|
| |
Reflexiones teóricas sobre el desarrollo de la expresión oral, con carácter interdisciplinario, en estudiantes de 1 año de carreras pedagógicas
Resumen: La lengua es el instrumento básico del maestro para lograr la plena comunicación con sus estudiantes, no solo en la transmisión de ideas, de emociones, en la persuasión, sino también en un elemento no menos importante: la influencia lingüística del profesor en el habla de los estudiantes, mediante la cual se crean, por imitación, buenos, o malos, hábitos de expresión en los educandos. De ello se deduce que la expresión oral correcta debe ser una condición inherente a todo maestro.
Publicación enviada por Raul Siles Denis
RESUMEN
La lengua es el instrumento básico del maestro para lograr la plena comunicación
con sus estudiantes, no solo en la transmisión de ideas, de emociones, en la
persuasión, sino también en un elemento no menos importante: la influencia ling-
ística del profesor en el habla de los estudiantes, mediante la cual se crean,
por imitación, buenos, o malos, hábitos de expresión en los educandos. De ello
se deduce que la expresión oral correcta debe ser una condición inherente a todo
maestro.
En el presente trabajo se exponen los fundamentos filosóficos, psicológicos,
sociológicos y pedagógicos, sobre la base de reflexiones que contribuyen a tomar
como imperativo la necesidad de un trabajo cooperativo e interrelacionado de las
diferentes disciplinas que se imparten en el 1. año de carreras pedagógicas,
para con el concurso de las mismas posibilitar el desarrollo de la expresión
oral de los maestros en formación y lograr, entonces, que estos funjan como
comunicadores eficientes en su futuro desempeño profesional.
Mundialmente es reconocido el lenguaje oral como medio de comunicación de valor
pleno, un medio de intercambio de pensamientos, sin el cual el hombre no habría
podido consolidar y trasmitir su experiencia. Es reconocido, además, como
instrumento que hace posible las relaciones sociales y que es inherente a toda
actividad humana; como la vía que desde un inicio de la vida, va proporcionando
los mecanismos y contenidos de la personalidad.
Si se analiza el trabajo del maestro, se apreciará que la lengua es su
instrumento básico para lograr la plena comunicación con los estudiantes. En la
comunicación profesor alumno, además de las tres funciones básicas del lenguaje:
transmisión de ideas, transmisión de emociones y persuasión, se da
colateralmente, una función no menos importante: la influencia ling- ística del
profesor en el habla de los estudiantes, mediante la cual se crean, por
imitación, buenos, o malos, hábitos de expresión en los educandos. Por ello la
expresión oral correcta debe ser una condición inherente a todo maestro.
¡Los que se dedican a la enseñanza tienen que estar capacitados para influir de
modo positivo sobre la actividad expresiva y comunicativa de los alumnos!
De ello se deduce la necesidad de que todos los docentes sepan interpretar lo
que es realmente el fenómeno del lenguaje y comprender la dialéctica de los
cambios que ocurren en el idioma. De ello dependerán, en gran medida, los
métodos y procedimientos que empleen, su capacidad para discernir entre lo
esencial y lo accesorio, entre lo útil y lo perjudicial y su actitud consecuente
ante las variaciones que se salen del uso normal de la lengua. También,
entonces, dependerá de ello la actitud crítica ante su propio trabajo y el de
sus alumnos.
Si la educación del lenguaje ha de significar para el alumno organización y guía
en el conocimiento del mundo que lo rodea e instrumento firme y seguro en las
relaciones sociales y de la vida práctica, esta enseñanza debe aspirar también a
proporcionarle un instrumento idóneo para acrecentar su cultura y sus
capacidades expresivas y actitudes consecuentes con una visión científica, ética
y estética de la realidad y con una apreciación justa de las relaciones humanas.
He aquí la inmensa responsabilidad de los maestros, que deben estar conscientes
de lo que significa el dominio de la lengua como necesidad fundamental para el
desenvolvimiento del individuo en la sociedad y como instrumento por excelencia
de las relaciones sociales y profesionales.
Para ello la escuela tiene entre sus objetivos, desde los primeros grados,
lograr que sus alumnos sean capaces de exponer sus ideas sobre temas diversos,
con fluidez, tono y volumen de voz adecuados y una buena pronunciación, y
además, enseñarlos a escuchar.
Sin embargo en la práctica estas metas están lejos de alcanzarse; no hay hábito
de escuchar ni se le atribuye ninguna importancia a esta habilidad; no hay un
trabajo sistemático y planificado para el trabajo con la lengua hablada, y, por
otra parte, los materiales docentes no abundan en recomendaciones y estrategias
para desarrollar el habla, y, mucho menos la escucha, lo que no favorece el
trabajo de maestros y profesores en relación con la expresión verbal. En la
instauración de estas habilidades tiene un rol definitorio el maestro de
primaria, pues en esta educación, sobre todo en los dos primeros grados, se
adquieren y afianzan las mismas.
De lo anterior se deduce que en las universidades pedagógicas cubanas es
necesario formar maestros que sepan actuar en correspondencia con las demandas
actuales de la educación. Por ello cursan un primer año con carácter intensivo
en el que deben ser capaces de, entre otros aspectos, lograr habilidades
comunicativas que les permitan tener una actuación activa en la microuniversidad
en que están insertados, y desarrollar diferentes funciones, tales como:
- Preparación académica: sistemas de consultas para el diseño de
actividades que debe realizar en la microuniversidad, cursos de superación
cultural para maestros, cursos de UPT que debe ver y discutir en función de su
plan de estudio.
- Realización de las tareas que según el cronograma del diseño de TCE
corresponden a cada etapa.
- Impartición de la docencia correspondiente a alumnos bajo su
responsabilidad.
- Participación en acciones de carácter metodológico, como ejecutor o como
miembro del colectivo.
- Participación en las clases de los sábados. Aprobar con calidad todas
las asignaturas que cursan.
- Inserción dentro del sistema de TPI de la escuela.
- Realización de tareas concretas como PRE- REP y/o como dirigentes de la
FEU.
- Realizar acciones de formación vocacional.
- Participar en actividades de extensión universitaria, acciones de
trabajo comunitario, movimiento de artistas aficionados, y deportivas.
Si se precisa en qué consisten cada una de ellas se comprobará que todas exigen
de una competencia comunicativa que les permita desempeñarse con profesionalidad
en estas actividades.
Antes del proceso de universalización de la enseñanza los estudiantes tenían
cuatro años de estudios presenciales para que, con la continua asesoría del
maestro, perfilaran sus habilidades en la expresión oral. Los programas de
Español y de Literatura que recibían a lo largo de la licenciatura y la
complejidad de un grupo de actividades en que tenían los estudiantes que
demostrar esta importante habilidad profesional así lo propiciaba. Sin embargo,
los contenidos de estos programas quedaron reducidos a 150 horas cuyo tercio se
imparte en un primer módulo de nueve semanas. La Literatura pasó a formar parte
de un tema del programa de Español-Literatura, aún cuando es conocido el
importante papel del análisis literario en la adquisición de conocimientos del
mundo y, por ende, del vocabulario e ideas que contribuyen al desarrollo del
lenguaje.
Ahora bien, el primer año intensivo continúa propiciando la práctica de esta
habilidad, pero los estudiantes que no logren superar sus dificultades en este
sentido, en un año, pasan a ser maestros cuya influencia ling- ística será
negativa en estudiantes de un primer ciclo que están en plena etapa de imitar
fehacientemente el lenguaje de sus maestros.
La autora de este trabajo no está en contra de los cambios educacionales en el
nivel superior, por el contrario los exalta, pero se deben agilizar y vigorizar
los esfuerzos de los maestros de las universidades pedagógicas, a través de un
trabajo interdisciplinario y consciente en aras de resolver las dificultades que
aún se mantienen latentes tales como:
- Incorrecta pronunciación y dicción.
- Falta de fluidez.
- Pobreza de vocabulario.
- Falta de claridad en la expresión de las ideas.
- Empleo de frases vulgares y chabacanas.
- Uso de muletillas.
- Muy poco desarrollo en la habilidad escuchar.
Para ello se parte del criterio que asume Diana Salazar que plantea que la
interdisciplinariedad no se refiere a simples relaciones entre disciplinas sino
“interrelaciones que generan síntesis”, que parte de la existencia de sistemas
complejos que genera una forma de organización científica de trabajo integrado.
Se derivan de ella dos funciones básicas: interrelación y cooperación.
La interrelación propiciará la articulación entre las diferentes disciplinas que
conforman el plan de estudios, teniendo en cuenta todos sus componentes. La
cooperación, organizar las acciones estableciendo vínculos de participación
conjunta en su desarrollo, con la participación fusionada de los diferentes
profesores, en el proceso de trabajo.
En correspondencia con lo anteriormente planteado el objetivo de este artículo
se dirige a exponer las reflexiones teóricas que sustenten como imperativo el
desarrollo de la expresión oral, con carácter interdisciplinario, en estudiantes
de 1. año de carreras pedagógicas.
Que el hombre vive en sociedad es un hecho claro e indiscutible, es además un
acto inmediato. Desde su nacimiento se encuentra ya en un medio social que
constituye el marco en que se desarrolla su vida humana, la que va haciéndose
con una serie de actividades que van formando su personalidad.
La condición humana está asociada indisolublemente a la comunicación como
forma de relación entre los hombres. Al explicar su origen, Federico Engels
relaciona el trabajo y la necesidad de comunicación:
“… el desarrollo del trabajo al multiplicar los casos de ayuda mutua y de
actividad conjunta, para cada individuo, tenía que contribuir forzosamente a
agrupar aún más los miembros de la sociedad. En resumen, los hombres llegaron a
un punto en que tuvieron necesidad de decirse los unos a los otros.”
Ello contribuyó a la creación de una conciencia práctica del mundo material que
influyó a su vez sobre el trabajo y la palabra, estimulando su desarrollo.
En este proceso utiliza el lenguaje, forma especial de relación entre los
hombres:
“...El hombre no habría podido consolidar y trasmitir su experiencia, si no
hubiera dominado un medio de comunicación de valor pleno, un medio de
intercambio de pensamientos. Este medio cabal de comunicación, de intercambio de
pensamientos entre las personas, fue el lenguaje oral.
El lenguaje oral puede expresar no solo nuestros conocimientos concernientes a
lo que nos rodea, sino, además, las relaciones que se dan entre nosotros y los
fenómenos del mundo exterior, entre nosotros y las demás personas, así como la
actitud que adoptamos acerca de nosotros mismos, acerca de nuestras acciones,
nuestros estados de ánimos y nuestras vivencias; es idóneo también, para
expresar nuestras emociones e incitaciones volitivas. El lenguaje, por tanto,
fija y expresa el conjunto de los complejísimos fenómenos y conexiones de la
realidad”.
Ahora bien, con el desarrollo del lenguaje se desarrolla también el pensamiento:
la importancia del primero es indiscutible por su doble función; comunicativa,
mediante la cual los hombres se transmiten sus ideas; y cognoscitiva, que
consiste en la aprehensión de la realidad objetiva, elaborando en su mente los
conceptos, que son el resultado del proceso de abstracción y generalización
producido a partir de la observación de una serie de hechos particulares. La
forma de expresión es precisamente la palabra.
Es evidente entonces que todos los maestros, trabajadores ideológicos por
excelencia, tengan que concientizar que la lengua debe ser particularmente
atendida porque al pulirla, se logra entonces perfeccionar el pensamiento.
La utilización del idioma por parte de la persona se expresa por medio de la
lengua, formada esta por un determinado vocabulario elaborado socialmente, que
se rige por reglas y leyes históricas.
Con estas condiciones la comunicación mediante el lenguaje tiene como esencia
que las palabras sean portadoras de significado, tanto por el emisor como por el
receptor. Solo así se realiza el hecho ling- ístico de la comunicación entre los
miembros de la sociedad. Por medio de este también se proyecta a los demás el
mundo afectivo y las palabras pueden asumir diferentes significados atendiendo a
la entonación, las pausas, el volumen de la voz, entre otros aspectos. Esto lo
adopta a través de la expresión oral.
Conociendo ya que la lengua es un factor decisivo en las relaciones del
individuo como ser social, todos los maestros tienen que exigir a sus alumnos el
empleo de la forma de expresión ling- ística adecuada, teniendo en cuenta el
marco social en que se encuentren, que conozcan los códigos de comunicación que
pueden emplear en determinados contextos, la variedad del léxico de acuerdo al
lugar en que vive el hispanohablante, sobre todo dentro de nuestro país, cuándo
se está hablando correctamente, quiénes son los que mejor hablan, quiénes son
los que más cultura poseen y que logren concientizar entonces que la lengua es,
además, exponente de la conducta, de los valores que posee el hablante, todo lo
cual define el desarrollo de la sociedad.
No siempre se le prestó la debida importancia a la enseñanza de la expresión
oral pues desde su carácter clasista la Educación puede contribuir a la
asimilación de contenidos sociales que coinciden con las metas elegidas por la
clase dominante y por las instituciones que la representan. Haciendo un breve
esbozo en este sentido se debe partir, como requerimiento básico, del estatus
colonial de Cuba, y por ende, de la metrópoli y de su legislación al respecto
para el nuevo mundo.
De lo anterior se deduce que cada sociedad se impone la formación de un modelo
de hombre que asimila y reproduce individualmente las normas y patrones
socialmente válidos en un momento histórico concreto, pero que tienen su origen
en las condiciones específicas del desarrollo económico social alcanzado. No fue
entonces hasta el triunfo de la Revolución, que se dieron pasos gigantes en la
búsqueda de nuevos enfoques en la enseñanza del idioma.
Por vigencia medieval en el período renacentista español, trasladado a sus
colonias novomundistas, la educación en los siglos XVI y XVII estuvo
fundamentalmente en poder de la Iglesia, aunque regulada por el Real Patronato
de Indias.
En ese monopolio los franciscanos, dominicos, jesuitas y agustinos impartieron
la educación en Cuba, que no solo se limitó a ellos. Sus logros en esta etapa
referentes a la educación apenas pasaron más allá de erigir seminarios, colegios
y universidades, sin embargo, se esmeraro0n por aprender la lengua de América,
sobre todo los franciscanos:
“… Fray Juan de Tecto, preparó en lengua náhualt los primeros rudimentos
necesarios para aprender la doctrina cristiana y fray Francisco Jiménez compuso
la primera gramática y el primer diccionario en dicha lengua…”
Los jesuitas, agustinos, mercedarios y betlemitas educaron a los alumnos en el
arte de la palabra, lo cual sirvió para formar a los respetados oradores de cada
una de estas órdenes. Sin embargo era escasa la importancia otorgada, en las más
altas esferas del poder al idioma que se imponía. El impulso del renacimiento
aristotélico y la expansión de la escolástica bajo la dirección de los monjes
eran la máxima prioridad. De ahí que en los siglos XVI y XVII, al predominar la
educación no escolarizada, la casi totalidad de los hijos de los primeros
pobladores fueran educados por la familia y la sociedad en su conjunto, a través
del ejemplo y las tradiciones orales.
De esta manera la actividad y la comunicación constituyen formas de relación
humana con la realidad, las que influyen en su unidad en la formación y
desarrollo de la personalidad. Esta triada resulta esclarecedora a partir de la
concepción histórico cultural desarrollada por L. S. Vigotsky, quien desde una
posición dialéctico materialista, considera en una de sus ideas que los seres
humanos se desarrollan en una formación histórico cultural dada, creada por la
propia actividad de producción y transformación de su realidad y es por medio de
la actividad humana que se produce el desarrollo de los procesos psíquicos y la
consiguiente apropiación de la cultura. Por ello la actividad humana es siempre
social e implica, por tanto, la relación con otras personas, la relación entre
estas, siendo en esa interacción con otros que surge el mundo espiritual de cada
uno, su personalidad.
Es entonces en el siglo XVIII, año 1794, cuando el uso de una correcta expresión
oral por parte del maestro fue una exhortación que José Agustín Caballero,
Francisco de Isla y fray Félix González formalizaron en el llamado Plan General,
con el que por primera vez se intentó dirigir provechosa y uniformemente el
gobierno de las escuelas. El sistema educativo que prevalecía en España durante
los primeros siglos de la Colonia relegaba a un plano secundario la enseñanza
elemental; por ende, esto ocurrió también en nuestro país.
En el siglo XVIII la enseñanza era regenteada por clérigos regulares y curas
párrocos, con algunos preceptores particulares, concentrados en zonas urbanas,
por tanto la educación para la gran mayoría del pueblo consistió como en los
tiempos más remotos, en la transmisión oral de lo socialmente aceptado.
Nótese la importante función realizada por la lengua como el instrumento que
hizo posible consolidación y transmisión de experiencias, las relaciones
sociales.
Un paso importante es cuando se inicia un largo período de creación de
parroquias para abrir escuelas de primeras letras que mantenía como función
principal dar a conocer la doctrina cristiana y se centraba en la lectura,
escritura, nociones de gramática y ortografía castellanas.
En 1792 el escritor y poeta Manuel de Zequeira y Arango escribió:
“Ni una sola escuela tenemos en que se enseñen las primeras letras, con método,
orden o con aquellos principios elementales para ganar tiempo en los demás
conocimientos que se deben cultivar, prefiriendo unos escasos rudimentos de
latinidad a las verdaderas y útiles riquezas del propio idioma.”
Es en 1794 cuando Francisco de Isla, José Agustín Caballero y fray Félix
González formalizaron un plan general que se dirigía por primera vez al más
provechoso y uniforme gobierno de las escuelas y en el que se propusieron
sugerencias y consejos que resultaron novedosos en ese momento. En relación con
la lengua exhortaba a los maestros a ganar la voluntad de sus alumnos
“absteniéndose de llamarlos con apodos y no usando de palabras que le hagan
despreciables a los otros.” En otras palabras incitaba al docente a utilizar la
lengua como instrumento básico para lograr la plena comunicación con los
estudiantes, como la influencia ling- ística mediante la cual se deben crear,
por imitación, buenos hábitos de expresión en los educandos.
José Agustín Caballero insistió en que se enseñara español en todas las
escuelas pues planteaba:
“es vergonzoso que un español no hable su idioma con propiedad y pureza.”
Recomendó para la clase de lectura que los maestros”celen mucho la pronunciación
y eviten ciertos sones e inflexiones de voz que arraigados en la tierna edad
duran siempre.”
Ya en el siglo XVIII José Agustín también tuvo el mérito de ser de los primeros
en presentar en la Sociedad Económica, 6 de octubre de 1795, un proyecto de
reforma para los estudiantes universitarios, pero la universidad iba a tardar
aún medio siglo aproximadamente en efectuar cambios fundamentales.
Pese a todos estos atisbos el proyecto educativo escolástico hispano
predominante se mantuvo inalterable en sus postulados teóricos básicos, aunque
por esa fecha y a principios del siglo XIX se inició un débil intento por
contraponer dicho proyecto con la creación de instituciones que impulsaron el
desarrollo de la educación, junto al deseo de varias figuras que hicieron sus
aportes al desarrollo del pensamiento educacional cubano creando un camino más
propio.
En esta época Félix Varela vitalizó la enseñanza e importancia del dominio de
la lengua y por ello abogó por la formación del hombre menos vicioso y más
inteligente:
“el hombre será menos vicioso cuando sea menos ignorante. Se hará más rectamente
apasionado cuando se haga un exacto pensador.”
Por supuesto que también el hablar bien y con precisión está íntimamente
relacionado con el pensar bien. De ahí su afán por desterrar de la enseñanza el
latín, mal hablado y pésimamente comprendido por los alumnos.
En el siglo XIX el pensamiento martiano sentó pautas en este sentido. Exigió en
sus escritos que “a cada uno ha de hablársele en su lengua.”
“Se ha de hablar el castellano sin pujos ni remilgos, ni baturradas de antaño
para decir nuestras ideas y cosas de hoy, ni novelerías innecesarias que ponen
el español pintarrajeado y tornadizo, como un maniquí de sastrería.”
Exhortando a la perfección de la lengua expresó:
“no se ha de hablar sin idea, y por el mero gusto de lucir el talle, sino como
quien pone en orden piedras de cantería.”
Insistió en que no había nada mejor para agrandar y robustecer la mente que el
estudio esmerado y la aplicación oportuna del lenguaje.
Es importante destacar que vio en la transformación de la instrucción primaria
una premisa fundamental para cualquier posterior transformación educativa,
aspecto medular a tener en cuenta en esta investigación.
Pero la enseñanza del idioma durante la colonia no podía escapar de las
concepciones imperantes en cuanto a educación. De igual forma, en la república
mediatizada dicha enseñanza se vio frustrada y constantemente limitada.
No puede dejar de mencionarse a Enrique José Varona (1849-1933) como uno de los
que introdujo algunos cambios, ni desconocerse algunos educadores que realizaron
diversos aportes que tuvieron que ver con la enseñanza de la lengua como José
Silverio Jarrín (1816-1897), ling- ista proyector de la instrucción pública,
Alfredo M. Aguayo(1866-1948) quien impulsó el interés de los maestros por hallar
las causas de los problemas relacionados con la enseñanza del idioma y por
definir el vocabulario de uso común de los escolares.
También Carolina Poncet (1879-1969), cuyo texto Lecciones de Lenguaje está
catalogado como uno de los logros de nuestra didáctica en el primer tercio de
este siglo, Herminio Almendros (1898-1974) que enriqueció la pedagogía cubana
con novísimas ideas que introdujo a través de numerosos textos escolares y
publicaciones sobre métodos para la enseñanza del idioma. No obstante, estos
esfuerzos no podían encontrar eco en una sociedad neocolonizada, cuya situación
imperante era reflejada en la educación por un millón de analfabetos absolutos,
más de un millón de semianalfabetos, 600mil niños sin escuelas y diez mil
maestros sin trabajo.
Las transformaciones que siguieron al Triunfo de la Revolución trazaron la
necesidad de crear profundos cambios en la educación y en las concepciones
pedagógicas existentes. Se basa en el principio martiano Educación para todos.
Tiene como finalidad la formación integral del hombre.
Se debió partir de la Campaña de Alfabetización (1961), de la enseñanza del
idioma en función de la libertad. Paralelamente a esta importante e
imprescindible tarea, la reforma de la enseñanza preparaba los planes para la
formación de maestros, para la creación de instituciones y eventos que
orientaran a los profesores en la enseñanza del idioma. Se hizo necesario,
además, unificar el lenguaje alrededor del principio de las grandes tareas de la
Revolución, por lo que se abatieron muchas formas de expresión y nacieron otras
que representaban aspiraciones nacionales, generalizándose las ideas guías.
Ello, por supuesto, con la fuerza directa y necesaria del pueblo que hacía
sentir su influencia en los destinos de su nación.
Junto a todos estos cambios, y a la avalancha de alumnos que procedentes de
todos los niveles llegaron a las aulas y de profesores que debían enfrentar la
compleja enseñanza del idioma, los estudios ling- ísticos irrumpieron con fuerza
en el campo universitario y la confrontación de conceptos y teorías empezó a
despertar las inquietudes de muchos y creó condiciones para avanzar. Los
distintos tipos de educaciones elaboraron sus propios textos de Español y de
Literatura, y las Orientaciones Metodológicas para poder orientar a su
profesorado.
Fue necesario también, en estos primeros años, iniciar una labor revisora que
produjera indudables mejoras en los planes educativos. Las inquietudes
planteadas en el Congreso de Educación y Cultura (1971) adoptaron formas de
resoluciones y recomendaciones y se puso de manifiesto la necesidad del
perfeccionamiento en el Sistema Nacional de Educación.
En materia ling- ística ello ha propiciado, con el decursar de los años,
transformaciones en los métodos y procedimientos en el estudio del idioma, y la
concepción de la asignatura sobre la base de un principio esencial: la
correlación entre pensamiento y lenguaje, lo que permite comprender por qué es
imprescindible atender, en todos sus aspectos, el habla del estudiante, ya que
al cuidar la lengua se atiende también el pensamiento. “Cuando no se piensa
claro, no se habla claro”, dice Martí; y en otra oportunidad plantea “La idea ha
de encajar exactamente en la frase, tan exactamente que no pueda quitarse nada
de la frase sin quitar eso mismo de la idea”.
La educación en nuestro socialismo es considerada una de las funciones más
importantes de la sociedad. Nuestros máximos dirigentes están conscientes que no
es posible concebir el desarrollo de la humanidad, ni su propia historia, si no
se hubiese asegurado, de una u otra forma, la transmisión de la experiencia
anterior a las nuevas generaciones, si no se hubieran encontrado los medios y
las vías para trasladar, de ancianos a jóvenes, de padres a hijos, la herencia
cultural contenida en los instrumentos de trabajo, las técnicas y habilidades,
las tradiciones y conocimientos.
A partir de lo adquirido se logra el crecimiento económico y cultural de la
sociedad y se aseguran las bases para la continuidad del proceso social. De ahí
el carácter histórico de la Educación. Constituye, entonces, en su sentido más
amplio, un conjunto de influencias recíprocas que se establecen entre el
individuo y la sociedad, con el fin de lograr su inserción plena en ella, o sea,
la socialización del sujeto.
“Es un fenómeno social encaminado a la transmisión y apropiación de la herencia
cultural y los valores, normas y patrones socialmente aceptados”
Desde un sentido más concreto, se considera la Educación como “fenómeno
históricamente condicionado dirigido a la formación y desarrollo de la
personalidad a través de la transmisión y apropiación de la herencia cultural de
la humanidad.”
Es precisamente la Pedagogía la ciencia que estudia la formación integral de la
personalidad del individuo desde la escuela, en estrecho vínculo con la familia
y la comunidad. Un elemento importante dentro de la formación del hombre lo
constituye el lenguaje, aspecto que demuestra el desarrollo alcanzado por esta,
es decir, la apropiación por cada hombre de la herencia histórica cultural
acumulado por la humanidad que le ha precedido.
Es importante para determinar la cientificidad de la pedagogía como ciencia
llamada a resolver los problemas de la educación, un adecuado sistema de
categorías, leyes y principios, que utilizado por educadores con un amplio
dominio de la teoría, sean capaces de aplicarla creadoramente de acuerdo con las
particularidades sociales concretas.
En Cuba se adopta una posición con respecto a las categorías, ellas se trabajan
en pares, sin negar la identidad de cada una en particular: Instrucción-
Educación; Enseñanza – Aprendizaje y Formación – Desarrollo.
Particularizando en estos pares, la instrucción representa el nivel de
conocimientos, contenidos, que los estudiantes deben poseer como resultado de lo
aprendido curricularmente; la educación está dirigida a la formación de valores
humanos. En tal sentido, en el primer año de carreras pedagógicas el colectivo
debe lograr que el estudiante desarrolle las habilidades y hábitos ling- ísticos
necesarios relacionados con la lengua, y usarlos en su desempeño como educador.
Debe entonces lograr, junto a ello, desarrollar una actitud de respeto y amor
hacia lengua materna, lo que se traduce en: valorar la importancia del uso
correcto de la lengua en cada situación comunicativa, como arma ideológica y
como manifestación de su identidad nacional; como medio para defender con
intransigencia sus convicciones revolucionarias y patrióticas en las diversas
situaciones comunicativas, etcétera.
La enseñanza y el aprendizaje componen un proceso conducido y organizado por el
maestro. Tiene entre sus objetivos propiciar el intercambio y la comunicación de
los estudiantes, y a su vez, mediante ello, lograr que estos se apropien de
habilidades, hábitos, capacidades, junto a todos los valores que van formando su
personalidad. De ello se deduce que al desarrollarse este proceso de aprendizaje
en un grupo, motive una serie de relaciones sociales y nuevas necesidades y
experiencias.
Debe caracterizarse entonces, como todo proceso comunicativo, por la relación
sincera, la comprensión, el diálogo, la ética, y el maestro debe aspirar a que
el alumno hable, pregunte, razone, piense. Esto se logrará si se estructurar el
proceso de enseñanza aprendizaje hacia la búsqueda activa del conocimiento de lo
estudiantes, exigencia importante para lograr el aprendizaje desarrollador,
partiendo del conocimiento preciso de la zona de desarrollo actual de sus
alumnos. Para el desarrollo de la expresión oral es básico partir de la
enseñanza práctica, apoyada en un sistema de análisis, síntesis y
generalizaciones, para lo cual el colectivo tiene que proyectarse con ilación.
Es precisamente la Didáctica la rama de la Pedagogía que estudia el proceso de
enseñanza-aprendizaje de una forma integral.
La formación como categoría que expresa el nivel de preparación del hombre para
vivir en nuestra sociedad presupone la necesidad de que el estudiante de 1. año
de carreras pedagógicas se desarrolle cultural, pedagógica, y ling- ísticamente.
Las categorías de la pedagogía se concretan en un sistema de leyes. En Cuba se
asumen las propuestas por el investigador Carlos Álvarez de Zayas: la relación
de la escuela con la vida, con el medio social y la relación de la instrucción y
la educación con los componentes del proceso.
Ellas se expresan, en primer lugar, en la influencia poderosa del medio, el
hogar, la escuela, y la comunidad en los hábitos idiomáticos del alumno. La
escuela debe encabezar la lucha por la erradicación de las dificultades que en
este sentido se presentan. El colectivo de año debe lograr que los estudiantes
concienticen que las expresiones chabacanas e incorrectas y el abuso de los
extranjerismos, muy comunes en la comunidad, contribuyen al empobrecimiento de
la lengua y por consiguiente afectan la comunicación. La falta de educación
formal, el relajamiento moral, la actitud despectiva hacia el trabajo, la
actitud indigna hacia la mujer, la falta de respeto hacia los demás y la propia
indisciplina escolar o laboral, tienen clara incidencia en el lenguaje. Para
contrarrestar estos aspectos, el Instituto y el colectivo deben desarrollar
actividades prácticas que contribuyan a crear un clima de admiración de
admiración y respeto.
En segundo lugar, para la relación de la instrucción y la educación con los
componentes del proceso, el colectivo debe regirse por los objetivos generales
del año, en los que se prioriza el trabajo para el logro de habilidades en la
expresión oral del futuro maestro. El objetivo como categoría rectora precisa
los requerimientos para que los alumnos se instruyan y eduquen. De ahí que el
colectivo debe definir cómo, a partir del contenido de los temas de las
asignaturas que se imparten en el año, puede contribuir al desarrollo de
habilidades idiomáticas y sobre esa base definir los métodos, los medios, la
forma de organización de la actividad y la evaluación de la actividad.
En Cuba, al reconocerse hace más de treinta años que la Pedagogía es una
ciencia, se han asumido un conjunto de principios para la dirección del proceso
pedagógico. En la búsqueda del significado de la palabra “principio”, aparece
como una de sus acepciones: normas generales que dirigen la actividad del
hombre, convertidas por ello en una ley social. Por ende, los numerosos autores
cubanos plantean que los principios para la dirección del proceso pedagógico son
guía, posiciones rectoras, normas para la enseñanza.
En tal sentido, Fátima Addine Fernández, y otras investigadoras, precisan que
son las tesis fundamentales de la teoría psicopedagógica, sobre la dirección del
proceso pedagógico, que devienen normas y procedimientos de acción que
determinan la fundamentación pedagógica esencial en el proceso de educación de
la personalidad, criterio al que se adscribe la autora del presente trabajo.
Es preciso que para el desarrollo de la expresión oral con carácter
interdisciplinario el educador tenga presente los aportes de los principios de
la Pedagogía, considerados, tesis o metas fundamentales de la labor pedagógica
del docente.
El principio de la unidad del carácter científico e ideológico del proceso
pedagógico le permite al maestro proporcionarle al estudiante, mediante el
lenguaje, una organización y guía en el conocimiento del mundo que lo rodea como
instrumento válido en las relaciones sociales y en la vida práctica. La
enseñanza del lenguaje debe contribuir a proporcionar una herramienta idónea
para acrecentar las capacidades expresivas del alumno de modo que se traduzcan
en reacciones y actitudes consecuentes con la visión científica, ética y
estética de la realidad y con una apreciación justa de las relaciones humanas.
El principio de la vinculación de la educación con la vida, el medio social y el
trabajo ofrece la posibilidad de que cada una de las actividades que realiza el
maestro en las diferentes asignaturas propicie, mediante una preparación intensa
e individualizada, que el alumno hable libremente, pregunte, responda, razone.
Las materias de estudio deben proporcionar la oportunidad de relacionar los
temas que corresponden a los gustos, las vivencias, las aptitudes, los intereses
de los educandos, adecuándolos a sus conocimientos en torno al mundo que les
rodea: la familia, la escuela, la comunidad, la vida práctica de las personas
que conviven con ellos o de aquellos con los que se relacionan frecuentemente.
El principio del carácter colectivo e individual de la educación de la
personalidad y el respeto a esta propicia que en las relaciones profesor-
alumno, alumno –profesor, alumno-alumno el maestro garantice la continuidad
progresiva del lenguaje, teniendo en cuenta el valor del camino natural por el
que el alumno llega a adquirir la lengua materna. Se debe partir entonces de las
capacidades idiomáticas ya adquiridas por el alumno y tender a desarrollarlas, o
normalizarlas, mediante el papel activo de los estudiantes en las actividades,
siempre respetando sus características como individuo. Por ello es importante
que el docente tenga en cuenta, conjuntamente con las diferencias en el
desarrollo del lenguaje, las variedades del léxico, originadas por las
distinciones de su procedencia o de su medio sociocultural, aunque no debe
desdeñarse la práctica de la crítica y la autocrítica en la corrección de
expresiones incorrectas.
El principio de la unidad de lo instructivo, lo educativo y lo desarrollador
posibilita que los maestros se puedan capacitar para influir de modo positivo
sobre la actividad expresiva y comunicativa de los alumnos. Si realmente quiere
enseñarlos a hablar bien, con tono adecuado y pronunciación cuidadosa, con
propiedad en el léxico y con expresiones bien construidas, debe tener presente,
ante todo, que así como él habla, tenderán a hacerlo sus estudiantes. Se aspira
a que parta del conocimiento de sus dificultades, demostrarles la necesidad de
una expresión oral correcta para desempeñar su profesión y las estrategias a
seguir para vencerlas.
Debe enseñarlos a expresarse oralmente teniendo en cuenta la norma, a conocer la
lengua no solo por la forma de expresión oral, o escrita, sino también por la
conducta y los valores que manifiestan su conocimiento. Este no debe ser
empírico sino práctico. De ahí la necesidad de que utilizando el contenido de la
clase y las actividades diseñadas para ella el maestro potencie educativamente
ese contenido. A partir del trabajo interdisciplinario, las acciones estarían
mejo encauzadas y, por ende, los resultados serían más satisfactorios.
El principio de la unidad de lo afectivo y lo cognitivo posibilita que el
colectivo pedagógico logre que el estudiante se trace metas y que el grupo
conozca también las necesidades de sus compañeros y contribuir a que estas se
resuelvan. Propicia que ambos, alumnos y profesores, puedan estimular los logros
alcanzados derivados de esas metas de manera que el estudiante se convenza de
cuáles deben ser las próximas acciones a plantearse y superar.
El principio de la unidad entre la actividad, la comunicación y la personalidad
ofrece la posibilidad de que el colectivo de grupo emplee una comunicación
asertiva y logre que sus alumnos la practiquen también. Propicia, además que se
conjuguen, en lo curricular, actividades extracurriculares y de extensión
universitaria que los obligue a ser emisores y receptores de la comunicación,
sobre todo en actividades con pretensiones oratorias. Con ello se logrará
combinar armónicamente la exigencia, la sinceridad, la cortesía, el buen trato,
el control emocional, entre otros elementos.
Por todo lo anteriormente planteado se puede sintetizar que las exigencias de la
Pedagogía contemporánea demandan que el colectivo de año se proyecte por el
desarrollo de la expresión oral, a partir de un enfoque interdisciplinario,
teniendo en cuenta las posibilidades que ofrece el mismo para resolver las
dificultades idiomáticas de los estudiantes de 1. año de carreras pedagógicas
con la intensidad y vigor que ello necesita.
Es el lenguaje, por tanto, el instrumento básico para lograr la plena
comunicación entre maestros y alumnos, donde además de la: transmisión de ideas,
transmisión de emociones y persuasión, tiene una función preponderante la
influencia ling- ística del profesor en el habla de los estudiantes.
Para el logro de este objetivo se consideran los principios, leyes y categorías
de la Pedagogía elementos básicos que propician una adecuada preparación
profesional para el desarrollo de la expresión oral con carácter
interdisciplinario.
B IBLIOGRAFÍA
1. Achiong Caballero, Gustavo: “La Universalización de la Formación Docente de
la Provincia de Sancti Spiritus: Actualidad, Retos y Perspectivas” en Revista
Pedagogía y Sociedad. Especial N. 4, octubre, Sancti Spiritus, 2003.
2. Addine Fernández, Fátima: Didáctica, Teoría y Práctica, Editorial Pueblo y
Educación, Ciudad de la Habana, 2002.
3. Álvarez, Carlos: La Escuela en la Vida. Editorial Félix Varela, La Habana,
1992.
4. Arias Leiva, Georgina: Cartas al maestro. Hablemos de Lengua Hablada.
Editorial Pueblo y Educación, Ciudad de la Habana, 2002.
5. Blanco Pérez, Antonio: Introducción a la Sociología de la Educación.
Editorial Pueblo y Educación, Ciudad de la Habana, 2001.
6. Caballero, José Agustín: Discurso pronunciado ante la Sociedad Patriótica el
8 de noviembre de 1796, Biblioteca Nacional José Martí, Sala Cubana, Colección
Manuscrita, Morales N. 8.
7. ----------------------------------: Discurso pronunciado ante la Sociedad
Patriótica el 6 de octubre de 1795, Biblioteca Nacional José Martí, Sala Cubana,
Colección Manuscrita, Morales N. 6.
8. ---------------------------------: “Ordenanzas” en Escritos Varios T-I y II.
9. Caballero Delgado, Elvira: Preguntas y Respuestas para Elevar el Trabajo
educativo en la Escuela. Editorial Pueblo y Educación, Ciudad de la Habana,
2002.
10. Colectivo de Autores: Aprender y Enseñar en la Escuela. Editorial Pueblo y
Educación, Ciudad de la Habana, 2002.
11. --------------------------------: Compendio de Pedagogía. Editorial Pueblo y
Educación, Ciudad de la Habana, 2002.
12. --------------------------------: “Una Propuesta de Educación Desarrolladora
para el Escolar Primario” en Hacia el Perfeccionamiento de la Escuela Primaria.
Editorial Pueblo y Educación, Ciudad de la Habana, 2000.
13. -------------------------------: Curso de Español: Universidad para Todos.
Editorial Pueblo y Educación, Ciudad de la Habana, 2000
14. ------------------------------: III Seminario Nacional para Educadores.
Editorial Pueblo y Educación, Ciudad de la Habana, 2000.
15. -------------------------------: Interdisciplinariedad: Una Aproximación
desde la Enseñanza Aprendizaje de las Ciencias. Editorial Pueblo y Educación,
Ciudad de la Habana, 200.
16. Enrique Pérez, Mario: “Técnicas de Expresión Oral y Escrita” en Revista
Educación N. 101. Editorial Pueblo y Educación, Ciudad de la Habana, 2001.
17. Fernández González, Ana María y otros: Comunicación Educativa. Editorial
Pueblo y Educación, Ciudad de la Habana, 2002.
18. -----------------------------------------------------------: Nociones de
Sociología, Psicología y Pedagogía. Editorial Pueblo y Educación, Ciudad de la
Habana, 2002.
19. Fiallo Jorge: “La interdisciplinariedad, reto para la Realidad de un
Currículo” en Revista Desafío Escolar, Año 1 N. 1, mayo-julio, 1997.
20. García Alzola, Ernesto: Lengua y Literatura. Editorial Pueblo y Educación,
Ciudad de la Habana, 1992.
21. García Pers, Delfina: Didáctica del Idioma Español . Editorial Pueblo y
Educación, Ciudad de la Habana, 1976.
22. García Pers, Delfina y Maricelys Rodríguez Vives: “Origen y Evolución del
Idioma Español” en Gramática del Español. Editorial Pueblo y Educación, Ciudad
de la Habana, 2003.
23. González Castro, Vicente: “La Comunicación Oral en las Clases: Algunas Ideas
de Martí” en Revista Educación N. 53 abril-junio. Editorial Pueblo y Educación,
Ciudad de la Habana, 1984.
24. González Castro, Vicente: Profesión Comunicador. Editorial Pablo de la
Torriente, La Habana, 1989.
25. Martí Pérez, José: Obras Completas, Tomo XVI, Editorial Pueblo y Educación,
La Habana, 1990.
26. Paz Pérez, Carlos: De lo Popular y lo Vulgar en el Habla Cubana. Editorial
Pueblo y Educación, La Habana, 1990.
27. Porro Rodríguez Migdalia: Práctica del Idioma Español I. Editorial Pueblo y
Educación, Ciudad de la Habana, 1988.
28. Roméu Escobar, Angelina: “Comunicación y Enseñanza de la Lengua” en Revista
Educación N. 83 sep.-dic. Editorial Pueblo y Educación, Ciudad de la Habana,
1990.
29. -----------------------------------: Metodología de la Enseñanza de la
Lengua. Editorial Pueblo y Educación, Ciudad de la Habana, 1978.
30. Silvestre Oramas, Margarita y José Zilberstein Toruncha: Hacia una
didáctica desarrolladora. Editorial Pueblo y Educación, Ciudad de la
Habana, 2002.
31. Sosa Rodríguez, Enrique y Alejandrina Penabad Félix: Historia de la
Educación en Cuba T-I y II. Editorial Pueblo y Educación y Ediciones Boloña.
Publicaciones de la Oficina del Historiador de la Ciudad, La Habana, 2001.
32. Torroella González, Gustavo: Aprender a Convivir. Editorial Pueblo y
Educación, Ciudad de la Habana, 2002.
33. Trujillo, Waldimiro: “ La Comunicación Social” en Revista Educación N. 101
sep-dic., La Habana, 2000.
34. Turner Martí, Lidia y Delfina García Pers: “¿Cómo ampliar la comunicación en
los niños de la zona rural?” en Preguntas y Respuestas para elevar la Calidad
del Trabajo en la Escuela. Editorial Pueblo y Educación, Ciudad de la Habana,
2002.
35. Valenzuela, Carlos. ¿ Para qué hablan los estudiantes en el aula de clases?.
Editorial Boloña, 2001.
36. Valera Alfonso, Orlando: El debate en torno a la pedagogía. ISP Félix
Varela. Material Digital. [s.f]
37. 37. Vigostky: Pensamiento y Lenguaje. Editorial Pueblo y Educación, Ciudad
de la Habana, 2002.
AUTORAS
lic. Ana ivis Bonachea Pérez.
Profesora Asistente.
Lic. Anairis Atalía Santa Cruz.
Profesora Asistente.
Lic. Maytee Suárez Pedroso.
Profesora Asistente.
Compartir 
Publicación enviada por Raul Siles Denis
Contactar mailto:rsdenis@ssp.rimed.cu
Código ISPN de la Publicación EElFyyuAFFEQBVHpWS
Publicado Thursday 5 de July de 2007
Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
ilustrados.com nace con el fin difundir el conocimiento publicando trabajos de investigación, monografias, tesis, presentaciones powerpoint y afines. Publicar trabajos en ilustrados.com ha alcanzado prestigio y reconocimiento internacional siendo cada vez más el número de académicos, empresas, investigadores, científicos que consultan las publicaciones de nuestro portal.
|