|
| |
Pertinencia del análisis sociológico en la rehabilitación de personas discapacitadas mediante la práctica deportiva
Resumen: El trabajo que se presenta a continuación con título: “Pertinencia del análisis sociológico en la rehabilitación de personas discapacitadas mediante la práctica deportiva“cuenta con tres epígrafes fundamentales donde se analizan profundamente el tratamiento que se le ha dado a los discapacitados tanto por la ciencia sociológica como por otras ciencias afines. Es presentada la Sociología del Deporte, como acápite obligatorio en el trabajo con los discapacitados y posteriormente la rehabilitación como un proceso complementador de la socialización con una aproximación a la especificidad cubana.
Publicación enviada por Lic.Osmanys Soler Nariño
Índice
Resumen
Introducción.
Epígrafe 1. La discapacidad en la Complejidad Social: tratamiento de la misma por la Ciencia Sociológica.
1.1 Una mirada desde los paradigmas de DurKheim, Vigotsky, y Goffman
Epígrafe 2. La Sociología del Deporte y su necesaria inclusión en el análisis del mundo social.
2.1 Sociología del Deporte: Necesarias consideraciones sobre la solicitación.
Epígrafe 3. Papel socializador de la rehabilitación en la práctica deportiva en los discapacitados.
3.1 La rehabilitación del discapacitado a través de la práctica deportiva: un primer acercamiento a la especificidad cubana.
Conclusiones.
Bibliografía.
Resumen
El trabajo que se presenta a continuación con título: “Pertinencia del análisis sociológico en la rehabilitación de personas discapacitadas mediante la práctica deportiva“cuenta con tres epígrafes fundamentales donde se analizan profundamente el tratamiento que se le ha dado a los discapacitados tanto por la ciencia sociológica como por otras ciencias afines. Es presentada la Sociología del Deporte, como acápite obligatorio en el trabajo con los discapacitados y posteriormente la rehabilitación como un proceso complementador de la socialización con una aproximación a la especificidad cubana.
La idea del siguiente artículo responde a la significación que tienen, en nuestro país, las personas discapacitadas, en tanto continúan siendo unos de los sectores vulnerables de la sociedad.
Abordar el fenómeno de la discapacidad desde la Ciencia Sociológica resulta un tanto difícil ya que no se cuenta con suficientes antecedentes teóricos que tengan como objeto de estudio este hecho social.
Es por ello que en este artículo nos proponemos contribuir, desde la Sociología, con indagaciones que tributen, al esclarecimiento del papel de la rehabilitación como proceso socializador en personas discapacitadas incorporadas al deporte. En todo lo anterior está contemplado el aporte del trabajo: brindar elementos teórico-metodológicos desde la Sociología conducentes a complementar el accionar social de la rehabilitación.
Introducción
El deporte como acción social, tiene un gran significado no sólo para el conjunto de individuos que la componen, sino también para la sociedad misma. Este es capaz de mover multitudes de un país a otro, agitar las pasiones de las personas con una victoria, pero también puede afectarla con una derrota. Nadie duda de su poder de gratificación, de su inmensa capacidad de desarrollar física y mentalmente a los individuos, así como dotarlos de habilidades que los hacen objeto de admiración e imitación.
El deporte tiene también la cualidad de educar, socializar, de unir a individuos de diferentes países bajo el ideal de la paz, amistad y fraternidad. Dentro de su práctica cotidiana muchos son los actores que defienden lo bello y lo ético, de que éste vaya más allá de una simple identificación con un equipo o jugador y se convierta en un símbolo de disciplina, organización y en un instrumento educativo en función de formar sujetos con orientaciones valorativas conforme a las normas culturalmente establecidas.
Prueba de ello es nuestro país, que como parte de la política social de la Revolución, se le ha dado una importancia destacada a la actividad física y deportiva, que va desde la implementación de la educación física en cada una de las escuelas y barrios del territorio hasta la formación educacional de jóvenes atletas, así como de profesores encargados de orientar pedagógicamente a cada uno de los individuos, grupos, instituciones, comunidades en el área del deporte para el mejoramiento, no sólo de las condiciones del organismo; sino también de las relaciones sociales tan necesarias para el mantenimiento de cualquier sociedad.
Dentro de esta compleja dinámica, las personas con discapacidad son al igual que los no discapacitados, precursores para la actividad social y productiva de la sociedad, pues a pesar de sus limitaciones físicas o mentales desempeñan un importante papel en la vida social del país; ya sean sordo o hipoacúsico, ciego o débil visual, impedido físico o motor. Su participación debe ser considerada decisiva en el funcionamiento de cualquier sistema, no son, por lo tanto, entes aislados de todo nuestro proceso social.
De ahí que para su integración al entorno social con el cual se interrelacionan, sea necesario restituirles las capacidades afectadas por la limitación, a través de la rehabilitación, en busca de una mayor internalización de las orientaciones de valor, y que no se reduce a una asimilación pasiva de éstas; sino que incluye un desarrollo y expresión abierta de su pensamiento y actuación. La rehabilitación no se aleja del proceso socializador por el que transitan los sujetos sociales, sino que se haya interconectada con éste, como actividad que coadyuva a la producción de las relaciones sociales.
Por lo expresado, en la presente investigación nos hemos propuesto como objetivo contribuir con indagaciones, desde la Sociología, al esclarecimiento del papel de la rehabilitación como proceso socializador en personas discapacitadas incorporadas a la práctica del deporte para lograr con elementos teórico-metodológicos un mayor fortalecimiento de la Sociología del Deporte.
Nuestro problema de investigación: ¿puede fortalecerse la Sociología del Deporte si es incluida la rehabilitación del discapacitado como proceso importante de su campo de acción?
La idea a defender: la Sociología del Deporte enriquece su campo de acción, al incluir la rehabilitación del discapacitado como acción socializadora.
Desde su enfoque teórico nuestra investigación ha querido abordar diversas posturas de análisis de la realidad social donde se insertan los individuos discapacitados, con patrones de comportamiento derivados de su interacción con el medio. Nuestro sostén conceptual ha sido fundamentalmente sobre la base de los postulados de Durkheim, Vigotsky y Goffman, en cuyos referentes podemos encontrar una explicación al tratamiento de la discapacidad como un hecho social que ha impuesto su máxima coercitiva en los pensamientos y acciones de los individuos.
Las ideas tratadas por estos paradigmas en nuestro trabajo, han contribuido al esclarecimiento del estudio de la deficiencia sobre la base de su componente social, pues ésta se estructura en los procesos interhumanos como modos de actuación que lejos de ser particulares se construyen de una manera colectiva dentro del sistema cultural. Por lo que éste al orientar la acción social de los sujetos, tipifica subjetivamente patrones de comportamiento que al ser exteriorizados en los ambientes sociales, conducen a la estigmatización de la persona discapacitada.
Para nosotros ha constituido de gran interés desarrollar este artículo, teniendo en cuenta que la discapacidad en su proceso histórico se ha ido conformando como un hecho social, instituyéndose, de esta manera, en los sistemas de interacción y que de alguna u otra forma puede conducir a expresiones psicosociales de angustia, desesperación, abandono de las tareas productivas, entre otras, de ser tratados estos individuos por las conformaciones culturales y sociales(familia, grupo, comunidad, institución), bajo esquemas de pensamiento que no contienen una acción crítica, reflexiva y transformadora.
Consideramos que un medio adecuado a la solución de esta problemática está en la rehabilitación, que más allá de ayudar a la reanimación de las capacidades afectadas de los sujetos sociales, da la posibilidad de compartir experiencias, aprender de ese otro que no es diferente a nosotros; sino que requiere de una educación especial, potenciadora primeramente de la etapa actual de desarrollo en interrelación con los agentes socializadores, para ofrecerle después independencia e individualidad al discapacitado.
Eslabón significativo dentro de ésta y otras soluciones, es la visión sociológica de la rehabilitación, dentro de la práctica deportiva, como actividad que se articula con el proceso de socialización, insertándose en el entramado social como un componente más de la interpretación de símbolos y significados presentes en las relaciones construidas por la realidad sociocultural.
De ahí la importancia que le concedemos a esta investigación, pues el marcado contenido socializador del proceso de rehabilitación, incluye la adopción y expresión de los roles sociales de los individuos discapacitados en cada uno de sus espacios mencionados además de incidir, con un mayor o menor grado de intensidad, en la acción social de estos actores sociales.
Elemento distintivo de esa rehabilitación en el ámbito deportivo, es la nivelación social que puede ofrecer en tanto proceso gradual, interactivo y productor de conocimientos. Esta rehabilitación puede inscribirse en la Sociología del Deporte como un eslabón de cambio social en la medida que busca la transformación de las estructuras subjetivas y objetivas relacionadas con la deficiencia, presentes éstas en las interacciones sociales, no sólo a nivel individual, sino también colectivo.
El análisis de la discapacidad a través del deporte, desde la perspectiva de las ciencias sociológicas, es por lo tanto , un intento complejo y que no tiene su fase culminante en esta investigación. El mismo puede ser visto y, de hecho, está comprendido en el objeto de estudio de diferentes campos científicos- psicológico, de las ciencias médicas, ciencias del deporte, etc.-, confluyendo todos en el hecho de la participación del discapacitado dentro de la sociedad.
No obstante, bajo la óptica sociológica no son muchos los trabajos que tienen esta aproximación, centrándose (en mayor o menor medida) en la cultura física y el deporte, enfocando a la rehabilitación en el sentido de la recuperación del individuo afectado en el medio deportivo, a través de los ejercicios físicos como tratamiento terapéutico, sin olvidar por supuesto, el alcance psicológico de éste. Ejemplo de lo anterior es la tesis realizada por Juana Charrón Mancebo y Lázaro Hernández Reyes.
También ha sido abordada en lo médico funcional, hallándose conectada con la ampliación de la destreza, flexibilidad, movimiento, así como el mejoramiento de las condiciones funcionales del organismo humano; prueba de esto es el trabajo de Juan Romero Donesterez, Aniceto León Moreno y Martha Bermúdez López.
Desde las ciencias sociológicas podemos destacar la investigación del mexicano Raúl González , el cual trata de construir un concepto de discapacidad asociada a las estructuras de discriminación, marginación y exclusión en las sociedades subdesarrolladas, también expresa la necesidad de inclusión de la categoría grupos diferentes o diversos en el estudio sociológico, así como el intento de elaboración de una Sociología de la discapacidad.
Sin embargo, unas y otras, quedan, desde nuestro punto de vista, un tanto fuera, del acercamiento a la discapacidad, a la acción rehabilitadora como proceso de socialización, que tributa, en esencia, a la reinserción, en los diversos campos de las relaciones sociales, de esas personas discapacitadas.
Analizaremos cómo en el caso de nuestra ciencia la correlación existente entre la discapacidad, el deporte y la sociedad deviene en franco elemento de interacción grupal marcado a partir de acciones rehabilitadoras hacia el discapacitado. Por lo que nuestro aporte, mediante este artículo, lo circunscribiremos a brindar elementos teórico-metodológicos, desde la Sociología, conducentes a complementar el accionar social de la rehabilitación al proceso de socialización de las personas discapacitadas incorporadas a esta práctica.
Nuestra estructura, en tres epígrafes: Un primero: “La discapacidad en la complejidad social, tratamiento de la misma por la ciencia sociológica “, abarca el proceso histórico por el que ha transitado la deficiencia a través de diferentes condiciones sociales, configurándose de esta manera en el sistema cultural de la sociedad. Además son tratadas diferentes concepciones teóricas que han tratado de explicar los fenómenos sociales; aquí destacamos la visión sociológica de Durkheim, Goffman, así como el análisis sociopsicológico de Vigotsky. Cada uno de estos paradigmas nos permitió establecer al defecto como un hecho social que desde lo cultural, ejerce su impronta social en las manifestaciones individuales, estigmatizando de esta manera a las personas discapacitadas.
En el segundo epígrafe: “ La Sociología del Deporte y su necesaria inclusión en el análisis del mundo social “, se expresan algunos criterios de manera general sobre esta ciencia como área particular de la sociología y que aborda esos fenómenos relativos al mundo del deporte, no estando alejada, por supuesto, de la dinámica social, pues se estructura en torno a ésta. También son desarrollados algunos criterios sobre la socialización deportiva como proceso de aprendizaje de las pautas de orientaciones de valor asumidas en el deporte, de manera activa por los sujetos sociales.
En el tercer y último epígrafe: “Papel socializador de la rehabilitación en la práctica deportiva de los discapacitados”, tratamos de desarrollar algunos aspectos referentes a nuestro enfoque sociológico de la rehabilitación, proceso que tiene un contenido sumamente social, además de psicológico y médico, de la cultura física, de ahí que hayan sido expuestas otras consideraciones realizadas por diferentes autores sobre ésta. En este epígrafe destacamos además esa interconexión entre rehabilitación y socialización, constituyéndose aquella en franco proceso de cambio social como acción socializadora. También abordamos una primera aproximación a la realidad cubana referida a cómo ha sido tratada la rehabilitación deportiva en nuestro contexto. Por último, establecemos las conclusiones a las que arribamos en relación a esta importante temática.
Epígrafe 1. La discapacidad en la complejidad social: tratamiento de la misma por la Ciencia Sociológica
Para un acercamiento a la discapacidad es preciso que hagamos un breve recorrido a su complejidad social a partir de su evolución histórica, lo que nos permitiría una comprensión y análisis desde la dimensión sociológica.
Muchos factores han incidido a través de los siglos, en la visualización social de las personas con deficiencias físicas o mentales contribuyendo esto, en gran medida, a que la discapacidad fuera conformada en el proceso social mediante el rechazo hacia todos aquellos que poseían alguna limitación. Así puede mencionarse por un lado, el avance de las fuerzas productivas, el carácter de las relaciones de producción, las concepciones políticas, religiosas, morales y filosóficas y, por otro lado, el desarrollo alcanzado por la educación, la salud, las ciencias y la cultura.
De ahí que desde la comunidad primitiva se evidencian las reacciones adversas hacia las personas con alguna deficiencia física o mental, quienes eran eliminados en el trascurso de la actividad productiva, devenidas obstáculos para la obtención de los productos, o bien perecían en ésta al no poder gratificar, por sí mismos, las satisfacciones de las necesidades motivada por su discapacidad, y, junto a ello, su inadaptación a las difíciles y complicadas condiciones de vida.
También en la Antigua Grecia se establecieron fuertes regulaciones hacia los individuos que presentaban discapacidad. Ejemplo de lo anterior se da en el Estado de Esparta, donde las instituciones de poder ejercían un fuerte control en la vida social de los ciudadanos, que incluía al matrimonio y la educación de los jóvenes. En este sentido, V.V. Struve plantea que: los esposos debían criar hijos sanos y robustos, que fuesen el día de mañana seguro sostén de la Esparta esclavista.
Desde nuestro punto de vista, para aquellas estructuras sociales, el defecto y sus manifestaciones no se ajustaba o acoplaba dentro de los patrones culturales institucionalizados por el sistema social, por lo que cualquier anomalía física o mental sería considerada, entonces, como una desviación del sistema de expectativas estructuradas sobre la base de las necesidades de ese Estado; es decir, la conformación de un ¨ modelo de hombre ¨ que pudiera participar activamente en los fines esclavistas.
Para muchos pensadores esta deficiencia se alejaba, en alguna medida, de las construcciones sociales elaboradas en el proceso de interacción con el entorno y en las cuales, muchos de ellos, dotaban de sus modificaciones particulares, a partir de las interpretaciones de las situaciones sociales en las que se encontraban.
Por ejemplo, Federico Nietzsche (1844-1900) desde posiciones irracionalistas, aunque no centradas en el individuo con malformación, se interesaba por un ideal de superhombre con cualidades excepcionales que trascendieran a todos los condicionamientos, persiguiendo su propia voluntad. Lo anterior, Abbagnano lo resume en el hecho de que durante toda su vida, Nietzsche, trató de alcanzar las cualidades que le faltaban y que constituían para él los distintivos del superhombre: la buena salud y la fuerza física, la ligereza de espíritu, el entusiasmo vital.
Consideramos que esa construcción simbólica de tipo de hombre producido por Nietzsche, es un reflejo de la comprensión esquemática de su realidad social y de la constitución de sus intereses clasistas en el sobredimensionamiento de la voluntad y moral de los que instituyen el poder. De tal modo que el sujeto social con anomalía física o mental, no contaba en su sistema de orientaciones culturales como un hecho social en los marcos de lo posible y real.
No obstante, existieron otros filósofos como Tomás Moro que avisoraron proféticamente un modelo de sociedad, en este caso utópica, donde leyes convenientes para todos rigen el sistema de relaciones sociales de los actores en cada uno de los sectores de la vida social, no escapando de esta ordenación adecuada, los individuos con deficiencias, los que debían de recibir de los miembros de la comunidad un tratamiento apropiado según los patrones socialmente instituidos: si alguno se ríe de un deforme o mutilado, - expresaba- , consideran deforme y torpe no al burlado, sino al burlador, pues le reprochan neciamente, como si se tratase de una infamia, lo que no estuvo en su mano rehuir.
Esta proyección futurista de Moro basada por supuesto en una crítica a las limitaciones de la sociedad inglesa de aquella época tiene en nuestra opinión una gran relevancia, pues destaca el compromiso social de los otros alter ego( familia, comunidad, demás individuos, etc.) en los procesos interhumanos en relación con los discapacitados.
Apreciamos que, en este compromiso, la reacción conductual de estas instancias sociales hacia ese sector vulnerable de la sociedad, requiere de una reflexión crítica en el proceso comunicacional con ellos, una adopción para sí de sus actitudes organizadas en las diferentes situaciones sociales en la que nos encontremos junto a éstos; es decir, ponernos simbólicamente en su lugar, en compartir interactivamente su mundo interior de pensamientos, perspectivas, experiencias que durante años ha estado vedado para ese entorno que lo ha excluido socialmente, sin crearles las alternativas de integración.
Así Tomás Moro nos ofrece una visión posible sobre conquistas sociales alcanzables en una sociedad cuyo perfeccionamiento para los discapacitados debe seguir necesariamente en ascenso.
La religión también ha permeado a partir de su sistema de creencias y prácticas instituidas, a través de la Iglesia, el proceso interrelacionar que se establece con las personas con deficiencias físicas o mentales. Para los servidores de la Iglesia ortodoxa los niños débiles mentales eran considerados enviados del cielo, arrojando en este sentido un fin divino, por lo que la significación asociada al defecto se centraba en un mandato de Dios. A pesar de que este tratamiento dado por la religión incitó en algunos casos hacia la mirada colectiva desde su sentido piadoso por el afectado físico o psíquico, ofreciendo donaciones para ayudarlos, la atención o el bien social que los creyentes pudieran brindarles a esos individuos no estaba sobre la base de una implicación transformadora de ese entorno social en que se desarrollan, apoyando su labor en la potenciación de sus capacidades y posibilidades.
Las transformaciones económicas y sociales en las sociedades humanas y su acentuada influencia en los sistemas de relaciones sociales de los actores sociales, donde se incluyen a los discapacitados, evidencian en alguna medida cambios en las concepciones y en la responsabilidad del sistema social para con estas personas. Por lo que en el transcurso del proceso histórico las acciones estuvieron guiadas por fines humanitarios, económicos-sociales y morales. No obstante, es necesario precisar que este fue un proceso paulatino donde los avances estaban interconectados con el nivel que alcanzaba el conocimiento social e institucional, así como la comprensión de la existencia de los hechos y fenómenos.
Dentro de esta difícil situación los médicos, pedagogos y filósofos de ideas más avanzadas realizaron una ardua labor en su enfrentamiento a las viejas concepciones relacionadas con la atención a los individuos con limitaciones. A ellos se les asignan las primeras aproximaciones de enseñanza individual a niños con trastornos en el desarrollo físico o psíquico. De esta forma, en el período que abarca del siglo XIV al XVIII el rechazo social hacia la discapacidad toma otra connotación, disminuyendo significativamente la acentuada separación de los niños y mayores inválidos, ciegos, sordos y deficientes mentales del espacio social compartido con otros actores sociales e instituciones, se pueden mencionar aquí los estudios de diferenciación de los niños con retrasos mentales del total de niños con trastornos psíquicos y nerviosos, intentando con esto establecer causas fisiológicas y sociales en sus anomalías.
Por otra parte, la voluntad estatal en relación con los discapacitados, asumió gradualmente, nuevos matices. Aunque en países de Europa estas renovaciones no adoptaron una completa dirección estatal de la educación de los niños con limitaciones, la iniciativa benéfica privada emergió como una valiosa alternativa. Estos niños fueron atendidos en muchos países por los monasterios y las iglesias hasta el surgimiento de las instituciones que se encaminarían a la educación de ellos, tratando de ubicarlos en grupos diferentes conforme a su deficiencia. Es entonces a comienzos del siglo XIX cuando aparecen las primeras instituciones especiales para niños ciegos y sordos y más adelante para niños retrasados mentales.
Este recorrido por diferentes puntos de vista sobre la discapacidad nos da la oportunidad de realizar un primer intento por comprenderla en su espacio histórico y cultural, con el pensamiento sociológico como principal herramienta interpretativa, desde uno de los paradigmas más influyentes en la teoría sociológica no solo clásica sino también contemporánea: Los hechos sociales de Emile Durkheim. De este modo, este análisis estará concatenado con lo que conceptualmente aparece por deficiencia, discapacidad y la minusvalía.
Comenzaremos definiendo qué se entiende por deficiencia, discapacidad y minusvalía. Según la clasificación Internacional de la Organización Mundial de la Salud (OMS):
“La deficiencia es enfocada hacia la pérdida o malformación de algún órgano o de su función propia, ya sea psicológica, fisiológica o anatómica. Como resultado de esta situación llegan a perderse, limitarse, o afectarse (total o parcialmente) sus estructuras o funciones de una manera temporal o para toda la vida.”
Esta definición se refiere, en otras palabras, a ese individuo con retraso mental, ceguera,, mala audición o falta de un miembro( pierna o brazo); es decir, poseedor de algún trastorno en uno de sus órganos o funciones que éste realiza. Esa malformación puede bloquear, o disminuir, las posibilidades del individuo dentro del intercambio interactivo con su medio, por lo que no cuenta o se encuentran reducidos los recursos biológicos que le permiten una accesibilidad adecuada al mundo material y social. Es por ello, que esta deficiencia o defecto le dificulta al individuo la ejecución armónica de una actividad en su vida cotidiana, considerada como normal, dentro de los patrones socialmente instituidos, provocándole por lo tanto, una consecuencia adversa en su desarrollo integral.
Para la OMS la discapacidad, es una limitación o restricción grave que afecta de manera permanente a la actividad del que la padece y tiene sus raíces en una deficiencia. Si el individuo se encuentra alejado de esa norma social de rendimiento se estima que es discapacitado. Sería entonces, este individuo cuyo defecto( ceguera, mala audición, retraso mental, etc.) le reduce con un mayor o menor grado de intensidad su habilidad para andar, hablar, salir de casa, cuidado personal, etc.
Elemento importante, a nuestro modo de ver, en este apartado es la interacción del individuo discapacitado con su medio social y las alternativas de gratificación o privación que el mismo imponga a los actores sociales, siendo también este entorno social o, los otros con los cuales se interrelaciona, los que estigmatizan socialmente a estos individuos con deficiencias y lo someten a tensiones en su sistema de orientación y motivación de la acción impulsándolos a corrientes sociales distantes de la integración social.
De esta manera, cualquier discapacidad puede traer para el sujeto social que la padece una consecuencia social en tanto le obstaculiza el cumplimiento de las actividades sociales que son esperadas por los otros participantes en la interacción. Esta situación conduce a la minusvalía, la que es conceptualizada como una desventaja social en relación con el medio que impide al agente humano ejecutar un rol que es normal para edad, sexo, cultura, etc.
Una u otra limitación disminuye las posibilidades de los individuos, lo que puede provocar una incapacidad social para moverse en su entorno, de manera independiente, en las condiciones normales de acuerdo a su edad, sexo y cultura. No obstante, consideramos que este conflicto en el sistema de interacción de los actores sociales no escapa a la implicación de las instituciones o estructuras sociales que desde posiciones constriñidoras condicionan la acción social de los agentes humanos.
1.1. Una mirada desde los paradigmas de Durkheim, Vigotsky y Goffman
Para Durkheim, la Sociología presenta una acertada distinción en relación con otras ciencias sociales como la Psicología, pues su campo de análisis se dirigía a ese espacio social constituido por elementos específicos propios de él; es decir, elementos que son parte inseparable de esa compleja macroexistencia que es la sociedad. En ese pensamiento objetivista de Durkheim, se divisaba su interés por la constitución de la Sociología como ciencia empírica a través de su elaboración de los hechos sociales.
Estos hechos, definidos a partir de los propios referentes teóricos de E. Durkheim son modos de actuaciones, capaces de ejercer una coacción exterior sobre el individuo, en el conjunto de una sociedad, manteniendo su existencia propia, independiente de sus manifestaciones individuales emergiendo como estados colectivos constreñidores de la acción social.
No nos detendremos en las diversas posturas que se han asumido sobre esta temática, pero si es importante la observación de la ubicación de Durkheim en ese continuum de la coordenada estructural, pues tuvo una preocupación esencial por la incidencia de las grandes estructuras en los pensamientos y acciones de los agentes sociales.
De una manera más simple, se pueden relacionar esos hechos sociales con modos de comportamiento o pensamiento que, como composiciones colectivas, las encuentran ya creadas los actores sociales orientando sus acciones en la actividad social. Si nos acercamos a la perspectiva relacional de Talcott Parsons, en su teoría de la acción social, los individuos se encuentran inmersos en situaciones sociales compuestas por diversos objetos de orientación tales como físicos, sociales y culturales así también los interaccionistas simbólicos hacen referencia a los objetos abstractos (ideas, creencias), sociales y físicos. Entonces, podemos decir, que esos objetos culturales (ya sean reglas o normas morales) además de orientar la conducta humana, se impone a ella, quiéralo el individuo o no.
Como es conocido, lo relativo a los hechos sociales, Durkheim los divide en materiales e inmateriales, donde los hechos materiales tienen la característica de ser entidades reales por lo que adoptan desde su perspectiva una consistencia mucho más tangible que los inmateriales. Dentro del nivel societal estas estructuras presentan, a nuestro entender, una corporeidad más acabada a los efectos de su observación por los investigadores, dentro de ellos podemos citar: a la sociedad, componentes estructurales de la sociedad (iglesia, estado), componentes morfológicos de la sociedad (distribución de la población, canales de comunicación y estructuras de las viviendas).
No obstante la línea central de búsqueda científica, no se refería en gran medida a estos hechos materiales que cristalizaban de una forma más clara en el ámbito social, sino se dirigía a otra categoría de hechos sociales cuya materialización en el mundo externo se encontraba un tanto difusa, (los hechos sociales inmateriales). En relación con esto Durkheim expresa: ¨ no toda conciencia social alcanza… la exteriorización.
A diferencia de los hechos materiales esta nueva variante era asociada a estructuras mentales en los actores sociales que se desarrollaban en el laberinto interno de sus conciencias. Este planteamiento podría llevarnos a suponer que estamos ante determinados estados psicológicos que permean el sistema de orientaciones de los individuos en sus situaciones sociales. Pero estableciendo la distinción teórica y metodológica durkemiana, para un estudio sociológico de los hechos inmateriales, debe incorporarse, respecto a ellos como externos y coercitivos, a los sujetos sociales.
A partir de esta óptica estos hechos, en tanto objetos del sistema cultural, pueden llegar a convertirse en componentes internalizados del sistema de personalidad de los individuos; es decir, son adquiridos por éstos a través de la práctica social organizándose en estructuras que moldean su acción social, por lo que constituyen orientaciones simbólicas (normas y valores), cuyas significaciones se cumplimentan en el proceso de interacción social realizadores de su impronta social sobre las conciencias individuales.
Consideramos que hemos llegado a un punto relevante de la perspectiva durkhemiana de los hechos sociales, pues han sido expuestas dos categorías de análisis de suma importancia en el mundo social. De ahí que, como parte de esta complejidad, los individuos con limitaciones no escapan a los efectos sociales que pueden provocar sobre sus conciencias particulares estas dos grandes dimensiones de la realidad.
Si bien al comienzo de este apartado, hicimos alusión a la trayectoria histórico concreta de la deficiencia, no podemos dejar de mencionar que ésta ha transitado, a lo largo del tiempo, por dos sociedades con elementos singulares que la diferencian y en cuyos marcos de interacción se han plasmado los hechos sociales.
En La división social del trabajo, Durkheim enuncia que esta división, es el hecho esencial para la explicación de la transformación de las sociedades antiguas a las modernas. Teniendo la misma, la función de integrar a la sociedad, a partir de su diversidad de roles. Por lo que se extendía o se alejaba del referente económico, ya que en su interior operaban las formas de cohesión social que imponen los tipos de solidaridad: solidaridad mecánica y orgánica. Estos modelos de solidaridad presentaban, además, una forma de expresión jurídica que regulaba los comportamientos sociales y los estructuraba bajo el llamado derecho represivo y restitutivo.
Asociada a las sociedades primitivas se ubica la solidaridad mecánica, donde la división del trabajo era limitada, por lo que las actividades y responsabilidades sociales que efectuaban los sujetos sociales no diferían entre sí, es decir, poca diferenciación dentro de la estructura social de los roles asignados a los actores. En este tipo de sociedad el derecho represivo representaba un regulador social en tanto las individualidades no se encontraban definidas, sino que todos se remitían a la colectividad y las tareas tributaban a las normas sociales que configuraban las conductas particulares.
En esta sociedad la conciencia colectiva (hecho inmaterial)- y de acuerdo a la definición durkhemiana-, es un régimen de complementariedad tal entre los individuos que cualquier desviación de los patrones culturales eran sancionados por esas máximas morales culturalmente instituidas:
“El conjunto de creencias y sentimientos comunes al término medio de los miembros de una sociedad- expresa Durkheim -, forman un sistema determinado que tiene vida propia y que se puede llamar conciencia colectiva o común… Es, pues, algo distinto a las conciencias particulares aunque sólo se efectué en los individuos.”
A nuestro modo de ver, desde estas sociedades con solidaridad mecánica o primitivas, el defecto se ha ido construyendo simbólicamente bajo una rigidez de pensamiento estructurada en esos sentimientos y creencias colectivas acerca de la deficiencia o el individuo que la padece cuyos significados (carga social, no aportar al bienestar colectivo o de enviados del cielo), eran aprendidos en el proceso de interacción social. Para cada agente humano del mundo antiguo y medieval, la malformación era una situación que rompía con los patrones culturales instituidos por aquella sociedad donde las expectativas desarrolladas por cada uno de los actores sociales se encontraban moldeadas por las estructuras sociales como el Estado o la Iglesia. De tal modo que en el marco familiar o social no se esperaba que uno de sus miembros padeciera alguna anomalía física o mental y, en caso de que así fuera, la férrea moralidad común constituía un hecho social(inmaterial) que constreñía las pasiones individuales.
Se podía tener un hijo con deficiencia o adquirir la misma durante la actividad social, pero los imperativos colectivos: ser mirados como inútiles, carentes de toda cualidad humana, la burla, etc. son modos de obrar, pensar, sentir que ejercen su poder coactivo sobre esas disposiciones intimas de cada sujeto social.
En otras palabras, para un individuo con defecto, su inclusión en los diferentes ambientes sociales va a estar marcada por el diseño social para un modelo humano que, desde lo cultural, ha sido conformado en una multiplicidad de pensamientos u opiniones sobre el tipo convencional (aquel que no posee deficiencia), proyectándose además la tipificación intersubjetiva de su conducta. Para todos, es normal que un niño o niña corra, juegue, camine, sepa decir mamá o papá, incluso en aquellas comunidades antiguas se institucionalizan pautas de pensamiento (el hombre normal puede ser hábil, fuerte, astuto, ayudar al desarrollo de la comunidad), provenientes de sectores objetivos de la realidad social, tales como instituciones de la Iglesia o penales en algunos casos.
Este criterio nuestro converge con los puntos de mira de Liev S. Vigotsky quien plantea:
“El defecto- al crear una desviación con relación al tipo biológico estable del hombre… altera la secuencia normal del proceso de arraigo del niño en la cultura. Y es que la cultura ha sido acomodada al tipo normal de hombre, ha sido adaptada a su constitución, y el desarrollo atípico, condicionado por el defecto, no puede arraigarse directo e inmediatamente en la cultura, como tiene lugar en el niño normal.”
Vigotsky aporta un aspecto importante que ya veníamos destacando, y es que el defecto o deficiencia debe ser analizado no sólo desde lo biológico, sino como un hecho social, sumergido en prácticas continuas de acción e interacción que son internalizadas a través del proceso de socialización de los individuos. Un retrasado mental, ciego o débil visual, un sordo o hipoacúsico, exterioriza su comportamiento: quiere dedicarse en el estudio, la diversión, el trabajo, trasladarse por si mismo, etc dentro de un espacio interaccional, en el que cada actor social puede tener un significado distinto sobre un mismo objeto social. En este caso, ese sujeto con la anomalía, es portador de una conducta que se halla inmersa en un conjunto de representaciones colectivas estructuradas en torno a él, teniendo la posibilidad de limitar, su desenvolvimiento o integración en las actividades sociales.
Por otra parte, la solidaridad orgánica se caracterizaba por la diferenciación en las responsabilidades y tareas que son instituidas en el marco social y llevadas a cabo por agentes sociales en sus continuas interrelaciones. Este tipo de solidaridad se relaciona con las sociedades modernas donde el elemento de unidad o conexión social entre los individuos, según Durkheim, estaba en la especialización de cada uno y el derecho restitutivo aparece, a diferencia de las sociedades con solidaridad mecánica en la que los individuos podían ser severamente reprimidos por actuar en contravención de la moralidad común, como un compensador social sobre los que habían sido dañados por otros.
Desde nuestro punto de vista, en las sociedades orgánicas o modernas el defecto abarcaba otro sentido, pues dada esa diversificación de funciones y la posibilidad de cada individuo pudiese realizar acciones individuales no ajustadas tanto a una voluntad común, esta deficiencia se debatía en una sociedad donde los sujetos sociales no perseguían los sentimientos colectivos sino que tenían roles específicos que cumplimentar, haciéndolos más independientes. De ahí que este discapacitado, para la gratificación de sus necesidades, dependa del accionar de una serie de instituciones o estructuras sociales: de salud, educación, económicas, políticas, etc.
Es decir, para moverse o desplazarse en su entorno social, ese individuo con defecto, necesita que se le construyan determinadas zonas especiales de acceso en el contexto urbano que tengan en cuenta su anomalía; a los efectos de adquisición de conocimientos comprendidos en una educación especial, por lo que necesita de la implicación de las instituciones educativas de la comunidad. De ahí que en estas sociedades modernas, la socialización del limitado físico o mental podría verse afectada, pues los otros actores sociales encaminándose a la consecución de sus propios deseos o intereses privados ubican en una posición de desventaja a esos otros deficientes convirtiéndolos, entonces, en verdaderos discapacitados o minusválidos.
En cada sector del mundo objetivo en que el discapacitado o minusválido se encuentre puede ser estigmatizado dentro de su sistema de relaciones sociales, cuestión que afecta sobremanera su participación dinámica en la vida social.
Según Erving Goffman un individuo estigmatizado seria aquel que presenta una distorsión entre su identidad social real y su identidad social virtual. Esto es, una fragmentación entre lo que deberíamos ser en una situación determinada y lo que realmente somos a los ojos de los espectadores. Es en la interacción social donde se establece la relación entre los llamados individuos “normales” y los estigmatizados, produciéndose un conflicto generado por el tipo de estigma que daña al sujeto social, este puede ser un estigma desacreditado en la medida en la que éstos reconocen que las dificultades son claras para los miembros de la audiencia social.
Para los discapacitados es evidente que su malformación sea física, mental, sensorial es identificada por los otros alterego que interactúan con él. Un ciego aunque quisiese no puede ocultar su ceguera, un limitado físico motor, aunque desee, no puede ocultar que le falta una pierna o brazo, para continuar actuando en su sistema de relaciones.
Por ello en ciertas situaciones sociales (en una actividad recreativa, en la escuela, desplazándose en la calle, entrando a un cine o teatro) ese sujeto discapacitado desearía en cada una de esas circunstancias sociales poseer todas sus capacidades físicas o mentales para representar su rol social conforme a su edad, sexo, y otros patrones culturales institucionalizados. No obstante, en esa realidad concreta y objetiva que comparte con los demás agentes humanos, él continua siendo discapacitado.
Esa deformación entre esas dos identidades sociales y la tensión desencadenada por razón de que la audiencia distingue su discapacidad, lo conllevan a fuertes corrientes sociales de desesperación, angustia, que no emanan del comportamiento de un solo discapacitado(conciencia particular), ya que se organizan en inclinaciones colectivas de displacer de un conjunto de sujetos sociales con limitaciones físicas, mentales o sensoriales.
Estas corrientes sociales como maneras de sentir y pensar ejercen su impronta coactiva sobre las actitudes particulares de los discapacitados y lo conducen, de esta manera, al alejamiento social, o bien a utilizar su discapacidad para llamar la atención sobre aquellos que los han estigmatizado (aunque parezca que esa estigmatización social provenga de ese proceso íntimo y subjetivo que sostiene el individuo con sí mismo).
Por eso, los otros alterego: familia, grupos, demás actores sociales que intervienen en las continuas prácticas interrelacionales, podrían disminuir su proceso de rehabilitación y por ende su necesaria inclusión social, si cada uno de estos agentes socializadores no se insertan interactivamente, de forma conciente, no sólo en la construcción de la persona de los discapacitados, sino también en que ellos mismos, valiéndose de sus propios recursos, sean partícipes activos de su propio proceso de socialización y de la constitución de la sociedad.
Más allá de las principales distinciones encontradas entre la solidaridad mecánica u orgánica, estimamos que la interpretación de cada una de ellas dentro del mundo de la discapacidad, nos ayudan a comprender el enclaustrado avance del defecto en prácticas habituadas legitimadoras del tipo normal, que han estado sumergidas en el proceso de interacción social, convirtiéndose en el decursar del tiempo en actos institucionalizados por los actores y estructuras sociales y que, aún en las sociedades modernas, perduran algunos vestigios prejuiciados sobre los discapacitados, fuertemente estructurados en el sistema cultural como hechos sociales moldeadores de las diversas manifestaciones individuales.
De lo que se trata en este sentido, es romper con el arquetipo social construido alrededor del discapacitado y que lamentablemente los conduce a ser individuos que pierden su interconexión con el medio social. Es obvio que, para lograr su integración social, debemos de edificar una sociedad para todos, en la que cada individuo con derechos y obligaciones, posea un papel activo de jugar, tal y como señala La Declaración sobre Desarrollo Social de Copenhague.
La nueva tendencia de considerar a estos sujetos sociales discapacitados en personas con necesidades educativas especiales , es un bello intento por enmarcar dentro de los diferentes ambientes sociales-educativo, cultural, ocupacional, deportivo- al agente humano con defecto unido a la necesaria comprensión social, desde el marco institucional hasta nuestro sistema más íntimo de interacciones sociales, de que cada uno de ellos reclaman un nuevo replanteamiento de las atenciones recibidas por los agentes socializadores en la búsqueda de una formación y desarrollo más integral.
En cada uno de esos espacios interaccionales en los que el discapacitado se mueva: familia, grupo, instituciones, comunidad, se le debe dotar de nuevas orientaciones cognoscitivas, expresivas, de objetos, y símbolos que no se tipifiquen para un modelo común de educando, sino que contenga el aprendizaje diverso, crítico, bidireccional, participativo sobre aquellos que, lejos de ser diferentes, están muy próximos a nosotros, compartiendo- en el aquí y en el ahora- la producción y reproducción social, aportándonos nuevas experiencias, soluciones y alternativas posibles en medio de un proceso comunicativo que puede y debe ser más armónico.
Las ciencias sociológicas como parte de su acción transformadora y renovadora en la sociedad, están comprometidas con los procesos humanos- donde se sitúan los discapacitados- desde posiciones más criticas que problematicen las influencias de las instituciones sociales y sus consecuencias imprevistas sobre la acción social de los individuos, pero además que se inserten en el flujo de interacciones de esas microexistencias: familia, grupos, comunidad, etc- a la que todos pertenecemos.
Bajo esta perspectiva la Sociología del Deporte puede aportar importantes dimensiones de análisis que reorienten sociológicamente a la discapacidad o minusvalía y a la rehabilitación, como proceso de socialización deportiva, en el amplio y complejo mundo del deporte, de ahí que es imprescindible que nos adentrarnos en este campo de estudio de esta ciencia cuya articulación dinámica, con los demás factores de la realidad social, es de vital significación.
Epígrafe 2. La Sociología del Deporte, y su necesaria inclusión en el análisis del mundo
social
Desde su surgimiento en el siglo XIX la Sociología estuvo marcada con la frase orden y progreso de Augusto Comte. Se vislumbraba una nueva perspectiva para el análisis de las relaciones sociales, que parte de la pasiva actitud otorgada a la sociedad con la visión mecanicista de la metafísica, hasta niveles superiores de nuestra actualidad bajo diferentes ópticas. Investigadores como Anthony Giddens, quien encuadra su tesis bajo un enfoque sociohistórico al abordar a la Sociología como el resultado intelectual inherente al desarrollo socioeconómico de las sociedades, a la necesidad de su estudio en general y de las interacciones sociales en particular, pautando una reestructuración acorde a las condiciones imperantes.
Con el paso a las sociedades modernas aumenta también la diversidad de los fenómenos y procesos sociales. Este nuevo proceso de adaptación requiere del establecimiento de especificidades en las ciencias. La sociología se expande a los diferentes sectores, emergiendo así las teorías sociológicas especiales, encontradas como el lugar donde se concreta, el nivel teórico-filosófico, la teoría sociológica general y la concepción del materialismo histórico.
La pertinencia del nuevo enfoque, se observa claramente al enfocar las formas de manifestación y mecanismos de acción de las leyes generales y especificas y a caracterizar las formaciones económicas-sociales de la sociedad que determinan las distintas esferas de la vida en las comunidades, la expresión de las relaciones sociales en vínculo con la actualidad, vista esta como unidad de análisis de lo subjetivo y objetivo.
Es conocido que las teorías sociológicas especiales o sociologías especiales, constituyen el punto de enlace entre lo general y lo particular, posibilitando que los postulados teóricos metodológicos de la Sociología se concreticen.
Devienen en especiales no sólo por ser particulares; sino también, por empíricas y aplicables, cuya denominación depende de su objeto de investigación y de su orientación predominante hacia la realidad social que estudia; entre éstas la Sociología del Deporte.
La Sociología del Deporte al igual que las demás teorías especiales, define sus funciones en la estructura de la sociedad, al proponerse dar a conocer la dimensión social de las actitudes físicas y deportivas de los hombres, precisando cumplir su función explicativa al analizar aspectos como la estructura social de la práctica deportiva, cultura deportiva y la socialización y la mercantilización del deporte; tratando de descubrir el vínculo del deporte con el género, la edad, la organización social, el espacio y el tiempo, la ecología y el mercado de trabajo entre otras.
2.1. Necesarias consideraciones sobre la socialización deportiva
El nacimiento de la sociología del deporte como un área de la sociología está dirigido a la creación en 1964, de un Comité Internacional de Sociología del Deporte, el cual contó dos años más tarde, con lo que seria su órgano oficial: International Review of Sports Sociology.
Autores como Alan Tomlinson y Jonh Sugden ubican a los pioneros de la recién investigada área como norteamericanos, entre los que se encontraban Jack Scott con el trabajo The athletic Revolution, Paul Hoch con el título Ripp of the Big Game y una serie de trabajos del sociólogo Harry Ewards.
Estas primeras investigaciones dedicadas a la Sociología del Deporte, según señala Tomlinson y Sugden en su trabajo “Investigaciones criticas y comparativas en Sociología del Deporte” , no trascendían las fronteras norteamericanas pues sólo trataban acerca de las preocupaciones exclusivas sobre deportes estadounidenses. Este carácter reduccionista condicionó que estos trabajos no alcanzaran un desarrollo sostenido dentro de la comunidad académica. Fueron otros, comprometidos con los paradigmas dominantes de esa época en la sociología norteamericana vinculada al funcionalismo y al método positivista los que convertirían a la Sociología del Deporte en un área de estudio e investigación.
La profundización de los estudios y la misma dialéctica conllevó a la superación y caducidad del enfoque funcionalista, y es en Inglaterra donde emerge una incipiente Sociología del Deporte, impulsada por la aplicación, por Eric Dunning, de los trabajos del estudioso alemán Norbert Elías, sobre historia social y sociología del deporte.
En la década del 70 la sociología deportiva empieza a ser atacada y se requiere de alternativas que prolonguen su mantenimiento y desarrollo; son, entonces, los estudios de los medios, los que le brindan esta posibilidad. Se fueron instalando departamentos que la sustentaron, creándose el primer foro de sociólogos deportivos: el grupo de estudio de recreación y tiempo libre de la asociación Sociológica Británica y la sección de estudio de tiempo libre.
A pesar de la relativamente corta aparición de la sociología del deporte como una institución social significativa que realmente justifica una seria investigación académica, existen otros antecedentes, que abordaremos, cuyo principal objetivo es insertar la Sociología del Deporte como imaginario del mundo social.
Entre los trabajos existentes creemos conveniente señalar en primer lugar el libro Sociología del Deporte, publicado en España que pertenece a la autoría de Manuel García Ferrando, Nuria Puig Barata y Francisco Lagardera Otero, quienes enuncian que el resultado de la diversidad de enfoques teóricos que se utilizan para explicar las dimensiones sociales del deporte, responde no sólo a la complejidad de éste, sino que también esta dado por el propio carácter multiparadigmático de la Sociología.
En esta publicación se realiza un exhaustivo análisis del surgimiento y establecimiento de la sociología deportiva en España – donde tiene fuertes raíces y seguidores – así como un tratamiento teórico metodológico de la estructura social de la práctica, cultura y otras categorías operativas que van a servir de referente de nuestra investigación.
El autor Jiménez Blanco, (1978) se refiere a la sociología como la ciencia empírica de la organización de los grupos humanos instalados al campo del deporte, los hechos que interesan a la sociología, y los investigadores sociológicos, los que tienen que ver con la forma, estructura y dinámica que adopta las relaciones deportivas . Contenido este de gran importancia por la necesidad de comprensión por parte de profesionales de la actividad física y el deporte de la dimensión social de su práctica laboral.
Hargreaves (1986) enfoca al deporte como parte esencial de la cultura popular, abordándolo en Sport, Power and Culture desde una perspectiva histórica siguiendo sus orígenes hasta la consumación de la hegemonía burguesa en la segunda guerra mundial cuando se produce la definitiva integración de la fuerza obrera en la cultura deportiva.
En esta misma década se consolida el análisis de las relaciones sociales del deporte que, influido por el tipo de relaciones socio-económicas establecidas, es utilizado en el orden político para mantener la hegemonía y dominio de las clases sociales poderosas.
J.M.Brohm, también plasma sus huellas en el proceso de consolidación de la sociología del deporte, en su obra Sociología Política del deporte avala al deporte como actividad instituidora de valores de la sociedad capitalista, funcionando como una superestructura ideológica positiva, neutra, integradora y ritual. El autor trata de mostrar el carácter ideológico de los valores deportivos, estableciendo de forma implícita, a nuestro entender, una clara relación entre la socialización como proceso social e individual y el deporte: el sujeto, la personalidad al insertarse en la esfera deportiva asumen un nivel superior en el ámbito ideológico social y cultural acorde al sistema social imperante.
En este análisis del deporte podemos encontrar dos vertientes fundamentales: el deporte desde una posición estructural funcionalista en la que los actores asumen, pasivamente, las reglas deportivas en función del modelo económico dominante; y el deporte, como producción cultural en el sentido de reestructurar la creación humana que se puede interpretar como una cuestión simbólica para la sociedad.
El autor cubano Raudol Ruiz nos ofrece una valoración de los acontecimientos(profesionalismo, doping y comercialización) que hacen cambiar la naturaleza educativa del deporte y también hace referencia a la relación entre el régimen imperante en cada país en vista de alcanzar mejores resultados deportivos.
Otros autores analizan la perspectiva de la sociología del deporte desde la violencia en su práctica como un capítulo obligatorio a tomar en cuenta al investigar esta esfera.
Robert Merton al definir los dos tipos de funciones: las manifiestas, y las latentes nos abre un interesante abanico para el análisis de las complejas situaciones sociales que se pueden encontrar en la práctica deportiva y que no deben escapar al estudio riguroso de los sociólogos. Las primeras son las buscadas y reconocidas por los participantes del sistema y donde las consecuencias no son buscadas. La segunda de estas funciones es la que necesita de mayor rigurosidad en la investigación sociológica, pues ofrece el mensaje oculto de cualquier acción social.
Esta función latente nos ha permitido extrapolarnos al campo del deporte, colocando a la propia práctica en el primer tipo, ya que las instituciones deportivas buscan que las personas participen en los juegos en tanto los individuos reconocen a éstos eventos o actividades lúdicas como entretenimiento, diversión y reflexión; además de permitir que estos estrechen las relaciones amistosas y adquieran mejores capacidades físicas y reconocimiento social. En cuanto a las funciones latentes, podemos ubicar a la violencia al practicar deportes.
La institución deportiva contiene reglas y valores que rigen su funcionamiento. Talcott Parsons define como anomia la ruptura de las normas que existen en una determinada estructura por el individuo. Vista la violencia en el deporte desde la óptica parsoniana, es considerada una anomalía en tanto un determinado deportista o una específica institución, rompe con las normas que regulan la institución deportiva.
Por otro lado, Héctor Peralta en Educación física, deportes y recreación para personas en sillas de ruedas nos acerca al tratamiento dado en Colombia por la educación física a las personas con necesidades educativas especiales así como a los derechos de estas personas a desarrollarse como personas “normales”, al propiciar un nivel de adaptación adecuado; la autoaceptación, autoestima óptima, independencia, validísmo, autodeterminación, una visión positiva de la vida y las posibilidades que le brinda sin temores ni prejuicios personales que lo limiten.
Estos autores de manera general tributan al establecimiento de la Sociología del Deporte como área de investigación y cuyo mayor logro es demostrar que dicho sector necesita y debe ser incluido para una mejor comprensión del mundo social.
Además coinciden en que la ciencia general y la Sociología del Deporte, como estudio específico del conocimiento científico en el área del deporte, establecen una relación que da viabilidad a la aplicación de categorías que pueden ser utilizadas en el análisis de las interrelaciones sociales que se producen en este ámbito.
Sin embargo, desde nuestro punto de vista adolecen del análisis hacia un enfoque sociológico de la rehabilitación, por lo que, consideramos, que una ciencia sociológica del deporte debe establecer el necesario vínculo con la rehabilitación, teniendo como objeto de su estudio a la actividad rehabilitadora como proceso socializador insertado en los fenómenos que se estructuran de manera subjetiva u objetiva en las prácticas continuas de acción e interacción social en espacio deportivo.
De hecho nos adentramos, desde la perspectiva sociológica, en la socialización, cuestión que hemos expresado como el proceso de aprendizaje de las normas y valores que existen en la sociedad de las cuales los actores sociales se apropian y llegan a formar parte de su personalidad capacitándolos para desenvolverse en la sociedad. Incorporando este concepto al deporte como objeto de estudio, se trasmitirían las normas y valores que regirán esta esfera; pero a su vez se regularía el comportamiento y se enriquecería la capacidad de establecer relaciones sociales dentro y fuera de la misma.
Aplicando lo anterior a la práctica deportiva, reconocemos dos tipos de socializaciones: la socialización del deporte como el proceso en que los deportistas se adaptan a la dinámica que existe en la institución deportiva y la socialización a través del deporte, donde la adaptación a esta dinámica trasciende los límites de la esfera, hacia un campo social más amplio donde se incorpora por ende, la rehabilitación.
La rehabilitación por medio del deporte, o su acción socializadora, es una acción social que distingue al comportamiento humano, siempre y cuando, con adjetivos weberianos el actuante o los actuantes le impriman un significado subjetivo a su acción y ésta, para llegar a ser social, incorpore a la: motivación y la orientación ¨ del otro ¨ como factores esenciales. De ahí que el deportista orientará sus acciones( las que satisfacerán sus necesidades educativas) guiadas por el significado que él mismo les confiera, de acuerdo a sus metas e intereses y por lo que los demás actores o instituciones esperen de él como atleta, potenciando el alcance socializador de la rehabilitación.
Como vemos, la importancia que se le confiere al deporte no es en vano, ha sabido alcanzar un lugar social sobresaliente. Nuestro enfoque sociológico apuesta por reafirmar la trascendencia de sus logros en los diferentes niveles sociales de intervención sociológica y brinda una fuerte perspectiva a tener en cuenta como basamento científico-práctico y deportivo de las prácticas en tal sentido.
Epígrafe 3. Papel socializador de la rehabilitación en la práctica deportiva en los
discapacitados
La rehabilitación como proceso activo, creativo e interactivo cumple una importante función dentro de la socialización del individuo discapacitado en tanto será capaz de proporcionarle nuevas habilidades y capacidades para su integración a la actividad social. Por lo que consideramos que, para la sociología del deporte este concepto debe implementarse con una mayor extensión en su cuerpo teórico- metodológico y, por ende, objeto de estudio teniendo en cuenta que el análisis sociológico del discapacitado en la práctica deportiva se inscribe en el sistema de interacción social de los agentes humanos donde la acción rehabilitadora es una vía potencial de compensación social.
Para hablar de rehabilitación primeramente debemos comentar lo que pudieran ser los orígenes de este término, así como algunas de las definiciones que lo abordan para después proyectar su interconexión con el discapacitado en la práctica deportiva.
La etimología de la palabra rehabilitación procede del latín “rehabilitas” y expresa el significado de aptitud para volver a capacitarse, enmarcándose su surgimiento en el mundo científico, según María Colli Alonso, Esther Montilla y Nancy Lazo , en la primera mitad del siglo pasado, relacionándose éste con los procesos de cuidados y recuperación de los enfermos discapacitados.
No obstante, Héctor Peralta en su libro Educación Física, deportes y recreación para personas con discapacidades, expone que la historia sobre los ejercicios terapéuticos se remonta sobre los 2500 años antes de Cristo donde los chinos para calmar sus dolencias realizaban variados ejercicios que se resumían en el Cong-Fu.
Continúa expresando que los griegos también dejaron un fuerte legado en la medicina por medio de los ejercicios terapéuticos con la introducción de términos como ”ascesis o asceta”, “gymnos”, así como las figuras de Hipócrates que recomendaba el “achrocheirismos” para la disminución del peso, Esculapio quien ordenó la equitación para recuperar la salud y Asclepiades que pronunció la doctrina: “La mejor medicina es ninguna”.
Peralta refiere que en el siglo XVI, dieron a la luz conceptos importantes relacionados con el área terapéutica, por ejemplo: Friederick Hoffman se centró en la incidencia recíproca de las actividades cotidianas como factor terapéutico, contribuyendo al desarrollo de la Terapia Cinética Ocupacional; otros, como el llamado Padre de la Ortopedia Nicolás André, elaboró una serie de ejercicios para la corrección de los defectos ocasionados por una mala postura. Luego en el siglo XVIII, específicamente en 1780 aparecen los postulados de Joseph-Clement Tissot relacionados con la Terapia Ocupacional, además del empleo de Deportes Adaptados y de la Terapia Recreativa.
En 1944 surge el centro de Lesionados Medulares de Stoke Mandeville, en Aylesburg, Inglaterra como medida paliativa hacia los daños recibidos por muchos individuos durante la II Guerra Mundial. Aquí emerge la figura del doctor Ludwig Guttmann, quien ideó un novedoso programa de rehabilitación para sujetos con lesiones medulares a través de la práctica deportiva. Este destacado galeno creó el 28 de Julio de 1948 los Juegos Deportivos de Stoke Mandeville, considerados como los inicios de los Juegos Paralímpicos.
A nuestro modo de ver, muchos de los términos utilizados anteriormente marcan el proceso histórico de la rehabilitación muy estrechamente vinculada a los ejercicios terapéuticos, pero más allá de la visión de un modo de tratamiento efectivo para disminuir la incidencia de una enfermedad determinada en el organismo hacia la búsqueda del restablecimiento o recuperación del individuo, en aras de una mayor inserción a su escenario físico y social, debemos tener en cuenta que la transformación de los agentes humanos, no se remite sólo a lo biológico, sino también a la adquisición de un conjunto de orientaciones normativas que coadyuvan al funcionamiento del rol social y de la expresión de su capacidad de pensamiento.
La rehabilitación como momento importante de reconstrucción social de las posibilidades del sujeto social tributa a que su proceso de socialización en cualquiera de los ambientes sociales en que éste se encuentre, fluya coherentemente y sufra de una afectación menos prolongada en el tiempo y el espacio.
Para un ciego o débil visual, sordo o hipoacúsico, retraso mental, el defecto puede restringir con mayor o menor grado de profundidad su habilidad para llevar a cabo una actividad dentro de lo que se considera normal para el sistema social, asimismo esta situación proporciona una consecuencia social desventajosa en tanto ese individuo ve disminuido la ejecución de su rol social correspondiente a su edad, sexo y otros patrones culturales.
Es decir, nos referimos a la discapacidad y minusvalía, cada una de las cuales podría impedir el aprendizaje de los elementos del mundo simbólico, orientaciones cognoscitivas, pautas de orientación necesarias no sólo para la constitución del sistema de personalidad del individuo, sino también para su actuación autoconciente en el mundo social. Conjuntamente con la evolución y desarrollo de este aprendizaje, se halla la participación activa de los agentes socializadores: familia, los grupos que conforman, los médicos, entrenadores deportivos, quienes tienen una seria implicación en la rehabilitación del sujeto discapacitado.
Por eso opinamos que la comprensión sociológica de esta actividad, no está sólo en ofrecer modelos sociales de inserción, o de terapia a nivel psicológico del individuo, más bien debe dirigirse a exponer que la rehabilitación viabiliza los procesos de acción e interacción humana en las diferentes instancias sociales, contribuyendo así, a la funcionabilidad de los sistemas sociales, los cuales deben mantener o renovar la motivación de los discapacitados a través de una rehabilitación adecuada empleando al deporte como alternativa compensatoria.
Desde lo conceptual hay autores que conciben a la rehabilitación, como proceso de cambio de comportamientos, cuyo fin está en enseñar a la persona a vivir con su incapacidad en su propio medio social.
Otros, por ejemplo los alemanes Ischeuuschner y Rosenberg(1988), hacen referencia a una actividad apropiada desde lo medicinal, psicológico, social y económico hacia el mantenimiento, restablecimiento y cuidado de las capacidades afectadas.
Por otra parte, Héctor Peralta en su libro Educación Física, deportes y recreación para personas con discapacidades, aborda este concepto como proceso encaminado a la adquisición por parte de los minusválidos de un mayor desarrollo personal y de integración con el mundo social.
La Organización Mundial de la Salud, también ha emitido su criterio en relación con la rehabilitación, ubicándola en el regreso de la persona deficiente, a partir de sus propias posibilidades, a sus condiciones normales de vida.
En el contexto cubano, el psicólogo Morales Calatayud, señala que la rehabilitación se conduce a ofrecer recursos médicos, psicológicos y laborales a los sujetos afectados para que éstos puedan disminuir sus limitaciones y desarrollar nuevas capacidades en su medio social.
En sentido general apreciamos que la rehabilitación, como proceso particular y progresivo, aborda aspectos referidos a cambios de comportamientos, de reestructuración armónica de las capacidades y posibilidades de los individuos con limitaciones físicas, mentales, sensoriales y auditivas, además de lo que en el orden de las oportunidades, les brindan los agentes socializadores a estos. Sin embargo, también consideramos que la rehabilitación es una actividad compartida entre dos agentes sociales comprometidos en una relación dialéctica, por un lado está quien demanda la rehabilitación, y por otro los que la propician, ambos retroalimentándose mutuamente, interactivamente en torno a un conjunto de recursos sociales presentes en la práctica social.
Anthony Giddens, en su teoría de la estructuración , destaca elementos significativos sobre los recursos sociales que estarían presentes en la interacción de los agentes humanos. Según su perspectiva teórica, en la práctica social los agentes humanos tienen la capacidad de conocer que se desempeñan diestramente utilizando un conjunto de recursos, herramientas, conocimientos a su disposición y que emplearán en su rutina diaria, así como en su relación con los demás. Estos recursos proporcionan habilidades sociales a los individuos en las diferentes circunstancias en las que se encuentran, convirtiéndose en un conocimiento dado (tácito) sobre hechos, situaciones, condiciones de la realidad social, luego que son internalizados por los actores.
Asimismo Giddens emite que tales recursos tienen una apropiación diferencial entre los sujetos sociales conformes a sus experiencias vitales, personalidad, modos de comportamiento. En otras palabras, estamos hablando de actores competentes que sirviéndose de una conciencia discursiva o práctica reflexionan sobre las circunstancias de sus actos y la de los otros, usándola tanto en la producción como en la reproducción de su acción.
Estimamos que esta dimensión de análisis del mundo social de Giddens, se configura bajo el sentido de todo aquello (recursos y reglas sociales) que los espacios interrelacionales: familia, grupo, comunidad, instituciones le proporcionan a los agentes humanos. Por eso tales recursos presentes en la interacción social, es decir, las pautas de orientación de valor, el lenguaje (como conjunto de símbolos), las ideas, las creencias desarrolladas en la actividad práctica del hombre permiten o deben permitir que los comportamientos de los individuos fluyan en sus circunstancias. Pero estos recursos y reglas que nos facilitan su destreza social, no lo poseemos al margen del proceso histórico de otros, ni nos son innatos; sino que son intercambiados dinámicamente en el decurso del tiempo.
Los actores sociales en ese intercambio social de símbolos, expresiones, ideas, pautas, recursos actúan con conciencia discursiva exteriorizando lo que subjetivamente contiene nuestro mundo interior; es también la expresión de un comportamiento que se asume a través del lenguaje(oral o escrito), sobre los hechos de nuestro medio en cada uno de los sectores del mundo objetivo.
En torno a esto Peter Beger y Thomas Luckman, representantes de la Fenomenología, en su libro La construcción social de la realidad establecen que el lenguaje brinda las herramientas o tipos que conforman las objetivaciones imprescindibles que poseen un significado [...] en la vida cotidiana.
A partir de este presupuesto, podemos afirmar que el lenguaje nos da la posibilidad en tanto recurso social de actuar e interactuar, toda vez que permite internalizar un conjunto de significados que son comunicados simbólicamente por los otros implicados en el proceso: familia, grupo, comunidad, entrenadores, etc., a través de la practica social y que cristaliza en cómo nombro, clasifico, categorizo, ordeno, en sentido general, el mundo objetivo.
Asimismo, Ritzer plantea que para los interaccionistas simbólicos el lenguaje es un amplio sistema de símbolos donde las palabras son manifestaciones simbólicas usadas para representar cosas, permitiéndole a los actores sociales actuar de una manera distintivamente humana.
En la visión interaccionista de la sociedad los individuos aprenden los símbolos y los significados mediante su interacción social y son capaces de modificar estos componentes simbólicos atendiendo a sus interpretaciones de las circunstancias sociales en las que se hallan envueltos.
De ahí que desde esta perspectiva los agentes humanos son activos, autoconcientes, tienen el poder de crear y recrear su realidad donde se incluyen esos recursos y normas compartidos interaccionalmente. En tales consideraciones podemos señalar que, dada esa actividad práctica, los individuos implementan no sólo su conciencia discursiva, sino también la conciencia práctica asumida sobre los conocimientos o habilidades adquiridos por medio del proceso de socialización y que les permite un desenvolvimiento dinámico en sus situaciones sociales.
En la Teoría de la estructuración Giddens expresa que la acción social de los individuos transcurre en la reflexión de su conducta, la de los otros alterego y de sus circunstancias sociales, por lo que aquí también los actores están dotados de dinamismo, reproduciendo y produciendo su realidad externa y coercitiva a ellos.
Sin embargo, desde esta postura de Giddens distinguimos que los individuos con defecto estarían inmersos en un mundo complejo donde su anomalía física, mental, sensorial le reduce ese poder para asimilar esos recursos y reglas sociales en tanto no se reestructuren sus capacidades afectadas. Un ciego o hipoacúsico, retrasado mental( en dependencia de sus modalidades) podría ver disminuida esa conciencia discursiva en sus relaciones con otros. El lenguaje, expresado verbalmente, ya no sería para él un recurso del que se podría valer en sus diversas circunstancias y que le permitiría hacer cosas, no crearía habilidades o conocimientos para moverse por sí mismo como ser autoconciente.
Su malformación le obstaculiza el proceso comunicativo con su comunidad social, retrasándole la pronunciación de una palabra, de un conjunto de ideas, es decir, de una estructura simbólica y que se limita a una determinada conducta deformada, pues los demás no lo comprenden. En cualquiera de los espacios sociales en que se encuentran estos discapacitados, describir o discutir sobre su comportamiento, estará mediado por su limitación (auditiva y verbal); su adquisición de las normas o reglas sociales no sería distintivamente igual que los sujetos capacitados.
Para un ciego o débil visual, impedido ortopédico actuar con conciencia práctica estará sobre la base de habilidades o conocimientos poseídos por él y que son utilizados en sus diversas situaciones sociales. Por supuesto esos recursos y reglas sociales les permiten manifestarse prácticamente y no requieren una expresión discursiva.
Estos sujetos con deficiencias como cualquier persona, conocen los patrones institucionalizados para conducirse en su entorno, en sus prácticas cotidianas, esto es, saben qué deben hacer para cruzar una calle, avenida, para subir una escalera, entrar a un edificio o cómo comportarse en presencia de otros individuos, en una institución determinada (escuela, trabajo, teatro, etc).
A pesar de ello, el aprendizaje de esos recursos o herramientas sociales conformadores de su conciencia práctica, es afectado con la presencia de la anomalía. En sus interacciones sociales la internalización de esas propiedades estructurales de los sistemas sociales (normas y recursos)no pueden llevar un seguimiento apropiado y lógico, pues el mundo social le imprime restricciones a veces difíciles de superar.
Si bien Giddens enuncia que teniendo en cuenta esa condición diestra y reflexiva de los actores, sus practicas sociales( entendidas como todo aquello que saben hacer regularmente formando parte de la producción social de sus vidas) son rutinizadas y recursivas, es decir, reproducen de una manera rutinaria los patrones de conducta que han sido instituidos. Consideramos que esas distinciones no pueden extenderse tan estrechamente hacia los discapacitados.
Con esto queremos señalar que para ellos la reproducción de los modelos culturales (orientaciones de valor) se halla conectada a su malformación, por lo que muchas veces lo llevaría a situaciones extremas de desajuste conductual, si no se les crean las vías de compensación necesarias ante el defecto y que les permita producir con plena autonomía su realidad social.
Sobre este elemento Liev. S. Vigotsky apuntaba:
“ ... todo defecto crea estímulos para elaborar una compensación. Por ello el estudio dinámico del niño deficiente no puede limitarse a determinar el nivel y gravedad de la insuficiencia, sino que incluye la consideración de los procesos compensatorios, es decir, sustitutivos, sobreestructurados y niveladores en el desarrollo y la conducta del niño.”
Por eso, a escala social deben ser proporcionadas esas vías de flanqueo para el desarrollo de sus capacidades sociales. Sobre esto Vigotsky aborda dentro de su Teoría Histórico Cultural los procesos niveladores en torno al niño ciego, sordo que desde lo cultural tienen la función de la reconstrucción social del agente humano afectado para su integración en los diferentes ambientes interaccionales( escuela, grupo, comunidad, etc).
A partir de estos presupuestos podemos afirmar, que la rehabilitación deportiva constituye un medio compensatorio o nivelador para el individuo discapacitado, en tanto puede ayudarle no sólo a la reanimación organizada de sus capacidades o habilidades disminuidas a causa de la anomalía, sino también propicia la internalización de un conjunto de orientaciones valorativas necesarias para el funcionamiento de su rol social. Además en ese espacio-el deportivo-rehabilitador el discapacitado puede hacer expresión de su individualidad en sus interacciones con los otros agentes socializadores: entrenadores, médicos, psicólogos, pedagogos, otros discapacitados, etc.
El Subsistema Cubano de Cultura Física y Deporte establece dentro de sus conceptos generales las distinciones entre deporte y educación física. El primero, plantea que es una actividad con fines competitivos que impulsa la realización de ejercicios físicos encaminados a manifestar capacidades concretas, encontrándose sus participantes integrados a normas y reglamentaciones. Dentro de este concepto también se destaca la dimensión social del deporte, al exponerlo como la tendencia del hombre a la ampliación de los límites de sus posibilidades y habilidades en el escenario del mundo del deporte.
En cuanto al segundo término, se concibe como actividad en la que están presentes todas las premisas inherentes a un proceso pedagógico, garantizando la formación de hábitos y habilidades en forma armónica, la asimilación de conocimientos teóricos y la ampliación de las cualidades físicas.
A partir de esto se puede observar que existen sus particularidades entre el deporte( como acción social) y la educación física( como proceso pedagógico). La articulación de la rehabilitación en la educación física confluye en esa adquisición de una serie de habilidades en el orden del movimiento y del desplazamiento de ese individuo discapacitado, armónicamente conectado con las orientaciones valorativas que le sirven de guía en sus diversas situaciones sociales.
En tanto actividad educativa se compenetra con el desarrollo de la flexibilidad, equilibrio, de la fuerza unido a la comprensión del sujeto de su discapacidad, así como de su responsabilidad individual en su sistema de relaciones sociales.
Las prácticas deportivas más allá de su visión competitiva, también discurren en el sentido de lo rehabilitador. En éstas se producen complejas interacciones sociales entre entrenadores, discapacitados, médicos, psicólogos, los que no deben sólo proponerse alcanzar una medalla o posición en las competencias, sino además que en este ámbito de la sociedad se facilite el aprendizaje de nuevos recursos y reglas sociales niveladoras de aquellas reducidas por su malformación.
De ahí que como individuos interdependientes, en la práctica deportiva, se configuran múltiples interrelaciones dialécticas entre ese agente que propicia la rehabilitación y el agente demandante de la rehabilitación. Aunque en el marco deportivo, se encuentren a los fines de las competencias el entrenador y deportista discapacitado, nos encontramos ante dos agentes humanos que dialécticamente comparten un mismo espacio vital o rehabilitador, pues además del entrenamiento el discapacitado asume una nuevo estatus dentro de ese sistema de relaciones que implica nuevos comportamientos normativos y esperados por los otros participantes, es decir, estamos hablando del rol social de deportista.
Ser deportista requiere internalizar patrones culturales institucionalizados para éste(disciplina, constancia en el entrenamiento, rendimiento, puntualidad) que se hallan intrínsecamente vinculados en el proceso conciente de rehabilitación del individuo. El discapacitado desarrolla sus expectativas en relación a esa práctica- espera poder participar en una competencia, reconocimiento social, integrar un equipo-, que el entrenador le facilite en entrenamiento adecuado, pero cumplimentar ese sistema de expectativas exige, un cambio en su conducta, una visión más activa y dinámica de su limitación.
Lo anterior no podría lograrse sin la participación multidisciplinaria de agentes propiciadores de la rehabilitación: entrenadores, médicos, psicólogos, etc., quienes deben crearles las posibilidades para la gratificación de las necesidades a éstos. Estos agentes se nutren de las experiencias, del mundo simbólico de ese discapacitado lo que refuerza su comprensión sobre cómo conducirlos en la actividad práctica, en evidente gestión socializadora.
3.1. La rehabilitación del discapacitado a través de la práctica deportiva: Un primer acercamiento a la especificidad
cubana
A lo largo de su desarrollo, el hombre se ha esforzado por reincorporarse a su actividad cotidiana después de algún cambio que haya disminuido su capacidad funcional. Muchos de estos hechos determinaban la deficiencia desde el nacimiento mismo, y en estos casos en que surgen durante su vida, la invalidez era acatada como un castigo divino y eran valorados socialmente como seres inferiores.
El hecho de la conciencia de poseer y tener que satisfacer necesidades especiales, no lo excluyen de las necesidades, derechos y aspiraciones básicas que no han de ser diferentes a la de las personas ¨capacitadas¨, de vivir con dignidad, respeto a su individualidad, compartir su existencia con otras personas y construir su existencia propia.
En Cuba se ha alcanzado un importante avance en este sentido, al considerarlos como seres con plenitud de derechos. Vinculado a esta situación el Estado le concede a la Educación Física y al deporte como parte de la educación del pueblo, gran significación. Juega relevante papel las instituciones donde se ha incursionado con diferentes trabajos científicos técnicos en tratamientos de rehabilitación.
Esta tarea se ha insertado como parte del Programa de Promoción de Salud, convirtiéndose en una gran preocupación para todos los organismos que están relacionados de una manera u otra con la salud del pueblo y con la creación de las bases que propician este logro.
La unidad entre estos dos sectores se evidencia en la condición de indicadores de salud para la valoración del nivel de cultura física de una población; pues el trabajo multisectorial va a influir determinantemente en la calidad de vida de forma particular y en el estado del nivel en sentido general. Así esta tarea en conjunto va en dos sentidos: uno de profilaxis y otro con el uso de la rehabilitación física mediante la práctica del ejercicio físico. Este último, en nuestro estado socialista, trata de conseguir para ello la mayor capacidad física, mental, emocional, social y laboral posible.
Si bien es cierto, que el Estado cubano le ha dado prioridad a este sector vulnerable de la sociedad que conforman los discapacitados, a través de políticas sociales como el Plan de Acción Nacional para la Atención a las Personas Discapacitadas, donde se opera con principios como el de “ igualdad” y “plena participación”, significando esto la voluntad de lograr al máximo las condiciones que faciliten a estos individuos oportunidades iguales a las de las personas consideradas “normales” y una participación equitativa en el mejoramiento de su calidad de vida, resultante de su desarrollo social y económico, creemos justo señalar que no han sido muchos los investigadores que someten al proceso de rehabilitación como objeto de estudio en sus investigaciones.
En nuestro país se han realizado proyectos que desde el área del deporte tratan de integrarlo en las actividades sociales. Por ejemplo está el Proyecto FEDAD, promovido por la Facultad de Cultura Física de Santiago de Cuba, cuyo fin está en la formación pedagógica de los discapacitados como profesores de Educación Física; ellos serán los propios protagonistas de la educación y preparación de otros discapacitados, dándole una oportunidad para que se expresen con plena individualidad, compartiendo de esta manera experiencias, modos de comportamiento, criterios. Todo esto constituye parte de la rehabilitación del discapacitado, que es, a la vez, un proceso educativo donde el sentido crítico, reflexivo e interactivo de la comunicación debe estar presente en todo momento.
Entre los profesionales que han abordado dicha temática podemos mencionar a Juan Romero Donesterez, Aniceto León Moreno y Martha Bermúdez López, quienes plantean que es más factible la rehabilitación de estos pacientes al realizar ejercicios con pesos ligeros , si bien es cierto que esta tesis constituye un antecedente en la rehabilitación de las personas creemos conveniente señalar que en ella solo se trata la rehabilitación como proceso que dota al individuo de las condiciones necesarias para su recuperación física.
Otra de las investigaciones que ponemos a consideración en el presente trabajo es la tesis realizada por Juana Charrón Mancebo y Lázaro Hernández Reyes, en la que se presenta la rehabilitación como un proceso consciente, dirigido a las personas traumáticas como consecuencia del padecimiento de alguna enfermedad o accidente, que tiene como objetivo principal, posibilitar un óptimo desarrollo de la personalidad del individuo afectado y su integración plena en la vida socialmente útil .
Con respecto a esta investigación podemos decir que concordamos con el concepto de rehabilitación que ofrecen los autores en la misma, aunque creemos que este proceso no solo esta destinado a personas enfermas o accidentadas sino a actores sociales que por diferentes causas(entre las que se encuentran éstas) padezcan una deficiencia o discapacidad que les impida desarrollarse plenamente en el mundo social.
Consideramos como uno de los aspectos más importantes en esta definición el hecho de considerar el proceso rehabilitador como un proceso consciente, ya que creemos que el propio individuo es el que a través de su acción y con ayuda de técnicos especializados puede contribuir más a su integración a la sociedad.
Sin embargo pensamos que el elemento más importante de este concepto es el hecho de considerar dos vertientes fundamentales en el trabajo de los especialistas en dicho proceso, la primer vertiente se refiere a la rehabilitación como un proceso médico - funcional donde el principal objetivo es el de lograr que los individuos se recuperen tanto física como síquica o sensorialmente. Entendemos que es válido señalar que este punto de vista ha sido el más utilizado en el trabajo rehabilitador con las personas que presentan deficiencias.
Por otra parte la rehabilitación es vista desde un enfoque de formación cultural y profesional y/o recuperación profesional. Este punto de vista se refiere a una integración completa de los individuos no solo física y síquica sino una rehabilitación que tributa al proceso de socialización de los actores sociales.
Dentro de estas concepciones es imposible que no destaquemos la visión sociológica de la rehabilitación en el espacio deportivo, pues constituye ésta una vía de compensación necesaria en las interacciones sociales. Estimamos que este punto ha sido poco tratado a pesar de los proyectos que han llevado a cabo las instituciones y organizaciones cubanas relacionadas con el área del deporte.
La acción rehabilitadora como proceso en cual los individuos aprenden nuevos elementos culturales que le permitirán una aproximación mucha más adecuada a su realidad social, se complementa en la práctica deportiva, permitiéndole a estos discapacitados la oportunidad, no solo de practicar deporte, del mejoramiento físico o mental, sino también de que sus roles sociales sean internalizados en esta actividad, expresándolos en cada uno de los campos sociales en los que actúa. Además desde nuestro punto de vista, se debe tener en cuenta que en este proceso, el discapacitado debe asumir ese rol social, pues es un individuo que presenta una afectación en uno de sus órganos o la función que éste realice, es decir, el debe interiorizar que tiene esa malformación e implica un cambio de comportamiento hacia el medio social.
No obstante esta internalización de su rol social no debe ser vista de manera pasiva y conformista, sino que es activa, dinámica y creativa. Es en este momento donde la rehabilitación acciona sobre los sujetos sociales, llevando su máxima socializadora, expresándose en la práctica deportiva y contribuyendo a que ese rol se asuma de manera bidireccional.
Su contenido socializador nos da la medida de que en esas relaciones interhumanas su efecto transformador esta dado desde las estructuras subjetivas de los actores sociales en tanto conjunto de pensamientos, ideas, creencias, así como en las estructuras objetivas, es decir, los procesos de acción e interacción, la exteriorización del mundo interno. Todo esto lograría una mayor reinserción social del discapacitado.
La rehabilitación del discapacitado debe ir encaminada no sólo al mejoramiento de sus habilidades, de una mejor destreza y funcionamiento psíquico sino que este proceso debe ser enfocado y estar dirigido a complementar el proceso de socialización en el que estas personas con necesidades educativas especiales logran una integridad no solo al deporte y al trabajo sino también a la familia, la escuela, la comunidad y en un sentido más amplio a la sociedad.
Un elemento importante para lograr la rehabilitación de los discapacitados a través de la práctica deportiva, entendemos debe ser la relación entrenador – discapacitado, en donde el entrenador debe conducir con sus conocimientos técnicos a que este actor social se desempeñe dentro y fuera de la institución de una manera normal, en este caso el entrenador no solo cumplirá con la tarea de enseñarle a practicar deportes sino que deberá educarlo para que el discapacitado enfrente la complejidad del mundo social.
Por su parte la persona discapacitada, encaminará su acción social a internalizar nuevos patrones de conducta, de comportamientos que favorezcan su enriquecimiento físico, psíquico y social. Consideramos que es importante en esta internalizacion los procesos de socialización del deporte y socialización a través del deporte que analizamos en el epígrafe 2.1, teniendo en cuenta que el individuo aprende la práctica deportiva y las normas de esa institución, y este conocimiento facilita el aprendizaje de las normas y valores que existen en la sociedad.
La intencionalidad de la rehabilitación es, precisamente, hacer a las personas activas y autónomas como sus potencialidades se lo permitan, viabilizando un óptimo funcionamiento intelectual, afectivo e interpersonal.
El trabajo con las personas requiere de una firme convicción, la creencia en el lado bueno de las personas, el potencial, la bondad del ser humano. No es desconocer sus insuficiencias, sino la firme seguridad de que en ellos reside la esencia para su autorrealización.
Conclusiones
Desde la arista multidisciplinaria, e integradora de las ciencias sociales que hemos abordado en este trabajo, la compresión sociológica de la discapacidad se estructura desde un enfoque teórico conceptual con los paradigmas de los hechos sociales de Durkheim, la concepción histórico cultural de Vigotsky, la “ estigmatización social “ de Goffman, la estructuración sociológica del deporte de García Ferrando y la incorporación desde nuestro punto de vista de una necesaria socialización rehabilitadora como acción social, son criterios que permiten analizar a la discapacidad como estado colectivo que moldea la acción social, teniendo una configuración cultural asociada a un modelo de pensamiento que estigmatiza a las personas con discapacidad y cuya salida, puede estar, en las vías de compensación que el medio social establezca para ellos, utilizando la rehabilitación como proceso de socialización.
La Sociología del Deporte como ciencia particular que nos ayuda a comprender los fenómenos sociales relativos a la compleja y diversa dinámica del ámbito deportivo, complementaría su objeto de estudio, si incluye elementos teóricos- metodológicos, desde la Sociología, conducentes a complementar el accionar social de la rehabilitación.
El carácter social de la rehabilitación, reducida en ocasiones, a lo meramente físico o psicológico, lo cual no desdeñamos, debe conectarse con el proceso de socialización del discapacitado. Lo anterior viabiliza el aprendizaje de pautas, normas, es decir, elementos culturales que modifican y orientan la acción social de los individuos en la sociedad.
A pesar del trabajo realizado por las Instituciones cubanas como el INDER, el trabajo extensivo de los Institutos Superiores de Cultura Física en el orden de la cultura física y el deporte, junto al accionar médico-funcional hacia el tratamiento de la rehabilitación, consideramos necesario que estas instituciones profundicen en su campo de acción deportivo, incorporando la visión sociológica de ésta, pues como actividad sistemática, dinámica, creativa, autoconciente, dialéctica, bidireccional, participativa, de expresión individual y colectiva, tiene la importante condición de incentivar los procesos de acción e interacción humanos dentro del medio social, y potencian el papel sustantivo del hombre en su ejecución.
Bibliografía
1. Abbagnano, Nicolás.( 1971)., Historia de la Filosofía. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, Instituto Cubano del Libro, Cuba.
2. Álvarez Durán, David.(2002)., Los Acuáticos. Un imaginario en el silencio, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, Cuba.
3. Andrade Alfredo.(1999), La naturaleza recursiva en Revista Sociológica, Año 14, # 40, División de Ciencias Sociales y Humanidades, México.
4. Andreieva, Galina M.(1973)., EL funcionalismo en la Sociología Norteamericana, Editorial de Ciencias Sociales, Instituto Cubano del Libro, La Habana, Cuba.
5. Arias, Beatón.(1999)., “ El papel de los “otros”¨ y sus características en el proceso de potenciación del desarrollo humano” en Revista Cubana de Psicología, Volumen 16, # 3. Universidad de la Habana, Cuba.
6. Ayestarán, Sabino.(1996)., El grupo como construcción social, Editorial Plural, Barcelona.
7. Azevedo de, Fernando.(1997)., Sociología de la Educación: Introducción al estudio de los fenómenos pedagógicos y de sus relaciones con los demás fenómenos sociales, Fondo de Cultura Económica, México.
8. Caballero, Tamara.(2002)., Alternativa educativa: la función preventiva como integradora de la acción de diferentes factores sociales en el tratamiento a la conducta en Revista de Estudios y Experiencias en Educación(REXE). Volumen 1, # 2, Facultad de Educación, Universidad Católica de la Santísima Concepción, Agosto, Chile.
9. Casañas, Irela.(2002)., Masificación de la Cultura del Arte Teatral. Una Aproximación desde la Ciencia Sociológica,(Examen Estatal), Universidad de Oriente, Cuba.
10. Colectivo de Autores.(1989)., El proceso de Formación de la Psicología marxista, Editorial Progreso, Moscú.
11. __________________.(1994)., Estudio de la influencia de las actividades físicas recreativas en limitados físicos, Facultad de Cultura Física, Santiago de Cuba, Cuba.
12. __________________.(1989)., Historia de la Sociología del Siglo XIX, y Comienzos del XX, Editorial Progreso, Moscú.
13. __________________. (1994)., Informe sociológico sobre la situación social en España. Sociedad para todos en el año 2000, Fundación Foessa, Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada, Madrid, España.
14. __________________.(1999)., Para conocer mejor a la familia. Una propuesta de evaluación desde la escuela, Editorial Pueblo y Educación, Ciudad de la Habana, Cuba.
15. __________________. (1990)., Los discapacitados y sus padres, Editorial. EMECE, Madrid.
16. __________________. (1992)., Las familias con hijos minusválidos. Su comprensión y ayuda , Ponencia, I Conferencia Latinoamericana de Educación Especial, CELAEE, C.(Mecanografiado), La Habana, Cuba.
17. __________________. (1994)., Cómo estudiar y consolidar la red de apoyo familiar del adolescente discapacitado , Ponencia, III Conferencia Latinoamericana de la Educación Especial, CELAEE, C. (Mecanografiado), La Habana, Cuba.
18. __________________ .(1991)., Sistema Cubano de Cultura Física y Deporte, 28 de Enero, Cuba.
19. ___________________ .(1998).,” La integración en nuestro medio de los factores psicosociales en la rehabilitación y ajuste de impedidos físicos- motores ” en Revista Cubana de Psicología, Volumen 15, #1 Universidad de la Habana, Cuba.
20. ____________________.(1995).,Estudio de las posibilidades de rehabilitación de los pacientes con infarto micocardiaco agudo mediante la realización de ejercicios con pesos, Facultad de Cultura Física, Santiago de Cuba, Cuba.
21. ___________________.(2000)., Selección de Lecturas sobre Sociología y Trabajo Social, Curso de Formación de Trabajadores Sociales, Cuba.
22. Consejo Pontificio para la Familia(2000)., La familia y la integración del minusválido en la infancia y en la adolescencia, Ediciones Palabra, Madrid, España.
23. Contreras Motellón, Josefa y otros. (2000)., Formación Universitaria, Convivencia y Discapacidad, Ed. Universidad de Murcia, Madrid, España.
24. de Urrutia Barroso, Lourdes.(2003)., Sociología y Trabajo Social Aplicado, Selección de Lecturas, Editorial Félix Varela, La Habana, Cuba.
25. Diakov, V. y Kovalev, S.(1996)., Historia de la Antigüedad, Grecia, Editorial Grijalbo, México.
26. García Ferrando, Manuel.(1990)., Aspectos Sociales del Deporte. Una reflexión sociológica, Alianza Editorial, Madrid, España.
27. García, María Teresa.(2002)., ¨ La concepción histórico-cultural de Vigotsky en la Educación Especial ¨, Volumen 19, # 2 Universidad de Habana, Cuba.
28. González, Raúl Sergio. (2003)., Discapacidad y Sociedad: Un acercamiento desde la sociología, (Tesis Doctoral), Universidad de Oriente, Cuba.
29. Ferrada, Donatila.(2002)., La intersubjetividad como eje de la concepción comunicativa del curriculum en Revista de Estudios y Experiencias en Educación(REXE), Volumen 1, # 1, Facultad de Educación, Universidad Católica de la Santísima Concepción, Enero, Chile.
30. Hernández, Ovidio.(1999).,” Cultura, interacción y aprendizaje social ” en Revista Cubana de Psicología.,Volumen 16, # 2 Universidad de la Habana, Cuba.
31. Ley de integración Social de Personas con Discapacidad en el Estado de Sinaloa(2000).
32. Lucas Marín, Antonio.(1995)., Fundamentos de Teoría Sociológica, Editorial Tecnos, Madrid, España.
33. Lugones, Chávez, Oscar.(1985)., La delincuencia. Problemas teóricos y metodológicos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, Cuba.
34. Martín Sánchez, Francisco y Fernando Martín Vicente.(S/F)., Educación Física y deportes para minusválidos psíquicos, Librería Editorial Deportiva Gymnos, Madrid, España.
35. Mead, George H.(1953)., Espíritu, Persona y Sociedad, Editorial Paidos, Buenos Aires, Argentina.
36. Michel, Andrée.(1991)., Sociología de la Familia y del Matrimonio, Ediciones Península, Barcelona, España.
37. Morales Calatayud, Francisco.(1999)., Psicología de la Salud. Conceptos básicos y proyecciones de trabajo, Editorial Científico Técnica, Ciudad de la Habana, Cuba.
38. Moro, Tomás.(1952)., Utopía, Editora Espasa – Calpe, Buenos Aires, Argentina.
39. Morris, Jenny.(1996)., Encuentros con desconocidas, feminismo y discapacidad, Ed. Narcea, Madrid, España.
40. Parsons, Talcott(1966)., El sistema social, Editorial Revista de Occidente, Madrid, España.
41. Peralta Berbesi, Héctor José.(S/F)., Educación física, deportes y recreación para personas con discapacidades, Arte Publicaciones, Colombia.
42. Pineault, Raynald y Carole Daveluy.(1994)., La planificación sanitaria. Conceptos, métodos y estrategias, Editorial Masson, Barcelona, España.
43. Río del, Maria José.(1997)., Lenguaje y comunicación en personas con necesidades especiales, Ediciones Martínez Roca, Barcelona, España.
44. Ritzer, George(2001)., Teoría Sociológica Clásica, Ed. Mc Graw-Hill, España.
45. Ritzer, George. (1998).,Teoría sociológica contemporánea, Ed. Mc Graw-Hill, México.
46. Rodríguez, José A .(1987)., Análisis Sociológico de la Estructura y la Dinámica del Sector Sanitario Español, Editorial Tecnos, Madrid, España.
47. Rolland, John S.(2000)., Familias, enfermedad y discapacidad, Ed. Gedisa, primera edición en español, Barcelona, España.
48. Shuare, Martha.(1990)., La psicología soviética tal como yo la veo, Editorial Progreso, Moscú.
49. Struve, V.V.(1996)., Historia de la Antigua Grecia, (Tomo I), Edición Revolucionaria, Instituto del Libro, La Habana, Cuba.
50. Ruiz, Aguilera Raudol.(1991)., El Deporte de Hoy. Realidades y Perspectivas, Editorial Científico- Técnica, Ciudad de la Habana, Cuba.
51. Vigotsky, L. Semionovich.(1987)., Historia del desarrollo de las funciones psíquicas superiores, Editorial Científico Técnica, Ciudad de la Habana, Cuba.
Autor:
Lic. Osmanys Soler Nariño.
Departamento de Sociología, Universidad de Oriente.
Santiago de Cuba
Cuba
- [
Ver. V.V. Struve., (1966)
Historia de la Antigua Grecia, Edición Revolucionaria, La Habana, Cuba,
(Tomo I), pp. 83-84.]
- [
Cfr. Tomás Moro., (1952) Utopía, Editora Espasa- Calpe, Buenos Aires,
Argentina, p. 113.]
-
[Cfr.
Pedro Luis Castro Alegret y Silvia Margarita Castillo Suárez., (1999)
Para conocer mejor a la familia. Una propuesta de evaluación desde la
escuela, Editorial
Pueblo y
Educación,
Ciudad de la Habana, Cuba, pp. 20-21.
]
- [
Vid. Raynald Pineault y Carole Daveluy., (1994) Planificación Sanitaria.
Conceptos, métodos y estrategias, Editorial Masson, Barcelona, España,
p.130.]
- [
Ibidem,
Pineault y Daveluy. p.130.]
-[Cfr.
Antonio Lucas Marín., (1995) Fundamentos de Teoría Sociológica ,
Editorial Tecnos, Madrid, España, P.106.]
- [Cfr.
George Ritzer(2001) Teoría Sociológica Clásica, Ed. Mc Graw-Hill, México,
(Tercera Edición), p.226.]
-[
Cfr.
George Ritzer., (2001)
Teoría Sociológica Clásica, Editorial
Mc Graw-Hill,
México,
(Tercera
Edición), p. 216.]
- [ Cfr.
Liev.
S. Vigotsky., (1987)
Historia del desarrollo de las funciones psíquicas superiores,
Editorial Científico Técnica, Ciudad de la Habana, Cuba, p.46.]
- [Cfr.
George Ritzer., (2001) Teoría Sociológica Clásica, Ed. Mc Graw-Hill, México,
(Tercera Edición), p.226.]
-[
Vid. José Azoh., (2000-01)
La Capacitación de jóvenes
con discapacidad: una experiencia de servicio social en Monterrey, Nuevo León
en Revista
de Ciencias Sociales No.
90-91,
2000-01, Universidad de
Costa Rica, p. 83. ]
- [Cfr.
María José del Río., (1997) Lenguaje y Comunicación en personas con
necesidades especiales, Ediciones Martínez Roca, Barcelona, España, pp.
31-32. ]
- [
Colectivo de Autores.,
(1998) Sociología del Deporte,
Alianza Editorial, Madrid,
España,
pp.14-15
]
- [Cfr.
Alan Tomlinson y John Sugden., (1997) “Investigaciones
Críticas y Comparativas en Sociología del Deporte” en Lecturas: Educación
Física y Deportes, No.7, Año
2, Octubre 1997, Buenos Aires, Argentina, pp1-3. ]
- [Ibidem,
Tomlinson y Sugden.]
|