Monografias | Las Ciencias Sociales entre lo uno y lo múltipleLas Ciencias Sociales entre lo uno y lo múltipleResumen: Algunas nociones tanto ideológicas como sintomáticas se escuchan con insistencia en ámbitos diversos y revisten actualidad. ¿Tendrá sentido decir, sin más, “actualidad”? Esas nociones son las de complejidad y subjetivismo. Son nociones que se refuerzan porque suelen ir acompañadas de alguna reflexión científica o insertas en un estilo de racionalidad discursiva. Que un problema, una teoría, un acontecimiento se vuelva complejo o subjetivo es tal vez una manera de decir que llegamos al cabo de lo que creíamos conocer. Si, además, quien crea conocer tiene alguna teoría epistemológica o filosófica, tanto peor, pues un sinnúmero de argumentos pueden inducirlo a creer que sólo su imaginación ha hablado. “Toda
la experiencia del pasado se resume en una
sola regla: Cuando se quiere reestablecer la unidad de
lo diverso, se agrega una unidad a lo diverso” Serge
Moscovici[1] “Yo
concluyo en que los seguidores de Kuhn deberìan resistir
la tentación de ganar la partida a los Whigs, hablando
de mundos diferentes” Richard
Rorty[2] Algunas
nociones tanto ideológicas como sintomáticas se escuchan con insistencia en ámbitos
diversos y revisten actualidad. ¿Tendrá sentido decir, sin más,
“actualidad”? Esas nociones son las de complejidad y subjetivismo. Son
nociones que se refuerzan porque suelen ir acompañadas de alguna reflexión
científica o insertas en un estilo de racionalidad discursiva. Que un problema,
una teoría, un acontecimiento se vuelva complejo o subjetivo es tal vez una
manera de decir que llegamos al cabo de lo que creíamos conocer. Si, además,
quien crea conocer tiene alguna
teoría epistemológica o filosófica, tanto peor, pues un sinnúmero de
argumentos pueden inducirlo a creer que sólo su imaginación ha hablado.
Complejidad y subjetividad invitan entonces a detenerse y preguntar qué es lo
que conduce una argumentación, una descripción, un informe pretendido científico
y razonable, un diálogo, un diálogo crítico, un proceso experimental, a la
complejidad y la subjetividad. ¿Habrá una objetividad posible más allá de la
epistemología sujeto-objeto? ¿Más allá del consenso intersubjetivo? ¿Más
allá de la singularidad, el contexto y la contingencia? ¿O la subjetividad
material de las ciencias es definitivamente el mundo tecnológico tan
fetichizado como inerte y comprensible por su uso y no por su reificación teórica? ELEMENTOS
DE SOCIOLOGIA EN EL SIGLO XIX Un
recurso a los clásicos en Sociología puede permitirnos bosquejar lo que J.
Alexander considera resuelve el carácter científico de los investigadores de
Ciencias Sociales. Su idea –que desarrollaremos más adelante- es que en la
formación del sociólogo ya hay un terreno común compartido, que orienta los
trabajos y las discusiones: son los clásicos, los que fundaron modernamente la
ciencia social. Un repaso entonces sobre las ideas de algunos de ellos nos
permite describir qué es lo que constituye la materia básica de la sociología,
tomando algunas ideas directrices de la entonces nueva disciplina. Para este
propósito mencionaremos a Comte, Dilthey, Weber y –para aproximar el terreno
psicológico- a Pierre Janet. Auguste
Comte esboza el proyecto de la Sociología después de un largo recorrido por la
sistematización y jerarquización de las ciencias. La nueva ciencia debía
sentarse sobre lo que se denomino la ley de los tres estadios. Según él, el
desarrollo de la racionalidad pasa por tres fases explicativas, rastreables históricamente.
Estas fases son: las explicaciones mítico-religiosas (estadio teológico), las
metafísicas (estadio metafísico) y las científicas, o de la ciencia positiva.
Una diferencia de orden cualitativo indica el valor superior de las ciencias
sobre los otros estadios. Pero aún entre las ciencias, también establece
jerarquías, siendo la nueva ciencia social la más importante y quizás, la más
difícil, puesto que propone una transformación social que mucho significó
para las instituciones educativas. Sin
embargo, Comte es especialmente cuidadoso en mantener cierta complementariedad
en las ciencias, y -para lo que luego llamaremos Sujeto Epistémico- la
articulación de las ciencias sugería que el sociólogo debía conocer el
pensamiento de las otras ciencias, y
muy especialmente, de la física y la astronomía. Creemos que Comte intuyó que
de esas ciencias y otras el sociólogo
comprendería mejor su proyecto. Así dice: “Esta
preponderancia necesaria de la ciencia astronómica hacia la primera propagación
sistemática de la iniciación positiva es plenamente conforme a la influencia
histórica de un tal estudio, principal motor hasta aquí de las grandes
revoluciones intelectuales. El sentimiento fundamental de invariabilidad de las
leyes naturales, debe, en efecto desarrollarse desde los fenómenos más simples
y los más generales, en los que la regularidad y la grandeza superior nos
manifiesten ellas solas el orden real, que es completamente independiente de
toda modificación humana”[3] Las
llamadas leyes naturales que actúan con independencia de toda modificación
humana, ¿son el símbolo de una idea de orden en que la vida social podría
postularse como proyecto? Creemos que ésta es una de las ideas más vigorosas
de Comte, en la que interviene una intuición filosófica fundamental. Diríamos
hoy: ¿Es posible –o al menos deseable- ese proyecto? ¿Son las ciencias en la
actualidad el desarrollo de esa intuición filosófica? O aparece entremezclado
con religiosidad y aura metafísica alejadas de sistematicidad y transidas de
contingencia? Luego veremos estas preguntas. Pero el modelo de las ciencias
naturales debe –según Comte- servir de guía inexcusable para el desarrollo
de la ciencia sociología. Wilhem
Dilthey efectuaba una histórica del surgimiento de la ciencia en la sociedad:
la Revolución Francesa. De ese acontecimiento –cuyas proyecciones políticas
son innegables al menos en Europa y América- surgía una noción muy
Diltheyana: comprensión. Ese episodio histórico suscitaba comprensión social.
Suscitaba una vivencia social que afectaba a cualquier ciudadano, desde el
reconocimiento básico de esta condición común, hasta la idea de contrato
social, o normativas sobre las que los ciudadanos piensan la naturaleza de sus vínculos
sociales. Lejos de los inconvenientes psicológicos y noseológicos de la noción
de comprensión, Dilthey emplea con soltura ese concepto, y lo amplía en sus
trabajos en pos de obras poéticas en los que creía reconocer manifestaciones
simbólicas del espíritu que permitían el desarrollo de nuevas formas de
autocnocimiento de las sociedades, labradas con el renovado método hermenéutico
fundado en la interpretación y en la comprensión. Vale subrayar la conectiva
mientras hablemos de Dilthey. Un párrafo suyo puede ilustrar este comentario: “La
sociedad europea mostró después de la Revolución Francesa un fenómeno
completamente nuevo, cuando, por decirlo así, los aparatos de represión que
habían existido entre las fuertes pasiones de las clases trabajadoras y el
poder estatal, que mantenía la ordenación de la propiedad y el derecho,
hubieron desaparecido, en su mayor parte, y el rápido incremento de la
industria y de las relaciones de tráfico opuso al poder del Estado una masa de
trabajadores que crecía por días, unidad por una comunidad de intereses por
encima de los Estados particulares, con conciencia cada vez más clara de sus
intereses, gracias al progreso de la ilustración. De la comprensión de este
nuevo hecho surgió el intento de una nueva teoría: la ciencia de la
sociedad”[4] Con
este dato inicial, las ciencias del espíritu se proponían una suerte de nueva
totalidad, totalidad fundacional de la realidad histórico-social. Hoy
preguntaríamos: ¿Qué realidad histórico-social? ¿La singular, la
particular, la universal? O bien: ¿A qué sujetos afecta la realidad histórico-social? Pero
Dilthey ya se lo preguntó, siendo su pregunta la instalación misma del objeto
temático en pleno siglo XIX, cuando la investigación historiográfica y la
filosofía de la historia comenzaban a ejercitarse modernamente, y en su
pregunta se tematizaba como objeto lo que se sacudía del magma indiferenciado
de la naturaleza de lo dado. Era acaso la nueva libertad ciudadana la que
pugnaba por la autoconciencia: “Y así somos remitidos incesantemente al
problema último y más general de
las ciencias del espíritu: ¿Hay un conocimiento de esa totalidad que es la
realidad histórico-social?”[5] Sin
embargo, a la par de este tono de optimismo fundacional de las ciencias del espíritu,
algo profundamente contradictorio parece surgir de esa reinstalación del plano
y espesor- histórico. Es el problema de la objetividad –ahora sí, científica-
en la dimensión histórico-social. La posición del historiador –y por lo demás
del sujeto social- aparece atravesada por una confluencia crítica de
interrelaciones. El yo se convierte en un inconveniente. La intención última
del historiador parece ser la consideración de su yo como un obstáculo. Para
lograr el ideal del historiador se halla en la situación de Ranke que
“quisiera borrar su yo para ver las cosas tales como han sido, esto expresa de
un modo muy bello y enérgico el profundo afán de realidad objetiva que tiene
el verdadero historiador”[6]
.Ese yo borrado parece compensarse en Dilthey por “el conocimiento científico
de las unidades psíquicas de que se compone esa realidad, de las formas
estables de que se compone esa realidad…”[7] Es
interesante señalar que estas dificultades se plantean desde el momento mismo
en que Dilthey bosqueja al hombre en medio de situaciones sociales propuestas
por la nueva ciencia.: el ciudadano como sujeto del contrato, el hombre como
integrante de la sociedad, pero entrecruzado por distintas situaciones en las
que es uno y múltiple: “Es
menester un ejercicio continuo para representarse como porciones de la realidad,
no como abstracciones, esos complejos de interacciones que se acumulan unos
sobre otros, que se cortan entre sí, que se cruzan en sus sujetos: los
individuos. En cada uno de nosotros hay diversas personas: el miembro de la
familia, el ciudadano, el profesional; nos encontramos en el contexto de
obligaciones morales, en un orden jurídico, en un conjunto de fines vitales que
tiende a satisfacerse; sólo en la reflexión sobre nosotros mismos encontramos
en nosotros la unidad viviente y su continuidad, que soporta y mantiene todas
esas relaciones”[8] Pero
la configuración de los temas que reaparecen en la nueva sociología son muy
variados. Entre ellos figuran como parte de los programas de enseñanza en los
liceos de Francia distinguidos como 1.- Hechos sociales individuales: el
lenguaje, la educación, el testimonio de los hombres, la cooperación, mando y
obediencia, la promesa, el convenio y los sentimientos sociales. Y como 2.-
Hechos sociales colectivos: Hechos sociales colectivos: la familia, la
propiedad, la ciudad, el arte y la ciencia. Esta clasificación y enumeración
tomada de Pierre Janet[9]
concluye anticipando una ciencia nueva, que se llama Psicología Social. Lo
interesante es el vínculo creciente que se establece entre la sociología y la
psicología, y el trabajo analítico que se efectúa en el sistema percepción-conciencia,
que tanta importancia tiene para los enfoques epistemológicos. También puede
notarse lo curioso de la clasificación de Janet, que agrupa los temas según el
criterio individual/colectivo, incluyendo al lenguaje dentro de los hechos
sociales individuales, pero a las lenguas como resultante de la cooperación de
los hombres. Pero
será Weber quien formulará uno de los diseños más fértiles para proveer a
las ciencias sociales de un instrumento nuevo para efectuar su trabajo teórico
empírico al referirse a la elaboración de tipos psicosociales como productos
ideales en el sentido racional del término, casi diría como son ideales y
racionales los sistemas axiomáticos. El carácter formalista de esos tipos y
modelos explicativos operan como criterios instrumentales de análisis, en los
que se intenta comprender y explicar acciones en base a la motivación que a las
personas y a los grupos sociales pueda encontrárseles en situaciones dadas. En
esa adecuación instrumental, el agente hace, y más allá o más acá de
comprender las motivaciones subjetivas, pueden hallarse razones externas que
expliquen las acciones. Esta idea nos parece similar a las explicaciones de la física
newtoniana en relación a la física aristotélica: en aquella el movimiento
obedece a leyes que regulan una mecánica, mientras que en la aristotélica de
alguna manera los elementos materiales obraban de acuerdo a una finalidad intrínseca.
La analogía concluye allí. Los tipos ideales weberianos son modelos formales
explicativos o son ficticios y pueden ser reemplazados si no dan cuenta del
hecho social considerado. Además, los hechos sociales se producen en contextos,
en situaciones peculiares, que los hacen mucho más contingentes que la
resultante de ecuaciones físico-matemáticas. Pero considerar esto nos dirige a
la cuestión de los métodos, y nuestro propósito hasta aquí es hacer un breve
recorrido histórico de las ciencias sociales en el que hemos elegido dos filósofos,
un psicólogo y un sociólogo como bosquejo inicial de un rastreo que nos
permitirá ir configurando el factor de multiplicidad de los estudios sociales.
Un paso más lo daremos considerando cuatro métodos. Y si es cierto, como
afirmaba Piaget, que la escala determina el fenómeno, veremos que el objeto de
las ciencias sociales se configura en el interjuego de esas escalas.
CUATRO
MÉTODOS, CUATRO ESCALAS En
este capítulo veremos cuatro métodos, también cuatro escalas, en las que los
fenómenos sociales pueden ser explicados de distinta manera. Una vez expuestos
los enunciados básicos de estos métodos, nos quedará internarnos en el factor
que los atraviesa, el lenguaje, y considerar luego algunas consecuencias filosóficas
de ese atravesamiento. Mencionaremos así a la Hermenéutica, los tipos ideales
y modelos, los experimentos de ruptura y la construcción social de hechos y
objetos. El
método hermenéutico parte de considerar que toda realidad es interpretada en
el sentido apriorístico de la expresión: todo conocimiento se hace posible
–al igual que el error y el desconocimiento- por la intervención de factores
constitutivos dados de antemano, o por lo menos, surgiendo en las mismas
explicaciones y descripciones de los hechos. Los conocimientos teóricos y
experiencias previas, los prejuicios, la intencionalidad, la posición del
sujeto epistémico y existencial en relación al fenómeno explicado, los
mecanismos perceptivos que seleccionan y recortan la realidad y la naturaleza de
lo que sistematiza, los esquemas lógicos a los que puede reducirse un método
interpretativo, las ideologías, valoraciones y weltangschauung, y la situación
histórica epocal o circunstancial que actúa como fondo y base de los hechos y
fenómenos, todo esto, interviene en la interpretación, en el ejercicio hermenéutico.
Entendido de una manera rigurosa, cada una de estas instancias puede ser
reducida y explicada a su vez, pero eso conduce a un regreso al infinito del que
sólo parece escaparse por un acto de voluntad, una decisión y una valoración.
Ni siquiera el consenso parece un criterio suficiente para establecer la validez
de un trabajo hermenéutico y, aunque no por insuficiente pueda ser innecesario,
siempre puede recurrirse a la denominada ciencia normal cuando aparece alguna
forma de ciencia anormal o revolucionaria. El
método hermenéutico puede ser explicativo,
pero cuando las explicaciones son idiosincrásicas –por ejemplo al
crear nuevas estructuras conceptuales- todo lo que parece ganarse en explicación
se pierde en la complejización conceptual propuesta por los científicos,
epistemólogos y filósofos. Sin embargo, cabe preguntarse si ese tránsito no
muestra la evolución de las ciencias como una forma viviente del espíritu
humano. Así, lo universal incide sobre lo particular, y éste, a su vez, sobre
lo universal. El
método hermenéutico no sólo interpreta la realidad, sino que la crea, no sólo
asimila, sino que transforma. La comprensión es algo que va entre
ese factor interpretante y ese factor de transformación. Los
tipos ideales y modelos se basan en tipificaciones y clasificaciones, en
recursos formales que explican la dinámica de las acciones, con la idea de
racionalidad actuando respecto a fines. Una racionalidad posible de explicar
actuando en función de fines, es una consideración teleológica de las
acciones. Sepa o no el individuo, el grupo social, la institución, la finalidad
que se le atribuye, ésta es posible de describirse desde afuera. Nos parece un
recurso similar al de las explicaciones psicológicas, en especial psicoanalíticas.
Las acciones humanas son deliberadas, pero esa acción deliberada puede estar
condicionada de muchas formas, aunque el individuo no sea plenamente consciente
de ello. Una cierta idea determinista aparece en ese enfoque, que se atenúa
declarando el valor de mero instrumento de análisis que tienen las
tipificaciones, clasificaciones y modelos. En el límite, son factores externos
y objetivos los que explican las acciones,
y la conciencia de los individuos en factor de segundo grado de
determinación que en todo caso puede ser convergente con la explicación
objetiva , pero también divergente, puesto que las razones profundas de las
acciones humanas son más el terreno de la Psicología y, en mi opinión, también
de la Filosofía. En relación a las finalidades, por ejemplo, de las ciencias,
el proyecto de Comte respecto a la Sociología aspiraba al progreso social, y
uno de los fundadores de la Historia de las Ciencias, G. Starton, fue tachado de
ingenuo al suponer que la Historia de las Ciencias elevaba los valores filantrópicos
del hombre. Si los usos
instrumentales de la tipificación sociológica, o los resultados tecnológicos
de las ciencias van a favor de la dominación, el consumo y el oscurantismo y la
alienación, esas finalidades han sido sustituidas por otras opuestas, y así,
las acciones con respecto a fines se vuelven bastante relativizables como
criterio explicativo. Sin embargo, si nos mantenemos en el empleo instrumental,
las tipificaciones y clasificaciones tienen una ventaja de carácter gestáltico:
Organizan las percepciones y opiniones divergentes en formas básicas de
inteligibilidad. El
método experimental de Garfinkel emplea una escala diferente a la hermenéutica
y a las tipificaciones y modelos. Y resulta sumamente interesante. Las ciencias
sociales han tenido el problema de no ser ciencias experimentales (lo que no
significa que no se haya elaborado una experiencia sociológica formativa). El método
experimental de la ciencia galileana –núcleo viviente de las ciencias y la
epistemología partía de la posibilidad de intervenir sobre la naturaleza. Diseñando
contextos experimentales, y agregando instrumentos de medición y registro, la
ciencia galileana anunciaba la época experimental de las ciencias. Las ciencias
sociales, en cambio, como la psicología y la sociología, necesitaban crear sus
propias formas experimentales. El método experimental implicaba una modificación
deliberada de las condiciones de observación de los fenómenos. En cierta
forma, la recopilación de descripciones sociohistoriográficas podían
aproximar las ciencias sociales a la
predictibilidad,
pero la materia variable y contextual de los hechos sociales, y la imposibilidad
de repetir las mismas condiciones, significaron un obstáculo epistemológico.
¿Es posible saltar por sobre ese obstáculo? ¿Tiene sentido intentarlo? Eso es
lo que ha intentado Garfinkel: Intervenir sobre las condiciones operatorias de
los procesos de comunicación social y observar los resultados. Lo
primero que aparece en las experiencias de Garfinkel es el concepto de contexto.
El contexto es la precomprensión de los individuos sobre una situación. De esa
comprensión contextual surgen los códigos comunicacionales y de acción. Por
eso, la ruptura de esos contextos produce incomprensión, desorden y aumento de
la entropía en las relaciones interpersonales, empleando una noción energético-dinámica
prestada de la Física. Para
señalar los dos aspectos decisivos de este método experimental, se reducen a:
comunicación lingüística y contexto. Al modificar o alterar uno de estos dos
factores, se modifica el correlativo, el inconveniente es ahora la
contextualidad. Así dice J. Heritage: “En estas y otras investigaciones que
describe Garfinkel, la contextualidad de las acciones y sucesos es siempre una
contextualidad imputada, y esta imputación es, a su vez, un elemento clave para
la comprensión de las acciones, es decir, un elemento clave de su
explicabilidad. Pero, si el recurso a elementos contextuales es inevitablemente
la parte fundamental de la intelección de los acontecimientos. ¿Cómo se
aplican estos elementos contextuales?”[10] Creemos
que, a pesar de la multiplicidad de contextos –para la etnometodología-, análogos
quizás a las situaciones de la literatura de Sastre y las circunstancias de
Ortega y Gasset, los contextos son contextos científicos cuando hay una
intencionalidad que los configure de este modo. Veremos luego que esos contextos
se vinculan también con lo espacial, institucional e instrumental. Para ello el
comentario siguiente sobre B. Latour y S. Woolgar. Pero lo interesante es el
empleo del lenguaje de los agentes, personas, individuos en una situación dada.
Como refiere F. Schuster, el paso de un lenguaje coloquial al científico se
produce a veces de esta manera: “Llegamos al instituto de investigación, nos
sentamos, nos tomamos un café, hacemos
los mismo comentarios hasta que alguien dice: bueno, bueno, paremos un poco que
ya es tarde, yo a tal hora me tengo que ir, vamos a trabajar. Entonces, ¿Qué
quiere decir “vamos a trabajar”?, diría Schultz, quiere decir dejemos el
mundo de la vida cotidiana y empecemos a jugar con las reglas del mundo científico,
es decir, el tipo de afirmaciones que nosotros vamos a poder hacer ahora, no son
las mismas que podíamos hacer durante el café, porque no serían aceptadas”[11].
Allí hay un pasaje del sujeto existencial al sujeto epistémico, y, en cierta
forma, es el pasaje de un mundo a otro, operado por el lenguaje, y que Rorty
prefiere ser prudente y no separar tan rígidamente. Antes
de dejar a Garfinkel, señalemos dos elementos interrelacionados con la idea de
contexto y de lenguaje, que son el conocimiento intersubjetivo y la
temporalidad. Sobre este aspecto temporal, veremos luego un análisis de J.
Derrida sobre Husserl. Finalmente,
la cuarta escala metodológica a considerar, en la dirección mucho más
estricta del lenguaje y el contexto, es el trabajo de B. Latour y S. Woolgar
sobre la construcción de los hechos científicos. Estos
dos investigadores de ciencias sociales, que proponen el desarrollo de un
programa fuerte de estas ciencias, han trabajado sobre un audaz reduccionismo
sociológico de las ciencias. Su proyecto es antropológico, pero una antropología
muy novedosa y sorprendente: considerara un laboratorio de investigaciones químicas
y biológicas como un territorio habitado por gente tan desconocida para un
observador externo como una tribu para un antropólogo. La
exploración de Woolgar y Latour, que es muy minuciosa y detallada, ausculta la
génesis procesual de los hechos científicos, de los conceptos, y de los
objetos producidos por la elaboración
teórico-experimental en un laboratorio. Parecen relatar cómo surgen de la
nada, o más cautelosamente dicho, de lo in-significante los mismos hechos que
los científicos estudian. Ellos los producen, les dan sustento teórico, son
materialmente hallables a diversas escalas de observación (registros, gráficos,
escalas de medición) y, una vez formados estos objetos en el cruce de un cúmulo
de información (revistas especializadas, publicaciones por otros laboratorios,
experimentos en curso) se los reencuentra en la naturaleza misma. Entre
descubrir e inventar (si es que descubrir es encontrar algo preexistente) se
borran las diferencias. Los conocimientos son producidos, esto es, construidos
por los científicos del laboratorio, y esto dispersa la existencia misma de
estos objetos teórico-empíricos que son alojados en las comunidades de
investigadores como productos particulares, con posibilidad de universalización,
si no es que se trata de universos coexistentes con independencia unos de otros.
Así, hay objetos observables y probados en ciertos laboratorios que en otros no
existen. De esa imagen múltiple, ¿Podemos elaborar una noción de
simultaneidad? ¿O es una idea metafísica que no corresponde con las series
enunciativas paralelas que dispersan los hechos científicos en diversas formas
de significación que no llegan a complementarse mas que parcialmente (informe
de otros laboratorios incorporado al trabajo de alguno de ellos)? ¿Un mundo o
muchos? Como
no escapan las condiciones económicas de la producción de las investigaciones,
que pueden favorecer o entorpecer y anular unas líneas investigativas sobre
otras, Wolgar y Latour dicen: “El conjunto de enunciados que se considera
demasiado costoso de modificar constituye eso a lo que nos referimos como
realidad. La actividad científica no es sobre la naturaleza; es una lucha fiera
por construir la realidad. El laboratorio es el lugar de trabajo y el conjunto
de fuerzas productivas que posibilita esa construcción”[12]
Creemos
que esas conclusiones no alcanzan para darnos una idea del trabajo que han
realizado, y es seguramente una simplificación excesiva. El aspecto más
interesante de su estudio es el carácter procesual de la investigación.
Woolgar y Latour se tomaron dos años para registrar un proceso que, seguramente
sólo existe para ellos puesto que los tiempos de los investigadores de los
laboratorios seguramente resultan intraducibles a esa perspectiva antropológica.
Pero el resultado es una sociogénesis del conocimiento muy interesante, en
especial porque destaca la operatoria instrumental y de registro, así como las
conversaciones de los investigadores. Leer y escribir, hablar y escuchar, he ahí
el fundamento de un laboriosísimo trabajo experimental. Pero, ¿En qué
lenguajes? En un lenguaje especializado que marca un territorio excluyente al
extraño. El lenguaje de la naturaleza está escrito, tal vez en ecuaciones como
afirmaba Galileo, tal vez en las lenguas de Babel. Tal vez, ambas sean un
lenguaje finalmente inteligible, Pero eso es algo que preocupa más a la Filosofía
que a las ciencias. También los sociólogos, empleando diversas escalas
(describimos cuatro) acceden a la comprensión
de los fenómenos. EL
LENGUAJE Y LOS MÉTODOS Hasta
ahora nos hemos mantenido dentro de ciertos usos conceptuales. Hemos hablado de
objetos, sujetos, fenómenos, métodos y escalas, subjetividad y objetividad,
unidad y multiplicidad. Hemos supuesto que a partir de ciertos métodos obteníamos
ciertos resultados. Y que estos resultados nos ayudaban en
relación al conocimiento. Y hemos vinculado al lenguaje los cuatro métodos
sociológicos reseñados en trazos gruesos. Ahora
iremos a los argumentos de Richard Rorty y su crítica a la epistemología, y a
la noción de conmensurabilidad introducida por Khun, examinando si hemos
empleado esas nociones con algún sentido, o si son conceptos a los que tendríamos
que revisar. La
Epistemología, como teoría del conocimiento, tendría según Rorty una teoría
de valoración y estudio asentada únicamente en la cabeza de los filósofos.
Fuera de la Filosofía, la Epistemología significa muy poco, y no tendría nada
que decir en relación al interés científico. La formulación de teorías
epistemológicas no tendría nada que decir en relación, como es el caso de las
ciencias sociales, con sus métodos, objetos de estudio, sistematización
doctrinal y prácticas investigativas. La crítica de Rorty empieza con el
problema de los universales, las ideas y formas de la Filosofía de Platón, la
postulación del sujeto cartesiano en las puertas de la modernidad, y,
especialmente, en el trabajo realizado por Kant respecto a la introducción de
la idea de a priori y de síntesis. Según Rorty, Kant inventa la idea de que
los objetos se nos representan de acuerdo a una síntesis producida por el
entendimiento. La noción de cosa en sí y de fenómeno (fenoumen) crean la idea
de que el sujeto instala sus categorías cognoscitivas en el mundo, y el mundo
es representado bajo la necesidad de esas formas que condicionan las
representaciones. El trabajo de Rorty es una crítica cuidadosa, difícil de
resumir sin afectar su idea nuclear, pero que, aún arriesgando que sea así,
mencionaremos. Fundamentalmente, la epistemología no debe intentar legislar
sobre las ciencias. Pero Rorty además efectúa una crítica interesante a lo
que llama las metáforas ópticas. Las teorías del conocimiento, dice, han
abusado recurrentemente de las metáforas ópticas para explicar los problemas
del conocimiento. La idea de que la epistemología sirve para limpiar los
instrumentos con los que observamos, como si un ojo de la mente estuviera detrás
de las teorías, es engañosa. Así, recomienda evitar las metáforas ópticas
cuando se trata de describir teorías y argumentar. Este
sujeto cartesiano, kantiano y platónico del conocimiento, tendría que
ahuyentar el fantasma de una escencia de vidrio y dejar los problemas del
conocimiento para las neurociencias o bien declarar la mente una caja negra
definible libremente o simplemente fuera de las cuestiones epistemológicas
tramadas por la Filosofía. Ahora
bien, la crítica es interesante, pero tiene al menos dos inconvenientes. El
primero es que renunciar a las metáforas ópticas es modificar en mucho el
lenguaje cotidiano, y quizás, revisar también la idea de lo observable, de lo
perceptible en torno a razonamientos científicos. El
lenguaje cotidiano está imbricado de metáforas ópticas. En un ensayo filosófico-novelístico,
José Saramago [13] lleva al lector a comprender de qué maneras paradójicas
el lenguaje visual resulta indesterrable del lenguaje cotidiano. Pero, si
dejamos el lenguaje cotidiano a salvo de la crítica, todavía nos queda el
lenguaje científico. Allí quizás sea posible efectuar una crítica que, si no
es la supresión de las metáforas ópticas como quiere Rorty, al menos sea
reflexionable, Pero habríamos logrado dejar de lado, al menos, ese panóptico
de una epistemología que quisiera discutirle, por ejemplo, a las ciencias
sociales, si hay muchas miradas, muchas escalas, muchos métodos, entonces hay
fenómenos incompatibles entre sí. El
problema se traslada entonces, de la multiplicidad a la compatibilidad. Y de la
compatibilidad, a la conmensurabilidad de los lenguajes (Khun). Y además,
quedaría fuera de la crítica una epistemología científica de otras características
a la estudiada por Rorty, como la de Jean Piaget, que empleaba el método
experimental y vinculaba las ciencias naturales y las sociales con desarrollos
formales provenientes de la lógica y las matemáticas. Que
no tengamos un lenguaje de las ciencias unificado da pie a posiciones
argumentales contrapuestas. Los dualismos sujeto/objeto, subjetivo/objetivo, espíritu/naturaleza,
explicación/comprensión, integración/fragmentación, ciencia/ideología,
pueden dialectizarse y
producir formas lógicas especiales y llevar a una pregunta por el
significado y el sentido que se encuentra en la apertura (o el cierre) de una
conceptualización idiosincrásica y bordeando la metafísica y la ontoteología,
conducen la indagación lejos del campo experimental. Ya no son las ciencias
sociales. Tal vez tampoco epistemología. Es la pregunta que trata de averiguar
si cuando aludimos al individuo, aludimos a algo que posea representaciones
privilegiadas o si éstas son posibles. DE
RORTY A DERRIDA Antes
de presentar las objeciones de Rorty a la epistemología, habíamos dicho que
los contextos y la temporalidad conformaban una trama de los fenómenos y
objetos de las ciencias sociales: tanto si se trata de comunidad de científicos
(Latour y Woolgar), como si se estudian grupos sociales en acción a través de
tipos y modelos (Weber), o en experimentos de ruptura (Garfinkel) y, en fin,
como comprensibilidad (Dilthey – Hermenéutica). Factores psicológicos como
la memoria personal, social, intersubjetiva, colectiva, permanecen regulando las
posibilidades dialógicas y experimentales, tanto de los sujetos tomados como
existentes como de los sujetos tomados epistémicamente. Lo
que sigue es un desarrollo de ese factor temporal que, cuando se trata de
analizar la multiplicidad metódica, teórica y experimental, parece intervenir
decisivamente, en especial en la comprensión e inteligibilidad de los procesos
de subjetividad y complejidad. La
temporalidad y representación del presente como forma autoevidente de la
comprensión, y los empleos lingüísticos
que realizan los hablantes se hallan en una trama discursiva llena de
sutilezas. Si, como refiere Derrida, “la teoría del conocimiento y la idea de
conocimiento es en sí metafísica”[14],
la distinción de Comte sobre los tres estadios (religioso, metafísico y científico)
resulta difícil de establecer como si fuera un desarrollo lineal-progresivo de
algo substancial, llamado espíritu, racionalidad, evolución o consciencia histórico-social.
Mas bien da que pensar en una distribución estructurada en las que los tres
estadios son siempre actuantes, siempre reales, aunque no siempre presentes. Y
allí se vislumbra el problema de la multiplicidad. El
presente, como dimensión real-temporal, como autoevidente, es siempre un juego
de retención y protensión, es decir, retiene algo (el pasado) y proyecta algo
(el futuro). Pero esa triple dimensión de la temporalidad tiene una idealidad
que, sin ser real, tampoco es irreal. Es la idealidad de los objetos ideales,
que opera por repetición. Esa repetición o huella, es la marca de la vida del
espíritu, que reencuentra al yo cada vez y en cada caso. Ya Kierkegaard se
preguntaba sobre esto, y pensaba al yo y a la conciencia como una relación de
retorno a sí misma. Pero Derrida agrega una noción, o mas bien n concepto
nuevo: el de diferencia. La
diferencia difiere. ¿Qué? Difiere temporalidad (di-ferir) y difiere en el núcleo
mismo del lenguaje, un algo indeterminable y no expresable y difiere también,
se nos ocurre pensar, de una manera dialógica tal como la que presenta Platón
en el Sofista y el Parménides. Este
di-ferir del presente mismo nos lleva a la pregunta de sí este diferir es una
operación idealista-solipsista o es un
diferir en mundos paralelos y, en
fin, la propia experiencia de la diferencia que cada persona efectúa en su
conciencia respecto de su propia apropiación del presente. El
problema de la comprensión intersubjetiva queda entonces determinado por este
juego de diferencias. Pero, una de las cuestiones que –por su incidencia en la
idea de la comprensión y de articulación de discursos que nos formemos- tiene
una importancia equivalente a la cuestión de la diferencia, es la cuestión de
la posibilidad o no de analogías. Derrida
en su análisis de la fenomenología de Husserl dice: “Si el lenguaje no
escapa jamás a la analogía, si es incluso analogía de parte a parte, debe,
llegado a este punto, a esta punta, asumir libremente su destrucción y lanzar
las metáforas contra las metáforas, lo que es obedecer al más tradicional de
los imperativos, que ha recibido su forma más expresa, si no la más original,
en las Enéadas y no ha cesado de ser transmitida fielmente hasta la introducción
a la Metafísica (sobre todo, de Bergson)”[15]
y más adelante, cuando alude a la quinta meditación cartesiana de Husserl, dirá:
“Fuera de la esfera monádica trascendental de lo mío propio, de la propiedad
de lo mío propio, de mi presencia a mí, y no tengo con lo propio de otro, con
la presencia a sí de otro, mas que relaciones de apresentación analógica, de
intencionalidad mediata y potencial”[16]. Las
analogías, pienso, son formales, son también la trama de la lógica y de las
matemáticas (pero no de toda la lógica, ni de toda la matemática). Tal vez de
esta manera se comprenda mejor eso de lanzar las metáforas contra las metáforas
“si el lenguaje es analogía de parte a parte”, porque allí se clausuraría
toda diferencia, y ésta es ontológica, brotando del “punto-fuente” del
presente. Solamente si la analogía cubre “de parte a parte” el lenguaje es,
entonces, cuando se lanzan las metáforas contra las metáforas. Pero esa relación
con lo propio del otro, no es solamente analógica, sino “de intencionalidad
mediata y potencial”. Y esa es la diferencia entre lo que pueda ser dicho y lo
que pueda ser oído. Para que esa palabra pueda ser la misma, debe fundarse
sobre esa intencionalidad y esa potencialidad. Y allí, entonces, la comprensión
y la comunicación. Entre
lo dicho y lo oído, entre lo evidente y lo comprensible, hay análoga situación
a la existencia de enunciados científicos potencialmente comprensibles ya
enunciados y aún desconocidos. ¿Se puede hablar de coexistencia de enunciados
potencialmente comprensibles? Creemos que así se puede describir la
multiplicidad de métodos, objetos, experimentos y teorías, e inclusive, de
lenguajes y mundos diferentes ¿Y qué clase de lenguaje sería el considerado
por Derrida “análogo de parte a parte”? Podemos suponer que es un lenguaje
tautológico. La diferencia –su intuición y ejercicio teórico, su práctica,
su epojé- opera como una reestructuración de tautologías, que, dialectizándolas,
las niega y las supera, y también las conserva. Ese es el ideal de la historia
de las ciencias y de la epistemología que escapa a la crítica de Rorty. LAS
TEORÍAS DEL SUJETO Como
ya había dicho Dilthey, “es menester un ejercicio continuo para representarse
como porciones de la realidad, no como abstracciones, esos proceso de
interacciones que se acumulan unos sobre otros, que se cortan entre sí, que se
cruzan en sus sujetos: los individuos. En cada uno de nosotros hay diversas
personas…”[17]
Formulaba de esta manera el núcleo de la subjetividad que derivaría en un
tratamiento lingüístico en que la determinación de complejidad halla su
recurso y su reformulación: su repetición y su diferencia. El tema del
descentramiento del sujeto y la posibilidad de enunciar con palabras originarias
–con voz propia- esa experiencia autoconsciente de la existencia, ese sujeto
en proceso, desterrado e itinerante, inconcluso, que es el hombre en el contexto
epocal difícil de determinar de
acuerdo a una razón histórica. Filósofos, científicos, poetas, ideólogos,
producen nuevas formas de inteligibilidad y de opacamiento. Ideales y consignas
emergiendo del fondo y base del pasado (luz natural de la razón, adecuatio
intellectus rei) en tensión, quizás en lucha a muerte, con aquella “colisión
de conciencias” que Nietszche veía y proclamaba en el ocaso de la razón
moderna o quizás también como contrapunto de lanuela configuración epocal,
las ciencias positivas y la tecnología. En
las ciencias sociales fue un filósofo instalado en medio de las ciencias, Marx,
el que describió las contradicciones de la práctica político-institucional en
que le hombre –bajo el nuevo soporte autorreferencial- se pensaba como capital
de trabajo. Bajo la dialéctica ciencia/ideología el pensamiento simbólico
volvía a despertar de su sueño. Como estudió Engels en Dialéctica de la
Naturaleza, las ciencias habían encontrado la forma de nombrar los fenómenos
(el flogisto era “en realidad”, oxígeno). Y las formas del discurso ideológico,
una falsa conciencia. Falsa conciencia en relación, respecto a un discurso
postulado como objetivo. Pues bien, saltando los años pero no el silogismo implícito,
¿Qué postulado objetivo es el de las ciencias, si “el resultado de la
construcción de un hecho es que parece que nadie lo ha construido”[18]?,
como afirman Latour y Woolgar. La
razón objetiva es anónima, sin sujeto. ¿Es así, sin más? Diremos aquí que
es posible que así sea, pero manteniéndonos en ese posible y restringiendo su
universalidad: es posible en algunos casos. Y es posible porque desborda las
atribuciones de pertenencia de los saberes. El
hallazgo de los sociólogos es haber visto la determinación de los roles y
funciones de la fuerza del trabajo disponible encajados en la cuadrícula o
reje, en la gramática y en la sintáctica de las estructuraciones
institucionalizadas como re-sujección del pensamiento silvestre, y de las prácticas
autonomizadas. Es así como los agentes –diremos con Guattari y Foucault-
reproducen discursos enunciados y tramados en otro lugar, en otra parte. La
nueva voluntad sociológica de un Giddens, de los conductistas, es desplazar la
atribución autorreferencial de fuerza de trabajo a la de intervención
deliberada, decisión de los agentes en el contexto de sus prácticas. ¿Es el
retorno a la falsa conciencia, de la libertad burguesa? ¿O es la reactualización
de un instinto cuasi-biológico que
se empecina en celebrar el factor libre de la causalidad, de modificar las
situaciones y las reglas de juego creando nuevos contextos? Los
problemas lingüísticos husserlianos,
saussurianos, metidos en la incómoda región de los estructuralismos, derivan
hacia la conversación informal, suelta y desacondicionada: allí los individuos
parecen más libres y creativos casi sin saberlo. La epojé sale de los textos.
Las rutinas hermenéuticas de los filósofos no son un privilegio especial de la
deliberación. ¿Basta la conversación en una mesa de café para que el
conocimiento se prodigue? ¿O no hay que preocuparse por el conocimiento
epistemológico, como quisiera Rorty? Sin
negar ese factor aparentemente aleatorio de la conversación, quizás la
conciencia práctica –la racionalidad respecto a fines- olvide que las prácticas
decisivas a nivel del sujeto epistémico
fueron las que puso en cuestión la ciencia galileana –dicho esto con bastante
provisionalidad y a modo de referencia. La sujeción epistémico dice que en algún
momento, de alguna forma, el mundo ya no fue uno. Sea Galileo (o Newton, o
Darwin o Freíd) o quien se prefiera, incluso si no proviene de las ciencias, en
algún momento, el acontecer epistémico abre la dimensión de lo múltiple.
Multiplicidad contradictoria, atomizante y contextualista, o esquizofrénica y
amenazante. Si
el capitalismo “produce esquizofrenia como produce champú”[19]
y el dinero es la criba por la que se traducen todos los lenguajes y las prácticas,
esto es precisamente lo que las ciencias sociales tienen como desafío programático:
probar su validez de interpretación –como transformación, redefiniendo
aquella consigna marciana. Y postulamos que de esa idea –sea epistemológica y
metafísica o no- no sean excluidas otras ciencias. ¿Hay
pensamiento científico que no opere en el registro pre-conceptual? Sería mejor
decir que la antinomia ciencia/ideología es como la escalera que Wittgenstein
prefería arrojar luego de haberla empleado. Pero no es fácil arrojarla. Toda
teoría del lenguaje lleva implícita una postulación de sujeto[20]
y las teorías del lenguaje no resuelven su multiplicidad en el cauce de “las
propiedades referenciales que posee el lenguaje en los contextos de la acción
cotidiana”[21], porque las ciencias desbordan el lenguaje
referencial. Sin embargo, habrá que decir que el lenguaje referencial, no por
insuficiente, sea innecesario. Finalmente,
si es posible una objetividad científica sin sujeto, habrá que admitir que el
no-yo puede ser una forma de objetividad. Es, entonces, una crítica y una
reducción del egocentrismo –si no repetimos un cliché-, lo que permite abrir
el espacio de la conversación. PSICOSOCOLOGIA “…
las lenguas, que al decir de los filólogos son organismos vivos que se
desarrollan en virtud de leyes propias sin que los individuos tengan conciencia
de ello; los usos y costumbres, que son los hábitos de las razas y los pueblos;
las religiones, que en su origen constituyen el principio de la familia y de la
ciudad. La historia, que reúne las generaciones unas a otras; el progreso, que
corresponde en el orden social a lo que es la perfectibilidad del individuo…
todos estos hechos podrían suministrar materia para una ciencia nueva o
Psicología Social, que sería un complemento o coronamiento de la psicología
subjetiva e individual.”[22] Pierre
Janet, 1917 Esta
referencia tiene el interés de su momento enunciativo. Mientras la Sociología
estaba pasando su etapa de fundación (los clásicos), y la Psicología
ejercitaba a través del Psicoanálisis un replanteamiento integral de sus
postulados, incluyendo un trabajo experimental y hermenéutico realizado por
Freud y sus colaboradores, metodológico y científico, ya se veía en la
integración de campos epistémicos una región de nueva convergencia. Región
cuya substancia debía mucho además a las ciencias naturales que –como fondo
y base- explicaban al sujeto como ser biológico y llegaban al terreno de la
percepción y la operatoria simbólico-conceptual. El
método experimental, que la sociología no empleaba antes de los trabajos de la
etnometodología, sí era parte de la investigación psicoanalítica, puesto que
superaba analíticamente el método catártico, de persuasión, hipnosis, hacia
la asociación libre, interpretación de sueños y actos fallidos, que
produjeron una teoría capaz de explicar estos fenómenos. Teoría cuestionada
muchas veces como ideológica, pero que producía formas de casos que
constituyen tipos psicosociales que, al menos como los weberianos, permitían
explicar conductas, funciones y distinguir el mecanismo perceptivo-enunciativo
de las personas. El
método experimental, que ya las ciencias naturales y las ciencias
post-galileanas habían postulado como la mejor crítica reduccionesta de las
ideologías, entraba en el territorio de las ciencias sociales. Así George
Starton, uno de los iniciadores de la Historia de la Ciencia, decía que la
verdadera separación estaba entre aquellos que no comprenden ni practican el método
experimental, negándose también a que otros lo apliquen, y entre los que lo
comprenden y aplican.[23] Las
ciencias, quizás puestas en la posición husserliana del Sujeto
Trascendental, necesitan superar –dialectizar o reducir- el
egocentrismo, y éste se manifiesta a través de las ideologías. Por esto
Piaget declaraba: “Uno de los problemas principales de la Sociología es
explicarnos cómo la vida social puede ser simultánemente
la fuente de las estructuras racionales y de las ideologías más
inconsistentes; y no es la forma de resolver el problema comenzar por poner los
productos sociales (ciencia-ideología) en un único plano”[24] Filosóficamente
dicho, después de lo que hemos mencionado del análisis derridiano, la clave de
esa coincidente fuente es la simultaneidad.[25] Para
este epistemólogo, las ciencias sociales están en condiciones de proseguir una
evolución de características integrativas, en que las diferencias, sin
perderse, no contradicen el pensamiento y el plano científico-experimental
convergente. Su trabajo aproxima la
epistemología genética de Piaget, el psicoanálisis freudiano, las tipologías
de D.Holland y los desarrollos aportados por otro argentino, el psicólogo David
Liberman. Su aporte es también el empleo de combinatorias formales
cualitativas, por lo que el nivel de sistematicidad epistemológica lo aleja de
las lógicas particularizadas o fragmentarias, muy corrientes en filosofía o
psicología en los últimos años. UN
MODELO INTEGRATIVO Los
programas de investigación en Psicología Evolutiva (Epistemología Genética)
y Psicoanálisis han sido desarrollados por Piaget y Freíd respectivamente, y
ambos provenían de las ciencias naturales. El primero hablaba de “ipse
intellectum” y definía los instintos como la lógica de los órganos. El
segundo descubrió los mecanismos intrapsíquicos inconscientes de la condensación
y el desplazamiento. Y ambos –postula Campi- son convergentes y formalizables.
Por medio de tipificaciones de personalidad que, al modo weberiano, realizó
Holland y la estructura de los universales semánticos estudiados por David
Libermann, propone una integración que de curso a los postulados básicos de
una epistemología que no se aparte de la correlación universal-particular que
solicitaban ya Dilthey y muchos otros. He aquí un resumen: Postulado
de la Teoría Unificada de la Personalidad Estos
axiomas o puntos de partida, se articulan con las explicaciones de los modelos y
tipificaciones propuestos. La
formalización de la lógica operatoria de los estadios
sensomotriz-representativo, operatorio concreto y operatorio formal traduce el
pensamiento y la acción en las áreas intelectiva, afectiva y volitiva en cada
caso. Estructura
de agrupamiento: 1.
Operación idéntica:
A + O = A 2.
Operación directa:
A + A’ = B 3.
Operación inversa:
B + A’ = A 4.
Operación asociativa: (A +
A’) + B = A + (A’ + B) Las
operaciones 1 y 2 corresponden a la etapa pre-conceptual, también proceso Primario,
y los mecanismos básicos son condensación y desplazamiento. Las operaciones 3
y 4 corresponden a la operatoria conceptual. El empleo de estos mecanismos lógico-formales
está extendido a tres áreas simultáneas: inteligencia, afectividad y
voluntad, correspondiendo a cada una correlación de verdad, significación
emocional y valoración. Tipos
psicosociales (Holland)
Tipos de personalidad (Liberman)
Realista
Esquizoide
Emprendedor
Depresivo
Intelectual
Obsesivo
Artístico
Psicópata
Social
Histérico
Convencional
Fóbico La
coordinación de acciones y objetos, de relaciones interpersonales y conductas
se determina en función de estructuras lógicas
(inconscientes), pero que pueden ser determinadas por la Psicosociología. Este
esquema funciona como modelo (tipos ideales weberianos) permite que “al
comparar los atributos de la persona real con los de cada prototipo (modelo) se
puede determinar aquel tipo que se parece más. El parecido… da un patrón de
similitud y de diferencia: el patrón de la personalidad de una persona”[27] Esta
tipificación ideal (weberiana) realizada por Holland, y también la realizada
por Liberman (freudiana), tienen una amplitud combinatoria que en las personas
concretas se asemeja por cualidad, grado o factores mezclados. Pero aparecen
factores predominantes, combinados con los demás. Las
características principales de estos tipos son formalizables así¨:
W = V + V’ (en que W significa “totalidad”)
Personalidad realista: V = habilidad manual, V’ = manejo de objetos
concretos
Personalidad intelectual: V = habilidad observacional, V’ = manejo de símbolos
Personalidad social: V = habilidad de comprensión, V’ = manejo de
personas
Personalidad emprendedora: V = habilidad de persuasión, V’ = manejo
económico
Personalidad convencional: V = habilidad de notación, V’ = manejo de
registros
Personalidad artística: V = habilidad expresiva, V’ = manejo de
materiales
Para todas estas operaciones se cumple:
W = V + V’
Personalidad esquizoide: V = observar, V’ = sin participar
Personalidad depresiva: V = ser querido, V’ = ser perdonado
Personalidad psicópata: V = perseguir, V’ = ser justo
Personalidad obsesiva: V = ser ordenado, V’ = ser virtuoso
Personalidad fóbica: V = dramatizar, V’ = controlar
Personalidad histérica: V = dramatizar, V’ = gustar estéticamente Estos
pares de complementariedad se observan en el área intelectiva, afectiva y
volitiva. Tomemos un ejemplo: 1.-
Operacional idéntica: A + O = A
(el pensamiento inteligente determina que una cantidad de algo no cambia, si no
se agrega o quita nada) En la afectividad se da el mantenimiento de un
significado afectivo simple, por ej.: “seguir queriendo” o “seguir
observando”, etc. En
el área volitiva esta operación es cuando un valor se mantiene sin modificación. 2.-
Operación directa: B –A’ = A 3.-
Operación Inversa: B – A’ = A Inteligencia:
“Esas
dos operaciones, en forma conjunta determinan la conservación de conjuntos
(cantidades continuas y discontinuas) que aparentan, perceptivamente diferencias
de cantidad. Sin embargo ellas permanecen iguales, conservando su cantidad
global: parto de la primera (A) adicionando (A’) y luego sustrayendo (-A’)
en igual medida, igualando (A = A) Afectividad: Estos
significados que se dan de a pares (Liberman) “permiten los significados que
regulan la conducta se coordinan de a pares, según la persona, observar-sin
participar; ser querido y ser perdonado; perseguir y ser justo; ser ordenado y
ser virtuoso; dramatizar y controlar; dramatizar y gustar. El primer significado
de la dupla es A y el segundo es el complementario o A’ ; el todo B = A + A’
“ Voluntad: “Estas
dos operaciones valorativas, en conjunto, se coordinan para determinar una dupla
de valores que dominan la conducta del niño según los siguientes significados
personales: observar y manejar símbolos; comprensión y relación personal;
habilidad manual y manejo de herramientas; etc[28].” Hasta
aquí la operatoria estructural básica de la evolución psicogenética hacia
los 12 años. Posteriormente, la estructura de la personalidad accede a una
combinatoria proposicional, -según ha desarrollado Campi-, que excede a la
operatoria de clases y relaciones. Esa lógica proposicional emplea la categoría
lógica de la disyunción y la conjunción, y el razonamiento por hipótesis. Trasladándonos
al terreno de la epistemología dentro de una concepción integradora, también
hay una aproximación a Watzlavick, que afirmaba: “La búsqueda de
configuraciones constituye la base de toda la actividad científica. Cuando hay
configuraciones (procesos estocásticos) hay significaciones.”[29] Las
ciencias están permanentemente proponiendo modelos explicativos, teorías y
experiencias, que en algún momento tienden a la integración, puesto que se
repiten formulaciones, aún en ámbitos
distintos, que mediante la aproximación conceptual, y en algunos casos isomórficas,
permiten establecer nuevas síntesis. Entre Piaget, Freud, Holland y Liberman
(cuya obra es sobresaliente en el campo psicoanalítico, recordemos Psicoanálisis
y Semiótica), también cabe mencionar a Watxlavick, quien en su Teoría de la
Comunicación Humana emplea la noción de estructura como patrón o pauta de
acción o interacción que, dice Campi, se encuentran en la teoría de la
personalidad. Esas pautas o estructuras son: a)
Totalidades que siguen sus propias leyes y que son la suma de partes
individuales b)
Transformaciones “en los sistemas naturales se logra cierta conservación de
adaptación. Ello significa que las adaptaciones no quedan destruidas cuando se
encuentran otras nuevas”[30] c)
Autorregulación de los sistemas, y ésta “puede ser de dos maneras: 1.-
retroalimentación negativa que caracteriza la homeóstasis (conservación), la
cual logra un papel importante en el mantenimiento de las relaciones y su
estabilidad, y 2.-
retroalimentación positiva que lleva al cambio (modificación). En la teoría
de la personalidad unificada la primera autorregulación está dada por la
operación inversa B – A’ = A, que retorna al punto de saluda (A = A) y la
segunda es la operación directa que modifica el primer elemento en otro, A +
A’ (transforma)”.[31] Finalmente,
para dejar este modelo integrativo muy escuetamente reseñado a salvo de críticas
ideológicas, cabe agregar que está trabajado teórico-experimentalmente. Pero
no hemos dicho que la Filosofía sea ideología. Y sobre el tramo final de este
trabajo volveremos a la filosofía. ALGUNAS
OBJECIONES PARCIALES La
integración en ciencias sociales –como en filosofía- no concluye en la
conformación de un Gran Sistema Integrativo (todo Hegel encuentra su
Kierkegaard). Pero el modelo integrativo producido en las ciencias cuando se las
trata diacrónica y sincrónicamente reencuentra –acaso en lo estocástico- la
repetición de teorías y enunciados. Sobre la manera que llamaremos lógico-perceptivo-real
en que se articulan los conceptos, es donde la tensión khuniana y la diferencia
derridiana tienen algo que decir. Las
objeciones que se plantean a Piaget son muchas, aunque creemos que su programa
sigue en desarrollo y-como vimos- resulta articulable con otras corrientes de
las ciencias en general. En lo que sigue responderemos a tres objeciones, que
son: Gegory
Bateson y “el razonamiento del Sr. Toto” -
Dime
papá, ¿por qué son tan altas las palmeras? -
Es
para que las jirafas puedan comer de ellas, hijo mío. Porque si las palmeras
fueran muy bajitas las jirafas se verían en dificultades. -
Pero
entonces, papá, ¿por qué las jirafas tienen el cuello tan largo? -
En
efecto es así para que puedan comer las palmeras, hijo mío. Porque si las
jirafas tuvieran el cuello corto se verían en mayores dificultades todavía”[34]. En
este razonamiento circular, la totalidad como complementariedad es: W
(totalidad) = A (jirafas) + B (palmeras), pero las situaciones de desequilibrio
son A (jirafas bajas) + B (palmeras altas), y viceversa. La totalidad (W) se
encuentra en desequilibrio. En
el caso de los pares de Liberman (universales semánticos), la situación en: W
(personalidad fóbica) = A (dramatizar) + B (controlar). Si la operación fuera
característica de totalidad formal-operatoria más allá de la distinción clásica
de sujeto-objeto, y esto es importante de tener en cuenta, puesto que así nos
alejamos del pensamiento egocéntrico, tratándose de estructuras inconscientes. Esa
totalidad-formal-operatoria es también cognoscitiva, como en el caso de los
tipos de Holland: W
(personalidad convencional) = A (habilidad de notación) + A’ (manejo de
registros) que inversamente se traduce en A (habilidad de notación) + B (no
manejo de registros). En ese caso, esa totalidad “per se” puede ser una
totalidad dinámica o “en relación” sin que el gran juego filosófico del
“en sí” y el “para sí” del “en-sí-para-sí” signifiquen otra cosa
que el paso de un tipo lógico a otro. Las totalidades pagetianas, es cierto,
son ala vez “per se” y “en relación”. Además, en la lógica de las
totalidades, la única variación ensayada que conocemos es la de
Deleuze-Guattari en el Anti-Edipo, considerando “al todo al lado de las
partes, pero que no las totaliza”[35]
que permite comprender la lógica de los procesos de desequilbrio, si es que no
lo proponen como filosofía del esquizoanálisis. TIEMPO,
SOCIEDAD UNIDADES PSÍQUICAS “La
ideología de la nueva época cristalizada en torno al nuevo mito del progreso
infinito, acreditado por las ciencias experimentales y la industrialización,
ideología que domina e inspira todo el siglo XIX, recupera y asume, pese a su
radical secularización, el sueño milenario del alquimista (…) En el siglo
XIX, dominado por las ciencias físico-químicas y el impulso industrial, es
cuando el Hombre consigue sustituir al Tiempo en sus relaciones con la
Naturaleza (…) La trágica grandeza del hombre moderno está vinculada al
hecho de que ha tenido la audacia de asumir, frente a la Naturaleza, la función
del Tiempo (…) al dominar la Naturaleza con las ciencias físico-químicas el
hombre se siente capaz de rivalizar con la naturaleza, pero SIN PERDER EL
TIEMPO. De ahora en adelante serán la ciencia y el trabajo los que hagan la
obra del Tiempo”[37] Biólogo:
-¿Qué sostiene, exactamente, la teoría lamarkiana? ¿Qué quiere decir usted
con la “herencia de caracteres adquiridos? Lamarkiano:
-Que un cambio inducido por el ambiente en el organismo se transmitirá a la
descendencia. Biólogo:
-Espere un momento…¿Un “cambio” se transmitirá? ¿Qué es exactamente lo
que habrá de transmitir el progenitor a su vástago? Un “cambio” es alguna
especie de abstracción, supongo. Lamarkiano:
Un efecto del ambiente, por ejemplo: las almohadillas nupciales del sapo partero
macho. Biólogo:
-Sigo sin entender. Usted no querrá decir, supongo, que el ambiente generó
esas almohadillas nupciales. Lamarkiano:
-Desde luego que no. El sapo las generó. | |||||||||