Monografias | Cambio de Rumbo en la Política Internacional NorteamericanaCambio de Rumbo en la Política Internacional NorteamericanaResumen: Con la llegada a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica del Republicano George W. Bush, la política internacional cambió drásticamente de rumbo, a los nueve meses de instalado el gobierno. Básicamente por los sucesos del 11 de Setiembre de 2001. El presidente Bush que, de política internacional sabía muy poco, prontamente tuvo que enfrentarse a los desafíos, peligros y amenazas que significaba el terrorismo. Tanto así que se puede decir, hoy en día, todos los temas de la agenda internacional giran o parten de la política antiterrorista diseñada por el buró de la casa blanca. Con
la llegada a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica del
Republicano George W. Bush, la política internacional cambió drásticamente de
rumbo, a los nueve meses de
instalado el gobierno. Básicamente por los sucesos del 11 de Setiembre de 2001.
El presidente Bush que, de política internacional sabía muy poco, prontamente
tuvo que enfrentarse a los desafíos, peligros y amenazas que significaba el
terrorismo. Tanto así que se puede decir, hoy en día, todos los temas de la
agenda internacional giran o parten de la política antiterrorista diseñada por
el buró de la casa blanca. En este sentido estamos presenciando un giro radical
en la política norteamericana, donde la principal importancia o motivación es
derrotar a toda costa a los grupos terroristas del mundo. 1.
Una nueva agenda antiterrorista.
El
20 de Setiembre el presidente Bush, lanzó un mensaje al mundo luego que las
torres gemelas de Nueva York se vinieran abajo: “O estáis con nosotros, o estáis
con los terroristas”[1].
Un menaje desesperado como se dijo, el inexperto presidente tuvo que madurar
violentamente, cuando aún se vivía los cuestionamientos a su elección, que de
paso le sirvieron para legitimar su mandato.
Esta
forma de pensar se volvió una doctrina, un concepto inspirador de la política
internacional, como lo dijimos hasta transformar la orientación de su gobierno
y, más adelante, “vigorizar las relaciones con grandes potencias como China,
Rusia e India, cada una de las cuales enfrenta sus propias insurrecciones
terroristas, y que ahora de un modo felizmente bismarckiano, están todas en términos
más amistosos con Washington que con el resto del mundo” (...)[2]
De
esta forma se quiere solucionar un problema de seguridad interna que, se daba
por solucionado y que el 11 de Setiembre demostró la vulnerabilidad total, al
igual que los centros militares y económicos. En palabras de Michael Hirsh (p.
2) “El uso de la fuerza avasalladora en Afganistán ayudó a restaurar la
credibilidad estadounidense después de una década de flaca voluntad,
intervenciones débiles y reacciones blandas ante agresiones previas”. En
el periodo de Clinton, de relativa paz bélica, con un esporádico bombardeo a
los territorios de entrenamiento de Bin Laden, sirvieron para alertarlo y hasta
burlarse de la “fuerza americana”. En este sentido, si hacemos la comparación,
tenemos a un presidente, dispuesto a retomar la senda de Reagan y demostrar el
liderazgo internacional de hacer prevalecer la fuerza armamentista de EE.UU. El
dominio militar de los EEUU se vio debilitado principalmente en las dos últimas
décadas pasadas. Primeramente, por la pacificación interna del norte que socavó
su propio militarismo, su predisposición para el combate, su capacidad para
aceptar bajas entre sus propios soldados, como ocurrió en El Líbano y en
Somalia, donde aproximadamente 220 soldados perdieron la vida de manera
sorpresiva. EEUU, se ha “escudado” en bombardear desde el aire zonas
denominadas peligrosas, pero se resisitió al combate terrestre. Luego, en
segundo término, la debilidad de EEUU parte gracias a la obsesión por la
revolución armamentista de alta
tecnología del siglo XX, simbolizada en la fisión nuclear y los misiles
dirigidos por láser.
Es
evidente que el presidente está a la cabeza de una lucha global donde el
compromiso de los ciudadanos norteamericanos está muy claro, en temas como el
de Afganistán, Cachemira y Medio Oriente. El presidente Bush, quiere dejar atrás
aquel lastre, por llamarlo de un modo más adjetivado, entre las políticas
tradicionales del abstencionismo de la década del 20 y 30 en el siglo XX y el
compromiso, que ahora es menester ejercerla. Como afirmó el Presidente Bush,
EEUU, requiere de una convivencia en paz entre las grandes potencias
internacionales y ahora es, cuando se ha dado la oportunidad.
George
W. Bush, está convencido de lo peligroso ideológicamente que significan los
terroristas fundamentalistas. En su discurso citado del 20 de Setiembre afirmó
que los terroristas son “los herederos de todas las ideologías asesinas del
siglo XX”. Una fuerza que en palabras de Michael Hirsh, no cuenta con armas,
tanques pero sí con una considerable plataforma de apoyo en el corazón del
mundo islámico y con el “aumento de capacidades” con que la globalización
benefició a los pequeños grupos de fanáticos. Los terroristas, además,
cuentan con un poderoso componente en su lucha, que es el factor sorpresa y si a
esto le agregamos una muy buen montada organización internacional que amenaza
el centro del poder mismo en EEUU, las razones de temor y alerta que ha dado el
presidente Bush, son muy valederas.
En
este sentido el presidente norteamericano no ha dudado en criticar, aún a su
propio padre, el ex-presidente Geroge Bush y al ex-presidente Clinton, por no
haber tomado las medidas necesarias para liquidar el terrorismo liderado por Al
Qaeda y
la amenaza que significa ahora Sadam Husein, cuando se tuvo la ocasión de
hacerlo en 1991 en la guerra del golfo y en 1998 contra Bin Laden. Bush, está
convencido que al terrorismo sólo se le puede derrotar con políticas de
represión muy fuertes; en otras palabras, como afirma Hirsh el poder duro es
necesario para quebrar la espina dorsal de los grupos terroristas, de los grupos
islámicos radicales y forzarlos para efectuar un cambio fundamental, sobre todo
en el mundo musulmán. 2.
Integrarse a la Comunidad Internacional
Aún
cuando EEUU es la primera potencia mundial no necesitaba ser parte de la
comunidad internacional. Por ser el eje hegemónico más poderoso imponía sus
condiciones y, muchas veces, no firmaba acuerdos que no iban contra sus
intereses. Es decir la dirigía, pero desde afuera y, a todo país que no
pertenecía o aceptaba los acuerdos de la comunidad, se le imponía una serie de
restricciones o embargos a su economía, como es el caso de Cuba, Corea del
Norte, Libia, Irak. Con
los sucesos del 11 de setiembre, estamos presenciado a EEUU integrarse
fervientemente en la comunidad internacional, claro que desde una óptica de
potencia y según intereses de poder, pero su participación es mucho más
activa que antes.
Como
afirma M. Hirsh (p. 7) “resulta sumamente irónico para el gobierno de Bush
que el principal aliado de EEUU en la guerra contra el terrorismo haya resultado
ser la comunidad global, y que necesite ahora de esa despreciada entidad liberal
para dar cuerpo a la doctrina Bush”. Quedó atrás aquella afirmación de la
Consejera de Seguridad Nacional Condoleezza Rice, “desde el suelo firme del
interés nacional y no en función de una ilusoria comunidad internacional”.
El
ex-presidente Clinton se preocupó del globalismo y EEUU tenía una dependencia
del sistema internacional en el campo de los ahorros y la inversión, el empleo
y el mercado. El presidente Bush ha criticado esto, porque las empresas
norteamericanas habían establecido redes transnacionales de producción que las
hacían vulnerables tanto a los designios de los gobiernos extranjeros como a
los caprichos de actores transnacionales como las organizaciones no
gubernamentales (ONG). Actualmente,
a pesar de ser una nebulosa, como afirma Hirsh, y descartada como mito
wilsoniano, la economía internacional ya no existe en el vacío; el nexo es
creciente, entre mercados, gobiernos y pueblos que comparten intereses y valores
comunes, y ese nexo, a su vez, amplia los límites de la economía
internacional. Hay viejas instituciones en funcionamiento, como el Consejo de
Seguridad, que a veces expresan esos intereses y valores, así como nuevas
instituciones, como la OMC, que resuelven controversias cuando el nexo se rompe. La
guerra contra el terrorismo ha sido fundamental y categórico para los EEUU para
que acepten que ellos también son parte de la comunidad internacional. Ahora,
como se dijo, la agenda principal es la lucha con las fuerzas aún no derrotadas
de Al Qaeda, o de Berlín, Kuala Lumpur, Chechenia. Sobre todo ser parte, porque
estos grupos terroristas adquieren con suma facilidad armamentos de toda clase y
el control es casi nulo o muy deficiente. Todavía no se puede ver éxitos en la
guerra
internacional contra el terrorismo, que ha cosechado escasos éxitos hasta
ahora. El terrorismo sigue atacando en lugares tan dispares como Yemen,
Indonesia, Oriente Medio y Rusia. Los cerebros de los ataques del once de
septiembre hacen campaña por sus respetos y no se ha averiguado ni siquiera su
paradero. El mensaje de Bush, explicitado en su discurso del mes de septiembre,
viene a decir que se dará caza a los terroristas pero sin mencionar las causas
que han podido llevar a esos desgraciados a entregarse a la muerte suicidándose
en el empeño. Como
afirma Kissinger, estados unidos está en una lucha o carrera de ser un
competidos estratégico y no uno dominante, “la tendencia dominante en el
pensamiento de la política exterior estadounidense debe ser transformar el
poder en consenso, de modo tal que el orden internacional se base en acuerdos
antes que en aceptaciones renuentes”; es decir Estados Unidos necesita de
amigos más que de competidores. Y
pare ello, otra tarea dispendiosa que le toca a Washington es,
convencer o vender este nuevo ideal a los propios norteamericanos; como
afirma Hirsh, dejar el unilateralismo mucho más fácil y que los ha acompañado
en estos 50 años de dominio mundial. Conclusiones
El
poder de los Estados Unidos es tan grande y decisivo que, a pesar de haber
redireccionado su política internacional, lo más probable que también
arrastre al mundo hacia esos intereses, como lo hizo durante más de medio siglo
con la economía dominante que ejerció en detrimento de los países más
vulnerables, por no citar a los latinoamericanos.
En
este sentido, países como Cuba, por citar el caso latinoamericano, padecerán
todas las secuelas de las políticas bushnianas de “preservar la paz en el
mundo”. La
diplomacia, el reparto de la riqueza en estos tiempos globalizados que facilitarían
la distribución de bienes, la educación de pueblos atrasados, el combate de
las enfermedades crónicas y generalizadas han sido sustituidas por un lenguaje
de fuerza y de superioridad militar. La doctrina Bush no nos lleva a un mundo más
feliz sino a una situación más intranquila y confusa. Los que hemos creído en
los valores de la cultura política americana tenemos motivos para estar
inquietos. BIBLIOGRAFÍA Michael
Hirsh, “El Mundo de Bush”, Foreign
Affaire en Español, Otoño-Invierno
2002. Michael
Mann, “La globalización y el 11
de Setiembre”, New
Left Review
11, 2002. Lluis
Foix. El mundo según Bush. Acceso en http://
La Vanguardia Digital.htm. Acceso.
Diciembre 4, 2002. Notas: [1]
Tomado del texto “El Mundo de Bush” de Michael Hirsch, 2002. 2
Idem, p. 1 Publicación enviada por Iván Rodríguez Alegre Contactar mailto:roa2669@ec-red.com Código ISPN de la Publicación EEkFVFFAVZsvWXjKFt Publicado Monday 8 de August de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
ilustrados.com nace con el fin difundir el conocimiento publicando trabajos de investigación, monografias, tesis, presentaciones powerpoint y afines. Publicar trabajos en ilustrados.com ha alcanzado prestigio y reconocimiento internacional siendo cada vez más el número de académicos, empresas, investigadores, científicos que consultan las publicaciones de nuestro portal. | |||||||||