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Acercamiento teórico a la gestión del conocimiento a partir de indicadores de ciencia en las universidades
Resumen: La búsqueda de la excelencia educacional es un reto que continúa esforzando a las universidades a encontrar alternativas que contribuyan a acercar los procesos pedagógicos a las necesidades sociales. Palabras claves: Gestión, información, conocimiento, universidades, aprendizaje.
Publicación enviada por MSc. Edison Yamir Toledo Díaz
El artículo es el primero de una serie sobre gestión del conocimiento, incluidos en un proyecto para diseñar un sistema de gestión del conocimiento a partir de indicadores de ciencia para profesores de la EIEFD, joven universidad cubana inaugurada en el 2001 con el fin de formar profesores de Educación Física y Deporte para los países del Tercer Mundo. En este primer artículo, como primer paso en la comprensión del tema, se realiza un abordaje de algunos de los presupuestos teóricos que rigen el proceso de gestión del conocimiento que incluye su relación de dependencia con las sociedades de la información y del conocimiento, la importancia de este último como recurso fundamental, sus posibilidades de producción, el origen, definición y esencia de la gestión del conocimiento y su repercusión en el acontecer de las universidades.
Palabras claves: Gestión, información, conocimiento, universidades, aprendizaje.
Introducción
La búsqueda de la excelencia educacional es un reto que continúa esforzando a las universidades a encontrar alternativas que contribuyan a acercar los procesos pedagógicos a las necesidades sociales.
En múltiples ocasiones los claustros universitarios y sus directivos desaprovechan las potencialidades que tienen los mismos actores sociales que habitan los recintos universitarios, no potenciado así la tradición histórica que ha tenido la Universidad como Institución reforzadora de la capacidad de aprendizaje, visto a través del desempeño de estudiantes y profesores.
El hecho de que la Universidad históricamente se haya visto como la transmisora de conocimientos y favorecedora del aprendizaje constante, no implica que ande siempre a la cabeza en estos fines. El retraso se acentúa más en la medida en que el conocimiento se convierte en el principal de los recursos de las organizaciones. ¿Quién duda entonces las grandes posibilidades de las universidades en cuanto al conocimiento acumulado que poseen? ¿Es siempre bien aprovechado?
Mucho del conocimiento que acumulan las universidades, es fruto de años dedicados a la investigación científica y a la producción de saber con fundamento científico. Resulta lamentable que en un porcentaje considerable, esta producción se oculte o se escoda a partir del enfoque de que la información y el conocimiento son dos poderes.
Al margen de consideraciones políticas y sociales, el esclarecimiento sobre esta cuestión se ayuda a resolver en la medida en que se interiorice lo que significa estar en la Sociedad de la Información o en la del Conocimiento. Ello tiene que ver, ante todo, con la manifestación externa que refleja la sociedad en su conjunto y en la relación del hombre como sujeto con la información y con el conocimiento. En dependencia del enfoque seguido, se implementarán los procesos de gestión necesarios para acceder a ambos.
Habría que comenzar por sistematizar algunos de los referentes teóricos que rigen los procesos de gestión del conocimiento a partir de indicadores de ciencia, teniendo en cuenta la llegada de la Sociedad de la Información o su especialización superior en la Sociedad del Conocimiento, lo cual constituye el objetivo fundamental de esta primera parte de una serie de cuatro artículos que persiguen en general, diseñar un sistema de gestión del conocimiento a partir de indicadores de ciencia para profesores universitarios de la Escuela Internacional de Educación Física y Deporte de La Habana, joven universidad cubana inaugurada el 23 de febrero de 2001.
Desarrollo
Estar en la Sociedad de la Información consiste en que la humanidad ha llegado a un estado en que el volumen de información que se genera diariamente, casi la ha saturado, produciendo una acumulación de datos de una magnitud nunca antes concebida.
El volumen de información que se genera diariamente ha sobrepasado incluso los lugares donde pueda almacenarse, de ahí que las consecuencias de la llegada a la Sociedad de la Información, como un proceso histórico-concreto condicionado por el desarrollo científico, va más allá de concebir tan solo en qué consiste este tipo de sociedad. Se necesita tener también en cuenta las implicaciones que genera el volumen de información y la influencia del hombre sobre este.
La Sociedad de la Información también debiera analizarse a partir de la posibilidad real de contactar físicamente con la información, de una forma libre, espontánea y participativa donde todos tengan igualdad de oportunidades y facilidades.
No obstante, existen manifestaciones que cuestionan el hecho también de concebir que la humanidad, -o al menos toda-, se encuentre en la Sociedad de la Información, lo cual hace pensar que se está ante un dilema ético: el acceso real a la información; la disponibilidad de medios para acceder a la misma y la selección de la información que resulte valiosa, son algunas de esas manifestaciones.
Quizás sea esta última manifestación el punto de unión entre las sociedades de la información y del conocimiento a partir de la enorme interrelación que existe entre ambos. (Ver Gráfico 1).

Gráfico 1. Relación e interdependencia entre los componentes de la
Sociedad de la Información y la del Conocimiento
Múltiples autores se han referido a la interrelación entre información y conocimiento. Más recientemente Arraez (2000), Alvarado (2003) y Serradell y Juan (2003) coinciden en señalar que la información es el conjunto de datos asociados a un objeto con cierto nivel de estructuración, esta se convierte en uno de los soportes o vehículos que aloja y difunde el conocimiento. He ahí la importancia y a su vez la relación de dependencia que existe entre información y conocimiento.
Por tanto, la información consiste en datos procesados o datos con significado, un conjunto discreto de factores objetivos sobre un hecho real, que de forma independiente no dice nada sobre el porqué de las cosas y por sí mismos tienen poca o ninguna relevancia o propósito, describen únicamente una parte de lo que pasa en la realidad y no proporcionan juicios de valor o interpretaciones y por lo tanto no son orientativos para la acción.
De manera que aunque la información sea imprescindible y muy necesaria para la adquisición de conocimiento, ello no es motivo para hacer coincidir los términos información y conocimiento y por derivación, Sociedad de la Información y Sociedad del Conocimiento. Hacerlo, conduciría a un análisis reduccionista que no ayudaría a su comprensión.
La Sociedad del Conocimiento es definida como aquella con capacidad para generar, apropiar y utilizar el conocimiento para atender las necesidades de su desarrollo y así construir su propio futuro, convirtiendo la creación y transferencia del conocimiento, en herramienta de la sociedad para su propio beneficio.
Aquí se denota una de las primeras diferencias con la Sociedad de la Información. En la Sociedad del Conocimiento la mayor importancia la adquiere la utilización consciente que en la práctica se le da a estos datos, una vez que han sido captados, interiorizados: aprendidos.
En la actualidad, de una u otra forma, se reconoce la importancia del conocimiento en el contexto económico, político, cultural y social mundial. Ello es uno de los motivos fundamentales que condiciona el nacimiento de la Sociedad del Conocimiento.

Algunos autores como Arraez (2000) y Serradell y Juan (2003) subordinan su aparición a la abundancia de información, lo que ha obligado a delimitar lo necesario de ella y despreciar lo que no constituye un recurso utilizable.
Otros autores por su parte (Villota, 2003; Alvarado, 2003 y Baeza, 2004) consideran que su origen es el resultado del desarrollo de las tecnologías de la información y las comunicaciones.
Ambos enfoques manifiestan una cierta parcialización a la hora de explicitar sus respectivos argumentos. La Sociedad del Conocimiento, como proceso histórico-concreto condicionado por el contexto mundial predominante, deviene como resultado del desarrollo de ese mismo contexto, por lo que su génesis, no resistiría otro análisis.
El hecho de que la posesión de conocimiento no estuviera anteriormente establecida como uno de los recursos esenciales para el hombre, no significaba que no se poseyera ni que no se siguiera produciendo, acumulando y difundiendo. Las propias necesidades del hombre y de la sociedad imponían que la prioridad se le garantizara a otros tipos de recursos que en gran medida, también se desarrollaban por el conocimiento anterior acumulado.
Por su esencia cíclica, este proceso no acaba y es por ello que tiene un carácter dialéctico. En la medida en que más conocimiento se produzca, mayor necesidad de él habrá. La particularidad de hoy radica en que el propio desarrollo de la sociedad y las ciencias, da como resultado la necesidad de un individuo que necesita adaptarse a la complejidad y cambio constante del medio y a las exigencias de competitividad que se le imponen. Es en el afán del hombre por llegar a conocer lo que desconoce donde radica el origen de la Sociedad del Conocimiento, por lo que no debieran considerarse otras, como generadoras de la misma, por cuanto ellas son consecuencias y resultados de la propia producción de conocimiento. (Ver Gráfico 2).
Toda esta situación ha conducido a las universidades a implementar formas de acceder al conocimiento y las maneras de utilizarlo lo más eficaz y eficientemente posible. Para ello, los estudios y aplicaciones se han dividido en dos grandes grupos; los que profundizan en el contenido, o sea, el conocimiento y los que investigan en la forma de acceder a él, ambos con la misma finalidad: utilizarlo.
Castañeda (2003) citando a Peter Drucker, señala que “lo que hace diferente a la sociedad actual no es que el conocimiento sea otro recurso como la tierra o el capital, sino que es el recurso.”
Esta idea adquiere una trascendental importancia porque en una economía como la actual, donde la única certidumbre es la incertidumbre, una de las mejores fuentes para adaptarse a los cambios de una manera duradera, es considerar al conocimiento como recurso que se puede producir.
Algunos autores como Mate (1999), Alvarado (2003), Villota (2003) y Serradell y Juan (2003) explican este proceso y coinciden en señalar que el ciclo de producción de conocimiento tiene sus particularidades inherentes al tipo de recurso que se intenta producir. Su generación sistémica se inicia con un proceso de socialización donde las personas comparten experiencias e ideas, convirtiéndose el conocimiento individual en colectivo.
Le continúa un proceso de externalización donde el conocimiento colectivo se manifiesta. Este comienza a difundirse entre miembros de otra organización en un proceso de combinación-intercambio y termina, con un proceso de interiorización o aprendizaje, cuando ocurre la incorporación a los saberes individuales.
Generalmente se resume en cuatro fases,
1. De tácito a tácito: los individuos adquieren nuevos conocimientos de otros.
2. De tácito a explícito: el conocimiento se articula a través del diálogo.
3. De explícito a explícito: se combinan diferentes formas de conocimiento explícito mediante documentos o bases de datos.
4. De explícito a tácito: los individuos interiorizan los nuevos conocimientos en su propia experiencia.
No sería recomendable enjuiciar cuál de los dos tipos de conocimientos (tácito o explícito) es el más importante: ambos los son. No obstante, ello ha generado otro dilema. Las particularidades entre uno y otro tipo de conocimiento han hecho evidentes las dificultades en cuanto a la forma de almacenarlos.
Las experiencias, valores, idiosincrasia incorporadas de cada individuo pudieran ser aprovechadas potenciando también otros factores y no sólo el recurso tecnológico, que para algunos casos, pudiera convertirse en un inconveniente. La mejor estrategia para gestionar el recurso tácito pudiera ser la creación de otros procedimientos entre las personas que componen la organización.
Lo anterior casi todos lo entienden, no obstante, el problema mayor quizás radica en la forma de acceder al conocimiento, difundirlo, concebir y propiciar que se convierta en un bien colectivo y público, en fin: gestionarlo. Es este el principal objetivo de una disciplina a la que se ha dado en llamar gestión del conocimiento.
La gestión del conocimiento (en inglés Knowledge Management) es una disciplina que no tiene mucha historia desde el punto de vista cronológico. La gestión existe como práctica fundamentalmente en el mundo empresarial, desde hace muchos años.
A comienzos de los años 90 los avances de la tecnología permitieron una evolución sustancial en la recolección y almacenamiento del conocimiento y su distribución mediante redes entre personas de la misma empresa. Así se ganó en rapidez y eficiencia pero faltaba aún un compromiso mayor con la efectividad y los resultados de esos conocimientos.
De manera que los antecedentes de la gestión del conocimiento propician que fundamentalmente su origen estuviera marcado por tendencias, que quizás, aportaron ideas que justificaron luego su propio nacimiento, esencia y finalidad como disciplina.
Se reconoce que la gestión del conocimiento tuvo su origen en los años 90, principalmente en los Estados Unidos con el ya conocido término de Knowledge Management y surge como un campo multidisciplinario creciente, con conceptos y herramientas propias, de amplísimas implicaciones y aplicaciones en especial para el mundo universitario.
Sobre el origen de la gestión del conocimiento se afirman diversos enfoques que van desde los que plantean la influencia de la corriente de pensamiento procedente de la filosofía de las organizaciones de los japoneses Nonaka y Takeuchi, reconocidos como los iniciadores de esta gestión, hasta los que la subordinan a otros factores. Algunos autores (Arraez, 2000 y Serradell y Juan, 2003) lo atribuyen al desarrollo tecnológico y de la informática. Otros, (Arbonies, 2004) a la propia importancia de la información y el conocimiento en la actualidad.
El hecho es que en el origen de la gestión del conocimiento han predominado lo que se pueden llamar, enfoques “externos”. El origen de la gestión del conocimiento no debiera buscarse solo en factores externos a ella sino considerar al mismo conocimiento y su importancia, como los elementos desencadenantes de su propio proceso de gestión.
No obstante, no es sólo al intentar establecer la génesis de la gestión del conocimiento donde se presentan diversas interpretaciones, lo mismo sucede cuando se intenta definir en qué consiste este proceso. Las conceptualizaciones varían en todos los sentidos, aunque de una u otra forma, predominan elementos comunes.
La mayoría de las definiciones de gestión del conocimiento, aunque válidas, se centran ante todo en el resultado que de ella se obtiene, dejando afuera la esencia de su carácter procesal: el aprendizaje.
La gestión del conocimiento desde su definición, debiera estar centrada en el proceso que es en sí y no sólo en el resultado, donde también se le de la importancia que adquiere la capacidad de aprendizaje en cualquier tipo de organización.
La gestión del conocimiento pudiera definirse como aquel proceso sistémico donde se crea, adquiere, retiene, mantiene, utiliza y procesa conocimiento de manera colectiva, mediante la potenciación de la capacidad de aprendizaje de cada individuo para asegurar la efectividad de su desempeño ante la complejidad del entorno. Acá se retoma que el conocimiento incluye también los sentimientos, valores, aptitudes, experiencias, vivencias así como el resto de toda la cultura histórica acumulada por el individuo.
Otro de los problemas fundamentales que se presentan es a la hora de determinar la esencia de la gestión del conocimiento, la cual vuelve a ser enfocada hacia lo que debiera ser el resultado de la misma.
La idea anterior ayuda a ilustrar que la esencia de la gestión del conocimiento no debiera centrarse sólo en la búsqueda final del conocimiento, lo cual ha constituido la tendencia fundamental. Concebir a la gestión del conocimiento como un proceso sistémico, alude claramente que lo que en realidad se gestiona son los procesos que permiten acceder al conocimiento, sea produciéndolo o potenciándolo.
Así lo enuncia también Arbonies (2004) cuando asegura que “el gran reto de la gestión del conocimiento es que este no se puede gestionar como tal. Lo que es posible gestionar es el proceso y el espacio de creación de conocimiento”. De manera que se necesita gestionar aquellos procesos que faciliten la divulgación, adquisición y utilización del conocimiento. En resumen, facilitar el proceso de aprendizaje de las personas.
Una vez que se le haya conferido la importancia necesaria a las personas y a su capacidad de aprendizaje, la tarea siguiente consiste en hacerlo productivo, de ahí que resulte también imprescindible el diagnóstico de las etapas por la que transita la gestión del conocimiento como vía para facilitar los procedimientos que puedan potenciar, tanto la propia etapa, como el aprendizaje de las personas.
En la literatura se destacan tres etapas fundamentales. Una que se identifica con la adquisición del conocimiento, otra con la interiorización del mismo y la tercera, con la diseminación y distribución. (Ver Gráfico 3).

El aprendizaje organizacional lo centraliza la propia organización, entendiendo como tal también a las universidades quien delimita qué información se consulta, con qué finalidades, en qué sitios, con qué procedimientos y finalmente, cuál se adquiere.
La producción de conocimiento es un proceso transformador e integrador de la información en conocimiento utilizable por cuanto facilita la “purificación”, almacenamiento y estructuración de la información localizada.
La distribución del conocimiento es el proceso de diseminación dentro de la universidad y hacia fuera de la misma.
Quizás la primera de las fases sea un tronco común con la gestión de la información, proceso similar a la gestión del conocimiento pero que tiene particularidades bien definidas y objetivos concretos. Esta unión se justifica, por la misma razón con la que se justifica la relación que existe entre información y conocimiento. Hay que recordar que el conocimiento viaja envuelto en la información, de ahí la necesidad de “purificarlo” a la hora de gestionarlo.
Otro elemento que se destaca es la importancia que se les confiere a los especialistas que se encargan de buscar, “purificar” y almacenar la información resultante, o sea, el conocimiento. A estas personas generalmente se les denomina documentalistas, archivistas, gestores de información, directores de conocimiento, entre otros.
Lo anterior estigmatiza el enfoque de la gestión del conocimiento y le otorga un carácter selectivo. En un mundo saturado de información donde lo que se necesita es acceder al conocimiento para adaptarse a los cambios, la gestión del conocimiento debe ser una herramienta de uso frecuente para todos. Tal como se exige que la educación debe propiciar el aprender a ser, a hacer, a aprender y a convivir, también debiera abogarse porque todos aprendan a informarse, ello propiciaría herramientas necesarias para que todos fuesen, potencialmente, gestores de conocimiento.
La idea debiera ser no convertir a las personas en meros usuarios y receptores de la gestión del conocimiento sino en participantes activos en el proceso de búsqueda e interiorización del conocimiento. No obstante, se reconoce la trascendental importancia de las personas que han asumido la tarea de gestionar conocimientos para los demás, pero no es posible continuar el análisis sin dejar de mencionar algunas implicaciones que ello podría traer para la universidad.
· Hacer predominar criterios subjetivos
· Parcializar la información
· Reconocer diferentes niveles de importancia que no necesariamente tienen que coincidir con la realidad que se necesita
· Acceder siempre a los mismos sitios y/o personas por la prontitud y facilidad con que obtienen los datos
· Que primen privilegios por algunas personas y/o instituciones
Quizás el problema se mitigue creando los llamados grupos de conocimiento, formados con personal de todas las áreas de la universidad que pueden o no trabajar juntos. La diversidad de personas, ayuda a la diversidad de criterios de búsqueda, que es en sí, un rasgo necesario de la gestión del conocimiento.
Otro elemento que destaca en el análisis de las fases es la enorme importancia que adquieren las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) en la búsqueda, selección, almacenamiento, consulta y distribución del conocimiento. En algunas ocasiones se hace depender a la gestión del conocimiento con tecnologías informáticas y comunicativas y se limita su radio de acción solo a los sectores empresariales y comerciales.
En cuanto a la reducción de la gestión del conocimiento al aspecto tecnológico, se manifiesta de tres enfoques diferentes:
· Concebirla nuevamente como resultado del desarrollo tecnológico.
· Considerarla como una tecnología propiamente dicha.
· Condicionar su implantación, aplicabilidad y funcionalidad sólo al potencial y desarrollo tecnológico de la organización.
De sobra se reconocen las bondades de las TIC en la búsqueda de la información y en la selección, almacenamiento y consulta del conocimiento, aunque debieran considerarse como lo que son, medios indispensables, pero no los únicos, que facilitan la gestión del conocimiento.
En cuanto a la reducción del radio de acción de la gestión del conocimiento a los ámbitos empresariales y comerciales, radica en que la competencia empresarial ha obligado a las organizaciones a ser más dinámicas en la búsqueda de mecanismos que faciliten los procesos productivos y de servicios, con la finalidad de hacerse más competentes en el mercado y aumentar en competitividad. Aunque es innegable el aporte del mundo empresarial y comercial a la gestión del conocimiento, con este enfoque los sectores educativos entran en desventajas y quizás ello se propicie, porque en este sector existan más estereotipos y paradigmas en cuanto a la tenencia de conocimiento, lo cual provoca una mayor resistencia a compartirlo con otros profesionales, a pesar de que la misión histórica de la escuela ha sido la de transmitir conocimiento a los demás.
No obstante, en la actualidad existen principalmente universidades, que han implantado sistemas de gestión del conocimiento y lo han hecho sobre la base de esquemas que ilustran pasos que son esenciales en este proceso.
Sin embargo, llama la atención que han sido las universidades donde quizás se hagan más evidentes los riesgos que se le atribuyen a la gestión del conocimiento, a pesar de ser los centros donde por excelencia se pretendió siempre potenciar la capacidad de aprendizaje y garantizar no sólo la durabilidad de la información y el conocimiento sino su constante actualización e intercambio.
Pero ello no implica necesariamente que anden estas organizaciones a la cabeza de la gestión del conocimiento. Ese es el mayor de sus riesgos: el de retrasarse aunque se reconoce que en la actualidad, han dado pasos de avances en este campo, precisamente por las nuevas exigencias sociales que se le han impuesto a la Educación Superior.
Otros factores también inciden en ello: la adaptación de esquemas de gestión del conocimiento a las universidades; los riesgos que se le atribuyen; las implicaciones de este proceso de gestión en el quehacer científico universitario y el aprovechamiento de los indicadores de ciencia para implementar la gestión del conocimiento en los centros de educación superior, son aspectos que también inciden en facilitar los procesos de intercambio de aprendizajes para gestionar conocimiento y que serán enunciados también con posterioridad.
Conclusiones
1. La gestión del conocimiento es una alternativa que está demostrando múltiples ventajas para reforzar las capacidades de aprendizaje que históricamente ha potenciado la universidad, organizaciones que por tener ese objeto social como función tradicional, no están en las mejores condiciones de hacerlo en un contexto donde el conocimiento es el principal de los recursos.
2. La esencia de la gestión del conocimiento no debiera radicar solo en la adquisición del mismo sino en propiciar los procesos que lo faciliten, por cuanto ello es la vía fundamental para que se acceda al conocimiento, potenciando el intercambio entre los profesionales.
3. La gestión del conocimiento, amén de ser considerada una tecnología propiamente dicha, no implica considerar que lo más importante en ella es la tecnología de la información o la comunicación, ella es el medio, -quizás fundamental-, para implementarla, pero es sólo eso: la vía.
4. Los sentimientos, valores, experiencias, hábitos, habilidades, aptitudes y rutinas, también forman parte del conocimiento, esta vez tácito, que resulta muy difícil de gestionar, por lo que se precisan de otras alternativas que contribuyan a interrelacionar en equipos a los profesionales para potenciar la capacidad de aprendizaje.
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Autor:
MSc. Edison Yamir Toledo Díaz
Licenciado en Educación Técnica y Profesional
Diplomado en Dirección Científica de las Instituciones de Educación Técnica y Profesional.
Master en Pedagogía Profesional.
Profesor Asistente de Metodología de la Investigación.
Director de Desarrollo Profesional de la Escuela Internacional de Educación Física y Deporte de La Habana, Cuba.
edisontd@eiefd.co.cu
Dirección particular: Edificio 17 Apto C-4. Reparto Alberro. Cotorro. Ciudad de La Habana, Cuba.
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Publicación enviada por MSc. Edison Yamir Toledo Díaz
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Publicado Saturday 1 de July de 2006
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