Monografias | Trujillo del Perú: Una visión ilustrada de la sociedad regional en el norte del Perú (siglos XVI – XVIII)

Trujillo del Perú: Una visión ilustrada de la sociedad regional en el norte del Perú (siglos XVI – XVIII)

Resumen: El obispado de Trujillo colonial tiene una significación especial, por sus características de asiento del poder colonial en el norte del Perú. El centro de este obispado fue la ciudad de Trujillo, sede militar, política y base de operaciones de los sectores comerciales más poderosos del obispado de Trujillo, al norte de la audiencia de Lima.

Publicación enviada por José W. Gómez Cumpa


 

ÍNDICE
1. Introducción
2. Trujillo y el espacio colonial del norte 
3. Trujillo: eje del poder del norte peruano
4. La organización fiscal y militar
5. La organización fiscal y militar
6. La organización religiosa.
7. Trujillo y la economía regional.
8. Población y sociedad en Trujillo
9. El mercado interno en la economía regional de Trujillo
10. Economía agraria y población en Trujillo
11. Pueblos y población indígena en Trujillo.
12. Las haciendas en Trujillo.

1. Introducción 
El obispado de Trujillo colonial tiene una significación especial, por sus características de asiento del poder colonial en el norte del Perú. El centro de este obispado fue la ciudad de Trujillo, sede militar, política y base de operaciones de los sectores comerciales más poderosos del obispado de Trujillo, al norte de la audiencia de Lima.
En este trabajo hacemos una descripción del sistema administrativo y económico colonial, y luego proponemos algunas interpretaciones sobre la situación y causas de la crisis del siglos XVIII en la provincia de Trujillo.

Usamos varias fuentes históricas, pero especialmente nos sedujeron tres autores que expresan, a su modo, la influencia y la perspectiva del pensamiento ilustrado europeo, especialmente español del siglo XVIII: Josep Ignacio de Lequanda y sus monografías geográfico-económicas de las provincias del obispado de Trujillo, el corregidor de Trujillo en 1760, Miguel Feijoo de Sosa, y su monografía histórico-geográfica de esa provincia; pero especialmente valiosa es la colección de acuarelas que mando pintar el obispo de Trujillo Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda, en su episcopado que duró entre 1780 y 1790. Han sido coleccionadas en doce volúmenes, cuyos originales se conservan en la Biblioteca de Palacio, Madrid; pero fueron publicadas entre 1987 y 1991 por el Instituto de Cultura Hispánica. Incorporamos, donde consideramos pertinente, las ilustraciones de la colección Martínez Compañón, lo que permitirá formarnos una imagen (literalmente) más cabal del proceso social e histórico de la sociedad colonial trujillana, especialmente en el siglo XIII.

Palabras clave: historia, Trujillo, Perú, norte, ilustración, geografía, región. 

[1] Cf. El libro reciente de Antonio La Fuente y Nuria Valverde sobre las peculiaridades del pensamiento ilustrado español del siglo XVIII.

2. Trujillo y el espacio colonial del norte
Hay una importancia relativa que va variando, de la inserción de Trujillo dentro del ámbito de la economía colonial. La organización de los espacios económicos en el norte peruano es una inserción subordinada, pues desde el inicio de la instalación del sistema colonial se trata de ordenar todo el sistema económico alrededor de la explotación minera, de la llamada por Carlos Sempat Assadourián, producción de la mercancía dinero.

El espacio social de Trujillo
El Obispado de Trujillo, fundado en 1609, aunque instalado realmente desde el año 1616, constaba de las siguientes provincias:

Trujillo

Chachapoyas

Cajamarca

Piura

Jaén

Pataz o Cajamarquilla

Santa Cruz de los Lamas

Saña

Conchucos

Luyaychillaos (1)

Mapa topográfico del Obispado de Trujillo, fines del siglo XVIII, según una acuarela de la colección del obispo Martínez Compañón

Como se ve, este Obispado ocupaba una región muy amplia e importante del Virreinato peruano(2). En los gráficos de la página siguiente podemos notar la escasa importancia poblacional de la provincia de Trujillo en el contexto de la región, en dos años significativos: los ochenta del siglo XVIII y en la segunda década del XIX. Estos gráficos nos hacen ver también la heterogeneidad de la composición étnica de las provincias del obispado. Trujillo era importante por ser la sede del poder colonial en todo el ámbito norteño, así como de la organización militar, religioso y económica. 

El partido de Trujillo, en sus 25.5 leguas de largo y 6.5 de ancho contenía tres valles: El de Chimú (o Chimo como dice Feyjóo, hoy llamado Santa Catalina), el del Río Chicama, y el de Virú(3); además dentro de la jurisdicción de esta provincia se encontraba el Valle de Chao, pequeño Valle al sur del de Virú.

La organización interna de cada provincia estaba dada por su división en curatos o doctrinas (equivalentes a los actuales distritos, aunque no exactamente con la misma connotación), que eran la base del asentamiento jurisdiccional de la Iglesia, la que al parecer estaba íntimamente vinculada en la época colonial a la orga-nización económica y social. Los curatos de la provincia de Trujillo eran:

Catedral, con 2 curas de españoles, mestizos, negros y mulatos; Santa Ana de Indios, con 3 iglesias: Santa Anta, San Sebastián y San Esteban; Simbal; Huamán, con su anexo Moche; Mansiche, con un anexo Huanchaco; Santiago de Cao; Chocope; Santa María Magdalena de Cao; Paiján; y Virú. Además habí-an 2 ayudas de parroquia que dependían de la Catedral en las Haciendas de Lacapá y Tacalá (Valle de Chicama)(4). 

La provincia de Trujillo, fines del siglo XVIII, según el obispo Martínez Compañón

3. Trujillo: eje del poder del norte peruano
La ciudad de Trujillo, fundada en 1535 por Pizarro, rápidamente del devino en uno de los principales centros urbanos de la costa norte del Perú. Al principios del siglo XVII según Vásquez de Espinoza tenía una población de unos 400 españoles, siendo la segunda ciudad de la costa peruana después de Lima. 

Desde los inicios del siglo XVII se observa la presencia de los llamados “forasteros”. Por ejemplo, según el censo levantado por el Corregidor Don Felipe de Lazcano, el 20 de febrero de 1,604, había más de mil indios “forasteros de los llanos y provincias de la sierra” en sus propias casas y huertas.


En 1619, se destruyó prácticamente por un terremoto. Reconstruida la ciudad en el mismo sitio, incluso se fortificó por una pared que rodeó completamente la ciudad, durante los años 1686 a 1688. La construcción de este muro de defensa contra los ataque de los piratas y bandidos fue financiado por los mismo vecinos. En 1760, Feyjoo de Sosa, corregidor de Trujillo, estimaba una población de 9289 habitantes; de ellos 3 050 españoles eran españoles, 3 650 esclavos negros y mulatos, 2 300 289 indios y mestizos (4ª).

Indios costeños a caballo[1]

Alcalde de indios de “los valles” (costa)


Plano de la ciudad de Trujillo, fines del siglo XVIII, según el obispo Martínez Compañón

Además de sede del Obispado desde 1609, Trujillo desde 1784 fue sede de la Intendencia de Trujillo, que abarcaba hasta los partidos de Piura, Saña, Cajamarca, Guambos, Huamachuco, Pataz y Chachapoyas.  Antes se gobernaban como partidos independientes (5). El poder se ejercía a nivel de la provincia de Trujillo a través del Cabildo, en el que participaban los vecinos, los que inicialmente eran encomenderos y, posteriormente por lo general, hacendados y grandes comerciantes.  Tenía la siguiente estructura:
- Corregidor
- Alcalde Provincial 
- Alcalde de Aguas 
- Escribano de Cabildo 
- Alguacil 
- Alférez 
- Depositario Mayor 
- Procurador General y Defensor de menores 
- Real Ejecutor
- Otros 7 regidores menores 

Español con capa

Española con mantilla y volador

Militar español

miembros de la casta dominante, a fines del siglo XVIII, en la ciudad de Trujillo, según los acuarelistas anónimos de Martínez Compañón

El de corregidor era cargo que requería el nombramiento del Rey, mientras que los cargos de regidores eran comprados, puestos a la venta entre los vecinos por el precio que aparece entre paréntesis, por autorización de una cédula real(6).

Otros funcionarios públicos importantes eran, aparte del escribano público, los escribanos de registros (5,110 pesos), y el escribano público (2,400 pesos), además de cuatro procuradores para el seguimiento de las causas, los que eran nombrados por el Cabildo por merced real(7).

5. La organización fiscal y militar
Desde la época de su fundación se instaló en Trujillo una sede de las Cajas Reales, propiamente la institución dedicada a los asuntos fiscales de su jurisdicción. Estas eran hacia 1760, aparte de la misma provincia, las de las provincias de Cajamarca, Huamachuco, Santa y Lambayeque, así como de Chachapoyas, Pataz, y Luya y Chillaos (8).

Las Cajas Reales se componían de un Contador, un Tesorero, un Factor, un Oficial Mayor, y del Escribano de Registros. Hacia 1760 en que se ubica el trabajo de Feyjóo, éste da cuenta de una situación casi delicitaria en los ingresos de la Caja Real de Trujillo, ya que los ingresos anuales en, por ejemplo 1759, no habían llegado a 50,000 pesos, los que mayormente se gastaban en pagos y salarios a sus Ministros así como en pensiones. Después de descontados los gastos en 1759 sólo se envío 15,893 pesos y seis reales, mientras que el ingreso total sólo había sido de la reducida cantidad de 38,925 pesos, lo que habla a las claras de la mala situación del erario en la provincia(9).
Otro elemento de la organización económica fiscal era el Real Estanco del Tabaco, que se instalara desde el 26 de mayo de 1754, con jurisdicción en toda la diócesis, dependiendo de la Dirección y Junta General con sede en Lima(10), tampoco era una fuente importante de ingresos, pues sus ingresos anuales en 1759 no llegaban a los 6,000 pesos anuales.
Sobre la organización militar hay que decir algo también, para completar nuestra imagen panorámica de lo que significó la organización colonial en esta provincia costeña. 

Existía la siguiente estructura formal del destacamento militar en Trujillo:
- Teniente Capitán General (El corregidor).
- Gobernador de las Armas.
- General de Caballería.
- Teniente General de Batallón.
- Teniente General de Caballería.
- Maestro de Campo.
- Sargento Mayor.
- Comisario General.
- 7 Capitanes de Infantería con 350 soldados.
- 1 Capitán de Artilleros con 30 hombres y su condestable.
- 3 Capitanes de Caballería con 330 hombres.

Aparte de estos elementos militares, que realmente eran los mismos vecinos de la ciudad, salvo algunos militares profesionales, los indios también tenían “arreglamento militar” formado por:
- Gobernador de las Armas.
- Maestro de Campo.
- Comisario General.
- Sargento Mayor.
- 13 Compañías de caballos con 630 hombres, 

los que eran reclutados en todos los pueblos del distrito. Además contaban con el auxilio de fuerzas provenientes de la provincia de Huamachuco con doscientos hombres entre infantería y caballería, a quienes la Caja Real supuestamente paga salario en los casos necesarios(11).
A pesar de esta impresionante expresión de organización militar, expertos avisados como Juan y Ulloa señalaban, después de su recorrido por la región en la primera mitad del XVIII (por los años cuarenta), que desde Guayaquil hasta Lima,

“... en los cuerpos de guardia de cada pueblo donde se juntaban las milicias y se guardaban las armas, sólo se veían pedazos de palo con espigas de hierro atadas a la punta con pretensiones de lanzas, cañones de escopeta y arcabuces antiguos sin llaves ni más cajas que un pedazo de palo, al que estaban amarrados con un cordel, de tal modo que algunas veces los vimos disparar, teniéndolo uno y apuntando mientras que otro le ponía fuego. Este es el modo en que estaba todo, y aunque había gente, no podía hacer nada cuando llegase el caso de salir a función por falta de armas (...) sucede esto incluso en ciudades grandes como Piura, Lambayeque y Trujillo”(12).


Por esta real precariedad militar fue posible que en 1744 el inglés Anson tome con sólo una lancha desembarcada con gente, el importante y estratégico puerto de Paita, en el norte de la diócesis, en la provincia de Piura.

6. La organización religiosa
Ya hemos señalado la demarcación religiosa por curatos en la provincia de Trujillo. Ahora queremos destacar otros aspectos de la organización religiosa que pueden servir para vislumbrar elementos importantes del sistema colonial. En primer lugar el volumen de población que absorbía la actividad religiosa era grande, así como su importancia económica (ver cuadro No. 1).

Cuadro 1: 
Religiosos y rentas anuales de conventos de la Provincia de Trujillo, 1604-1760.

convento
o
monasterio

número de
religiosos

renta anual (pesos)

número de
religiosos

renta anual
(pesos)

Santo Domingo

10

2000

12

3500

San Francisco

20

limosnas

17

3000

San Agustín

20

3000

11

4770

N.Sra.La Merced

12

2000

9

4000

Sta. Clara

20

3000

110

14000

Sto. Domingo (Chicama)

5

3000

1

N.D.

Cía. de Jesús

11

10000

Bethlemitas

8

3000

(*): Renta  anual en  capellanías,  censos y  aprovechamiento  de chacras.
FUENTES:  “Fragmento de una historia de Trujillo”, Revista Histórica, Tomo VIII, Lima, 1925; Miguel Feyjóo, Relación descriptiva de la ciudad y provincia de Trujillo del Perú, Madrid, 1763.

Se observa un aumento de la población religiosa masculina en el siglo y medio que va de inicios del XVII a los años sesenta del XVIII. Sin embargo la importancia económica de los conventos parece más bien aumentar, como veremos en la parte pertinente a la estructura agraria.

Dos vistas de la catedral de Trujillo.

Dos vistas de la catedral de Trujillo
Hacia 1760 la población femenina recluida en los claustros monacales eran un porcentaje importante de la población blanca de la ciudad de Trujillo: incluidas recogidas y criadas en los dos conventos o monasterios de Santa Clara y de las Recolectas Carmelitas de Santa Teresa habían por lo menos 380 personas de ese sexo(13), lo que habla, por un lado, de una baja de la capacidad reproductiva de la población de Trujillo en una tasa importante, y tiene su explicación, por otro lado, en el sistema o patrón de organización familiar que tiene su expresión en el fenómeno del mayorazgo de la época, cuyo caso prototípico es el Mayorazgo Moncada-Galindo, estudiado por Varela Orbegoso(14). Esta institución exigía, por la vinculación de los bienes con el mayorazgo, que sólo el mayor de los descendientes asuma la herencia de los bienes rurales y de los títulos nobiliarios, mientas que los demás hermanos debía dedicarse o a la carrera religiosa o militar.

Monje franciscano

Seminarista

Eclesiástico regular

Personajes religiosos de la vida cotidiana de la ciudad de Trujillo a fines del siglo XVIII

Ese mismo año había un total de unos 70 clérigos en la ciudad de Trujillo y en el ámbito de la diócesis unos 270, lo que nos habla de la significación del asentamiento religioso en la región.

Además es de destacar la importancia económica del factor religioso, sobre lo que incidiremos más adelante. Basta señalar que en 1743 habían 179 capellanías colativas existentes, las que importaban un capital de 590,734 pesos, las que generaban importantes utilidades a la organización religiosa(15).
Casi todos los conventos fueron instalados en el siglo de la conquista, a excepción de los bethlemitas y jesuitas que vinieron después de 1680. Estas órdenes religiosas hacia 1789 tenían una renta total anual de 190,500 pesos(16).

La organización religiosa de Trujillo se expresaba también en la presencia de una sección del Tribunal de Cruzada, para repartir las bulas en el ámbito del obispado. Estaba formado por un Comisario, un tesorero y un notario, quienes en 1759-60 repartieron un total de 110,398 bulas (de las cuales devolvieron unas 10,000 bulas), que reportaron un ingreso de 30,982 pesos. El cargo de tesorero era empleo hereditario, que había sido vendido en otros tiempos en 10,000 pesos y en 1760 poseído por el Conde de San Javier y Casa Laredo (residente en Lima), quien pagaba a un sustituto en Trujillo para que haga sus veces 500 pesos anuales(17).

Padrón de indios del domingo

Padrón de indios del sábado

Cholas en huairona rezando

Cholos en huairona rezando

Escenas de la vida religiosa de los indios en fines de la época colonial, según Martínez Compañón.

Además de los ingresos generados por las capellanías, donaciones, obras pías y otros ingresos adicionales, los funcionarios eclesiásticos se mantenían de los diezmos. Estos eran patrimonio de la iglesia, aunque eran administrados en su cobro por la administración colonial. Eran susceptibles de cobro del diezmo los productos de las haciendas, obrajes y minas que sean propiedad de los españoles y mestizos. Los indios estaban exentos de estos pagos por ser tributarios, salvo cuando produzcan frutos o ganados “de Castilla”.

7. Trujillo y la economía regional
Según la descripción de Feyjóo quien fuera corregidor de la provincia de Trujillo en 1760, la figura que presentaba la ciudad hacia 1760 era oval, por las murallas construidas entre 1685-7 por disposición del Virrey Duque de la Palata, para defender a la ciudad de los piratas, los que recientemente habían saqueado la villa de Saña (al norte de Trujillo), y el puerto de Guayaquil. Aunque según Feyjóo más servía esta muralla de adorno que de defensa, pues se componía sólo de quince baluartes y quince cortinas, pero le faltaban fosos, terraplenes y otros implementos para la defensa de la ciudad.

“Las calles de la ciudad son derechas y bien niveladas, con el ancho de trece varas, de un extremo de la muralla al otro, por lo longitudinal hay de distancia 1,634 varas i de latitud 1,354. Las cuadras o islas por lo regular son de más de 130 varas. Las casas son hermosas, pulidamente labradas, con vistosas portadas, balcones y ventanas: pocas hay que tengan al-tos; las mas se levantan en terraplenes, quedando bajos los patios, para precaverse de este modo del daño que pueden padecer las viviendas con las lluvias, que se han experimentado Todos gozan un dilatado fondo que sirven para el recreo de huertas y jardines”(18)

Según la versión de este antiguo corregidor de Trujillo, esta ciudad fue fundada por orden del conquistador Francisco Pizarro en 1535, después de haber fundado la ciudad de Lima; según esta versión los conventos de Santo Domingo, San Francisco y La Merced fueron las piedras angulares de esta empresa en Trujillo(19). Después han habido posiciones discrepantes sobre la fecha y el verdadero fundador, lo que en este pequeño trabajo obviamos, por no ser en última instancia algo definitorio de la naturaleza de la ciudad y su espacio económico y social(20).

Inicialmente la jurisdicción política a que alcanzaba la provincia de Trujillo abarcaba hasta lo que después sería las provincias de Saña o Lambayeque y Santa María de la Parrilla (o provincia de Santa), asimismo el corregimiento de Huamachuco, que después se incorporaría al corregimiento de Cajamarca.
Con ocasión del levantamiento indígena de Cuzco y las provincias vecinas por el año 1565, se separaron en tres corregimientos,

“... á fin de que se celasen mejor las operaciones de los indios no obstante que los de estos valles probaron no ser cómplices en semejante rebelión”
(21).

Hacia mediados del siglo XVIII, se conservaba esta división jurisdiccional, siendo los límites de Trujillo:
- Por el noreste con la provincia de Cajamarca, con la que confinaba en una distancia de 16 leguas, en que hallaban las campiñas del valle Chicama;
- Por el noroeste con las provincias de Saña o Lambayeque; por el este con la provincia de Huamachuco, con la que confinaba por siete leguas el valle de Chimo; 
- Por el sur, por el camino real que iba a Lima, limita con el valle del Santa, con el que confina el valle de Virú por 24 leguas; y por el oeste limitaba con el Océano Pacífico.

La ciudad de Trujillo estaba -como hasta ahora- ubicada a tres cuatros de legua (a unos cuatro kilómetros) del mar, en ocho grados y 19 minutos de latitud. Esta ciudad era, como decíamos más arriba, sede del Obispado. Su importancia económica podemos apreciarla mejor si tenemos en cuenta que poseía en su jurisdicción inmediata con tres puertos: Malabrigo, Guañape y Huanchaco, siendo el último el más importan-te por tener población y por hallarse a sólo dos leguas de la ciudad, a pesar de su peligrosidad. En la juris-dicción de la ciudad se comprenden también los pueblos de Huamán, Moche y Virú, así como el asiento de Huamansaya (al sureste de la ciudad).

Hacia el noreste el pueblo de Simbal; junto a la misma ciudad los pueblos de Mansiche, Santiago de Cao, Chocope, Magdalena de Cao y Paiján. La información cuantitativa incluida en las fuentes usadas (especial-mente el informe de Feijoo), hacen difícil estimar el volumen y la proporción relativa de las tierras indígenas y las apropiadas por las haciendas. Sin embargo se constata el gran crecimiento de las haciendas y estan-cias, en desmedro de los pueblos campesinos.

La provincia de Trujillo fue sede de un desarrollo regional importante en el Perú prehispánico: El reino o grupo étnico Chimú, cuyas expresiones de desarrollo cultural y tecnológico sobreviven hasta ahora (siglo XXI), aunque han sido estudiado principalmente sólo desde el punto de vista arqueológico y arquitectónico, antes que desde una perspectiva etnohistórica(22). En el siglo XVIII Martínez Compañón supo valorar la importancia de las manifestaciones precoloniales y su supervivencia, como se expresa en algunas de las acuarelas que mandó retratar.

Plano de la ciudadela moche Chan Chan

Acequias mochicas en el valle de Chicama

La importancia económica para la instalación colonial de este señorío o grupo étnico se puede evidenciar si tenemos en cuenta que entre 1550 y 1590 la corona española percibió por quinto real la cantidad de 100,000 castellanos de oro por el descubrimiento de tesoros provenientes de huacas en esta provincia, lo que es un indicador del saqueo y depredación de la riqueza no sólo arqueológica de esta provincia.

Una información interesante en el trabajo de Feyjóo de Sosa es su descripción de la ecología de la provincia a mediados del siglo XVIII:

“No solo es la tierra abundante en frutos y plantas, sino también en montes y bosques, con diversidad de aves de caza, los que sirven de pastos para cerdos, caballos, mulas, ganado mayor y menor, i cabrío, de cuyas especies se hallan llenos estos lugares. Nacen en dichos montes muchos ciervos, algunos osos i tigres pequeños, que llaman gatos monteses: se crían juntamente muchos árboles que sólo se pueden destinar para techumbres i umbrales de las casas menos para el uso de puertas i ventanas que semejantes made-ras vienen de Guayaquil i Panamá”.

Caza de osos

Cazadores matando oso

Caza de gatos monteses o leones

 

Trampa de venados

Venado caído en trampa

Chaco de vicuñas

Escenas de la depredación faunística de Trujillo, que se inició en la época colonial

A pesar de más de dos siglos de presencia colonial, se mantenía aún una ecología y una variedad de fauna y flora nativa -junto con las especies de origen occidental- Sin embargo, se daba ya una fuerte degradación ambiental, especialmente por la caza indiscriminada de la fauna nativa, como lo testimonian las acuarelas del obispo Martínez Compañón. 
La producción principal de la provincia era la agrícola; aunque había una diferenciación en el consumo de los productos.
La producción del maíz, por ejemplo, que era abundante sólo servía:

“...para mantener los negros de las haciendas, i para hacer chicha, común bebida de los in-dios i gente ordinaria”

La elaboración de la chicha y la vida social indígena del siglo XVIII alrededor de la chichería

No hay, desgraciadamente, mayor información sobre l