Monografias | De las civitas antiguas a la legitimidad política moderna. El problema del poder

De las civitas antiguas a la legitimidad política moderna. El problema del poder

Resumen: Este ensayo parte del concepto de poder en las civitas antiguas, es decir, desde las Ciudades - Estados, para lo cual ananlizamos las posturas de Platòn y Aristoteles, hasta llegar al concepto de legitimidad de Norberto Bobbio, y concluir, despues de este analisis historico - polìtico en la cuestionante siguiente: ¿Podrá ser legitimo un gobierno o poder que nace del engaño, de la alienación como lo plantea Marx, incluso de la fuerza psicológica aplicada por los medios de comunicación que sirven de canal a los detentadores del poder, o del dolo cuando se engaña a sabiendas, como por ejemplo, con los derechos humanos, es decir, será legitimo un gobierno que no te da la elección real de consentimiento, sino más bien, te enajena, te engaña para conseguir este consentimiento?.

Publicación enviada por Sergio Diaz


 

.Para poder dar tratamiento a este tema, tenemos que, primeramente, hablar de que es la “Polis” o Ciudad – Estado. 

Esta Cuidad – Estado se dio en lo que conocemos como Grecia dentro del marco de la Edad Antigua, en la Historia Universal, cuyos dos grandes referentes eran Atenas y Esparta. La Polis era la denominación dada a las Ciudades – Estados de la Antigua Grecia, surgidos desde la época oscura hasta la dominación romana, esta ultima, responsable de lo que hoy conocemos como “Cultura Grecorromana”, que influyo en Europa Occidental, y, luego de la expansión Europea de los siglos XIV y XV, en América Española y Portuguesa, constituyéndose así en la cultura “madre” de nuestra cultura y he ahí donde reside su importancia. 

Más, la Cuidad – Estado era la cuidad y el territorio que ella reclamaba para si, es decir, la Ciudad – Estado era una organización política, social, económica y cultural de un grupo de personas, las cuales, reclamaban para si ese territorio, vale decir, “cada polis era completamente independiente, era un centro religioso, político y económico que cuidaba celosamente su independencia política (soberanía), sus leyes propias (autonomía) y su independencia económica (autarquía)” , con lo cual, podemos inferir, que nunca llegaron a conformar un Estado unificado, como ejemplo de ello tenemos, las grandes diferencias entre Esparta y Atenas. 

Las polis, se constituyeron como una unidad política, social y económica de Grecia, pero si bien compartían una lengua, religión común, lazos culturales y una identidad intelectual y racial (nación) nunca, como dijimos anteriormente, pudieron formar un Estado unificado, pues existían rivalidades entre estas, y que, además, sus objetivos o ideas fundantes eran distintos, así Atenas era mas propensa al desarrollo intelectual, especialmente en el área filosófica, mientras que Esparta se dedicaba más al culto de la belleza y al arte de la guerra.

De lo anteriormente expuesto, podemos decir, que se daba lo que hoy conocemos como Nación, es decir, que los habitantes de Grecia tenían una misma cultura, lengua, religión, etc., pero, no podemos hablar de que fueron un Estado – Nación, pues en Grecia nunca, como expusimos antes, se dio un Estado unificado, pero si una Ciudad – Estado, es decir, la Ciudad – Estado es el antecedente de lo que llamamos Estado – Nación. 

Desde este punto de vista, nos preguntamos que pasaba con el poder, que es parte esencial del Estado, en Grecia, debido a esta especie de poder fragmentado o enfocado en cada polis, en el cual, cada polis tenia su forma, método y pragmatismo para gobernar o administrar el poder. Para tal efecto, analizaremos a Platón y Aristóteles, desde sus postulados sobre política, de la cual, inferiremos la cuestión del poder, ellos nos darán algunas luces de que pasaba con el poder en Grecia.

Platón, tiene una visión elitista o aristocrática de la política, “dice que deben gobernar los sabios y no los ignorantes, para Platón la “Virtud es Conocimiento” (Sócrates), y por tanto gobernar es cuestión de sabiduría” , esto porque, según él, existe una verdad objetiva y que el hombre puede llegar a ella a través de la virtud, es decir, a través del conocimiento, pues para gobernar se debe conocer la justicia, conocer el bien y reconocer el bien, por tanto, en la medida en que se conoce la virtud de la política, que Platón la identifica con la justicia y la prudencia, se puede gobernar correctamente; para él deben gobernar los filósofos, pues son ellos los que conocen, vale decir, tienen la virtud. 

En consecuencia, para Platón la forma de gobernar esta en relación con la virtud, y esta a su vez, con el conocimiento, entonces, para Platón, el poder reside en la Virtud que no es otra cosa que conocimiento, y, consecuentemente, los que mejor “conocen” son los filósofos, por tanto, los filósofos han de gobernar, es decir, el poder reside en ultima instancia en el filosofo, “en el que conoce”, y como estos son sólo algunos, podemos decir que Platón planteaba como forma de gobierno la aristocracia, es decir, “el gobierno de los “mejores”, esto es, de nobles cuyo poder descansaba sobre sus tierras y legitimaban su posición mediante el nacimiento y la sangre” . 

Esto es tan relevante para Platón, que incluso, rechaza a la democracia, pues esta se traduce en el gobierno de la muchedumbre, la cual no responde al conocimiento pues son ignorantes, por tanto, el gobierno de una mayoría de ignorantes no deja de ser ignorante, es decir, el gobierno no tiene que ver con el numero, sino que con la virtud. Cabe agregar que Platón esta enmarcado dentro del Idealismo, a diferencia de Aristóteles, por tanto, en el tema en cuestión, no busca o no le interesa si su modelo funciona o no, a él le interesa descubrir la idea pura de política, es decir, busca un modelo perfecto, sin considerar si es aplicable o no en la realidad. 

Por su parte, Aristóteles, ve a la política más en su acepción practica, en su practicidad, que en lo teórico, esto debido, a que concibe al hombre como un “Zomm Politikon”, un animal político, un animal social, con lo cual la política, que es parte de la esencia del hombre para Aristóteles, es social, y al ser esta así, conlleva un análisis de la realidad, por tanto, para Aristóteles, no es político lo que no es realizable, para él dentro de la esencia de la política esta su practicidad, lo cual no significa que deje de la lado lo teórico, pero lo teórico, para Aristóteles, tiene que estar subordinado a la realidad y practicidad de la política; en esto radica la diferencia, en apariencia, con Platón. 

Pero, ¿cómo era o concebía la polis Aristóteles?, para el la Polis tiene como fin la virtud, por lo tanto, una sociedad no se puede organizar para defenderse, para no estorbarse, para protegerse, sino para cultivar la Virtud (sabiduría, el conocimiento), dice que el hombre es un animal político, pero también necesita saber, se satisface con el conocimiento, pero el conocimiento es un proceso difícil, por lo tanto una sociedad que se organiza solamente para no hacerse daño, no seria una sociedad, ya que esta debe existir para la virtud, para el saber, para que el hombre se complete y desarrolle en ella, es decir, para Aristóteles se participa en la sociedad en la medida que se participa en la virtud, el hombre que conoce y practica la virtud va a ser un buen ciudadano.

Más, Aristóteles plantea que el hombre indefectiblemente es social, por tanto, no concibe toda su vida si no es en sociedad, entonces cabe la pregunta ¿Dónde nace el conocimiento?, ¿En la sociedad o sin ella?. 

Ante esto, nos percatamos que el hombre desarrolla su conocimiento en sociedad, así lo demuestra la prehistoria universal, pues el hombre, antes de la invención de la agricultura, y, consecuentemente, la adopción del sedentarismo, se encontraba atado y determinado por su entrono, del cual se libera, una vez inventada la agricultura y de haber adoptado el sedentarismo, todo lo cual demuestra que el hombre no se desarrollo sin haber estado organizado socialmente, lo que, en consecuencia, demuestra que todo desarrollo cualesquiera que estos fueran están subordinados o encuentran su fundamento y soporte en la organización social, y por ende, el conocimiento que es también virtud, se da en sociedad, por tanto, el poder reside en la sociedad, pero cabe otra pregunta ¿Cómo nació la sociedad?, O mejor dicho, ¿Quién integra la sociedad?.

Referente a lo anterior, y tomando las Teorías del Contrato Social, especialmente la del ingles Thomas Hobbes, nos daremos cuenta que la sociedad nace como necesidad de protección, dado el estado de naturaleza que planteaba Hobbes, el cual, se resume en su frase de que “el hombre es un lobo para el hombre”, es decir, el hombre es su peligro en si mismo, el hombre es una amenaza para si mismo, ante lo cual, Hobbes plantea que los hombres ceden sus derechos a un gobernante (principalmente en Hobbes un monarca), el cual debe proporcionarles seguridad, protección, propender al Bien Común, etc., de lo cual deviene el nacimiento del Estado, la Sociedad y el Derecho, dado que, el Estado contiene al derecho, y este, como dice el adagio jurídico, no puede existir sin sociedad, y recíprocamente, la sociedad sin derecho, es decir, con Hobbes encontramos que el poder realmente lo ostenta y tiene el hombre, que como lo acabamos de explicar, lo cede para la obtención de ciertos bienes, constituyéndose así la sociedad. En consecuencia, al el hombre ceder sus derechos crea la sociedad, la cual esta dentro del Estado y en este el derecho, por tanto es el hombre el que ostenta el poder, y, consecuentemente, la sociedad como ese conjunto de hombres agrupados, en consecuencia, el poder reside en el pueblo.

Pero, Hobbes también plantea que si el soberano no ejerce bien este poder, es decir, no cumple con lo pactado, por decirlo así, el pueblo tiene el derecho de levantarse, de rebelarse, para provocar la revolución, con lo cual, nos da a pensar, que no sólo basta con que el hombre en su conjunto cedan sus derechos, sino que también es necesario que se legitime este poder, pues de no ser así, el pueblo tiene la opción de levantarse. Más, ¿Qué es la Legitimidad?. 

Ante esta pregunta, daremos distintas visiones de teóricos como Hobbes, Lock, Rousseau, Norberto Bobbio, etc. Así, para Hobbes, el principio de legitimidad de la sociedad política es el consentimiento, al los hombres, para salir del estado de guerra y encontrar la seguridad y la paz, someterse a la voluntad de otro hombre o de una asamblea, y es justamente ese consentimiento o consenso lo que legitima el poder de ese monarca. En cuanto a Lock, este plantea que la legitimidad del poder está en el consenso de los miembros de la comunidad a someterse a ese poder; al ser el hombre libre por naturaleza no puede suponerse que se someta a ningún poder terrenal si no es por su propio consentimiento, el cual legitima y justifica el poder. En cuanto a Rousseau, este dice que el hombre es libre sólo cuando obedece a la ley que el mismo ha creado; el único modo que el ciudadano sea libre es dictando sus propias leyes, por tanto, el poder político reside en la naturaleza general, la legitimidad se encuentra en el consenso de cada particular de someterse a esa voluntad general. Por ultimo, Norberto Bobbio lo define “como el atributo del Estado, que consiste, en la existencia de una parte relevante de la población de un grado de consenso tal que asegure la obediencia sin que sea necesario, salvo en casos marginales, recurrir a la fuerza” .

Con todo, nos podemos percatar que estos cuatro teóricos, si bien con diferencias en casos abismantes y en otros no tanto, plantean como esencia el mismo concepto, que no es otro que el de “Consenso o consentimiento”, de lo cual, podemos plantear, que no hay un poder real si no hay consentimiento del pueblo, pues sin este consentimiento, no sería legitimo, y seria aplicable lo que plantea Hobbes de la posibilidad de rebelión del pueblo, es decir, que por una relación lógica, el gobierno que no es legitimo, en los términos tratados anteriormente, no tiene el poder, pues el pueblo ante esto tiene el derecho de rebelarse, siempre y cuando sea, como dice Bobbio, “una parte relevante de la población”.

Por tanto, todo gobierno trata de ganarse el consenso para que se le reconozca como legitimo, transformando así, la obediencia en adhesión, es decir, que se busca más la adhesión, el convencimiento, más que hacer buen gobierno o gobernar bien. Si esto lo extrapolamos a nuestro días, nos percataremos que, las fuerzas políticas, especialmente los partidos políticos, buscan el convencer a la población de distintas formas, produciendo, en la mayoría de los casos, el engaño en el pueblo, afectando incluso la misma estabilidad emocional del pueblo, pues no gobiernan con Virtud, como decían Aristóteles y Platón, sino más bien, gobiernan en busca de sus propios intereses, lo cual no es de extrañar desde el punto de vista sociológico y de Hobbes, pues es inherente al hombre el querer el poder, el querer estar por sobre otro, es decir, lo que sea dado en llamar Ansias de Poder. 

Con todo, si es el hombre el que tiene el poder y el mismo el que lo anhela por sobre el resto, ¿No será que el problema del poder es, en esencia el problema de nuestra naturaleza humana por sobre el sistema estatal existente?, ¿O será que más allá de estas ansias inherentes al hombre la legitimidad ya no tiene valía en la actualidad?. Pues bien, creo, como lo dice Karl Marx, que el hombre esta alienado, no ya en los medios de producción o en términos económicos, en este caso especifico claro, pero si esta alienado por los medios de comunicación que nos propenden a polarizarnos por uno u otro lado, en todos los aspectos de nuestra vida, incluso el político; de todo lo cual nace la cuestionante con la que concluyo, ¿Podrá ser legitimo un gobierno o poder que nace del engaño, de la alienación como lo plantea Marx, incluso de la fuerza psicológica aplicada por los medios de comunicación que sirven de canal a los detentadores del poder, o del dolo cuando se engaña a sabiendas, como por ejemplo, con los derechos humanos, es decir, será legitimo un gobierno que no te da la elección real de consentimiento, sino más bien, te enajena, te engaña para conseguir este consentimiento?. 

AUTOR
Sergio Díaz Jerez
Alumno de Pedagogía en Historia y Geografía.


[1] Ricardo Krebs, Breve Historia Universal, Santiago, Chile, Editorial Universitaria, vigésima segunda edición, 2003, pp. 121.

[2] Apuntes de Derecho Político, Rodrigo Valenzuela, abogado.

[3] Ricardo Krebs, Breve Historia Universal, Santiago, Chile, Editorial Universitaria, vigésima segunda edición, 2003, pp. 122. 

[4] Extracto del Diccionario de Política de Norberto Bobbio. Extraído de http://franja.ucr.org.ar/images/archivos/legitimidad.pdf  

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Código ISPN de la Publicación EEVlyEEAlyiuuDFxZT
Publicado Monday 18 de September de 2006

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