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Apoptosis (Muerte celular programada)
Resumen: Nuestras células desde los glóbulos rojos hasta las neuronas viven días o años ejecutando sus funciones específicas sin descanso. En cualquier momento un accidente bioquímico disparado por el humo de un cigarrillo, la luz solar o un resfriado les daña su ADN de forma irreparable. Acto seguido la célula, de forma altruista, ejecuta su autodestrucción haciendo uso de un programa establecido genéticamente durante millones de años de evolución. Este complejo proceso se llama: apoptosis y ocurre 100 000 veces cada segundo de una vida humana.
Publicación enviada por Lic. Mailin Borroto Castellano y Dr. Esmir Camps Calzadilla
RESUMEN
Nuestras 1014 células desde los glóbulos rojos hasta las neuronas
viven días o años ejecutando sus funciones específicas sin descanso. En
cualquier momento un accidente bioquímico disparado por el humo de un
cigarrillo, la luz solar o un resfriado les daña su ADN de forma irreparable.
Acto seguido la célula, de forma altruista, ejecuta su autodestrucción haciendo
uso de un programa establecido genéticamente durante millones de años de
evolución. Este complejo proceso se llama: apoptosis y ocurre 100 000 veces cada
segundo de una vida humana.
La muerte celular comenzó a considerar como un fenómeno fisiológico e importante
dentro del proceso de desarrollo de los organismos poco después del
descubrimiento realizado sobre la mitad del siglo XIX de que los organismos
estaban compuestos por células. Las primeras observaciones que se conocen en
relación con la muerte celular fisiológica fueron realizadas en la metamorfosis
de anfibios por Vogt en 1842 y posteriormente se realizaron estas mismas
descripciones en otros tejidos en desarrollo., tanto de invertebrados como de
vertebrados. desde la fecha hasta la actualidad se ha acumulado un enorme
volumen de información acerca del tema por lo cual nos proponemos brindar una
actualización acerca de las principales teorías mas aceptadas actualmente
relacionada a la muerte celular programada.
Palabras claves: apoptosis, muerte celular programada, daño al ADN.
ÍNDICE
Introducción
Objetivos
Desarrollo
Conclusiones
Bibliografía
Anexos
INTRODUCCIÓN
Antecedentes históricos
El concepto de muerte celular programada fue acuñado por Lockshin y Williams en
1964 y describía la muerte de las células que ocurría en lugares y momentos
determinados como eventos programados dentro del plan de desarrollo del
organismo. Años después, en 1972, los científicos escoceses Kerr, Wyllie y
Currie a partir de una recopilación de evidencias morfológicas, establecieron
las diferencias entre dos tipos de muerte celular. La patológica que ocurre, por
ejemplo, en el centro de una lesión aguda como trauma o isquemia, está
caracterizada por la ruptura celular y recibe el nombre de necrosis celular, y
la fisiológica, que ocurre durante el desarrollo o la hemostasis del organismo,
que mantiene la integridad de la célula y a la que Kerr y sus colaboradores
llamaron apoptosis. Según este grupo, la muerte por apoptosis respondía a un
programa de muerte intracelular que podía ser activado o inhibido por una
variedad de estímulos, tanto fisiológicos como patológicos.
En 1982 tuvo lugar un descubrimiento que abrió las puertas al estudio profundo
de las bases moleculares y genéticas del proceso de apoptosis. Robert Horvitz,
del Instituto de Massachussets en Cambridge, publicó los estudios genéticos
realizados sobre el nematodo caenorhabditis elegans en los que se describieron
los genes encargados del control y la ejecución de la apoptosis en este
organismo. Gracias a la homología existente entre estos genes en c. elegans y
organismos superiores, la apoptosis en este nematodo ha sido tomada como
referente del proceso en todos los sistemas y esto ha podido identificar una
parte importante de la red de mecanismos que lo controlan.
Horvitz y sus colaboradores después de una paciente observación de las células
del gusano bajo un microscopio (desde la etapa de embrión hasta el animal
adulto) revelaron que, aunque cada gusano generaba 1 090 células, el animal
adulto consistía de sólo 959 células. Exactamente 131 células del embrión del
gusano estaban programadas para morir, a menudo a los pocos minutos de su
nacimiento.
Centrándose en este programa de suicidio, Horvitz identificó una “vía de la
muerte”, tres pasos que siguen las células condenadas: “Primero se mata a la
célula”, dice Horvitz en tono dramático. “Después”, y su voz se profundiza, “se
deshace del cuerpo. Y en tercer lugar, se destruye la evidencia”; describiendo
el investigador que distintos genes controlan cada uno de estos pasos; alrededor
de 15 genes del gusano desempeñan una cierta función en la apoptosis. Tal
descubrimiento lo hizo merecedor en el año 2002 del Premio Nobel de Fisiología y
Medicina junto a los científicos Sydney Brenner y John Sulston.
OBJETIVO
- Revisar fuentes bibliográficas actualizadas sobre los mecanismos implicados en
la muerte celular programada (apoptosis) y sus ventajas para el mantenimiento de
la vida.
DESARROLLO
El término apoptosis (del griego ptosis: caída) fue originalmente usado por los
botánicos. A principios de la década de 1970 Kerr, Wyllie y Currie lo reacuñaron
para describir la muerte de las células del hígado que, después de encogerse y
marchitarse, se desprendían de este órgano como hojas en otoño.
La apoptosis es un fenómeno biológico fundamental, permanente, dinámico e
interactivo. Existen mecanismos pro o anti apoptósicos, regulados genéticamente,
que actúan en forma activa (pues consumen energía) y equilibrada. Como función
necesaria para evitar la sobreproducción celular era sospechada por los
biólogos; pero es un proceso ordenado y "silencioso" que no produce reacción
tisular y por ello difícil de captar.
La apoptosis puede estar frenada, en equilibrio o estimulada. Por ejemplo, está
frenada durante el desarrollo de espermatogonias, en las criptas de las
glándulas intestinales (que es un epitelio de crecimiento rápido) y durante la
lactancia en su período preparatorio, en que el tejido mamario aumenta su masa
celular. Está en equilibrio respecto de la mitosis en los tejidos adultos sanos.
Se ha observado en epitelios adultos normales del hígado, mama, corteza
suprarrenal y tubo digestivo. Es muy significativo su rol homeostático en la
médula ósea, donde debe destruir en forma permanente, la mitad de una inmensa
cantidad de células que solo en leucocitos significa 5 x 10 elevado a 11, cada
24 Hrs. Está estimulada cuando existen células envejecidas, mutadas neoplásicas
o no neoplásicas, alteradas por tóxicos y las que están en proceso de
metamorfosis o atresia. Se ha estudiado esta condición en neutrófilos
envejecidos, en megacariocitos con citoplasma agotado por producción excesiva de
plaquetas, en la atresia folicular del ovario, en folículos pilosos en evolución
y en la mama durante la involución post-lactancia.
Dos formas de muerte celular son habituales en el organismo: necrosis y
apoptosis. Las características morfológicas de ambas, permiten , en la mayoría
de los tejidos establecer claras diferencias.
En la necrosis se observan numerosas células vecinas sometidas a este proceso,
cubriendo una extensión variable con desintegración. La destrucción de la
membrana celular permite el escape al exterior de elementos tóxicos que provocan
un proceso inflamatorio que tendrá efecto nocivo en el organismo, según la
extensión del proceso. El material cromatínico sufre una dispersión irregular.
Las causas son agentes tóxicos, traumáticos e hipóxicos; siempre patológicos.
En la apoptosis el proceso afecta a determinadas células, no necesariamente
contiguas y no a todas en un área tisular. La membrana celular no se destruye,
lo que impide el escape al espacio extracelular de su contenido , resultando un
proceso "silencioso", sin inflamación. En el citoplasma se produce granulación
fina, con conservación de algunos organelos, en especial las mitocondrias que
tienen un rol interactivo importante. A nivel nuclear la cromatina se condensa
agrupada en varios sectores formando cuerpos apoptósicos. La membrana celular se
recoge sobre las eminencias globuliformes que forman los elementos deteriorados
del citoplasma y núcleo. Finalmente, fagocitos captan la célula en su totalidad
impidiendo en una acción impecable, que se produzca alarma en el resto del
tejido.
Se ha demostrado, al menos en tejidos epiteliales, que si algo de material
apoptósicos escapa a la acción de los fagocitos, es captado por células vecinas.
La participación de células vecinas en este proceso se manifiesta además por la
capacidad de éstas de enviar señales moleculares a la célula que debe morir,
como mecanismo complementario al que desarrolla la célula misma cuando se
determina molecularmente su autodestrucción. El proceso de apoptosis demora
entre 30 y 60 minutos en células en cultivo. Uno de los más lentos se produce en
células hepáticas empleando como promedio 3 horas.
Sistemas sujetos a apoptosis
La muerte celular programada es un mecanismo básico implicado de forma decisiva
en numerosos procesos. Entre ellos podemos destacar:
- DESARROLLO EMBRIONARIO:
- Escultura de numerosas estructuras
- Eliminación de estructuras
- Control de la sobreproducción de células
- Control de células defectuosas
- Formación de células diferenciales especiales
- HOMEOSTASIS
- MECANISMOS SELECTIVOS
Desarrollo embrionario
Las primeras observaciones que se realizaron del fenómeno de la muerte celular
programada (MCP) fueron hechas en el contexto del desarrollo. De hecho, como ya
se menciona en un apartado anterior, el termino muerte celular programada se
comenzó a utilizar para definir la muerte celular ocurrida en determinado
momento y en lugar determinado como parte del plan de desarrollo de un
organismo. La dificultad que se ha presentado a la hora de estudiar la apoptosis
en el desarrollo, es la eficacia en el proceso de aclaramiento de las células
apoptóticas.
En algunos sistemas de estudio, las células apoptóticas en gran número de
ocasiones eran vistas en el interior de las células vecinas encargadas de
fagocitarlas. Esto hace que sea muy difícil calcular hasta donde llega el papel
ejercido por la apoptosis en algunos procesos del desarrollo embrionario, ya que
el número de células apoptóticas que se pueden identificar en determinado
momento en un tejido embrionario es siempre muy bajo, y no se corresponde con la
tasa real de apoptosis. Esto hace que en biología del desarrollo, la muerte
celular programada esté aún subestimada, aunque se puede suponer la gran
importancia que debe tener a partir de los datos de experimentos que muestran,
que en organismos complejos, la perdida de funcionalidad del proceso de
apoptosis altera el desarrollo de tal forma, que en muchos casos el animal no es
viable.
A pesar de las dificultades se han hecho avances a lo largo de los años en el
estudio de la apoptosis en este sistema. Se han determinado algunos objetivos
que cumple la apoptosis dentro del desarrollo de un organismo, todos encaminados
en último lugar, a la eliminación de células sin utilidad en ese momento y
lugar. Los objetivos son los siguientes:
Escultura de distintas estructuras
El ejemplo más claro de esto es la eliminación de las membranas interdigitales
para la formación de los dedos en vertebrados superiores. Otro proceso de
formación de estructuras en que esta involucrada la apoptosis es en el vaciado
de cuerpos sólidos para crear una luz. Por ejemplo, la formación de la cavidad
preamniotica en el embrión de ratón por la muerte de células ectodermales de su
interior.
Eliminación de estructuras
En el proceso de desarrollo a veces se forman estructuras que después es
necesario suprimir. La razón es que pueden ser restos vestigiales de alguna
estructura necesaria para una especie ancestral pero a la que la evolución ha
hecho perder la utilidad. También pueden ser formaciones requeridas para
determinados estadios del desarrollo y que después ya no son de utilidad. Por
último, también pueden ser estructuras necesarias para un sexo pero no para el
otro. Ejemplos de este objetivo de la apoptosis durante el desarrollo son los
tubos pronefríticos, necesarios en peces y larvas anfibias pero que han dejado
de serlo en mamíferos y por eso son eliminados. También los ductos de Müllerian,
que forman el útero y los oviductos en hembras de mamíferos pero que en machos
son eliminados por apoptosis.
Control de la sobreproducción de células
En muchos organismos existe, en un principio, una sobreproducción celular y
después, el número es ajustado a lo necesario mediante apoptosis. Aunque se
había prestado mayor atención al control de proliferación celular como mecanismo
de ajuste del número de células en determinado tejido, parece que este mecanismo
está controlado principalmente por apoptosis. Un ejemplo es la generación de
neuronas y oligodendrocitos que se hace en exceso para después ajustar su número
en función del número de células que inervan o de axones que mielinizan
respectivamente.
Control de las células defectuosas
Durante el desarrollo, se eliminan por apoptosis células anormales, con
localización errónea, no funcionales o potencialmente peligrosas, de forma que
solo completen el proceso de desarrollo células no dañadas. Para ilustrar esto
existen estudios en los que irradian hembras de ratón durante la gestación. La
mayoría de los embriones mueren a consecuencia de esto, pero el incremento de
anormalidades en los ratones que nacen es muy baja lo que indica que existe un
mecanismo de protección contra el daño celular en el que interviene la apoptosis.
Formación de células diferenciadas especiales
Existen en los organismos ciertos tipos celulares que son especiales ya que han
perdido su núcleo y orgánulos en el proceso de diferenciación terminal. Es el
caso de los hematíes o los queratinocitos de la piel. Aunque está aún sin
determinar, existen indicios de que estos procesos especializados de
diferenciación son en realidad formas modificadas de apoptosis.
Existen de todas formas en los organismos en desarrollo mucha más muerte celular
de la que se puede explicar, incluso antes de que las células hayan alcanzado el
grado de diferenciación que las predisponga hacia determinada función. Se
especula que la respuesta a esta muerte celular sin justificación sea un
fenómeno de selección continua dentro del proceso del desarrollo.
La muerte de las células durante el desarrollo obedece a una serie de señales.
Estas señales pueden proceder de las propias células que van a hacer apoptosis
en un proceso de autorregulación, o del exterior. El último parece ser el
mecanismo se señalización utilizado en los sistemas estudiados. La señal
externa, que puede ser un factor soluble asociado a la membrana de otras células
o a la matriz extracelular, puede inducir la supervivencia de la célula o bien
inducir su apoptosis. Un ejemplo clásico de inducción de apoptosis mediante una
señal de forma sistémica, es la perdida de la cola durante la metamorfosis de
los renacuajos en respuesta al incremento en sangre de una hormona tiroidea.
En el proceso global de desarrollo es posible que ocurra una combinación de
señales positivas y negativas para dar lugar a que esta se desarrolle de forma
favorable.
Homeostasis
Este es un término general que se emplea para designar los mecanismos encargados
de la regulación de distintos procesos dentro del organismo. Uno de estos
mecanismos de homeostasis, en que la apoptosis juega un papel muy importante, es
el de la regulación del recambio de células en los tejidos. La mayoría de los
tejidos del organismo experimentan, en mayor o menor medida, un recambio celular
sostenido por cierto grado de proliferación de las células que lo componen u
originan, acompañado de muerte y posterior eliminación de células "viejas". Esta
muerte tiene lugar por apoptosis.
El concepto de senectud de las células está en parte asociado a la acumulación
de daños en su material genético, que las convierte en potencialmente
peligrosas. Como se podrá ver a continuación, estos daños en el ADN desencadenan
respuestas mediadas por quinasas y en último lugar por el factor de
transcripción p53, que pueden culminar con la apoptosis de la célula si los
daños son suficientemente graves. Otra señal que puede desencadenar la
eliminación por apoptosis de una célula dentro de determinado tejido, es la
pérdida de adhesiones con la matriz que lo rodea. Este tipo de apoptosis por
desarraigo se denomina "anoikis" y, además de eliminar las células que ya han
dejado de formar parte del tejido al perder sus conexiones a él, evita que se
puedan unir a matrices en otras localizaciones originando una displasia.
La anoikis se descubrió en células epiteliales y endoteliales, y se ha
documentado in vivo en un tejido sujeto a un recambio constante como es la piel.
En la actualidad se está investigando el papel de moléculas de adhesión como las
integrinas, así como de otros componentes conocidos de las rutas de señalización
de apoptosis como los receptores de muerte y las caspasas en la señalización de
la anoikis.
Papel de la apoptosis en el sistema inmunitario
La muerte celular programada es muy importante para el desarrollo y
funcionamiento del sistema inmunitario, debido a que interviene en los eventos
de formación del repertorio de células T y B, en los mecanismos de tolerancia
central y periférica, en la eliminación de células autorreactivas, en el
establecimiento de la memoria inmunológica y en los mecanismos citolíticos de
células asesinas naturales y linfocitos T citotóxicos.
Es conocido que el 95% de los timocitos son eliminados en el timo por mecanismos
de apoptosis, proceso denominado selección negativa (deleción clonal), el cual
elimina la existencia de clones T autorreactivos.
También en la médula ósea existe un proceso similar de deleción de clones B,
autorreactivos en el estadio B inmaduro por entrecruzamiento de la
inmunoglobulina de superficie en ausencia de señales coestimulatorias. No
obstante, la apoptosis no se restringe a las células inmaduras.

FIGURA 1: Factores que regulan la ruta de las células T activadas, después
del reencuentro con el Aq.
También los linfocitos T maduros, bajo ciertas condiciones, pueden sufrir
apoptosis, lo que corrobora su papel inmunorregulador. Entre los factores que
pueden inducir apoptosis en células maduras están: los glucocorticoides y las
radiaciones gamma, la estimulación del complejo TCR/CD3 por anticuerpos
monoclonales, Ags nominales y superantígenos y la estimulación de los receptores
CD2, Fas/Apo-1 y TNF.
Se ha demostrado que la sensibilidad para lograr la apoptosis es más lenta en
células maduras y requiere previa activación. La ruta que siguen los linfocitos
T al ser estimulados depende de una serie de elementos que determinan si la
célula prolifera, o si muere por apoptosis.
Mecanismos selectivos
Para asegurar el funcionamiento óptimo de algunos de los sistemas fisiológicos
que componen los organismos superiores, deben existir procesos de selección
celular. Estos están basados en mecanismos de generación de variedad celular en
cuanto a su funcionalidad, seguidos de una selección de los mejores clones,
normalmente en un ambiente de competencia. Estos fenómenos reproducen en el
desarrollo del organismo, los procesos evolutivos que han dado lugar a la
especialización y optimización de las especies. De la misma forma, consiguen una
eficacia óptima de sus componentes así como una adaptación individualizada de
cada organismo, en la que la participación del medio externo tiene gran
importancia. Dentro de estros procesos de selección, la apoptosis juega un papel
fundamental como herramienta para hacer desaparecer las células que no han sido
seleccionadas.
Dos sistemas fisiológicos donde los fenómenos de selección son muy importantes
son el nervioso y el inmune, precisamente sistemas entre cuyos objetivos se
encuentran relacionar al organismo con su entorno y proporcionarle la mejor
adaptación a el. Debido a la naturaleza de trabajo, el ejemplo de proceso de
selección que se va a exponer a continuación pertenece al sistema inmune.
Selección negativa en timo
Este proceso que se lleva a cabo en el timo como etapa final de la maduración de
los linfocitos T, tiene como objeto la eliminación, por apoptosis, de los clones
de timocitos que hayan generado un receptor del linfocito T hacia el antígeno (TCR,
de T cell receptor) con especificidad hacia un Ag propio. De esta forma se hace
posible la autotolerancia en los organismos, es decir, la incapacidad de
responder a un Ag propio y por lo tanto, de desencadenar procesos autoinmunes.
En el timo tiene lugar la adquisición de tolerancia central hacia todos los Ag
que puedan ser presentados por sus células, fundamentalmente proteínas ubicuas
de membrana y suero.
Se diferencia de la tolerancia periférica adquirida en otras etapas de la
ontogenia hacia Ag propios que solo pueden ser presentados en los tejidos
periféricos. La selección de los clones T autorreactivos se lleva a cabo en la
etapa de doble positividad de los timocitos (CD4+, CD8+). Estos se unen con alta
afinidad al MHC que contiene péptidos propios y que es presentado por células
presentadoras de Ag (APC) del timo. Esta unión de alta afinidad dispara en el
timocito el programa de muerte por apoptosis. Se conoce poco acerca de los
mecanismos moleculares que dirigen este proceso, pero parece ser muy importante
en el, la presencia de las dos moléculas CD4 y CD8. Este proceso de selección
negativa, junto al de eliminación de timocitos con reagrupamientos incorrectos
en su TCR, parece ser responsable de la muerte del 95% de linfocitos T durante
los procesos de maduración en timo (Nossal 1994, revisión del Cell).
I CARACTERIZACIÓN MOLECULAR DE LA APOPTOSIS
MODELO INICIAL: C. ELEGANS
- FAMILIAS DE MOLÉCULAS IMPLICADAS EN APOPTOSIS
- Receptores de muerte:
> CD95 (APO-1/Fas)
> TNFR1
> DR3
> DR4 y DR5
> Proteínas de la familia Bcl-2
Bcl-2
Bcl-xL
Bax
> Miembros de la subfamilia BH3
- Proteínas de la familia de las caspasas
- REGULACIÓN MOLECULAR DEL PROCESO DE APOPTOSIS
Modelo inicial: C. elegans
Dentro del estudio del proceso de apoptosis que se ha venido realizando a lo
largo de los últimos años, resultó determinante la descripción de los genes
implicados en la maquinaria de apoptosis del nematodo caenorhabditis elegans (C.
elegans) pertenece a un filo formado por:
"Gusanos de piel lisa, no segmentados, con un cuerpo alargado, cilíndrico y
forma afilada en el extremo. Incluye formas libres y parásitas, ambas acuáticas
y terrestres"
Es un organismo de aproximadamente 1mm de longitud, vive en el suelo sobre
materia vegetal en descomposición, alimentándose de microorganismos. Su vida se
prolonga a lo largo de 2-3 semanas durante las cuales se reproduce. El estudio
de este nematodo fue iniciado en los años 60 por Sydney Brenner.
La ventaja que proporciona c. elegans como sistema experimental es que posee 959
células somáticas transparentes, que pueden ser estudiadas individualmente
mediante microscopía, y 17800 genes diferentes que forman su mapa genético
secuenciado íntegramente. Este organismo, a pesar de su simplicidad, desarrolla
los procesos que en organismos superiores son motivo de estudio: embriogénesis,
desarrollo, funcionamiento del sistema nervioso, comportamiento y
envejecimiento. C. elegans representa el compromiso perfecto entre la
simplicidad en su tratamiento y la complejidad de las funciones y los mecanismos
que posee, regidas por genes que se han conservado a lo largo de la evolución
hasta los mamíferos.
La apoptosis juega un importante papel en el desarrollo embrionario de c.
elegans. A partir de los estudios que Horvitz inició en 1986 (Ellis, Cell 1996
mirar bibliografia Horvitz), se estableció el número y la localización de las
células que morían por apoptosis durante el desarrollo y mediante el análisis de
mutantes se describieron los genes implicados en este mecanismo. Estos genes se
denominaron ced y se numeraron desde el -1 al -10. Ced-3. -4 y -9 regulan la
fase ejecutora de la apoptosis y el resto está implicado en los procesos de
eliminación por fagocitosis de la célula apoptótica. Posteriormente se describió
el gen EGL-1 que participa también en la regulación de la MCP (Hengertner, Cell
1998).
El complejo ejecutor formado por ced-3, -4 y -9 representa la imagen más
simplificada del programa apoptótico que se puede encontrar en células de
mamíferos. Cada una de las proteínas expresadas a partir de ellos son
equivalentes a las que, en organismos superiores, constituyen los pilares que
soportan la red de señalización de la apoptosis. CED-3 es una proteasa
equivalente a las caspasas de mamíferos, proteínas ejecutoras de la apoptosis
que desmontan la maquinaria celular degradando un grupo seleccionado de
proteínas. CED-3 se activa por homodimerización y para hacerlo posible, existe
otra proteína CED-4 capaz de interaccionar con ella y también consigo misma.
La unión de CED-3 a CED-4 y la posterior homodimerización de esta, traería
consigo la activación de CED-3. CED-4 tiene también su homologo en mamíferos,
Apaf-1, que se une a procaspasa-9 y facilita su activación. La tercera proteína
de esta maquinaria es CED-9, la pieza reguladora, que se une a CED-4 y la
inhabilita para mediar la activación de CED-3, al impedir su homodimerización
(28). Su interacción con una proteína pro-apoptótica como es EGL-1 en c. elegans,
la separa de CED-4 dejándola realizar su función activadora de la apoptosis (Hengertner,
Cell 1998). En mamíferos, esta proteína es equivalente a toda una familia con
miembros tanto pro-apoptóticos como anti-apoptóticos que regulan el proceso de
muerte celular. Las moléculas equivalentes entre los sistemas que se han
mencionado anteriormente, presentan tal homología de secuencias que muestran que
este sistema se ha mantenido totalmente conservado a lo largo de la evolución.
Los componentes del sistema que parece que han sido de adquisición más recientes
son los receptores de muertes, ya que ningún equivalente de ellos ha sido
encontrado aún en c. elegans.
De esta forma, el estudio del nematodo c. elegans estableció las bases para la
caracterización, que hoy día aún es incompleta, de la compleja red de procesos
que culminan con la apoptosis celular y que a continuación se resumen.
Familias de moléculas implicadas en el proceso de apoptosis
Receptores de muerte
Las moléculas relacionadas con el proceso de apoptosis que se han mantenido a lo
largo de la evolución, desde organismos como el c. elegans hasta los mamíferos,
llevan a cabo un programa de apoptosis iniciado por señales que provienen del
interior celular. Estas señales responden a eventos que comprometen el buen
funcionamiento de la célula dentro del entorno donde está situada: perdida de
contacto con las células que la rodean, estrés celular o señales contradictorias
y simultáneas en cuanto a la puesta en marcha o no, de su ciclo de división.
Ante esta situación, en que la célula es potencialmente peligrosa para el
sistema donde se encuentra integrada, se pone en marcha la maquinaria de
apoptosis y es eliminada.
Este sistema señalizador no puede sostener el tipo de apoptosis llamado
"instructivo" en el cual a una célula que no ha sufrido ninguno de los daños
mencionados anteriormente, se le dirige activamente hacia la apoptosis ya que su
eliminación es necesaria para llevar a cabo determinado proceso fisiológico. Los
mamíferos han desarrollado mecanismos para llevar a cabo esta forma de apoptosis
que es especialmente importante dentro del sistema inmune. En la apoptosis
"instructiva" tienen un papel fundamental los llamados receptores de muerte,
situados en la superficie de la célula, y que reciben la señal de ligandos de
muerte específicos para cada uno de ellos. Los receptores pueden dar la señal
directamente a las caspasas en pocos segundos disparando así el programa de
apoptosis.
Los receptores de muerte pertenecen a la superfamilia del receptor de TNF (TNFR)
cuyos miembros tienen en común un dominio extracelular rico en cisteina. Otro
rasgo común a todas estas moléculas señalizadoras de apoptosis es la presencia
de una secuencia situada en su dominio intracitoplasmático y que serviría para
acoplar al receptor con el resto de la maquinaría apoptótica. Los receptores de
muerte mejor caracterizados son los siguientes:
· CD95 (APO-1/Fas)
Esta proteína fue identificada inicialmente mediante un Ac dirigido contra ella
y que define un Ag presente en la superficie de células como linfocitos humanos
B y T activados, algunas líneas tumorales de origen linfoide y otros tipos
celulares como son los hepatocitos. El Ac contra CD95 se une a las células que
lo expresan provocándoles apoptosis in vitro. Por otra parte, inyectando in vivo
Ac anti-CD95 a ratones nu/nu con xenotransplantes de tumores humanos, eliminaban
estos por apoptosis de sus células (Trauth, Science 1994). El gen que codifica
para la proteína CD95 en humano se encuentra en la localización 10q23 (cromosoma
10) y consiste en una serie de 9 exones interrumpidos por 8 intrones. El dominio
extracelular de la proteína está formado por tres subdominios ricos en cisteinas,
codificados por los exones 2, 3 y 4, mientras que la zona intracitoplasmática,
incluida la región reguladora llamada "death domain", se encuentra en el exón 9.
El ligando fisiológico de CD95 se denomina CD95L y es una proteína perteneciente
a la familia del TNF (tumor necrosis factor). CD95 se expresa de forma bastante
general en los distintos tejidos. La proteína ha podido ser detectada en células
epiteliales, fibroblastos, osteoblastos y ciertos tipos de endoteliales, además
en ratón, el ARNm de la proteína se ha detectado abundantemente en timo, corazón
hígado y ovario. Por otra parte, CD95L se expresa predominantemente en células T
y NK activadas, así como de forma constitutiva en los tejidos que gozan de
"privilegio inmune". Este patrón de expresión de ambas moléculas demuestra que
deben tener implicación en una serie importante de procesos fisiológicos
relacionados con el sistema inmune.
Resulta importante a la hora de determinar el papel jugado por algunas
moléculas, estudiar el efecto que tiene su pérdida de función en ratones "knockout".
En el caso del par CD95/CD95L, existen ratones que portan las mutaciones
homocigóticas lpr (lymphoproliferation) o gld (general lymphoproliferation
disease), que se traducen por una perdida de función de los genes CD95 y CD95L
respectivamente. Estos ratones presentan una serie de alteraciones como son
linfoadenopatías y esplenomegalia por acumulación de células de origen T CD4-
CD8-, niveles elevados de autoAc y desordenes de carácter autoinmune e
inflamatorios. En el caso de las moléculas CD95/CD95L, existe también un
referente humano de la perdida de su función, ya que se ha descrito en una serie
de niños una mutación con carácter heterocigótico en el gen que codifica CD95.
Esta mutación da lugar a un fenotipo similar al de los ratones lpr y gld,
incluyendo linfoadenopatías, esplenomegalia, hipergammaglobulinemia y, de forma
variable, una serie de alteraciones autoinmunes (Fisher, Cell 1995). Estos
datos, tanto en ratón como en humano, han resultado de ayuda a la hora de
establecer una serie de procesos fisiológicos en los que la implicación de la
apoptosis mediada por la pareja de moléculas CD95/CD95L está perfectamente
demostrada. Estos procesos son:
Modulación negativa de la respuesta inmune mediante la muerte por apoptosis de
las células T activadas una vez realizada su función (Naga, Science 1995). De
esta forma se evita su acumulación. También parece estar implicada en la
delección de clones autorreactivos de linfocitos B.
Mecanismo efector de citotoxicidad por parte de linfocitos T y células NK. Se ha
demostrado un papel importante de la apoptosis vía CD95 en la citotoxicidad
mediada por células T y NK. Este mecanismo ocurre en unión al clásico, mediado
por perforina /granzima B.
Existen órganos, como el ojo o testículos; cuya estructura no podría soportar
los efectos de una respuesta inmune y su proceso inflamatorio asociado. Estos
tejidos están aislados a estos procesos y se conocen como "sitios de privilegio
inmune". Se pensaba que este "privilegio" se mantenía evitando la entrada de
células activadas en ellos. Recientemente, se ha propuesto otro mecanismo de
conservación del privilegio inmune. Las células activadas pueden entrar en estos
tejidos pero, una vez allí, son eliminadas por apoptosis vía CD95 (Griffith,
Science 1995). Esto se confirmó con el hallazgo de una expresión constitutiva de
CD95L en el epitelio y endotelio de la cornea y el iris, en las células ciliares
del ojo, así como en las células de Sertoli en el testículo, y con la
observación de que, en ratones gld, se produce una inflamación masiva en la
retina tras la infección con virus de herpes simple a diferencia de los ratones
wild-type que no presentan apenas células inflamatorias.
· TNFR1
El receptor 1 de TNF es una proteína de aproximadamente 55 kDa y se expresa en
la mayoría de los tipos celulares. Esta proteína da nombre a la familia en que
está integrada, por tanto comparte con CD95 los tres subdominios ricos en
cisteinas situados en la zona extracelular. El ligando de TNFR1 es TNF, una
citoquina producida principalmente por macrófagos activados y células T en
respuesta a infección. A diferencia de la pareja formada por CD95/ CD95L, el par
TNFR1/TNF es capaz de trasmitir a la célula dos tipos de señales muy distintas
entre sí. Por una parte, la unión de TNF a su receptor TNFR1 activa a los
factores de transcripción NFkB y AP-1 dando lugar a la inducción de genes de
carácter proinflamatorio e inmunomodulador. Por otra parte, esta unión puede dar
lugar también a una señal de apoptosis. La señalización de apoptosis por medio
de TNFR1 es mucho más limitada que la mediada por CD95. En el caso de TNFR1, la
unión de su ligando solo señaliza apoptosis en algunos tipos celulares y solo
cuando la síntesis de proteínas ha sido bloqueada. De este hecho se deduce que
debe existir en las células algún factor que bloquee las señales de apoptosis
derivadas de TNFR1. La expresión de este factor estará probablemente controlada
a través de NFkB y JNK/AP-1.
· DR3
El receptor DR3 (death receptor 3) es muy parecido en cuanto a su secuencia, a
TNFR1. Cuando se une a su ligando Apo3L, da lugar también a una doble señal que
puede llevar a la activación de NFkB o a la muerte por apoptosis de la célula.
Las moléculas que median ambas vías de la señalización son también las mismas
que en el caso de TNFR. En el único aspecto en que existen diferencias entre
ambas rutas de señalización es la expresión, tanto de receptores como de
ligandos. El mensajero de Apo3L se encuentra expresado de forma constitutiva en
muchos tejidos, mientras que DR3 se encuentra presente principalmente en bazo,
timo y sangre periférica y se induce por la activación en linfocitos T. De forma
inversa, es el receptor de TNF el que se encuentra expresado de forma ubicua
mientras que el ligando se expresa solo en linfocitos y macrófagos activados.
Esta diferencia sugiere distintas funciones biológicas para ambas vías
señalizadoras.
· DR4 y DR5
DR4 y DR5 son receptores de muerte cuyo ligando llamado TRAIL o Apo2L es el que
muestra mas similitud con CD95L aunque, a diferencia de estas molécula, su ARN
mensajero se encuentra expresado de forma constitutiva en gran cantidad de
tejidos y la expresión se eleva en linfocitos T se sangre periférica cuando
estos son estimulados. La señal a través de Apo2L produce apoptosis en una gran
variedad de líneas tumorales. Se ha descrito también en una subpoblación de
células T maduras, un aumento de la apoptosis mediada por Apo2L al tratar estas
con IL-2. Esto puede sugerir un posible papel de estos receptores en la
delección periférica de los linfocitos T (Martínez Lorenzo, Eur. J. Immunol. in
press). Otro posible papel de la apoptosis mediada por Apo2L es la eliminación
de células infectadas por virus (Jeramias, Eur. J. Immunol. 1998).
La señal de apoptosis mediada por estos receptores puede ser regulada mediante
una familia de receptores "decoy" (señuelos), DcRs, que protegen a la célula de
la apoptosis provocada por la unión de TRAIL. Uno de los miembros de esta
familia es DcR1 (TRID, TRAIL-R3 ó LIT), una proteína ligada a la superficie
celular por una unión glicosil fosfatidil-inositol (GFI), que se asemeja a la
porción extracelular de DR4 pero sin poseer ningún dominio intracitoplasmático.
DcR1 es capaz de unirse a TRAIL y su transfección en células sensibles a esta
vía de señalización reduce notablemente la apoptosis mediada por esta señal.
DcR2 (TRAIL-R4 ó TRUNDD) es también un receptor homologo a DR4 y DR5 con el
dominio intracitoplasmático truncado. Se ha demostrado que la transfección con
DcR2 inhibe la apoptosis mediada por TRAIL de forma no activa, ya que la
eliminación de su dominio interno no influye en su actividad inhibidora. Todos
estos datos indican que, tanto DcR1 como DcR2 compiten con DR4 y DR5 por la
unión de TRAIL, dificultando así que la señal de apoptosis sea transmitida a
través de estos receptores.
Proteínas de la familia Bcl-2
Un proceso como la apoptosis, que culmina con la muerte de las células y que se
cuenta con casi la totalidad de la maquinaria para llevarse a cabo ya
sintetizada, a falta solo de la señal que la ponga en marcha, necesita de
mecanismos de regulación de gran exactitud y seguridad. Una de las vías de
regulación de la apoptosis más importantes es llevada a cabo por una familia de
proteínas que cuenta en la actualidad con al menos 15 miembros en mamíferos y
otros tantos en virus, y que tiene como característica, la homología de todos
sus miembros con Bcl-2 que fue la primera que se describió. Las moléculas de
esta familia tienen su equivalente en el sistema de c. elegans. Una de sus
proteínas encargadas de llevar a cabo el programa de apoptosis, CED-9, muestra
gran similitud tanto estructural como funcional con Bcl-2 impidiendo la
activación de CED-3, efectora de la apoptosis, por CED-4.
La descripción del primer miembro conocido de la familia, Bcl-2, se realizó al
estudiar el punto de corte en la translocación t(14:18), presente en el 85% de
los linfomas foliculares de células B humanas. Esta translocación trasladaba un
protoconcogen, al que se denominó bcl-2, desde su posición normal en 18q21 hasta
el locus de la cadena pesada de la inmunología en 14q32. Esto colocaba a bcl-2
bajo las órdenes del promotor de la cadena pesada de inmunoglobulina,
desregulando su trascripción y dando como resultado la sobreexpresión de Bcl-2
en las células de linfoma.
A partir de la descripción de esta proteína, tuvieron lugar otras muchas
descripciones de moléculas que guardaban homología con esta y que tenían
carácter anti o pro-apoptótico. Lo que identifica a todas estas proteínas como
miembros de una sola familia es la presencia en su estructura de al menos una de
cuatro secuencias consecutivas descritas y que se numeran desde BH1 a BH4. De
estos dominios parece que BH3 está directamente relacionado con una función pro-apoptótica
y el resto de ellos con una función anti-apoptótica. La estructura que presentan
está también condicionada a la presencia de estos dominios. BH1, BH2 y BH3
forman una a-hélice cada uno de ellos y cuando están presentes en la misma
moléculas, por ejemplo Bcl-x, pueden formar una hendidura hidrofóbica, en la
cual podría encajar la a-hélice formada por el dominio BH3 si se encontrara en
otra molécula de la familia orientado hacia el exterior.
Este dato estructural explica el importante papel que tiene en el funcionamiento
de estas moléculas las homo y heterodimerizaciones, que tienen lugar ente ellas
y que pueden dar lugar a su activación o inactivación. De esta forma, se crearía
un equilibrio entre ellas en el que sería de vital importancia sus cantidades
relativas. La heterodimerización no es necesaria para la actividad de los
miembros anti-apoptóticos de la familia y para los pro-apoptóticos del grupo Bax.
Sin embargo, es muy importante para los miembros pro-apoptóticos del grupo BH3
que basan gran parte de su funcionamiento en la unión a las proteínas anti-apoptóticas
alterando su actividad. Los miembros más estudiados y que poseen una relación
con el sistema inmune mejor establecida son los que se exponen a continuación:
· Bcl-2
Es la proteína prototipo de esta familia. Pesa 26 KDa y posee los cuatro
dominios que la definen (BH1-BH4). Bcl-2 es una proteína integral de membrana y
se encuentra en la cara citoplasmática de la membrana externa de la mitocondria,
el retículo endoplásmico y la envuelta nuclear. Es en esas membranas, gracias a
que puede formar una estructura similar a un poro, donde se desarrolla una de
sus posibles funciones: modificar el flujo de moléculas o pequeñas proteínas a
través de ellas, interviniendo en la estabilidad de orgánulos como la
mitocondria ante la existencia de posibles daños. Su sobreexpresión puede evitar
o al menos retrasar varias formas de muerte celular programada como las
inducidas por retirada de factores de crecimiento, irradiación g,
glucocorticoides y múltiples drogas quimioterápicas.
En contraste, parece no influir en otros mecanismos de apoptosis como, por
ejemplo, la señalización vía CD95 en la mayoría de los tipos celulares. A la
hora de establecer el papel fisiológico realizado por Bcl-2, debe estudiarse el
fenotipo que presenta el ratón knockout para el gen que lo codifica. El animal
se desarrolla normalmente pero termina mostrando una exagerada apoptosis de
linfocitos y melanocitos, así como lesiones neuronales e intestinales y una
enfermedad renal terminal. Esto lleva a pensar que Bcl-2 no tiene un papel muy
importante, o al menos tiene un papel redundante, en el desarrollo embrionario
pero, ya después, interviene en la regulación de la apoptosis en linfocitos,
neuronas y el resto de células y tejidos mencionados anteriormente.
· Bcl-xL
Bcl-xL es una de las proteínas más estrechamente relacionada con Bcl-2, tanto en
su estructura como en su función. Posee los cuatro dominios BH y su peso
molecular es de 30 KDa. Su sobreexpresión puede mediar una resistencia
significativa a la muerte celular por apoptosis dependiente de deprivación de
factor de crecimiento. Se ha estudiado la expresión del ARNm de esta molécula y
parece encontrarse en una gran variedad de tejidos entre los que destaca algunas
poblaciones del sistema hematopoyético y el sistema nervioso central. Esta
distribución preferencial puede sugerir algunos de los papeles fisiológicos que
puede jugar la expresión de esta proteína.
La expresión del mensajero de esta molécula en tejido neural adulto es alta y
constitutiva y esto puede estar relacionado con la capacidad de este tejido de
mantener la viabilidad celular postmitótica durante largos periodos de tiempo.
Un dato que hace importante a la molécula Bcl-xL en el contexto de este trabajo
es que, dentro de la ontogenia de los linfocitos B, Bcl-xL se expresa en dos
momentos muy concretos: uno es el estadio pre-B y otro es durante la estancia de
las células en los CG, justo al mismo tiempo en que se produce una "downregulation"
de Bcl-2. Estos datos acompañados de experimentos en que se estudia el efecto de
la sobreexpresión de Bcl-xL sobre la respuesta inmune a nivel de órganos
linfoides secundarios revelan un importante papel de la proteína Bcl-xL en estos
territorios aunque no se ha podido establecer aún su mecanismo de acción. El
ratón knockout para este gen es inviable lo que demuestra su enorme importancia
también el desarrollo embrionario.
· Bax
Esta proteína es uno de los miembros pro-apoptóticos más importantes de la
familia. Le da nombre a la subfamilia Bax, su peso molecular es de 21 KDa y
posee los dominios BH1, BH2 y BH3 aunque son BH1 y BH2 los que guardan una
estrecha homología con Bcl-2. Bax está ampliamente expresado en los distintos
tejidos y su sobreexpresión acelera la muerte en respuesta a distintas señales.
Lo que ha hecho recientemente a Bax objeto de estudio es su implicación en los
fenómenos mitocondriales de la apoptosis y su capacidad de llevar a cabo una
forma de muerte celular programada independiente de muchos de los mecanismos de
regulación y ejecución de este proceso. Esto parece estar relacionado con su
capacidad para interaccionar con los canales que controlan la permeabilidad y el
flujo ionico en dicho orgánulo.
Miembros de la subfamilia BH3
Esta subfamilia está compuesta solo por miembros proapoptóticos que, excepto por
el dominio BH3, no muestran homología con Bcl-2. Para ejercer su actividad,
estas proteínas pueden formar heterodímeros con miembros antiapoptóticos de la
familia. Para ello, el dominio BH3 de los miembros de este grupo puede
introducirse en el hueco hidrofóbico formado por la asociación de las regiones
BH1, BH2 y BH3 de los miembros antiapoptóticos. Un ejemplo de la acción de esta
familia de proteina es la ejercen dos de sus miembros Bid y Bik sobre la
mitocondria, donde inducen la liberación de citocromo c y posterior apoptosis (Shimizu,
PNAS, 2000).
Proteínas de la familia de las caspasas
Dentro de la maquinaria que lleva a cabo el programa de apoptosis, los miembros
ejecutores son una serie de proteasas englobadas bajo el nombre de caspasas.
Este sistema ejecutor se ha mantenido a lo largo de la evolución y, tras su
descripción en c. elegans, se encontró el equivalente en mamíferos gracias a la
homología que presentaban ambas moléculas. Esta primera proteasa encontrada en
mamífero se denominó ICE (interleukin-1b-converting enzime) o caspasa-1 (cisteina-aspartasa-1)
y es precisamente uno de los pocos miembros de la familia al que no se le ha
podido hallar relación directa con el proceso de apoptosis, sino más bien con el
de la inflamación.
La familia de las caspasas en humanos está formada hasta el momento por 11
miembros descritos, y todos ellos tienen en común que se encuentran en forma de
zimógeno o proenzima con una estructura bien definida: a) el dominio N-terminal
es muy variable tanto en su secuencia como en su longitud y tiene funciones de
regulación y activación, b) la región catalítica está formada por dos dominios,
uno grande ("20 KDa) y otro pequeño ("10 KDa), que darán lugar a las dos
subunidades del enzima una vez activada. Las caspasas se dividen en dos grupos
según la longitud de su región reguladora N-terminal o prodominio. Las caspasas
con prodominio largo como son la -1,-2, -4, -5, -8, y -10 parecen estar
involucradas en funciones de regulación de la activación de la cascada.
Ejemplos bien conocidos de este grupo son las procaspasas -8 y -10 que contienen
en sus largos prodominios repeticiones de una secuencia de interacción proteina-proteina
llamada dominio efector de muerte o DED (death effector domain) y las
procaspasas -1, -2, -4, -5 y -9, que contienen dominios de reclutamiento de
caspasas o CARDs (caspase recruitment domains). La presencia en su estructura de
estas secuencias unido a su localización cercana a la membrana plasmática hacen
posible su reclutamiento hacia el complejo formado en torno a receptores de
superficie señalizadores de apoptosis como CD95 y TNF, activándose allí y dando
lugar al comienzo de la cascada de proteolisis. Por esta situación dentro del
proceso se las conoce como caspasas iniciadoras. El otro grupo está compuesto
por las caspasas con prodominio corto como son las caspasas -3, -6 y -7. Estas
parecen estar situadas "downstream" en la cadena y se ha demostrado in vitro que
son activadas por alguna de las caspasas iniciadoras. Los estudios realizados
sugieren que estas caspasas llamadas efectoras son las que actúan al final de la
cascada sobre los componentes celulares, proteolizándolos.
Las caspasas realizan su función enzimática de forma específica y eficaz. Cortan
una cisteina precedida por un aspártico, cuando existe en el sustrato una
secuencia de reconocimiento compuesta de cuatro aminoácidos y que varía
significativamente entre las diferentes caspasas. Además, es necesario que la
proteína sustrato posea también una estructura terciaria que le permita ser
reconocida por las caspasas. A la hora de estudiar el papel de las caspasas en
los distintos sistemas, se utilizan péptidos inhibidores sintéticos, que
compiten con los sustratos fisiológicos por el sitio activo del enzima. Estos
péptidos pueden ser específicos para bloquear la acción de una o varias caspasas
o generales. También existe variabilidad en cuanto a la reversibilidad de su
efecto.
El mecanismo de acción de las caspasas tiene importancia a la hora de explicar
tanto su papel dentro de la apoptosis como su activación. Todas las caspasas se
activan por proteolisis y cumplen todas las condiciones para que esta activación
sea llevada a cabo por otras caspasas.
Una de estas moléculas activa a la otra cortando entre sus dominios. De esta
forma, el prodominio se pierde y la enzima activa queda formada por un
heterodímero compuesto por la subunidad grande y la subunidad pequeña. Ambas
subunidades aportan al sitio activo residuos encargados tanto del reconocimiento
de sustrato como de la catálisis. A la hora de actuar, las caspasas lo hacen en
forma de tetrámero, dos unidades enzimáticas que se unen entre sí manteniendo
ambos sitios activos independientes (55/5 o 6). Este proceso de activación puede
permitir a las caspasas realizar su función con un efecto cascada que se va
amplificando a si mismo desde que se da la señal de inicio. En cuanto a esto, se
ha especulado mucho sobre como tiene lugar la señal que determina la primera
autocatálisis activadora que disparará el sistema. Este sería además uno de los
puntos donde podría establecerse una regulación del sistema.
Existe una hipótesis basada en la observación de que la sobreexpresión de
determinadas procaspasas en la célula hace que estas se agrupen y se
autoactiven. Esto sugiere que las caspasas iniciadoras podrían encontrarse como
monómeros a bajas concentraciones y que la molécula adaptadora unida al receptor
de muerte serviría para unirlas propiciando su autocatálisis. Existe también un
modelo llamado "de autocatálisis facilitada" que postula que las caspasas se
encuentran en la célula formando complejos o con una conformación tal, que
previene su autocatálisis. Un cofactor actuaría facilitando la activación, bien
cambiando la conformación de las misma, o bien liberando un inhibidor del
complejo formado, de forma que se permitiese la autocatálisis de la proteína y
el comienzo de la señal apoptótica.
En cuanto a los sustratos celulares sobre los que actúan las caspasas, estos son
un número determinado de proteínas que son cortadas de manera coordinada con la
finalidad de hacerles perder su función o modificársela, de tal manera, que la
organización celular resulte desmantelada. La ruptura de sustratos por parte de
las caspasas produce estos efectos en el proceso general:
- Llevan a cabo una degradación de moléculas implicadas en proteger a la célula
del proceso de apoptosis como es el caso de ICAD/DFF45, la molécula que mantiene
inhibida a CAD, la nucleasa responsable de la degradación del DNA durante la
apoptosis. Otras moléculas protectoras de la célula y que son degradadas por
caspasas son alguno de los miembros anti-apoptóticos de la familia Bcl-2. En el
caso de estas proteínas, la proteolisis libera un fragmento que tiene poder pro-apoptótico
por si mismo. De esta forma, las caspasas realizan una alimentación positiva de
su propio efecto.
- Degradan también moléculas implicadas directamente en la estructura celular
como son la quinasa de adhesión focal o FAK (focal adhesion kinase) y la quinasa
2 activada por p21, modificando su actividad. En otras ocasiones, como en el
caso de la gelsolina, la rotura por caspasa le hace perder la región reguladora
pasando a expresarse de forma constitutiva.
- Otras proteínas degradadas por las caspasas son algunas de las relacionadas
con la reparación en el ADN y con los procesos de replicación y transcripción
del ADN (DNA-PKCS) o la poli (ADP-ribosa) polimerasa (PARP). En este último
caso, no está aún claro que objetivo persigue la ruptura de estos sustratos
dentro del programa general de apoptosis.
Ante el gran número de caspasas que existen, aparentemente con funciones
intercambiables, se plantea la cuestión de si existe una función redundante te
todas ellas o si lo que ocurre, es que su actividad es específica de cada
tejido. Experimentos con ratones knockout para varios miembros de las caspasas
proporcionan una respuesta a esta pregunta, además de ilustrar sobre el papel
fisiológico de estas proteasas. Estos estudios concluyen que existe una
activación de las caspasas dependiente tanto del tejido como del estímulo
desencadenante de la apoptosis.
Por último, la actividad de las caspasas va acompañada de la acción de sus
inhibidores al igual que ocurre con otros sistemas proteolíticos. Se han
identificado varios de estos inhibidores en virus. Los mejor estudiados son CrmA
y p35. CrmA (cytokine response modifier A) es una molécula producida por el
virus cowpox. Inhibe potencialmente las caspasas -1 y -8, y bloquea la apoptosis
causada por TNF, CD95, la provocada por retirada de suero u otros factores de
crecimiento, así como la que se origina tras romper las uniones de la células
con la matriz extracelular. p35 es una proteína de baculovirus que bloquea
principalmente la apoptosis producida por infección viral. Aunque estos
inhibidores han sido encontrados solo en varios virus, existe una familia de
proteínas inhibidoras de apoptosis (IAPs), alguno de cuyos componentes se han
descrito ya en humanos. Se ha descrito in vitro una potente activación selectiva
de caspasa-3 y-7 por parte de IAP, aunque el mecanismo de esta inhibición
continua sin aclararse.
Regulación molecular del proceso de apoptosis
Hasta este momento se ha podido ver la descripción de los componentes más
importantes de la maquinaria de apoptosis en mamífero, así como un pequeño
esbozo de su función dentro del sistema. Dentro del proceso de apoptosis, todos
estos elementos se encuentran coordinados entre sí, tanto física como
funcionalmente y aportan al sistema global una gran variedad tanto de rutas de
iniciación en respuesta a muy diferentes estímulos, como de puntos de
regulación. En la vía señalizadora de apoptosis que, más que una forma lineal,
presenta una estructura reticular muy ramificada en sus inicios y que después va
confluyendo hacia rutas comunes para terminar en una o unas pocas, tienen
especial importancia esos puntos de regulación.
Existen sobre todo algunos, situados al final dentro de la red, donde se deciden
acciones tan drásticas para la integridad celular que constituyen auténticos
puntos de no retorno.
A la hora de entender la interacción existente entre la señal de apoptosis y la
puesta en marcha de la cascada de proteolisis mediada por caspasa, es necesario
conocer la existencia de una serie de proteínas, los adaptadores. Entre estos
adaptadores se encuentran FADD, TRADD y Apaf-1. FADD (Mort-1), es una proteína
que sirve de puente entre CD95 y la procaspasa-8. Para ello posee dos regiones
de unión que son las que distinguen a las moléculas adaptadoras. Por una parte,
un dominio DD (death domain) por el cual se une a una región homologa presente
en la región intracitoplasmática de CD95, y por la otra, un dominio DED (death
effectot domain), ejemplo partículas del dominio CARD (caspase recruitment
domain) de unión homotípica que poseen tanto las moléculas adaptadoras como las
caspasas de prodominio largo y, que en este caso, le sirve para unirse a
procaspasa-8. La perdida de FADD, estudiada mediante ratones knockout, es letal
en la etapa embrionaria, lo que muestra que FADD debe tener otras funciones de
señalización críticas, además de servir de puente entre CD95 y procaspasa-8.
TRADD es el adaptador que se une mediante un dominio DD a la región
intracitoplasmática de los receptores de superficie TNFR1 y DR3, y actúa como
plataforma de emisión de varias señales, mediante su unión con otros
adaptadores.
La unión de TRADD con FADD, también por la región DD, media la activación de
procaspasa-8 como se vió anteriormente. Poe otra parte, TRADD puede unirse
también al complejo ofrmado por RIP (que posee también dominio DD) y TRAF2,
dirigiendo la señal hacia la activación de NF-kb. Por último, la proteína Apaf-1,
homologa de la proteína de c. elegans.CED-4, actua como molécula adaptadora a
nivel de mitocondria, uniendose a procaspasa-9 a través de un dominio CARD que
posee en su extremo N-terminal. Apaf-1 tiene la capacidad de homodimerizarse,
facilitando la agregación de la procaspasa como se vera a continuación. El papel
de Apaf-1 es muy importante, como se demuestra en el efecto que su ausencia
tiene en el ratón knockout, que muere durante la embriogénesis con graves
alteraciones craneofaciales, sobrecrecimiento del cerebro y malformaciones en el
ojo. El inicio de la señal de apoptosis puede encontrarse tanto fuera de la
célula, en los receptores de superficie, como dentro de ella respondiendo a
estímulos de estrés celular a nivel de mitocondria o a disfunciones dentro del
ciclo celular.
Los receptores en la superficie de la célula como CD95 y TNFR1 dan comienzo a la
señal de apoptosis realizando un reclutamiento de procaspasa-8. Para ello,
interviene la molécula adaptadora FADD que en el caso de CD95 se une de forma
directa y en el de TNFR1 lo hace a través de la molécula intermedia TRADD (TNFR-associated
death domain). La proteína FADD contiene un dominio DED que recluta varia
subunidades de procaspasa-8. TNFR1 puede dar lugar también a la activación de
otras procaspasas mediante la unión de otras moléculas adaptadoras como son
RAIDD y RIP2 que contienen regiones CARD, el otro dominio de interacción
proteina-proteina que sirve para el reclutamiento de procaspasas. A partir de
esta activación se desencadena el proceso. Otro punto de inicio de la señal de
apoptosis es la mitocondria. Existe una molécula, Apaf-1, homologa en mamíferos
de la proteína CED-4 de c. elegans, que puede unir procaspasa-9 mediante la
interacción de sus regiones CARDs. Apaf-1 posee además otra región capaz de
mediar su homodimerización y por tanto la unión de las procaspasas-9, lo que
lleva a su autocatálisis y posterior activación. En todos estos sistemas, el
complejo formado por los receptores, los adaptadores y la procaspasa se denomina
apoptosoma, y es la formación de este complejo lo que da lugar a la activación
de la procaspasa.
En el caso de Aaf-1, para llevar a cabo el proceso de formación de este
apoptosoma es necesaria la presencia de ATP y de citocromo c, una molécula de
pequeño tamaño liberada por la mitocondria. De esta forma, la liberación de
citocromo c por parte de la mitocondria puede mediar la activación de la
procaspasa-9. Esta señal de activación puede venir de la mitocondria en si misma
como respuesta a distintas formas de estrés celular o también, puede formar
parte de un bucle de amplificación de la señal mediada por receptores de
superficie en la que interviene la mitocondria. En este bucle de amplificación
interviene una proteína pro-apoptótica de la familia Bcl-2, Bid, que es
procesada por caspasa-8 dividiéndose en dos fragmentos. Uno de ellos, el C-terminal,
actúa sobre la mitocondria haciéndole liberar al exterior citocromo c, que
activa el apoptosoma formado por Apaf-1 y procaspasa-9 llevándole a su
procesamiento. De esta forma, en apoptosis mediada por receptor de muerte en las
que existen pocos precursores de caspasa-8, la señal se amplifica mediante este
sistema. Este punto de la red de señalización es susceptible a regulación por
miembros anti-apoptóticos de la familia Bcl-2, que actuarían inhibiendo el
transporte de citocromo c al exterior y estabilizando la membrana mitocondrial.
Por eso la apoptosis mediada por receptor no se afecta por proteínas de la
familia Bcl-2 excepto en los casos en que en esta ruta tiene gran peso la
amplificación llevada a cabo por Bid en la mitocondria.
En cuanto a la señal de muerte que parte exclusivamente de la mitocondria, puede
responder a una gran variedad de estímulos que impliquen estrés celular como son
algunas drogas, radiaciones, agentes oxidantes, sobrecarga de Ca++, etc. Algunos
de estos estímulos actúan directamente sobre la mitocondria y otros lo hacen a
través de moléculas mediadoras como son las ceramidas, segundos mensajeros en la
señalización de apoptosis y Bax, un miembro pro-apoptótico de la familia Bcl-2
muy importante en la apoptosis mediada por mitocondria.
Los efectos de estas señales en la mitocondria se traducen en una serie de
alteraciones en el buen funcionamiento del orgánulo. Se produce una liberación
de citocromo c, ruptura de la cadena de transporte de electrones, liberación de
iones superoxido y una hiperpolarización de la membrana interna que puede
terminar con una expansión de la matriz y ruptura de la membrana externa de la
mitocondria. Otros efectos sobre la mitocondria son la inducción del poro
mitocondrial que quedaría permanentemente abierto, permitiendo la entrada de
agua y solutos en la matriz con el consiguiente choque osmótico, y la liberación
del factor inductor de apoptosis (AIF), que se ha demostrado que procesa
procaspasa-3 in vitro. También la activación de Bax que puede formar, como otros
miembros de la familia Bcl-2, un canal en la membrana de la mitocondria que en
su caso, en lugar de estabilizarla como ocurre con los miembros anti-apoptóticos
de la familia, haría lo contrario.
Por último, existen señales de apoptosis que tienen su inicio en el núcleo y
esto es debido a que, en el contexto de un organismo pluricelular, una célula
que ha adquirido por daños en el ADN un carácter neoplásico debe ser eliminada
por apoptosis, ya que la desaparición de una célula no supone ningún perjuicio
al organismo y en cambio su transformación si. Existen en la célula mecanismos
capaces de detectar daños en el ADN y discriminar entre las dos posibles
respuestas celulares a estos daños. La reparación, que puede ser útil en el caso
de células que se van a diferenciar de forma inminente perdiendo su capacidad
mitótica (ej: células epiteliales), la apoptosis o la detención de la célula en
los estadios G1 y G2 del ciclo, lo cual es una forma de muerte ya que la célula
queda genéticamente inhabilitada de manera irreversible. Las respuestas
celulares a daños genéticos están mediadas por quinasas, de las que cabe
destacar dos: ATM y la quinasa dependiente de ADN, DNA-PK. Ambas dirigen una
serie de respuestas entre las que se encuentran activación del ciclo, detención
del crecimiento celular, reparación y apoptosis. ATM y posiblemente DNA-PK
actúan sobre el factor de transcripción p53. Este factor se encuentra
normalmente a bajos niveles ya que es degradado por la proteína Mdm-2. El daño
en el ADN induce fosforilación de p53 o Mdm-2, en el caso de Mdm-2 posiblemente
por DNA-PK. La fosforilación inhibe la interacción de ambas proteínas y por
tanto p53 se estabiliza, incrementando su expresión y activándose.
La activación de p53 puede dar lugar a dos respuestas:
Detención en el ciclo celular de forma irreversible mediante la inducción de
p21, un inhibidor de la quinasa dependiente de ciclina (Cdk).
Apoptosis mediante un mecanismo que aun permanece sin determinar pero en el que
parece que influye la activación de genes como el de Bax y otras moléculas. Se
han podido comprobar también otros mecanismos como transrepresión de genes anti-apoptóticos
y otros mecanismos no transcripcionales.
Esta es la visión general de la red de eventos que rigen la apoptosis. Existen
dentro de toda esta compleja red numerosos procesos aún por determinar,
relaciones por establecer y mecanismos por entender dentro de un programa
encaminado por igual a asegurar la vida de la célula y a procurar su muerte
rápida y efectiva.
I EVENTOS CELULARES DEL PROCESO DE APOPTOSIS
CAMBIOS EN LA MEMBRANA PLASMÁTICA
- CAMBIOS EN LA MITOCONDRIA
- CAMBIOS NUCLEARES
- ELIMINACIÓN DE LA CÉLULA APOPTÓTICA
Cambios en la membrana plasmática
La membrana plasmática de la célula es uno de los lugares donde se hacen más
evidentes los efectos de toda la serie de modificaciones bioquímicas que
constituyen la apoptosis. Esto hace que la célula adquiera un aspecto
típicamente apoptótico caracterizado por la disminución de tamaño, el
aislamiento respecto de las células que la limitan (en el caso en que sea
adherente) y el redondeamiento de su forma. Se generan también unas estructuras
a modo de pequeñas evaginaciones esféricas surgidas a partir de la membrana, que
se denominan blebs y que confieren a la célula un aspecto "boiling" (hirviente)
al inicio del proceso y "pop-corn like" (forma de palomita de maíz) en los
últimos estadios, cuando a los blebs se les han unido los cuerpos apoptóticos de
tamaño mucho mayor y con contenido nuclear.
En las células apoptóticas se producen también cambios en la simetría de los
fosfolípidos de membrana. Esto no se puede apreciar con la simple observación de
la célula al microscopio, pero se puede detectar mediante técnicas de
fluorescencia y, de hecho, resultan muy útiles a la hora de identificar
poblaciones de células apoptóticas. La bicapa lipídica que forma la membrana
plasmática de la célula tiene una composición y orientación muy determinada. Su
distribución asimétrica se describió por primera vez hace 20 años (Bretcher,
Nature 1972) y parece que este concepto se ha hecho extensivo a todos los tipos
celulares de organismos eucariotas. De los fosfolípidos que forman la bicapa,
los que contienen colina, esfingomielina y fosfatidilcolina, están orientados al
exterior, mientras que la mayoría de los aminofosfolípidos, fosfatidilserina y
fosfatidiletanolamina, están orientados hacia el interior. Esta orientación de
la membrana no es un hecho estático, sino que es fruto de una dinámica en la que
continuamente los fosfolípidos se mueven cruzando la membrana en ambas
direcciones hasta conseguir el equilibrio que garantice la correcta
arquitectura. En la estabilidad de esta intervienen interacciones lípido-lípido,
lípido-proteína y proteína-proteína, así como la acción de tres enzimas: flipasa,
flopasa y scramblasa, que median los movimientos de los fosfolípidos en una
forma ATP y Calcio dependiente (234). La enzima flipasa transporta rápidamente
los aminofosfolípidos (PS y PE) desde la membrana externa hacia la interna de
una forma dependiente de ATP. La flopasa, otra enzima dependiente de ATP,
transporta lentamente y de forma no especifica fosfolípidos de la membrana
interna a la externa. Por último, la scramblasa se activa con un incremento del
calcio intracelular y, de forma muy rápida, induce una aleatorización de la
distribución de fosfolípidos.
Durante la apoptosis, ocurre una perdida de la asimetría de la membrana y por
tanto una externalización de PS como uno de los eventos más precoces. Existe muy
poca información sobre el mecanismo de esta alteración aunque puede que, por una
parte, el aumento intracelular de Ca++ y, por otra, las alteraciones en los
niveles de PIP2 que se dan durante la apoptosis ocasione un desacople de las
enzimas encargadas de mantener la asimetría. Este evento es muy importante para
el proceso general de la apoptosis ya que "marca" a las células para su
posterior fagocitosis como se verá a continuación.
La otra alteración de la membrana asociada a apoptosis que es la formación de
blebs, presenta también una gran cantidad de incógnitas en lo que se refiere a
su mecanismo de formación. Es bien conocido que durante la apoptosis se produce
una reorganización del citoesqueleto por la proteolisis de muchos de sus
componentes y esto puede dar lugar a la formación de estas estructuras, de cuyo
posible papel fisiológico trata parte de este trabajo.
Cambios en la mitocondria
Como se ha mostrado en apartados anteriores, la mitocondria juega un papel muy
importante dentro del proceso de apoptosis. Su función amplificadora de la
señal, iniciada por las caspasas, asegura la culminación del proceso incluso
ante la existencia de un reducido número de moléculas de proenzima actuando como
unidades iniciadoras. Así mismo aporta a la ruta ejecutora de la apoptosis un
sitio de regulación mediante las proteínas de la familia Bcl-2. Finalmente, en
ausencia de caspasas, como se ha demostrado en sistemas tratados con inhibidores
de estas, es capaz de mediar por si sola una forma de muerte celular mucho mas
lenta y de características atípicas cuya relevancia fisiológica se está
estudiando.
Debido a esta fuerte implicación en el proceso, la mitocondria es uno de los
orgánulos celulares que sufren numerosos cambios en su funcionamiento a lo largo
de este. Estos cambios en su función no se corresponden con cambios morfológicos
ya que la mitocondria mantiene su apariencia intacta durante prácticamente todo
el proceso, a diferencia de lo que ocurre en la necrosis.
A nivel molecular, en la mitocondria se disparan mecanismos propios del programa
de apoptosis, además de darse una serie de disfunciones en los procesos
bioquímicos llevados a cabo en este orgánulo que pueden, por si mismos a largo
plazo, conducir a la célula a la muerte. Estos mecanismos y disfunciones son:
- Se produce un desacople en la cadena de transporte de electrones así como una
detención del metabolismo energético. Esta alteración se ha observado en
apoptosis de timocitos producida por radiación g y en la apoptosis vía CD95. La
ceramida, un segundo mensajero implicado en la señalización de apoptosis,
provoca la detención de la cadena en un punto determinado, según se ha podido
comprobar tanto en células como en mitocondria aislada. Como consecuencia de
esto, se produce una caída en la producción de ATP, pero esto ocurre a largo
plazo y no parece estar implicado en la inducción de apoptosis.
- Producción de especies reactivas de oxigeno. Dentro de la cadena de transporte
electrónico se estima que entre un 1 y un 5% de los electrones se pierden
participando principalmente en la formación de iones superoxido O2-. Al perder
eficiencia la cadena de transporte durante la apoptosis, se incrementa la
formación de estos radicales libres. Aunque la tardía formación de estas
especies y el normal desarrollo de la muerte celular en condiciones de
anaerobiosis cuestionan su necesidad dentro del proceso, no existen aún bases
suficientemente consolidadas como para excluirlos de él.
- Liberación de citocromo c. Una gran variedad de agentes pro-apoptóticos
inducen en la mitocondria la liberación de citocromo c. Esta molécula, cuya
liberación es independiente de caspasas en la mayoría de los sistemas estudiados
(hay que hacer la excepción de la liberación inducida por CD95) es una pieza
imprescindible en el apoptosoma formado por Apaf-1 y procaspasa-9, y le lleva a
su procesamiento hasta dar lugar a caspasa-9 activa. La liberación de citocromo
c en respuesta a estímulos pro-apoptóticos se inhibe por la presencia de Bcl-2.
- Fallo en el mantenimiento del potencial transmembrana. El potencial
mitocondrial transmembrana proporciona una distribución asimétrica de protones y
otros iones en ambas caras de la membrana interna de la mitocondria, dando lugar
a un gradiente tanto químico como eléctrico. Durante la apoptosis se ha
observado una ruptura de este potencial como rasgo muy temprano. La causa de
esta reducción del potencial transmembrana se produce por la apertura de un gran
canal llamado poro de transición de permeabilidad (PT) mitocondrial. Este poro
está formado por proteínas de la membrana interna, como el translocador de
nucleótido adenina (ANT) y de la membrana externa, como la porina o canal
aniónico voltaje dependiente (VDAC). Los componentes de ambas membranas se
acoplan entre sí constituyendo un punto de contacto entre ambas membranas a
través del cual pueden pasar moléculas de peso = 1,5 KDa. Su función
fisiológica, según está en estudio, es permitir la liberación de Calcio al
citoplasma y la entrada de proteínas importantes para mantener el potencial
transmembrana hacia la matriz mitocondrial, todo esto mediante breves pulsos de
apertura. El hecho de que algunos estímulos inhibidores de apoptosis actúan
sobre el poro, impidiendo su apertura, hace pensar que pueda tener un papel en
el proceso de apoptosis. El lugar del poro PT dentro del programa de ejecución
de la apoptosis parece estar "downstream", tanto de la liberación de citocromo c
como de la activación de las caspasas. En cambio, tanto las caspasas como la
proteína Bax si parecen facilitar su apertura permanente, lo que induciría una
nueva liberación de citocromo c y de un factor pro-apoptótico mitocondrial (AIF)
que a su vez inducirían activación de caspasas. Esto sitúa al poro PT como lugar
de amplificación de la señal de apoptosis. Independientemente de estos efectos,
la apertura del poro PT puede dar lugar a una desregulación del volumen de la
mitocondria por hiperosmolaridad en la matriz. Esto la llevaría a expandirse
hasta romper la membrana externa con la consiguiente liberación del contenido
del espacio intermembrana al citosol.
- Formación de poros por las proteínas de la familia Bcl-2. Como se expuso en el
apartado anterior, la mayoría de los mecanismos apoptóticos que tienen lugar en
la mitocondria están regulados por el equilibrio entre los miembros de la
familia Bcl-2. Uno de los mecanismos de regulación de esta familia se basa en la
formación de poros en la membrana. Por eso, a todas las alteraciones adquiridas
por la mitocondria enumeradas hasta ahora, hay que añadir la acción reguladora
de estas proteínas.
Cambios nucleares
El aspecto del núcleo de una célula apoptótica se convierte en lo más
característico de esta. Aunque existen variaciones entre los distintos tipos
celulares, en general se produce un aumento en la densidad de la cromatina que
comienza formando parches alrededor de la envuelta nuclear y terminan dando
lugar a una o varias esferas densas en las últimas etapas. Los cambios iniciales
se acompañan de una reducción del núcleo. Esta alteración en la cromatina es
fruto de la ruptura de la lámina nuclear, estructura que se encuentra bajo la
envuelta nuclear, y que participa en su estabilidad. Además de estos cambios
morfológicos, en el núcleo celular se produce durante la apoptosis, la
fragmentación del ADN en una escalera de subunidades regulares que resultan del
corte al azar entre los nucleosomas, Llegan a sumarse hasta un millón de cortes
dando como consecuencia una situación en la que la transcripción se para, ya que
no existe forma de ser reparada. Se conoce muy poco sobre el papel que este
fenómeno puede jugar dentro del proceso global de la apoptosis.
La ruptura del ADN es llevada a cabo por una endonucleasa que se activa vía
caspasas. Esta endonucleasa fue primero descrita en ratón y se la denominó CAD (caspase-activated
dexyribonuclease). Esta enzima se encuentra normalmente en el citoplasma de
forma inactiva, por efecto del inhibidor ICAD que posee sitios de corte por
caspasa-3. Durante el proceso de apoptosis, ICAD es degradado por la caspasa-3 y
esto libera y permite la activación de la nucleasa CAD, que realiza su función
sobre el núcleo de la célula. En humano existe un sistema homólogo al descrito
en ratón. Existe una proteína humana, DFF45 (DNA fragmentation factor 45), que
presenta una secuencia significativamente similar a la de ICAD y que media
también fragmentación del ADN en núcleos cuando se produce activación de la
caspasa-3. De esta forma, se supone que DFF45 actúa en humanos sobre una
nucleasa similar a CAD inhibiéndola igual que ocurre en ratón. Aunque los
efectos de la endonucleasa sobre el ADN celular sean tan drásticos, estudios
realizados induciendo apoptosis en células con un inhibidor ICAD mutante
resistente a caspasas, demuestran que la célula muere por apoptosis en ausencia
de fragmentación del ADN. Esta muerte se traduce en ruptura de sustratos en el
citoplasma, alteraciones típicas en la membrana plasmática, en la integridad de
la mitocondria etc. Todo esto conduce a la muerte de la célula que mantiene su
ADN integro, aunque la cromatina si presenta las alteraciones típicas de
apoptosis, probablemente por la acción de caspasas sobre proteínas nucleares
como son poli (ADP-ribosa) polimerasa (PARP) o lámina nuclear. Este hecho
permite replantear la degradación del ADN en el proceso de apoptosis, no como
medio de destrucción de la célula (que llega a morir igualmente en ausencia de
fragmentación del ADN) sino como parte del proceso de limpieza de las células
muertas, facilitando su fagocitosis o previniendo que el ADN integro pueda
transformar a la célula fagocítica.
Eliminación de la célula apoptótica
En el proceso de apoptosis, tan importante es que la muerte sea rápida, efectiva
y sometida a buenos procesos de regulación como que, una vez muerta, la célula
sea convenientemente retirada. De esta manera se evita su ruptura y el vertido
de su contenido al medio, lo que daría lugar a una respuesta inflamatoria
indeseable. Estudios realizados en c. elegans describen la existencia de 7 genes
implicados en el aclaramiento de las células apoptóticas, lo que demuestra la
importancia que este proceso tiene en la apoptosis.
En general, existen dos estrategias para este proceso: a) en tejidos con bajos
índices de apoptosis, la fagocitosis es ejercida por células vecinas; b) en
ciertos tejidos con altas tasas de apoptosis, existen células "profesionales"
(generalmente macrófagos) que hacen esta función. Uno de los puntos más
importantes en el estudio de este tema es la descripción de los mecanismos de
reconocimiento de la célula apoptótica por parte de los fagocitos o las células
vecinas encargadas de su eliminación. Existen ya varios de estos mecanismos
identificados. Estos incluyen tanto sistemas de reconocimiento por parte de los
fagocitos, como sistemas de señalización de su estado por parte de las células
apoptóticas. El primer mecanismo descrito implica a uno de los sistemas de
interacción célula-célula más familiares: los carbohidratos de superficie de una
célula se unen a las lectinas de otra célula.
Este sistema fue considerado a partir de la observación de que al añadir un
azúcar, reconocida por determinada lectina de la superficie celular, como es N
acetil glucosamina, se reduce en un 50% respecto al control, la unión de
macrófagos peritoneales de ratón a timocitos apoptóticos, sin afectar su unión
basal a timocitos no apoptóticos. Esta acción se demostró que era específica de
determinadas lectinas, ya que solo algunos azucares tenían propiedades
inhibidoras. A partir de estos datos se estableció que la apoptosis provocaba
cambios en los carbohidratos de la superficie celular que lo hacían reconocibles
por algunas lectinas. Para confirmar esta hipótesis, experimentos de
microelectroforesis celular demostraron que existía una perdida en la superficie
celular de cargas negativas y todos estos datos en conjunto permitieron
confeccionar el siguiente modelo:
La perdida de residuos terminales de ácido siálico de las cadenas laterales de
las glicoproteínas por parte de las células apoptóticas, expone residuos
normalmente enmascarados por ellas, que interaccionan con las lectinas de la
superficie de macrófagos.
El segundo mecanismo se describió a partir de estudios de inhibición dependiente
de carga eléctrica, del reconocimiento de células apoptóticas. Estos hicieron
suponer la presencia de una estructura en la superficie de estas células, capaz
de interaccionar con los fagocitos. Esta estructura no presentaba carácter
proteico, ya que su acción no se inhibía por proteasas ni por inhibidores de su
síntesis. A partir de los estudios de inhibición, se identificó también un
posible receptor presente en los fagocitos, la integrina a4b3 a la que se
atribuían previamente solo funciones de adhesión a matriz. Trabajos posteriores
confirmaron el papel de esta molécula en diferentes sistemas experimentales. En
la interacción de esta proteína con la célula apoptótica interviene una molécula
puente, la trombospondina, que es secretada y sintetizada por los macrófagos y
sirve de puente al unirse al complejo formado por a4b3 y CD36 en el fagocito y a
una estructura aún por determinar en la célula apoptótica.
El tercer mecanismo de reconocimiento responde al evento que ocurre en la
membrana plasmática de las células apoptóticas, y que ha sido descrito en un
apartado anterior: La perdida de la asimetría de fosfolípidos. Esta provoca la
exposición al exterior de la fosfatidilserina (PS). La inhibición de
reconocimiento en ciertos sistemas mediante la adición de liposomas que
contenían PS en su superficie sugirió una posible interacción de la PS en la
superficie de la célula apoptótica con un receptor en el macrófagos. Esto ha
sido confirmado por estudios posteriores.
Todos estos mecanismos intervienen en el aclaramiento de células apoptóticas. El
funcionamiento de uno u otro depende de la especie y de la naturaleza, tanto de
la célula apoptótica como del fagocito. En al caso de fagocitos "profesionales",
existe además el interrogante de que estímulos quimiotácticos intervienen para
atraer a dicha célula hacia el foco donde tiene lugar la apoptosis.

La apoptosis es una función biológica muy importante en la patogenia de varias
enfermedades estudiadas hasta el momento. Podemos destacar el cáncer,
malformaciones, trastornos metabólicos, neuropatías, lesiones miocárdicas y
trastornos del sistema inmunitario.
Respecto del cáncer, el factor biológico más importante antineoplásico parece
ser la proteína 53 sintetizada por el gen humano p53. Es una fosfoproteína
proapoptósica que se activa ente la presencia de mutaciones del ADN, actuando en
la fase G1 del ciclo celular. Controla la reparación de lesiones del ADN
efectuado por polimerasas específicas, (contribuye a frenar el ciclo en tales
circunstancias) y es capaz de detectar células neoplásicas agresivas frenando su
capacidad de producir angiogénesis para facilitar las metástasis. La p53 se
agota rápidamente por lo que debe ser sintetizada en forma constante. Su rol es
frenar el ciclo destruyendo células mediante la apoptosis antes de llegar a la
etapa de síntesis a fin de impedir que se repliquen mutaciones carcinogenéticas,
que producirán nuevas cepas tumorales cada vez más agresivas.
Otro aspecto de importancia clínica es la relación entre apoptosis y
neuropatías. En el desarrollo del sistema nervioso, las neuronas se generan a
partir de células precursoras que una vez diferenciadas no se dividen más. Antes
de emitir dendritas y axones, las neuronas inmaduras o las precursoras emigran
desde el lugar de nacimiento en busca de la localización definitiva usando como
camino el sistema glial. Esta migración tiene, además, como objetivo lograr las
conexiones interneuronales correctas. Si ello no se efectúa la neurona no recibe
la acción de factores de crecimiento secretados por la célula receptora a que
pertenece el axón conectado y la célula que hizo la conexión equivocada muere
por apoptosis. Cualitativamente, en estudios realizados en la formación de la
vía óptica en la rata, por oligodendrocitos que milienizan axones, mueren por
apoptosis alrededor del 50% de ellos debido a conexiones erróneas. De esta
manera contribuye la apoptosis en el desarrollo correcto del sistema nervioso.
Otro hecho de importancia observado recientemente es el rol que juegan la
isquemia e hipoxia. En zonas periféricas de infartos cerebrales se han observado
células en apoptosis con fragmentación de la cromatina y sobreexpresión de
caspasas.
En enfermedades neurodegenerativas se ha observado apoptosis en biopsias de
pacientes con Alzheimer, Huntington y Parkinson, fallecidos por otra causa. La
apoptosis en la Enfermedad de Alzheimer no es sistematizada, sino difusa, que
coincide con el polímorfismo de la lesión. Cotman en 1998 ha detectado que el
Alzheimer muestra mayor número de células apoptósicas, especialmente en neuronas
del hipocampo. Se ha postulado que estas lesiones puedan deberse a un descontrol
genético de la apoptosis. El bloqueo de caspasas para frenar la apoptosis abre
nuevos campos terapéuticos en enfermedades neurodegenerativas.
En cardiopatías, James en 1998 ha planteado que la apoptosis es importante en la
destrucción exagerada de células durante el desarrollo del sistema
excitoconductor produciendo trastornos como la bradicardia sinusal, arritmias
graves y síndrome Q-T prolongado, en niños. Trastornos de oxigenación producen
además de necrosis, cierta cantidad de apoptosis en partes periféricas de la
zona dañada.
En infartos recientes se ha encontrado sobre expresión de Bcl 2. En infartos
antiguos, con células en apoptosis, se ha detectado presencia de Bax (que ya
vimos, es una proteína proapoptósica de la familia del Bcl 2 fosforilada). Dos
autores sugieren que la insuficiencia cardíaca postinfarto sea debida en gran
medida a la pérdida de cardiocitos por apoptosis.
CONCLUSIONES
- En todo organismo multicelular adulto debe existir un equilibrio entre la
generación o proliferación y la desaparición o muerte de las células que lo
componen, con el fin de mantener un tamaño constante.
- La alteración de este equilibrio conduce a situaciones patológicas como el
cáncer, cuando la proliferación se encuentra aumentada, o las enfermedades
degenerativas, cuando los procesos de muerte celular están incrementados.
- Es por ello que la apoptosis resulta esencial para toda forma de vida. Es un
proceso clave para el desarrollo y es una medida de seguridad en la edad adulta.
A medida que un organismo se desarrolla, enfrenta una serie de desafíos que
surgen de su complejidad y de su entorno: debe producir muchos tipos de células
diferentes a partir de una sola célula y debe coordinar las actividades de estas
células diferentes permitiéndoles comunicarse entre sí. Cada célula debe
trabajar para el bien común.
- Existen ocasiones, en que esto último significa que una célula debe
suicidarse. Tales sacrificios ocurren en una forma ordenada. Las células que
sufren lesiones mueren de forma desordenada: se hinchan, estallan, derraman su
contenido sobre sus vecinas y producen inflamación; las que cometen suicidio
mueren prolijamente y desaparecen. Sus muertes son útiles pues ayudan a esculpir
el cuerpo y a mantener el correcto funcionamiento de otras células.
BIBLIOGRAFÍA
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consecuencias fatales En: www.cecs.cl/web/cecs_ index.php?area=educacion...
10. NASA. Cell Apoptosis. http://205.149.4.69/spacebio.net/modules/gs_resource/
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11. Pines, Maya. Ventajas de suicidio celular. Como la apoptosis es saludable.
Howard Hughes Medical Institute. 2005. En: http://www.hhmi.org/genesweshare-esp/c110.html
12. Señales de la apoptosis. En: sonhouse.hunter.cuny.edu/ foster/350-Syl-2003.htm
ANEXOS
- ANEXO 1:

En: Joaquín Jordán. Apoptosis: muerte celular programada. Ámbito farmacéutico.
Bioquímica. Vol. 22, No. 6, Junio 2003.
- ANEXO 2: Imagenenes

Imágenen en: www.copewithcytokines.de/ cope.cgi?000638

Existen dos tipos de muerte celular: la apoptosis, propiamente tal, que sigue un
programa, y la necrosis, que es accidental.
En: Muerte celular: historia de su investigación www.cecs.cl/web/cecs_
index.php?area=educacion...
La mitocondria
Considerada como la central de energía celular, la mitocondria es el organelo en
la célula donde se lleva a cabo la respiración celular. Se sabe también que
tiene un papel central en la apoptosis o muerte celular. Hay un interés
creciente en oncología para entender como opera este vínculo mitocondrial con la
apoptosis que, en condiciones normales, impide el desarrollo de tumores.

En la figura, mitocondrias en un tejido muscular. La mitocondria dispone de la
energía mediante la síntesis de ATP, una verdadera moneda energética celular,
porque participa en todas las transacciones de energía.
En: La mitocondria. www.cecs.cl/web/cecs_ index.php?area=educacion...
Apoptosis celular
La célula que está muriendo mediante apoptosis, o suicidio celular, sufre
cambios notables. Primero se encoge y se separa de sus vecinas (parte superior
derecha). Entonces aparecen burbujas o ampollitas (esferas rosadas) en su
superficie (dándole apariencia de que bulle) y la cromatina (porción negra de la
célula interior mayor), que es el ADN nuclear en complejos con proteínas, se
condensa en los bordes del núcleo. Pronto el núcleo, y a continuación la propia
célula, se rompe y los fragmentos celulares son rápidamente ingeridos por otras
células en los alrededores.
En: NASA http://205.149.4.69/spacebio.net/modules/gs_resource/Apoptosis.jpeg

Apoptosis network


En: bio.ifom-firc.it/.../ doc/doc/maps/apoptosis.html
Los mecanismos de la apoptosis


En: John W. Kimball's Apoptosis Page http://www.ultranet.com/~jkimball/BiologyPages/A/Apoptosis.html
Apoptosis (muerte celular programada): Una vía versátil para el desarrollo
terapéutico

Las mutaciones que ocurren en las células cancerosas frecuentemente hacen
inefectivas las diversas vías apoptóticas con que cuenta el organismo y que
están diseñadas para eliminar células malignas. Por esto, las terapias que
puedan inducir la apoptosis en células cancerosas tienen gran potencial en el
tratamiento de diversos tipos de cáncer.
En: www.biooncology.com/ bioonc/approach/apoptosis_image.m
Señales de la apoptosis

DATOS DE AUTORES
Lic. Mailin Borroto Castellano. Profesor instructor . Residente de
Fisiologia Normal y Patológica.
Dr. Esmir Camps Calzadilla. Profesor instructor . Especialista en Fisiologia
Normal y Patológica.
Institución: Laboratorio de Fisiología Digestiva Instituto de Ciencias Básicas y
Preclínicas “Victoria de Girón”. Instituto Superior de Ciencias Médicas de la
Habana. Cuba.
Siglas: ICBP “Victoria de Girón”
Organismo: Ministerio de Salud Pública
Dirección: Calle 146 y Esq. 31 No 3102, Reparto Cubanacán, Playa
Teléfono: 2719498.
Email: esmir.camps@infomed.sld.cu
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Publicación enviada por Lic. Mailin Borroto Castellano y Dr. Esmir Camps Calzadilla
Contactar mborroto@giron.sld.cu
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Publicado Tuesday 12 de June de 2007
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