Monografias | Neuropsicofarmacología de la conducta suicida (I)Neuropsicofarmacología de la conducta suicida (I)Resumen: Para reducir las muertes por suicidio la Organización Mundial de la Salud (OMS) manejo de la información sobre el tema en los órganos de difusión masivos(1). Además de estas medidas, diversos países han diseñado sus propias estrategias ha sugerido seis medidas dirigidas a lograr tales propósitos, las que se pueden reducir a tres estrategias principales: el tratamiento de las enfermedades mentales, la reducción del acceso a los métodos suicidas y el adecuado y en todas se hace énfasis en el tratamiento de las enfermedades mentales. Para
reducir las muertes por suicidio la Organización Mundial de la Salud (OMS)
manejo de la información sobre el
tema en los órganos de difusión masivos(1). Además de estas medidas, diversos
países han diseñado sus propias estrategias ha sugerido seis medidas dirigidas
a lograr tales propósitos, las que se pueden reducir a tres estrategias
principales: el tratamiento de las enfermedades mentales, la reducción del
acceso a los métodos suicidas y el adecuado y en todas se hace énfasis en el
tratamiento de las enfermedades mentales. En
Inglaterra, una de las medidas para disminuir los suicidios es mejorar el
tratamiento de la depresión en la atención primaria de salud(2). En Noruega no
se limita a la depresión el tratamiento del riesgo de suicidio sino que se
incluyen otras condiciones mórbidas(3). En Suecia se hace mención al
tratamiento de las personas en crisis suicida, sin especificar trastorno
alguno(4). En Finlandia, además del tratamiento de la depresión se hace mención
de la depresión del alcoholismo como factores que predisponen a la conducta
suicida(5). Se
hace evidente que el tratamiento de los trastornos
mentales es un importante pilar en la prevención del suicidio, por lo
que se tratará de exponer a consideración del lector algunas estrategias útiles
para el manejo neuropsicofármacológico del sujeto con riesgo de suicidio. Iniciemos
con el tratamiento
electroconvulsivo, que aunque no se trata propiamente de una molécula aún
mantiene un lugar en la prevención del suicidio. I.-
Tratamiento electroconvulsivo. El
tratamiento electroconvulsivo, también denominado electroshock es la indicación
principal para los Trastornos Afectivos Depresivos Graves con ideación suicida
persistente. Se puede utilizar la técnica bilateral, en la cual los electrodos
son colocados, previa limpieza con una solución alcohólica o jabonosa, en
ambas regiones frontotemporales, o la técnica unilateral, la que requiere
determinar previamente el hemisferio cerebral dominante para implantar los
electrodos en la región del vertex y en la región frontotemporal del
hemisferio no dominante. Entre las pruebas utilizadas para determinar la
dominancia cerebral se encuentran las siguientes: 1.
Ordenar al sujeto que aplauda y la mano que juega un papel más activo
indicará el hemisferio contralateral que predomina. 2.
Se indica al sujeto que mire a través de un tubo y el ojo que utiliza
indicará el hemisferio que predomina. 3.
Se le ordena al sujeto subir a una silla y la pierna que primero sea
utilizada para tal fin
orientará el hemisferio contralateral.
4.
Se pide al
sujeto que apriete un dinamómetro y la mano con mayor fuerza indicará el
hemisferio contralateral que predomina. 5.
Se le
preguntará al sujeto cual es el miembro que más utiliza para escribir, lanzar
una pelota, etc. 6.
Medición de
la uña del dedo meñique que será mayor en la mano con la cual realiza la
mayoría de sus actividades, y por tanto, el hemisferio contralateral es el
dominante. 7.
Entrecruzamiento
de los dedos de las manos en la llamada pose de Napoleón, indicando la mano que
queda visible, el hemisferio contralateral que predomina Una
vez determinado el hemisferio dominante, para aplicar la técnica unilateral, se
procede a peinar al sujeto con la raya en medio de la cabeza y los electrodos se
colocarán en la región frontotemporal del hemisferio no dominante y en el
vertex, como se ha señalado con antelación. Se
considera que el tratamiento electroconvulsivo clásico, es decir, sin
la aplicación de anestésicos y relajantes musculares, es más efectivo
que cuando estos fármacos no son utilizados. En la experiencia del autor, la
efectividad es similar, aunque las complicaciones pueden incrementarse al
emplear los anestésicos y relajantes, y acrecentarse también la ocurrencia de
los tratamientos fallidos debido a la relajación provocada por los
miorrelajantes y no hacerse evidente la fallida convulsión. Para evitar este
inconveniente se orienta insuflar el esfigmomanómetro en una de las piernas del
sujeto, cercano al pie, para impedir el paso del relajante muscular, lo cual
permitirá se haga evidente la convulsión del tratamiento que haya sido
efectivo. El
número de tratamientos variará según la enfermedad que sufre el sujeto a
quien se le indica, pero hay coincidencias al considerar que las depresiones con
riesgo de suicidio requieren menos sesiones que las esquizofrenias en idéntica
condición. Para la depresión se estima que entre cinco a seis tratamientos en
días alternos son suficientes para revertir los síntomas depresivos y el
riesgo de suicidio, mientras que para la esquizofrenia el número de sesiones
tiende a incrementarse hasta 10, aunque algunos autores consideran que pueden
necesitarse una mayor cantidad de tratamientos. Las
complicaciones más frecuentemente observadas con el tratamiento
electroconvulsivo son la apnea, el espasmo laríngeo, la excitación post-
tratamiento, las quejas relacionadas con los trastornos de la memoria, las
arritmias, hipotensión, bradicardia, etc. En la técnica bilateral se reportan mayores efectos indeseables
que en la técnica unilateral principalmente los relacionados con las funciones
cognitivas. Los efectos terapéuticos de la terapia electroconvulsiva han
tratado de ser explicados por mecanismos neurohumorales, entre los que se
mencionan el incremento de la recaptación de norepinefrina, el incremento de la
liberación de dopamina, la estimulación del eje hipotalamo-hipófisis-suprarrenal
con la subsecuente liberación de sustancias peptídicas cuyo efecto mejora la
depresión, entre otros. Aunque
su eficacia aun no ha sido superada por ningún neuropsicofármaco, su aceptación
varía de acuerdo al país que se trate(6). Antipsicóticos
Los
neurolépticos o antipsicóticos son fármacos que pueden ser de utilidad en el
tratamiento de la esquizofrenia, la manía aguda, la depresión con rasgos o síntomas
psicóticos, las psicosis orgánicas, y los delirios en su fase aguda, las
psicosis inducidas por psicoestimulantes y alucinógenos, los episodios de
descontrol de los trastornos de la personalidad, el Síndrome de Gilles de la
Tourette y otros trastornos de los movimientos como la Corea de Huntington. Aunque
el mecanismo de acción aún se encuentra en fase de estudio, la característica
común en la mayoría de ellos es su acción antagonista de la dopamina en el ámbito
de los receptores D2 del sistema mesolimbico y mesocortical. En
la actualidad los llamados antipsicóticos atípicos son preferidos a los
antiguos neurolépticos por diversas razones entre las que cabe mencionar las
siguientes: -
Son
similares en eficacia a los viejos antipsicóticos para el tratamiento de los síntomas
positivos de la esquizofrenia. -
Son
superiores a los antipsicóticos tradicionales en el tratamiento de los síntomas
negativos de la esquizofrenia. -
Tienen menos
efectos extrapiramidales que los antipsicóticos convencionales. -
No ocasionan
incremento de la secreción de prolactina por lo que no ocasiona ginecomastia e
impotencia en el hombre y galactorrea y amenorrea en la mujer
Entre
los antipsicóticos que pueden disminuir la incidencia de los actos suicidas se
citan los siguientes: Haloperidol.-
Este derivado de las butirofenonas puede ser de mucha utilidad en el
tratamiento de los trastornos de la personalidad en los que predomina el
trastorno de los impulsos, como es el trastorno borderline de la personalidad y
el trastorno impulsivo de la personalidad. Puede ser utilizado en dosis de 7,5
mg/24horas por vía oral, solo o combinado con un antiparkinsoniano para evitar
los efectos colaterales extrapiramidales, entre
los que se cabe mencionar las distonías agudas, la acatisia y el
parkinsonismo(8). El
autor ha combinado este fármaco con la carbamazepina para el tratamiento de los
trastornos referidos con disminución de la tendencia suicida. La dosis de
carbamazepina en estos casos oscila entre 600 mg a 800 mg diarios y las del
haloperidol entre 4,5mg a 6,0 mg/24 horas. En otros casos, cuando la depresión
presenta manifestaciones psicóticas, con ideas delirantes diversas y gran
agitación, el tratamiento con neurolépticos puede ser recomendado de inicio y
continuar ulteriormente con la medicación antidepresiva. Los neurolépticos
convencionales más utilizados son la trifluorperazina en dosis de 15 mg a 30 mg
diarios. Otra posibilidad del uso de los neurolépticos es la crisis suicida,
independientemente del diagnóstico psiquiátrico que la origina, así como la
administración de las formas de acción prolongada, reportándose una clara
reducción de la repetición de los actos suicidas en sujetos a los que se le
administró flupentixol por vía intramuscular cada cuatro semanas (9) Entre
los neurolépticos atípicos, el primero que apareció en el mercado fue la
clozapina, cuyo mecanismo de acción se consideró era
un bloqueo de los receptores de dopamina D1, D3 o D4 y los 5HT2, lo que
explicaba los pocos síntomas extrapiramidales. Su uso se vio limitado por la
aparición de agranulositosis, pero demostró excelente efectividad en los
esquizofrénicos no respondientes con dosis que oscilan entre 411mg a 428mg
diarios. La
risperidona actúa tanto sobre los síntomas positivos como los negativos de la
esquizofrenia, siendo la dosis óptima de 6mg a 8 mg diariamente, sin beneficio
alguno adicional con dosis superiores. Sus efectos secundarios mínimos han
estimulado su utilización en los primeros episodios de la esquizofrenia. La
olanzapina, otro neuroléptico atípico, presenta la misma efectividad de la
clozapina pero no sus efectos indeseables, siendo de probada utilidad en
esquizofrénicos esquizoafectivos a dosis de 5 mg a 20 mg diarios. Otros
neurolépticos atípicos que pueden ser de utilidad en el tratamiento de los síntomas
psicóticos son el sertindole, bloqueador específico de los receptores D2 y
5HT2A cuyas dosis antipsicóticas oscilan entre 12 a 24 mg diarios por vía
oral; la quetiapina con elevada afinidad por los receptores D1, D2, 5HT1A y 5HT2
con dosis óptima de 300mg diarios y la molécula de ziprasidona que a dosis de
160mg en 24 horas tiene un efecto antipsicótico reconocido. Los
psicofármacos mencionados previamente, aunque pueden tener su mayor utilización
en la prevención del suicidio en los pacientes esquizofrénicos, también son
de mucha utilidad en otros trastornos con elevado riesgo de suicidio como son
los cuadros esquizoafectivos, los retrasados mentales con trastornos de la
conducta, los pacientes portadores de enfermedad de Alzheimer con síntomas psicóticos
y los pacientes de la tercera edad con
cuadros demenciales. Se
debe señalar que algunos autores han reportado cierta relación, controversial
por demás, entre el tratamiento con neurolépticos y la conducta suicida. Para
ello se fundamentan en la posibilidad de resolución precoz de los síntomas
psicóticos e incremento del riesgo de depresión postneurolépticos, con un
incremento de las tendencias autodestructivas del enfermo. También se ha
descrito la presencia de síntomas de acatisia en esquizofrénicos suicidas y la
precipitación de actos suicidas ocasionados por el estrés psicológico
resultante de las manifestaciones de la discinesia tardía como la incapacidad
de utilizar dentaduras postizas debido a dificultades de la articulación
temporomaxilar, las ulceraciones de la mucosa bucal, las dificultades con el
lenguaje, la respiración y la deglución, la incapacidad para realizar las
actividades cotidianas como caminar, sentarse y ponerse de pie, progresiva pérdida
de peso, etc.(10,11) III.-
Ansiolíticos Este
grupo de fármacos se distingue por sus efectos reductores de la ansiedad.
Poseen, junto a esta acción principal, otras no menos importantes como son la
sedante, anticonvulsiva y relajante muscular. En
la actualidad los ansiolíticos más utilizados son las benzodiazepinas, cuyo
mecanismo de acción fundamental es potenciar la acción del ácido gamma amino
butírico (GABA) y otros neurotransmisores centrales inhibidores. Dichas moléculas
benzodiazepínicas quedan fijadas en un sitio del complejo macromolecular
formado por el receptor GABA-A y el canal de cloro (Cl) facilitando la interacción
de dicho neurotransmisor inhibidor con su receptor y la apertura del canal de
cloro con la inhibición correspondiente de la transmisión. Su acción ansiolítica
se produce como consecuencia de su efecto sobre los sistemas
limbico-hipocampo-amigdalino. De
acuerdo con su vida media se distinguen cuatro tipos de estas moléculas: -
De acción
ultracorta, con una vida media inferior a las 5 horas. -
De acción
corta, con una vida media entre 5 a 20 horas. -
De acción
intermedia, con una vida media entre las
20 a 40 horas. -
De acción
larga con una vida media superior a las 40 horas. Corresponde
a los ansiolíticos benzodiazepínicos constituir el grupo de psicofármacos
mediante los cuales los individuos frecuentemente intentan el suicidio, aunque
su letalidad es muy baja, a no ser
que sean combinados con otros fármacos de mayor toxicidad o sustancias
depresoras como el alcohol, en cuyos casos se incrementa la mortalidad por tales
asociaciones. Entre
los trastornos de ansiedad que más frecuentemente conducen a un acto suicida se
encuentran los trastornos de pánico asociados con comorbilidad, particularmente
los trastornos depresivos y el abuso de drogas o alcohol. (12) También
conllevan riesgo de suicidio el trastorno de estrés postraumático (TSPT) y el
trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Entre
los ansiolíticos benzodiazepínicos más frecuentemente utilizados en la terapéutica
de los trastornos ansiosos, se encuentran los siguientes: Diazepan, Clorodiazepóxido,
Alprazolam y Clonazepan. Con los tres primeros se ha reportado una desinhibición
general de la conducta con incremento de los episodios impulsivos y
autodestructivos en pacientes psiquiátricos y voluntarios sanos. (14) Al
Clonazepan se le atribuye, por el contrario, un mayor efecto antipánico y
ansiolítico que las otras benzodiazepinas y puede contribuir a la reducción
del riesgo de suicidio al acortar el periodo de latencia de los medicamentos
antidepresivos y disminuir sus efectos colaterales, utilizando entre 1mg
a 2 mg diarios por vía oral, como forma habitual de tratamiento. Es
una opinión compartida por múltiples investigadores que las benzodiazepinas
deben ser utilizadas con cautela en el tratamiento de la agresividad, y la
conducta suicida es una manifestación de ella. Por tanto, la indicación
precisa de las benzodiazepinas en el campo de la prevención del suicidio sería
el trastorno de ansiedad en sus diversas formas clínicas y en los trastornos
depresivo-ansiosos, combinados con los antidepresivos, en este último caso. IV.-
Anticonvulsivos Las
moléculas con efecto anticomicial se han convertido, en la última década, en
medicamentos de extrema utilidad en diversas patologías no convulsivas, entre
las que se deben mencionar el alcoholismo, los trastornos del impulso y los
trastornos del estado de ánimo. Y en la prevención del suicidio, debido a las
razones anteriores, ocupan un destacado lugar. Iniciemos con la carbamazepina,
cuyo efecto estabilizador del estado de ánimo es reconocido. La
carbamazepina, derivado del iminostilbeno, tiene una estructura química muy
parecida a los antidepresivos tricíclicos
y sus propiedades bioquímicas son múltiples, lo cual pudiera explicar sus
diversos efectos terapéuticos. Es notorio la acción profiláctica de la
carbamazepina en el tratamiento de los episodios maníacos y la recurrencia de
los episodios depresivos, así como en los pacientes con cicladores ràpidos(15),
epilépticos del lobulo temporal, bulímicos, esquizofrénicos resistentes a los
neurolépticos convencionales y trastornos en los que predominan los tics. En
cuanto al uso de la carbamazepina en la prevención del suicidio se ha
demostrado su utilidad en
determinadas depresiones de nivel psicótico resistentes al tratamiento con
neurolépticos, litio y otros antidepresivos. Las dosis del fármaco deben ser
individualizadas, aunque no deben exceder los 800 mg por vía oral diarios, a
alcanzar transcurridas varias semanas de tratamiento. En
ocasiones se ha utilizado en el tratamiento de pacientes afectados de trastornos
bipolares tipo I, con historia de disforia y prolongados episodios de depresión
resistente al tratamiento, observándose inhibición del switch a la manía, es
decir el paso brusco de la depresión a la exaltación anímica, muy común en
estos casos. Al igual
que la carbamazepina, el divalproato de sodio tiene múltiples usos entre los
que se encuentran los trastornos comiciales, los trastornos del humor y las
adicciones. Estas dos últimas condiciones, por el elevado riego suicida que
conllevan, justifican la inclusión de esta molécula en el arsenal
neuropsicofarmacológico de la prevención del suicidio, Como es
conocido, el divalproato de sodio es un inhibidor del catabolismo del ácido
gamma aminobutírico (GABA) y además decrece el “turnover” de la dopamina,
efecto que explica su acción anticraving en las adicciones, principalmente el
alcoholismo, aunque también ha sido utilizado en los pacientes habituados a la
marihuana, con buenos resultados. Otras
indicaciones del divalproato de sodio serían el trastorno de conducta de tipo
explosivo y el trastorno de los impulsos muy vinculado al fenómeno
adictivo.(16) Las dosis a las que debe ser indicado el valproato de sodio en
estas enfermedades oscila entre los 500 mg a 1500 mg diarios. V.- Sales
de Litio Al
igual que los anticonvulsivos , el carbonato de litio es un reconocido
estabilizador del estado de ánimo desde la década del 40. Su mecanismo de acción
aun permanece oscuro, aunque se conocen diversas de sus acciones sobre el
organismo, entre las que se mencionan la inhibición de la adenilciclasa y otras
enzimas dependientes del potasio, su capacidad de sustituir el sodio, lo que
posibilita su penetración en las neuronas por los canales de sodio, estimula la
recaptación de noradrenalina en el espacio presináptico disminuyendo su
actividad como neurotransmisor, inhibe parcialmente la hormona antidiurética,
la hormona tiroidea y la histamina, equilibra muchos procesos dependientes del
calcio, reduce la sensibilidad de los receptores serotoninérgicos, dopaminérgicos
y otros, inhibe los sistemas del segundo mensajero por solo citar algunas de las
fundamentales acciones de este metal alcalino del grupo I. Su inclusión
en la Neuropsicofarmacología de la prevención del suicidio se justifica por
ser el tratamiento de elección en la profilaxis del trastorno afectivo bipolar,
aunque también se ha utilizado con eficacia en el tratamiento del episodio maníaco
agudo, solo o combinado con un neuroléptico (17). Cuando se utiliza de forma
profiláctica, el carbonato de litio reduce la frecuencia y duración de los
episodios maníacos y depresivos. Además de
los trastornos mencionados, el carbonato de litio es de utilidad en las
depresiones resistentes, cuando se le combina con moléculas de efecto
antidepresivo, ya que potencia la acción de cualquiera de estos psicofármacos.
El periodo de latencia en estos casos es breve y los niveles plasmáticos
suficientes de 0,4 meq/l a 0,6 meq/l, aunque otros trabajos los sitúan entre
0,1 meq/l a 0,2 meq/l.(18) El
carbonato de litio también se ha utilizado con buenos resultados en los
episodios agudos de esquizofrenia, combinado con haloperidol, y en los
trastornos esquizoafectivos, enfermedades en las que el suicidio es un síntoma
frecuentemente reportado. Otras
indicaciones del carbonato de litio que contribuyen a la prevención del
suicidio son los trastornos de personalidad límite o borderline, los episodios
de agresividad con descontrol de los impulsos de las personalidades disociales y
aquellos síntomas que recurren periódicamente sin acontecimientos externos
precipitantes, que pertenecen al espectro de los trastornos del humor. Los
niveles de litemia que se deben alcanzar están entre 1,2meq/l a 1,5meq/l,
teniendo en consideración que cada 300mg de carbonato de litio se alcanza un
valor de litemia de 0,3meq/l. Además de los controles periódicos para conocer
los niveles de carbonato de litio en sangre, deben diagnosticarse precozmente
los síntomas que indican una intoxicación por este metal, entre los que
sobresalen el temblor de la lengua, gastralgias, vómitos, temblor,
irritabilidad, diarreas, astenia marcada, fasciculaciones, cefalea, ataxia,
estupor, convulsiones y coma. La muerte se produce cuando los niveles de
carbonato de litio en sangre alcanzan 3meq/l, aunque cifras menores pueden ser
fatales en determinados sujetos. Como el
tratamiento con carbonato de litio suele ser prolongado en la mayoría de los
trastornos mencionados, deben realizarse dosificaciones en sangre cada semana
durante el primer mes y continuarlas cada tres meses y nunca más de seis, así
como otros exámenes complementarios entre los que se encuentran la revisión de
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Nacional de la AITS, IASP. Cuba. Publicación enviada por Prof. Dr Sergio A. Pérez Barrero Contactar mailto:serper.grm@infomed.sld.cu Código ISPN de la Publicación EEkApuFkkVKzMaaxwy Publicado Tuesday 11 de October de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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