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Relación entre algunos factores de personalidad y la conducta agresiva instrumental en deportistas de alto rendimiento
Resumen: La agresividad en el deporte siempre ha constituido una problemática de estudio para la psicología del deporte, en el presente artículo el autor realiza el análisis referativo de este objeto de estudio.
Publicación enviada por Lic. Héctor C. Ariosa Quirós
RESUMEN
La agresividad en el deporte siempre ha constituido una problemática de estudio
para la psicología del deporte, en el presente artículo el autor realiza el
análisis referativo de este objeto de estudio.
Palabras claves: Agresividad. Agresividad en el deporte. Agresividad
instrumental.
INTRODUCCIÓN
El problema de la agresión entre las personas ha sido, por mucho tiempo, objeto
de la Psicología en general y en particular de una de sus ramas especiales: la
Psicología del Deporte. Este justificado interés ha estado determinado por la
trascendencia que las diversas manifestaciones de la agresividad y la conducta
violenta tienen en el contexto deportivo.
Autores como Russell (1993) destacan que las acciones de agresión interpersonal
en el deporte- a diferencia de lo que sucede en otro ámbito de la vida social-
no son solo toleradas, sino hasta aplaudidas por un segmento considerable de la
sociedad. Se hace referencia aquí, a un tipo de agresión denominada
instrumental, con la cual se asocian determinados factores tales como rivalidad,
combatividad y disposición a rendir, entre otros.
Se habla, por tanto, de agresividad instrumental, para especificar
comportamientos positivos y deseados durante los entrenamientos y las
competencias deportivas porque puede ayudar al deportista de alto rendimiento a
conseguir el éxito.
Se pone así de manifiesto, la utilidad de determinados comportamientos agresivos
como instrumento para alcanzar buenos resultados.
Pero… ¿por qué abordar esta temática específicamente en el contexto del alto
rendimiento deportivo?
DESARROLLO
En ningún campo social como en el deporte y en especial en el de alta
competición, cobra tanta importancia la confrontación física entre las personas.
Los deportistas, buscando el éxito se presionan, se atropellan y se agreden, a
veces, de forma brutal. Muchos son los factores que contribuyen a ello. El alto
rendimiento tipifica perfectamente al deportista que debe luchar con todo rigor
e intensidad al límite de sus potencialidades de lo contrario, sus posibilidades
de éxito se reducen.
¿Por qué sucede entonces, que determinados deportistas y hasta equipos de alta
competición entrenan y hasta compiten, como tendencia, poco agresivos?
Tengamos esta cuestión en mente para cuando abordemos más adelante diferentes
concepciones de autores reconocidos en la materia. Pero concretamente, ¿qué
entendemos por agresividad instrumental?
Según Husman y Silva (1984), es una forma de agresión la cual ha sido
considerada como un comportamiento asertivo por la Psicología del Deporte, esto
es: jugar dentro de las reglas del deporte en cuestión con alta intensidad y
activación sin intenciones de lesionar. Este comportamiento es expresión de la
habilidad que algunas personas poseen para crear las condiciones que le permitan
conseguir, con eficacia, los objetivos propuestos, ocasionando las mínimas
consecuencias negativas tanto para uno mismo y como para los demás.
En el caso de la agresión instrumental, la persona realiza la conducta agresiva
como instrumento para alcanzar sus metas que bien pudieran ser las de ganar el
juego y/o la de obstaculizar el accionar de sus contrarios, por ejemplo: la
acción de barrido que se realiza con la intención de impedir un doble play en el
béisbol o un chute o gol en el fútbol. La agresión instrumental se manifiesta en
la firmeza o vehemencia competitiva con que se lucha la posesión de un balón, se
realiza una gran jugada o se intenta ganar un espacio en el terreno de juego que
apuntaba Bredemeier (1983). En ese contexto nunca se persigue el daño como
objetivo primario como sucede con otro tipo de agresión (la denominada hostil,
reactiva o emotiva), si este ocurre, es accidental.
En los deportes de equipo, específicamente, la agresividad instrumental es la
conducta que se asume con alta disposición y energía, durante el desempeño de
varios roles deportivos, en función de las metas colectivas de rendimiento. Es
la expresión de la rivalidad a través de acciones de juego donde se le da
solución a situaciones tácticas variadas. En el caso del béisbol, por ejemplo,
se puede expresar en conductas tales como correr duro para ganar una base más,
deslizarse con fuerza para “romper el doble play” o lanzarle pegado – el pitcher
- al bateador cuando es necesario, etc.
Se trata de forzar al oponente, de tensionarlo para dificultarle las acciones a
realizar y obtener de esta manera la superioridad.
La disposición, la tenacidad y la energía es la forma en que se canaliza la
motivación.
Como puede entenderse, la agresión instrumental surge como un componente
importante en el alto rendimiento. El deportista debe agredir dentro de las
reglas de su deporte en cuestión para abrirse paso para la victoria. A veces y
por diversos motivos como la frustración, percepción de injusticia, etc., el
deportista tiende a agredir hasta más allá de los límites impuestos por las
reglas, pudiendo lesionar y ser lesionado físicamente por sus adversarios (Cratty,
1983) por ello creemos que valores como la solidaridad, la amistad, la
camaradería y la fraternidad, entre otros, deben ser fomentados en los
deportistas para que estos aprendan, no a tomar la agresividad como un fin en si
misma, sino solo como instrumento para alcanzar buenos resultados deportivos.
¿Qué factores influyen o condicionan la tendencia a manifestar o no
comportamientos agresivos instrumentales en grado de intensidad adecuados al
fragor deportivo del alto rendimiento?
Según determinadas concepciones como las de Pavlov (1960), Eysenck (1968), Butt
(1976) y Fuentes Parra (2006), entre otros, se espera que la conducta agresiva y
directamente su expresión instrumental este relacionada, entre varios factores,
con particularidades de personalidad tales como el tipo de temperamento y con la
esfera motivacional de la misma, en especial con las tendencias de la motivación
y los contenidos de la motivación deportiva.
La personalidad es una formación de naturaleza histórica social extremadamente
compleja y como todo fenómeno de tales características, esta estructurado por
determinadas cualidades, procesos, estados y particularidades a su vez complejas
que se encuentran en interrelación e interdependencia singular en las personas
(Fuentes Parra, 2006).
Entre las diversas particularidades que integran la estructura de la
personalidad se destacan, como relevantes, el temperamento, el carácter, las
capacidades y las tendencias motivacionales de la personalidad (Colectivo de
autores, 1990). Estas particularidades, no solo se encuentran en interrelación e
interdependencia dentro de la estructura de la personalidad como ya se
mencionaba sino; además, están influidas por la esencia de todo el fenómeno
(Fuentes Parra, 2006).
Todas las particularidades mencionadas y aún otras, por su condicionamiento
sistémico, adquieren relevancia reciproca en la determinación de la conducta,
pero por el protagonismo que tienen para este trabajo, se analizan aquí,
específicamente, el temperamento y las tendencias motivacionales de la
personalidad.
El temperamento es una de las complejas particularidades que estructuran el
sistema de la personalidad que; no obstante a su dependencia relativa del
sistema -se reitera - determina tendencias a expresar determinados tipos de
conductas. La conducta humana esta condicionada por el temperamento y las
propiedades del sistema nervioso (Pavlov, 1960).
El temperamento, cuya base fisiológica responde a la forma en que se combinan
los procesos de excitación e inhibición de la fuerza, movilidad, equilibrio,
labilidad y dinamismo de la actividad nerviosa superior, juega un papel
determinante en el comportamiento psicodinámico de la personalidad y se puede
expresar en la conducta, en forma de actitudes, capacidades, habilidades y
reacciones emocionales (Colectivo de autores, 1990).
Mientras que la excitación corresponde a la activación de las células nerviosas
propias del estado de vigilia del cerebro, la inhibición determina relajación,
pasividad y poca dinámica. Las manifestaciones de agresividad presuponen una
elevada excitación del sistema nervioso (Eysenck, 1967).
Hace algún tiempo ya que Pavlov (1960) había determinado y relacionado las
combinaciones de las propiedades de fuerza, movilidad y equilibrio del sistema
nervioso con la clasificación de los tipos de temperamento atribuidas al médico
griego de la antigüedad Hipócrates y por Pavlov quedó establecido que, al
colérico, le corresponde un sistema nervioso fuerte, móvil y desequilibrado; al
sanguíneo, fuerte, móvil y equilibrado; el flemático es fuerte y equilibrado,
pero inerte y el melancólico es débil.
Según Strelau (1982), la expresión del temperamento en el comportamiento se
manifiesta en el nivel energético de la conducta humana y esta vinculado con el
tono emocional, la estabilidad y la fuerza que el sujeto expresa en su
comportamiento. Las manifestaciones conductuales de agresividad están asociadas
al predominio de determinado tipo de temperamento en la estructura de la
personalidad humana (Pavlov, 1960; Fuentes Parra, 2006).
Por tanto, las personas con determinado tipo de temperamento, se disponen más
fácilmente a manifestarse de forma agresiva que otros y para este tipo de
personas, es más fácil también manifestarse de forma agresiva instrumental en el
contexto deportivo (García Ucha, 2006).
Así los deportistas de temperamento del tipo colérico, dotados de un sistema
nervioso fuerte y desequilibrado, tienden con mayor facilidad a manifestar
agresividad de forma regular durante su accionar en disímiles situaciones
deportivas, a diferencia de los flemáticos y melancólicos quienes tienden más a
conductas pasivas y poco dinámicas en el desempeño de roles semejantes (Pavlov,
1960).
Los coléricos y sanguíneos, por la combinación de alta fuerza y movilidad que
poseen sus sistemas nerviosos, tienden a excitarse y conservar este estado con
facilidad, adicionalmente, la propiedad de desequilibrio a favor de la
excitación característica del colérico, favorece aún más el predominio de la
manifestación de agresividad de su conducta. Los individuos flemáticos y
melancólicos, por la inercia del primero o por la debilidad del segundo, se
excitan con dificultad y lentitud, por lo que tienden más a la pasividad y a las
acciones de bajo dinamismo (Pavlov, 1960).
Así tenemos que deportistas de temperamento colérico y sanguíneo que, como
tendencia, disponen de reservas de energía que pueden dirigir hacia cualquier
persona en general o a determinados deportistas en particular (Butt, 1976),
tienden a mantenerse altamente motivados por energía agresiva instrumental
mientras entrenan y compiten.
Butt (1976) considera, que los deportistas agresivos son usualmente activos,
ansiosos, poderosos y tratan de vencer a sus oponentes rápidamente. La
agresividad elicita motivos hacia el deporte como la rivalidad de ahí su
importancia (Ucha, 2006).
Por tales razones, debe considerarse siempre, la influencia que en las
respuestas emocionales y en la conducta, especialmente en la agresiva, ejerce el
temperamento porque, por ejemplo, la dinámica e intensidad del comportamiento
son aspectos esenciales en actividades como las deportivas para cuyo éxito se
requiere, por lo general, de agresividad y a la vez, de buen manejo emocional
(Fuentes Parra, 2006).
Relación entre tendencias motivacionales y conducta humana, en especial,
conducta agresiva.
La conducta humana siempre es motivada, bien por deseos, necesidades, metas y
objetivos.
Las tendencias de las motivaciones determinan el rasgo que define los motivos de
la conducta, los motivos dominantes y su orientación. Estas tendencias se
orientan a determinadas esferas de la vida social explicadas como son el
deporte, el estudio, asuntos personales (particulares), la familia, la
afiliación patriótica o patriotismo, el trabajo y las relaciones amorosas,
denominadas formaciones motivacionales, las que a su vez se caracterizan por su
tendencia u orientaciones en motivos más específicos (González Serra, 1978).
Las tendencias motivacionales del deportista, por ejemplo, para quien el
deporte, o la familia, el estudio, el amor, lo personal o particular, el trabajo
o el patriotismo pueden figurar (una de ellas o varias a la vez) entre las
esferas más importante de su vida, sus tendencias o motivos en cada una pueden
ser de realización, o cooperación, dominio, agresión, éxito, adquisición, temor
al fracaso, competir, reconocimiento, sentido de la colectividad, estética,
patriotismo, satisfacción cinestésica, afiliación, tensión, promoción y
aprobación social y condicionar e influenciar así formas determinadas de
conductas en el desempeño de las referidas actividades (deporte, estudio,
trabajo, personal, etc.).
Las tendencias motivacionales son particularidades de la esfera motivacional que
se han convertido en rasgos de la personalidad. Estas formaciones encauzan la
actividad de la persona movilizando los procesos psíquicos y la conducta en
direcciones específicas. Se puede considerar que le dan dirección, estabilidad y
fuerza a la conducta de la personalidad (Fuentes Parra, 2006).
El nivel de motivación hacia el deporte, la cual generalmente constituye una
tendencia motivacional fundamental, por lo general, en la vida de los
deportistas, puede determinarse además mediante la evaluación de la intensidad
de cinco contructos o escalas que representan las tendencias del deportista
acerca de la agresión, la suficiencia, la rivalidad, el conflicto y la
cooperación, las que se definen como motivos del deportista.
Estos contructos no abarcan, como es de suponer, todo el contenido de la
motivación para el deporte, según D. S. Butt (1979), pero resultan tener una
gran importancia para el comportamiento y el estilo en que se manifiesta el
deportista sobre todo en el contexto deportivo.
La agresividad del deportista proporciona mucha energía, el deportista aparece
ávido, activo, poderoso e impulsivo y también, si esta frustrado, la agresividad
dará lugar a que ataque física o verbalmente a los otros.
El conflicto en el deportista es una sensación de infelicidad, a menudo lo lleva
a quejarse, tiende a ofrecer excusas en sus actuaciones y retarda hasta último
momento sus promesas y compromisos. Cuando tales deportistas no logran sus metas
se preocupan, caen en un estado de auto - absorción, y su estado de ánimo
general es negativo.
La suficiencia orienta al deportista a la madurez y la toma de conciencia. La
retroalimentación intrínseca derivada de una sensación de potencia y bienestar
los lleva a desarrollar las destrezas y la maestría en las tareas deportivas.
Hay una búsqueda constante para nuevos niveles de excelencia y desafío.
En la rivalidad, la motivación deriva primariamente del deseo de vencer a los
otros, mientras que el nivel de los motivos de cooperación depende de cómo los
otros (principalmente los compañeros) son vistos y apreciados esencialmente en
el deporte o en el contexto, produciéndose manifestaciones de ayuda y
solidaridad.
La rivalidad concierne al status y la posición cuando el deportista esta
disputando un resultado, puede estar resentida o frustrada si fracasa. En
contraste, la cooperación tendrá por resultado una buena comunicación con el
oponente después de una victoria o derrota.
Estos contructos expresan manifestaciones de la conducta de los individuos que
responden a su comportamiento psicodinámico o temperamental (Fuentes Parra,
2006).
Se pudiera alegar aquí, acorde con los fundamentos de las consideraciones hasta
aquí expuestas, que tanto el tipo de temperamento, como las tendencias
motivacionales y en especial los contenidos de la motivación deportiva, juegan
un importante papel en el condicionamiento de la conducta agresiva instrumental
de deportistas de alto rendimiento.
El “carácter de equipo”, que distingue de forma particular a los colectivos
deportivos y que no es la simple suma del carácter de sus miembros, si está
fuertemente condicionado, su formación y expresión, por las particularidades
relevantes de la personalidad de los miembros destacados y de la mayoría de sus
integrantes.
Por lo tanto, es altamente probable que equipos donde los jugadores más
importantes dentro del sistema de interrelación grupal o donde el predominio sea
de jugadores flemáticos y melancólicos, con bajo grado de motivación por energía
agresiva, sea un equipo con tendencia a entrenar y competir manifestando bajo
grado de agresividad instrumental.
BIBLIOGRAFÍA
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curso, 2da. Edición. ISCF “Manuel Fajardo”
10. Husman, B. F. & Silva, J. M. (1984). Aggression in sport: Definitional and
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Psychological foundations of sport (pp. 246- 260). Champaign, IL: Human Kinetics.
11. Pavlov, I. P. (1960). Obras escogidas, Ediciones Quetzal.
12. Strelau, J. (1982). “Papel del temperamento en el desarrollo psíquico”,
Editorial Progreso, Moscú, 1982.
AUTOR
Lic. Héctor C. Ariosa Quirós.
Psicólogo deportivo.
Centro de Medicina del Deporte; Isla de la Juventud, Cuba.
Telef. (0053) 046 32-2605. e-mail: anolan@ahao.ijv.sld.cu
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Publicado Tuesday 10 de July de 2007
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