Monografias | ¿Homosexualidad u homofobia, what’s the trouble?¿Homosexualidad u homofobia, what’s the trouble?Resumen: “Analfabetismo moral” le denominó asertivamente Carlos Monsiváis al prejuicio que promueve la exclusión, segregación y persecución de los homosexuales, mal social re-conocido como homofobia: miedo y odio irracionales hacia las personas que tienen como preferencia afectivo-sexual a otras de su mismo ‘sexo’, manifestaciones arbitrarias que señalan al “otro” como contrario, inferior o anormal. “Analfabetismo
moral”[1]
le denominó asertivamente Carlos Monsiváis al prejuicio que promueve la
exclusión, segregación y persecución de los homosexuales, mal social
re-conocido como homofobia: miedo y odio irracionales hacia las personas que
tienen como preferencia afectivo-sexual a otras de su mismo ‘sexo’,
manifestaciones arbitrarias que señalan al “otro” como contrario, inferior
o anormal. Hace
quince años, el 17 de mayo[2]
de 1990, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la
homosexualidad de su lista de trastornos mentales. Dos décadas antes, en 1973,
la Junta Directiva de la Asociación Psiquiátrica Americana
aprobó la resolución[3]
que reza así: “La
homosexualidad, de por sí, no implica ningún impedimento en el juicio, la
estabilidad, la confiabilidad ni las capacidades sociales y vocacionales en
general. Es más, urgimos a los profesionales de la salud mental a que tomen la
delantera en eliminar el estigma de enfermedad mental que usualmente se asocia
con la orientación homosexual. Más aún, apoyamos y urgimos que se rescinda
toda legislación que penalice el acto homosexual entre adultos que lo
consientan, en privado.” Amén.
Pero estas dos medidas, que cobran voz desde la misma disciplina, y de allí su
legitimidad, son sólo aportaciones[4]
en el combate contra la homofobia, mal que ella misma, y sin duda con el
incondicional apoyo de otras instituciones sociales, ha construido de manera
sistemática a lo largo de varios siglos, y que en hora buena
se dispone a deconstruir. Es
preciso volver la mirada hacia las puntuales contribuciones sobre las relaciones
de poder estudiadas por Michel Foucault si la intención es comprender la
evolución, sucesión y continuidad establecida entre las instituciones hegemónicas
de cada época, las cuales se han dado a la encomienda de controlar a partir de
diversos mecanismos al cuerpo social, en tanto que la iglesia, la jurisprudencia
y la medicina parecieran tener un mismo y fantasmagórico hilo conductor,
denominador común o ADN. Por
faltar a los fines reproductivos de la especie, la iglesia condenó el acto
homosexual como pecado, definiéndolo a partir de un sin fin de sinónimos[5],
tanto para el caso femenino como para el masculino, eliminando a estas personas
durante el periodo de la Inquisición, y a la fecha la máxima autoridad del
catolicismo, el Papa Ratzinger, sigue concibiendo a la homosexualidad en términos
de amenaza. Yuxtaponiéndose a esta imagen, pero sin soltarla, como en un cross
fade, la institución jurídica la categoriza en términos de criminalidad,
donde en el mejor de los casos su lugar resulta ser el ostracismo, y en el peor
la pena capital, como el reciente suceso de dos adolescentes que fueron
ejecutados en Irán el 19 de julio de 2005 por el “crimen” de
homosexualidad. Con
el paso (de la invención) del tiempo la ciencia se consolida como institución
conocedora y ordenadora del mundo, la medicina hereda entonces el legado de las
anteriores, y a su merced; considera al homosexual un enfermo, convirtiéndose
éste en objeto de atención médica debiendo ser sometido a terapias, por
ejemplo en Occidente a electroshoks[6],
en las dictaduras y hasta entrados los años sesenta. En
aquellos países donde se hacen esfuerzos por constituirse como sociedades
“civilizadas” si la homosexualidad aparece como “tolerada” es
generalmente a costa de atribuirle un lugar marginal, de considerarla una
sexualidad inacabada o secundaria, se le da permiso de sobrevivir mientras no se
vea ni haga ruido, siempre y cuando no se manifieste, pero como señala Borillo,
“resulta insoportable cuando reivindica públicamente la equivalencia con la
heterosexualidad”[7],
como se pudo apreciar en Madrid con la marcha de El Foro de la Familia días
antes de que el Matrimonio Homosexual fuese aprobado por la ley[8].
Así, los actos homófobos emergen
del temor de que esa “otra” identidad sea reconocida socialmente, de que
circule y viva, de la angustiosa sensación de ver desaparecer la frontera de la
jerarquía del (des)orden heterosexual, del miedo a tener que pensar lo
impensable, de percibirse respirando incertidumbre, “la homofobia se convierte
así en el guardián de las fronteras sexuales (hetero/homo) y de las de género
(masculino/femenino).”[9]
Borillo
considera un indicador extraordinario del grado de civilización la
manera en que una sociedad y su Estado, con el refinamiento o pobreza jurídica
de la cual goce o carezca “trata a los homosexuales, el respeto y la protección
que les reserva, pero también el modo en que lo hace con respeto a las mujeres,
a las minorías religiosas, y en definitiva, a todos los individuos,
independientemente del color de la piel o de las opiniones políticas.”[10]
En
1997 Amnistía Internacional publica un informe oficial donde descubre la
situación de los gays y las lesbianas en el mundo, el balance estremece a
cualquiera. Hoy en día, hablando sólo
de Latinoamérica, en Nicaragua no hay aún legislación que ampare el derecho a “elegir” y practicar
la propia sexualidad. En México como si no la hubiera, según el Consejo
Nacional para la Prevención de la Discriminación (CONAPRED) hay más de 100
asesinatos por homofobia al año en el país, véase el difundido caso de
Octavio Acuña[11],
joven activista de la Asociación
Queretana de Educación para la Sexualidad, asesinado el 21 de junio pasado.
Si sumamos el ejemplar feminicidio de Cd. Juárez (Chiapas y Morelos) y los
mencionados crímenes por homofobia, tenemos como resultado a un país que se
coloca en la excelencia de los derechos humanos, sexuales y reproductivos, del
cual deberíamos estar tod@s l@s mexican@s muy orgullos@s pues ocupamos una
parte considerable de la web page de Amnistía Internacional (¡!). También
habría que reparar en las otras formas de violencia, ya no física sino simbólica,
donde la gama es amplísima, incluidos los malos tratos verbales o actitudes
corporales, tal vez más sutiles pero con el mismo origen fundante y con la
misma finalidad, o la supuesta tolerancia a lo lejos, a la distancia, en “lo
otro”, pero nunca dentro del ámbito intrafamiliar. Razón por la cual D.
Bodillo en su libro evidencia un estrecho vínculo, una relación directamente
proporcional, entre los niveles de sexismo y de homofobia existentes en cada una
de las sociedades. En
este breve texto sólo se pretende dejar en claro una vez más que no es ya la
cuestión homosexual sino la cuestión homófoba la que merece en lo sucesivo
una problematización particular, una revisión exhaustiva, patología social
digna de ser objeto de estudio de diversas disciplinas y perspectivas. Asimismo
hace falta re-pensar y develar los mecanismos institucionales de los cuales se
sirve el sistema para hacer realidad la innegable alienación a la homofobia,
tanto de l@s heterosexuales como, y no menos grave, al interior de la propia
“comunidad” homosexual. Libertad,
igualdad, diversidad. Agosto
2005 Bibliografía: Borillo,
Daniel. Homofobia, Bellatierra, Barcelona, 2001. Fiocchetto,
Rosanna. La Amante Celeste, la destrucción científica de la lesbiana, Horas y
Horas, Madrid, 1987. [1]
Carlos Monsiváis: "El prejuicio se gasta en declaraciones de
analfabetismo moral", en la Campaña Contra la Homofobia en México el
pasado abril, ver: http://www.enkidumagazine.com/art/2005/130405/E_059_130405.htm [2]
El 17 de mayo ha sido una fecha recientemente adoptada por 35 países como
el Día Internacional contra la Homofobia. [3]
Resolución adoptada en 1973 por la American Psychiatric Association Board
of Trutees. [4]
Como lo fue en su momento el Infome Kinsey (1948-1953), sobre la sexualidad
humana, investigación científica que propone una gama de matices entre lo
denominado hetero y lo denominado homosexual. [5]
Homosexualidad = androgamia, androfilia, hemofilia, inversión, pederastia,
pedofilia, socratismo, uranismo, androfobia, lesbianismo, safismo,
tribadismo, etc., a ello agréguense los insultos y palabras altisonantes,
los adjetivos des-calificativos. [6]
Puede verse al respecto la excelente exposición llevada a cabo durante el
primer semestre de 2004 en el Palacio de Minería de la Ciudad de México
titulada “Instrumentos de Tortura y Pena Capital”. [7]
Borillo, Daniel. Homofobia, Bellatierra, Barcelona, 2001, p. 12. [8]
Los diputados españoles aprobaron la legislación en cuestión el 30 de
junio y el 4 de julio entró en vigor. [9]
Borillo, Op. cit., p. 16. [10]
Borillo, Daniel. Homofobia, Bellatierra, Barcelona, 2001, p. 10. [11]
Ver el caso de Octavio Acuña, Amnistía Internacional en: http://www.amnestyusa.org/spanish/acciones/mexico_071105.html Autora: Roxana
L. Foladori-Antúnez Publicación enviada por Roxana L. Foladori-Antúnez Contactar mailto:roxfolant@yahoo.com Código ISPN de la Publicación EEkuyZuplAlHAetjms Publicado Sunday 21 de August de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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