Monografias | Gasto y consumo en Estados Unidos: Un cuchillo de doble filoGasto y consumo en Estados Unidos: Un cuchillo de doble filoResumen: La producción total de un país puede crecer en función de cuatro componentes: consumo, inversiones, egresos de gobierno y exportaciones; y tiende a decrecer en la medida que aumentan las importaciones. De los factores de crecimiento, el consumo y los egresos gubernamentales son variables más bien volátiles. Hoy pueden ser muy importantes, pero mañana su impacto puede ser limitado. Un caso dramático de esta situación está relacionado con el alto consumo y financiamiento del gobierno en los sesenta, durante la guerra de Viet-Nam. Al final se terminó devaluando el dólar el histórico martes 15 de agosto de 1971. La
producción total de un país puede crecer en función de cuatro componentes:
consumo, inversiones, egresos de gobierno y exportaciones; y tiende a decrecer
en la medida que aumentan las importaciones. De
los factores de crecimiento, el consumo y los egresos gubernamentales son
variables más bien volátiles. Hoy
pueden ser muy importantes, pero mañana su impacto puede ser limitado.
Un caso dramático de esta situación está relacionado con el alto
consumo y financiamiento del gobierno en los sesenta, durante la guerra de
Viet-Nam. Al final se terminó
devaluando el dólar el histórico martes 15 de agosto de 1971. Las
exportaciones tienden a ser factores con mayor estabilidad.
Promueven el empleo al mismo tiempo que pueden fortalecer la
competitividad en los mercados, y posibilitan mejoras en la balanza comercial. Sin
embargo el factor más estable de crecimiento es la inversión. Esto es en lo que han venido insistiendo economistas de todos
los signos, desde Paul Krugman en The New York Times, Alan Greenspan como
presidente del Federal Reserve, y Robert Samuelson en Newsweek. Es
en ese contexto en el cual se pueden apreciar las condiciones y el impacto que
tienen en la economía estadounidense los altos niveles de consumo y gasto,
tanto personal como de gobierno. En
ambos casos existen importantes déficit, lo que compromete recursos actuales y
a futuro. Se
estima que en promedio, cada estadounidense tiene una deuda que por concepto de
uso de tarjeta de crédito, implica 4,000 dólares anuales, es decir cerca de
1,120 millones de dólares para el total de la población. A nivel del gobierno, la actual administración ha evaporado
los 225,000 millones de dólares de superávit que dejó la administración
Clinton. Se estimaría que los números
en rojo para diciembre próximo estarían cerrando en cerca de 431,000 millones
de dólares. No
se trata de tenerle temor al déficit. Tener
deudas puede ser justificado si especialmente los montos de las mismas son útiles
para la inversión. Pero ese no es
el caso de la economía estadounidense. Las
deudas y el déficit favorecen el consumo y el gasto del gobierno, el problema
es que al no tratarse mayoritariamente de inversión que genera empleos
productivos, las variables se hacen muy volátiles.
Para mantener el consumo de la población pueden requerirse recortes
constantes a los impuestos y eso tiene un límite. Uno
de los rasgos más dramáticos que actualmente tiene la economía del país es
que la capacidad de ahorro interno no sólo es decreciente; ha llegado a ser
negativa ya para junio pasado. Veamos
algunos datos. De
conformidad con recientes informaciones dadas a conocer por The Washington Post,
en 1984 la tasa de ahorro en función del ingreso personal disponible -ingreso
menos impuestos directos- era de 10.8%; ese indicador pasó a ser de 4.6% en
1995, de 1.8% en 2004, y llegó a negativo hace dos meses. Es
por ello que debemos de recurrir a prestar dinero a otras naciones.
Las que toman ventaja de nuestro requerimiento y con ello aumentamos
nuestra vulnerabilidad en lo internacional.
Tan sólo China tiene 220,000 millones comprados, en bonos de la deuda
norteamericana. Poco probable que Washington pueda levantar muy alto la voz
en las negociaciones con el gigante oriental. Lo
que parece estar deteniendo una caída totalmente en picada al abismo de la
incapacidad de ahorro interno, serían los fondos para inversión de reposición
que actualmente tienen las empresas. En
2004 el sector empresarial habría ahorrado 1.4 millones de millones de dólares
en función de cuentas por depreciación. Eso
compensa hasta cierto punto el nivel desbocado del consumo, pero ciertamente no
puede ni frenarlo, ni reducirlo substancialmente. Debido
a que el consumo si promueve crecimiento, aunque sus causas se encuentren
pegadas con alfileres en el incremento de producción total, hace que tengamos
la sensación de que estamos bien. Parcialmente
es cierto. Lo que sucede es que son
bases muy débiles. Estamos
tratando de construir nuestro progreso material en las arenas movedizas, en los
pantanos de deudas y déficit. En
1776 se dice que un símbolo de estatus social en las familias, era la posesión
de vajillas chinas. Ahora pueden
ser otros los productos de consumo en esta sociedad asediada por la “cultura
del mall”. Pero las consecuencias
están siendo muy peligrosas. El no
crecer con base en la inversión nos hace tener crecientemente, pies de barro
resquebrajado para nuestras perspectivas futuras; arriesgamos la vulnerabilidad
externa y el mundo que dejaremos a nuevas generaciones.- r Autor: Giovanni
E. Reyes Publicación enviada por Giovanni E. Reyes Contactar mailto:giovr@yahoo.com Código ISPN de la Publicación EEkVVkulylAphXKqpm Publicado Wednesday 31 de August de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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