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Biotecnología, medio ambiente y agricultura sostenible
Resumen: Hasta hace unas cuatro décadas, los rendimientos agrícolas en los Estados Unidos se basaban en los recursos internos, el reciclaje de la materia orgánica, mecanismos de control biológico y patrones de lluvias. Los rendimientos agrícolas eran modestos pero estables. La producción estaba salvaguardada porque en el campo se cultivaba más de un producto o variedad en el tiempo y el espacio, como un seguro contra la aparición de plagas o la severidad climática. El nitrógeno del suelo era restablecido por la rotación de los principales cultivos con leguminosas.
Publicación enviada por Salvador Batista Mejias
PROBLEMA
El uso de métodos biotecnológicos que afectan la sostenibilidad en la
agricultura actual.
Objeto: Los Sistemas Agropecuarios en el mundo moderno.
Objetivo: Comparar los métodos biotecnológicos usados por las grandes
empresas transnacionales capitalistas, sus efectos en la sostenibilidad de los
sistemas agropecuarios y el uso de alternativas agroecológicas en los países de
escasos recursos financieros.
SUMARIO
¿La biotecnología aumenta los rendimientos?
¿La biotecnología beneficiará a los agricultores pobres?
Cultivos Genéticamente Modificados y la Salud Humana
¿Los cultivos transgénicos son similares a los cultivos mejorados?
¿Los cultivos transgénicos se pueden comer?
: Biotecnología, Agricultura y Medio Ambiente
Existen Alternativas Más Sostenibles
¿Qué es agroecología?
Agricultura orgánica
INTRODUCCIÓN
Hasta hace unas cuatro décadas, los rendimientos agrícolas en los Estados Unidos
se basaban en los recursos internos, el reciclaje de la materia orgánica,
mecanismos de control biológico y patrones de lluvias. Los rendimientos
agrícolas eran modestos pero estables. La producción estaba salvaguardada porque
en el campo se cultivaba más de un producto o variedad en el tiempo y el
espacio, como un seguro contra la aparición de plagas o la severidad climática.
El nitrógeno del suelo era restablecido por la rotación de los principales
cultivos con leguminosas.
Las rotaciones destruían insectos, malezas y enfermedades gracias a la ruptura
efectiva de los ciclos de vida de estas plagas. Un típico agricultor sembraba
maíz en rotación con diversos cultivos, como soya, y la producción de granos
menores era intrínseca para mantener ganado en la finca. La mayor parte del
trabajo lo hacía la familia, que era dueña de la finca, con ayuda externa
ocasional. No se compraba equipo ni se usaban insumos externos (Altieri 1994;
Audirac 1997).
En el mundo en desarrollo, los pequeños agricultores impulsaron sistemas
agrícolas aun más complejos y biodiversos, guiados por un conocimiento indígena
que ha superado la prueba del tiempo (Thrupp 1998). En este tipo de sistemas, la
conexión entre agricultura y ecología era bastante fuerte y rara vez se
evidenciaban signos de degradación ambiental.
Pero la modernización agrícola avanzó, la conexión ecología-sistema agrícola fue
destruida, ya que los principios ecológicos fueron ignorados u omitidos.
El lucro, y no las necesidades de la gente o la preocupación por el ambiente,
determinó la producción agrícola. Los intereses de los agronegocios y las
políticas prevalecientes favorecieron las grandes fincas, la producción
especializada, el monocultivo y la mecanización.
Hoy el monocultivo ha aumentado de manera drástica en todo el mundo,
principalmente a través de la expansión geográfica anual de los terrenos
dedicados a cultivos individuales. El monocultivo implicó la simplificación de
la biodiversidad, dando como resultado final un ecosistema artificial que
requiere constante intervención humana bajo la forma de insumos agroquímicos,
los cuales, además de mejorar los rendimientos sólo temporalmente, dan como
resultado altos costos ambientales y sociales no deseados. Conscientes de tales
impactos, muchos científicos agrícolas han llegado al consenso general de que la
agricultura moderna se enfrenta a una severa crisis ecológica (Conway y Pretty
1991).
La pérdida anual en rendimientos debida a plagas en muchos cultivos (que en la
mayoría llega hasta el 30 por ciento), a pesar del aumento sustancial en el uso
de pesticidas (alrededor de 500 millones de kg de ingrediente activo en todo el
mundo), es un síntoma de la crisis ambiental que afecta la agricultura. Las
plantas cultivadas que crecen como monocultivos genéticamente homogéneos no
poseen los mecanismos ecológicos de defensa necesarios para tolerar el impacto
de las poblaciones epidémicas de plagas (Altieri 1994).
Cuando estos modelos agrícolas se exportaron a los países del Tercer Mundo a
través de la llamada Revolución Verde, se exacerbaron aún más los problemas
ambientales y sociales. La mayor parte de agricultores de escasos recursos de
América Latina, Asia y Africa ganaron muy poco en este proceso de desarrollo y
transferencia de tecnología de la Revolución Verde, porque las tecnologías
propuestas no fueron neutras en cuanto a escala. Los agricultores con tierras
más extensas y mejor mantenidas ganaron más, pero los agricultores con menores
recursos que viven en ambientes marginales perdieron con mayor frecuencia y la
disparidad de los ingresos se vio acentuada (Conway 1997).
El cambio tecnológico ha favorecido principalmente la producción y/o exportación
de cultivos comerciales producidos, sobre todo, por el sector de las grandes
fincas, con un impacto marginal en la productividad de los cultivos para la
seguridad alimentaria, mayormente en manos del sector campesino (Pretty 1995).
En las áreas donde se realizó el cambio progresivo de una agricultura de
subsistencia a otra de economía monetaria, se pusieron en evidencia gran
cantidad de problemas ecológicos y sociales: pérdida de autosuficiencia
alimentaria, erosión genética, pérdida de la biodiversidad y del conocimiento
tradicional, e incremento de la pobreza rural (Conroy et al 1996).
Para sostener tales sistemas agroexportadores, muchos países en desarrollo se
han convertido en importadores netos de insumos químicos y maquinaria agrícola,
aumentando así los gastos gubernamentales y exacerbando la dependencia
tecnológica. Por ejemplo, entre 1980 y 1984 América Latina importó cerca de US $
430 millones en pesticidas y unas 6.5 millones de toneladas de fertilizantes (Nicholls
y Altieri 1997). Este uso masivo de agroquímicos condujo a una enorme crisis
ambiental de proporciones sociales y económicas inmensurables.
Lo irónico es el hecho de que los mismos intereses económicos que promovieron la
primera ola de agricultura basada en agroquímicos están ahora celebrando y
promoviendo la emergencia de la biotecnología como la más reciente varita
mágica.
La biotecnología, dicen, revolucionará la agricultura con productos basados en
los métodos propios de la naturaleza, logrando una agricultura más amigable para
el ambiente y más lucrativa para los agricultores, así como más saludable y
nutritiva para los consumidores (Hobbelink 1991).
La lucha global por conquistar el mercado está conduciendo a las grandes
corporaciones a producir plantas desarrolladas con ingeniería genética (cultivos
transgénicos) en todo el mundo (más de 40 millones de hectáreas en 1999) sin las
apropiadas pruebas previas de impacto sobre la salud humana y los ecosistemas, a
corto y largo plazo.
Las corporaciones de agroquímicos, las cuales controlan cada vez más la
orientación y las metas de la innovación agrícola, sostienen que la ingeniería
genética mejorará la sostenibilidad de la agricultura al resolver los muchos
problemas que afectan a la agricultura convencional y librará al Tercer Mundo de
la baja productividad, la pobreza y el hambre. Ellos han prometido que los
cultivos producidos por ingeniería genética impulsarán la agricultura lejos de
la dependencia en insumos químicos, aumentarán la productividad, disminuirán los
costos de insumos y ayudarán a reducir los problemas ambientales (Oficina de
Evaluación Tecnológica 1992). Al cuestionar los mitos de la biotecnología, aquí
se muestra a la ingeniería genética como lo que realmente es: otro enredo
tecnológico o "varita mágica" destinado a entrampar los problemas ambientales de
la agricultura (que son el producto de un enredo tecnológico previo) sin
cuestionar las suposiciones defectuosas que ocasionaron los problemas la primera
vez (Hindmarsh 1991). La biotecnología promueve soluciones basadas en el uso de
genes individuales para los problemas derivados de sistemas de monocultivo
ecológicamente inestables diseñados sobre modelos industriales de eficiencia.
La agricultura industrial moderna, hoy convertida en epítome por la
biotecnología, se basa en una premisa filosófica que es fundamentalmente errónea
y que necesita ser expuesta y criticada para avanzar hacia una agricultura
verdaderamente sostenible.
Esto es particularmente relevante en el caso de la biotecnología, donde la
alianza de la ciencia reduccionista y la industria multinacional monopolizadora
llevan a la agricultura por un camino equivocado. La biotecnología percibe los
problemas agrícolas como deficiencias genéticas de los organismos y trata a la
naturaleza como una mercancía, y en el camino hace a los agricultores más
dependientes de un sector de agronegocios que concentra cada vez más su poder
sobre el sistema alimentario.
En el caso de los países en desarrollo, y en especial de Cuba, la falta de
recursos financieros en los últimos 15 años, han obligado a marchar por una
agricultura esencialmente sustentable basada en la reducción de los insumos
externos, el reciclaje de los subproductos y residuos de la producción, el uso
de abonos orgánicos y biopesticidas, la medicina verde en el tratamiento a los
animales enfermos y la aplicación de tecnologías socialmente aceptable y
económica y ecológicamente viable. Cuba no ha escapado al uso de la
biotecnología y la ingeniería genética en la agricultura, aunque aún a pequeña
escala. Ha sido una gran preocupación del estado y de los científicos cubanos
evitar el uso de tecnologías que afecten el medio ambiente, la biodiversidad, la
bioética y la salud humana.
Por estas razones abordamos este trabajo en el cual se exponen resultados
tangibles del uso de la agricultura sostenible, la ciencia y la agroecología, en
la obtención de producciones sanas con elevados rendimientos. Destacamos además
que muchos de estos resultados han sido alcanzados por investigadores de nuestra
universidad.
DESARROLLO
¿La biotecnología beneficiará a los agricultores pobres?
Muchas de las innovaciones de la biotecnología disponibles hoy eluden a los
agricultores pobres, ya que éstos no pueden pagar por las semillas protegidas
por patentes, propiedad de las corporaciones biotecnológicas. La extensión de la
tecnología moderna hacia los agricultores de escasos recursos ha estado
históricamente limitada por considerables obstáculos ambientales. Se estima que
850 millones de personas viven en tierras amenazadas por la desertificación.
Otros 500 millones viven en terrenos demasiado abruptos para ser cultivados.
Debido a estas y otras limitaciones, alrededor de dos millones de personas ni
siquiera han sido alcanzadas por la ciencia agrícola moderna. En tales
ambientes, una gran cantidad de tecnologías baratas y accesibles localmente
están disponibles para mejorar y no limitar las opciones de los agricultores,
una tendencia que es inhibida por la biotecnología controlada por las
corporaciones.
Los investigadores en biotecnología piensan solucionar los problemas asociados
con la producción de alimentos en esas áreas marginales desarrollando cultivos
GM con características que los pequeños agricultores consideran deseables, tales
como mayor competitividad frente a las malezas y tolerancia a la sequía. Sin
embargo, estos nuevos atributos no son necesariamente una panacea.
Características como la tolerancia a la sequía son poligénicas (determinadas por
la interacción de genes múltiples). En consecuencia, el desarrollo de cultivos
con tales características es un proceso que tomaría por lo menos 10 años. Bajo
estas circunstancias, la ingeniería genética no da algo por nada.
Cuando se trabaja con genes múltiples para crear un rasgo determinado, es
inevitable sacrificar otras características como la productividad. Como
resultado, el uso de una planta tolerante a la sequía incrementaría los
rendimientos de un cultivo sólo en 30-40 por ciento. Cualquier rendimiento
adicional deberá provenir del mejoramiento de las prácticas ambientales (como la
cosecha del agua o el mejoramiento de la materia orgánica del suelo para mejorar
la retención de la humedad) más que de la manipulación genética de
características específicas (Persley y Lantin 2000).
Aun cuando la biotecnología pudiera contribuir a incrementar la cosecha en un
cultivo, eso no significa que la pobreza disminuiría. Muchos agricultores pobres
en los países en desarrollo no tienen acceso al dinero, al crédito, a la
asistencia técnica o al mercado. La llamada Revolución Verde de los 50 y 60
ignoró a esos agricultores porque la siembra de las nuevas medidas de alto
rendimiento y su mantenimiento por medio de pesticidas y fertilizantes era
demasiado costosa para los campesinos pobres.
Los datos, tanto de Asia como de América Latina, demuestran que los agricultores
ricos con tierras más extensas y mejor llevadas obtuvieron más de la Revolución
Verde, mientras los agricultores con menores recursos en general ganaron muy
poco (Lappe et al. 1998). La nueva "Revolución Genética" sólo podría terminar
repitiendo los errores de su predecesora. Las semillas genéticamente modificadas
están bajo control corporativo y bajo la protección de patentes y, como
consecuencia, son muy caras. Ya que la mayor parte de las naciones en desarrollo
todavía carecen de infraestructura institucional y crédito con bajos intereses,
elementos necesarios para llevar estas semillas a los agricultores pobres, la
biotecnología sólo exacerbará la marginalización.
Los agricultores pobres no tienen cabida en el nicho de mercado de las compañías
privadas, cuyo enfoque está dirigido a las innovaciones biotecnológicas para los
sectores agrícolas-comerciales de los países industrializados y desarrollados,
donde tales corporaciones pueden esperar grandes retornos a su inversión en
investigación. Los pocos agricultores empobrecidos que tendrán acceso a la
biotecnología se volverán peligrosamente dependientes de las compras anuales de
semillas genéticamente modificadas.
Estos agricultores tendrán que atenerse a los onerosos acuerdos de propiedad
intelectual y no sembrar las semillas obtenidas de una cosecha de las plantas
producto de la bioingeniería. Tales condiciones constituyen una afrenta para los
agricultores tradicionales, quienes por siglos han guardado y compartido
semillas como parte de su legado cultural (Kloppenburg 1998). Algunos
científicos y formuladores de políticas sugieren que las grandes inversiones a
través de asociaciones públicas-privadas pueden ayudar a los países en
desarrollo a adquirir la capacidad científica e institucional para delinear la
biotecnología de manera que se adapte a las necesidades y circunstancias de los
pequeños agricultores. Pero, una vez más, los derechos corporativos de propiedad
intelectual sobre los genes y la tecnología de clonación de genes arruinarían
tales planes.
Los organismos genéticamente modificados y la salud humana
¿Son los cultivos transgénicos similares a los convencionales?
Las agencias gubernamentales que regulan los cultivos obtenidos por la
biotecnología consideran a estos "sustancialmente equivalentes" a los cultivos
convencionales. Esta conjetura es inexacta y carece de base científica. La
evidencia demuestra que la transferencia genética usando técnicas del ADNr es
sustancialmente diferente de los procesos que gobiernan la transferencia de
genes en el mejoramiento tradicional. En este esfuerzo, los mejoradores de
plantas desarrollan nuevas variedades a través del proceso de selección y buscan
la expresión de material genético que ya está presente dentro de una especie. El
cruzamiento convencional involucra el movimiento de grupos de genes ligados
funcionalmente, principalmente entre cromosomas similares, e incluye a los
promotores relevantes, secuencias reguladoras y genes asociados involucrados en
la expresión coordinada de la característica de interés en la planta.
La ingeniería genética trabaja principalmente por medio de la inserción de
material genético, generalmente de fuentes sin precedentes, es decir, material
genético que proviene de especies, familias e incluso reinos que anteriormente
no podían ser fuentes de material genético para una especie en particular.
Como hay pocos ejemplos de caracteres de plantas en las cuales se han
identificado los genes reguladores asociados, actualmente no es posible
introducir un gen totalmente "funcional" usando las técnicas de ADNr. Estas
técnicas también involucran la inserción simultánea de promotores virales y
marcadores selectivos que facilitan la introducción de genes de especies no
compatibles. Estas transformaciones genéticas no pueden suceder cuando se usan
los métodos tradicionales, lo cual explica ampliamente la forma tan abismal en
que estos dos procesos difieren (Hansen 1999).
En resumen, el proceso de ingeniería genética difiere claramente del
mejoramiento convencional ya que éste se basa sobre todo en la selección a
través de procesos naturales de reproducción sexual o asexual entre una especie
o dentro de géneros estrechamente relacionados. La ingeniería genética usa un
proceso de inserción de material genético, vía un "gene gun" o un transportador
bacteriano especial, cosa que no ocurre en la naturaleza. Los biotecnólogos
pueden insertar material genético en una especie a partir de cualquier forma
viviente, creando así organismos nuevos con los cuales no se tiene experiencia
evolutiva.
¿Se pueden ingerir los cultivos transgénicos sin peligro?
El prematuro lanzamiento comercial de los cultivos transgénicos, debido a la
presión comercial y a las políticas de la FDA y la EPA que consideran a los
cultivos genéticamente modificados "sustancialmente equivalentes" a los cultivos
convencionales, ha tenido lugar en el contexto de un marco regulador
aparentemente inadecuado, no transparente y, en algunos casos, inexistente. De
hecho, la aprobación del lanzamiento comercial de los cultivos transgénicos se
basa en la información científica proporcionada voluntariamente por las
compañías que los producen.
Se estima que cerca del 50 por ciento de los alimentos preparados a base de maíz
y soya en Estados Unidos provienen de maíz y fríjol soya genéticamente
modificados.
La mayor parte de los consumidores desconocen esto y no tienen posibilidad de
determinar si un alimento es transgénico, ya que estos no llevan una etiqueta
que lo diga. Dado que ningún científico puede aseverar que tales alimentos están
completamente libres de riesgos, se puede considerar que la mayoría de la
población de los Estados Unidos está siendo sujeta a un experimento de
alimentación en gran escala. Los consumidores de la Unión Europea (UE) han
rechazado los alimentos genéticamente modificados (Lappe y Bailey 1998).
Debido a los métodos no usuales utilizados para producir cultivos GM, algunos
temen que las variantes genéticas producidas puedan introducir sustancias
extrañas en la provisión de alimentos con efectos negativos inesperados sobre la
salud humana. Una preocupación importante es que alguna proteína codificada por
un gen introducido pueda ser un alergeno y causar reacciones alérgicas en las
poblaciones expuestas (Burks y Fuchs 1995).
La biotecnología se emplea para introducir genes en diversas plantas que son
fuentes de alimentos o componentes de varios alimentos. Los caracteres que se
introducen incluyen resistencia a virus e insectos, tolerancia a los herbicidas
y cambios en la composición o el contenido nutricional. Dada la diversidad de
caracteres, es fácil predecir el potencial alergénico de las proteínas
introducidas en los alimentos que provienen de fuentes sin registros de poseer
alergenos o que tienen secuencias de aminoácidos similares a las de alergenos
conocidos presentes en proteinas de mani, almendras, leche, huevos, soya,
mariscos, pescado y trigo.
Hay una pequeña pero real posibilidad de que la ingeniería genética pueda
transferir proteínas nuevas y no identificadas en los alimentos, provocando así
reacciones alérgicas en millones de consumidores sensibles a los alergenos, pero
sin que haya posibilidad de identificarlos o de autoprotegerse de tales
alimentos dañinos.
Otra preocupación está asociada con el hecho de que casi en todos los cultivos
genéticamente modificados se incorporan genes de resistencia a los antibióticos
como marcadores, para indicar que una planta ha sido modificada con éxito. Es de
esperar que estos genes y sus productos enzimáticos, que causan la inactivación
de los antibióticos, estén presentes en los alimentos modificados y sean
incorporados por las bacterias presentes en el estomago humano. Esto trae a
colación importantes preguntas sobre las consecuencias en la salud humana,
particularmente si comprometen la inmunidad (Ticciati y Ticciati 1998).
El tratamiento con ingeniería genética puede eliminar o inactivar sustancias
nutritivas valiosas en los alimentos. Investigaciones recientes demuestran que
la soya modificada resistente a los herbicidas tiene menores niveles de
isoflavonas (12-14 por ciento), fito-estrógenos clave (principalmente genistina)
presentes en forma natural en la soya y que constituyen un potencial protector
contra algunas formas de cáncer en la mujer (Lappe et al. 1998).
No hay científico que pueda negar la posibilidad de que cambiando la estructura
genética fundamental de un alimento se puedan causar nuevas enfermedades o
problemas de salud. No hay estudios de largo plazo que prueben la inocuidad de
los cultivos genéticamente modificados. Estos productos no han sido probados en
forma exhaustiva antes de llegar a los estantes de las tiendas. A pesar de esto,
los cultivos transgénicos están siendo probados en los consumidores.
Biotecnología, Agricultura y Medio Ambiente
La biotecnología se está usando para reparar los problemas causados por previas
tecnologías agroquímicas (resistencia a los pesticidas, polución, degradación
del suelo, etc.) desarrolladas por las mismas compañías que ahora lideran la
biorevolución. Los cultivos transgénicos creados para el control de plagas
siguen de cerca los paradigmas de usar un solo mecanismo de control (un
pesticida) que hademostrado repetidas veces su fracaso frente a insectos,
patógenos y plagas (Consejo Nacional de Investigación 1996). El promocionado
enfoque "un gen – una plaga" será fácilmente superado por plagas que
continuamente se adaptan a nuevas situaciones y desarrollan mecanismos de
detoxificación (Robinson 1996).
La agricultura desarrollada con cultivos transgénicos favorece los monocultivos
que se caracterizan por niveles peligrosamente altos de homogeneidad genética,
que a su vez conducen a una mayor vulnerabilidad de los sistemas agrícolas ante
situaciones de estrés biótico y abiótico (Robinson 1996). Cuando se promueve el
monocultivo también se inhiben los métodos agrícolas ecológicos, como las
rotaciones y los cultivos múltiples, exacerbando así los problemas de la
agricultura convencional (Altieri 2000).
En la medida en que las semillas obtenidas por ingeniería genética reemplacen a
las antiguas variedades tradicionales y sus parientes silvestres, la erosión
genética se acelerará en el Tercer Mundo (Fowler y Mooney 1990). La búsqueda de
uniformidad no sólo destruirá la diversidad de los recursos genéticos sino que
alterará la complejidad biológica en la cual se basa la sostenibilidad de los
sistemas tradicionales de cultivo (Altieri 1996).
Hay muchas preguntas ecológicas sin respuesta sobre el impacto del lanzamiento
de plantas y microorganismos transgénicos en el medio ambiente y la evidencia
disponible apoya la posición de que el impacto puede ser sustancial. Entre los
principales riesgos ambientales asociados con las plantas producidas por
ingeniería genética están la transferencia involuntaria de "transgenes" a las
especies silvestres relacionadas, con efectos ecológicos impredecibles.
La transferencia de genes de los cultivos transgénicos a cultivos orgánicos
representa un problema específico para los agricultores orgánicos; la
certificación orgánica se basa en que los productores puedan garantizar que sus
cultivos no tengan transgenes insertados. Algunos cultivos que pueden cruzarse
con otras especies, como el maíz verán afectados en mayor grado, pero todos los
que desarrollan agricultura orgánica corren el riesgo de contaminación genética.
No hay reglamentos que obliguen a un mínimo de separación entre los campos
transgénicos y orgánicos (Royal Society 1998).
En conclusión, el hecho de que la hibridación y la introgresión interespecíficas
sea algo común en especies como girasol, maíz, sorgo, arroz, trigo y papa,
provee una base para anticipar flujos genéticos entre los cultivos transgénicos
y sus parientes silvestres, que pueden dar lugar a nuevas malezas resistentes a
los herbicidas (Lutman 1999). Hay consenso entre los científicos de que los
cultivos transgénicos en algún momento permitirán el escape de los transgenes
hacia las poblaciones de sus parientes silvestres. El desacuerdo está en cuán
serio será el impacto de tales transferencias (Snow y Moran 1997).
Riesgos ambientales de los cultivos resistentes a insectos (Cultivos Bt)
Resistencia
Según la industria biotecnológica, la promesa de los cultivos transgénicos
insertados con genes Bt son el reemplazo de los insecticidas sintéticos que
ahora se usan para controlar insectos plaga. Pero esto no es muy claro ya que la
mayor parte de los cultivos son atacados por diversas plagas y las plagas que no
pertenecen al orden Lepidoptera de todos modos tendrán que ser combatidas con
insecticidas porque no son susceptibles a la toxina Bt expresada en el cultivo (Gould
1994).
Los agricultores que enfrentan los mayores riesgos del desarrollo de resistencia
de los insectos al Bt son los agricultores orgánicos de los alrededores, quienes
siembran maíz y soya sin agroquímicos. Una vez que la resistencia aparece en una
población de insectos, los agricultores orgánicos no podrán usar Bacillus
thuringiensis en la forma de insecticida microbiano para el control de plagas de
lepidópteros que se trasladen de los campos transgénicos vecinos. Además, la
contaminación genética de los cultivos orgánicos, resultado del flujo de genes
(polen) de los cultivos transgénicos puede comprometer la certificación de los
cultivos orgánicos y los agricultores pueden perder sus mercados. ¿Quién
compensará a los agricultores orgánicos por tales pérdidas?
Sabemos por la historia de la agricultura, que las enfermedades de las plantas,
las plagas de insectos y las malezas se vuelven más severas con el desarrollo de
monocultivos, y que los cultivos genéticamente manipulados de manejo intensivo
pronto pierden diversidad genética (Altieri 1994; Robinson 1996). Basados en
estos hechos, no hay razón para creer que la resistencia a los cultivos
transgénicos noevolucionará entre los insectos, plagas y patógenos como ha
sucedido con los pesticidas. No importa qué estrategia de manejo de la
resistencia se use, las plagas se adaptarán y superarán las limitaciones
agronómicas (Green 1990). Los estudios de resistencia a los pesticidas
demuestran que puede aparecer una selección no intencional y resultar en
problemas de plagas mayores que los que existían antes del desarrollo de nuevos
insecticidas. Las enfermedades y plagas siempre han sido amplificadas por los
cambios hacia una agricultura genéticamente homogénea, precisamente el tipo de
sistema que la biotecnología promueve (Robinson 1996).
Hacia la adopción del principio de la precaución
Los efectos ecológicos de los cultivos obtenidos vía ingeniería genética no se
limitan a la resistencia de plagas o a la creación de nuevas malezas o razas de
virus. Como discutimos aquí, los cultivos transgénicos pueden producir toxinas
ambientales que se movilizan a través de la cadena alimentaria y que pueden
llegar hasta el suelo y el agua afectando así a los invertebrados y
probablemente alteren los procesos ecológicos como el ciclo de los nutrientes.
Aún más, la homogeneización en gran escala de los terrenos con cultivos
transgénicos exacerbará la vulnerabilidad ecológica asociada con la agricultura
en base a monocultivos (Altieri 2000). No es aconsejable la expansión de esta
tecnología a los países en desarrollo. Hay fortaleza en la diversidad agrícola
de muchos de estos países que no debiera ser inhibida o reducida por el
monocultivo extensivo, especialmente si el hacerlo ocasiona serios problemas
sociales y ambientales (Thrupp 1998).
A pesar de estas consideraciones, los cultivos transgénicos han ingresado
rápidamente en los mercados internacionales y se han ubicado en forma masiva en
los terrenos agrícolas de Estados Unidos, Canadá, Argentina, China y otros
países alcanzando más de 40 millones de hectáreas.
En el contexto de las negociaciones al interior de la Convención de Diversidad
Biológica (CBD, en inglés) el año pasado, 130 países han demostrado sabiduría al
adoptar el "principio de precaución" firmando un acuerdo global que controla el
comercio de los organismos genéticamente modificados (OGM). Este principio que
es la base para un acuerdo internacional sobre bioseguridad ( Internacional
Biosafety Protocol) sostiene que cuando se sospecha que una tecnología nueva
puede causar daño, la incertidumbre científica sobre el alcance y la severidad
de la tecnología no debe obstaculizar la toma de precauciones. Esto da el
derecho a paises a oponerse a la importación de productos transgénicos sobre los
cuales hay sospechas minimas de que representan un peligro para la salud o el
medio ambiente. Desgraciadamente un bloque de países exportadores de granos
encabezado por EUA se opone a este acuerdo internacional argumentando que los
productos agrícolas deben eximirse de tales regulaciones por atentar contra el
mercado libre. El principio de la precaución establece que en lugar de que los
críticos sean los que prueben los daños potenciales de la tecnología, los
productores de dicha tecnología deberán presentar evidencia de que ésta es
inocua.
Alternativas más sostenibles que la Biotecnología
¿Qué es agroecología?
Los defensores de la Revolución Verde sostienen que los países en desarrollo
deberían optar por un modelo industrial basado en variedades mejoradas y en el
creciente uso de fertilizantes y pesticidas a fin de proporcionar una provisión
adicional de alimentos a sus crecientes poblaciones y economías. Pero como hemos
analizado anteriormente la información disponible demuestra que la biotecnología
no reduce el uso de agroquímicos ni aumenta los rendimientos. Tampoco beneficia
a los consumidores ni a los agricultores pobres.
Dado este escenario, un creciente número de agricultores, ONGs y defensores de
la agricultura sostenible propone que en lugar de este enfoque intensivo en
capital e insumos, los países en desarrollo deberían propiciar un modelo
agroecológico que da énfasis a la biodiversidad, el reciclaje de los nutrientes,
la sinergia entre cultivos, animales, suelos y otros componentes biológicos, así
como a la regeneración y conservación de los recursos (Altieri 1996).
Una estrategia de desarrollo agrícola sostenible que mejora el medio ambiente
debe estar basada en principios agroecológicos y en un método de mayor
participación para el desarrollo y difusión de tecnología. La agroecología es la
ciencia que se basa en los principios ecológicos para el diseño y manejo de
sistemas agrícolas sostenibles y de conservación de recursos, y que ofrece
muchas ventajas para el desarrollo de tecnologías más favorables para el
agricultor. La agroecología se erige sobre el conocimiento indígena y
tecnologías modernas selectas de bajos insumos para diversificar la producción.
El sistema incorpora principios biológicos y los recursos locales para el manejo
de los sistemas agrícolas, proporcionando a los pequeños agricultores una forma
ambientalmente sólida y rentable de intensificar la producción en áreas
marginales (Altieri et al. 1998).
Se estima que aproximadamente 1.9 a 2.2 mil millones de personas aún no han sido
tocadas directa o indirectamente por la tecnología agrícola moderna. En América
atina la proyección es que la población rural permanecería estable en 125
millones hasta el año 2000, pero 61 por ciento de esta población es pobre y la
expectativa es que aumente. Las proyecciones para Africa son aún más dramáticas.
La mayor parte de la pobreza rural (cerca de 370 millones) se centra en áreas de
escasos recursos, muy heterogéneas y predispuestas a riesgos. Sus sistemas
agrícolas son de pequeña escala, complejos y diversos. La mayor pobreza se
encuentra con más frecuencia en las zonas áridas o semiáridas, y en las montañas
y laderas que son vulnerables desde el punto de vista ecológico.
Tales fincas y sus complejos sistemas agrícolas constituyen grandes retos para
los investigadores. Para que beneficie a los campesinos pobres, la investigación
y el desarrollo agrícolas deberían operar sobre la base de un enfoque "de abajo
hacia arriba", usando y construyendo sobre los recursos disponibles -la
población local, sus conocimientos y sus recursos naturales nativos-. Debe
tomarse muy en serio las necesidades, aspiraciones y circunstancias particulares
de los pequeños agricultores, por medio de métodos participativos.
Esto significa que desde la perspectiva de los agricultores pobres, las
innovaciones tecnológicas deben:
- Ahorrar insumos y reducir costos
- Reducir riesgos
- Expandirse hacia las tierras marginales frágiles
- Ser congruentes con los sistemas agrícolas campesinos
- Mejorar la nutrición, la salud y el medio ambiente
Precisamente es debido a estos requerimientos que la agroecología ofrece más
ventajas que la Revolución Verde y los métodos biotecnológicos. Las
características de las técnicas agroecológicas:
- Se basan en el conocimiento indígena y la racionalidad campesina
- Son económicamente viables, accesibles y basadas en los recursos locales
- Son sanas para el medio ambiente, sensibles desde el punto de vista
social y
cultural
- Evitan el riesgo y se adaptan a las condiciones del agricultor
- Mejoran la estabilidad y la productividad total de la finca y no sólo de
cultivos
particulares.
Hay miles de casos de productores rurales que, en asociación con ONGs y otras
organizaciones, promueven sistemas agrícolas y conservan los recursos,
manteniendo altos rendimientos, y que cumplen con los criterios antes
mencionados.
Aumentos de 50 a 100 por ciento en la producción son bastante comunes con la
mayoría de métodos de producción. En ocasiones, los rendimientos de los cultivos
que constituyen el sustento de los pobres- arroz, frijoles, maíz, yuca, papa,
cebada se han multiplicado gracias al trabajo y al conocimiento local más que a
la compra de insumos costosos, y capitalizando sobre los procesos de
intensificación y sinergia. Más importante tal vez que sólo los rendimientos, es
posible aumentar la producción total en forma significativa diversificando los
sistemas agrícolas, usando al máximo los recursos disponibles (Uphoff y Altieri
1999).
Muchos ejemplos sustentan efectividad de la aplicación de la agroecología en el
mundo en desarrollo. Se estima que alrededor de 1.45 millones de familias
rurales pobres que viven en 3.25 millones de hectáreas han adoptado tecnologías
regeneradoras de los recursos. Citamos algunos ejemplos (Pretty 1995):
- Brasil: 200,000 agricultores que usan abonos verdes y cultivos de
cobertura
duplicaron el rendimiento del maíz y el trigo.
- Guatemala-Honduras: 45,000 agricultores usaron la leguminosa
Mucuna como
cobertura para conservación del suelo triplicando los rendimientos del maíz en
las laderas.
- México: 100,000 pequeños productores de café orgánico aumentaron
su
producción en 50 por ciento.
- Sureste de Asia: 100,000 pequeños productores de arroz que
participaron en las
escuelas para agricultores de MIP aumentaron sustancialmente sus rendimientos
sin usar pesticidas.
- Kenia: 200,000 agricultores duplicaron sus rendimientos de maíz
usando
agroforestería basada en leguminosas e insumos orgánicos.
Sistemas Orgánicos
Los enfoques agroecológicos también pueden beneficiar a los agricultores
medianos y grandes involucrados en la agricultura comercial, tanto en el mundo
en desarrollo como en Estados Unidos y Europa (Lampkin 1990). Gran parte del
área manejada con agricultura orgánica se basa en la agroecología y se ha
extendido en el mundo hasta alcanzar unos siete millones de hectáreas, de las
cuales la mitad está en Europa y cerca de 1.1 millones en Estados Unidos. Sólo
en Alemania hay alrededor de ocho mil fincas orgánicas que ocupan el 2 por
ciento del total del área cultivada.
En Italia las fincas orgánicas llegan a 18,000 y en Austria unas 20,000 fincas
orgánicas constituyen el 10 por ciento del total de la producción agrícola.
En 1980 el Departamento de Agricultura de Estados Unidos estimó que había por lo
menos once mil fincas orgánicas en Estados Unidos y por lo menos 24 mil que
usaban alguna técnica orgánica. En California, los alimentos orgánicos
constituyen uno de los segmentos de mayor crecimiento en la economía agrícola,
con ventas al por menor creciendo de 20 a 25 por ciento al año. Cuba es el único
país que está llevando a cabo una conversión masiva hacia los sistemas
orgánicos, promovida por la caída de las importaciones de fertilizantes,
pesticidas y petróleo luego del colapso de las relaciones con el bloque
soviético en 1990. Los niveles de productividad de la isla se han recuperado
gracias a la promoción masiva de las técnicas agroecológicas tanto en áreas
urbanas como rurales.
Las investigaciones han demostrado que las fincas orgánicas pueden ser tan
productivas como las convencionales, pero sin usar agroquímicos, consumiendo
menos energía y conservando el suelo y el agua. En resumen, hay fuerte evidencia
de que los métodos orgánicos pueden producir suficiente alimento para todos, y
hacerlo de una generación a la siguiente sin disminuir los recursos naturales ni
dañar el medio ambiente. En 1989 el Consejo Nacional de Investigación describió
estudios de caso de ocho fincas orgánicas abarcando un rango de fincas mixtas de
granos/ganado de 400 acres en Ohio; hasta una de 1400 acres de uvas en
California y Arizona. Los rendimientos en las fincas orgánicas fueron iguales o
mejores que los promedios de rendimiento de las fincas convencionales intensivas
de los alrededores. Una vez más estas fincas pudieron sostener su producción año
tras año sin usar insumos sintéticos costosos (NRC 1984).
¿Qué se necesita?
No hay duda que los pequeños agricultores que viven en los ambientes marginales
en el mundo en desarrollo pueden producir mucho del alimento que requieren. La
evidencia es concluyente: nuevos enfoques y tecnologías lideradas por
agricultores, gobiernos locales y ONGs en todo el mundo ya están haciendo
suficientes contribuciones a la seguridad alimentaria a nivel familiar, nacional
y regional. Una gran variedad de métodos agroecológicos y participativos en
muchos países muestran resultados incluso ante condiciones adversas. El
potencial incluye:
Aumento de los rendimientos de los cereales de 50 a 200 por ciento, aumento de
la estabilidad de la producción por medio de la diversificación y la
conservación del agua y del suelo, mejora de las dietas y los ingresos con apoyo
apropiado y difusión de estos métodos, y contribución a la seguridad alimentaria
nacional y a las exportaciones (Uphoff y Altieri 1999).
La difusión de estas miles de innovaciones ecológicas dependerá de las
inversiones, políticas y cambios de actitud de parte de investigadores y quienes
toman decisiones. Los mayores cambios deben darse en políticas e instituciones
de investigación y desarrollo para asegurar la difusión y adopción de las
alternativas agroecológicas de manera equitativa, cosa que éstas sean
multiplicadas y escalonadas a fin de que su beneficio total para la seguridad
alimentaria sostenible pueda hacerse realidad.
. El reto final es incrementar la inversión y la investigación en agroecología y
poner en práctica proyectos que hayan probado tener éxito para miles de
agricultores. Esto generará un impacto significativo en el ingreso, la seguridad
alimentaria y bienestar medioambiental de la población mundial, especialmente de
los millones de agricultores pobres a quienes todavía no ha llegado la
tecnología agrícola moderna, y a los cuales la biotecnología no tiene nada que
ofrecerles.
RESULTADOS OBTENIDOS EN EL CASO DE CUBA
En Cuba se ha venido trabajando hacia una agricultura sostenible desde hace
muchos años. Tanto en el campo de la ganadería vacuna como en los cultivos
varios, la caña, el café y otros cultivos, la aplicación de métodos sostenible
ha permitido avances sustanciales. La aplicación de la ciencia en la agricultura
data desde antes de la caída del campo socialista, se ha trabajado en la
obtención de nuevas variedades de arroz por métodos científicos donde prima la
selección, el cruzamiento, la zonificación agroecológica; así mismo se ha
utilizado la rotación del arroz con leguminosas capaces de fijar el nitrógeno al
suelo y luego ser utilizado por esta gramínea tan ávida en ese elemento, el uso
de la ganadería y la avicultura en los arrozales después de la cosecha ha
permitido también el abonamiento de los campos con grandes cantidades de
excretas que sirven de nutriente a las plantas de este preciado grano.
A partir de la crisis económica generada por la desaparición de nuestros
principales proveedores de fertilizantes las alternativas han continuado
desarrollándose para lograr la sostenibilidad en este cultivo.
En el caso del café se ha tenido como práctica permanente el uso de abono
orgánico en los bolsos para la obtención de las posturas mejor alimentadas y más
vigorosas, el uso de casting de lombriz, el arrope, la utilización de plantas
leguminosas como abono verde, entre otras, se han utilizado con buenos
resultados a partir de métodos científicos en las investigaciones de los centros
dedicados a esta función.
En el caso de la caña de azúcar que durante muchos años fue un monocultivo, ya
hoy no lo es, se ha podido lograr rotar la caña con otros cultivos
fundamentalmente leguminosas para mejorar el suelo. Entre estas especies están
la soya (Glycine max. Lin Merril) y el frijol común (Faseolus vulgaris. Lin ),
estos cultivos proporcionan alimentos al hombre y a los animales al proveer
granos y forrajes, igualmente son fijadores de nitrógeno a través del rhizobium
que se encuentra en simbiosis con las raíces, así también se usan los restos
vegetales como abonos orgánicos al ser incorporados al suelo.
A partir de la aparición de la Tarea Alvaro Reynoso la biodiversidad en las
áreas cañeras ha superado los niveles anteriores, hoy es posible encontrar
grandes suprficies de cultivos varios, de bosques y de ganadería compartiendo el
ambiente con la caña de azúcar lo que mejora obstenciblemente la ecología.
Utilización de tecnologías apropiadas en nuestra agricultura.
La depresión de los rendimientos a partir de fuertes y severas afectaciones
climáticas y la contracción económicas favoreció el análisis para la búsqueda y
empleo de tecnologías de punta que no afectara el medio ambiente, este es el
caso de los cultivos protegidos para la producción de posturas y de alimentos
hortícolas y condimentos de forma rápida, estable y con altos rendimientos. Se
puede notar como en nuestro clima se obtienen excelentes resultados en
combinación con la aplicación de la ciencia. Igualmente se aplican productos
biotecnológicos como el FITOMAS, LOS BRASINOESTEROIDES, LOS BIOFERTILIZANTES,
que contribuyen a incrementar los rendimientos sin agredir el medio ambiente.
Investigaciones desarrolladas en la Facultad Agroforestal de Montaña han
permitido obtener buenos rendimientos en el rabanito, el tabaco, la lechuga,
aplicando el fitomas, un producto ecológico obtenido a partir de la caña de
azúcar; también se han utilizado análogos de brasinoesteroides en el pepino,
tomate, pimiento.
. Entre estas especies están la soya (Glycine max. Lin Merril) y el frijol común
(Faseolus vulgaris. Lin ), estos cultivos proporcionan alimentos al hombre y a
los animales al proveer granos y forrajes, igualmente son fijadores de nitrógeno
a través del rhizobium que se encuentra en simbiosis con las raíces, así también
se usan los restos vegetales como abonos orgánicos al ser incorporados al suelo.
En el caso del cultivo de la Soya (Glycene max. Lin Merril), se ha logrado
seleccionar las variedades más promisorias para diferentes ecosistemas de la
región más oriental del país lo que permite mantener producción de semillas
durante todo el año sin la utilización de transgénicos. Los rendimientos en este
cultivo a partir de las variedades seleccionadas en el INCA, e introducidas y
generalizadas en esta región por los investigadores de esta facultad, han
superado en muchos casos las 2 toneladas y media por hectárea. Ha sido válido
para tales resultados el uso de los biofertilizantes, la rotación de cultivos,
la selección de la época óptima de siembra y la política varietal.
También se ha trabajado con otros cultivos en investigaciones científicas en la
montaña donde se tienen técnicas de sostenibilidad al evaluarse asociaciones de
girasol y maíz que son de porte erecto, con plantas rastreras leguminosas que
pueden cubrir la parte que el otro cultivo deja desprotegida, esto además,
facilita un mayor aprovechamiento de las tierras y la obtención de mayores
rendimientos por unidad de área, estas asociaciones llevan además,
biofertilizantes como Azotobacter, Rhizobium, Micorrizas, que no agraden el
ambiente y mejoran el suelo.
Como se nota no ha sido necesario la utilización de semillas transgénicas. Esta
es una muestra fehaciente de aplicación de métodos agroecológicos en nuestra
agricultura en contraposición con las prácticas dañinas de las transnacionales,
donde, como hemos descrito en este trabajo los pobres no tienen acceso a esas
tecnologías porque tiene que comprar muy caras cuantas veces quiera sembrar las
semillas transgénicas
CONCLUSIONES
- Las investigaciones científicas realizadas en Cuba y otras partes del mundo en
desarrollo han demostrado que se puede obtener altos rendimientos en la
agricultura sin usar semillas transgénicas.
- La biotecnología que se usa en Cuba es sana, no afecta el medio ambiente ni la
salud humana.
- Los métodos agroecológicos son más limpios que las tecnologías de punta
practicadas en los países desarrollados.
- Según la opinión de varios científicos del mundo los cultivos transgénicos
pueden afectar la salud humana al no conocerse exactamente el camino que toman
los genes consumidos en los productos obtenidos por esta vía.
GLOSARIO DE PALABRAS CLAVES
Biotecnología: combinación de bioquímica, genética, microbiología e
ingeniería para desarrollar productos y organismos con valor comercial.
Bioingeniería: construcción genéticamente controlada de plantas o
animales que consiste en la transferencia de genes para crear una nueva función
o producto, a partir de un organismo que de otra manera sería genéticamente
incompatible.
Diversidad genética: de un grupo -población o especie- es la posesión de
una amplia variedad de caracteres y alelos que con frecuencia originan
diferentes expresiones en diferentes individuos.
Especie: un grupo de organismos de cruzamiento libre genéticamente
aislado de fuentes estrechamente relacionadas que de otra manera podrían
intercambiar genes; en taxonomía, individuos dentro de un orden que se reproduce
libremente entre sí.
Especie biológica: grupo de individuos que comparten libremente una
secuencia común de genes y que se reproducen aisladamente pero que normalmente
no pueden cruzarse.
Fijación de nitrógeno: proceso por el cual el nitrógeno atómico se vuelve
accesible a las plantas cuando se metabolizan sustancias químicas como el
amoníaco.
Flavona: molécula aromática (contiene un anillo bencénico como núcleo)
significativa en la comunicación de las leguminosas con Rhizobium y
Bradyrhizobium.
Flavonoides: moléculas de algunas plantas que pueden tener propiedades
biológicas impredecibles, generalmente antioxidantes u hormonales.
Frijol soya: Glycine max (L) Marr. Una leguminosa tropical de amplia
aplicación en agronomía; produce nódulos radiculares en simbiosis con
Bradyrhizobium japonicum y Rhizobium fredii.
Gen: unidad hereditaria conformada por una secuencia de bases del ADN
Genoma: todos los genes que posee un organismo determinado.
Germoplasma: el material de las células germinales supuestamente
responsable del mantenimiento de las características hereditarias que se
trasmite a las siguientes generaciones.
Leguminosas: familia de plantas que se caracteriza por una morfología
floral similar a la de la arveja. Muchas pero no todas las legumbres presentan
nódulos radiculares por la simbiosis con bacterias del suelo fijadoras de
nitrógeno como Rhizobium,Bradyrhizobium y Azorhizobium.
Mejoramiento: propagación controlada de plantas y animales
Monocultivo: un cultivo o colonia que contiene organismos de una sola
línea genética pura; línea de plantas genéticamente uniformes u organismos
derivados de cultivo de tejidos.
Mutación: una súbita variación heredable en un gen
Nódulo: sobrecrecimiento de las raíces (o tallos en algunos casos) de las
leguminosas, inducido por bacterias o agentes exógenos, como los factores
bacterianos derivados de la formación de nódulos o los inhibidores del
transporte de las auxinas.
OGM: abreviatura de organismo genéticamente modificado; planta o animal
que contiene material genético alterado en forma permanente.
Organismo transgénico: organismo creado por ingeniería genética, en cuyo
genoma se han incorporado uno o más genes foráneos.
Patógeno: cualquier agente que causa enfermedad.
Recursos genéticos: se ha usado esencialmente como sinónimo de
germoplasma, excepto que lleva en sí la fuerte implicación de que el material es
considerado con un valor económico o utilitario.
Rhizobium: bacteria capaz de inducir la formación de nódulos en
leguminosas como arveja, alfalfa y trébol.
Teratogénico: capaz de producir defectos congénitos u otros daños
reproductivos que se manifiestan en una afección visible en forma o tamaño.
Transgene: un gen que se ha trasladado entre diferentes líneas de
especies dentro de las células germinales de un hospedante.
Transgénesis: la ciencia del movimiento interespecífico de genes
individuales.
Transgénico: adjetivo que describe a un organismo que contiene genes
extraños a su estructura genética nativa.
Variedades: sub-tipos morfológicamente diferentes de una especie o género
eterminado; ejemplo, una nueva variedad de maíz.
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Development.
AUTORA
Lic. Yordanka Guzmán Mirás
Centro Universitario Guantánamo
Ponencia de Problemas Sociales de la Ciencia y la Tecnología
Abril 2007
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Publicación enviada por Salvador Batista Mejias
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Publicado Thursday 5 de July de 2007
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