Monografias | Construyendo MarginalidadConstruyendo MarginalidadResumen: El presente análisis sobre la Teoría de la Marginalidad indaga algunos enfoques teóricos sobre la dialéctica centro/periferia, desde Latinoamérica con respecto al mundo, la réplica de esta lógica hacia el interior de la región y las consecuencias de estos “modos de existir”, la imagen construida al respecto y las representaciones actuales acerca de “lo marginal” y su relación implacable con la delincuencia. El presente análisis sobre
la
Teoría
de la
Marginalidad indaga algunos enfoques teóricos
sobre la dialéctica centro/periferia, desde Latinoamérica con respecto al mundo,
la réplica de esta lógica hacia el interior de la región y las consecuencias de
estos “modos de existir”, la imagen construida al respecto y las
representaciones actuales acerca de “lo marginal” y su relación implacable con
la delincuencia. Intenta describir la sociedad que estamos construyendo, porque
en el contexto de la democracia y la garantía de los derechos del hombre,
resulta incierto si estamos procurando consolidar la ciudadanía o si por el
contrario, estamos caminando en sentido contrario, o atravesando curvas y
contracurvas que nos impiden retomar el rumbo, y en ese equívoco, lejos de
construir ciudadanía estamos construyendo marginalidad desde una lógica
fetichista. A. CONSIDERACIONES
PRELIMINARES Es importante comprender dentro de la
diversidad de perspectivas teóricas, una (sino propia) por lo menos cercana
visión de las imágenes del mundo que se han ido internalizando en el colectivo
social a medida que fueron surgiendo, porque las nuevas actúan como respuestas,
contradicciones o extensiones de las teorías científicas anteriores. Y cada una
de ellas tiene su propia “imagen del
mundo”, la que puede entenderse “como un conjunto de presuposiciones sobre
el modo de existir de los agentes, el tiempo y el espacio donde viven y sus
relaciones con la realidad social” (Scribano, 2004, p.6). La importancia de
estas “imágenes” radica en que las suma de cada mirada, de cada observación de
los diferentes MODOS DE EXISTIR
(Escribano, 2004; p, 6) hace posible la construcción de teorías y la aceptación
de nuevos aportes de las mismas acordes a los escenarios vigentes. La
historicidad ofrece la posibilidad de indagar sobre la pluricausalidad de
aspectos que contribuyen a la construcción de una identidad propia, o carecer de
ella, o sujetarse a la dominante. Aquí se manifiestan los valores y la
estructura social imperantes a la hora de “una determinada imagen del mundo”,
que estará plagada de hechos, situaciones, condicionamientos intrínsecos y
extrínsecos que harán que la imagen sea esa y no otra. B. COMPRENDIENDO A LA
MARGINALIDAD El concepto de marginalidad
viene desde el descubrimiento y de los
posicionamientos políticos y religiosos de Europa respecto de “fronteras”,
consideradas como líneas imaginarias que delimitaban el territorio de cristianos
y de musulmanes. Pero es en los
contextos de la segunda mitad del s. XX cuando se revisan las significaciones de
la “marginalidad”. La concepción se trasladó a América con un
sentido extremista, brutal; así lo demuestra la idea que se robustece a partir
de la imagen que se tiene de la región, evidentemente desde el margen que
limita a Estados Unidos con México hacia
el sur, considerando que las comunidades pre-existentes al descubrimiento,”no eran civilizaciones sino
“barbarie”(1) Incluso Sarmiento, en su libro “Civilización o Barbarie”
estigmatiza a las sociedades iberoamericanas sosteniendo que “eran irreconciliables con las del
norte” (Sarmiento, 1869, Cáp. I) El sesgo ideológico que atrapara a la
generación de intelectuales de la década de los 60 (s. XX) coincide con dos
cuestiones interesantes: a) en la
ratificación de que “la imagen del
mundo” se nutre de los “modos de
existir” de una sociedad, en la cual los valores y la subjetividad son
los principios para la construcción de
teoría a los efectos de abrir los espacios de
debate para re–diseñarlas, desecharlas y/o transformarlas; b) Esta nueva imagen construida a mitad
del s. XX, concuerda con el enfoque de Bachelard cuando afirma que el tiempo en
el que suceden las cosas no es el mismo que el tiempo cronológico. Para él la
ciencia no se construye solo con datos, debe rectificarse la teoría extraída
puramente de aquellos, y si bien esto no significa que la teoría primera se
caiga, su re-visación implica una construcción científica desde la razón y no
solo desde la observación. Lo “real”
se construye con la “razón”.
(1) Textos como los de Leopoldo Zea, “La filosofía americana como filosofía sin
más” (1969); Gabriel García Márquez, “Cien años de soledad” (1967);
Fernando H. Cardoso y Enzo Faletto,” Dependencia y desarrollo en América
Latina”(1969); Paulo Freire, “Pedagogía del oprimido” (1971);
Gustavo Gutiérrez, “Teología de la
liberación” (1970) son las que sellarán el giro ideológico de la segunda
mitad del s. XX Esta “ruptura epistemológica” de Bachelard,
potencializa el rasgo crítico de la teoría en cuanto es una forma de tomar
distancia de las representaciones primarias; toda vez que sea necesario, quizá
como en el Bolero de Rabel, insistiendo en la vuelta permanente al embrujo de la
repetición; pero de repeticiones diferentes. Para Bachelard la ruptura es permanente, afirmando que para no caer en la
seducción del inconsciente es necesaria la “vigilancia epistemológica”. Desde esta
visión puede comprenderse la proposición posterior de Bourdieu de “objetivar al sujeto objetivizante”
sobretodo en el campo de lo social porque nunca es totalmente limpio, por los condicionamientos de los propios
condicionamientos de quien investiga. Si vinculamos esta afirmación a los “modos de existir”; observamos que las
relaciones entre el sujeto, el tiempo y el espacio que se dieron desde el
descubrimiento hasta la actualidad produjeron una ruptura epistemológica con
respecto a nuevas imágenes del mundo condicionadas por los escenarios
diferentes, respondiendo así al por qué de enfoques tan opuestos con respecto a
la marginalidad, cuya teoría se
consolidará a partir de profundos giros ideológicos que confluyen en teorías
como la Teología de la Liberación. Es valioso en este momento del análisis
recordar los planteos del esloveno Slavoj Zizek, post estructuralista, post
caída del Muro, quien recupera para los intelectuales del “horizonte post” la
facultad de intervenir en simultáneo sobre los temas aparentemente excluyentes. Su obra “El
sublime objeto de la ideología” (1989), se centra en una cuestión
esencial de las Ciencias Sociales, la
acción humana. Pero la estudia en un escenario plasmado de incongruencias, y
de un desorden total de las disciplinas tradicionales, explorando las fantasías
ideológicas de completitud y/o exclusión de los complejos entramados sociales.
El concepto de fantasía le resulta crucial para su comprensión del mecanismo de
la ideología y así impulsa su análisis de fenómenos como el racismo, la
discriminación, el totalitarismo o la fragilidad de las democracias. A las
fantasías las describe con siete
características: 1) El lugar del sujeto:
en tanto puede ocupar diferentes posicionamientos desde la fantasía; 2) El esquematismo trascendental de la
fantasía: en cuanto ésta no impone reglas, sino que nos enseña como
crearlas, podemos “desear cómo, cuando, por qué”; 3) La intersubjetividad: porque
se asienta en la heterogeneidad de normas, promoviendo ideologías al margen de
la autonomía del individuo;4) La oclusión narrativa del
antagonismo: porque ocultan el antagonismo, pero lo ocultan
mostrando, mediante afirmaciones que implícitamente explican o justifican
exactamente lo contrario; 5) Tras la caída: en este
momento las fantasías instalan lo que quieren, lo que parecen querer suprimir;
6) Una mirada imposible: porque
entiende que los sujetos están sujetos a sí mismos, no pueden escapar a la
escenificación e imponen un no lugar
para defender lo que desean; y 7) La transgresión inherente, lo
que da la impresión de quiebre, lo que se expone contradiciendo la realidad.
(Scribano, 2004) Estas cualidades de Zizek con respecto a las
fantasías pueden inferirse a la evolución del pensamiento sobre la
marginalidad:1) El lugar del sujeto, tanto del que está inserto en el
contexto de lo marginal, como desde el que observa y estudia el fenómeno en
tanto puede ocupar diferentes posicionamientos desde la fantasía; 2) El esquematismo trascendental de la
fantasía: ya que las normas fueron impuestas desde
afuera, lo que hizo que reaccionáramos a favor o en contra según las
circunstancias;3) La
intersubjetividad: el juego entre dominantes y dominados, entre
quienes colonizaron y los colonizados, y entre quienes están en medio de ambos,
originando enfrentamientos ideológicos trascendentales para la construcción de
la teoría;4) La oclusión narrativa del
antagonismo: porque desde siempre nos mostraron una certeza
diferente a la realidad, enmascarando la marginalidad mediante discursos sobre
progreso, inclusión social y equidad;5) Tras la caída: los
fundamentos del pensamiento único se consolidan en las fantasías de la
pluralidad, la libertad, el fin de la opresión, objetivos se persiguen detrás
del disfraz neoliberal; 6)
Una mirada imposible:
o por lo menos lejana y difícil
en tanto no podemos escapar a la evidencia de lo que nos condiciona, resulta
intrincado ese “no lugar” necesario
para poder recomponer la complejidad en la que estamos inmersos; 7) La transgresión inherente:
las consecuencias de la permanencia en la marginalidad, la separatidad entre lo
que somos y lo que deseamos ser develando una anomia que produce solo
fragmentación social, todo ello encubierto en aras del “progreso”. También la identidad es una
cuestión importante respecto a lo que se está interrogando. Porque es un
problema pendiente de Latinoamérica, y encontrarla puede ser la solución o no,
para re – definir la imagen de
Latinoamérica que se anhela. Lo primordial en este aspecto es resaltar el hecho
de que la identidad se construye desde
lo colectivo. Si es un problema debe reconocérsela como tal, con la certeza
de que la respuesta no está en los países centrales, sino aquí mismo. La
identidad no se decreta ni sanciona, ni surge de una ideología. Su génesis y su
pertinencia se crean sin artificios ni simulaciones mostrándonos tal cual somos.
Y en este universo está la raíz del problema si la consideramos una solución. La
acción de instaurar debe fundarse en la batalla contra los fantasmas que han
alienado a Latinoamérica, y en todo caso convertir a los mismos en artilugios
latentes para la liberación. Las consideraciones preliminares
resultan indispensables para ingresar en la comprensión de la Teoría de la
Marginalidad, ya que es parte de “nuestras raíces impuestas”, porque la
identificación con la marginalidad desde el ser latinoamericanos no es nueva, y
es imprescindible reconocer que “aparecer lo que no somos, es negar a ser
lo que realmente somos” (Scribano, 2004). Entendiendo que es uno de los
fantasmas a combatir, desde diferentes perspectivas o visiones de lo real, desde
la creación de una identidad propia que provenga de la construcción y re –
construcción de lo nuestro, de los diferentes “modos de existir”; desde las
fantasías, haciendo reales las que no son fantásticas, y las que lo son,
utilizándolas para la batalla a librar. Es la década de los 60 (s. XX) el
punto de referencia para describir la crisis del pensamiento de la modernidad,
ya que se corresponde con un nuevo pensamiento latinoamericano sustentado en
esquemas de opresión, y en la toma de conciencia que supone pertenecer a la “periferia”, estigmatización de
Latinoamérica ratificada por la asimilación de
teorías europeas, y por discursos que escondieron detrás de la modernidad
estructuras hegemónicas que si bien antes existían, se develaron como verdaderos
instrumentos de opresión. Conceptos como
el “mestizaje”, o el de “fronteras”, son anteriores al de
opresión pero de alguna manera reflejan su magnitud.
Más tarde Vasconcelos afirmará que
“del mestizaje va salir la raza
superior”, apelando al pensamiento de José Martí, cuando sostenía que la
mentalidad de frontera suponía dos actitudes: a) que el sentirnos fronterizos podría
inclinarnos a negar lo que éramos; b) que esta negación a ser
iberoamericanos nos llevaría al
desconocimiento de la realidad y aceptar ser juzgados desde afuera. Martí
considera lastimosa la primera: “…
¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan porque llevan delantal indio, de
la madre que los crió!...” (Martí; p.38; 1982), mostrando aquí el desprecio
que siente por los que se avergüenzan de ser latinoamericanos.
(4) Europa se condiciona por marcos geográficos,
viéndolos como obstáculos para la conformación de Instituciones sólidas, el
clima extremadamente cálido aletarga la fuerza de los pueblos impidiendo su
libertad; así construye la imagen
de incapacidad del latinoamericano para
integrarse a la marcha de la civilización. El enfoque más fundamentalista previo
a la independencia política
iberoamericana fue la de Corneille de Paux, en Recherches philosophiques sur les
américains, (1768), al afirmar que la totalidad de la especie humana está
debilitada y degenerada en el nuevo mundo.
Martínez Estrada
expresa la misma problemática, partiendo de la palabra “gaucho”, vocablo que para él proviene
del quechua “huacho”, que significa
“huérfano, hijo de nadie” (Martínez
Estrada, I: 246; 1948), comenzando así el cruel destino del mestizo,
puntualizando que los latinoamericanos enmascaran su estado para rechazar
implícitamente a sus antecesores, por ello dice: “...el odio contra el español se envasa en
el odio contra el indio. El desprecio
contra el español, en el desprecio contra el gringo…”, (Martínez Estrada,
I:250;1948), aquí considera al “indio” como hijo de la barbarie y al “blanco”
como hijo de la civilización, y el mestizo queda en el medio de ambas culturas,
resultando una víctima de las dos. Esto lo ratifica cuando se refiere al
argentino: “…lo gauchesco es lo que
persiste aún cuando el gaucho histórico haya desaparecido. Lo gauchesco es lo
que los argentinos son pero no lo admiten porque no quieren serlo…” (I, 99;
1948). Weimberg es más implacable: “…
¿Qué somos? Somos lo gauchesco. Somos frontera, marginalidad, somos barbarie
encubierta de civilización. Pero sobretodo lo que no somos es una
comunidad…” (Weimberg de Magis, p.99, 1992)
Martínez Estrada
a fines del s. XX recupera la dialéctica civilización/barbarie calificándola
como anacrónica, desentrañando al habitante de la frontera como el mestizo, tanto la barbarie como la civilización
serían dos fases de un mismo elemento, apartándose de las significaciones
extremas para concentrarse en lo que realmente es iberoamericano, en lo
gauchesco, en el mestizo, lo que él estima: “… como una condición, un dimensión
exclusivamente lingüística propia de la región; una característica étnica propia
de un espacio y de un tiempo; por lo que “ser gaucho” es similar a ser sajón,
latino, franco etc.…” (I: 261) Lo
analiza como un rasgo antropológico particular, pero que si se observa desde una
perspectiva política, económica y social adversa a lo gauchesco será como una
contaminación, como una deficiencia, o como lo expresa José Hernández en el
Martín Fierro, como un verdadero castigo:”…Porque el ser gaucho... ¡barajo! El ser
gaucho es un delito. De todo el que nació gaucho. Esta es la suerte maldita…” (I: XXIII) Este
enfoque terrible e implacable se repite en otros autores como Murena, quien en
su libro El pecado original de América
(1965), se siente como un ser vacío, transita entre lo que no quiere ser y lo
que nunca llegará a ser, despojado de la posibilidad de vivir en la civilización
por estar sometido a la barbarie americana, afirmando: “…que los americanos somos los parias del
mundo, como la hez de la tierra, los más miserables entre los miserables,
desposeídos que dejamos todo cuando nos vinimos de Europa o de Asia y lo dejamos
todo, porque dejamos la historia…” (p.105; 1965) Si bien Murena supera el
sentido racista de “mestizaje”,
circunscribe el concepto al significado de “contaminación”, para él no es un
problema racial, es mental y espiritual. Para Murena, Europa sigue juzgando a
los iberoamericanos desde su discurso axiológico, adjuntándole una historia a
América fundada desde la misma Europa. Y por otro lado afirma que la
recuperación del pasado latinoamericano se realizará desde la visión europea por
lo que no puede considerársela como una “recuperación” sino como una “recepción tardía y débil de los movimientos
europeos en la región”. Cuando se pregunta ¿por qué?, responde: “…porque nacer o vivir en América es
estar signados por un segundo pecado original…” (p.156; 1965). Desde una
posición mesiánica interpreta al desarraigo de las minorías latinoamericanas
como deseos frustrados de quienes no nacieron en Europa. La categorización de “minoría” de Murena, lo “gauchesco” de Martínez Estrada o el “mestizaje” de Gómez Martínez, son
nociones que se asocian a la categoría de “frontera”, y si se reconceptualiza el
sentido, actualmente puede interpretárselo como “miembro de las minorías urbanas o personas
provenientes de los éxodos rurales para incorporarse a las urbes, protegidos por
grandes y altas murallas, con desdén de los demás por provenir de la
barbarie o sea del
interior” La independencia política no
trajo aparejada un área que la contextualizara, y los intentos de hacerlo fueron
europeos y obviamente resistidos. Esto avala de algún modo el “no comenzar nunca”, una situación de
permanente expectativa propia de lo que se consideraba como frontera porque esta
era una “línea de encuentro” o “un factor de confrontación con el
otro”. Esto supone una separatidad, una distancia difícil de cruzar, se
transforma en un anhelo endémico que para Mayz Valenilla es una peculiaridad el
ser latinoamericanos: “…Y por vivir
siempre anhelando, expectantes ¿es que no somos todavía?, o ¿será que por el
contrario ya somos, y nuestro ser consiste en un “no
ser-siempre-todavía?...”esencialmente, somos y seremos un
no-ser-siempre-todavía…” (M. Valenilla, p.91; 1969). Desde el discurso
pesimista de Martínez Estrada en cuanto al gaucho como el “hijo de nadie”, ni blanco ni indio,
siguieron diversos pensamientos filosóficos que tienden a escindirse de aquella
contextualización de lo “fronterizo”. Aunque debe reconocerse
que este autor de alguna manera en la década del 90 trasciende sus propias
circunstancias y advierte la pobreza y la infelicidad de quienes habitan un
espacio tan grande, pero sobreviven como cautivos por las pocas facultades que
tienen de tomar determinaciones sobre sí mismos. Los años 60 significaron un
giro en el discurso hacia la liberación, y se sugiere como un centro desde lo
teológico (G. Gutiérrez o L. Boff). Esta visión es rechazada por algunos que
piensan “…al hombre como un centro en sí
mismo, y por ello debe ser comprendido por otros hombres, y entiende que es la
incomprensión lo que puede sustentar un discurso desde la barbarie…” De esta
manera Zea advierte la necesidad de superar la separatidad entre el “nos” y el “ellos”, concibiendo la necesidad de un
criterio común desde el “nos-otros”
para la reconstrucción de una estructura propia. (Zea, p.23-24;
1988)
Hasta aquí
la indagación puede inferir que las dialécticas desarrollo/subdesarrollo; países
centrales/países periféricos; exclusión/inclusión; son réplicas de razonamientos
positivistas del s. XIX fundadas en cuestiones naturales, y que hoy acompañadas
de valoraciones sociológicas, culturales, políticas y económicas siguen
alimentando la separatidad entre gaucho-gringo; centro-periferia; pobre-ricos,
germinando nuevas formas de colonización justificadas por estos mitos
dialécticos que solo contribuyen al crecimiento del individualismo, funcionando
como artilugios simbólicos para reproducir la dependencia. La barbarie actual es justamente la brecha
existente entre quienes poseen mucho y quienes no tienen nada. La barbarie actual es económica, política,
y cultural, un discurso que intenta desde hace siglos convencer a
Latinoamérica de su carencia de identidad, de su problema de “no ser”. Leopoldo Zea explica: “…no existen pueblos civilizados y pueblos
bárbaros o salvajes, sino pueblos formados por hombres concretos, entrelazados
en sus esfuerzos por satisfacer sus necesidades…” (p.23; 1988); pensamiento
que caracterizó a esta nueva generación de intelectuales del s. XX. Tampoco
basta con una corriente de pensamiento nacida en la periferia, ya que al
mencionarla como tal implícitamente se acepta su inferioridad; resulta
indispensable pensarse fuera de estas significaciones para desenmascarar la
opresión a la que estamos sometidos; y tampoco es suficiente extinguir el
discurso posmoderno europeo. El discurso ha de ser propio y superador de aquel (5) D . ALGUNAS CAUSAS
La conformación social de Latinoamérica y su historicidad están asociados
a situaciones de dependencia, y los procesos de marginalización se mundializan a
partir de la concentración de poder de los países centrales (Quijano, p.68;
1968) Entendemos por marginalidad a una condición signada
por actividades irrelevantes con respecto al funcionamiento del sistema; y marginación como un procedimiento que
garantizará esta participación relativa fundamentalmente sobre la fuerza de
trabajo, asegurando de esta manera la inequidad con respecto al consumo y a la
producción, impidiendo de esta manera cualquier tipo de movilidad social de los
marginados que pudieren obstaculizar los objetivos de la lógica capitalista.
(Lessa, 1975, p. 3). En plena vigencia
del modelo bienestarista la sustitución de importaciones por un lado aumentó el
requerimiento de mano de obra, pero a su vez el sector industrial absorbió solo
una parte de ésta. Cuando éste modelo comienza a debilitarse, más se deprime la necesidad de
mano de obra, y la producción adquiere características cooperativas o
familiares. Esto provocó un bajo rendimiento del sector rural, consolidándose el
mercado de trabajo en el sector industrial paralela a una revolución tecnológica
dentro del esquema capitalista que implica una “segregación” de características muy
particulares en los ámbitos económicos, políticos y sociales, transformando al
mercado de trabajo de América Latina en “marginalizante” (6) De la misma manera crece la
marginalidad rural con rasgos peculiares, se incrementó la productividad del
trabajo, pero no la productividad de la tierra, “…por ello se produce una expulsión de
trabajadores rurales, y conformándose un sector capitalista en propio
campo…” (Lessa 1975, p. 11). El
paradigma capitalista post- Consenso de Washington, irrumpe y fragmenta aún más
a la sociedad rural y urbana induciendo a la consumación de sus principios y
recomendaciones ceñidas a Reformas de Estado efectuadas por ajustes
estructurales que consistieron en: a) la focalización, participación y
descentralización de las políticas sociales;b) privatizaciones y desregulaciones;c) economías que dejaron de ser
productivas para ser solo financieras; d) flexibilización laboral;e) aperturas totales de mercado etc.
Esto desencadenó una descomposición social identificada en la fragmentación de
la estructura social, la que por medio de una gradual y paulatina dualización de
la sociedad hoy presenta una vasta pobreza heterogénea e
indigencia. E. MARGINALIDAD DENTRO DE LA
MARGINALIDAD A mediados de siglo las ciencias
sociales tomaron en cuenta la existencia de “barrios pobres” en las grandes
ciudades, “villas” en Argentina; “favelas” en Brasil; “cantegriles” en Uruguay. Más allá
del nombre particular que se le da en cada Nación, este es un fenómeno social
característico en Latinoamérica por los inevitables y caóticos procesos de
urbanización que se sucedieron debido a
las migraciones internas y los éxodos rurales conformando verdaderos ghetos de
pobreza en la “periferia” de las ciudades. (6) Los términos utilizados pertenecen a José NUN, Miguel
MURMIS y Juan Carlos MARIN: "La marginalidad en América Latina"
Bs. As.- Instituto Torcuato Di Tella. 1968 - Páginas 28-29, y a José NUN en su libro "Sobre población relativa, ejército
industrial de reserva y masa marginal" Buenos Aires. Revista
Latinoamericana ED Sociología Nª 2 -
1969
Los fenómenos
consecuentes de los desprolijos y acelerados
procesos de
urbanización comenzaron a ser objeto de estudio para la sociología. Las
diferencias más acentuadas se daba entre los asalariados protegidos por el
modelo keynesiano, y las personas que llegaban desde el interior o desde el
campo y al no acceder al mercado laboral se instalaron en asentamientos fiscales
denominados “villas miseria”,
habitadas por una población “marginada”
por el resto de la sociedad. Aquí se explica la reproducción de la noción
centro/periferia que se dio entre Latinoamérica y los países centrales,
propiciándose el “dualismo social”. Al respecto aparecen dos enfoques
sociológicos (7): a) uno “culturalista”: fundado en la
percepción de los patrones culturales similares en las conductas de estos
individuos llamados “marginales”; b)
una visión marxista que explica
a la marginalidad como una consecuencia del capitalismo y la dependencia que el
sistema produce. Gino Germani fue referente del enfoque
culturalista: la marginalidad es“…la
falta de participación de individuos y grupos en aquellas esferas en las que
según determinados criterios normativos les correspondería participar…”
(8)
Germani afirma
esto desde su propia imagen del mundo: a) el agente es un actor-individuo; b) clasifica a los recursos según sus competencias o
funciones; c) percibe al ambiente como natural y adaptativo; d) y considera al tiempo como lineal –teleológico, y al espacio como discontinuo y homogéneo (Scribano; 2004).
Esta imagen desarrollista entraña los cambios profundos en Latinoamérica que
dieron paso a una “coexistencia” entre la “sociedad tradicional” y una “sociedad moderna”, entendiendo a la sociedad como una “asincronía generalizada”, es decir
como un pseudo acuerdo entre los grupos
centrales y los grupos marginales. Y si la hermenéutica del tiempo para Germani
es lineal y causal, luego de esta etapa de transición, las sociedades
tradicionales pasarían a la categoría de modernas sumándose a los cambios
políticos, económicos y culturales futuros. Por lo tanto la marginalidad es un fenómeno que
desaparecería cuando la ciudad cautivara a todos los grupos que llegaran a
ella, y a su vez estos internalizaran las pautas de vida de la misma durante su
integración paulatina.
(9) José
Nun será el
principal referente del segundo enfoque. Desde una perspectiva marxista observa
a la marginalidad a partir de los medios de producción y la lógica capitalista
como la génesis del fenómeno; a los “desocupados” los considera un “ejército de reserva excesivo como función
de un mercado de trabajo dependiente, desde donde puede fundarse la idea de
marginalidad con respecto a las relaciones económicas” Esta opinión se
diferencia del “ejército industrial”
de Marx, porque ahora la “masa marginal” no es funcional al mercado sino que
está escindida absolutamente de la sociedad. Es una consecuencia del modelo
capitalista, de la estructura social vigente, que no tiende a desaparecer como
afirma Germani.
(10) Hasta aquí se percibe cómo los
enfoques coinciden en caracterizar a la marginalidad como “grupos de personas pobres”, utilizando
el concepto prácticamente como sinónimo de pobreza. Esto concuerda con las
perspectivas antes descriptas. El concepto de marginalidad fue seguido por el de
“informalidad” en la década del
setenta, en los ochenta fue “pobreza”, y en los noventas pasó a ser “exclusión”. (7) El
libro “Autoritarismo, modernización y marginalidad”, de Ernesto TIRONI (1991)
clarifica el fenómeno mencionado.
(8) Gino GERMANI:
"El concepto de marginalidad"
Bs. As. Ed. Nueva Visión 1980. pp. 66 (9)) G. GERMANI:
"Política y sociedad en una época de
transición". Bs.
As. Paidós. 1962. G GERMANI: "Inquiri
into de social effects of urbanization in a working-class sector of greater
(10) José NUN: "Sobre población relativa, ejército
industrial de reserva y masa marginal". Buenos Aires, Revista
Latinoamericana de Sociología Nª 2
-1969. La
noción de informalidad se refuerza
con la de “sectores informales de la
economía” que al no articularse con la encomia oficial coadyuva a la
marginación de estos grupos, esperando que fueran períodos de transición y se
desplazaran de la informalidad para incluirse al sistema. (11) El concepto de
“pobreza” adoptado en los 80 ya no
se respalda en los éxodos rurales, ni en lo formal o informal de la economía,
sino en el empobrecimiento creciente de la población como consecuencia de las
políticas neoliberales, y aquí se confirman estadísticas sin precedentes en
Latinoamérica en general y Argentina en particular, pasando a ser de uso
cotidiano nociones como necesidades
básicas insatisfechas, línea de
pobreza, indigencia, pobreza estructural, heterogeneidad de la pobreza etc.
(12) Representar la
pobreza significa poner en juego las cuestiones culturales y/o económicas de
manera excluyente, porque están implícitos los aspectos sociales y políticos. A
fines del s. XX se re-diseña la habitual estructura social desapareciendo
prácticamente la “clase media”,
anclando los “nuevos pobres”, o
sea la “clase media empobrecida”, y aumentando
las carencias y ensanchándose el sector de “pobres estructurales e indigentes”.
Tampoco aquí se concede un sesgo
cultural a este fenómeno, salvo desde la visión del pensamiento único que considera “pobre al que quiere ser pobre”, al “que es vago”. Oponiéndose a este
discurso, tendrá una importante influencia la sociología francesa. Uno de sus
principales referentes, Robert Castel, en su “Metamorfosis de la cuestión
social”, muestra las transformaciones
sufridas por Francia y la evolución de la crisis; y luego de un balance
histórico nos enfrenta a esta nueva cuestión social que necesita urgentes soluciones, convencido que la
pobreza es un estado al que se llega como consecuencia de un proceso conflictivo
y complejo situado en el escenario de la integración social, proponiendo un
esquema para integrar a la sociedad a quienes el denomina “desafiliados”. Uno de los ejes de esta
propuesta es el empleo, y la inserción relacional en la
socialización primera de las personas, los grupos primarios operarían como
herramientas indispensables para la integración porque son los que pueden captar
las zonas de mayor fragilidad social: 1)
la integración social; 2) la vulnerabilidad; 3) la desafiliación. (13)
Castel habla de
una zona de fragilidad que debe reforzarse para su integración, porque esta
separatidad del resto de la sociedad es justamente lo que agudiza su
vulnerabilidad. Otra vez coinciden las perspectivas porque “los marginados”, ya sean estados,
ciudades, barrios y/o individuos, no pertenecen o están fuera de la estructura
institucional en la que deberían estar insertos. Castel explica que es menester
relacionar la marginalidad con los procesos de integración social, porque de
estos últimos depende la inclusión de aquella. También afirma que este fenómeno
esta vinculado a las relaciones sociales de los individuos o grupos; el “ser marginal” para Castel “no es ser pobre”. La pobreza para el
francés a pesar de la mediocridad que pueda reflejar tiene “un lugar”, el pobre camina su propio camino, aún el
de la pobreza, pero está integrado,
conforma parte de la estructura social. El marginal en cambio camina sin rumbo,
mira sin ver, se desplaza. El marginal
no esta integrado es un “extraño
extranjero”, tienen un “no
lugar”, no encuentra reconocimiento en la organización social. Sus vínculos
con la sociedad se caracterizan por la inestabilidad, originada por el desempleo
masivo y la precarización laboral por un lado, y por los obstáculos que
encuentra para volver a insertarse en ese esquema de trabajo, que alguna vez
quizás lo hubiere contenido. (11) Aníbal
QUIJANO: "Polo marginal de la economía
y mano de obra marginada", Lima, Universidad Católica, 1971. Y H. de Soto: "El otro sendero. La revolución informal",
Lima, ED. Oveja Negra, 1986. (13)
Robert CASTEL: La metamorfosis de la
cuestión social » (1995) page. 13 y"Les marginaux dans l histoire Serge
PAUGAM: L’exclusion, l’état des
savoirs, Paris, La Découverte, 1996. pp32, 34, 36, 39. F.
CONSTRUYENDO MARGINALIDAD La humanidad tiene una historicidad construida
desde el imaginario de los hombres y sus obras, (Castoriadis; 2002) Las
acciones, lo instituido, lo instituyente conforma el proceso de autocreación,
que por momentos, mediante quiebres, re-construyen nuevas representaciones. Así
puede considerarse a la marginalidad como un “imaginario”, como un producto sociocultural legitimado. Hay un tiempo, un
espacio y relaciones intersubjetivas que resultan propicias para su vigencia, y
que permiten “que no se la olvide”,
tales como los medios de comunicación, la salud, la educación, las políticas
sociales, etc. que además la aceptaron y la aceptan y la legitiman. Es una
manifestación gregaria, aunque su estigmatización provoque rechazo o
discriminación, que se transforma en matriz de otras representaciones sociales
cargadas de subjetividad en otros escenarios propios, los que son poseedores de
energía y peculiaridades que manipulan los modos de interpretar la
realidad.
(14)
Esto explica el pensar una forma de vida
según el reconocimiento del sujeto, y cómo esta idea es matriz de otras formas
de vida de otros sujetos en los que inciden costumbre, distancias, zonas,
límites, que determinan que se los denomine “marginales”, estereotipando a pobres,
humildes, oscuros de piel, adolescentes o jóvenes con ciertas características
como tatuajes, peinados etc. que los sitúa (desde el imaginario) en la categoría
de delincuentes, desadaptados, irresponsables, con la convicción de que
necesitan atención y además represión. Esto se percibe en la normativa,
programas sociales, y acciones sociales que están planificadas desde la
discriminación.
Según (Alpízar y
Bernal 2003) pueden ser: a) Homogeneizantes: para aquellos que
desconocen la diversidad; b)
Estigmatizantes: generadores de estereotipos y prejuicios como lo es la
penalización de la pobreza; c)
Invisibiladores de género: desconociendo a las mujeres por ejemplo desde una
perspectiva androcéntrica; d)
Desvalorizantes: sobretodo de lo femenino, sus valores, sus
especificidades. Los medios de comunicación, la
legislación, los posicionamientos sociales, las políticas sociales, las
políticas de seguridad; las políticas económicas, condenan a las personas a la
fatalidad de “estar al margen”en el
contexto de la lógica neoconservadora, quienes fundan permanentemente más
marginalidad. Lo grave es la representación negativa del colectivo
social porque “ser marginal”, “vivir en
zonas “marginales”, es pertenecer al hampa, estar relacionado al crimen
organizado o a la delincuencia general. Los habitantes de las “villas”, “favelas”, “cantegriles”, son
objeto de tratos denigrantes por parte de representantes del Estado, y de muchos
otros sectores de la sociedad, quienes al actuar de esta forma componen el
estigma originando
“rasgos
devaluadores” para justificar la discriminación y el
trato despectivo e inhumano. Resulta alarmante la
perversidad de ciertas prácticas políticas y sociales con estas personas, a
quienes no se las considera del todo como tal, siendo esto un indicador para
comprender su identidad. Barman explica: “…si has sido asignado a la infraclase (…)
e intentas alcanzar otra identidad, te es negada a priori. La identidad de la
infraclase es una ausencia de identidad, la negación de la individualidad, del
rostro del deber ético y atención moral. Eres expulsado fuera del espacio social
en el que se buscan, eligen, evalúan, confirman o refutan las identidades. La
infraclase es una colección de personas a quienes su bios (….) o sea su vida socialmente reconocida, ha sido
reducida a zoo, una vida puramente animal con armas humanas anuladas o
podadas” (2003, p.9) El “vivir en la villa” confiere esta “no identidad” que se prejuzga como
relacionada a la criminalidad. Este desprecio por su condición humana es una
causa de criminalidad. E los destina a la “barbarización” cuando se pre-supone que viven sin leyes,
delinquen o actúan sin orden y sin respeto a nada; que sus conductas son
extrañas, anormales, salvajes. Esto nos acerca a la idea de desorden en
contradicción con “lo normal”, o “lo
construido”. Es decir que “el mundo
de desorden de las villas” se contrapone al “al mundo del orden del resto de la
sociedad”. (15) (14) Manuel A. Baeza (2000) y Shotter (2002) son
quienes otorgan estas características al
“imaginario”. (15) Autores como
Bartra (1996); Valuar (1994); (Terradas; 1992) opinan que para construir un
sistema normativo, es porque existe otro que no o
es. El avance de la
inequidad internaliza cada ves más la aceptación de la marginalidad en la
conciencia colectiva, la cotidianeidad es testigo de niños y niñas en las
calles, del crecimiento de la “villarización” debido a las
migraciones hacia las ciudades en búsqueda de una vida mejor; del aumento del
delito y de la “subculturalización”
de la marginalidad. Y aquí comienza a funcionar el sarcasmo como una ideología,
lo que recuerda a una célebre frase de
Marx en “El Capital”: “…Ellos no lo saben, pero
lo hacen.” La conciencia hipócrita de la sociedad, la separatidad que existe
entre la realidad y lo que creemos que
esta es, conduce a interrogantes claves: ¿Qué piensa el sujeto? El sujeto sabe
de esta distancia, pero prefiere enmascararla, entonces ¿sigue operando en esta
hipocresía? El análisis elaborado demuestra que hay intereses ocultos, y nos preguntamos
¿estamos, como dice Fukuyama al final de las ideologías? No, porque ironía es la
raíz misma de la fantasía ideológica en la que la ideología asoma y muestra la
realidad social; y si es así ¿Cómo se exponen los derechos humanos, la igualdad
ante la ley, la justicia independiente, la libertad de ideas, la igualdad de
oportunidades? ¿Lo hace a través de esta hipocresía que pretende anular la
diferencia de clases? ¿Puede alguien querer
ser marginal, vivir al borde del abismo pudiendo perder su libertad y
negándose una mejor calidad de vida? ¿Qué pueden obtener si al final terminan
automarginándose? Las respuestas se ocultan detrás de la fantasía ideológica,
que en verdad está lejos de la cotidianeidad, de la vida real. “… La ilusión no está del lado del saber,
va del lado de la realidad, de lo que la gente hace. Lo que ellos no saben es
que su realidad social, su actividad esta guiada por una ilusión (¿de hacer el
bien?). Lo que ellos dejan de lado, lo que reconocen falsamente, no es la
realidad sino la ilusión que estructura la realidad. Saben muy cómo son las
cosas en realidad, pero aún así hacen como si no lo supieran…y esta ilusión
inconsciente es lo que se podría denominar la fantasía ideológica…” (Zizek,
1989). Entonces ¿Qué estamos construyendo? Simplemente
seguimos construyendo más marginalidad. Publicación enviada por Lic. Patricia Whelan Contactar mailto:cheypato@hotmail.com Código ISPN de la Publicación EEkApukFuZpABviCNq Publicado Tuesday 11 de October de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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