Monografias | La música construye comunicaciónLa música construye comunicaciónResumen: El presente es un trabajo que recrea la situación latinoamericana y la música como única arma de huir a los problemas estructurales que sufre nuestro golpeado continente. Es el relato de una américa Latina que le canta a su tragedia y que goza con un alma fiestera, en un territorio sangriento y abatido por el dolor. "Junto con la música, la poesía es la materia prima para la comunicación. La danza y las artes en general son la expresión vivaz y sensata del sentimiento profundo, porque donde no hay palabras ellas están. Con la música hay historias, con las historias hay pasado, y con él un futuro que esperar y un presente para vivir".(V) “Aquí
en América Latina (esta Homérica latina
donde
se canta a la fabulación, como anotaba
Marta
Traba), somos en el prodigio, el milagro,
la
frustración y la muerte violenta o en el olvido,
que
viene a ser la misma cosa.
Bailamos
y cantamos rancheras y corridos
que
hablan de masacres y emboscadas;
salsas
sobre bandidos infames;
cumbias
que maldicen navidades
y
tangos y milongas donde los muertos terminan
detenidos
en la comisaría.
También
bailamos el amor imposible,
convivimos
con los extremos
y
somos el no-ser, fruto de tanta ilegitimidad.
Somos
imagineros e imaginarios
en
América Latina, gente que habita los opuestos
y
se justifica ante lo inevitable
con
toda clase de burlas. Burlados
resultamos ser los burlantes”.* Por
estos días y cada año, Guatemala celebra la huelga de dolores. El viernes
anterior a la Semana Santa, estudiantes universitarios de la capital, se reúnen
en frente del balcón presidencial, donde se encuentra el mandatario, protegido
justo detrás de un vidrio blindado. Es en esta ocasión en la que los jóvenes
aprovechan para cantarle unas cuantas verdades al presidente, para mentarle
(muchas veces) la madre y para presentar todas las quejas y comentarios con
respecto al gobierno. El sujeto escondido, simplemente escucha de su pueblo los clamores y
reclamos, mientras guarda silencio y presta atención. Justamente,
en una de las canciones del cantautor guatemalteco Ricardo
Arjona, se relata la historia de uno de esos jóvenes que quiso protestar
lanzando una pequeña piedra que
sin querer agredió a un teniente y por este inocente
crimen, paró directamente en una corte. En la crudeza de su letra, esta
canción es una sátira a la justicia, una burla al gobierno y un grito
desesperado de los ciudadanos de un país latinoamericano, que representa todo
un conglomerado continental de pobres y subdesarrollados, dependientes económica,
social y políticamente de naciones grandes y poderosas, manipuladoras de títeres,
constructoras de mentiras y directoras de la orquesta… “Me
parece una injusticia estar preso Señor Juez,
por
tirarle una pedrada al presidente.
Sé
muy bien que en puntería nunca me he sacado un diez
y el objetivo no era darle a ese teniente…” No
pretendo quejarme de algo que todos los días es tema de conversaciones
cotidianas, comidilla para los medios de comunicación y preocupación de
profesores, directivos de instituciones y profesionales en la materia. Tampoco
quisiera pasar por alto esta historia de América Latina que afecta todavía a
los países que la conforman y que la ha llevado a ser un simple imaginario sin
unidad cultural y sin unos objetivos comunes. América
Latina es un pueblo dividido en territorios, cada uno de los cuales goza de una
relativa independencia. Su gente, su cultura, sus tradiciones, son tan diversas
que la convierten en una receta con una mezcla de cientos de ingredientes: esa
es la verdadera Latinoamérica. Sin embargo, ha encontrado en la música (y este
elemento sí es característica generalizada de estas tierras) su más sublime
forma de expresión, su unidad básica de comunicación. Qué
es entonces la música, sino la reunión de ritmo, sabor, sentimiento,
movimiento, melodía, sonidos, creación, talento… Como América Latina, la música
reúne en sí misma una variedad de ingredientes y es también una receta que comunica a través de sus mensajes, los sentimientos y afectos que
genera en quien la escucha. La música puede expresar lo que en el común de lo
cotidiano la ciencia, la política y la construcción teórica no pueden
decirnos. “…Mi
pedrada fue un rayón en el blindaje
y
en la pena debe usted considerar,
que
mi piedra pretendía con su viaje,
mi
recurso ciudadano de poderme expresar…” Hemos
tocado un punto clave de la música: su posibilidad de comunicar. Es este un
asunto crucial y que está presente en todos los aspectos que conforman el qué
hacer de la gente, las empresas, los países y todo cuanto puede habitar y
conformarse en el mundo. Porque la comunicación es a priori a cualquier acto
humano y es a través de esa comunicación de acciones y reacciones que
entendemos la historia[1]. Tal
como decía Karl Jaspers, “la comunicación es aquello que nos convoca”, es
lo que hace que nos reunamos, que nos congrega para debatir y cuestionarnos, la
que nos impulsa a buscar respuestas que correspondan a nuestras vivencias y que
nos permitan encontrar verdades y comprobaciones necesarias. La comunicación
comienza con el contacto con el otro, cuando me percato de que el otro existe y
ambos somos afectados por la presencia del uno y el otro. Es
el lenguaje el que nos distingue como seres racionales, el diálogo es innato e
intrínseco en nosotros. Así lo muestra Fernando Savater en su libro Ética
para Amador, “los animales no tienen más remedio que ser tal como son y
hacer lo que están programados naturalmente para hacer”, mientras que los
seres humanos “por mucha programación biológica o cultural que tengamos,
siempre podemos optar finalmente por el ‘sí’ o por el ‘no’, por el
‘quiero’ o ‘no quiero’. Nunca tenemos un solo camino a seguir sino
varios”. Para
ejemplificar lo dicho anteriormente, presenta dos historias: la
primera, del caso dramático de las termitas (las hormiguitas blancas que en
África levantan hormigueros muy altos y duros como piedras). Sus grandes
refugios a veces se derrumban por causa de inundaciones o de un elefante que se
rasca uno de sus flancos en la construcción. Inmediatamente las
hormiguitas-obreras se ponen a reconstruir su casita rápidamente y las grandes
hormigas se lanzan al asalto en defensa de las de su tribu e intentan detener a
sus enemigas, quienes buscan destruirles a las pobrecitas su refugio. Mientras
las hormiguitas-soldado arriesgan su vida por las obreras, ellas trabajan a toda
marcha y cuando terminan, cierran el hormiguero dejando a los soldados por fuera
de él. En la segunda historia, narra
el tema de la Iliada de Homero, donde se cuenta la historia de Héctor, el mejor
guerreo de Troya, quien espera en las murallas de su ciudad a Aquiles, el campeón
de los aqueos (a sabiendas de que es mucho más fuerte que él y que
probablemente lo matará). Héctor lo hace por cumplir con su deber de héroe,
de defensor de su familia y de sus conciudadanos. La diferencia de estas dos
historias es que “las termitas-soldado, luchan y mueren porque tienen que
hacerlo, sin poderlo remediar (como la araña que se come a la mosca). Héctor
en cambio, sale a enfrentarse con Aquiles porque quiere”. Claramente
aquí aparecen nuevos elementos que acompañan a la comunicación y que de
alguna manera la fundamentan: el hombre
necesariamente es un ser racional: piensa, analiza, jerarquiza, establece
relaciones y crea. También es un ser ético y moral: decide entre lo que es
bueno y lo malo, lo que le conviene y lo que no, lo que le sirve y lo que le
destruye, lo que le aporta y lo que le quita. Es
un ser religioso: en la medida en que confía en una fuerza superior a la de
él, observa que todo tiene un principio, un origen y trata de encontrar
respuestas en el mito y la leyenda, a lo que su racionalidad le atribuye
cualidades de irreal y supersticioso. Es
un ser cultural: construye tradiciones, combina, traza caminos, encuentra en
la música y el arte una alternativa
de comunicar. “…Contra
el nuevo inquilino de casa presidencial,
con
sus sueños peregrinos de inscribirse al carnaval
de
ese sueño que comienza cuando empieza a terminar…” v
La
racionalidad del hombre: la razón es intersubjetiva porque nadie posee el
conocimiento total y absoluto para encontrar la verdad. Es preciso el diálogo y
la comunicación para llegar a alguna verdad, puesto que nuestro conocimiento no
se enriquece ni progresa sólo con verdades, sino sobre todo con opiniones,
puntos de vista, perspectivas e ideas parciales. Razonar implica transar, hacer
intercambios de palabras, sentimientos, conocimientos...[2]
La
comunicación se da en un mundo real. Desde el Medioevo las cosas existen porque
fueron nombradas. Hay palabras si hay cosas; de otra manera, no existen las
palabras sin las cosas. A medida en que las acciones aumentan o aparecen, se
crean nuevas palabras que las definen y las contienen.
Hablar es nombrar y, por tanto, actuar. Los antiguos creadores de los
nombres fijaron éstos “según la idea de que todo está en movimiento y flujo
continuo”[3],
según la idea de que todo es, ocupa un espacio y por lo tanto existe.
v
La
eticidad y la moralidad del hombre: la ética es relativa, pero esto no equivale
a afirmar que todo da lo mismo o vale igual. La moral es el conocimiento del
bien y del mal, pero no es omnisciencia[4], hacen falta criterios o principios (razones) para
enjuiciar las costumbres. No
todos los seres humanos compartimos o tenemos la misma concepción de qué es
bueno y qué es malo. Nuestra diversidad de caracteres y personalidades nos hace
diferir en opiniones, pensamientos y formas de proceder frente a cualquier
dificultad o problema. Precisamente el mundo occidental posee grandes
diferencias con el mundo oriental, dado que ambos marchan en contextos (históricos,
sociales, políticos, culturales...) prácticamente opuestos y bajo estos parámetros
se desenvuelve cada mundo como más le sea conveniente. En este sentido, las
formas de gobierno (monarquías, dictaduras, democracias...); los sistemas económicos
o modos de producción (capitalistas, socialistas, comunistas…); las leyes que
se redactan internamente en cada una de las naciones, entre otros aspectos, son
apenas algunos de los cuales se enumeran, entre lo que podría conformar una
verdad única para un pueblo y no para otro. Esto sin hablar de la diversidad de
teorías, sofismas u opiniones individuales de cada ser humano en particular. Con
el conflicto aparecen las normas y el Estado es quien las imparte y quien las
regula. Sin leyes y sin Estado la sociedad no es concebible, puesto que ambas
instituciones legitiman la coacción entre los seres humanos. Las
leyes le aportan un orden social al hombre, le permiten dialogar para que la
comunicación sea constructiva y no le rehuya al conflicto sino que lo aborde
civilizadamente. Es así que conocemos al hombre como ser político, un ser que
busca agruparse y asociarse para hacer jerarquías, establecer oficios, y
aportarse para llegar a conclusiones, para llegar a un consenso, tal y como lo
plantea Jürgen Habermas en su teoría de la acción comunicativa: “si
dialogamos es porque buscamos el consenso, ya que nuestra acción más específica
es la comunicación y las cuestiones normativas son las que nos separan”. Recordemos
que la acción comunicativa es la comunicación libre, simétrica, sin
violencias ni impedimentos de ningún tipo. Es el reconocimiento justo de las
personas como sujetos del lenguaje. Resulta utópica, porque es difícil
alcanzar una “situación ideal”, pero claramente pueden ser aplicados (así
lo demostró el ex alcalde de Bogotá, Antanas Mockus) sus preceptos y conseguir
llevarlos al éxito. v
La
religiosidad del hombre: la idea de Dios es uno de los fundamentos claves de la
comunicación, porque a través de ella el hombre trata de explicar el mundo y
su origen. La tradición oral y luego los mitos y leyendas enriquecen su
conocimiento para hacerse nuevas preguntas y tratar de encontrar respuestas que
lo satisfagan o que de alguna forma le permitan tener una lógica y un modelo a
seguir. El
hombre establece relaciones con la construcción de símbolos para identificarse
con esa fuerza superior en la que cree, para que le ayuden a saber dónde está,
para qué está y por qué está. Sin los símbolos el hombre se angustia porque
no puede identificar, por lo tanto son un componente fundamental de los hechos
comunicativos, son sueños que el hombre se plantea. Con la ciudad aparecen los
símbolos y con ellos, la civilización. “...Sabe
cuántos sueños rotos caben en urnas de cartón;
para
qué cuentan los votos si se repite la ecuación.
Y
si le escribo alguna carta a la utopía
y
de remitente mi nombre y dirección,
sería
como escribirle a la melancolía
y
entregarme a la resignación...” v
El
hombre cultural: los hombres sedentarios y que se establecieron en diferentes
territorios fueron los encargados de resolver el problema cultural, es decir,
domesticaron los cultivos, desarrollaron la minería, hacían una cosa, mientras
desarrollaban otras. Así fue como codificaron las palabras. El
hombre propicia la cultura alrededor de tres grandes cereales: el trigo (que
genera la cultura europea, porque fueron ellos quienes lo domesticaron. El trigo
se corta. La maleza que crece alrededor del trigo, también se come); el arroz
(que genera la cultura oriental. El arroz se recoge de uno en uno y hace que
esta cultura se fundamente en las pequeñas cosas y todo lo delicado); y el maíz
para América (también en algunas partes de Rusia. La cultura del maíz también
mira al sol pero lo tiene como un Dios sanguinario ‘el sol se alimenta de
vida’, mientras que en Europa ‘el sol es dador de vida’)[5]. El
filósofo escocés, David Hume escribía: “la costumbre constituye la guía
fundamental de la vida humana”. El conocimiento de las costumbres supone una
guía importante para comprender el alma de un país y de sus gentes. Dos
países latinoamericanos que se vieron muy influenciados por sus raíces
musicales y su folclor fueron Cuba y Puerto Rico (este último, colonia de los
Estados Unidos, pero se entiende como país porque al fin y al cabo tiene una
cultura propia, unas leyes internas que le dan cierta “independencia” y lo
diferencian de Norteamérica). La trova cubana y la salsa, son dos estilos
musicales que identifican, que se convierten en representaciones de un pueblo.
En sus canciones se relatan historias cotidianas, sufrimientos de quienes huyen
de estos dos territorios a buscar mejor futuro en el exterior y la celebración
de sus festividades y actos jocosos de rumba y carnaval. Son tragedia y alegría
hechas música muy al estilo del son cubano y boricua. “...A
cuántos peces flacos ha mandado usted a guardar,
como
este que hoy le habla Señoría.
A
cuántos peces gordos ha dejado de juzgar,
para
darle de comer a la ironía.
Mi
pedrada es otra raya para el tigre,
inocente
como el llanto de un patojo;
si
le toco el corazón déjeme libre,
si
le tocan la razón, me pinta en rojo...” De
nuevo la acción comunicativa: teniendo en cuenta que la sociedad tiene tres
acciones (la acción instrumental, que se refiere a la ciencia y su desarrollo técnico
y que le permite innovar por medio de lo experimental; la acción estratégica,
que se refiere a las lógicas y estrategias de cada individuo para entender que
son diferentes; y la acción comunicativa – discursiva, que se refiere a que
hay que llegar a un consenso donde sepamos qué es lo mejor para todos, qué
hacer para vivir bien y mejor) la acción comunicativa se trata de no acudir ni
a la técnica ni a las ciencias, sino al mundo simbólico, reconociendo que en
una sociedad hay diferencias pero se pueden llegar a acuerdos y el método más
efectivo para que la gente se entienda y llegue al consenso es la comunicación. Llegar
a vivir en una sociedad completamente libre y democrática es algo muy
complicado y por qué no, utópico. Vivimos en una sociedad súper comunicada,
invadida por el inmediatismo y la presión del tiempo (el tiempo vale oro,
perderlo, es perder dinero). Los medios de comunicación se han encargado de
saturarnos en información, donde los individuos pierden la iniciativa, se
encierran en su mundo privado y se vuelven más pasivos. La masificación de la
Internet y los medios electrónicos han vuelto la comunicación un asunto de
chivas y primicias. La
imagen de Latinoamérica se revela al exterior sin ningún tipo de
restricciones, excepto para las noticias amables. A diario titulares sangrientos
y frases explosivas inundan el mercado de los medios de comunicación, porque
antes que formadores de opinión pública y educadores de la sociedad, ellos son
empresas, con objetivos mercantiles y comerciales. Precisamente
la tarea de los medios de comunicación, no sólo en América Latina, sino
afuera es ofrecerse como medios para la realización de los fines de la
democracia (propiciar la participación de los ciudadanos en las decisiones públicas
y la educación en unos valores que hagan creíble y viable esa colaboración).
Ellos deberían construir la base para la expresión del conflicto. A ellos les
corresponde una formación ética, por su carácter de masivos, por lo tanto
pueden arrastrar, convencer, mostrar y argumentar. La
gente necesita información, buena información, veraz, oportuna, segura y
confiable. Mientras eso no suceda con los medios de comunicación, mientras
nuestros mejores programas sean las novelas melodramáticas y no los noticieros,
mientras leamos las revistas de farándula y no los diarios, mientras escuchemos
la música para entes y desenfrenados y no los programas de formación y
cultura, nuestros gobernantes seguirán siendo los dictadores disfrazados de demócratas,
nuestro territorio seguirá dividido en bandos del bien y del mal (en dos
tonalidades de verde) y nuestras escuelas, casas de cultura y teatros seguirán
deshabitándose poco a poco. Junto
con la música, la poesía es la materia prima para la comunicación. La danza y
las artes en general son la expresión vivaz y sensata del sentimiento profundo,
porque donde no hay palabras ellas están. Con la música hay historias, con las
historias hay pasado, y con él un futuro que esperar y un presente para vivir. América
Latina tiene mucha música por componer, muchos sueños que trenzar en canciones
de júbilo y gloria. Éste es un pueblo de esperanzas, un pueblo que baila sus
ansias de existir y dejar huellas... “...Mientras
el nuevo inquilino de casa presidencial,
con
sus sueños peregrinos de inscribirse al carnaval
de
ese sueño que comienza cuando empieza a terminar. Sabe
cuántos sueños rotos caben en urnas de cartón;
para
qué cuentan los votos si se repite la ecuación.
Y
si le escribo alguna carta a la utopía
y de remitente mi nombre y dirección,
sería
como escribirle a la melancolía
y
entregarme a la resignación. Me
parece una injusticia estar preso Señor Juez,
y
ni siquiera haberle saso a mi objetivo…”[6] “Y
de los pecados nos burlamos,
porque
el diablo entre nosotros es un pobre diablo”* *
José Guillermo Ángel, “De dictadores, ángeles peatones y pecados
renovados” [1] Notas de clase.
“Historia de la comunicación”. [2] Victoria Camps.
“Comunicación, democracia y conflicto”. [3] Platón. “El Crátilo”. [4] Victoria Camps.
“Comunicación, democracia y conflicto”. [5] Notas de clase.
“Historia de la comunicación”. [6] Letra y Música: Ricardo
Arjona. “Señor Juez”. *
José Guillermo Ángel Rendó. “De dictadores, ángeles peatones y pecados
renovados”. Autora: Publicación enviada por Ángela Patricia Linares Ramírez Contactar mailto:angela.linares@gmail.com Código ISPN de la Publicación EEkyAEuyEuscxNkqdA Publicado Friday 16 de September de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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