomosan ampliamente con las nasales, pterigoideas y facial. Esta última relación explica la difusión de procesos infecciosos a través de las venas oftálmicas a los senos cavernosos y meninges.
Los nervios de la órbita son muy numerosos: El óptico, los tres nervios motores (óculomotor, abductor y troclear) y el nervio oftálmico de Willis (primera rama del trigémino) para la sensibilidad general. A través de los nervios filiares cortos le llega a la musculatura lisa del ojo su inervación vegetativa.
Topografía General:
De modo general, la cavidad orbitaria está limitada por delante por los párpados y el septum orbitario y como ya dijimos dividida por la cápsula de Tenon en una celda precapsular u ocular, y una retrocapsular o retroocular.
La celda precapsular contiene, por tanto, al globo ocular, el cual está separado de la cápsula por el denominado espacio inyectable (de Tenon), relleno por tejido celular, laxo. Este espacio está ocupado por vasos y nervios ciliares, por los vasos vorticosos y por los tendones del aparato muscular.
La celda retrocapsular se puede describir como un cono músculofascial, formado por los músculos extrínsecos del ojo y las membranas intermusculares situadas entre las vainas o membranas que envuelven estos músculos. Se puede dividir esta celda en dos compartimientos: uno intramuscular y otro perimuscular. Es por estos espacios que transcurren los vasos y nervios de la órbita rodeados por una masa adiposa que se conoce como almohadilla adiposa de la órbita.
Espacio intramuscular:
Cono de base anterior, excavada. Se corresponde con el hemisferio posterior del ojo. El nervio óptico se considera el eje de este espacio. La arteria oftálmica se sitúa generalmente por debajo y por fuera del nervio. Lateral al inicio de su trayecto, se hace luego superior al mismo (5-10 mm por delante del canal óptico). Aquí se relaciona con el ganglio ciliar, situado frecuentemente entre la arteria y el nervio. Se extiende hasta la base de la órbita, siguiendo el borde inferior del oblicuo superior. Lateralmente a la arteria oftálmica se observa el abductor (VI par), que se introduce entre las fibras del músculo recto lateral, al que inerva.
Por encima del nervio óptico, medial a la arteria oftálmica, transcurre el nervio nasal y latero superior a ella, la vena oftálmica superior.
La rama superior del nervio óculomotor se encuentra por encima del paquete y por debajo de músculo recto superior.
Alrededor se sitúan las arterias ciliares largas y cortas de la oftálmica, los nervios ciliares largos del nasal, y los nervios ciliares cortos que proceden del ganglio ciliar.
Espacio perimuscular:
Entre la órbita y el cono músculofascial.
Se extiende desde el vértice de la órbita hasta el septum orbitario. Contiene grasa, la porción orbitaria de la glándula lagrimal, los nervios frontal, troclear (IV par) y lagrimal, las arterias supraorbitaria y lagrimal (por debajo de la pared superior o techo de la órbita). Los nervios guardan relación con el periostio. El lagrimal transcurre por el borde superior del músculo recto lateral, el patético cruza al músculo elevador por encima y se introduce en el oblicuo superior, al que inerva. El frontal tiene la misma relación que el patético con el elevador del párpado superior, pero es lateral a la arteria supraorbitaria. Las arterias mencionadas primero transcurren por el espacio intramuscular y luego penetran en perimuscular a nivel de la unión del tercio posterior con los dos tercios anteriores de la órbita.
Tejido adiposo de la órbita:
Pelotones adiposos, separados por delgados tabiques conjuntivos, que se unen a las fascias en el espacio intramuscular, y a las paredes del espacio perimuscular más débilmente. La grasa orbitaria está aislada del nervio óptico por una membrana conjuntiva. Ésta a su vez se separa de la duramadre que envuelve al nervio por un espacio tabicado. La masa adiposa en este espacio se extiende hasta el septum orbitario, pero en la parte súpero lateral sólo llega hasta el extremo posterior de la glándula lagrimal (Rouviere).
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Facultad de Ciencias Médicas “ Celia Sánchez Manduley”
Hospital Universitario “Celia Sánchez Manduley”
Autores:
-Dr. Salvador Carbonell Paneque
Especialista de Primer Grado en Anatomía Humana
1era Ave. No. 43. Reparto Céspedes Manzanillo Granma
-Lic. Leandro Pérez Viladebal
Profesor Asistente de Informática Médica.
José M. Gómez 167 e/ Narciso López y Aguilera. Manzanillo. Granma
-Dra. Carmen Villadóniga Reyes
Especialista en Primer Grado de MGI y Gastroenterología
Quintín Banderas 169 Manzanillo. Granma
-Dra. Lilian Lourdes Padrón González
Especialista de 2do Grado en Anatomía Humana
1ra Ave. 1600 Playa Ciudad Habana.
2006
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Publicación enviada por Lic. Leandro Pérez Viladebal y Otros Autores
Contactar mailto:leo@golfo.grm.sld.cu
Código ISPN de la Publicación EEFyAAEZElENyPqOCf
Publicado Wednesday 11 de January de 2006
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