Monografias | La evaluación formativa de los aprendizajes de los alumnos como estrategia complementaria en la enseñanza de la matemáticaLa evaluación formativa de los aprendizajes de los alumnos como estrategia complementaria en la enseñanza de la matemáticaResumen: La evaluación debe ser un proceso y una guía que pueda proporcionar ayuda para comprender los aspectos positivos y negativos en la adquisición de conocimientos de los educandos. Para hacer la evaluación una fuente dinamizadora y rectificadora del proceso educativo, ésta se debe utilizar no solo para determinar las competencias logradas por el alumno, sino para diagnosticar las potencialidades de cada estudiante, y para verificar el desarrollo del proceso de aprendizaje.(V) INTRODUCCIÓN La
evaluación debe ser un proceso y una guía que pueda proporcionar ayuda para
comprender los aspectos positivos y negativos en la adquisición de
conocimientos de los educandos. Para
hacer la evaluación una fuente dinamizadora y rectificadora del proceso
educativo, ésta se debe utilizar no solo para determinar las competencias
logradas por el alumno, sino para diagnosticar las potencialidades de cada
estudiante, y para verificar el desarrollo
del proceso de aprendizaje.
Por ello, la evaluación formativa de los aprendizajes de los alumnos es
una estrategia además de obligatoria, totalmente eficaz en la comprobación de
la adquisición de los conocimientos. De tal manera, y en virtud a las
dificultades que presentan los estudiantes en materias como matemáticas, física
y química, entre otras, es necesario tomar la evaluación formativa como una
estrategia adicional a las utilizadas usualmente por el docente, con la
finalidad de lograr en el alumno la visualización de su propio proceso y una
actitud positiva hacia posibilidad de constatar algún error cometido, para que
éste sea visto como una oportunidad para reflexionar sobre su actuación y de
esta manera ir mejorando su desempeño académico. LA
EVALUACIÓN FORMATIVA DE LOS APRENDIZAJES DE LOS ALUMNOS COMO ESTRATEGIA
COMPLEMENTARIA EN LA ENSEÑANZA
DE LA MATEMÁTICA.
El sistema educativo venezolano propone lograr en el educando una
indispensable y elemental preparación matemática, con el propósito de que éste
se incorpore con éxito a las diversas actividades que la nueva tecnología
ofrece; es por ello, que la Educación Básica, a través de esta asignatura,
aspira lograr conductas estimulando el desarrollo de actitudes de disciplina y
de rigor intelectual (Manual del Docente, 1987).
Con relación a este aspecto, Diudonne (1988), expone que la matemática
ha sido considerada dentro del plan de estudio de la Escuela Básica, no sólo
porque es útil para la vida, sino porque posee valores formativos y
complementarios de la personalidad.
Los problemas en la enseñanza – aprendizaje de la matemática y los
altos porcentajes de fracaso escolar son evidencia del problema que existe en
esta asignatura. La enseñanza de la matemática es un proceso que tiene muchos
componentes, por lo tanto debe medirse y evaluarse con una amplia gama de
criterios para evitar las informaciones incompletas sobre si se logran o no los
objetivos propuestos y de que manera sucede este hecho, para así poder corregir
cualquier debilidad.
La matemática se presenta en todos los planes de estudio de todos los
niveles y modalidades del sistema educativo venezolano, por lo que es
indispensable que se tomen las medidas necesarias para que al estudiante se le
facilite su aprendizaje. Tomando en cuenta esto, y lo planteado por Valbuena
(1985), referente a la evaluación formativa, la cual, según su opinión,
permite mejorar el aprendizaje en cualquier materia, y especialmente en
matemática, al fomentar la retroalimentación de los
procesos de enseñanza y aprendizaje con el propósito de hacerlos más
eficiente; se propone la evaluación formativa como una estrategia adicional en
la enseñanza de la matemática.
La evaluación formativa se realiza durante el desarrollo del proceso de
enseñanza y aprendizaje y tiene por finalidad verificar el progreso del alumno
en cuanto a las competencias requeridas y objetivos programáticos propuestos,
para retroalimentar el proceso de aprendizaje y así desarrollar una conducta más
activa y crítica frente a su desempeño en el aula y al aprendizaje mismo.
En la medida en que esta evaluación se realice de manera sistemática,
el docente podrá verificar el aprendizaje alcanzado por los alumnos, así como
las actitudes y aptitudes frente al desarrollo de la actividad escolar de todos
los que en ella participen.
Asimismo, tal como sostiene Brosseau (1991), se observa en los docentes
conductas características, si los alumnos fracasan el docente tiende a
proveer una "nueva oportunidad" (plantea un problema "igual al
viejo") y, en consecuencia, la solución se obtiene por la repetición y no
por la comprensión, y el docente debe estar consciente que el proceso didáctico
sufre también de "envejecimiento" que se observa en la repetición de
los mismos procedimientos didácticos y que éstos no tienen el mismo efecto. El
mismo autor observa que en aquellos procesos donde el docente interviene menos
hay menor fracaso y "menos envejecimiento" .
En este sentido, el alumno cuando estudia matemática, debe participar en
forma activa (concreta y mentalmente), en el descubrimientos de conceptos tal
como si él los creara por primera vez, como si fuese el inventor o descubridor,
tópico que es desarrollado por los docentes en forma algorítmica; el alumno
aplica la fórmula repitiendo ejercicios dados y no adquiere un aprendizaje
perdurable y significativo; y lo que es peor aún, en muchos casos no son
solamente operaciones
aritméticas sino procesos
consistentes en una serie de sub-operaciones jerarquizadas, consecutivas.
Si el estudiante no desarrolla una visión globalizadora de la acción
(cosmovisión), se pierde en el laberinto de las operaciones particulares y
deviene el fracaso.
A pesar de esta realidad, muchos docentes de la asignatura matemática al
parecer no han logrado visualizar la importancia de
la misma dentro del proceso de aprendizaje, ya que ésta no es una
asignatura aislada del contexto cognitivo del estudiante, sino por el contrario,
le permite adquirir procesos lógicos que le facilita el aprendizaje de las
diferentes materias.
La matemática, en definitiva, es un medio para el mejor entendimiento
del individuo, su realidad y las relaciones con sus semejantes; de allí, la
importancia de incorporar de manera sistemática la evaluación formativa como
estrategia complementaria en la enseñanza de esta asignatura, de tal manera que
le permita al docente ir guiando a sus alumnos hacia un aprendizaje
significativo y evaluado en cada fase del proceso. Este
tipo de evaluación se puede llevar a la práctica durante el desarrollo del
proceso educativo, con la finalidad de determinar el progreso del alumno,
detectar las dificultades y reorientar su aprendizaje. En consecuencia, la
evaluación formativa se debe presentar como una alternativa para alcanzar el
mejoramiento escolar de los alumnos y lograr cambios conductuales duraderos y
positivos en ellos hacia la asignatura y, por ende, hacia el proceso educativo
en general ya que la meta que se persigue es una formación integral.
La
evaluación formativa sirve como base para el proceso de toma de decisiones
respecto a las opciones y acciones que se van presentando conforme avanza
el proceso de enseñanza aprendizaje. Es por ello que las funciones de
la evaluación formativa se presentan en dos grupos: q
Distribuye y regula adecuadamente el ritmo de
aprendizaje. q
Realimenta el proceso de instrucción obtenido a
partir de las diferentes actividades de evaluación. q
Enfatiza
los objetivos y contenidos más relevantes.
q
Detecta las
deficiencias, errores, logros y fallas que
presentan los estudiantes en sus aprendizajes. q
Delimita
los factores causales directos e indirectos que influyen o condicionan el
aprendizaje del estudiante. q
Provee
de una información continua a los participantes
sobre sus progresos individuales. q
Registra
los efectos no previstos en el proceso de enseñanza‑aprendizaje
y los incorpora al producto final.
Es oportuno señalar que la aplicación
de la evaluación formativa es quizás el medio más idóneo para hacer efectiva
la evaluación continua, tan pregonada en todos los instrumentos legales
vigentes que regulan el sistema educativo,
Villarroel (1974). No es necesario
aplicar la evaluación formativa
todos los días sino en la medida en que
cubra todas las etapas previstas para la consecución
de los objetivos, sin
embargo esta posibilidad no se descarta.
Se puede cumplir con la evaluación continua y formativa siempre que el
docente tenga información de la marcha
en todos y cada uno de los aprendizajes y ello puede efectuarse por medio de
varios procedimientos, según la naturaleza del mismo;
Lo determinante es que se conozca
la situación completa del alumnado en los aprendizajes, Camperos (1984).
Por otro lado el docente debe ayudar a sus alumnos, guiarlos para que
ellos puedan ir tan lejos como le sea posible en su crecimiento y realización
integral.
Es importantes señalar que la
Evaluación Formativa en Matemática es un proceso de aprendizaje, en el
aula, debe basarse en una comunicación permanente entre el docente y sus
alumnos. La evaluación es un
proceso en que se intenta descifrar que significado le asignan los estudiantes a
las ideas que se manejan en eso intercambios; en ese sentido, la evaluación,
como parte integral y global, es un elemento indisoluble del quehacer docente.
Una evaluación continua le da base al docente para decidir su plan de
acción, qué preguntas debe hacer, qué actividades debe desarrollar, qué
ejemplos e instrucciones ha de utilizar, en definitiva, ofrece una base
fundamental para cualquier intercambio significativo entre docentes y alumnos.
En una investigación realizada por Abraina (1995), sobre evaluación
formativa cuyo objetivo principal era determinar si dicha evaluación ayuda a
los alumnos a aprender, concluyó de manera satisfactoria que la evaluación
después de ser un foco de gran número de conflictos, desaliente y sinsabores
para alumnos, padres y profesores; ahora se entiende como cualquier otro
componente del proceso didáctico, siendo su objetivo, por tanto, la formación
integral de los alumnos y proporcionar un ambiente de ayuda y de
perfeccionamiento constante del aprendizaje.
Asimismo, un trabajo realizado por Rodríguez (1995), afirma que no puede
haber evaluación sumativa (calificadora y de salida) si antes no está
precedida de una evaluación formativa (de proceso y de realimentación de
aprendizaje). Todo proceso debe
partir de una evaluación diagnóstica que permite determinar las condiciones en
las que el alumno se introduce al programa.
Así, el docente tendrá insumos suficientes para seleccionar sus
estrategias agregar contenidos y abreviar otros.
Además, la evaluación ha de ser multidireccional a través de sus vías
complementarias; la auto evaluación, coevaluación y evaluación externa.
De la misma manera, un estudio realizado por Alves y Acevedo (1999),
plantean en su investigación que si la evaluación se realiza en el proceso
mismo de construcción del aprendizaje, los procedimientos e instrumentos se
debe garantizar una información para mejorar el proceso, de allí que pueda
establecer los niveles intermedios dentro de la secuencia pedagógica y
conformación de las estructuras cognitivas que se estén generando, para
orientar al estudiante o al grupo completo.
Independientemente del procedimiento e instrumento empleado, el mismo
debe procurar la información necesaria para detectar los problemas y superar
las dificultades.
Por otro lado Armando (1999), destaca en su trabajo el papel de la
evaluación como la comprobación de los resultados del proceso educativo, pero
que no debe quedarse únicamente en los resultados sino que debe comprobarse
globalmente en todo el proceso para llevar a cabo las correcciones necesarias
basadas en la disponibilidad permanente de información acerca del alumno en su
proceso de aprendizaje y con el fin de intervenir, en caso necesario, o de
constatar los logros y avances que va confiriendo. Un
enfoque constructivista de la evaluación en la educación matemática
La evaluación en el enfoque constructivista establece que los resultados
del aprendizaje no se restringen de conductas, habilidades y conocimientos
observables, sino a procesos de pensamiento, análisis e interpretación, análisis
y solución de problemas lo cual implica un cambio en el énfasis
dado a los productos, por el énfasis en los procesos.
El propósito de evaluación de procesos es el de lograr la consideración
de las necesidades, intereses y aspiraciones de los sujetos para ofrecer las
necesidades, intereses y aspiraciones de los sujetos para brindar la información
apropiada a cada uno de ellos en beneficio del logro de su aprendizaje. La evaluación desde este enfoque, registra los hechos en su
evolución, progreso, interpretación y perspectivas y, esto lleva a conceder
mayor importancia a la evaluación exploratoria y formativa que la evaluación
final.
Por tal motivo la evaluación dentro de esta dinámica constructivista
debe significar un cambio en el: “qué”, “para qué”, “cuándo”, y
“cómo evaluar”.
El “qué evaluar”, se refiere a evaluar procesos, construcciones,
condiciones presentes para esa construcción y papel mediador en ese proceso de
los números reales.
En el “para qué evaluar”, se debe considerar y atender aquellas
condiciones que interfiere en el aprendizaje, para facilitar nuevas
construcciones, realimentar, reorientar y mejorar los procesos de enseñanza y
aprendizaje referente a los números reales.
El “cuándo evaluar”, está referido a todo momento de la interacción
constructiva, o cada vez que el docente lo considere conveniente.
El “cómo evaluar”, los
números reales sugiere que la evaluación se realice en forma sistemática, a
través de actividades de evaluación diagnóstica, formativa y sumativa.
(UNIVERSIDAD DE CARABOBO, 1999).
Respecto a la dimensión social, la evaluación concebida de manera
constructivista y cualitativa se convierte en un aspecto esencial
de la práctica pedagógica, en función del cambio y la transformación
de la realidad social. (Alves y
otros, 1999). En consecuencia,
desde el punto de vista constructivista, es necesario cuidar que las actividades
y tareas de evaluación tenga sentido para los alumnos, para que ellos puedan
entender la función que cumplen las mismas dentro del proceso de construcción
del conocimiento, sintiéndose así motivados para resolverlas.
(MINISTERIO DE EDUCACIÓN, 1998).
De tal manera que los docentes deben promover la participación de los
alumnos mediante la autoevaluación y la coevaluación, con el propósito de
desarrollar la crítica y la autocrítica constructiva, darle oportunidades para
que los alumnos expresen libremente sus intereses y sentimientos, den y acepten
opiniones y defiendan sus puntos de vistas.
La autoevaluación es un proceso de valoración que realiza el alumno de
su propia actuación, lo que permite identificar sus posibilidades, limitaciones
y cambios necesarios para mejorar su aprendizaje, la coevaluación es un proceso
de valoración recíproca que realizan los alumnos sobre la actuación del grupo
y de cada uno de ellos, atendiendo ciertos criterios o puntos de referencias
establecidos por consenso. En
los últimos años muchos autores han coincidido en que la evaluación de los
aprendizaje se refiere a las formas que se utilizan para determinar logros de
aprendizajes producidos por el proceso de instrucción.
Estos logros son evidencias en conductas observables en los alumnos, por
la adquisición de ciertos conocimientos, destrezas, habilidades y actitudes
específicas. En las distintas
corrientes ha existido un común interés por los productos observables del
aprendizaje, descuidando los procesos mentales de elaboración o construcción
que dan origen a esas conductas.
El impacto del constructivismo en la concepción de la matemática también
ha llevado cambios en los planteamientos de cómo evaluar en matemática.
Estos planteamientos reflejan un cambio de paradigma que implican una
aproximación distinta a la comprensión de la naturaleza de la matemática, de
la enseñanza y del aprendizaje de la matemática, es importante que el docente
centralice la actividad evaluativa durante todo el proceso de construcción que
realizan los alumnos. Esto lo puede
hacer mediante la consideración de los aspectos tales como: la naturaleza de
los conocimientos previos, tipos de estrategias cognitivas y metacognitivas que
utiliza (superficial, estratégico o profundo), capacidades generales
involucradas, motivación que persigue, expectativas que se plantea y otros.
Se pueden utilizar varias técnicas y
procedimientos para obtener información valiosa sobre las operaciones
involucradas en el proceso de construcción del conocimiento escolar.
Es importante destacar, que además de las acciones constructivas de los
alumnos, el docente también representa un papel fundamental y decisivo para
explicar el proceso de construcción; debido a las actividades que utiliza para
la planificación de la enseñanza e inclusive en la evaluación.
La retroalimentación es una función que debe estar presente para
reforzar la formación, tanto del alumno como del docente.
La retroalimentación, en el docente, favorece su autoestima, su
capacidad de relacionarse con los alumnos, en las expectativas de su eficacia,
entre otros. Al alumno, le ayuda a
informarse sobre el valor y el grado de éxito de su ejecución, son mensajes
que le permiten mejorar sobre todo su aprendizaje y expectativas.
Es importante entender que en la medida de lo posible, la información
evaluativa no debe ser presentada públicamente, porque el mal manejo de ella
puede repercutir negativamente en los distintos aspectos de la personalidad
(expectativas, atribuciones, autoestima, autoeficacia, autoconcepto, entre
otros). En lo referente a la dimensión pedagógica,
el contenido Números Reales se encuentra en el programa de estudio de la
tercera etapa de Educación Básica, plantea la importancia de este contenido
con el propósito de permitir a los estudiantes, alcanzar el dominio de un
objetivo antes de otro que se base en él y ayudarles a construir el
conocimiento matemático en forma lógica y coherente.
La evaluación se concibe como un proceso que acompaña a cada
experiencia pedagógica, que permita reconocer el grado de aprendizaje
adquirido, así como también identificar los factores que lo facilitan o
limitan, tal como se plantea en la Reforma Educativa Venezolana (1994).
La concepción constructivista de la evaluación se organiza en torno a
cuatro ideas fundamentales, a saber : El
alumno es el responsable último de su propio proceso de evaluación:
es él quien construye el conocimiento y nadie puede sustituirlo en
la tarea. El alumno manipula,
explora su trabajo y de igual forma maneja las explicaciones del
facilitador. La
evaluación constructivista del alumno se aplica a contenidos que ya posee
en grado considerable de elaboración, es decir los
alumnos construyen las operaciones aritméticas elementales, pero
estas ya están definidas. El
hecho de que la evaluación constructiva del alumno se aplica a unos
contenidos de aprendizajes preexistentes condicionada al papel que desempeña
el facilitador. Su función no
se limita a crear las condiciones óptimas para que el alumno realice la
evaluación constructivista, la cual es recia y diversa, sino que de igual
manera orientará las actividades con el fin de que la construcción del
alumno en su evaluación se acerque de
forma progresiva a los objetivos educacionales. El
facilitador y el alumno gestionan conjuntamente la evaluación, entonces
aparece un proceso de participación guiado.
La gestión conjunta de la evaluación es un reflejo de la necesidad
de tener siempre en cuenta las interrelaciones entre lo que aporta el
profesor, el alumno y el contenido, éstos desempeñan papeles distintos
pero imprescindibles y totalmente interconectados.
El profesor gradúa la dificultad de las tareas y proporciona al
alumno los apoyos necesarios para afrontarlos, pero esto es sólo posible
con las reacciones del alumno que indican continuamente al docente sus
necesidades y la comprensión de las situaciones; implica un traspaso
progresivo del control, que pasa de ser ejercido por el facilitador a ser
asumido por el estudiante, entonces ambos intervienen activamente. Esta
forma de entender la evaluación se lleva a perfilarla con un conjunto de
orientaciones sobre cómo debe ser planteadas y desarrolladas en el aula
desde un punto de vista de la concepción construcitivista
la cual es principalmente formativa. Esta evaluación formativa también utiliza formas de
evaluación no tradicionales como la auto-evaluación, la coe-valuación y
la hetero-evaluación, en donde el docente no será el único que posea el
conocimiento sino que ayudará a formar en el alumno un pensamiento
divergente que contribuya a la discusión y el análisis de los
conocimientos planteados.
Con referencia a los procedimientos y formas de evaluación de una manera
formativa es importante destacar que la autoevaluación ayudará al alumno a
reconocer sus habilidades cognitivas. Esta
evaluación es un proceso que debe ser planeado y guiado sobre el trabajo o
actividad del estudiante, sus conocimientos y habilidades, o sobre los cambios
acaecidos en sí mismos, ya que consiste en una reflexión en la cual él mismo
hace un análisis en su desempeño, lo que implica reconocer fallas y sus logros
para que le sirva de autorregulación y acabe siendo el responsable de su propia
educación. La autoevaluación
permite la introducción de datos difíciles de ponderar y transmitir que en
ningún otro instrumento o modalidades de evaluación se puede hacer, y corrige
determinados sesgos introducidos por los propios instrumentos de valoración o
los creados por el evaluador. Asimismo,
la coevaluación o valoración respetuosa y positiva de los alumnos pueden
reformular el trabajo y la actitud
de los demás compañeros, la valoración de estas actividades les permite a los
profesores tener información individualizada de gran significados y valora la
hora de formular cualquier diagnóstico o informe sobre el rendimiento o situación
de los docentes y alumnos; ésta la realizan para determinar sus fallas e
intercambiar las ideas y experiencias de aprendizajes.
De manera recíproca, los participantes en esta forma de evaluación
sugieren opiniones y recomendaciones que permiten reorientar el proceso
educativo. Y, por último, la heteroevaluación de una manera formativa es la evaluación
realizada por uno o más docentes a cierto estudiante o grupo de ellos, en donde la posición del docente le
confiere una perspectiva más objetiva sin olvidar el proceso de aprendizaje del
alumno. En este tipo de evaluación
el docente debe indicarle al educando con precisión cuáles fueron sus fallas y
ayudarlos a comprenderlos.
La evaluación formativa debe reunir ciertas
características especiales a los efectos de su aplicación: T
Que el aprendizaje se base en objetivos específicos
expresados en términos de conductas observables, es decir, que la evaluación
ofrezca las mejores condiciones posibles para que el alumno muestre la conducta
requerida cualquiera que sea el dominio (destrezas motrices, información
verbal, estrategias cognitivas o actitudes). T
El uso del tiempo, para que una evaluación sea
apropiada, es necesario ofrecer una situación congruente con las condiciones
planteadas por el objetivo y el tiempo necesario, dentro de los límites de la
clase.
El proceso de enseñanza – aprendizaje debe ser efectivo, en el sentido
de poder asegurar para cada uno de los alumnos el logro de los objetivos que se
proponen sin embargo, la evaluación, bien planificada y conducida, puede
transformarse en una efectiva ayuda para mejorar la calidad del proceso de enseñanza
– aprendizaje.
Un punto central del proceso de evaluación es que los docentes extraigan
conclusiones significativas de su interacción con los alumnos.
Es mediante ese proceso interactivo donde se toman decisiones más
importantes sobre el proceso de aprendizaje de los alumnos. La evaluación debe ser algo más que escrito, que
simplemente una nota; debe ser un proceso continuo, dinámico y, muchas veces,
informal, en el sentido de desmificarla de esa característica de inquebrantable
objetividad e inflexibilidad que debería tener.
La evaluación es un proceso dinámico y cíclico por naturaleza, un
proceso de observación que lleva a conjeturas y reformulación constante de
juicios sobre las estructuras conceptuales de nuestros alumnos. La evaluación debe dar lugar a juicios que sean capaces de
evolucionar, que trasciendan los aspectos más formales de los exámenes
escritos que caracterizan buena parte de las actuales programaciones docentes.
Examinar para asignar una nota es la más amplia e importante, diseñada
para recoger información del ser, el saber y el saber hacer matemático a los
estudiantes y cómo piensan acerca de la matemática.
“La evaluación debe originar una “biografía” del aprendizaje de
los alumnos, una base para mejorar la calidad de la docencia.
Se debe contar con unos principio de la evaluación formativa en matemática,
que estén centrados en las estructuras conceptuales matemáticas.
Como docentes se tienen que hacer consciente de ello, para así poder
apoyar y promover el aprendizaje de la matemática
de los estudiantes desde temprana edad.
Si no se hace esto se corre el gran riesgo de no apoyar a los alumnos en
desarrollar competencias como las que señala el programa de matemática de
Primer Grado del CBN, cuando dice que el niño “obtiene resultado de un
problema por simple reflexión, por “darse cuenta”, con varias soluciones,
con soluciones cualitativas” o “intercambia opiniones sobre la honestidad en
situaciones en las cuales se maneja la moneda”(p.141).
En matemática, como en cualquier otro campo, el conocimiento supone
tener una información y saber manejarla. En
matemática, esta destreza que lleva a tener solidez en el manejo del
conocimiento requiere la capacidad de utilizar la información para razonar y
pensar de forma creativa, y de formular y resolver problemas, además de
reflexionar críticamente sobre ellos.
La evaluación del aprendizaje matemático de los estudiantes supone algo
más que medir cuánta información poseen, también supone evaluar tanto cuanto
se refiere a la capacidad y disposición que tenga a utilizar, aplicar y
comunicar dicha información. La evaluación deberá permitir al docente tener
una base confiable para conocer hasta qué puntos los alumnos han integrado la
información y le han dado sentido, si pueden o no aplicarla a situaciones que
requieran razonamiento y pensamiento creativo, y si puede o no utilizar la matemática
para utilizar sus ideas. Conjuntamente, la evaluación debe valorar la disposición de
los estudiantes hacia la matemática, en especial la confianza que tienen en el
uso de la matemática y hasta que punto valoran la utilidad de la misma. La
evaluación del aprendizaje matemático no debe construirse a partir de la
evaluación de competencias separadas o aisladas.
Aunque una determinada evaluación se puede poner más énfasis en un
aspecto del conocimiento matemático que en otro, se tiene que quedar claro que
un verdadero aprendizaje de la matemática debe abarcar todos los aspectos del
conocimiento matemático y del proceso mediante el cual se adquiere dicho
conocimiento, adecuado para cada nivel, y sus interconexiones.
BIBLIOGRAFÍA Brousseau,
G. (1990). ¿Qué pueden aportar a los enseñantes los diferentes enfoques de
la didácticas de las matemáticas? (Segunda parte). MINISTERIO
DE EDUCACIÓN (1999). Principios y criterios para la evaluación. Cuadernos
para la reforma educativa. Alauda
Anaya. Rotger
B. (1990). Evaluación Formativa Editorial
Cincel. Madrid. España. Ruiz
C. (1991) Análisis de la administración
de la Evaluación Formativa que realizan los docentes de la tercera etapa de
Educación Básica en planteles del Distrito Nº 5 del Área metropolitana de
Caracas, y su posible efecto sobre el rendimiento estudiantil
Tesis de Maestría UPEL. Autor: Fred
González, Julio 2005 Enviado por: Prof. Cirilo Orozco-Moret e-mail: cirilotampa@hotmail.com UNIVERSIDAD DE CARABOBO MAESTRÍA DE EDUCACIÓN MATEMÁTICA Valencia. Venezuelka Publicación enviada por Fred González Contactar mailto:fredgonzalez27@hotmail.com Código ISPN de la Publicación EEkylkAyEpsSkLbajf Publicado Thursday 15 de September de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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