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Borges, teoría cuántica y universos paralelos (resumen técnico)
Resumen: Solamente una mente genial pudo vislumbrar las infinitas realidades que nos propone la Teoría Cuántica en los pliegues de una materia que se vuelve elusiva y extraña a medida que intentamos penetrar en el mundo de lo muy pequeño o lo desmesuradamente grande, la angustia de nuestra ignorancia aunada por el infinito de los extremos.
Publicación enviada por Ing. Oscar A. Di Marco Rodríguez
Introducción
Casi cuatro años me demoré en completar este ensayo cuyo disparador fue la
relectura del portentoso cuento “El jardín de los senderos que bifurcan”
sobre el final de mi carrera de ingeniero.
La culpa no fue enteramente de Borges sino mas bien la intención de volcar en
forma ordenada una serie de pensamientos o razonamientos que se van acumulando
en la mente de alguien que, como en mi caso, ha tenido que lidiar profesional y
permanentemente con temas tan disímiles que van desde la química a la
fisicomatemática, pasando por las ciencias de la conducta y el comportamiento
humano, obligado tal vez por el objetivo final de un ingeniero químico devenido
en especialista en prevención de accidentes y saneamiento ambiental.
Con los años de investigación, docencia y aplicación práctica de esos
conocimientos, se puede apreciar la aparición de ideas y conceptos que suelen
contradecir el sentido común o nuestras ideas mas acendradas, especialmente en
materia cosmológica
Según lo irán viendo con el correr de la lectura, esta no es una obra con
pretensiones de análisis literario de la fantasía de nuestro genial escritor,
sobre lo que mucho se ha escrito y sin dudas mucho mas se escribirá, solo
intento opinar fundadamente en cuanto al carácter cosmológico de este cuento
que integra “Ficciones” y exponer también una metáfora o analogía que
puede ser útil para la mayor divulgación y mejor comprensión de teorías como
la relatividad y la cuántica, tan novedosas como reñidas con el sentido común.
No empleo la calificación de razonamiento metafísico o filosófico, aunque se
ajustaría bien a la realidad del contexto, coincidiendo con la incomodidad que,
a veces, expresa Borges en el uso de esos términos tan meritorios y solemnes,
cuando el objetivo era intelectual y estético en su caso, mientras es mas bien
solo de divulgación intelectual en el mío.
Discrepando con otros analistas, no pienso que sus ideas, entre otras, sobre
tiempos convergentes, divergentes, paralelos que: “abarcan todas las
posibilidades y que aún así solo son una visión parcial, incompleta, aunque
no falsa del universo” (Borges, 1941), sean producto de la casualidad o de un
hipotético accidente (Alberto G. Rojo
www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v1n1/crit_06.htm.) creo sí, que tal como lo
hizo en y con otros escritos, también en este cuento se refiere al mismo en
forma equívoca, casi ladina, cuando dice que se trata de un cuento policial.
Borges sabía de lo que escribía en la cuarta década del siglo 20, cuando
menciona a Albert (¿¡Einstein!?) atareado en sus infinitos tiempos y senderos
que finalizarían con un bombardeo (¿nuclear?) a una ciudad homónima inglesa
de aquellos tiempos de guerra, presagio de las intenciones nazis en una Alemania
que era público y notorio como lo expresaba la prensa, se encontraba ya en las
puertas del dominio del átomo.
Por supuesto no me refiero al conocimiento físico-matemático de un científico,
sino al conocimiento que un poeta ilustrado e informado puede tener al leer
sobre la relatividad que proponía Einstein, el principio de incertidumbre de
Heissemberg, las experiencias de Schroedinger y otros portentos teóricos que
iluminaban el alba del siglo veinte.
Solamente una mente genial pudo vislumbrar las infinitas realidades que nos
propone la Teoría Cuántica en los pliegues de una materia que se vuelve
elusiva y extraña a medida que intentamos penetrar en el mundo de lo muy pequeño
o lo desmesuradamente grande..., la angustia de nuestra ignorancia aunada por el
infinito de los extremos.
Luego de su larga experiencia europea y habiendo leído en su lengua natal,
entre muchísimos otros, a gigantes de la literatura fantástica (el gustaba
llamar así a lo que hoy los técnicos consideramos, quizás equivocadamente,
“ciencia ficción”) como: H. P. Lovercraft, , Olaff Stapleton, H. G. Wells,
etc, etc, por no mencionar a la inmensa lista que probablemente arranca con los
clásicos del pensamiento griego y sin solución de continuidad se desarrolla
hasta sus contemporáneos tanto del mundo occidental como los orientales, el políglota
Borges en 1941 había formado y echado a caminar el germen del meme que daría
lugar a la aparición de los universos paralelos que hoy convoca el pensamiento
de prominentes investigadores.
Hubo de transcurrir mas de una década para que la ciencia se asomara a esas
enigmáticas ideas y les diera un fundamento físico-matemático con la
presentación de la tesis doctoral (conocida como Many World Interpretation o
M.W.I. por sus sigles en inglés) de Hugs Everett en 1957, quien abandonaría
posteriormente la investigación científica y hasta la vida, decepcionado por
el escaso interés y el escepticismo que mostraron inicialmente sus colegas.
Realmente impacta y emociona que ahora científicos de la talla de un Stephen
Hawking, Martín Rees, David Deutsch, Francis Crick, y cientos de otros de
similar reconocimiento intelectual, a pesar del escándalo que producen estas
concepciones cuánticas, estén compartiendo algunas de esas opiniones y
trabajando en el desarrollo de nuevos conceptos que miles de tecnólogos se
afanan en concretar como flamantes “realidades” que nos maravillan día a día.
En su tiempo fueron los Bruno, Espinoza, Galileo y otros osados pensadores
quienes desafiaron el Dogma establecido con sus ideas revolucionarias sobre
mundos redondos flotando en un espacio que no eran el eje de ningún privilegio
celestial y pagaron con su libertad, su salud y hasta su vida el derecho a
exponerlas al gran público, pero otros les siguieron hasta dejarnos convencidos
por la fuerza de las evidencias que apenas formamos parte de un insignificante
sistema planetario que gira - quizás intrascendente mente - en un oscuro brazo
de una galaxia común.
Muchos tiranos se empeñaron porfiada, sistemática y reiteradamente en
silenciar estos odiosos razonamientos denigrantes de sagradas ideas milenarias,
pero fue tan inútil todo derramamiento de sangre como tapar el sol con un
harnero, así son las cosas y así evolucionan nuestras creencias, nuestro
conocimiento, a veces con alegrías, a veces con decepciones.
¿Qué decir de la velocidad de computo de los últimos ordenadores, aparatos
que prácticamente no existían en nuestra época del secundario, cuando nos
ensuciábamos los dedos en engorrosos “esténciles” para obtener copias que
hoy nos brindan por miles las fotocopiadoras? Y ¿en que quedó aquella
orgullosa afirmación que decía que jamás un engendro artificial iba a
derrotar a un campeón de ajedrez en su juego?.
Hace poco mas de cien años la humanidad apenas despegaba del suelo en esperpénticos
y frágiles aparatos, mientras hoy negociamos acuerdos internacionales en la
nueva frontera que nos propone la estación espacial.
Podríamos mencionar en esta línea una interminable lista de las nuevas
“realidades”que la tecnología concretó lo que en su momento parecían
meras fantasías o ideas aberrantes sobre la naturaleza de las cosas.
Hologramas, fractales, atractores, microscopios de efecto túnel, tomógrafos,
resonancia magnética, nanotecnología, etc, son solo algunos de los nuevos
conceptos y dispositivos – “realidades” hoy al fin - que están a
disposición cotidiana para mejorar la calidad de vida de nuestros contemporáneos.
Pero no es mi intención en este ensayo detenerme en la descripción de una
contundente lista que muestra la evolución de la inteligencia humana, sí
pretendo en cambio, de la mano del fabuloso escritor y apoyándome también en
los hombros de los genios que lo inspiraron, exponer a la consideración del
lector un argumento sencillo del mecanismo cuántico que la naturaleza emplea en
la conformación de lo que definimos como “realidad”, para acceder con ayuda
de dos metáforas (o mas bien una prototeoría y una metáfora o analogía de fácil
comprensión): el “Todo” y el “Sintonizador”, a una nueva versión de la
relación objeto-sujeto que permita entender mejor el mundo que nos rodea,
fundamentar la posibilidad de las “realidades múltiples” y superar viejas
antinómias del tipo: Idealismo vs. Materialismo, Dualismo vs. Monismo, etc, que
han enfrentado el pensamiento racional durante más años de lo deseable.
Términos como: mecánica cuántica, decoherencia, antimateria, propiedades
emergentes, teletransportación, etc, etc, nos intimidan injustificadamente con
su complejidad, por falta de una explicación clara y sencilla que permita un
acercamiento conceptual a los mismos, y a pesar que algunas de estas ideas
revolucionarias están cerca de ser centenarias, la inmensa mayoría de la
población no accede a sus increíbles implicancias y aun así tampoco son
muchos los intentos de hacer mas fáciles y comprensibles estos conceptos.
Quizás dos, entre tantas, de las mas increíbles conclusiones a las que nos
permite acceder la Teoría Cuántica son, en primer término, la revolucionaria
idea de que la “realidad”del mundo exterior – el medio ambiente que nos
rodea - que sentimos, observamos o medimos en la vida cotidiana, no depende
exclusivamente de ella misma, sino que se trata siempre y finalmente de
interacciones directas o indirectas con nuestro cerebro – el sintonizador –
y, en segunda instancia, que a su vez estas interacciones puedan dar lugar a múltiples
experiencias o versiones de la “realidad” cotidiana, conformando lo que se
conoce como la teoría de los “universos paralelos” (mencionada por sus
siglas en inglés, como MWI ó múltiple worlds interpretation).
Desde este nuevo enfoque o punto de vista que nos propone la Teoría Cuántica,
la vieja y venerable pretensión humana de conocer la “esencia “ o el “ser
“ de las cosas, o la cosa “en sí”, es simplemente una quimera, ya que
para que algo “sea”, “exista” o se incorpore a nuestra “realidad”,
es necesario que esa cosa o sus elementos constitutivos interactúen – se
manifiesten – directa o indirectamente con nuestros sentidos; condición que
no se cumple en ninguna de las expresiones mencionadas ya que éstas se refieren
específica y enfáticamente a lo interior y propio de la cosa, constituyendo en
todo caso una de las tantas trampas o paradojas que nos depara nuestra forma de
expresión, o sea, digo que solo conocemos las interacciones directas o
indirectas de las cosas con nuestro cerebro a través de los diferentes sentidos
y funciones de nuestro organismo.
De allí las dificultades con que se enfrentaban, hasta ahora, quienes querían
definir la naturaleza última de la “realidad” ya que cualquiera sea el método
utilizado para detectarla, se trata siempre de interacciones que no solo
dependen de los elementos locales que interactúan, sino también del contexto
en que lo hacen y las particularidades del sistema de observación y juzgamiento
del sujeto.
Dicho de otra forma: para que algo “exista”, es decir que haya un objeto o
cosa, es necesario que haya una interacción con otro elemento o cosa que actuará
como sujeto y/o viceversa, de no ser así estaremos en presencia de lo que
definimos como: la nada.
Es justamente la Teoría Cuántica con su principio de incertidumbre, su ecuación
de probabilidades de ondas, el colapso de la función de onda, etc., etc, la
estructura o herramienta intelectual que nos permite especular con la
posibilidad de que existan diferentes “realidades” en la naturaleza – el
todo – que se manifiestan solo según las características de las
interacciones entre el objeto del medio ambiente exterior y el sujeto (en este
caso, nuestro cerebro o sintonizador) y eso por solo hablar de los niveles
recientemente conocidos de interacciones.
Resumiendo, la intención es poner al alcance de quién tenga inquietudes sobre
su rol en esta aventura abierta que nos propone la vida, una explicación mas de
la función que cumple el cerebro, en particular el cerebro humano y que creo es
semejante a la de un sintonizador, empleando esta didáctica metáfora con
argumentos que apelan a elementos conocidos por todos, coherentes y compatibles
también con los pensamientos que el genial escritor nos brindara desde el
deleite intelectual de su prosa y poesía, en concordancia documentada con los
últimos avances del conocimiento humano.
Sin despreciar otras explicaciones, pienso que el funcionamiento del cerebro
humano puede asemejarse - solo a modo de parábola o metáfora explicativa - al
funcionamiento de un sintonizador de radio o de TV, con la diferencia de que en
lugar de producir sonidos o imágenes, en este caso se producen ideas,
abstracciones, conciencia, conocimientos y consciencia. Empleando entonces esta
semejanza en forma similar a como el término metafórico “Big-Bang” pudo
expresar con tanto éxito (aunque solo sea una ligera aproximación ) la explosión
primigenia de nuestro universo.
La idea o metáfora de pensar el cerebro como una máquina no es nueva ya que es
empleada conciente o inconscientemente por la inmensa mayoría de los científicos
que trabajan en las neurociencias y la medicina en general, lo que sí puede
tener cierto sentido de novedad es la idea de asimilar el funcionamiento de un
cerebro a la función de un sintonizador y solo he encontrado una sola
referencia similar a esta figura o metáfora, en el caso del ya centenario y
conocido químico suizo, el Dr Albert Hofmann, inventor del injustamente
maltratado ácido lisérgico (LSD), que en su libro: ”Mundo interior, mundo
exterior”, páginas 33 a 44 (Humanics New Age; 1989, ) nos habla del cerebro,
actuando como un sintonizador de la realidad, que produce conciencia y
consciencia.
Parafraseando el léxico jurídico, podríamos decir que trataré de usar en la
defensa de esta metáfora y en la justificación de cada concepto empleado,
aquellos argumentos o explicaciones que constituyen: las “evidencias fácticas”,
“pruebas” o “indicios” mas consensuados entre los investigadores científicos
actuales y con la no menos importante consideración o aclaración que todo este
conjunto de opiniones son coincidentes en que nuestros conocimientos científicos
de hoy día están lejos de constituir una certeza en términos absolutos y
seguramente serán modificados, ampliados y quizá mejorados en los tiempos por
venir.
Memes, ideas y conceptos acendrados como el tiempo y el espacio, tan íntimos y
naturales a nuestros pensamientos y experiencia diaria, han sufrido tanto el
embate de nuevos razonamientos y teorías, que poco queda ya de la certeza del
sentido común primario, fruto de la dimensionalidad (macrocotidianidad) en que
pasamos normalmente nuestra existencia y a la cual nos encontramos
acostumbrados, aunque no resignados.
Encontramos así que explicaciones relativamente recientes sobre la estructura
del átomo como algo similar a un pequeño sistema planetario en miniatura según
nos enseñaban pocas décadas atrás, o sobre los orígenes y destino de nuestro
universo, como el “Big Bang” y el Big Crunch”, están siendo cuestionadas
dramáticamente, planteando insospechadas consecuencias.
Creo firmemente y así lo expongo en el ensayo, que muy difícilmente la ciencia
nos dé todas las respuestas sobre la naturaleza de las cosas, la “realidad”
y nuestra relación con ella, pero tengo la esperanza que la evolución nos
lleve por ese camino.
En este apretado resumen del libro “Borges, teoría cuantica y universos
paralelos” pretendo resaltar los fundamentos argumentales tanto de la
prototeoría del “Todo”, como la metáfora del “sintonizador”, empleando
la menor fraseología y formulación técnica posible, a fin de lograr el
objetivo mayor de acercar los contraintuitivos y casi escandalosos conceptos
relativistas y cuánticos a la población instruida en general aún sin una
formación fisico/matemática en particular.
Capítulo 1
El TODO y EL SINTONIZADOR
(Un relato de nosotros y la “realidad”)
Latidos de eternidad
En cosmología - la ciencia o conjunto de
ciencias que estudia las leyes generales que rigen el mundo físico del universo
considerado como una unidad -, cuando los científicos se refieren al origen del
mismo empleando la ilustrativa y conocida metáfora del "Big Bang" en
lo que hoy se acepta como "Modelo Estándar" explicativo de la
realidad y su estructura, se suele emplear con frecuencia un argumento que suena
algo así como: ".....Retrocediendo en el tiempo más allá de esa
singularidad, cuando y donde no había tiempo ni espacio alguno. De esa nada
surgió el espacio tiempo, y con el espacio tiempo vinieron las cosas...".
, etc, etc.
La mayoría de las explicaciones al uso nos sugieren que nada había antes del
Big Bang o "Gran explosión", ni tiempo ni espacio, que estas
dimensiones se crean en ese momento inicial a partir de la nada; así nos lo
explica entre otros, Peter W. Atkins, conocido profesor de químicafísica en la
universidad de Oxford, miembro de la junta de gobierno del Lincoln College y
autor del best-seller: "La Creación", que en el capítulo 5 (página
117, Biblioteca Científica Salvat, Ed. Salvat Editores S. A.) nos dice:
".....Retrocedamos ahora en el
tiempo más allá del momento de la creación, a cuando y donde no había tiempo
ni espacio alguno. De esa nada surgió el espacio tiempo, y con el espacio
tiempo vinieron las cosas.
Andando el tiempo apareció también el conocimiento; y el universo, que en un
principio no existía, se hizo consciente.
Ahora bien, en el tiempo anterior al tiempo no hay sino extrema simplicidad.
En realidad no hay nada; pero, para comprender la naturaleza de esa nada, la
mente necesita alguna clase de apoyatura. Esto quiere decir que hemos de pensar
al menos por el momento, sobre algo. Así pues, no más que por el momento,
pensaremos en casi nada.
Intentaremos pensar no en el espacio-tiempo en si mismo, sino en el
espacio-tiempo antes de ser espacio-tiempo. Aunque no puedo precisar con
exactitud lo que esto significa, trataré de indicar como se puede empezar a
encararlo. El punto importante a tener en cuenta es que es posible concebir un
espacio-tiempo carente de estructura, y que es posible, tras alguna reflexión,
formarse una imagen mental de ese estado geométricamente amorfo.
Imaginemos que las entidades que están a punto de estructurarse en el
espacio-tiempo y, mas tarde, en elementos y elefantes, son como un polvo sin
estructura. Ahora bien en el tiempo de que hablamos no hay espacio-tiempo
alguno, sino tan solo polvo del que se ha de formar el espacio-tiempo. La
ausencia de espacio-tiempo, la ausencia de geometría, solo significa que no se
puede decir que tal punto está cerca o lejos de tal otro; ni se puede decir que
esto precede o sigue a eso. En esas circunstancias se da un estado amorfo
absoluto. Mas tarde tendremos que barrer hasta el polvo; pero ésta, como todas
las simplificidades , se cuidará de si misma...."
Otros importantes pensadores al igual que Atkins, arrancan el comienzo del
universo conocido, a partir de un fenómeno singular que vulgarmente se conoce
como "Big- Bang", previo al cual no se reconoce la existencia del
tiempo ó el espacio, como si todo empezara de cero en ese supuesto inicio de
toda historia.
Desde mi punto de vista, el evento conocido como “Big Bang” es solo – nada
mas y nada menos - aquel punto ó singularidad temporespacial hasta el cual
podemos extrapolar con cierta racionalidad hacia el pasado, (en realidad hasta
el instante de 10 a la menos 43 segundos, aproximadamente 10 septillonésima
parte de un segundo, tiempo de Plank) posterior a ese inicio, la aplicación de
nuestros conocimientos actuales sobre las leyes naturales, el comportamiento y
los movimientos de materia y energía observados en el cosmos, en particular
frente a la expansión de los astros confirmada por el astrónomo Hubble en 1929
y el coherente proceso evolutivo registrado en todas las diferentes
manifestaciones del universo, desde el magma o plasma primigenio pasando por átomos
y moléculas, hasta los monos, las pulgas, el hombre y las galaxias.
Hoy por hoy se supone un relativo, precario y casi seguramente transitorio
consenso entre los científicos, respecto a que el “Big Bang” es la situación
o momento límite o singularidad temporespacial, previo a la cual nada se puede
aseverar a ciencia cierta, ni sobre el tiempo ni sobre el espacio, lo que es
algo muy diferente a tener que aceptar que antes del “Big Bang” nada existía
o que nuestro universo surgió de la nada, como un milagro inesperado.
Al modo en que en su momento se pensaba que las supernovas o los agujeros negros
eran acontecimientos o fenómenos extraños en el cosmos y hasta se dudaba de su
existencia, hoy se sabe que se trata de sucesos que ocurren en infinidad de
lugares en la inmensidad de todo el universo y también hay especulaciones científicas
que nos hablan de numerosos “Bigs Bangs” de todos los tamaños, que suceden
casi cotidianamente en la relativa infinitud del espacio, tal cual lo afirman
Sean Carroll, profesor asistente de física en la Universidad de Chicago, junto
a la estudiante graduada de la misma universidad Jennifer Chen (1), generando
nuevos y particulares universos a partir de las crisis gravitacionales en las
entrañas de los temibles agujeros negros a través – quizás - de tan
insondables como desconocidos, por el momento, agujeros de gusano.
También y desde diferentes disciplinas otros autores coinciden con estos
flamantes criterios, así en su libro: “El Infinito en la palma de la mano”,
Matthieu Ricard, monje budista de origen francés con formación científica en
biología y Trinh Xuan Thuan, astrofísico de origen vietnamita (Editorial
Urano; 2001; pag.37), nos dicen:
“La noción de comienzo es, sin duda, una preocupación esencial de todas las
religiones y de la ciencia. La teoría del Big Bang, según la cual el universo
fue creado hace aproximadamente quince mil millones de años, simultáneamente
con el tiempo y el espacio, es la que mejor explica el universo observado. El
budismo aborda este problema de una manera muy diferente. Se pregunta, en
efecto, si es realmente necesario que exista un comienzo y se interroga sobre la
realidad de lo que de esta manera habría cobrado existencia.
El Big Bang de la física, ¿es una explosión primordial o el comienzo de un
determinado ciclo en una sucesión sin principio ni final de un número
incalculable de universos?
¿Nos permiten nuestros conceptos habituales entender la noción de origen, o de
ausencia de origen?
¿Acaso esta noción no refleja nuestra tendencia a cosificar los fenómenos, es
decir, a considerarlos cosas dotadas de realidad intrínseca”...
Siguiendo el orden de estos razonamientos o dudas y coherentemente con lo
expuesto anteriormente, creo que se puede definir “la nada” como la carencia
o ausencia absoluta de elementos que puedan interactuar directa o indirectamente
con elementos sensibles de nuestro intelecto (nuestro cerebro, el sintonizador),
en una determinada y acotada región tanto del espacio como del tiempo.
Por supuesto se trata siempre de algo transitorio y preñado de potencialidades.
Entonces y mas allá de una posible interpretación religiosa, cuando hablamos
de la nada como posible situación previa al “Big Bang” evidentemente
estamos en presencia de una simple declaración de ignorancia o de un error, una
explicación equivocada y habrá que pensar en una nueva concepción de lo que
es la nada tal como propongo mas arriba, ya que por definición, la “nada”
nada contiene, ni tiempo ni espacio ni siquiera polvo de ninguna clase.
Aún las fluctuaciones cuánticas requieren que algo fluctúe, sean partículas
reales o virtuales, mas allá de cualquier juego de palabras.
Racionalmente y solo para usar lo que algunos consideramos el mejor método que
tenemos los seres humanos para interpretar las cosas de la “realidad”
mediante argumentos fundamentados en la razón lógica y corroborados por los
datos empíricos de la experiencia, parece haber únicamente tres estados o
situaciones posibles, antes o previas al momento del hipotético origen de este,
nuestro conocido universo o particular “Big Bang”:
- La estéril y contradictoria nada sobre la que ya hemos dado suficientes
argumentos lógicos para descartar como generadora de “realidad” alguna.
- Que exista solamente algo, lo que parece incompleto y no encuentro un
argumento lógico que lo sustente, a menos de aceptar la validez de una metáfora
como el “sintonizador”, que se describe mas adelante.
- Finalmente nos queda la alternativa del “Todo”, tanto lo que podamos como
lo que no podamos imaginar hoy en día, que no parece tener contradicciones lógicas
y también encuentra justificación en el marco de la metáfora del
“sintonizador” que la acompaña y complementa desde la perspectiva de la
conciencia humana o consciencia.
Por mi parte y ajustándome a la coherencia explicativa que pretendo sostener,
encuentro mas lógico, factible, sencillo, razonable y útil, creer o pensar que
nuestro universo nació, emergió, como parte o algo (¿ un ciclo?) de un
“Todo” – original, previo y permanente, constituido por la totalidad de
los elementos básicos o elementales de la naturaleza - que por el momento se
encuentra, en su mayor parte, "mas allá" de nuestra sensibilidad y
posibilidad de comprensión actual, pero no de un cierto grado de argumentación
fundamentada.
De las particulares, nuevas (aunque no necesariamente únicas o inéditas) y
diferentes relaciones - interacciones - entre algunos componentes de ese
“Todo” permanente, nacieron y nacen, emergieron y emergen -, en cada
singularidad espaciotemporal conocida como "Big Bang", distintos
elementos con diferentes características que evolucionaron, y evolucionan en
organismos de complejidad creciente que aprecian el tiempo y el espacio, por
caso: nosotros en éste nuestro universo.
¿A que me refiero?, ¿de que está constituido ese “Todo”?, ¿por qué digo
que la “realidad” que percibimos es solo una parte de ese “Todo”
permanente?, trataré de explicarme :
Capítulo 2
Desarrollo de la teoría del
“Todo” y la metáfora del “Sintonizador”:
En primer lugar y luego de superar la básica
duda cartesiana y el éxtasis que, en algunos de nosotros produce el saber y
comprobar que existe “algo” en lugar de “nada”, entiendo que aún con
las restricciones y limitaciones que impone el lenguaje, se debe intentar
definir ciertos elementos que permitan encarar coherentemente y en consonancia
con los datos que nos proporciona la experiencia fáctica, una respuesta a
preguntas tales como:
¿Qué es lo que “existe”? ¿De que está compuesta la “realidad”?
Seguramente que la mayoría coincidiremos en que decir que la realidad es lo que
es o que las cosas son lo que son, es una soberana tautología que no ayuda en
absoluto en la tarea de comprender la naturaleza.(definiendo a esta como todo lo
que nos rodea, inclusive nosotros mismos y las mutuas relaciones, según las
experiencias que nos propone la vida).
Probablemente también la inmensa mayoría coincidirá en que cada cosa,
elemento o individuo tiene una naturaleza propia, singular, única y definida,
es decir Perón era J.D.Perón el presidente argentino de los primeros años de
la década de los cincuenta del siglo pasado, Julio César fue el emperador
romano en los años 50 aC , J. F. Kennedy fue el presidente norteamericano
asesinado en Dallas, Texas, un día de noviembre de 1963, Adolf Hitler fue el
dictador alemán que desató la segunda guerra mundial, la mona Chita era la
mona del Tarzan de Edgard Rice Bourroghs, Rin Tin Tin fue el perro generoso y
justiciero que todos recordamos de la serie de TV, como así también cada uno
de los numerosos homónimos o no de estos personajes y cada átomo, cosa, partícula
o individuo del universo conocido, tuvo, tiene o tendrá su propia, única y
particular identidad o entidad en el tiempo y en el espacio.
Bien,... según la Teoría Cuántica todo esto puede no ser enteramente cierto
(o al menos constituir una sola y parcial versión de la naturaleza infinita de
las cosas); veamos:
Según el principio de complementaridad (Bohr, Heissemberg), también conocido
como la paradoja de la dualidad onda/partícula, los elementos subatómicos
constitutivos de toda la “realidad” o materia/energía conocida, pueden ser
o comportarse: ora como una partícula, ora como una onda y como si esta
barbaridad fuera poco, según el principio de incertidumbre (Heissemberg), estos
engendros multifacéticos pueden encontrarse en cualquier punto del
espacio-tiempo, sin poder establecerse simultáneamente, su preciso estado de
posición y movimiento.
Aceptando la validez de estos principios (y parece que la ciencia lo hace),
considerando que cada elemento de la “realidad” es en última instancia el
resultado de una interacción objeto/sujeto y viceversa, tenemos inexorablemente
que admitir que dicho elemento considerado puntual en el espaciotiempo
tradicional, admite ahora, (a la luz de los mencionados principios cuánticos)
también complementariamente una interpretación múltiple, al tomar la partícula
como una onda y será en esa consideración una multiinteracción.
Si a esta altura del razonamiento Ud. comienza a desconfiar del mismo, no se
sienta mal ni crea que es el único escéptico; el propio Albert Einstein,
siempre rechazó estos supuestos (“Dios no juega a los dados”, decía ) y
hasta el día de su muerte intentó refutarlos.... infructuosamente.
La Teoría Cuántica es la mas exitosa y abarcativa de todos los razonamientos
de la ciencia física y en y por ella se postula que es posible que no exista
una sola “realidad”; pueden existir potencialmente infinitas
“realidades” e identidades, tantas como elementos – ora objetos/sujetos,
ora sujetos/objetos- que interaccionan.
Borges expresa poéticamente estas dudas sobre la entidad e identidad de las
cosas, el imposible retorno del tiempo y su relación con la múltiple
consciencia de ser, lamentandose en el ensayo: "Nueva refutación del
tiempo", escrito en 1946 e incluido en Otras inquisiciones (1952):
“And yet, and yet... Negar la
sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico, son
desesperaciones aparentes y consuelos secretos.
Nuestro destino (a diferencia del infierno de Swedenborg
y del infierno de la mitología tibetana) no es espantoso
por irreal; es espantoso porque es irreversible y de hierro.
El tiempo es la sustancia de que estoy hecho.
El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río;
es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre;
es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego.
El mundo, desgraciadamente, es real;
yo, desgraciadamente, soy Borges”
También en “El jardín de los senderos
que bifurcan”, Borges , a través de sus personajes, nos habla de sus
sospechas sobre la potencial multiplicidad de la “realidad”:
“....En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas
alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts´ui
Pên, opta –simultáneamente- por todas. Crea, así, diversos porvenires,
diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan. De ahí las
contradicciones en la novela. Fang, digamos, tiene un secreto; un desconocido
llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente, hay varios desenlaces
posibles: Fang puede matar al intruso, el intruso puede matar a Fang, ambos
pueden salvarse, ambos pueden morir, etcétera. En la obra de Ts´ui Pên, todos
los desenlaces ocurren...”.
Mas pronto que tarde debo explicitar que en mi opinión, se puede argumentar la
existencia de una naturaleza básica, permanente, compuesta por algo así como
una clase de elemento/onda indeferenciado o dimensión primordial, tal el caso
del “oscilador o resonador unidimensional” del que hablan las últimas
especulaciones fisicomatemáticas (ver entre otras la página o sitio de
Internet www.geocities.com/macpetrol/Ondas_y_ Partículas.html del Ing. M.
Crotti , o quizás las membranas de la trabajosa pero potencialmente prolífica
“Teoría M”, según Edward Witten, ganador de la medalla Fields en 1990 –
equivalente al premio Nobel en matemáticas –y otros reconocidos pensadores,
que no suelen perder su tiempo a tontas y a locas), del cual o con el cual, por
distintos tipos de interacciones entre sí, emergen fenómenos, elementos o
dimensiones diferentes, que al evolucionar – nuevas interacciones a cada nivel
– dan lugar a su vez a la aparición (estuve tentado de agregar aquí la
palabra “final”, pero me parece exageradamente antrópico) de novedosas
características, entre las cuales están aquellos individuos,- por ejemplo
nosotros -, que tienen entre otras, propiedades autoconscientes.
A esa naturaleza básica, permanente, omnipotencial, quizás unidimensional y
continua, donde no existe propiamente una flecha del tiempo, la llamo el
“Todo”; en palabras del celebrado físico americano Richard Phillip Feynman
(USA 1918- 1988 )( Nobel de física 1965) : “the sum of all the stories”.
Sabemos por propia experiencia que existe al menos un universo- el nuestro -
formado en la singularidad que conocemos como “Big-Bang” y que evolucionó,
entre otras emergencias, hasta uno de esos tipos de fenómenos con conciencia,
consciencia y conocimiento de una parte del “Todo”, que identificamos como
ser humano, homo Sapiens Sapiens, hombre, en fin, nosotros, los
“sintonizadores” del “Todo”, que conformamos algo que definimos como la
“realidad”.
La “realidad” que conocemos, que percibimos y aceptamos como tal, la
“realidad” del universo físico, es experimentada y reconocida por nosotros
a través de varios conductos: vemos algo con nuestros ojos, oímos algo con
nuestros oídos, olemos algo con nuestra nariz, tocamos algo con nuestras manos
o el roce de nuestra piel, y luego que estas diferentes señales o interacciones
con el mundo exterior son procesadas en alguna parte y forma por nuestro
cerebro, decidimos que hay, conocemos, sentimos, o sabemos “algo”, en síntesis,
conformamos una “realidad”.
No hay evidencia científica alguna sobre ninguna otra clase de interacción de
nuestro cerebro con el mundo que nos rodea; hablando seriamente no se ha
demostrado, a pesar de lo mucho que se ha buscado, la existencia de ninguna
forma de comunicación extrasensorial, telepatía, o esoterismos similares, que
en caso de existir también se tratarían de interacciones.
Es decir, científicamente hablando, son solamente nuestros sentidos los que
interaccionan con algunos elementos del mundo exterior o medio ambiente que nos
rodea, generando determinadas señales que transmiten a nuestro cerebro; pero de
la única forma que conocemos y somos conscientes de ese “algo” u objeto
externo es a través del posterior procesamiento neural (o mental, si Ud.
prefiere) de esas señales en el interior de nuestro cerebro/sintonizador.
Conviene reiterar y resaltar que si bien nuestros sentidos reciben desde el
mundo exterior diferentes tipos de señales: ondas de luz en nuestros ojos,
ondas de sonido o vibraciones del aire en nuestros oídos, vapores, gases o
suspensiones aéreas en nuestra nariz, soluciones líquidas en nuestra boca y
lengua o contactos de nuestra piel con diferentes cuerpos y superficies, etc,
etc, ninguna parte, “partícula” u onda de esos cuerpos, substancias,
objetos, o cosas externas, llega directamente a nuestro cerebro para su
interpretación, solo se trata de interacciones.
Así el sonido, los olores, los sabores, los colores, etc, etc, tal y como los
percibimos, no existen en el mundo exterior a nosotros, son percepciones y
sensaciones que se concretan y reconocemos como tales en nuestro interior, en
nuestra conciencia y consciencia, al interactuar las ondas/ partículas (ondas
de presión de aire, radiaciones de materia y/o energia, distintos átomos y moléculas,
etc, etc) de ese mundo o medio ambiente exterior, con los correspondientes
terminales nerviosas de nuestros sentidos. Como lo expresa mas espiritualmente
pero con el mismo razonamiento, el ya mencionado y conocido químico suizo de
Laboratorios Sandoz, Dr Albert Hoffman (descubridor casi accidental del LSD y
explorador de lo que hoy se conoce como “estados alterados de conciencia”):
“......Siempre tenemos un impulso exterior, quizás químico si comemos algo,
y esta química en mi interior produce un impulso que llega hasta el cerebro y
mi mente dice: "dulce, dulce...". Así, toda esta conexión entre el
mundo material y el espiritual sucede en nuestro cerebro, en los centros del
cerebro. Hasta ahí podemos reseguir las ondas energéticas que vienen del
exterior... pero ahí empieza el mundo espiritual porque, por ejemplo, el sonido
no existe en el exterior, allí sólo existen vibraciones de aire, el sonido tal
y como lo percibimos es espiritual, lo mismo con los sabores y las imágenes...”
Las terminales nerviosas de nuestros sentidos son las encargadas de captar (al
modo que lo haría la antena de un sintonizador) y transmitir (al modo que lo
harían los conductores de un sintonizador) las señales codificadas con la
correspondiente información desde el objeto (el algo o parte del “todo”
exterior), hasta diferentes zonas del cerebro, en forma de procesos electrobioquímicos,
llamados impulsos nerviosos (sinapsis, potenciales químicos, electroquímicos,
neurotransmisores, etc), procesos bastante bien conocidos, basados esencialmente
en interacciones electromagnéticas de alguna manera parecidos o similares a las
corrientes eléctricas en los conductos de los sintonizadores, para finalmente
en una tercer etapa, ser procesadas en el interior del cerebro donde dichas señales
se transforman en conciencia, conocimiento, consciencia y eventualmente
distintas acciones como manifestación eferente, en modo equivalente, aunque
mucho mas complejo, en que las ondas electromagnéticas e invisibles del
“eter” se transforman en determinadas y precisas ondas de presión de aire
(sonidos de radio) u otro tipo de radiación lumínica codificada y visible (imágenes
de TV) en los diferentes tipos de sintonizadores.
Nada del mundo exterior a nosotros, ni ondas ni partículas, entra o es
procesado o interacciona en forma directa con nuestra mente o cerebro, solo se
trata de la transmisión y procesamiento de codificadas señales electrobioquímicas
específicas y bastante bien conocidas, producto de las interacciones de nuestro
sistema sensorial (el sintonizador) con el mundo ó medio ambiente exterior (el
algo o parte del Todo), ...de nuevo, solo interacciones.
A tal punto ha llegado el conocimiento de las dos primeras etapas de este
proceso, que ya la cibernética nos subyuga con sus posibilidades de “realidad
virtual”, que poco o nada tiene que ver con objetos concretos del medio
ambiente exterior, sino que son simplemente señales artificiales que imitan y
reemplazan al proceso natural en dichas etapas. También en algunos centros médicos,
son operaciones cotidianas los implantes cocleares donde un mazo de electrodos
son conectados directamente al cerebro para remedar la audición del individuo
afectado por cierto tipo de sordera y similares esfuerzos se están realizando
para lograr la visión artificial o, en el sentido eferente, lograr mover
objetos con el pensamiento a través de. circuitos eléctricos conectados
directamente o vía inalámbrica entre el cerebro y algún tipo de robot, una
vez codificadas las señales motoras desde el cerebro del individuo.
Capítulo 3
Formación de la conciencia ,
conocimiento y consciencia
Si bien todavía nadie puede aseverar a
ciencia cierta en que lugar específico de nuestro cerebro/”sintonizador” se
producen los fenómenos de la tercer etapa que conocemos como conciencia,
conocimiento y consciencia, ni tampoco los mecanismos que los explican, existe
una coincidencia mayoritaria – particularmente argumentada y fundamentada en
el ámbito de las neurociencias - en suponer que los mismos consisten en nuevas
trayectorias o trazas neuronales que se crean con cada experiencia y se fijan
con la reiteración de la misma en conjunción o complementariamente a las
conexiones preexistentes en el cerebro/sintonizador de cada especie, según su
conformación genética.
Según nos informa desde su mas que interesante artículo en Internet:
“Representación mental y consciencia”, el investigador Dr. Fernando
Cardenas Parra, del Departamento de Psicobiología de la Universidad de San
Pablo, Brasil:
“... Anatomía y fisiología de la representación cerebral
Millones de elementos son captados en cada instante gracias a los sistemas
perceptuales que, funcionando como filtros, permiten el paso de sólo una
infinitésima parte del mundo externo, la parte que a lo largo de la historia
evolutiva de la vida en este planeta resultó de importancia crucial para el
automantenimiento de los organismos.
Además de no corresponder a la totalidad del mundo real, este reflejo de
diferentes características de la materia, es traducido por los receptores
sensoriales en señales nerviosas y como tales se mantiene al interior del
sistema biológico, a pesar de que luego de algún tiempo pueda ser transformado
en "outputs" de naturaleza motriz, endocrina, exocrina, cognoscitiva o
verbal.
Rastreando la anatomofisiología de las diferentes vías sensoriales, se llega a
la determinación de un proceso de desintegración de las unidades perceptuales
en sus mínimos componentes.
Inicialmente la información ambiental excita a alguna población de receptores,
los cuales en su conexión con las terminaciones (o más apropiadamente
iniciaciones) nerviosas, transducen tal información en actividad nerviosa en la
forma de una modificación local de las acumulaciones iónicas transmembrana de
Na+ y K+, modificación ésta que avanza a lo largo del axón a
velocidades entre los 20 y los 120 ms/sg, culminando en los pies terminales de
la neurona con la liberación de substancias transmisoras, las cuales a su vez
actúan como un nuevo estímulo para las neuronas u otras células sobre las
cuales establecen contacto; este proceso, en el caso de los sistemas sensoriales
(excepción hecha del sistema olfatorio), llega hasta una serie de agregados
neuronales o núcleos denominados en conjunto tálamo, con una organización tan
precisa que es posible determinar mapas de representación somática, visual o
auditiva en los núcleos ventral posterolateral, geniculado lateral y geniculado
medial, respectivamente.
Semejantes mapas del cuerpo, la retina o la cóclea, se mantienen en la corteza
cerebral con idéntica precisión, una vez que los impulsos son retransmitidos
desde el tálamo.
Obviamente la información no mantiene un recorrido único en serie, es decir,
los impulsos nerviosos originados en determinados receptores, además de ser
transmitidos hacia la corteza cerebral, son enviados hacia otros lugares (amígdala,
hipocampo, colículos superiores e inferiores, formación reticular, etc.),
proceso que evidencia una organización arquitectónica en paralelo, simultánea
con una en serie; basada en los principios de convergencia y divergencia de la
conectividad sináptica, conformando así redes o mallas de procesamiento de
información.
La activación recurrente de los mismos nodos de conexión, establece un proceso
que constituye una ganancia evolutiva sin precedentes, pilar del desarrollo de
los sistemas biológicos animales: la memoria; inicialmente por una simple
facilitación electroquímica para el trabajo de determinadas conexiones sinápticas
(memoria a corto plazo), y posteriormente como generación de nuevos contactos
sinápticos, es decir, modificación física de la estructura misma (memoria a
largo plazo o memoria permanente)....”
Y entre otras consideraciones, nos recomienda tomar con cuidado las siguientes:
“. Conclusiones parciales
Evidentemente la consciencia, a pesar de ser un proceso cerebral, no puede ser
localizada puntualmente en ninguna región restringida, correspondiendo entonces
más a un trabajo temporal de los circuitos anatómicos excitados externa e intrínsecamente;
"...la anatomía como espacio y la fisiología como dinámica
temporal" (Jaramillo, D., en prensa).
Uno de los puntos más impactantes que surge de lo hasta aquí presentado, hace
referencia a que la modificación fisiológica (en ritmos de actividad, patrones
de pulsos, o trenes de potenciales evocados en determinadas poblaciones
neuronales tanto talámicas como corticales), ocasionada al interior del sistema
por la estimulación recibida, es mínima; esto es, existe un telón de fondo
(la actividad espontánea del sistema), sobre el cual la información recibida
establece una pequeña alteración
. Rápidamente se pueden extraer al menos tres consecuencias importantes de esta
afirmación:
a) mínimas variaciones de la actividad espontánea conducen a percepciones
subjetivas ampliamente diferentes, con lo cual la variabilidad potencial de
situaciones subjetivas diferentes es infinita, tal como lo es la variabilidad
potencial de estados fisiológicos diferentes.
b) la experiencia subjetiva en cuanto tal, existe ya al interior del sistema y
la información sensorial externa sólo afinaría esta experiencia, exaltando
algunos rasgos y difuminando otros.
c) la diferencia entre la consciencia subjetiva experimentada por los organismos
dependería únicamente de la diferenciación relativa de su organización
anatomofisiológica; sin embargo la similitud de los estados subjetivos de
consciencia es, en virtud de la similitud genética del diseño de los
organismos pertenecientes a la misma especie, inmensa:
Esto es: nuestros mundos subjetivos son mucho más parecidos de lo que desearíamos,
de ahí que podamos compartir consensos o lograr empatía (entendida como
colocarse en la posición de otro.)
Relacionando los datos obtenidos por Mountcastle V., y Edelman, G., en torno a
la organización funcional de la corteza cerebral en columnas corticales o módulos,
con los conceptos discutidos, se hace posible introducir ciertas ideas sobre las
cuales hilar los fenómenos experimental y clínicamente hallados, y con ello
encontrar una mayor coherencia a las conclusiones mencionadas en el anterior párrafo....”
Tan rápido es el continuo avance de la evolución y el conocimiento que de ella
tenemos, que en la misma mañana que estoy mandando el manuscrito original de
este resumen, recibo, también por Internet en la página “Tendencias
Sociales”, la información de un artículo o comunicado de la Universidad de
Chicago,
(http://www-news.uchicago.edu/releases) /06/060131.regier.shtml , donde se
informa que estudios realizados por varios investigadores de esa Universidad y
la de Berkeley, California , parecen demostrar y confirmar que el lenguaje que
hablamos afecta nuestra percepción de la realidad y en particular lo que
percibimos en la mitad derecha del campo de percepción. Esto que a primera
vista parece algo increíble, cobra sentido cuando pensamos que el procesamiento
del lenguaje se realiza preponderantemente en el hemisferio izquierdo del
cerebro que como sabemos es el que recibe directamente la información del campo
visual derecho. Las pruebas experimentales realizadas muestran claros indicios
de la participación del lenguaje en la interpretación de la “realidad” por
parte de los individuos de diferentes culturas estudiados.
Ampliando esta flamante información, digo entonces que es posible sospechar que
la “realidad” que hoy conocemos puede no ser todo lo que existe, que pueden
existir otros elementos del Todo (para nuestro presente: año 2006 dC) que aún
no han interactuado con nuestros sentidos, quizás por no requerirlo hasta el
momento nuestra rama evolutiva y por lo tanto no se han incorporado a nuestro
conocimiento y especulaciones actuales; por ejemplo, un candidato a emerger próximamente,
aunque parcial y quizás solo válido para nuestro universo, que se ha perfilado
fuertemente entre los astrónomos, físicos y cosmólogos en estos últimos años,
es la enigmática: “masa y/o energía oscura”, que algunos cálculos sitúan
entre 20 y 25 veces la suma de toda la masa y energía conocida (bariónica),
como factor y valor necesario para que “cierren”ciertos números de lo que
se conoce como “Modelo Estándar”.
Digo también que el hombre reconoce solo una parte del “Todo”, porque es
obvio y evidente que constantemente, día a día, se agregan cosas a su
“realidad”, a su conciencia, su consciencia y al conocimiento general, en un
proceso evolutivo que ya - casi - nadie discute a pesar de las dudas sobre su
origen.
Sobre este presumido aumento permanente de nuestra capacidad de comprender la
naturaleza, de “sintonizar” el “Todo”, cabe – entre otras - una
reflexión curiosa, enigmática o paradojal, que podemos resumir en un
comentario contradictorio a primera vista:
Parecería que cuanto mas conocemos del “Todo” mas aumenta nuestra
ignorancia, o expresado de otra forma: por cada respuesta que obtenemos a una
pregunta, surgen varias nuevas preguntas, u otra forma extrema de expresarlo: a
medida que se amplia el campo de nuestros conocimientos, nos damos cuenta que
lamentablemente es mayor aún el horizonte de nuestra ignorancia..., de allí mi
duda sobre lo que podemos presumir.
Empleando una expresión de nuestro argot o lunfardo futbolero: “la evolución
nos corre permanentemente el arco”... y esto realmente causa un cierto
escozor.
Para mejor interpretar como funciona la conciencia, la consciencia y el
conocimiento del ser humano, recurro a una figura conocida, una metáfora y
propongo entonces el modelo o parábola del “sintonizador”, como explicación
de cómo interactúa el organismo del hombre, especialmente sus sentidos,
cerebro e intelecto, con el “Todo”, generando conciencia, conocimiento,
consciencia y eventualmente acciones eferentes.
Capítulo 4
Conciencia vs. Consciencia
A esta altura del razonamiento y teniendo
en cuenta la confusión que existe en la mayoría de los idiomas conocidos
respecto al significado de las palabras: conciencia, consciencia,
autoconciencia, etc, etc, al solo efecto de su empleo en este resumen del
ensayo: “Borges, Teoría....”, quizá sea útil realizar algunas
aclaraciones sobre la terminología usada:
Cuando empleo el término conciencia (consciousness), me refiero a la capacidad
que tienen, en mayor o menor grado, todos los seres vivos de captar el medio
ambiente o mundo exterior que los rodea y actuar en consecuencia, por ejemplo:
alejarse o defenderse de los peligros, conseguir el necesario sustento o compañia
sexual, etc, etc.
En cambio con el término o palabra consciencia (awareness) quiero hacer
referencia a la facultad que tienen y así pueden expresarlo, casi
exclusivamente o en mayor grado, los seres humanos mentalmente sanos y
desarrollados, en su interacción con el medio ambiente cuando están despiertos
y atentos
Por supuesto es posible considerar en ambos casos, tanto de la conciencia
(consciousness) como de la consciencia (awareness), diferentes grados de atención,
concentración y otras circunstancias que tornan difusos los límites de las
definiciones dadas, pero no hay casi ninguna duda – al menos en la consideración
de las neurociencias - de que se trata siempre de “propiedades emergentes”de
la interacción del SNC de cada individuo, particularmente su cerebro, con el
medio ambiente que lo rodea, generando en primera instancia cierto tipo de
representación mental y también diferentes tipos de eventuales
“abstracciones” internas conformadas o producidas por la actividad neural
consecuente.
Aparentemente hay un procesamiento neural especifico que se supone se produce
redundante y comparativamente solo en los extendidos lóbulos frontales del
hombre y es esta estructura cerebral complementaria la responsable de la aparición
de la consciencia, los qualia y otras manifestaciones exclusivas de los seres
humanos,
Mucho de lo que se está trabajando en este tema es posible visualizarlo o
apreciarlo en cualquier buscador de Internet; por ejemplo en Google si buscamos
“Awareness vs. Consciousness “ o Self-Awareness vs. Consciousness, podemos
encontrar mas de un millón cuatrocientas mil (1400000) variopintas citas en
inglés y aproximadamente unas seiscientas y pico (650) también variopintas
citas si preferimos el español de: “Conciencia vs. Consciencia”, con
interesantes trabajos y artículos referidos al tema.
En ellos se aprecia que tanto en inglés como en español, ambos términos o
palabras: “awareness o consciousness· en inglés, como así también
“conciencia o consciencia” en español, son prácticamente sinónimos y hay
que hacer sesudas elucubraciones para establecer sutiles pero, para algunos análisis
como el nuestro, importantes diferencias de interpretación, como por ejemplo
considerar o no la representación mental en un caso, los qualias, la
self-awareness o auto conciencia en otros, etc, etc.
En mi caso trato de establecer por este medio claramente una diferencia que no
establecen ni se reflejan en los correspondientes diccionarios de ambos idiomas
para cada uno de estos términos y que el innegable proceso evolutivo ha
establecido entre el funcionamiento del cerebro/mente/sintonizador humano y el
correspondiente a los demás organismos vivos.
Como vemos, las limitaciones que a veces nos impone el lenguaje pueden ser
superadas si consensuamos, acotamos y aclaramos previamente la fraseología a
emplear; algo que parece fácil en primera instancia, pero que en la práctica
el esoterismo y ciertos casos de recalcitrantes fundamentalismos, se encargan de
negar.
Todavía hay quienes rechazan enfáticamente el proceso evolutivo o darwinismo,
entre otras razones por no contar aún con el “eslabón perdido” perfecto,
cuando en realidad son miles los fósiles y otros elementos encontrados de
nuestros antepasados, como herramientas, ornamentaciones, etc, que debidamente
fechados y clasificados, brindan incontrastables pruebas de un casi rutinario
proceso evolutivo, como dice el refrán: “no hay peor ciego que el que no
quiere ver”
Capítulo 5
Cosas concretas y abstractas
Creemos y decimos que “existen”
diferentes tipos de cosas, pero en una primer instancia podríamos clasificarlas
completamente a todas ellas en solo dos grandes grupos:
a- las cosas concretas que pueden ser detectadas directamente (o también
indirectamente a través de instrumentos), por nuestros sentidos, y que tienen
localizaciones y dimensiones definidas en el tiempo y el espacio, como por
ejemplo: el agua, una manzana, un fuego, una piedra, el aire, el sol, los
planetas, un árbol, las radiaciones, un libro, los animales, los átomos, etc.
b- Las cosas abstractas o ideales que son producto de la actividad mental o
cerebral, como por ejemplo: la moda, Dios, la belleza, la verdad, el bien, el
mal, el diablo, los ángeles, el deseo, el amor, los números, el tiempo, el
espacio, el alma, las ideas, en fin: memes, procesos y conceptos en general que
no tienen dimensiones espacio/temporales definidas.
Es mucho lo que correspondería agregar sobre la naturaleza y características
de las cosas tanto las concretas como las abstractas y como mínimo se puede
puntualizar lo siguiente:
- Desde el comienzo de los tiempos y aún en el presente, se están incrementado
constantemente la cantidad de cosas que “existen”, tanto las concretas como
– solo a partir de la aparición de la consciencia -, las abstractas.
- Hasta hace poco tiempo atrás las cosas concretas parecían tener un cierto
grado de independencia del observador y esto aún sigue siendo válido para los
objetos macroscópicos, pero la situación cambia dramáticamente desde que
accedimos al nivel cuántico o microscópico o subatómico; en cambio las cosas
abstractas mantienen dentro de su subjetividad, un cierto “toque personal”
que cada individuo define por las suyas.
- Todas las cosas concretas pueden conceptualizarse y simbolizarse pasando a ser
abstractas, pero no todas las abstractas pueden tener su correlato concreto.
-También debemos decir que ambos tipos de cosas están expuestas a un
permanente intercambio de “estatus” y atributos; así en su momento los átomos,
los electrones, etc, fueron solo abstracciones o especulaciones en la
mente/cerebro /sintonizador de los científicos, mientras que hoy en día la
ciencia y la tecnología permiten manejar dichos objetos tanto en el tiempo como
en el espacio, con tanta o mayor precisión con que Maradona maneja una pelota.
De similar manera, pero en sentido inverso, esos mismos elementos concretos
hasta hace pocos años, hoy se difuminan en un conjunto de indeterminaciones e
incertidumbres cuando se quiere explicar su estructura interna a la luz de los
poco creíbles principios de la teoría cuántica.
A este proceso lo llamamos evolución cognitiva y aunque no conozcamos todavía
todos sus detalles, creemos que sigue ciertas pautas inteligibles. Por ejemplo:
quarks, electrones, positrones, radiaciones, pulsares y galaxias, etc, etc, que
hoy son cosas reales y concretas, al menos para el hombre de ciencia,
seguramente no formaban parte de ninguna "realidad" ó
“existencia” para cualquier humano de la Edad Media, ni siquiera de las mas
esotéricas fantasías de aquellos tiempos y menos aún de nuestros antepasados
del Paleolítico y sin embargo bien sabemos que esas cosas concretas estaban allí
igual que ahora lo están, formaban parte de ellos y los acompañaban como
silenciosos, indiferentes y desconocidos compañeros de aventuras, en la misma
forma en que hoy no podemos tener idea de que otras cosas nos rodean ó de las
que estamos actualmente constituidos y que sí “existirán” o serán
“reales” en el año 3050 - por decir una fecha - y suponiendo que para
entonces todavía haya conciencias y consciencias que las detecten.
Reiterando el razonamiento, podría argumentarse que los elementos antes
mencionados son de alguna manera meras y nuevas combinaciones de la materia ya
conocida ó existente, pero no es tan así, ¿cuál era esa materia conocida que
"existía" para nuestros antepasados?
Hasta donde sabemos los griegos pensaban que el mundo estaba constituido por
partículas elementales e indivisibles que Demócrito llamó átomos,
provenientes de cuatro tipos de materiales básicos: agua, tierra, fuego y aire,
de cuya combinación surgían todos los demás objetos de la
"realidad"; mas tarde, en el curso de los siglos XVII, XVIII y XIX,
aparecieron los casi un centenar de elementos químicos que hoy integran la
tabla periódica; También en el siglo XIX hicieron irrupción las diferentes
radiaciones y recién el siglo pasado se incorporó la antimateria a la
"realidad" cotidiana, por solo mencionar algunos últimos elementos
"emergentes" al conocimiento, conciencia y la consciencia de la
humanidad.
Algo similar ocurrió y ocurre con las cosas abstractas, ideas, o memes, ellas
también se incrementaron, se desarrollaron, en fin, también evolucionaron y
evolucionan, tanto a nivel filogenético como ontogénico en cada individuo.
Sin dudas borrosa, esquiva y voluble es para el ser humano la frontera – si
existiera - que separa las cosas concretas de las abstractas; nadie duda hoy en
día que un chip o una computadora son cosas de la “realidad” concreta, pero
en algún momento no fueron mas que meras abstracciones o especulaciones científicas;
solo por nuestra necesidad de categorizar las cosas para mejor entenderlas y
comprenderlas a través del lenguaje, que es la herramienta que los humanos
usamos para entendernos y comprendernos, dividiendo entonces las “naturales”
de las “artificiales” como si fueran diferentes, cuando es posible también
considerarlas como una simple - o compleja, si Ud. prefiere - continuidad
evolutiva
Capítulo 6
Lo que “existe”
Vemos entonces que hay una relación muy
cercana entre lo que "existe" y nuestra consciencia, es decir un poco
al modo que lo expresaba el obispo G. Berkeley allá por el 1700 y pico: “ser
es percibir”,... que no es lo mismo - en absoluto - que decir que percibimos
“todo” lo que existe.
Trataré a continuación de explicitar mis coincidencias y diferencias con esa
posición idealista:
En su: “Tratado sobre los principios del conocimiento humano”, G. Berkeley
nos dice:
"Hay algunas verdades que son
tan próximas a la mente y le son tan obvias, que un hombre sólo necesita abrir
los ojos para verlas. De éstas, hay una de suma importancia, a saber: que todo
el coro de los cielos y cosas de la tierra, o, en una palabra, todos esos
cuerpos que componen la poderosa estructura del mundo carecen de una
subsistencia independiente de la mente, y que su ser consiste en ser percibidos
o conocidos; y que, consecuentemente, mientras no sean percibidos por mí o no
existan en mi mente o en la de algún espíritu creado, o bien no tendrán
existencia en absoluto, o, si no, tendrán que subsistir en la mente de algún
espíritu eterno. Pues sería completamente ininteligible y conllevaría todo el
absurdo de una abstracción el atribuir a cualquier parte de esas cosas una
existencia independiente de un espíritu.”
O también como nos dice Borges:
Curioso de la sombra
y acobardado por la amenaza del alba
reviví la tremenda conjetura
de Schopenhauer y de Berkeley
que declara que el mundo
es una actividad de la mente,
un sueño de las almas,
sin base ni propósito ni volumen. J. L. BORGES, "Fervor de Buenos
Aires", (1923)
Coincido con el obispo en que decimos o
definimos como algo que “existe” a todo aquello que es percibido directa o
indirectamente por nuestros sentidos, transmitido por nuestro SNC y procesado
por nuestro cerebro (sintonizador).
Discrepo con el obispo cuando éste niega cualquier tipo de “existencia” a
todo aquello que no sea percibido (directa o indirectamente) por nuestros
sentidos; seguramente se trata de otro tipo de “existencia”, que bien podríamos
definir como potencial o como todo aquello que todavía no ha interactuado
(directa o indirectamente) con nuestro cerebro/sintonizador.
Para fundamentar mi discrepancia, propongo analizar lo que al día de hoy se
acepta como descripción detallada del fenómeno que denominamos “percepción”,
responsable de la conformación de lo que reconocemos como “realidad”, a la
luz de los últimos conocimientos científicos y de los cuales, por supuesto no
disponía el entonces obispo irlandés:
La percepción es la interacción entre el medio ambiente exterior y nuestro
cerebro/mente a través de los diferentes sentidos que conforman la estructura
de nuestro Sistema Nervioso Central (SNC).
Podemos identificar diferentes
etapas del proceso de percepción:
1- Llegada, contacto o interacción de la
señal externa (radiación electromagnética, onda de presión variable,
substancia química, etc, etc), con las correspondientes terminales nerviosas
del SNC.
2- Generación/transducción y transmisión por interacciones electromagnéticas,
de la correspondiente señal electrobioquímica codificada por el/los sistema/s
neuronal/es del SNC actuante/s en cada caso (sinápsis, neurotransmisores, etc).
3-Decodificación e interpretación de la señal recibida, en los diferentes
centros de procesamiento cerebral de la información.
Si bien los detalles descriptos en las dos primeras etapas del proceso
perceptivo están bien estudiados y comprendidos, es la tercer etapa -
justamente aquella donde se cree que reside la conciencia, el conocimiento y la
consciencia humanas – donde permanecen en mayor proporción las dudas de la
ciencia neurobiológica actual.
Este es considerado el “problema duro” de las neurociencias: ¿cuál es,
como y donde se produce el proceso que genera la sensación del “yo”, de
nuestra personalidad e individualidad, en fin, la sede y esencia del
autoconocimiento y la consciencia?
Me animo a pensar en mecanismos neurales similares pero de etapas de
procesamiento posterior, a los que generan otros tipos de sensaciones
elementales como ser el dolor, el placer, la ira, el miedo, en la conciencia de
los animales, a los que la evolución a llevado a procesar en forma mas compleja
y redundantemente en el caso de los homínidos, específicamente en las nuevas
áreas del cerebro humano como es el caso de los lóbulos frontales, la
neocorteza, etc., generándose nuevas sensaciones e inquietudes que no afectaban
a nuestros ancestros animales, como por ejemplo: los valores
intelectuales.(recomiendo la lectura de autores como Lewis Munford en “El mito
de la máquina”, o a Elkhonon Goldberg en “El Cerebro Ejecutivo”, o a
Jhonjoe Mc Fadden en “Quantum Evolution”)
Diferentes trabajos de investigadores en el estudio de ciertas patologías y
accidentes cerebrales que alteran el funcionamiento de esas áreas de
procesamiento de la información, como es el caso de agnosias de distinto tipo -
afasias, amnesias, etc, etc, - han permitido establecer en algunos individuos y,
sin lugar a dudas, que a pesar de recibir las claras señales del medio ambiente
exterior que conforman la etapa primera de la percepción, como así también
funcionar en ellos correctamente el proceso sensitivo/transmisor/transductor
descripto en la segunda etapa, una deficiencia en el tercer y crítico estadío
de interpretación humana, produce la inconciencia y el desconocimiento por
parte del sujeto de las variables afectadas: es decir, la “realidad”
desaparece de su mente, esa “realidad” no “existe” para él; no
reconocerá que la misma se encuentra frente a sus propios ojos bien abiertos y
es probable que hasta se burle de quienes opinen lo contrario. (ver: “The Man
Who Mistook His Wife For a Hat” del neuroinvestigador Oliver Sacks; Editorial
Gerald Duckworth & Co.; Londres; 1985).
Tengo para mí que algo parecido ocurre naturalmente en las restantes especies
animales: al carecer del procesamiento redundante de la tercer etapa exclusivo
del ser humano, todas ellas poseen - en mayor o menor grado, según su
respectiva sensibilidad - una imagen similar, una conciencia equivalente de la
realidad que las rodea, es decir una similar- y aún mejor o mas completa en
algunos casos - experiencia de interacción entre sus sentidos y el medio
externo a ellos, pero ninguna puede procesar esa información en sus respectivos
cerebros para producir adecuadamente consciencia; es decir: saben, pero no saben
que saben, o dicho de otra manera: son y están concientes de y en la
“realidad”, pero no son conscientes de ello, no poseen un mecanismo cerebral
del tamaño – proporcionalmente hablando – y complejidad de nuestra corteza
cerebral, neocortex o lóbulos frontales, que interroga o compara
redundantemente al resto de las funciones neurales.
Al igual que nuestros niños, adolescentes y ciertas personalidades enfermas o
seniles, también ellos tienen la misma “realidad” que nosotros (los adultos
sanos y bien desarrollados cultural e intelectualmente, con todas las salvedades
que esta concepción pueda implicar) frente a sí, pero no tienen la capacidad
intelectual necesaria para interpretarla a nuestro modo; podríamos decir –
solo a guisa comparativa - que padecen diferentes tipos de agnosia asociativa.
Podríamos agregar también que mientras el ser humano adulto y sin patologías
sabe que sabe, por el momento no sabe como sabe lo que sabe.
Una cruel sospecha, aunque también podría llamar secreta ilusión, recorre mi
espinazo: ¿cuáles y cuantas serán las agnosias naturales e innatas de la
especie humana?
Por un lado me angustia el saber o al menos sospechar de la existencia de otros
mundos, universos o dimensiones – las infinitas configuraciones del todo - que
no puedo percibir directamente por esa hipotética incapacidad innata, pero por
otra parte también limita esos temores y alienta mi esperanza, saber o
sospechar que podemos acceder a ellos y sus diferentes “realidades”, quizás
indirectamente – no a través de la interacción directa con nuestros sentidos
- en algunos casos para bien otras no tanto, mediante la evolución de nuestra
inteligencia, nuestra creatividad, nuestra imaginación y porqué no, la mas
loca fantasía, a obras artísticas de un Rembrandt, Mozart, Verdi, Picasso,
Proust, Borges, a genialidades e intuiciones científicas de un Leonardo Da
Vinci, Newton, Maxwell, Planck, Julio Verne, Einstein, etc, pero también a los
desatinos de un Hitler en Alemania o un Pol Pot en Camboya, por solo recordar
algunos lamentables acontecimientos del siglo pasado.
Según algunos autores somos verdaderas máquinas de soñar, hacedores de
infinitas historias, creadores de mitos, dioses y religiones; desde las
libertades de nuestra imaginación fantástica hasta los portentos tecnológicos
solo limitados por los conocimientos científicos contemporáneos; todos ellos
nuevas interacciones al fin, capaces de crear nuevas “realidades” – desde
el arte, la fe, la ciencia, etc. – que exceden la “realidad” perceptiva.
Justamente esta tesitura me lleva a pensar en que en última instancia existe el
"TODO", como sumatoria del universo que actualmente percibimos y de lo
que está – quizás solo por el momento - más allá de nuestros sentidos y
conocimiento.
O sea que existe una “realidad” que crece, que percibimos directa o
indirectamente por interacción de nuestros sentidos con el medio exterior como
parte o algo de un “Todo” fundamental, continuo, básico y permanente, del
cual solo captamos aspectos parciales al modo que lo hace un “sintonizador”
a través del conjunto de nuestro cuerpo, fundamentalmente el sistema nervioso
central y particularmente el cerebro, donde un complejo y bastante desconocido
hasta el momento mecanismo neural, finalmente produce lo que se conoce como
conciencia, conocimiento, consciencia y eventuales acciones eferentes.
Es evidente a nuestra cotidiana experiencia y sin atisbos de excepciones en la
historia conocida, que, constantemente, día a día, estamos ampliando esa
“realidad”, interactuando, sintonizando de alguna manera, con parte de los
restantes elementos del “Todo” que subyacen mas allá de la percepción
inmediata.
Quienes piensen que nada hay mas allá de nuestros sentidos y conocimientos,
deberían tener en cuenta lo siguiente:
- Al igual que un “sintonizador” dado no es capaz de procesar todas las
diferentes ondas que llegan a él, tampoco en ningún caso nuestros sentidos
“captan” toda la gama de fenómenos que se supone que abarcan; así por
ejemplo nuestra vista solo detecta una muy pequeña fracción del espectro de
las ondas electromagnéticas, nuestros oídos son incapaces de percibir los
infra o ultra sonidos que escapan a nuestra sensibilidad, etc, etc. Es decir una
buena parte de la “realidad” está fuera del alcance de nuestra percepción
directa.
- Con el desarrollo de las neurociencias ha sido posible la detección de
ciertas patologías y accidentes donde se encuentran lesionados ciertos sistemas
neuronales, produciéndose lo que se conoce en esa especialidad médica como agnósis,
afasias, amnesias y otros trastornos similares que provocan “perdida” de
realidad y por ello es lícito suponer o especular con la posibilidad de otras
interacciones potenciales por el momento desconocidas.
Para captar del mejor modo posible este concepto de la interacción mencionada
entre el “Todo” y nuestro organismo en la producción del conocimiento, la
conciencia, la consciencia y acciones eferentes, propongo la metáfora del
“sintonizador” que explicito mas adelante y digo que esta nueva actividad:
lo mental, el pensamiento abstracto con autoconocimiento, recién tuvo comienzo
en nuestro universo conocido, con el desarrollo cerebral – el sintonizador –
y la aparición en el mismo de esas incipientes funciones redundantes, hace
algunos millones de años atrás en los primates, ancestros del hombre actual.
Capítulo 7
Como evolucionaron las cosas y las ideas hasta la mecánica cuántica.
Todas las cosas concretas están compuestas por lo que en un primer momento se
creyó que eran partículas elementales e indivisibles (algo así como bolitas
de materia, puntualmente identificables en el tiempo y el espacio), por ejemplo:
los átomos de Demócrito.
Recién a comienzos del siglo pasado, Rutheford, Bohr y otros investigadores
propusieron un nuevo modelo de átomo según el cual este ya no era una bolita
indivisible como lo suponía originalmente el pensador griego, sino que estaba
constituido por un núcleo central masivo que contenía la carga positiva y a su
alrededor giraban, a diferentes distancias, partículas mas pequeñas y ligeras,
los electrones, que contenían la carga negativa.
Este esquema similar a un sistema solar en miniatura, funcionó bastante bien
como explicación del átomo según los principios de la mecánica clásica o
newtoniana y casi podríamos decir de acuerdo con el sentido común; pero
lamentablemente, se quejan algunos, todo ese esquema comenzó a resquebrajarse
casi simultáneamente con los nuevos conceptos relativistas y se hizo añicos
con la asombrosa y poco creíble Teoría Cuántica, que proponía prácticamente
la desaparición de la continuidad de la materia, reemplazando esta por
propiedades discretas de las “partículas” elementales (pequeñísimos
elementos subatómicos ) que incluían ondas de probabilidades y otras linduras
similares, mas difusas y de ubicación menos precisa tanto en el tiempo como en
el espacio; es decir hasta el mismísimo núcleo del átomo ya no era una bolita
sólida e indivisible, sino que estaba formado a su vez por “partículas” u
paquetes de ondas mas pequeñas: los protones y neutrones, que tampoco eran
indivisibles ya que otros entes mas pequeños y menos definidos o concretos, los
integraban a su vez, etc, etc.
Entiéndase bien: el universo, las cosas concretas, siguieron siendo
externamente las mismas que siempre habían sido a nuestros sentidos, pero ahora
estos interactuaban (generalmente en forma indirecta mediante dispositivos e
instrumentos sofisticados, como por ejemplo los aceleradores/colisionadores de
partículas en el caso de lo subatómico o super radiotelescopios para los
grandes cuerpos cósmicos) y nuestro cerebro procesaba, también otros niveles
de la “realidad” exterior; habíamos penetrado en un mundo de dimensiones o
magnitudes tan diferentes de la experiencia cotidiana, donde, si lo pensamos
bien, lo lógico era esperar cosas y comportamientos diferentes de lo que estábamos
acostumbrados.
Recordemos el ejemplo de aquel buen hombre, o indígena si lo prefieren,
habitante de un país o tribu de un planeta que se creen solos y únicos en el
mundo y que por un extraño accidente se encuentra inesperadamente en el medio
de otro planeta, país y cultura desconocidos para el y su gente, ¿cómo creen
que se sentirá?...desconcertado por decir lo menos.
Creo que esta es la situación del Homo Sapiens Sapiens y algunos de sus mas
cercanos antecesores desde sus orígenes: un constante asombro y hasta
desconcierto ante las novedades, pero pasados las primeras dudas y temores, su
creciente bagaje intelectual se pone en juego y la inercia de la evolución
continúa su camino.
Quienes creemos en la evolución natural o darwiniana, pensamos que esta es una
buena – aunque precaria la mejor disponible actualmente - explicación del
camino recorrido desde nuestro “Big Bang” y que tanto la consciencia como el
conocimiento abstracto, son inéditos elementos “emergentes”, producto de la
actividad de un nuevo y mayor cerebro, digamos el último grito de la evolución,
al igual que en su momento también lo fueron otras propiedades emergentes como
la vida, la inteligencia, el equilibrio homeostático, la conciencia, etc, en la
historia conocida de la naturaleza.
Y así fue que en virtud de las relatividades de lo inmensamente grande,
perdimos conceptos entrañables como los tiempos absolutos, la tierra plana, las
simultaneidades.... (1 ver M. Crotti) y aparecieron otros inquietantes como los
espacios curvos, agujeros negros, cuásares, galaxias y similares portentos de
las inmensidades espaciales, con las que no soñaban nuestros abuelos y que nos
proponen viajes a otros universos o dimensiones, a través de exóticos agujeros
de gusano.
En el otro extremo, en lo inmensamente pequeño, la escandalosa Teoría Cuántica
eliminó pocos años después la imagen de un electrón como un planeta girando
alrededor de su estrella y la reemplazó por una nube de probabilidades
superpuestas que podían ser ubicadas casi en cualquier lugar del cosmos, dando
lugar, entre otras extrañeces, a la posibilidad de encontrarnos con infinitos
universos paralelos ( David Deutsch, en : “The Fabric of Reality”, Penguin
Books, Londres, 1997), como veremos mas adelante.
En fin, ..., nuevamente la angustia de nuestra ignorancia aunada en el infinito
de los extremos.
Un fenómeno evolutivo similar puede considerarse para las cosas abstractas,
pero en este caso es mas limitado aún el conocimiento que actualmente tenemos
sobre la naturaleza de este tipo de cosas.
Capítulo 8
Cambios de paradigmas que nos
propone la Teoría Cuántica
Hoy en día se acepta, casi sin
sonrojarnos, la dualidad onda/partícula como constituyente fundamental de lo
concreto, ya que según el método o instrumento de observación, un mismo
elemento subatómico puede presentar manifestaciones puntuales u ondulatorias,
como sucede en las bien conocidas experiencias de interferencias ópticas de las
rendijas.
¿Qué pasó? ¿acaso cambió la “realidad”?: si y no.
Lo que ocurre es que al cambiar la escala de observación, al haber penetrado la
ciencia en el mundo de lo subatómico, nos encontramos con nuevas cosas o
“realidades” que si bien siempre estuvieron allí y comportándose de la
misma manera, eran inaccesibles a los cerebros - los“sintonizadores” - de
nuestros antepasados, su conciencia, su consciencia y conocimiento, por lo tanto
esas cosas no “existían”, no formaban parte de “realidad” alguna.
Hoy por hoy podemos suponer que esas “partículas”que interaccionan entre
las cosas concretas del mundo exterior y nuestros sentidos, son los quarks,
electrones, muones, y otros engendros fundamentales que están en la frontera de
lo mas pequeño según las últimas comunicaciones de la ciencia, aunque me
inclino a sospechar que otras increíbles criaturas mas pequeñas aún, se
encuentran como muñecas rusas en el interior profundo y en el mas allá de la
“realidad” que hoy conocemos, como otros constituyentes del “Todo” con
los cuales todavía no interactuamos en forma conciente ni consciente y que irán
viendo la luz a medida que desarrollemos nuestros “sintonizadores”, deparándonos
nuevos asombros ni siquiera imaginables por estos días.
Cabe aclarar que cuando menciono el término “partícula” las comillas se
justifican porque a escala cuántica (subatómica), lo que conocemos como
materia concreta o “realidad”: los electrones, los quarks, etc, etc., pierde
o transforma sus características ante nosotros, presentándose a veces también
como ondas según sean los instrumentos usados para la detección o medida,
perdiendo su puntualidad o ubicación en el tiempo y el espacio, y su localización
es mejor expresada en esos casos como una función probabilística o ecuación
de onda (Schrödinger).
Por otra parte, a partir de los desarrollos teóricos de Einstein, Planck y
otros, se demostró que tanto la materia como la energía, en fin todo lo que
conocemos, eran diferentes manifestaciones de la misma cosa elemental.
Así entonces, tanto las ondas de una radiación lumínica pueden interpretarse
como “partículas”: el fotón ó paquetes de ondas o cuantums, por los
trabajos de investigadores como Planck, Heisemberg, Schrödinger, Dirac y otros,
como también una “partícula” como el electrón puede ser descripta como
una especie de onda, perdiendo o modificando sus características puntuales, según
el método de observación empleado.
Por primera vez en la historia – mas allá de la posición idealista del
obispo G. Berkeley y sus adherentes - se comienza a admitir que la
“realidad” que se observa o mide, pueda estar concretada y definida tanto
por el objeto como por el sujeto ,...y es en última instancia una interacción.
Todo lo anterior está probado y comprobado por incontables experiencias de
laboratorio y aplicaciones tecnológicas que forman parte de nuestra vida diaria
y obligaron a un cambio profundo en la relación objeto-sujeto, al menos en el
mundo subatómico, poniendo sobre la mesa de nuestro conocimiento el hecho que
el observador, el sujeto, puede determinar una “realidad” específica en
particular, entre quizás infinitas “realidades” o alternativas posibles de
la “existencia” del objeto.
Esto fue casi irónicamente inmortalizado por la famosa experiencia del gato de
Schrrödinger, en el cual el eminente físico austriaco nos describía un hipotético
experimento donde un elemento macroscópico - un gato encerrado en una caja
junto a un veneno activado aleatoriamente por una fuente radioactiva - podía
considerarse que permanecía en un “limbo” de infinitos estados de
“existencias” entre la vida y la muerte, incluidos ambos, hasta que un
observador definía con su acto de observación, una sola de las infinitas y
posibles versiones del mismo.
Capítulo 9
De las interacciones a nivel cuántico
y las “propiedades emergentes”.
Dejando lo inconmensurable grande de lado
por no ser motivo de este ensayo, voy a concentrarme en desarrollar el concepto
que vincula lo inmensamente pequeño como elemento conceptualmente apto de
constituir el “Todo” como totalidad de lo que “existe” en la naturaleza
y a lo que podemos gradual y progresivamente acceder mediante el proceso
evolutivo, según el desarrollo de nuestro “sintonizador” y consciencia,
dejando constancia que tanto lo grande como lo pequeño, el tiempo y el espacio,
son abstracciones o subjetividades extremadamente útiles para nuestra
existencia, productos de nuestra actividad cerebral, pero cuya interrelación y
naturaleza última está, al menos por el momento, fuera de nuestro alcance o
comprensión.
En el universo conocido, todas las cosas concretas y sus “partículas” o
elementos constituyentes, se manifiestan por sus interacciones mediante alguna/s
de las cuatro fuerzas elementales: fuerza electromagnética, gravitatoria y los
dos tipos de fuerzas nucleares (fuerte y débil), con otras cosas concretas y
sus “partículas” o elementos constituyentes, tanto cuando interactúan
entre sí los objetos del mundo exterior a nosotros, como ha venido sucediendo
desde el “Big Bang” hasta nuestros días, como cuando interactúan, directa
o indirectamente, con nuestros sentidos, siguiendo un esquema evolutivo, que
sintéticamente podemos resumir en el siguiente diagrama:
Pre Big Bang (¿ ?)
Big Bang (¿Ud. cree que acá empezó todo?,...yo no)
Plasma o magma Primordial
Energía Radiante
Materia (partículas subatómicas-atómicas- elementos básicos livianos)
Agregados de Materia (moléculas-cuerpos estelares- planetas)
Vida (elementos replicantes - organismos)
Conciencia (Cerebros Animales - inteligencia)
Autoconciencia/lenguaje, Consciencia (Lóbulos Frontales)
( ¿Ud. cree que acá terminó todo?, ...yo no)
Así, aunque no siempre nos detengamos a pensar en ello, prácticamente todo lo
que constituye nuestra “realidad” es en primer instancia producto de estas
interacciones, fuerzas, o relaciones, entre las “partículas” elementales de
la naturaleza, desde las cosas concretas como: el agua, una manzana, el fuego,
una piedra, el aire, el sol, los planetas, un árbol, un libro, las
computadoras, un animal, los átomos, los quarks, etc, etc, y presuponemos que
hasta las abstractas como: la moda, Dios, la belleza , la verdad, el bien, el
mal, el diablo, los ángeles, el deseo, el amor, los números, el tiempo, el
espacio, etc, etc., también lo son, aunque en estos casos todavía no tenemos
una confirmación adecuada, mas allá de incipientes experiencias – resonancia
magnética mediante - que permiten relacionar nuestros pensamientos con ciertos
procesos electrobioquímicos, como la transmisión de los impulsos nerviosos o
las comunicaciones neuronales a través de los fenómenos de sinapsis,
neurotransmisores, su posterior procesamiento cortical, etc, etc.
Según los conocimientos actuales, todas las disciplinas científicas vinculadas
al estudio de nuestro pasado, desde la cosmología, la geología, la paleontología,
la arqueología, la antropología, la biología molecular, la genética y en
fin, la historia en general, muestran claramente un proceso evolutivo donde,
desde la mismísima expansión del magma o plasma primigenio, son en última
instancia interacciones de “ondas/partículas” elementales de cada nivel de
complejidad entre sí, que van dando lugar a la aparición o emergencia de
distintas estructuras, obteniéndose paso a paso diferentes elementos de
complejidad y facultades crecientes, cada uno de ellos con características o
propiedades propias y distintas a las de los elementos originales que les dieron
lugar y que definimos como propiedades “emergentes”; así por ejemplo la
formación de la primer molécula de agua en la naturaleza puede explicarse por
la interacción o fuerza electromagnética entre dos átomos de hidrógeno y uno
de oxigeno, que dió lugar a la aparición o “emergencia” de un nuevo
compuesto: la molécula de agua, con características diferentes a cualquiera de
sus dos elementos constituyentes como son los átomos de oxigeno y hidrógeno
originales, los que a su vez fueron formados con anterioridad a ese evento también
por otro como ya vimos, en el cual intervinieron o interaccionaron en diferente
grado algunas de las fuerzas nucleares en el magma o plasma primigenio - el hidrógeno
-, o en el interior de estrellas, el oxigeno.
Asimismo, de las interacciones posteriores entre ciertas y diferentes moléculas
surgieron aquellas con características autorreplicantes y de interacciones
entre estas a su vez nacieron las primeras células que interactuando entre sí
dieron lugar a los primeros organismos, en procesos de complejidad creciente
todavía no debidamente explicitados.
Capítulo 10
¿Qué queremos decir con que
los elementos o cosas “interactúan”?
Que cada elemento o cosa es afectada por
otra (y viceversa o reciprocamente), cuando su estructura y/o su comportamiento
y/o cualquiera de los parámetros que la definen e identifican como tal, cambia
en o por el contacto o proximidad con los elementos de la otra.
Resumiendo, la interacción entre determinadas ondas/partículas bajo ciertas
condiciones, da como resultado la aparición de comportamientos o propiedades
diferentes - emergentes - de las ondas/partículas originales consideradas en
forma individual o en conjunto.
Esta interacción se produce siempre en la misma manera y proporción en nuestro
universo conocido, constituyendo las leyes y constantes de la naturaleza; son
estas relaciones o regularidades las que estudia la ciencia y aplica la tecnología.
Como sabemos, al nivel mas elemental y según nuestros últimos conocimientos,
estas interacciones se producen o manifiestan en nuestro universo conocido, solo
a través de las fuerzas: gravitatoria, electromagnética y nuclear (fuerte y débil)
actuantes mas directamente.
Cabe mencionar que en los últimos años se interpretan o se intenta interpretar
fisicomatemáticamente estas fuerzas como el producto de un intercambio de
subpartículas/ondas entre los elementos actuantes en la relación o interacción,
trabajándose con ideas muy innovadoras y complejas como la teoría de las
cuerdas, supercuerdas, etc. No obstante, en esta exposición mantendré el término
“fuerzas” ya que me parece conceptual y tradicionalmente mas comprensible
que el accionar de subpartículas, como los “gluones” o cuerdas
dimensionales, de mas difícil interpretación.
De cualquier manera creo que podemos y vale la pena reproducir el concepto de
“partícula elemental” desde el pensamiento griego hasta nuestros días:
Como vimos, el primer humano reconocido a quien se le ocurrió la idea de que la
realidad estaba conformada por pequeñas partículas indivisibles fue Demócrito
y por más de dos mil (2000) años esta concepción no fue cuestionada. Recién
sobre finales del siglo XIX se comenzó a sospechar que quizás había algo mas
en las entrañas de los átomos y esto se confirmó en los primeros años del
siglo XX con las experiencias de Rutherford, Bohr y las especulaciones de
investigadores como Plank, Einstein, Heissemberg, Schróedinger, Dirac y otros
que finalmente desembocaron en la increíble y contraintuitiva teoría cuántica
con su pléyade de partículas subatómicas. Sobre mediados del siglo los cada
vez mas poderosos y precisos aceleradores de partículas permitieron determinar
la existencia de nuevos elementos en las entrañas de la mismísima materia y
los límites jamás concebidos por mente alguna hasta nuestros días.
Por supuesto todo este desarrollo y evolución de conceptos y nuevas
“realidades” requieren un sustento fisicomatemático coherente que hoy es
motivo de fuertes discusiones y laboriosos consensos en la comunidad científica.
Al respecto cabría mencionar los ingentes esfuerzos de mentes brillantes como
Einstein y muchos otros en pos de alcanzar una teoría unificadora (Teoría del
Campo Unificado) de los conceptos relativísticos y cuánticos que permitiera
vincular la gravedad con las fuerzas electromagnéticas y subnucleares
definiendo ciertas entelequias como los gravitones, las ondas gravitacionales,
las branas, etc,... evidentemente una tarea nada, pero nada fácil.
Con demasiada frecuencia tendemos a pensar que es casi automática la evolución
del pensamiento científico cuando en realidad es un arduo y dificultoso camino;
veamos que nos dice en un par de párrafos sobre estos esfuerzos y esperanzas,
un posible futuro candidato al premio Nobel, el investigador americano sobre
teoría de las cuerdas o supercuerdas: Brian Greene ( autor del libro de
divulgación científica: “El universo Elegante”) en una entrevista dirigida
y editada por Peter Tyson, editor jefe de NOVA online.(Traducción de Francisco
M. Pulido Pastor, para Astroseti org.)
“NOVA: ¿Es un tiempo apasionante para ser un teórico de cuerdas?
Greene: Es un tiempo asombroso para serlo. Los últimos pocos años han sido
testigos de un enorme progreso, tanto que pienso que nadie ni en sus sueños más
locos podría haber imaginado que llegaríamos tan lejos como lo hemos hecho.
NOVA: ¿Piensa que la teoría de cuerdas será alguna vez aceptada tan
extensamente como, digamos, la teoría general de la relatividad? ¿Que se
necesitaría para que esto sucediera?
Greene: Bien, la razón por la que la relatividad general es comúnmente
aceptada es por que hizo predicciones que fueron confirmadas por observaciones
experimentales. La primera que puso a la relatividad general en el mapa fue su
predicción de la curvatura de la luz de una estrella por el Sol, que en 1919
fue confirmada por la observación durante un eclipse solar. Ese fue el momento
en que la relatividad general emergió del reino de la teoría y entró en el
reino de ser parte de la realidad tal como la conocemos. Para que la teoría de
cuerdas tenga el nivel de aceptación de la relatividad general tiene que
suceder lo mismo. Tiene que hacer una predicción que se confirme por algún
experimento. Y aún no hemos alcanzado la etapa en la que podamos hacer las
predicciones definitivas que, de ser encontradas, harían correcta la teoría, y
si no lo fueran, la harían equivocada. Pero hemos alcanzado la etapa en la que
podemos hacer algunas predicciones aproximadas para cosas que pueden suceder en
los futuros aceleradores que se están construyendo, en particular en el de
Ginebra, Suiza, llamado el Gran Colisionador de Hadrones (Large Hadron
Collider), que estaría preparado para el 2007 o 2008. Si alguna de las
predicciones que la teoría de cuerdas dice que pueden suceder se confirman por
la experimentación en este acelerador, entonces pienso que es muy posible que
la teoría de cuerdas sería aceptada como la relatividad general.
NOVA: ¿Puede dar un ejemplo de una predicción que podría confirmarse
experimentalmente en los próximos años?
Greene: Seguro. Uno de los rasgos más extraños de la teoría de cuerdas es que
requiere más de las tres dimensiones espaciales que vemos directamente en el
mundo que nos rodea. Suena como ciencia ficción, pero es un resultado matemático
indiscutible de la teoría de cuerdas. Así que la pregunta es, ¿dónde están
las dimensiones extras?. Una sugerencia es que están todas a nuestro alrededor,
pero que son pequeñas en relación a las dimensiones que vemos directamente y
por tanto son más difíciles de detectar. Lo que también predice la teoría
–no necesariamente, pero si posiblemente- es que la energía puede escapar de
nuestras dimensiones conocidas hacia estas dimensiones extras, bajo
circunstancias apropiadas. Estas circunstancias podrían generarse en colisiones
de alta energía que tendrán lugar en el nuevo desintegrador de átomos, el
Gran Colisionador de Hadrones. Así es posible que a través de estas colisiones
de alta energía encontremos que hay menos energía al final de la colisión de
la que había al principio. Si la pérdida energética es justo del tipo
correcto, sería una prueba muy fuerte de que la energía se ha filtrado en
estas dimensiones extras. Si esto fuera verdad, si esta fuera la mejor explicación
que pudiéramos encontrar, sería una evidencia fuerte de que las dimensiones
extras son reales, y por tanto sería una evidencia fuerte de que el marco de
trabajo de la teoría de cuerdas es correcto....
....NOVA: ¿Ha tenido alguna vez dudas sobre la teoría de cuerdas?
Greene: ¡Todo el tiempo!. Quiero decir, es una carrera de investigación muy
extraña, en cierto modo. Hasta la fecha he gastado algo así como 17 años
trabajando en una teoría para la que esencialmente no hay soporte experimental
directo. Es una forma muy precaria de vivir y de trabajar. Lo divertido es que a
veces tengo la impresión de que alguna gente fuera de este campo piensa que hay
algún elemento de seguridad que nosotros tenemos al trabajar en una teoría que
no ha hecho ninguna predicción que pueda ser probada como falsa. En un sentido,
estamos trabajando en algo infalsificable. Y hay a veces la impresión de que
somos felices con ello. Pero déjeme ser categórico, si la teoría es errónea,
me gustaría saberlo hoy para no gastar ni un minuto más de mi tiempo en ella.
No tendremos certeza de que es correcta hasta que los experimentos muestren que
es correcta. No obstante, diría que en mi mente hay ya un fuerte caso
circunstancial de que es correcta, porque aúna la relatividad general y la mecánica
cuántica, y cada una de esas teorías ha recibido ya una fantástica cantidad
de confirmación experimental. La teoría de cuerdas es la teoría más
desarrollada con la capacidad de unir la relatividad general y la mecánica cuántica
de una forma consistente. Creo que el universo es consistente, y por tanto creo
que la relatividad general y la mecánica cuántica se unirían en una forma que
tiene sentido. Eso es lo que hace la teoría de cuerdas, y para mi, es bastante
convincente....
Límites a la comprensión
NOVA: ¿Hay alguna forma en que se pueda
hacer comprender a la gente que sabe poco de matemáticas la suprema elegancia
de la teoría de cuerdas?
Greene: Pienso que si. Como sabe, cuando hablamos de la elegancia de teorías físicas,
lo que a menudo queremos decir es que una teoría es capaz de explicar un amplio
rango de fenómenos usando un número muy pequeño de ideas poderosas. La
elegancia viene del tremendo alcance de estas pocas ideas simples.
“No importa lo mucho que intentes enseñar a tu gato la relatividad general,
fallarás".
Y esa es ciertamente una característica principal de la teoría de cuerdas.
Tenemos esta idea de que los constituyentes básicos de la naturaleza son estas
cuerdas vibrantes, que sus patrones de vibración dictan las propiedades de las
partículas, y dictan los tipos de fuerzas que trabajan en el mundo. Si la teoría
es correcta, esa simple noción será quizá capaz de explicar, en principio,
cada fenómeno físico. En ese poderoso alcance es donde reside la elegancia.
....NOVA: ¿Cree que hay límites a cuánto podemos conocer sobre el universo?
Greene: No lo se. Me gustaría pensar que no los hay, pero sospecho que eso es
un poco optimista. Una analogía usada en el programa de NOVA a la que soy muy
aficionado es: Somos ciertamente conscientes de que hay seres inteligentes en
este planeta cuya capacidad para comprender las profundas leyes del universo es
limitada. No importa lo mucho que intentes enseñar a tu gato la relatividad
general, fallarás. Ahí tenemos un ejemplo de un ser vivo inteligente que nunca
sabrá este tipo de verdad sobre el modo en que el mundo está unido. ¿por qué
en el mundo seríamos algo diferente?. Podemos ciertamente ir más lejos que los
gatos, pero ¿por qué iban a ser nuestros cerebros tan apropiados para el
universo que fueran capaces de entender hasta su más profundo funcionamiento?
...NOVA: Bien, por ejemplo, la mayoría de la gente tiene problemas para
visionar una cuarta dimensión espacial. ¿Usted puede?.
Greene: No. Yo no puedo visionar nada más allá de las tres dimensiones. Lo que
puedo hacer es hacer uso de las matemáticas que describen esas dimensiones
extra, y entonces puedo intentar traducir lo que las matemáticas me dicen en
analogías de dimensiones inferiores que me ayuden a plasmar una imagen de lo
que las matemáticas me han dicho. Pero la imagen es ciertamente inadecuada para
la tarea de describir completamente qué está pasando, por que es en
dimensiones más bajas, y en las dimensiones superiores, las cosas son
definitivamente diferentes. Para decirle la verdad, nunca encontré a nadie que
pudiera visionar más de tres dimensiones. Hay algunos que proclaman que pueden,
y puede ser que lo hagan; es difícil decirlo. Pero es muy complicado, cuando tu
cerebro está implicado en un mundo que parece tener tres dimensiones y está
bien adaptado a visionar ese mundo, ir más allá de eso e imaginar más
dimensiones.
.....NOVA: ¿Qué consejo tendría para un aspirante a teórico de cuerdas? ¿Ir
a por todas?, o por Dios?, mantenerse al margen?
Greene: Creo que en última instancia tienes que seguir a tu corazón en estos
temas, y si éstas son el tipo de ideas y preguntas que arden en tu interior, y
simplemente no puedes imaginar no tenerlas en la vanguardia de lo que haces en
tu trabajo cotidiano, entonces si, tienes que ir a por todas. En el otro
extremo, es un campo muy especulativo, y podría resultar que todo está
equivocado. Y si ese es el caso, y sentirías, tras poner años de investigación
en el tema, que esos años fueron desperdiciados por que la teoría estaba
equivocada, entonces probablemente no es el campo adecuado para ti. Yo y muchos
otros, no obstante, no sentiríamos que había sido una pérdida de tiempo si la
teoría se revela incorrecta, por que hemos desarrollado muchas fórmulas matemáticas
importantes. Hemos desarrollado conexiones con otras áreas de la física mejor
establecidas, que creo que serán importantes sólo por si mismas. Habremos
hecho un trabajo muy valioso. Para mi, si la teoría se revela correcta, será
una gordísima y sabrosa guinda sobre el pastel, pero sin esa guinda, para mi el
trabajo aun habrá sido increíblemente interesante y útil.
...NOVA: Está usted terminando un nuevo libro. ¿De qué trata?
Greene: Ese libro trata sobre el espacio y el tiempo. El Universo Elegante
trataba sobre la búsqueda de la teoría unificada, y el espacio y el tiempo
eran caracteres secundarios en esa historia. En este nuevo libro, el espacio y
el tiempo son los actores principales. Es en realidad una discusión sobre
nuestro siempre cambiante enfoque de lo que estas aparentemente simples nociones
de espacio y tiempo realmente son.
.....NOVA: Mencionó usted la teoría de campo unificado. Si la teoría de
cuerdas lidera la llamada "teoría del todo" –sé que no le gusta
mucho ese término— ¿a dónde irían los físicos teóricos desde ese punto
de partida?
Greene: Bien, pienso que una analogía que creo que una vez usó Richard Feynman
es posiblemente la mejor para explicar a donde iríamos. Si estás aprendiendo
el juego del ajedrez, lo primero que tienes que aprender son las reglas. Pero
después de que las hayas aprendido, el juego del ajedrez no ha terminado para
ti. Es sólo el principio, por que ahora puedes aplicar esas normas para jugar
toda suerte de maravillosos juegos que implican todo tipo de estrategias y te
permiten explorar la riqueza de ese universo.
“Una teoría unificada nos pondría en el umbral de un vasto universo de cosas
que podríamos finalmente explorar con precisión".
Similarmente, si tuviéramos finalmente la teoría unificada, si finalmente tuviéramos
las leyes profundas del universo en la mano, eso en un sentido muy real también
sería un principio. Sería el principio de nuestra búsqueda para usar ese
conocimiento profundo para explorar completamente este universo, para comprender
totalmente los agujeros negros, las estrellas, las galaxias, e incluso el big
bang, para comprender totalmente cómo las cosas llegaron a ser como son. Por
eso, de muchas formas, sería solo el principio. Una teoría unificada nos pondría
en el umbral de un vasto universo de cosas que finalmente podríamos explorar
con precisión.”
Como vemos en esta expresión parcial de los pensamientos de un científico
especializado en temas de supercuerdas y supersimetrias, nada garantiza en el
mundo de la ciencia que estemos en el camino correcto para encontrar las
respuestas que buscamos a nuestras sospechas, expectativas o tal vez solo
ilusiones motorizadas o inducidas por conocimientos previos que suponemos – a
veces erróneamente – correctos; tampoco que estas respuestas aparecerán mañana
producto de un milagro, pero eso no es óbice, en absoluto, para desmayar en el
intento. Hay mucho trabajo, esfuerzo, tiempo y dinero invertido en estas tareas
quizás porque la experiencia histórica demuestra que solo por esta vía de
especulaciones, pruebas, errores, refutaciones y confirmaciones – en fin, la
ciencia - que se saben finalmente transitorias, se avanza en el conocimiento
humano.
Recordemos entonces algo sobre estas primarias y fundamentales fuerzas:
Fuerza gravitatoria: es la fuerza que se genera entre las masas de las partículas/ondas;
aunque generalmente es positiva (atracción), se especula también sobre la
existencia de casos negativos (repulsión, responsable quizás de la aceleración
expansionista observada recientemente en nuestro universo); su alcance es prácticamente
infinito, instantáneo y proporcional al valor de las masas en juego, pero su
poder disminuye al aumentar la separación entre las partículas consideradas.
Por estas características se manifiesta claramente entre grandes cuerpos como
planetas, estrellas, galaxias, etc, etc, pero es casi despreciable a nivel sub
atómico o cuántico, frente a los elevados valores de las fuerzas nucleares
vigentes en esos niveles.
Fuerza electromagnética: es la que se genera por las cargas eléctricas de las
partículas; en el caso de las de igual signo estas se repelen y cuando ambas
son de signo contrario, se atraen, con magnitudes inversamente proporcional a la
distancia que las separa. Son significativas a nivel sub atómico, atómico y
molecular, aunque sus efectos pueden considerarse también a nivel macro,
especialmente en el caso del magnetismo. Igualmente importantes son los
movimientos de las partículas cargadas eléctricamente que generan campos magnéticos
y viceversa.
Fuerza nuclear débil (o de Fermi): Son las responsables de ciertas
interacciones entre partículas elementales como los neutrinos y la materia, en
ciertas reacciones nucleares como las que ocurren en el sol y en los procesos
radioactivos. Tiene corto alcance: diez a la menos quince metros (unas diez
billonésimas de centímetro).
Fuerza nuclear fuerte: es la responsable de mantener unidas partículas de igual
carga eléctrica, como es el caso de los protones entre sí en el interior de
los núcleos atómicos. Su valor absoluto es alto en términos de energía, pero
al igual que la otra fuerza nuclear su alcance es solo de aproximadamente unas
billonésimas de centímetro.
Como mencioné anteriormente, no existe evidencia
científica alguna de ningún otro tipo de interacción básica entre los
elementos de la naturaleza diferente de estas cuatro fuerzas descriptas o sus
derivadas, desde la transmisión eléctrica hasta el amor.
Desde hace casi un siglo la ciencia sospecha que hay un elemento vinculante
entre estas cuatro fuerzas básicas de la naturaleza y busca con ahínco esa
relación en lo que se conoce como teoría del campo unificado, o teoría del
todo, al modo en que en su momento Maxwell (1868), lo logró entre las fuerzas,
cargas y campos eléctricos y magnéticos; algo tan sencillo y práctico también
como la fabulosa relación descubierta por el genio einsteniano en la casi mágica
E = m.c2, que vincula la masa con la energía;...pero hasta el momento esa
deseada vinculación no se ha logrado.
Capítulo 11
Una cuestión de números
Cuando la interacción es entre unas
pocas unidades de “partículas” elementales, los resultados de agregar,
sacar o mover algunas de ellas de sus posiciones habituales no implican mayores
sorpresas y esto se estudia con alto grado de certeza en los
aceleradores/colisionadores de partículas donde se trabaja con precisiones
increíbles; pero esto cambia dramáticamente cuando hablamos de interacciones a
escala macro o cotidiana, donde cada experiencia conciente y consciente de la
vida real es en cada caso la interacción de millones de millones de ondas/partículas
del medio ambiente exterior a nosotros, que intervienen o interactuan a nivel cuántico
o subatómico y prácticamente al unísono, con los terminales, transmisores y
demás elementos de nuestro SNC comprendidos en el proceso sensorial - también
cuántico o subatómico - de las mas de cien mil millones de neuronas de nuestro
cerebro/sintonizador, dando lugar a novedosas propiedades “emergentes”:
conciencia, consciencia, conocimiento, eventuales acciones eferentes y quizás
otras y desconocidas por el momento propiedades que se hacen presentes como
producto de miriádas de interacciones y geometrías combinadas.
Al respecto, podría asombrarnos recordar que una simple gota de agua contiene
prácticamente algo así como cien millones de millones de millones (cien
trillones) de moléculas de agua.
Con esto quiero poner de relieve que quizá la interacción de un par de miles o
millones de “partículas”, átomos o moléculas entre sí o con otras o con
nuestro sistema sensorial, casi seguramente pasará desapercibida a todos los
efectos en el mundo macroscópico de la vida diaria y difícilmente podrá
considerarse como una experiencia conciente, consciente o que integre de alguna
manera la “realidad” de nuestro conocimiento; dicho de otra manera, nuestra
experiencia cotidiana, por puntual que sea el acontecimiento considerado, es el
resultado de multitudinarias interacciones y creo que todavía no está
suficientemente explicitado el rol que juegan en esta múltiple experiencia que
conforma nuestra conciencia y consciencia, la teoría de los grandes números,
el caos, el progresivo aumento de complejidad con la consecuente aparición de
inesperadas propiedades emergentes en cada paso y hasta la evolución o máquina
darwiniana, especialmente en la interacción con las mas de cien mil millones de
neuronas de nuestro cerebro (ver: “The Society of Mind” 1987, de Marvin Lee
Minsky ).
Recién en los últimos años, con el mayor conocimiento de las estructuras atómicas
y subatómicas, aunado a la circunstancia de un mayor y mejor posibilidad de
manipulación de las mismas mediante la técnicas a escala nanométricas, la química
parece trabajar sobre estrategias preconcebidas y no por accidente o casualidad
como ocurrió por ejemplo con los primeras aleaciones o el caso de la
vulcanización del caucho en tiempos pretéritos.
Con todo, aún desconocemos las razones últimas de la inmensa mayoría de los
cambios o “propiedades emergentes” que apreciamos en la naturaleza, por
ejemplo: ¿porqué un tratamiento térmico y quizá el agregado de ciertas sales
metálicas, transforman unas tristes y opacas arenas y silicatos, en una
maravillosa masa de vítreos y coloridos reflejos?, o avanzando en la escala
evolutiva nos preguntamos por las consecuencias o derivación de las primeras
interacciones entre las fuerzas elementales mencionadas (gravedad,
electromagnetismo y nucleares) con la aparición posterior de fuerzas
atractivas/repulsivas novedosas y de complejidad creciente, avanzando desde las
desconocidas interacciones de los componentes elementales del todo entre sí, a
las interacciones de las ondas/partículas del nivel subatómico, al siguiente
nivel de interacciones atómicas, luego al nivel molecular, etc, etc, hasta
llegar al nivel macro y cotidiano donde la afinidad/repulsión fisicoquímica y
electromagnética en general hacen aparecer: la tensión superficial, la
capilaridad, los fenómenos de ósmosis, la conductividad, los potenciales sinápticos,
los neurotransmisores, etc., que a su vez dan lugar a las mas abstractas o
complejas interacciones en los organismos vivos donde surgen los mecanismos
homeostáticos que regulan la sed, el hambre, el deseo sexual, el amor, el odio,
hasta los sentimientos y pensamientos de los seres humanos que al interactuar
entre si y su medio ambiente, desarrollan pautas culturales que dan lugar a
valores éticos, morales etc, que según el refranero popular: “mueven montañas”
o “tiran mas que una yunta de bueyes”.
Sí sabemos en cambio, que toda interacción entre cosas concretas es, en última
y básica instancia, una manifestación de la acción de algunas de las cuatro
fuerzas elementales de la naturaleza mencionadas: gravitatoria, electromagnética,
nuclear débil y fuerte, y sabemos además que para que esta interacción sea un
fenómeno que llega a nuestro conocimiento o consciencia debe comprender un número
importante de “ondas/partículas”, algo así como una “masa crítica” o
cuántum de interacción mínima, necesario para obtener el colapso de la función
de onda , decoherencia o experiencia conciente y consciente.
De tal manera podemos estudiar el caso de un trozo de carbón depositado sobre
una superficie al aire libre, que independientemente del hecho de encontrarse
expuesto a la influencia de las fuerzas gravitatorias de todo el universo y
también a las diferentes radiaciones existentes en la atmósfera terrestre como
podría ser por caso el efecto fotoeléctrico de las radiaciones solares,
permanecerá inalterable (al menos para nuestros sentidos) mientras no cambien
grandemente las condiciones energéticas del entorno inmediato a ella; pero si
agregamos suficiente energía a un punto de su superficie, como por ejemplo: la
llama de una cerilla o el calentamiento por radiaciones solares concentradas por
el efecto de una lupa, podemos lograr que comience la interacción de un número
significativo de electrones exteriores de los átomos de carbón con los
correspondientes del oxigeno del aire que lo rodea, en lo que conocemos como un
fenómeno o proceso de combustión, que puede automantenerse y terminar cuando
todo, o casi todo, el carbón sólido se transforme en óxido de carbono
gaseoso.
Dejando de lado ciertos detalles técnicos (quizás importantes en otros análisis),
podemos decir que estamos frente a un caso donde los protagonistas básicos del
cambio son en este caso las fuerzas electromagnéticas y nucleares, dado que las
principales manifestaciones son el resultado de una reacción de oxido reducción,
con liberación de energía, cambio de estado, etc, etc.
Como recordamos, las reacciones de combustión como la descripta en los
renglones precedentes, son conocidas en química con el nombre de oxidoreducción
y son ejemplos típicos del proceso mediante el cual algunos de los electrones
mas externos de los diferentes átomos intervinientes en la reacción, adoptan
comportamientos específicos que confieren propiedades determinadas a los
compuestos resultantes y así como en el caso de la molécula de agua mencionada
anteriormente, también en este caso tenemos por resultado elementos nuevos,
“emergentes”: moléculas de óxido o anhídrido carbónico gaseoso y la
aparición, liberación o transformación de una energía que pasa de la forma
potencial en su estado químico (los diferentes contenidos energéticos de los
electrones del carbón y del oxígeno, según sus órbitas) original, a un
estado dinámico o cinético (radiación de luz y calor) y propiedades
totalmente diferentes en los nuevos productos formados, al menos para nuestra
sensibilidad, a las que tenían en los compuestos que le dieron origen.
Como dijimos, en toda interacción elemental siempre estarán presentes las
cuatro fuerzas mencionadas (electromagnética, gravitatoria y las dos
nucleares), pero la participación o preponderancia de cada una de ellas sobre
las otras es variable en cada fenómeno o interacción considerado, por ejemplo:
en el caso de las interacciones entre “partículas” elementales de las cosas
concretas que nos rodean y sus manifestaciones sensibles, si bien tiene
preponderancia en nuestro análisis la fuerza electromagnética, no deben
olvidarse las otras fuerzas que siempre estarán presentes y podrán llegar a
ser gravitantes, valga la redundancia, en algún otro tipo de análisis o
consideración.
Hasta donde conocemos, la mayoría de las cosas que componen nuestra
“realidad” concreta y cotidiana, se forman preponderantemente por algún
tipo de interacción electromagnética entre átomos y moléculas como el caso
de los ejemplos dados, en el marco de una gravedad siempre presente y con valor
prácticamente invariable, por lo que su presencia – la gravedad - pasa casi
desapercibida frente a los mas destacados cambios que producen las interacciones
electromagnéticas; mientras que a escala cósmica tiene preponderancia en
nuestra atención la fuerza gravitatoria; finalmente será la fuerza débil la
determinante en la degradación radioactiva y a escala subnuclear el papel de la
interacción mas destacado corresponde a las fuerzas nucleares fuertes.
Para tener una idea de la magnitud relativa de estas fuerzas, vamos a considerar
una escala de intensidades de las diferentes fuerzas actuantes en los elementos
constitutivos de un átomo, en el que suponemos que la fuerza gravitatoria
tuviese magnitud 1; comparativamente en ese caso, la fuerza débil tendría un
valor de 10+34 (un uno seguido de 34 ceros), la fuerza electromagnética tendría
un valor de 10+37 (un uno seguido de 37 ceros) y la fuerza fuerte tendría un
valor de 10+39 (un uno seguido de 39 ceros) veces mas.
Pensemos que una diferencia de solo dos ceros o unidades en el orden o potencia
de una magnitud como el peso (por ejemplo de 10º a 10+2 ) significa la
diferencia entre levantar uno a levantar cien kilogramos.
Con esto quiero destacar que en nuestra experiencia cotidiana, la del sentido
común, si bien por ejemplo la atracción gravitatoria lunar existe en todo
momento, es despreciable en cuanto a otras experiencias, como el sabor de la sal
de mesa o la forma en que vemos una imagen o como escuchamos el sonido de un vehículo
o percibimos el perfume de una flor, etc, pero no lo es respecto a grandes masas
de agua como sabemos es el caso de las mareas; de la misma manera, si bien en
nuestra realidad cotidiana tampoco solemos apreciar cambios en los núcleos de
los átomos – fuerza nuclear fuerte - con que interactuamos, esos cambios o
interacciones existen casi inadvertidamente a nuestro alrededor o pueden
“existir” según el nivel de escala que queramos analizar, tal el caso de la
reacción termonuclear con que nuestra estrella, el sol, nos da la vida con su
baño de fotones y responsable a su vez del intercambio de energías y fuerzas
posteriores y derivadas que también generan tormentas y desastres climáticos
que quitan la vida en otras circunstancias o, sin llegar a tales dramatismos,
nos escalda la piel en un imprudente día de playa y hasta se suponen también
otras radiaciones ionizantes que juegan un rol importantísimo en el proceso de
cambio evolutivo.
Para mejor entender el mundo de los grandes números y las posibilidades y
probabilidades de concreción de un determinado suceso,- vital para comprender
el esquema propuesto para la emergencia de la conciencia y la “realidad” -
propongo al lector la interesante lectura del best-seller “Origenes”
(“Origens”, 1986) del reconocido investigador en bioquimica Robert Shapiro,
profesor de la Universidad de Nueva York que en su Capítulo 5 nos propone su
muy práctica alegoria o metáfora de la “torre de los números” que nos
sirve didácticamente para entender parte del fenómeno de los grandes cifras y
como lo improbable que puede ser sacarse la lotería, se vuelve probable todos
los días para algún afortunado.
Como vemos, la “realidad” de las cosas concretas que queramos apreciar
depende del nivel de análisis que decidamos o podamos efectuar
La posibilidad de conocer la “realidad” subatómica no la tenían nuestros
antepasados; sus “sintonizadores” y el conocimiento intelectual que
brindaban no era suficiente.
Quizás sea conveniente aclarar en este último aspecto que es muy probable que
las antenas – los sentidos – de los sintonizadores de nuestros ancestros, al
igual que las antenas – los sentidos – de los sintonizadores de algunas
especies animales contemporáneos hayan sido y sean superiores a los nuestros,
por ejemplo: el oído de los murciélagos, la vista del lince o del halcón, el
olfato de las hienas o del tiburón, el tacto de una araña, la orientación
geomagnética de ciertas aves migratorias, el olfato o la vista de un Cromagnon,
etc, etc, dando probablemente un mejor o mayor nivel de conciencia – ganancia
de señal -, pero la diferencia fundamental desde nuestra perspectiva, la
establece el equipo demodulador/integrador del sintonizador humano– nuestro
mayor cerebro con su nueva corteza prefrontal y sus funciones redundantes –
que produce una propiedad emergente, la consciencia, de la cual carecían
nuestros ancestros y todavía hoy carecen nuestros primos animales.
Ahora bien, si Ud. me preguntara si disponer de estas nuevas funciones
redundantes y su consecuencia: “la consciencia”, es una gran ventaja
evolutiva, algo que nos haga sentir superiores, o un motivo válido de orgullo,
yo le contestaría que eso es algo que todavía está por verse (sin tanta
alharaca, las cucarachas y un montón de otros bichos se las apañaron bastante
bien para sobrevivir muchos mas años que los que dura y a veces cruel y
miserablemente lleva el ser humano sobre la faz de la tierra) y hay hasta
quienes opinan - no es precisamente mi caso - a la luz de la experiencia humana
y según su fe o como les va en suerte, que todo esto es un verdadero regalo
envenenado.
Sin llegar a tales extremos, en mas de una oportunidad la mayoría solemos
coincidir con el novelista Milan Kundera (Checa, 1929), en cuanta razón tiene
el título de su galardonada novela: “La insoportable levedad del ser”.
Capítulo 12
Formación de la conciencia y
consciencia individual
Como aseveré en los puntos anteriores,
la conciencia, la consciencia y el conocimiento van apareciendo paulatinamente
como propiedades “emergentes” que se forman a partir de la interacción
(directa o indirecta) y a cada nivel, de los elementos básicos del
“Todo”entre sí y con los elementos sensibles de nuestro organismo - o
viceversa, si Ud. lo prefiere - desde el momento de la concepción de cada
individuo, siguiendo pautas que la evolución fue caracterizando en el genotipo,
en permanente vinculación con el medio ambiente.
Según lo establecen los estudios y conclusiones actuales de las ciencias
neurobiológicas, parece ser que si bien el resto de los seres vivos en general
tienen la propiedad de la conciencia en distinto grado según cada esquema
sensitivo y cerebral - en algunos casos hasta con atributos y potencias
desconocidos o superiores a las del hombre -, solo ciertos primates superiores
muestran indicios de consciencia y únicamente el ser humano ha desarrollado
manifestaciones tan complejas como el lenguaje, el pensamiento abstracto y el
autoconocimiento o consciencia que han permitido portentos artísticos como
“la Gioconda”, científicos como el cálculo diferencial y tecnológicos
como la estación espacial internacional.
Aparentemente, según lo expresan los neurobiólogos, estas propiedades están
caracterizadas por la actividad de ciertas partes de nuestro cerebro,
principalmente en los últimos desarrollos neurales de los primates superiores y
que son, entre otros, los detalles cuali/cuantitativos de los lóbulos
prefrontales y el neo cortex vinculados a los sentidos. (para profundizar en
estos razonamientos sobre el funcionamiento del cerebro, sugiero la lectura de
interesantes trabajos de investigación neurobiológica, como por ejemplo:
“The Executive Brain” de Elkhonon Goldberg – hay traducción al
castellano: “El cerebro ejecutivo”, Editorial Crítica, Barcelona, 2002).
Recordando el conocido caso de la norteamericana Helen Kéller, quien había
perdido su oído y la visión en los primeros meses de su vida y sin embargo
gracias a su esfuerzo y el de su maestra y mentor Anne Sullivan, pudo alcanzar
un desempeño social y cultural mas que destacado, apreciamos la increíble
plasticidad del cerebro/sintonizador para desarrollar igualmente nuevos
circuitos de conocimiento y consciencia a pesar de las eventuales limitaciones o
alteraciones que se puedan presentar en alguno de los conductos neuronales
originales de los elementos sensibles del organismo y comprendemos así la
permanente adaptabilidad y crecimiento – la evolución al fín - del
“sintonizador” ante los retos que le propone el medio ambiente.
Con esta elemental referencia a nuestros sentidos, solo he querido destacar que
todo nuestro conocimiento, nuestra conciencia y consciencia, está formada básicamente
por un primer paso o etapa consistente en las interacciones de tipo electromagnéticas
y nuclear débil, entre las estructuras electr |