Monografias | El séptimo reporte de hipertensión arterial y su repercusión en el manejo del paciente hipertenso. (Revisión Bibliográfica)El séptimo reporte de hipertensión arterial y su repercusión en el manejo del paciente hipertenso. (Revisión Bibliográfica)Resumen: La hipertensión arterial constituye uno de los problemas medico-sanitarios mas importantes de la medicina contemporánea en los países desarrollados y en Cuba y el control de la misma es la piedra angular sobre la hay que actuar para disminuir de forma significativa la morbimortalidad por cardiopatía coronaria, enfermedades cerebrovasculares y renales. Definida como presencia mantenida de cifras de tensión arterial diastólica (TAD) igual o superior a 90 milímetros de mercurio (mmHg) y sistólica (TAS) igual o superior a 140 mmHg, la hipertensión arterial es un problema de salud global. Se estima que en el mundo la padecen cerca de mil millones de habitantes y en Estados Unidos afecta a 50 millones de sus habitantes. La
hipertensión arterial constituye
uno de los problemas
medico-sanitarios mas importantes de la medicina contemporánea en los países
desarrollados y en Cuba y el control de la misma es la
piedra angular sobre la hay que actuar para disminuir de forma
significativa la morbimortalidad por cardiopatía coronaria, enfermedades
cerebrovasculares y renales. Definida como presencia mantenida de cifras de
tensión arterial diastólica (TAD) igual o superior a 90 milímetros de
mercurio (mmHg) y sistólica (TAS) igual o superior a 140 mmHg, la hipertensión
arterial es un problema de salud global. Se estima que en el mundo la padecen
cerca de mil millones de habitantes y
en Estados
Unidos afecta
a 50 millones de sus habitantes(1). En Cuba la prevalencia en la población
urbana es de 30 por ciento y en áreas rurales de 15
por ciento. El enfrentamiento a
este problema difiere de una a otra nación, pero de modo general se hace
necesario seleccionar y evaluar las opciones terapéuticas que sean capaces de
proporcionar el máximo de beneficio sanitario y social
con un costo relativamente
bajo(2). En los Estados Unidos existe el Instituto Nacional de Corazón, Pulmón
y Sangre (NHLBI) y entre sus funciones está la de administrar el Comité
Coordinador del Programa Nacional de Educación de la Hipertensión Arterial
(NHBPEP). Este Comité Coordinador que está integrado por una coalición de 39
organizaciones profesionales, públicas, voluntarias y 7 agencias federales; se
encarga de establecer las guías para la prevención, tratamiento y control de
la tensión arterial. Periódicamente, este Comité se reúne para analizar
investigaciones de indiscutible rigor científico; dentro y fuera de los Estados
Unidos en motivo de hipertensión arterial, y emite una declaración conjunta
conocida como Reporte del Comité Nacional Unido (JNC) sobre la prevención,
detección, evaluación y tratamiento de la HTA. En Cuba, los elementos
fundamentales para el manejo del paciente hipertenso están basados en gran
medida en el 6to. Reporte del JNC, debido a su credibilidad y volumen de
información en que se apoya, el rigor metodológico de su elaboración, así
como por su influencia sobre la comunidad médica americana y en el mundo
occidental(3). El 21 de mayo del 2003 se publicó en la revista JAMA el 7mo.
Reporte del JNC(4), el cual presenta notables cambios con relación al anterior.
El objetivo fundamental de esta revisión es comentar los aspectos fundamentales
del 7mo. Reporte, así como su posible repercusión en el seguimiento de los
pacientes hipertensos. EXPOSICIÓN
AL TEMA El
7mo. Reporte constituye un documento que sombra ante todo por la gran cantidad
de estudios en los que se basa y, por otra parte, por la manera en que rompe con
esquemas anteriores en cuanto al tratamiento, criterios diagnósticos y la mención
de factores de riesgo coronario entre los que se incluyen los clásicos y otros
nuevos. Es además un documento que permite gran flexibilidad, multiplicidad de
opciones y por sobre todo, resalta el papel del juicio médico y la relación médico
paciente como la verdadera clave para tratar exitosamente al hipertenso. El
artículo donde se expone el 7mo. Reporte se resume en 7 aspectos esenciales que
pueden dividirse en dos grupos: ·
Aspectos relacionados con el diagnóstico. ·
Aspectos relacionados con el tratamiento. En
él se incluyen tres acápites: 1.
En personas mayores de 50 años cifras de TAS superiores a 140 mmHg es un
factor de riesgo cardiovascular mucho más importante que la tensión diastólica
elevada. 2.
El riesgo de enfermedad cardiovascular, que comienza desde cifras de
115/75 se duplica con cada incremento de 20/10 mmHg. Individuos que son
normotensos a los 55 años de edad tienen un riesgo de por vida de 90% de
probabilidades de desarrollar hipertensión. 3.
Individuos con TAS de 120 a 139 o TAD de 80 a 89 mmHg deben ser
considerados prehipertensos y requieren medidas de promoción de salud,
modificación del estilo de vida para prevenir enfermedades cardiovasculares(4). El
7mo. Reporte considera que para la detección de la HTA es muy importante su
medición adecuada e insiste en su correcta exploración ya sea a través de su
estimación en el consultorio, monitoreo ambulatorio o automedición de la TA.
En cada caso, se recomienda el uso de instrumentos debidamente calibrados y
validados(5), que el paciente esté sentado quieto por lo menos 5 minutos en una
silla preferiblemente a una mesa de reconocimiento, con los pies en el piso y el
brazo apoyado al nivel del corazón. El médico debe facilitarle a los pacientes
de manera verbal y escrita sus cifras de TA, así como la presión que debe
alcanzar. Una vez tomada correctamente la tensión arterial, debe estandarizarse
la cifra para considerar a un paciente como normotenso o hipertenso, es decir,
su diagnóstico. La más reciente versión del Reporte del JNC mantiene el límite
inferior de la hipertensión arterial en 140/90, que contrasta con las cifras
recomendadas por la OMS en 1978, que consideraba hipertensión a valores
superiores a 160/105; cifras que en la actualidad son flagrantemente
hipertensivas(3). El primer aspecto del resumen del 7mo. Reporte contribuye en
gran medida a romper el mito de que la TAD alta es más peligrosa que la TAS y
que en personas mayores esta tensión sistólica alta era un resultado del
envejecimiento y por tanto “fisiológico”. Fue puesto en evidencia lo
contrario, que la TAS elevada es más importante que la TAD como factor de
riesgo cardiovascular, excepto en pacientes menores de 50 años(6) y que a su
vez era mucho más difícil de controlar. Estudios más recientes demostraron
que se podía mantener un control eficiente de la TAS, pero esto requeriría más
de dos medicamentos antihipertensivos(7). Indiscutiblemente, esto nos alerta a ,
ser cuidadosos como médicos, a no soslayar el valor de la TAS elevada en un
anciano, pues su control va a requerir de toda nuestra pericia para regularla, y
esto último en beneficio a largo plazo para el paciente. El
segundo aspecto se obtuvo como resultado del estudio de Framingham (8) y nos
brinda una conclusión asombrosa: el riesgo de padecer de enfermedad
cardiovascular comienza desde cifras de 115/75. A media que aumenta la edad de
las personas, se incrementa la prevalencia de la HTA, por lo que una persona que
a la edad de 55 años sea normotenso tiene un 90% de probabilidades de
convertirse en hipertenso en algún momento de su vida. Por lo tanto, el área
de acción del médico no puede limitarse a las personas hipertensas, sino también
a los normotensos para evitar que se cumplan sus probabilidades. Por otro lado,
a partir de 115/75 y con cada incremento de 20/10, el riesgo de padecer de
afecciones cardiovasculares se incrementa el doble, en el rango que va desde
115/75 a 185/115 mmHg. Estos datos son más alarmantes cuando se analiza que
existe una asociación continua, consistente e independiente entre la HTA y el
riesgo de padecer de enfermedades cardiovasculares. A medida que aumenta la TA,
mayor es la probabilidad de tener infarto del miocardio, insuficiencia cardiaca,
enfermedad cerebrovascular e insuficiencia renal(9). El
término prehipertensión surge como elemento novedoso y es la esencia del
tercer aspecto. Puede considerarse un salto cualitativamente superior y un
cambio de paradigma considerar a un paciente con cifras que oscilan entre
120/139 de TAS y/o 80/89 de TAD como prehipertenso, cuando durante mucho tiempo
se consideró el valor de 120/80 como la tensión normal, estándar o “de
libro”. Su introducción es derivada de la necesidad de establecer un valor de
“alarma” aún dentro del rango de la normalidad y augura el cumplimiento del
criterio del doctor Sellen en el año 2002 cuando planteó que “... los
valores normales de TA actualmente se consideran por debajo de 140/90 mmHg y la
tendencia es a seguir disminuyendo esas cifras para evitar las complicaciones
cardiovasculares y una mayor mortalidad” (2). ¿Qué justificación tiene la
introducción de esta cifra de corte en el rango de lo normal? La respuesta está
en el dato de que los pacientes “prehipertensos” tienen un riesgo elevado de
progresar a la hipertensión. Los que están en el rango de 130/80 a 139/89
tienen el doble de riesgo que aquellos que tienen cifras más bajas (10). Para
estos individuos se recomienda solamente modificación del estilo de vida para
prevenir la progresión a una enfermedad hipertensiva. Queda por ver el efecto
que tendrá sobre los pacientes cuando sean informados por sus médicos que por
tener cifras de 122/83 son entonces prehipertensos. En
al tabla 1 se exponen las diferencias significativas entre el 6to. y el 7mo.
Reporte en cuanto a la clasificación de la TA. Nótese la introducción del término
antes mencionado, así como la fusión de los estadios 2 y 3 del 6to. en uno
solo en el 7mo. y la supresión de los estadios “óptima” y “normal
alta”. De esta manera, de seis estadios del 6to. Reporte queda en cuatro en el
7mo., simplificando en gran medida una clasificación que podía ser considerada
como poco práctica y engorrosa, lo cual constituye, según nuestra opinión, un
acierto de este Reporte. Como
es sabido, antes de indicarle tratamiento al paciente hipertenso es
imprescindible identificar determinados elementos del paciente que pueden ser
determinantes en el momento de tratarlo, o sea, hay que evaluar al paciente.
Esta evaluación tiene tres objetivos básicos: conocer el estilo de vida del
paciente y otros factores de riesgo o afecciones concomitantes que pudieran
incidir en el pronóstico y guiar el tratamiento, revelar diagnósticos que
pueden ser causa de hipertensión secundaria que y por tanto potencialmente
curables. y por último, analizar si existe evidencia de daños en órgano
diana. Los factores de riesgo cardiovasculares, de acuerdo a este Reporte son: hábito
de fumar; obesidad, sedentarismo, dislipidemia, la edad, o sea, hombre de más
de 55 años, mujeres de 65, antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular
prematura (hombre antes de 55 y mujeres menores de 65 años). Aquí se incluye
la microalbuminuria como un factor de riesgo mayor, lo cual es también
novedoso, y la opción de tener en su defecto un filtrado glomerular estimado de
menos de 60 ml/min(4). No existen cambios en cuanto a las expresiones de daños
en órgano diana ni en las causas secundarias de hipertensión arterial. El
objetivo primordial del 7mo. Reporte se mantiene invariable con relación al
6to. Reporte: la reducción de la morbimortalidad por afecciones renales y
cardiovasculares. El Reporte enfatiza que la clave del mensaje para los
pacientes hipertensos es que se beneficiarán como resultado de la reducción de
la tensión arterial, independientemente de si esto ocurre producto de cambios
en el estilo de vida, terapia medicamentosa o como en la mayoría de los casos,
de la combinación de las dos posibilidades. Para pacientes con hipertensión
arterial no complicada, la meta es llevar la tensión arterial a menos de
140/90. Si existiera alguna comorbilidad, como diabetes y enfermedad renal crónica,
el objetivo a lograr sería inferior a 130/80. Este último elemento contrasta
con el anterior Reporte, que permitía 5 mmHg más para la tensión arterial
diastólica en el diabético al fijar la cifra en 130/85(2). Sucede que en la
cardiopatía diabética hipertensiva, las alteraciones humorales y estructurales
son más pronunciadas de lo que cabría esperar por cada entidad por separado.
La hipertensión aumenta el riesgo de nefropatía diabética en los pacientes
con diabetes mellitus tipo 1 y es la microalbuminuria un poderoso predictor de
muerte en estos casos(10). El
tratamiento no medicamentoso de la hipertensión arterial está encaminado a
propiciar modificaciones favorables en el estilo de vida, mediante la adopción
de cambios saludables, que en determinadas circunstancias por si solo pudieran
normalizar la tensión arterial, puesto que se ha estimado en qué medida un
cambio especifico puede contribuir cuantitativamente a la reducción de la tensión
arterial. Por ejemplo, la reducción del peso corporal para obesos o sobrepesos
(11), encaminado a mantener el índice de masa corporal IMC o BMI (en inglés),
en el rango normal, puede reducir la tensión arterial entre 5 y 20 mmHg por
cada 10 kilogramos de peso corporal(4). Las otras recomendaciones son la adopción
del plan dietético para detener la hipertensión (dieta DASH o Dietary Approach
to Stop Hypertension)(12), que se caracteriza por ser una dieta rica en frutas,
vegetales y baja en productos lácteos y derivados, reducido contenido en ácidos
grasos saturados, reducción de la ingestión de sodio en la alimentación, a no
más de 100 m Eq/l, o sea, 6 gramos de cloruro de sodio, incremento de la
actividad física, ya sea mediante un plan de ejercicios aeróbicos u otra
modalidad, siembre que sea al menos 30 minutos por día, la mayor cantidad de días
a la semana. Esta flexibilidad contrasta con la sugerencia de otros autores como
Fragard(13) que recomendaba la prescripción de caminar diariamente un kilómetro
e incrementar medio kilómetro semanalmente hasta llegar a un nivel tolerable.
Evidentemente, en la actualidad se hace mayor énfasis en el tiempo de duración
del ejercicio más que en la carga del mismo. Por supuesto, esto requiere de
autorización o supervisión médica o de personal especializado en cultura física,
quienes tienen la tarea de decidir si una persona puede o no hacerlos y cual
tipo de ejercitación puede realizar. Por
último, se recomienda moderar el consumo de alcohol(14) a no más de una onza o
30 ml de etanol o cualesquiera de sus equivalentes en cerveza, vinos o whisky. Los
acápites relacionados con el tratamiento según el resumen del JNC son: 1)
Los diuréticos tipo tiazidas pueden ser usados como tratamiento
medicamentoso en la mayoría de los pacientes con hipertensión no complicada.
Ciertas situaciones de alto riesgo son indicaciones específicas para el uso de
otro grupo de medicamentos antihipertensivos desde el inicio. 2)
La mayoría de los pacientes con hipertensión requieren dos o más
medicamentos antihipertensivos para alcanzar la presión objetivo de 140/90 ó
130/80 en diabéticos o pacientes con enfermedad renal crónica. 3)
Si la tensión arterial es mayor que 20/10 mmHg con relación con la
presión objetivo, se debe considerar la posibilidad de comenzar la terapia con
dos medicamentos, uno de los cuales debe ser un diurético tiazídico. En
el análisis del 7mo. Reporte, resulta prácticamente imposible evitar la
comparación con su antecesor, o sea, el 6to. Reporte, debido a que hay
elementos que ponen en evidencia contradicciones o una franca ruptura con los
esquemas tradicionales, tal como se planteó más arriba en este trabajo. Hay
que tener en cuenta que el 6to. Reporte establecía una clasificación que
combina los estadios de acuerdo a la cifra de tensión arterial, con la
estratificación del riesgo coronario o el daño en órgano diana y la diabetes
mellitus, y así establecer cuando tratar a un paciente con modificación del
estilo de vida hasta que la tensión arterial llegara a TAS 160 y/o a TAD 100,
es decir, estadio 2 en adelante en que se comenzaba con tratamiento
medicamentoso(15). En este caso, el cambio más notable radica en que a
partir de que el paciente es considerado hipertenso, ya tiene indicado el
tratamiento de modificación del estilo de vida y medicamentoso simultáneamente
, independientemente de sus factores de riesgo, daño en órganos diana o
diabetes. Sólo se tiene en cuenta la presencia de las llamadas Indicaciones
específicas, pero sólo influye en cual es el primer medicamento a utilizar.
Esto traduce que el paciente es puesto bajo terapia medicamentosa antes que con
el Reporte anterior, lo cual está en relación con la gran insistencia de
lograr reducción de la tensión arterial a la presión objetivo, en menor
tiempo y ante la acción deletérea de la hipertensión sobre el corazón, que
como se planteó anteriormente comienza desde cifras tan “normales” como
115/75. Hecha esta comparación analizamos el primer elemento, el cual prácticamente
generaliza el uso de los medicamentos tiazídicos para tratamiento de
hipertensos no complicados. Este es un hecho conocido desde hace tiempo, pero
los investigadores lo reafirman. El ensayo clínico ALLHAT (Antihypertensive and
Lipid Lowering to protect against Heart Attacks Trial)(16), considerado como el
mayor ensayo clínico realizado en materia de hipertensión, que incluyó una
muestra de 42418 pacientes; tuvo como mayor impacto, entre otras cosas, la
demostración de que las nuevas clases de agentes antihipertensivo son tan
efectivos como los diuréticos para prevenir la aparición de eventos
cardiovasculares. Los diuréticos incrementan la eficacia de regímenes
multidrogas y son más recomendados que otros medicamentos, sin embargo, a pesar
de lo anterior, las tiazidas no están siendo suficientemente utilizadas según
concluyen Psaty y colaboradores(17). Las
llamadas indicaciones específicas, incluyen fallo cardíaco, post infarto miocárdico,
alto riesgo de enfermedad coronaria, diabetes, enfermedad renal crónica y
prevención de la recurrencia de enfermedad cerebrovascular. En dichos casos en
vez de comenzar con diuréticos tiazídicos puede ser más beneficioso comenzar
con otros medicamentos, según han
arrojado diferentes estudios clínicos controlados. Por ejemplo, en el caso de
enfermedad renal crónica se recomienda comenzar con inhibidores de la enzima
convertidora de angiotensina, o con bloqueadores de los receptores de
angiotensina, en lugar de comenzar con diuréticos. El
segundo y tercer aspecto, guardan estrecha relación y también tienen apoyo en
el ALLHAT y otros estudios. ALLHAT demostró además que más del 60% de todos
los pacientes tuvieron sus presiones arteriales dentro del rango recomendado
pero más de dos tercios de esos pacientes requirieron de dos o más
medicamentos para alcanzar la presión objetivo (16).Esto es algo muy común en
la práctica médica, tener pacientes que usen dos o más medicamentos
antihipertensivos. El segundo aspecto dentro del acápite de tratamiento
constituye una muestra de ruptura con esquemas anteriores, cuando sugiere que si
la tensión arterial se encuentra 20/10 mmHg por encima de la presión objetivo,
o sea, cuando esté en valores iguales o superiores a 160/100; se debe
considerar la posibilidad de comenzar la terapéutica con dos agentes, uno de
los cuales debería ser un diurético. ¿Por qué la ruptura? A diferencia de
algunas entidades nosológicas como la tuberculosis pulmonar, el cáncer o la
insuficiencia cardíaca en la que por norma se trata o se acostumbra a tratar
con varias drogas y clases de drogas, antiguamente se recomendaba que la
hipertensión se comenzara a tratar con una sola droga, incrementar sus dosis y
en caso de usar una dosis adecuada o máxima, entonces introducir una segunda
clase de droga antihipertensiva. Como ejemplo tenemos que Céspedes y Castañer
en el texto Temas de Medicina General, entre los postulados que no se deben
perder de vista a la hora de tratar con medicamentos incluye... “Plantear
monoterapia siempre que sea posible”(3). Es un criterio con el que estamos
familiarizados por la tradición y porque en la medida que menos medicamentos y
dosis de los mismos se usen, menos serán los efectos adversos sobre el
paciente. Sin embargo en la práctica, a pesar de que se cumple, muchos
pacientes terminaban usando más de un medicamento. Indiscutiblemente, he aquí
un aspecto que es controversial. ¿Qué nos muestra la evidencia? El
ensayo clínico SHIELD(18) (Study of Hypertension and the efficacy of Lotrel in
Hypertensive Diabetics) demostró que: 1)
Los pacientes con diabetes tipo 2 que tomaron Lotrel (nombre comercial de
la combinación amilodipina/benazepril en dosis fijas de: 2.5/10, 5/10, 5/20,
20/25 mg) alcanzaron la presión deseada menor o igual a 130/85 (basado en lo
anterior del 6to. JNC) más rápido que aquellos pacientes que empezaron con
monoterapia de enalapril y adición posterior de diurético. 2)
La combinación logra disminuciones significativas en la tensión sistólica/diastólica
en comparación con la monoterapia con enalapril. 3)
Ningún tratamiento mostró ningún efecto adverso en el control glicémico. 4)
El uso de la combinación fue bien tolerado. Otro
estudio: LOGIC (Lotrel Gauging Improved Control) demostró con esta combinación
disminución del edema de los pies y piernas, que es un efecto frecuente de la
monoterapia con amilodipina(19). Quizás,
debido al carácter heterogéneo de la hipertensión primaria (20,21) la
monoterapia se muestra insuficiente para normalizar la tensión. La premisa básica
de la monoterapia implica incrementar la dosis del agente seleccionado hasta que
los valores de TA comiencen a disminuir. Desafortunadamente, esto puede
significar incrementar la dosis a niveles que pueden producir efectos adversos.
Sin embargo, la eficacia antihipertensiva de ese solo medicamento se puede
mitigar debido a la potencial estimulación de mecanismos compensatorios que actúan
para devolver la tensión arterial a los niveles pre-tratamiento. El resultado
de estas consideraciones es que debido a la naturaleza multifactorial de la
hipertensión arterial, tiene más sentido el tratamiento con más de un tipo de
medicamento antihipertensivo. Mediante la combinación de medicamentos que actúan
por diferentes mecanismos es posible ganar en términos de eficacia debido al
impacto sinérgico en el aparato cardiovascular. La combinación permite el uso
de dosis más bajas de cada medicamento, las cuales generalmente son suficiente
cuando se usan en combinación. A
pesar de las ventajas mencionadas, la monoterapia tiene un importante elemento
en su contra: el cumplimiento del tratamiento por parte del paciente. Una razón
para el bajo índice de éxito con
la monoterapia es el gradual incremento en las dosis de medicamento prescrito, conduciendo a prolongado
tratamiento, altas dosis, incremento de efectos adversos y se pierde la
adherencia al tratamiento(22). El 7mo. Reporte propone la solución a este
dilema: uso de combinación de medicamentos a dosis fija y se da una lista de
combinaciones disponibles para su uso, con los nombres comerciales. Las
posibilidades son: inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA)
y anticálcicos, IECA y diuréticos, bloqueadores de los receptores de
angiotensina y diuréticos, betabloqueadores y diuréticos, medicamentos de acción
central y diuréticos, y combinaciones de diuréticos. Puede comprobarse la
importancia del diurético aún en las combinaciones a dosis fijas, que por su
sencillez y por el hecho de que aumentan las tasas de respuestas de la tensión
arterial, en la medida que minimizan la incidencia de efectos adversos, deben
ser considerados útiles como
primera línea en aquellos pacientes que requieren reducción de 20/10 mmHg para
lograr la presión objetivo. Para
finalizar el séptimo y último aspecto del resumen del 7 JNC, es de gran valor
porque eleva la importancia del papel del médico y la relación médico-paciente,
por tanto, el rol que también juega el paciente al plantear que “la terapia más
efectiva prescrita por el médico más cuidadoso sólo controlará la hipertensión
si el paciente está motivado. La motivación se incrementa cuando el paciente
tiene experiencias positivas y confía en el médico”(4). La hipertensión es
un problema global y demanda respuestas globales y su manejo adecuado debe
romper el límite estrecho del binomio médico-paciente y abarcar mucho más,
por ejemplo el marco familiar, que a nuestro modo de ver está insuficientemente
abordado en el Reporte; y en la sociedad en su conjunto, tópico este que si se
le da importancia al sugerir políticas públicas de salud, es decir, la relación
dialéctica estilo-modo de vida. Esta política pública incluye la reducción
de las calorías, ácidos grasos saturados y sal en alimentos procesados, la
resolución de la Asociación Americana de Salud Pública de sugerir a los
productores de alimentos y a restaurantes que
reduzcan el aporte de sal de los alimentos al 50% durante la próxima década e
incrementar las posibilidades para la práctica de actividad física en las
escuelas y la comunidad, y de esta manera intentar reducir la obesidad, que en
los Estados Unidos alcanza valores epidémicos al afectar a 122 millones de
adultos(23,24). A
modo de conclusión, estas políticas públicas independientemente de donde sean
adoptadas, pueden propiciar una oportunidad para interrumpir y prevenir el
continuo y costoso ciclo de manejar la hipertensión y sus complicaciones; y tal
como planteó Moser, a raíz de la controversia desatada posterior a la
publicación de 7 JNC y ALLHAT... “Indudablemente los debates continuarán y
esto puede ser útil (...) sin olvidar el objetivo primordial del tratamiento de
la hipertensión. Hay que recordar que la marea alta levanta a todos los barcos.
Si tratamos la hipertensión eficazmente, se tratarán más pacientes con
medicación apropiada que ha mostrado ser efectiva, y todos se beneficiarán”(25). 1.
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