Monografias | La Doctrina MonroeLa Doctrina MonroeResumen: En 1822 Estados Unidos fue el primer estado que reconoció las nuevas naciones que en Hispanoamérica acababan de separarse de España. Aquel mismo año inquietaron a los Estados Unidos dos iniciativas procedentes de Europa y dirigidas hacia el Nuevo Mundo: El zar Alejandro I proclamó los derechos de Rusia sobre la costa del Pacífico y las aguas vecinas desde Alaska, que pertenecían entonces a Rusia hasta el paralelo 51, es decir hasta la parte norte de la isla de Vancouver. Nació en Virginia el 28-04-1758. Fue capitán
a los 19 años y teniente coronel a los 21. El propio George Washington lo
reconoció como “un oficial valeroso, activo e inteligente”. Fue senador a
los 32 años y tiempo después fue enviado a París como ministro de los Estados
Unidos por el presidente G. Washington. Fue Presidente de los Estados Unidos
entre 1817 y 1825. Sucedió en el cargo a James Madison, el cual había
gobernado entre 1809 y 1817. Monroe tuvo el privilegio, en 1820, de ser
reelegido para el periodo 1821-1825, por todos los votos electorales, salvo uno,
el de John Quincy Adams, elector de New Hampshire, que deseaba que ese honor sólo
lo gozase G. Washington. Físicamente, James Monroe era poco atractivo,
pero tenía dos cualidades excepcionales: un sentido común muy perspicaz y una
voluntad inflexible. El acontecimiento de su administración que
hizo inmortal su nombre fue la formulación de la llamada Doctrina Monroe. Durante su gobierno el problema de la
esclavitud llegó a cierto equilibrio al firmarse el denominado “Compromiso de
Misuri”. La esclavitud había crecido rápidamente, “como un repique de
campanas que anuncia un incendio”, según las bellas palabras de Jefferson. En 1818, cuando Illinois fue admitido en la Unión,
había 10 Estados esclavistas y 11 libres. En 1819 Alabama y Misuri gestionaron
su admisión. Alabama sería Estado esclavista; su admisión restablecería el
equilibrio entre Estados esclavistas y libres, por lo que en el norte surgió
oposición al ingreso de Misuri si es que no era con la condición de Estado
libre. Fue necesaria una enmienda a la ley de admisión, en virtud de la cual
Misuri adoptaría gradualmente la emancipación. Como el Congreso tenía mayoría
de representantes de Estados libres, se creó una situación de parálisis política
y se temía el estallido de una guerra intestina. Pero se solucionó el problema
mediante el “Compromiso de Misuri” por el cual Misuri era admitido en la Unión
como Estado esclavista, pero al mismo tiempo Maine ingresó como Estado libre.
El problema entre esclavistas y antiesclavistas quedaba solucionado
temporalmente, pero todos sabían que la tormenta volvería a formarse. Jacobo (James) Monroe murió en 1831. En 1822 Estados Unidos fue el primer estado que
reconoció las nuevas naciones que en Hispanoamérica acababan de separarse de
España. Aquel mismo año inquietaron a los Estados Unidos dos iniciativas
procedentes de Europa y dirigidas hacia el Nuevo Mundo: El zar Alejandro I proclamó los derechos
de Rusia sobre la costa del Pacífico y las aguas vecinas desde Alaska, que
pertenecían entonces a Rusia hasta el paralelo 51, es decir hasta la parte
norte de la isla de Vancouver. Siguiendo las instrucciones de Monroe, John
Quincy Adams informó al ministro de Rusia que los Estados Unidos “debían
discutir el derecho de Rusia a cualquier establecimiento territorial en este
continente y debían afirmar claramente que el continente americano no se
hallaba ya supeditado a cualquier nuevo establecimiento colonial europeo”. El
Secretario de Estado escribió al Ministro de los Estados Unidos en Rusia:
“tal vez no haya momento más favorable para decir franca y explícitamente al
gobierno ruso que la paz futura y el interés de la propia Rusia no pueden verse
facilitados por el establecimiento de Rusia en una parte cualquiera del
continente americano”. En otoño de 1822, en el Congreso de Verona,
Francia y las potencias de la Santa Alianza (Rusia, Austria y Prusia) decidieron
intervenir en España, donde una revolución había obligado a Fernando VII a
aceptar una Constitución liberal. En 1823 Luis XVIII envió un ejército al
otro lado de los Pirineos para ayudarle a restaurar su poder absoluto. Los
Estados Unidos temieron que las potencias de la Santa Alianza, se ocupasen
luego de sus antiguas colonias hispanoamericanas. Londres propuso a Washington una declaración
común americano-británica que alertase a las potencias europeas contra
cualquier tentativa de reconquistar Hispanoamérica. Los Estados Unidos plantearon como condición:
que Inglaterra reconociese, en primer lugar, la independencia de las antiguas
colonias hispanoamericanas. Inglaterra procuró esquivar la cuestión. Monroe, según observó su Secretario de
Estado, se “alarmó” cuando las fuerzas francesas se apoderaron de Cádiz,
última plaza fuerte de los revolucionarios. John Quincy Adams vio con agrado
que Monroe decidiese manifestarse sin coordinar para nada con
Inglaterra, para no estar como un furgón de cola de dicho país. Adams
preconizaba una comunicación transmitida por las vías diplomáticas normales a
Francia y a Rusia, pero Monroe prefirió una declaración solemnemente integrada
a su “mensaje sobre el estado de la Unión”. La primera parte de esta declaración aludía a
las pretensiones de Rusia sobre la costa del Pacífico, La segunda parte
concernía más específicamente a las intenciones que las potencias europeas
pudiesen tener sobre América Latina. Monroe pedía con firmeza a las potencias
europeas que no interviniesen en América. Asimismo, confirmando la política de
neutralidad inaugurada por George Washington, adquiría el compromiso de no
intervenir en los asuntos europeos. Por lo tanto la llamada doctrina Monroe
comprende dos elementos indispensables: “nada de intervención europea en América
y nada de intervención americana en Europa” (Julien, Claude) El problema acerca del porqué o porqués del
mensaje de Monroe pronunciado el 2 de diciembre de 1823 ante el Congreso, ha
dado motivo a un debate entre historiadores diversos. La causa comúnmente aceptada es que los
Estados Unidos vio con preocupación la actitud de la Santa Alianza, la cual en
el Congreso de Verona (noviembre de 1822) convino en adoptar medidas para
restablecer la autoridad del rey Fernando VII de España, quien, en 1820, había
sido obligado a aceptar una monarquía constitucional. Luis XVIII brindó
auxilio militar a Fernando VII y con ello se pudo restablecer el absolutismo en
España. ¿Acaso no podía Francia, como agente de la Santa Alianza y con
el beneplácito de Fernando VII, hacer lo propio en Hispanoamérica? Ya hemos señalado que en 1822 los Estados
Unidos fueron la primera potencia en reconocer a los nacientes estados
hispanoamericanos. Pero en Europa, Inglaterra también manifestaba
cierta inquietud y aunque había visto con simpatía, por todo lo
favorable para sus intereses económicos, la independencia de los estados
hispanoamericanos, sin embargo aún no se había decidido por reconocer
formalmente esta independencia. George Canning, Secretario inglés de Relaciones
Exteriores propuso una acción conjunta anglo estadounidense contra una posible
intervención de la Santa Alianza en América. Hasta aquí lo que comúnmente se
sostiene. Pero, según historiadores como Paul Kossok, Inglaterra en realidad
creó la leyenda de la posible intervención de la Santa Alianza en Hispanoamérica. Jefferson y Madison, asesores no oficiales del
presidente Monroe, se manifestaron en favor de establecer una cooperación íntima
con los británicos. Pero el Secretario de Estado, John Quincy Adams consideró
que los Estados Unidos debían mantener su independencia y su fuerza actuando
por sí solos. Monroe se decidió por esto último y bajo esta óptica presentó
su mensaje al Congreso el 2 de diciembre de 1823. Esta actitud de actuar solos
la defendía Adams argumentando que era más sincero y más digno “reconocer
nuestros motivos, en forma explícita, ante Rusia y Francia, que aparecer como
una barquilla que sigue la estela del barco de guerra británico”. El informe o mensaje al Congreso dado por
Monroe, en su mayor parte -en cuanto se refiere a asuntos exteriores- fue obra
de J.Q. Adams, quien, con anterioridad, en una nota enviada a Rusia el
17.07.1823, había enunciado la doctrina de oponerse a futuras colonizaciones
europeas en el continente americano. El problema realmente es más complejo de lo
que comúnmente aparece en los análisis simplistas. Hay que tener en cuenta que
Estados Unidos reaccionó frente a las pretensiones de Rusia al territorio
sur de Alaska, que se extendía hasta el paralelo 51, pretensiones que se oponían
a las norteamericanas e inglesas en los territorios del noroeste costero del Pacífico.
Tanto es así, que en el Mensaje se dice en forma explícita que los Estados
Unidos, a propuesta de Rusia, ha dado plenos poderes a su Ministro en San Petersburgo
“para arreglar en términos amistosos los derechos e intereses respectivos de
las dos naciones en la costa noroccidental de este continente”. Historiadores
como T.H. Tatum, por ejemplo, consideran que la Doctrina Monroe realmente estuvo
dirigida contra Inglaterra y no tanto contra Francia o Rusia. Que la presunta
amenaza de la Santa Alianza a América, en 1823, fue una invención británica,
pero que ni Adams ni Monroe cayeron en el engaño. Que si bien en el Mensaje se
habla que los Estados Unidos no admite la intromisión de ninguna potencia
extranjera en el hemisferio occidental, sin embargo esta alusión estaba
dirigida principalmente contra Inglaterra y sobre todo contra los designios que
Inglaterra tenía en cuanto a Cuba. Lo cierto es que, en 1823, en los Estados
Unidos imperaba un sentimiento fuertemente antibritánico, porque se sospechaba
que Inglaterra intentaba colaborar con la Santa Alianza, aparte de que
Inglaterra mostraba cierta indiferencia e incluso antagonismo hacia los Estados
Unidos. De la estructuración del mensaje de Monroe, el
cual consta de dos partes, se desprenden los verdaderos objetivos de la
doctrina: a)
Impedir cualquier intento de colonización o recuperación de ex-colonias. En el
mensaje leemos: “… los continentes americanos, por la condición libre e
independiente que han asumido y mantienen, no serán considerados en adelante
como sujetos a futura colonización”. b)
Dejar claramente establecida la llamada “doctrina de las dos esferas” y la
advertencia a Europa de que se mantenga dentro de su esfera. En el Mensaje,
leemos: “En las guerras que han sostenido las potencias europeas en asuntos
que sólo a ellas corresponden, nunca hemos intervenido, ni se compadece con
nuestras normas el obrar de otro modo… No nos hemos inmiscuido, ni lo haremos,
en las colonias o dependencias que ya poseen algunas naciones europeas. Pero
tratándose de los gobiernos que han declarado y mantenido su independencia y la
cual hemos reconocido…no podríamos contemplar la intervención de
ninguna potencia europea que tendiera a oprimirlos, o a controlar de cualquier
otro modo, sino como demostración de sentimientos posos amistosos hacia los
Estados Unidos… Es imposible que las potencias aliadas extiendan su sistema
político a cualquier parte del continente americano sin poner en peligro
nuestra paz y felicidad... Por consiguiente no nos es posible contemplar con
indiferencia cualquier forma de intromisión…” Consecuencias de la doctrina Monroe La consecuencia más importante fue la creación
de la teoría de las dos esferas y de allí que se hable de la doctrina Monroe
como de la doctrina de América para los americanos o, un tanto sarcásticamente,
de América para los norteamericanos. Señaló el nacimiento de una diplomacia
propiamente usamericana, resultado de la toma de conciencia inmediatamente
posterior a los acontecimientos revolucionarios. Logró detener una doble amenaza: la de los
rusos que trataban de extenderse por la costa del Pacífico y excluir todos los
navíos extranjeros al norte del paralelo 51, y la de las potencias de la Santa
Alianza, deseosas o susceptibles de inclinarse a socorrer a España en sus
posesiones americanas. Fue recibida con entusiasmo en los Estados
Unidos, pero en Europa pasó inadvertida o provocó cierta exasperación,
porque, como han demostrado diversos historiadores, las potencias europeas en
realidad no tenían intención alguna de intervenir en la América española. Fue
letra muerta, por lo menos durante 20 años. La doctrina, con relación a
Latinoamérica, se tradujo en una política de no-alianza sistemática (negativa
a intervenir en el Congreso de Panamá de 1826). Las aplicaciones de la doctrina en la primera
mitad del siglo XIX fueron raras (intento anglo-francés cuando la cuestión de
Texas, en 1845, o la amenaza inglesa y española sobre Yucatán en 1848. La
verdadera historia de la doctrina comienza a fines del s. XIX cuando se
transformó en ofensiva y sirvió para justificar las anexiones usamericanas. -Perkins, Dexter: “Historia de la doctrina
Monroe”. -Nervins, Allan y Henry Commager: “Breve
historia de los Estados Unidos”. -Whitaker, Arthur P: “Estados Unidos y la
independencia de América Latina”(1800-1830) -Kossok, Manfred: “Historia de la Santa
Alianza y la emancipación de América Latina”. -Fohlen, Claude: “La América anglosajona de
1815 a nuestros días” -Julien, Claude: “El imperio
americano.” -Rippy, J.Fred: “La rivalidad entre Estados
Unidos y Gran Bretaña por América Latina” (1800-1830) -Morris,
Richard B.: "Documentos fundamentales de la Historia de los Estados de América"
(Una versión abreviada con las partes medulares del discurso de
James Monroe de 2 de diciembre de 1823, en las páginas 157 - 162) -Departamento de Estado de los Estados Unidos:
“Reseña de la historia de los Estados Unidos” -López Portillo, José, La
doctrina Monroe, [en línea], México, Instituto de Investigaciones Jurídicas,
Biblioteca Jurídica Virtual, [citado 28-8-2005], Formato PDF, Disponible en
Internet http://www.bibliojuridica.org/libros/1/440/3.pdf
- Molinari, Diego Luis: Jorge Canning y la doctrina
Monroe http://www.desmemoria.com.ar/molinari.htm -The Avalon Project at Yale Law School: Monroe
Doctrine; December 2, 1823 http://www.yale.edu/lawweb/avalon/monroe.htm
v
Para leer el texto íntegro (en inglés) del mensaje de Monroe: -The Library of Congress. American Memory. A Century of
Lawmaking for a New Nation: U.S. Congressional Documents and Debates, 1774 –
1875. Annals of Congress, Senate, 18th Congress, 1st Session (Proceedings
and Debates of The Senate of the United States), pages 12-24 http://memory.loc.gov/cgi-bin/ampage?collId=llac&fileName=041/llac041.db&recNum=3 v
Puede observar digitalizado el manuscrito del mensaje, en: -The Nacional Archives. America’s historical
documents. The our documents. (The Our Documents initiative is a cooperative effort
among National History Day, The National Archives and Records Administration,
and USA Freedom Corps) http://www.ourdocuments.gov/doc.php?doc=23
Jorge
G. Paredes M. Profesor
de Historia y Geografía Lima-Perú Publicación enviada por Jorge G. Paredes M. Contactar mailto:jgparedesm@yahoo.com Código ISPN de la Publicación EEkZylypAkvoSEoyEd Publicado Sunday 25 de September de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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