Monografias | La FIlosofía como comprensión y operatoria sobre la realidadLa FIlosofía como comprensión y operatoria sobre la realidadResumen: Para algunos la filosofía es una más entre las ciencias humanas, pero para otros la filosofía no es un tema más entre las cuestiones humanas, es una dimensión esencial a lo humano, que atraviesa cualquier consideración de los fenómenos y debe ser tenida en cuenta en cualquier teoría y explicación de las disciplinas sociales. Este trabajo sostiene que la filosofía es comprensión y operatoria sobre la realidad. El
lugar inicial siempre es un relato. Para un dato u hecho cualesquiera producido
en las ciencias, su apariencia primera es la de un fenómeno de aspecto casi mágico:
es así porque sí. Se lo acepta o se lo ignora, relegado a lo in-significante:
La enumeración de descubrimientos científicos por sí sola, no producen más
que el efecto estéticamente nulo de un catálogo de obras de música o
literatura que nunca hemos escuchado ni leído. Tomemos algunos datos: “Jonas
Salk desarrolló la vacuna contra la poliomelitis en l955”. “Marie
Curie descubrió en 1898 el polonio y el radio”. “César
Milstein desarrollò la tecnología para la restricción de enzimas que cortan
el ADN, sobre las que se apoya gran parte de la biología molecular[1]”. Esta
enumeración prosigue. ¿Constituye un relato, una historia la enumeración?
Seguramente no, salvo que, en un relato más amplio, se enumeren algunas
secuencias con algún criterio (similitud, progresión, contraste, diferencia)
adicional. De
la función del relato, de la trama discursiva, es de donde se obtiene la
significación y el trabajo intelectual de comprensión. Pero no es un
comprender sin modificaciones, sino, por el contrario, es una modificación en
curso de los conceptos y preceptos a través de la trama discursiva. La Historia
de las Ciencias es tan importante como las ciencias mismas. Incluso es problemática
la noción de “ciencias mismas”. De allí que los relatos, en su
multiplicidad, cruzamiento yuxtaposición y contraposición, tengan la función
de asignar lugares, de confirmar espacios, de explorar las relacione entre los
elementos, temas, acontecimientos, conceptos y preceptos en juego. Los relatos
en que la ciencia y weltengschauung se entrecruzan, como lo necesario y lo
aleatorio, a tal punto, que las nociones en principio más estrictas de ciencia
no lo son tanto, y las nociones más difusas de ideología parecen volverse más
específicas. En
un vocabulario al modo de Piaget, podría resumir la idea de que las ciencias
procuran la conservación de sus objetos, mientras que la weltangchauung, las
ideologías, y la sociología de las ciencias buscan desplazar y modificar esa
conservación de objetos. Los
estudios de Khun, Koyré, S. Drake, Lakatos, y el de Engels “Dialéctica de la
Naturaleza”, son algunas muestras –de gusto filosófico, admitámoslo- de cómo
tematizar sobre descubrimientos y teorías científicas, la historia de las
ciencias establece relatos, lugares y hace pensables nociones que quedan ocultas
en la mera enumeración. Más aún, en el llamado “programa fuerte” de la
sociología de las ciencias, las ciencias formales como las matemáticas también
acusan ciertos desplazamientos y diferencias singulares, como en “Imaginación
colectiva y creación matemática”, de E. Lizcano. En
la Historia, siempre juegan los relatos, y éstos, aportan una complejidad
adicional: la forma de establecer temporalidad. El criterio causal sufre duras
pruebas. Antecedente y consecuente, como forma básica de la lenealidad temporal
no explican suficiente, aunque tampoco pueda eliminarse ese nexo lógico. La
rigurosidad formal del “modus ponens” no siempre se obtiene de manera
directa, sino que, por efecto mismo de los relatos, se alcanza acaso
indirectamente, de manera mediata. Es la que ocurre cuando ante un concepto
científico (o un conjunto de conceptos científicos), a alguno se le ocurre
decir “pero ya los griegos decían que ...” o “ya los mayas decían que
...” o “los chinos decían que ...” o “los árabes de cían que...”
Cabe aclarar que esos conceptos científicos provienen por lo general de la
modernidad europea y su abundante literatura de investigación. Aunque
“nadie salta encima de su sombra”, los trabajos sobre historia de las
ciencias, son en este caso, el aporte de un relato. 1.
La lógica inmanente del relato Dado
un texto, resulta problemático establecer quién es su lector. Este hecho
aparentemente trivial, considerado desde la perspectiva hermenéutica, resulta
muy dificultoso de analizar. Dejando en principio por sentado que las ciencias
existen, cabe preguntarse si son comunicables, y en tal caso, de qué manera lo
son. Si
las ciencias son comunicables, requieren la intelección de sus conceptos, de
sus teorías, de las modificaciones producidas por la racionalidad instrumental
en el mundo de la vida humana. Ahora bien, considerar que las ciencias existen
por sus efectos visibles, es admitir que algo del orden de los preceptos se
intelige de manera nueva por algún aprendizaje. Para indagar sobre la génesis
de algún descubrimiento científico, hay que indagar sobre las mutaciones del
lenguaje, sobre la intencionalidad perceptiva de los investigadores, es decir,
desbrozar un campo focal y, acaso plantear, al modo de cierta hermenéutica
positivista, las preguntas adecuadas. Quiere decir que ya plantear preguntas
supone un trabajo de análisis. Como dice Bachelard “el científico pospone
sus preguntas iniciales” y las preguntas metafísicas son reemplazadas por
preguntas del tipo de las que “encajen” con el contexto investigativo. Pues
bien, ¿en qué puede decirse que hay una lógica inmanente en los relatos? En que el lector debe recorrer, como un
explorador de un campo virtual, las preguntas y los contextos en que fueron
formulados, a fin de darle a su lectura toda la vitalidad espiritual, la
itinerante racionalidad de su propia intensión lectora. De
todas las disciplinas de las Ciencias Sociales, e acaso la Historiografía de
las Ciencias la que mejor sitúa la dimensión espacio-temporal escamoteada en
los registros enumerativos y la literatura científica. Pero esto es sólo una
opinión. El hecho decisivo es que no está claro cuál es el límite (si se lo
determina) de un texto, y cuáles son sus interpretaciones posibles. Para ello,
Humberto Eco ha hecho una excelente defensa de los límites de un texto, y ha
mostrado con lógica impecable los desbordes interpretativos. Claro está, es
una lógica de los efectos lingüísticos, no una lógica de mediciones, aritmética,
como parece exigir gran parte del conocimiento científico. Pero,
en lo que hace a la posición del lector en el efecto que, diríamos, es
intratextual, siempre se puede anotar una diferencia fundamental: la que va de
un cúmulo de ecuaciones como resultado a la que es capaz de conceptuar. Cuenta
Hawking que su editor le previno que a mayor cantidad de ecuaciones, tendría
menos lectores Sin embargo, esta prevención, más parece establecer
subrepticiamente una diferencia entre la ciencia misma y la ciencia relatada. Así,
la ciencia misma se tematiza mitológicamente: sólo accedemos a la ciencia
relatada. ¿Quién
es el lector de un texto sobre Ciencias? Digamos que cualquier sujeto humano es
interpelado como sujeto epistémico, es decir, es puesto en juego con relación
a un cierto tipo de saber, del cuál tiene comprensión previa en función del
medio socio-cultural en que vive. Y la forma-relato es la manera más primaria
del ser humano. Cuado mediante la pintura del cuadro epocal se recortan las
preguntas fundamentales, los saberes científicos aparecen como un brillo
especial de la razón humana. Los conocimientos científicos cambian la historia
subjetiva y particular para articularla con nuevos parentescos, aquellos que el
lector elige –o es elegido- para mirar y actuar en el mundo en que nuevos
preceptos se conforman. Es sugestivo que Marx considerara lo sensorial como una
actividad humana práctica (Tesis 5 y 9 sobre Feuerbach). ¿Qué sensorialidad
práctica cabe en la época de la vasta tecnología? Y, ¿qué sensorialidad si
los instrumentos técnicos son teoría materializada? Para recobrar esa
sensorialidad en que los preceptos se producen, la Historia de las Ciencias
dicen, mejor que ningún otro texto, qué pueden ser, qué pudieron ser los
contextos de justificación y descubrimiento, los conceptos y sus mutaciones,
los preceptos y sus cristalizaciones, los relatos que sitúan y crean espacios
de manera única, porque fuera del relato sólo queda la mera contemplación de
los productos tecnológicos acríticamente. Finalmente,
la Historia no es la Ciencia, ni la ciencia misma, sino la creación de
personajes conceptuales, que operan como alter-egos de los lectores. Esa
inmanencia puede ser implícita, es por eso que la señalo y, además, es
posible que el concepto filosófico de trascendencia se halle en la inmanencia,
y no fuera de ella Supone un problema lógico de atribución que interesa más a
la Psicología que a la Historia de las Ciencias, pero, aú en su multiplicidad,
a Psicología es, también, una Ciencia. 2.
La reconstrucción de contextos “Lo
que vi fue simultáneo, lo que escribo es sucesivo, porque el lenguaje lo es” J.
L. Borges – El Aleph
Hija: Papá,
¿qué es un instinto? Padre:
Un instinto, querida, es un principio explicativo H:
¿Pero qué explica? P:
Todo ... casi todo, cualquier cosa que quieras explicar H:
No seas tonto, no explica la gravedad. P:
No, pero es porque nadie quiere que el instinto explique la gravedad Si lo
quisieran, lo explicarían.
Podríamos
decir que la luna tiene un instinto que varía inversamente con el cuadrado de
la distancia... H:
Pero eso no tiene sentido, papá. P:
Claro que no, pero fuiste tú la que mencionó el instinto, no yo... H:
Está bien, ¿pero qué es lo que explica la gravedad? P:
Nada, querida, porque la gravedad es un principio explicativo... Gregory
Bateson a)
De Borges a Reichembach Borges
contrapone en su relato ficcional dos categorías, lo simultáneo y lo sucesivo.
Lo visual aparece como simultáneo, lo que escribe, sucesivo ... “porque el
lenguaje lo es” Pero acaso omita decir que el lenguaje también es simultáneo,
o, por lo menos, puede serlo. Una
manera de entender ese problema es suponer que al comienzo se produce lo que se
explica después, por tomar un caso: primero las leyes de Newton, luego su
explicación. En ese caso, la explicación es posterior y sucesiva, y, cuando se
explica suficiente, se tomará nota de un hecho complejo, en que todos los
conceptos empleados no serán atendidos de manera sucesiva, sino simultánea. Así,
para un biólogo, la expresión “bacteria” supone una simultaneidad de
comprensión diferente que para el no-biólogo, etc. El lenguaje sucesivo, es
una idea segunda de la idea primera de sucesión. Por esa vía apriorística
Kant estableció una epistemología de las condiciones de posibilidad de un fenómeno cualesquiera. Pero el lenguaje
es simultáneo, es decir, es capaz de ir más allá de cualquier punto de
partida, que siempre es convencional, arbitrario o aleatorio. Ahora bien, un
relato comienza en algo importante o no, pero comienza fácticamente. Los
momentos en que algo interesante –una hipótesis, un hecho, una presunción,
una idea- cobran sentido, no coinciden necesariamente con el inicio con el
inicio de un relato. Así parece ocurrir con la reconstrucción de contextos en
la Historia de las Ciencias: situar en un relato más amplio una idea, hipótesis,
acontecimiento, o hecho considerado relevante. De esta manera, otras ideas y
acontecimiento serán sacados del fondo de la escena para tomar intervención
causal directa. Dicho de otra manera, los conceptos en desuso en determinado ámbito
de las ciencias sociales, fácticas o formales, recobran significación. Ideas
antiguas como “flogisto”, “ímpetus”, “epiciclos”, “generación
espontánea” (puede imaginarse una lista interminable), recobran la fuerza
explicativa perdida por una suerte de sedimentación simbólica. Pero aquí e
donde Borges resulta cuestionable: el lenguaje es simultáneo porque los
conceptos en ciencias son particularmente articulados, como decía Duhem,
siempre se pone a prueba un conjunto de proposiciones, y ese conjunto de
enunciados o constelación de sentidos es lo que las reconstrucciones
contextuales producen. Aún así, el contexto de justificación no parece, de
derecho y de hecho, reproducir el contexto de descubrimiento. El descubrimiento
no supone la justificación, pero sí esta a aquel. “Lo que vi es simultáneo”
es, en las reconstrucciones históricas una intención liminar, y en la
experimentación-demostración una manera de lo que resulta socialmente débil
aparezca como un saber conservado, al poner sus alephs ante otras miradas. b)
De Bateson a Klimovsky ¿Puede
trascribirse un instinto como ley de gravedad? Entendiendo el carácter
disciplinario de las ciencias, y su transmisión institucionalizada, y la
especificidad conceptual de la física y la biología, la respuesta suele ser
no. Sin
embargo, los principios explicativos en física y biología, aunque no son
iguales, pero pueden ser equivalentes, lo que los hace conmensurables, siguiendo
el difundido concepto de Thomas Khun, el más popular en filosofía de las
ciencias. Si
buscamos analogías o isomorfismos, tal vez a respuesta no sea tan evidente.
Pero esto es un tema filosófico, y en cierta medida, lógico. Pero Bateson
arriesga: ambos conceptos son principios explicativos, y por esto, no explican
nada. ¿Entonces? El
razonamiento en torno a principios explicativos es axiomático. Establece
principios teóricos, y desde allí se articulan series enunciativas. ¿Son las
series enunciativas, como describe Klimovsky, analizables por niveles?
Considerando: a) la base empírica, b) nivel bajo de enunciados
singulares-conservacionales, c) nivel medio de enunciados que generalizan,
correlacionan, subsumen y clasifican, y d) nivel alto, en sentido estricto, teóricos,
su epistemología distribuye esos criterios teniendo en cuenta aspectos empíricos
y teóricos para sostener su contrastabilidad Pero, ¿cómo ilustra Klimovsky
este sistema? Mediante el recurso de la Historia de las Ciencias, de los
descubrimientos, errores, cambios de la estructura conceptual y metodológica de
los programas científicos. Se
hace evidente entonces que la Historia de las Ciencias es co-determinante de las
Epistemologías y Filosofías de las Ciencias. Cabe destacar lo siguiente: un
Epistemólogo necesita un conocimiento disciplinar estricto y riguroso, luego,
podrá intervenir el filósofo, que, de su cosecha, podrá darle matices
originales o imprevistos a las ciencias. ¿Resulta
de esto que quienes hacen ciencia se interesen por la epistemología? No
necesariamente. Entonces, resulta que la formación en ciencias y en filosofía
puede partir de una intelección diferente de los llamados principios
explicativos. Resulta
entonces que estos principios no tienen otra necesidad que la lógica-formal,
puesto que, materialmente o fácticamente se observan en estado de multiplicidad
y antagonismo, debido al uso imprevisible que estos recursos lógicos proveen a
los sujetos concretos y a los sujetos epistémicos. Así
ocurre en las reconstrucciones racionales de las ciencias: el exámen de los
contextos puede ser un principio explicativo o no. No puede determinarse
previamente. La ampliación de los nexos causales en los marcos
sociales-culturales-psicológicos-políticos-económicos conlleva siempre un
sesgo reduccionista. Habrá que decir que no hay forma de sortear cierto
reduccionismo, o acaso, aclarar como Bunge, que la fenomenología es una
pseudociencia? Por lo menos, en su libro “Intuición y razón” hay bastante
cercanía a lo que cuestiona. Pero la fenomenología no tiene –en sus textos más
conocidos- una intención de producción tecnológicas, cosa que tanto Bunge
como Klimovsky parecen buscar como forma última de validación, en menor medida
Klimovsky, admitámoslo. Entonces,
Bateson tiene razón al llevar la analogía a entrelazar el mecanicismo físico
con el organicismo biológico. Solamente comete la herejía de traspolar campos
epistemológicos de la ciencia normal. Es precisamente esa promesa metafórica
la que se cuestiona desde la “ciencia normal”. Además, ni la ley de
gravedad, ni los instintos son, en sentido estricto, observables, sino conceptos
teóricos que Klimovsky ubicaría en el punto 4. Por lo tanto, no son refutables
empíricamente, ni son irrefutables: son vehículos conceptuales, claro está,
no cualesquiera, sino de uso corriente, incluso en explicaciones nada
sofisticadas Son simples En el idealismo, una teoría sirve para verificar otra
teoría, en ciencias, una teoría sirve para verificar experiencias En todo
caso, Bateson trata de verificar la curiosidad
epistémica, algo así como instalar filosofía en el germen de una pregunta
sobre ciencias. Y la filosofía es lo que en ciencias se practica y se olvida,
permanece inexplícito. Por eso el recurso al relato y la reconstrucción de
contextos, vuelve a explicitar en su germen. 3.
Historia, Filosofía, Ciencia “Como
la Filosofía, a la Ciencia tampoco le basta con una sucesión temporal lineal.
Pero, en vez de un tiempo estratigráfico que expresa el antes y el después en
un orden de las superposiciones, la ciencia desarrolla propiamente un tiempo
serial, ramificado, en el que el antes (lo que precede) designa siempre
bifurcaciones y rupturas futuras, y el después, reencadenamientos retroactivos,
lo que le confiere al progreso científico un progreso completamente distinto. Y
los nombres propios de los sabios se inscriben en ese tiempo otro, en ese
elemento otro, señalando los puntos de ruptura y los puntos de
reencadenamiento.”
G. Deleuze – F.Guattari ¿Qué es la Filosofía?
En este sugestivo párrafo (de un texto admirable), quizás pueda verse
el nudo gordiano de las reconstrucciones racionales de las ciencias. Los
conceptos filosóficos difieren esencialmente de los científicos (llamados en
dicho texto functores). Esos conceptos científicos están tramados de tal
manera que en sus encadenamientos seriales entran en juego los nombres propios
de los científicos. ¿De qué manera? Si bien el desarrollo es algo complejo,
podríamos decir que, por ejemplo, Galileo significa también Coérnico, y
Newton Es decir, su nombre pone en juego lo que le precede y lo que lo sucede,
puesto que el terreno común de los tres es la física-Astronomía, y las
seriaciones enunciativas de Galileo incluyen a las de Copérnico y Newton. En
cierta forma, Galileo se entiende por Newton, y Copérnico de alguna manera
ingresa en Galileo. Los sujetos epistémicos rebasan los sujetos existenciales.
Con ellos, la Física cobra forma particular, sintetizando y unificando por su
propia inmanencia teórico-empírica los descubrimientos y aportes de tres. Las
atribuciones históricas trazan los trazos gruesos: Heliocentrismo copernicano,
revolución empírico-perceptiva, o hipotético-deductivista de Galileo (con el
uso del telescopio), y unificación teórica por medio de ecuaciones en Newton
de la Física antigua, dividida en supralunar e infralunar (ley de gravedad,
principio de inercia). Ese es el trazo grueso. Pero, a través de la
reconstrucción histórica, la cuestión se vuelve mucho más complicada:
ninguno de los tres limita por sí sólo el campo de la Física, que aparece
como un trascendental, del que no se puede decir que sea un objeto ni un sujeto,
sino un conjunto de enunciados en el que todavía quedan cosas por explicar,
pero cuyas incógnitas abren posibles nuevos descubrimientos, incluso,
necesarios nuevos descubrimientos. En ciencias, la experiencia básica, como diría
Bachelard, se vuelve un obstáculo. Pragmáticamente dicho: ¿qué ganaría el
hombre de la experiencia básica con estas complicaciones? No se sabe muy bien,
pero, en todo caso, la Historia de las Ciencias vuelve a poner en estado del
relato lo que se constituye en estado de series enunciativas complejas, y acaso,
ajenas. El recurso a la narración histórica provee a la ciencia hipostasiada
un anclaje en las enunciaciones más próximas del lenguaje. Es, tal vez, una
forma última de Didáctica, una forma esencial de la Pedagogía, en estado
complejo, pero la más ambiciosa en su finalidad: lograr que los saberes científicos
sean removidos de su rigidez hipostaiada –y usada socialmente como forma de
poder- y pasen a ser el descubrimiento del sujeto epistémico singular del ser
humano.
De esta manera, quizás pueda formularse una pregunta hipotética: si
Piaget encontraba en la Psicología evolutiva etapas evolutivas, ¿cómo es
posible que un niño responda con las respuestas de Newton o Arquímedes? Y si
ellos no hubieran elaborado sus respuestas, ¿cómo podría haberlas formulado
Piaget? Una respuesta “intuitiva” puede ser en contenido equivalente a una
respuesta tamizada históricamente, pero, sin duda, no es en cualidad, a misma.
La respuesta aleatoria o estadísticamente congruente, no hace sino proyectar a
priori al sujeto epistémico en las series enunciativas en estado indeterminado
o estocástico (Bateson), produciendo el efecto de “salto” entre los saberes
compartimentados en disciplinas científicas. A través de la Historia de las
Ciencias se re-elabora el cuadro clasificatorio de las ciencias, y, cualquiera
sea la distribución estandarizada y convencional de las mismas, siempre el
recurso al relato historiográfico provee un reacomodamiento categorial. 4.
Las formas lógicas La
Lógica, como las Matemáticas y la Gramática, son los recursos del análisis
tanto de procesos mentales como de teorías, métodos e investigación científica.
Son caracterizadas como ciencias formales, quizás por un resto aristotélico de
su metafísica, o tal vez, platónico. De igual manera, la correlación con las
demás ciencias parece ser la de Materia y Forma. Restringiendo este breve análisis
a lo que nos propusimos cabe señalar que el Reino de las Formas puede
representarse de dos maneras: 1.-
Las formas lógicas, aritméticas y lingüísticas son dinámicas y
contradictoria entre sí: el criterio silogístico difiere del Dialéctico, la lógica
proposicional y analógica, al estudiarlas en sus formas comparativas, ninguna
de ellas gana la partida. Como las paradojas de Russel no hay una lógica de las
lógicas, o como diría Humberto Eco, no hay un Lenguaje Universal más allá de
los lenguajes. En relación con las Matemáticas, tampoco hay Mathesis
Universalis como buscaba Leibniz, lo que sí hay, especialmente en la cultura no
sofisticada de la experiencia básica, es un uso de los modelos matemáticos
excesivamente desligado de una problematización filosófica del cálculo y el número.
Toda la riqueza de las formas aritméticas y sus sociologías es trabajo
especializado, más que curiosidad común. En
los tres casos, las formas, contradictorias y dinámicas hallan –entre sí-
materia abundante de ejercicio crítico. Pero
aquí viene la segunda representación del Reino de las Formas: 2.-
Cuando en Ciencias Sociales o Fácticas se hace intervenir el recurso Formal del
análisis, esa multiplicidad, contradicción y dinámica que se observa entre
las ciencias formales entre sí, se pierde, puesto que se suele recurrir, por
simplicidad, a modelos únicos o reduccionistas: por lo común, silogísticos o
inductivos simples, porcentuales, o afirmaciones sustentadas en la autoridad
(idola tribus) en la expresión de Bacon. De esta manera, el recurso a la lógica,
la matemática, a lingüística, busca articular relatos, enunciaciones,
experiencias de las ciencias fácticas y sociales a través del llamado sentido
común, que es una forma de consenso o convencionalidad en que las Formas evitan
diferenciarse entre sí y aparecen como fundamento simple a la comprensión básica. En
conclusión: en sentido estricto, las ciencias formales permiten combinaciones y
series enunciativas nuevas y de cierto nivel de articulación, pero, cuando se
hace aparecer dentro de las ciencias Sociales y Fácticas el pensamiento formal,
como por un efecto de contraste, aparecen como saberes unificados que
fundamentan los fácticos. Las ciencias Formales pueden, entonces fundamentar,
pero no fundamentarse a sí mismas. Es por eso que el tema abordado, sobre si la
filosofia es una dimensión esencial a lo humano que atraviesa las teorías y
explicaciones en ciencias sociales, queda respondido afirmativamente, con el
agregado de que también las ciencias formales entran en el juego de los relatos
historiográficos e histórico-sociales. Esto no quiere decir Historicismo,
quiere decir que siempre la reconstrucción histórica pone a la vista lo que
queda “fuera” (inside out) en la sedimentación simbólica que elimina
errores y contradicciones y retiene efectos de conocimientos traducidos por la
tecnología y las ideologías dominantes en un momento dado. Autor: Prof.
Guillermo Carlos Treboux Publicación enviada por Prof. Guillermo Carlos Treboux Contactar mailto:gtreboux2002@yahoo.com.ar Código ISPN de la Publicación EEkyAEFVAVLlYfpoqT Publicado Friday 16 de September de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
ilustrados.com nace con el fin difundir el conocimiento publicando trabajos de investigación, monografias, tesis, presentaciones powerpoint y afines. Publicar trabajos en ilustrados.com ha alcanzado prestigio y reconocimiento internacional siendo cada vez más el número de académicos, empresas, investigadores, científicos que consultan las publicaciones de nuestro portal. | |||||||||