Monografias | Tomar la palabraTomar la palabraResumen: Denunciemos la barbarie que nos acorrala y devasta, denunciemos los genocidios y la censura donde ocurran. Denunciemos la miseria. Somos testigos, protagonistas y víctimas de una guerra ideológica virulenta empeñada en imponer los valores burgueses más nocivos y aberrantes. Padecemos el gran embrollo de las mafias mercantiles trasnacionales. Se censura y asesina al espíritu rebelde, sus creaciones, enseñanzas y comunicaciones.
“En
los ejércitos de antes, el militar aprovechaba el tiempo para limpiar su arma
y rehacerse de parque. En este caso, como nuestras armas son las palabras,
tenemos que estar pendientes de nuestro arsenal a cada momento” (Subcomandante
Insurgente Marcos 25 de marzo de 2001 Denunciemos
la barbarie que nos acorrala y devasta, denunciemos los genocidios y la
censura donde ocurran. Denunciemos la miseria. Somos testigos, protagonistas y
víctimas de una guerra ideológica virulenta empeñada en imponer los valores
burgueses más nocivos y aberrantes. Padecemos el gran embrollo de las mafias
mercantiles trasnacionales. Se censura y asesina al espíritu rebelde, sus
creaciones, enseñanzas y comunicaciones. A
estas horas la palabra libre debe abrirse para que las gargantas canten
tempestades de insurrección bien pensada. Palabra primero ética que estética,
ciencia, técnica, artesanía, ancha e irreductible, un arma, una forma
superior de lucha con sus imágenes... una “álgebra profunda”. Un
producto de cierto trabajo no alienado purificado y purificante... una
alquimia del ser liberado. Palabra que no es mejor o peor que otras, que no es
beneficiaria de “iluminaciones” o privilegios de especie o clase. Palabra
de exteriorización humana donde las formas vibran emocionalmente
electrizadas. Palabra capaz de transformar la vida... cambiar al mundo. Palabra
militante de la libertad e investigadora fantástica de la Imagen, rebelde en
la práctica. Palabra que habrá de valerse de cuantos medios tenga al alcance
para movilizar todos los ejércitos emocionales hacia el triunfo final de la
humanidad en contra de todas las opresiones. Palabra transformadora que
expanda e inaugure visiones y conciencia de una humanidad sin clases, sin
estado, sin propiedad privada. Palabra
magnética que encienda todas las máquinas amorosas para la resolución de
los problemas en la vida práctica armada también con poesía para liberar a
la humanidad de todo aquello que la aprisiona en los límites de sus
necesidades más elementales. Palabra que gozará la vida en todos los poros
como una música contraria a la estupidez y la gratuidad. Y si logramos
algunas imágenes bellas esas serán las de la Revolución (no las de una
secta, no las de una imposición dogmática, no las de una burocracia) Será
precisamente poesía donde toma parte otra especie de música intelectual
desde el fondo del corazón. Palabra contra el culto de la vanidad salivosa.
Contra todo engendro vomitado a destajo en trances de prostitución o cursilería
negociables. Palabra contra la palabrería santificada entre genitales
insatisfechos con calenturas patrioteras. Contra los retruécanos
eyaculatorios de caballeros o niñas sensibleros, se llamen como se llamen,
publiquen lo que publiquen, se premien como se premien. Es
decir, palabra necesaria, arma-herramienta de lucha capaz de iluminar con sus
fulgores las zonas más intrincadas del la vida, de los universos interiores y
exteriores, luz multi direccional, luz centrífuga y centrípeta hacedora de
formas nuevas, venidas de la materia, del tiempo y el movimiento en la
producción emocional de todos, la magnificencia misma de la humanidad
estremecida con poesía. Palabra con luz de metralla escalofriante, luz de
repetición y turbulencia que agita corazones y espasmos. Belleza convulsiva.
Palabra magnética que atrae magnificencias al terreno de los hechos. Palabra
lumínica que transforme al mundo... que transforme la vida. Sabemos
que hay riesgos como nunca en las circunstancias presentes. Es imposible
revitalizar el mundo en que vivimos, es inútil aferrarse a él, es preciso
atreverse a cambiarlo desde sus logros mejores. Y eso tiene costos que son hoy
por hoy ineludibles. Una vez que hayamos asumido un estado de visión
semejante ya no será posible, como antes, confundir la mentira con la verdad. No
es la fuerza de las palabras un medio para acceder a un mundo “ideal”,
“perfecto” dogma de sectarios, sino para salir de uno falso. Para la
reclasificación espontánea de las cosas según un orden más profundo y más
preciso e imposible de dilucidar mediante la razón de la miseria. Para un
orden, organización, sensible e inteligente. Palabras para hacernos
comprender no bajo las maneras ordinarias, sino con lenguajes nuevos no
exclusivos ni excluyentes, con el filo de nuestra obstinación revolucionaria
encarnizada, para que conmocionemos, desequilibraremos el pensamiento hegemónico.
Y, sin negar los mejores logros, avanzar desde donde estamos. En
nuestros días es necesario sembrar la palabra revolucionaria por todas
partes, impulsar términos nuevos hasta que el espíritu alcance la idea
absoluta de la necesidad revolucionaria, en el sístole y el diástole, donde
se pondrá en marcha la unidad, no uniforme, de todas las categorías poéticas.
Palabras hechas por todos, no por uno, lo mejor es agruparse, no amontonarse,
pero no para hacer triunfar intereses individuales, sino para cambiar la vida,
las estructuras sociales y la realidad del individuo. Y no serán los poetas
quienes hagan la revolución, serán los obreros y los campesinos organizados
bajo un programa en el que no estará ausente una táctica y estrategia poéticas
aportadas por escritores revolucionarios, poetas llamados a sumarse en la
lucha como un guerrero más, bajo crítica y autocrítica permanente, acompañante
de los protagonistas y protagonista a su vez. A
las palabras que, son una de las más importantes conquistas de la humanidad,
también ha ocurrido el saqueo, la malversación, el robo y la censura para
beneficio de unos cuantos y la explotación de la mayoría. Muchos de los
mejores logros de las palabras viven secuestrados bajo el imperio de
comerciantes que hacen pasar por logro moral su habilidad impune para
beneficiarse con lo que es propiedad humana colectiva: la producción del
pensar y el saber… la Cultura. Maquinarias, medicamentos, tecnología,
medios de comunicación, pinturas, esculturas, lenguajes… una arsenal de
conquistas humanas al servicio de un sector o clase que con violencia
administrada (Cultura bélica) saquea y destruye las fuerzas productivas de la
Cultura a diestra y siniestra. No
soñemos con palabras plenas y libres en una sociedad enferma. Soñemos la
transformación de la sociedad y además la transformación de su Cultura, sus
palabras y lenguajes. No se puede (o debe) pensar la palabra, la Cultura y los
lenguajes al margen del estado que guarda objetivamente el desarrollo de las
fuerzas productivas. No se debe pensar el trabajo de expresarse libremente
(incluido el de la Cultura) sin los trabajadores, sus circunstancias, las
calamidades que los marcan y las potencialidades liberadoras posibles. No hay
tesis coherente sobre la Palabra, si se omiten las condiciones concretas donde
se produce y de quienes la producen. Aunque en la concepción burguesa de
lenguaje se den cita enunciados con apariencia pluralista, democrática e
incluso “revolucionaria”… es necesario establecer que en una sociedad
dividida en clases el debate sobre la Palabra es ineludiblemente un debate de
clase. Las palabras no son un acontecer abstracto que puede despegarse de las
condiciones concretas y las necesidades colectivas. La Palabra sólo se
desarrollará sobre sus mejores conquistas, dialéctica y colectivamente,
cuando la sociedad logre su emancipación definitiva. Y permanezca armada para
defenderse. Mientras tanto los logros impulsados desde las ciencias, artes o
tecnologías, hasta hoy privilegio de pocos, son sólo índices de un grado
importantísimo pero parcial del desarrollo humano total. Sin un programa político
de la Palabra no se pone por eje modificar semejante encrucijada, simplemente
es extensión de lo mismo que ya nos ha mostrado su incapacidad para impulsar
el desarrollo de las fuerzas expresivas bajo un plan distinto que sea hecho
desde una humanidad en sí y para sí. En todos sus significados la producción
de una Cultura, palabras. Lenguas y lenguajes no alienados, supone la
existencia del trabajo no alienado y la posibilidad de participar libremente
que en cada momento. Supone un pie de igualdad en las condiciones de su
producción, un acceso irrestricto a las herramientas de producción y la
construcción de espacios, medios y modos para la exhibición libre de las
propuestas y logros. Pero especialmente supone conciencia de las necesidades
puesta en programas legitimados colectivamente para una praxis no sectaria, no
iluminista y no burocrática de la creación y recreación de la Cultura. Ya
hemos visto que a la Palabra se la usa como Caballo de Troya. En las escuelas,
los espectáculos, los círculos intelectuales y científicos… para
desembarcar ejércitos ideológicos y doctrinas domesticadoras que
“elevan” al espíritu de los pueblos y lo alejan de esos de hábitos
“ignorantes” que afean el decorado burgués. Ya hemos visto, bajo todas
sus variantes, el ataque modelizador de conductas que se visten con
lentejuelas “cultas” para esconder discursos donde sólo los valores
dominantes tienen cabida. Ya hemos visto el circo oligárquico de los
empresarios que ven en la Palabra ese toque de “gran estilo” que hace
pasar por “culto” cualquier ardid para llenar teatros, hoteles, aviones…
destinos turísticos. Ya hemos visto lo que las burocracias son capaces de
hacer con la Palabra para hermosear, con dadivas tramposas, el ejercicio de su
poder y de sus presupuestos. Desde el capitalismo hasta el stalinismo. En
general el esmero, detalle, pulcritud y palabrería con que se elaboran los
planes y plataformas Culturales para la Palabra, sus lenguas y sus lenguajes,
desde los gobiernos al servicio de la burguesía, son púlpitos para un
clientelismo disfrazado de erudición que extorsiona a los pueblos con la
jugarreta de un saber burocrático concentrado en su vanidad de poder. No les
faltan especialistas, títulos ni argumentos de clase, son impecables en la
logística de las prebendas y canonjías. Son suficientemente escolásticos y
eclécticos, y, sobre todo, son eficientemente demagógicos. Rinden informes
detallados, hacen pasar por riqueza una red miserable de auto-proclamaciones
llenas de aplausos para un rey tuerto que gusta de tragar ojos de súbditos.
Algunos ganan premios internacionales. En
circunstancias así la división del trabajo Cultural debe desaparecer y debe
desaparecer todo halo fetichista. Un trabajador de las artes, las ciencias o
la educación es un trabajador más, igual que todos, sus posibilidades de
desarrollo están determinadas por el desarrollo de todos y sus producciones,
incluso con las peculiaridades más innovadoras, deberían ser contribución
al desarrollo general de los seres humanos liberados de la explotación. Los
poetas, pintores, músicos, teatristas, vídeo astas, intelectuales,
bailarines… no son más dueños ni más hacedores de Cultura que los
obreros, los panaderos, los electricistas... La idea de creación Cultural
restringida a inteligentes o genios reproduce la separación clasista de la
sociedad y la fetichiza. Los talentos individuales, que son innegables, deben
explicar históricamente a qué intereses sirven. Contra
la censura nuestras armas no son distintas a las armas comunes en función
revolucionaria. Es decir, el arma no es una representación simbólica de lo
que la lucha y el mundo son, sino herramienta de destrucción-construcción
bajo la brújula de un programa revolucionario. Tatuado en las armas. Con la
poética engendrada por la revolución toda arma es además relato de la gesta
gracias a necesidades conscientes y a una imaginación colectiva no alienada.
No son panfletos, no son pose y falacia. Las armas de la poesía
revolucionaria son relato de una teoría y práctica transformadoras que
recuerdan siempre sus objetivos como un reloj histórico que apunta, con sus
manecillas, la hora del triunfo. Esta
idea de revolución unida a la palabra no es otra cosa que la poesía al
servicio de la revolución. En el corazón de la revolución reposa el amor,
la poesía, lo maravilloso. La vida no es un fluir lineal predestinado, fluye
en estallidos hacia fuera gracias al amor con su erotismo, por eso los modos más
elevados de comunicación deben ser acción y reflexión en el pensamiento poético
revolucionario. La revolución, el acto de amor y el acto de poesía no son
incompatibles. La comprensión de esta premisa complementa toda nuestra táctica
y estrategia… mostrar al amor como una ceremonia (un lenguaje) que no se
realiza a espaldas de la sociedad y que es una necesidad primordial para una
vida que se dignifique en y con la lucha. Lucha en primera y última instancia
con amor revolucionario en un mundo en transición hacia un amor
revolucionario permanente. El amor es en nuestra definición guerrera,
reconocimiento de la revolución en la persona amada, es la libertad, es
ceremonia, purificación y piedra de fundación: el misterio de la persona
libre. La poesía se hace en el lecho como el amor. Sus sábanas deshechas son
la aurora de las cosas. La poesía se hace en los bosques y en las fábricas,
en las escuelas y en los límites. Debe tener todo el espacio que necesite. Para
preguntar por la hora de la revolución la humanidad debe preguntar por sí.
Entonces otro mundo puede nacer de la contradicción entre lo que vivimos y cómo
queremos, debemos, merecemos vivir. Puede nacer una revolución ahí donde la
conciencia se disponga a evitar toda caída en la miseria del mundo. Eso será
también poética revolucionaria que, de la teoría a la práctica, y
viceversa, contribuya, objetiva y subjetivamente, en la destrucción del
imperio burgués y al ascenso del espíritu libre, hacia una humanidad plena. Seguramente
lo que no avance con la revolución terminará disecado en alguna vitrina de
la historia, acaso como testimonio de lo que hubo de morir para que naciera lo
nuevo. Y la poesía no está exenta de semejante dialéctica. Hubo quizá gérmenes
revolucionarios en toda obra que se propuso impulsar el desarrollo humano.
Probablemente estuvo presente en todo salto cualitativo que implicó avance.
Pero muchas afluentes revolucionarias en la cultura quedaron paralizadas, por
razones endógenas y exógenas, de manera desigual y combinada, hasta el punto
de impedir el desarrollo de sí y desde sí. Lo revolucionario cesó de serlo
incluso en la poesía hasta romper con sus términos esenciales y cancelar
incluso su definición. Cada
uno es libre de decir y escribir lo que le agrade, afirmaba Lenin en 1905, la
libertad de prensa y de palabra debe ser completa. Tomemos el derecho de
llevar adelante, tanto en literatura como en arte, en ciencia, en educación,
en agricultura y en carpintería… la investigación de nuevos medios de
expresión, como derecho de la humanidad de continuar profundizando el
problema humano de la libertad y renunciar a juzgar la calidad de una obra por
la actual vastedad de su público. Opongámonos a cualquier tentativa de
limitación del campo de observación y de acción que la humanidad aspire a
crear intelectualmente para atender sus necesidades cambiantes. Logremos
un acuerdo sobre las condiciones que, desde un punto de vista revolucionario
poético faculte al arte, a la ciencia… a la poesía toda, a participar en
la lucha emancipadora, permaneciendo enteramente libres, en su dominio específico.
Sin que libertad implique indiferencia, sin que libertad suponga falta de
solidaridad con la lucha obrera y campesina. Acordemos luchar contra quienes
consienten que el arte, la ciencia y el pensamiento todo, sean sometidos a
disciplinas incompatibles con sus medios, ratifiquemos nuestra voluntad
deliberada de atenernos a la fórmula: toda la libertad en arte. Coincidamos
en que bajo las condiciones actuales de genocidio, en todas sus formas, la
tarea suprema del arte, la ciencia y el pensamiento es participar conciente y
activamente en la preparación de la revolución. Acordemos que ni científicos,
ni intelectuales, ni aristas pueden servir a la lucha emancipadora a no ser
que estén subjetivamente penetrados por la necesidad revolucionaria
organizada, social e individual, que traduzca el sentido y drama de la
revolución en sus nervios para que procure libremente dar una encarnación
artística, científica etc. a su mundo interior y exterior. Coincidamos
en no someternos a burocracia o secta alguna. En no aceptar la felicidad por
etapas o en un solo país. No esperemos de la burguesía y del estalinismo
nada que no sea execrable. Coincidamos en que es necesario organizarnos, que
si la organización es, en lo posible, expresión de avance, nuestra situación
es francamente atrasada, poco inteligente y acaso miserable. Aunque nos cueste
a muchos será necesario someter a crítica atenta ciertos pensamientos
nuestros que nos impiden luchar juntos. ¿Queremos, podremos? Seremos
capaces de encontrar la poesía Revolucionaria si trabamos un conflicto
universal contra la lógica de la miseria. Si nos oponemos a cuanto reduce La
poesía revolucionaria a un marco literario o decorativo. Si reunimos fuerzas
de sobra para dar fin a toda farsa siniestra, a esta pulsión burguesa
delirante y enloquecida que nos explota, a este circo de bestias asesinas.
Todo está aún por hacer, lo estará siempre. No hay obra acabada. No se
admiten compromisos dubitativos. La historia de la humanidad renacerá de la
noche bajo el pico de una cigüeña tartamuda. Es nuestra realidad. Ataremos
el viento a los cabellos de la poesía revolucionaria y al plan de los obreros
en una batalla de arco-iris extremo donde se apoye todo pie para montar
estrellas. Batalla arco-iris en las entrañas del cielo que tomaremos por
asalto con el engranaje perfecto de pétalos a caballo galopando la risa de
Marx, de Lenin, de Trotsky y de Engels. Poesía conciente de sus
determinaciones histórico, culturales. Es decir una poesía revolucionaria
como luz que busca el ojo hasta que lo encuentra, como balbuceo que busca su
lengua astronómica y la encuentra, como luz de idioma magnético. La poesía
revolucionaria pastará ensimismada sobre las voces obreras nuevas. Algún día,
lo sabremos sin secretos, saldrá un arco-iris como un tranvía, haciendo el
amor y del amor saldrá una selva, una flecha, una liebre, una cinta, una
catarata, una mirada nueva hoy escondida al fondo del ojo. Cuantos
se impongan la misión de construir una pensar y hacer poesía revolucionaria
lucharán contra los sacerdotes de la “inteligencia” burguesa, y apuntarán,
contra todas las miserias, las armas del marxismo de largo alcance. Y nos urge
organizarnos. Es necesario que se sepa, es necesario que alguien lo diga con
voz de mariposa milenaria, profeta de constelaciones, mientras bailamos sobre
el azar de la vida y empezamos los años y los siglos nuevos como cascada épica
sobre el cielo. Después de tantos siglos y más siglos andará por la tierra
la poesía revolucionaria con miríadas de frases proféticas que se convertirán
en constelaciones. Como una ruta hacia el horizonte de la revolución ahora
luciérnaga-volcán del futuro donde los astros crujirán las entrañas y el
cielo cruzará la garganta del poeta que lo toma por asalto. Desafiaremos
al silencio incluso con blasfemias y gritos hasta que caiga el rayo ansiado de
esa alquimia de poesía revolucionaria que nos llevará al otro lado de la
periferia consciente e inconsciente… Sonora como el fuego de una orquesta de
sirenas. Como cuna de todas las lenguas nuevas de donde salga una flecha
contra la barbarie higiénica, limpia, entre ruinas de humanos en los mercados
plantados de preceptos. Poesía revolucionaria para escuchar la elocuencia de
las estrellas y la oratoria del árbol, del alma y la luna almendra. Poesía
protesta en gritos oceánicos y araño al destino de los miserables. El eco de
voz que hace tronar el caos. Mientras
los astros y las olas tengan algo que decir será por boca de la poesía
revolucionaria que hablará a los hombres como procesión de instintos que
asciende en pos de la verdad a la hora de vivir la libertad como instinto
contagioso de campanas con pies de arroyo. Lo
posible, mientras tanto sigue siendo extenso y desafiante. También lo
imposible. A estas horas el sol tantea el último rincón donde se guarda la
poesía revolucionaria. Y nace una selva mágica y sube un canto de mil barcos
que llegan. Es hora de despertar en todas partes un sueño que saca al hombre
de la tierra para que tome el cielo por asalto. Y lance pájaros con esperanza
al amanecer de la bóveda como amor y paciencia de la poesía revolucionaria
con que nos frotamos las manos y reímos, nos lavamos los ojos y jugamos. Cada
tiempo tendrá insinuación distinta. Todo es posible en este mirar sencillo
los subterráneos de la vida, nada será lo mismo. Esta poesía revolucionaria
teje ya las noches y las mañanas para que el paisaje se llene de locuras
frescas y el trigo vaya y venga de la tierra al cielo, del cielo al mar,
buscando las cosquillas de las espigas. Se
trata del estado superior de las imágenes... su “álgebra profunda”. Su
realización purificada y purificante... la alquimia materialista del ser dialéctico.
Por causa de heridas que nos atan las alas, la magia poética lima los
barrotes y hurta la llave de los sueños encerrados bajo una certeza de raíces
en cielo rebelde que no huye de nuestros mares íntimos. La poesía como
estrategia de la vida, producción humana monumental que escampa horizontes,
revela territorios, expande el deseo. Podemos creerlo, la poesía
revolucionaria tiene el mismo poder que los ojos de la amada. Hace pensar en
el comienzo del mundo que sigue su órbita concienzudamente. Los
verdaderos poemas revolucionarios son incendios cósmicos como el amanecer. Se
propagan e iluminan sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía.
Huyen de lo sublime externo. Hablan una lengua de corazones bajo las leyes del
sol entre nubes comunicantes y colchones de neblina intermitente. Las llamas
de la poesía revolucionaria ven las montañas, los ríos, las selvas, el mar,
los barcos, las flores y los caracoles. La noche y el día, eje en que se
juntan el gran poeta y su caballo, que come alpiste, calientan su garganta con
claros de luna. Por
cada gota de poesía revolucionaria la montaña hará suspiros que conocen los
secretos de la noche, los martillos y los monederos falsos. Aquél que bebe el
vaso caliente de la poesía revolucionaria conoce la ruta de la fatiga, la
estela hirviente que dejan los almacenes de recuerdos. La
poesía revolucionaria es semejante a una red parpadeante de aerolitos sin
testigo, se levanta en el corazón y baja los párpados para hacerse la noche
del reposo agrícola. Es cazadora de pájaros sin corazón. Está quizá al
extremo de la canción próxima y será como cascada en libertad y rica como línea
ecuatorial. Todas
las cobardías, las abdicaciones, las traiciones que quepa imaginar no lograrán
impedir la erupción descomunal de la poesía revolucionaria. Por eso la
fidelidad inquebrantable a las obligaciones que impone exige interés por el
riesgo. La poesía revolucionaria vivirá incluso cuando no quede ni uno de
aquellos que fueron los primeros en percatarse de sus promesas. Es demasiado
tarde ya para que la semilla no germine infinitamente en el campo humano, pese
al miedo y a las restantes variedades de hierbas de insensatez que aspiran a
dominarlo todo. Si deseamos librarnos de la apatía ante la miseria hay que
encuadrar la experiencia de la poesía revolucionaria en todos los frentes
donde se libre una lucha real contra la ignorancia. Cada época padece de un
mal concreto y la época actual padece de un imperialismo agudo. No
hay tiempo que perder, para hablar de la poesía revolucionaria como un
agricultor que sale de los cruzamientos de la espera, urge una sinceridad
nueva contra la miseria. No
hay tiempo que perder, todo esto como la letra cae al medio de pájaros anónimos
que cantan como el rubí en el cerebro de las mariposas. No
hay tiempo que perder, el buque tiene los días contados, se abren las
estrellas con sus banderas que estallan de semillas y alguien aprieta los
pedales del viento, pasa el rebaño de estrellas en olas nuevas de materia
desnuda. La revolución no viene de tan lejos a pesar del odio petrificado
como un sombrero. No
hay tiempo que perder, nos hablan los horizontes aun imprecisos con su boca de
selva montaña y noche. La lengua traza arpegios sobre el camino. Darse prisa,
darse prisa. Están listas las semillas y esperan una orden para florecer por
su escalera proletaria antes del viaje al cielo. La poesía revolucionaria
hace temblar a la licantropía con sus garras viento. No
hay tiempo que perder, conocemos el camino sin límites obediente al instinto
de los sentidos. En el tapiz del cielo se juega nuestra suerte y urge tomarlo
por asalto Un
cortejo de horas golpea el futuro, se juega el alma, la suerte vuela todas las
mañanas con los ojos llenos de fusiles refugio del cielo. La
poesía revolucionaria tiene los pies atados a su estrella propia que plantará
continentes sobre los mares. Lo aprovechable sólo lo aprovechable para la
vida que preparan los obreros con sus astros sonrientes color mundo y carne.
Catarata libertad y río lleno de corazón sobre la tierra pájaro celeste
tras los barcos magnéticos de las palabras que tienen sombra de astros.
Poemas que tengan fuego de rayos e incendien donde caigan, que no se congelen
en la lengua, poesía con imanes para el alma de luz y cascadas lujosas. La
poesía revolucionaria será música de espíritu cítara, plantada en el
cuerpo que estallará en luminarias dentro del sueño. Poesía revolucionaria
mojada en mares no nacidos como un combate de estrellas y veleros que parten a
distribuir el alma rebelde por el mundo. Verdaderamente
no se puede jugar con la poesía. La función de la poesía revolucionaria
consiste en organizar de manera diferente ideas e intuiciones que tenemos
medio esbozadas, hacernos ver mejor, hacernos ver "a través de",
ponernos en sintonía con nosotros mismos, y con todo lo que nos rodea para
organizarnos mejor, luchar mejor, buscar lo mejor en cada acción humana. Las
anotaciones personales y los subrayados desde el primer momento deben tener
una proyección hacia el futuro, de cara a la revolución. Cuanto más
importante es el problema y más densa la problemática de clase, tanto más
necesaria la poesía revolucionaria. Hay que trabajar sobre la poesía con la
poesía para la revolución en caliente, desde una concepción de clase. El
meteoro de la militancia cruza por el cielo como aviador de estrellas cuidado
por la aurora como aeronauta y estrella errante que los ojos han visto entre
los pájaros. Ante la guerra sin cuartel, debajo de las luces y las ropas
colgadas, la tierra y su cielo cantan en las ramas del cerebro la clave del
campo inexplorado. Hay un espacio despoblado que es preciso poblar con poesía
revolucionaria, con semillas abiertas, juegos y aerolitos de violín que nos
traen el recuerdo del horizonte nuestro. Si
nos armamos con la poesía revolucionaria y la vivimos plenamente, desde el
interior, aprenderemos a orientarnos en estos mundos. Las preguntas
fundamentales no provocarán en nosotros el reflejo feo de hojear mentalmente
el pasado, para "volver a ver" la página en la que está todo
explicado, sino, más bien, el reflejo de "situarnos" con la
imaginación concreta en una revolución plena, en una solución impregnada de
amor geológico, y después al "mirar a nuestro alrededor",
describiremos que vemos una humanidad para si. Todos
los lenguajes son un instrumento, no un fin. Sin poesía puede suceder que, si
sólo sabemos los lenguajes, nada tengamos que decir. Hay que estudiar los
lenguajes todos mientras se estudian otras cosas, no en lugar de estudiar. La
poesía revolucionaria se baña en algún piano donde brotan las palabras como
recuerdo de música en el silencio. Nadie impedirá que La poesía
revolucionaria se clave en la eternidad para alumbramos con fuego la suerte. Y
con nuestra carne florezca donde el aliento se corta para hinchar las campanas
de todas las estrellas sobre los ríos desbordados como hoguera imperativa con
olor de pasión que invadirá al orbe del futuro. La
poesía revolucionaria se ocupa y se ocupará constantemente, ante todo, de
reproducir este momento ideal en que el hombre, presa de una emoción
particular, queda súbitamente a la merced de algo «más fuerte que él» que
le lanza, pese ciertas limitaciones de su realidad, hacia los ámbitos de la
revolución permanente. Al salto magnifico de lo cuantitativo y lo cualitativo
hacia su desarrollo en contra de todo lo que lo frena. Lúcido y alerta, sale,
después, a enfrentar un paso nuevo. Lo más importante radica en que es
ineludible semejante experiencia, plena de emoción, que no dejará de
expresar su campanilleo misterioso, ya que, efectivamente, la humanidad
comienza a auto-pertenecerse. La poesía revolucionaria tiene un mirar de vértigos.
Alborada que borda certezas sobre el cielo que tomará por asalto y del que
todos tomaremos tinta sin nombre. Poesía lengua de obra y lucha que
hablaremos para siempre vertiginosos. Belleza convulsiva que abrirá para
siempre esta caja de mil fondos llamada humanidad. Deberíamos
re-inventar, con poesía revolucionaria y a partir de sus logros máximos, las
obras todas dadas hace siglos. La hora de la poesía revolucionaria es también
una hora de transformación de nuestras necesidades en rompecabezas bastante más
refinados. Los conjuntos naturales de objetos y de fenómenos, tocados por la
poesía revolucionaria, ya no coinciden con nuestros pensamientos ordinarios.
La realidad impone problemas nuevos, exige luchas nuevas y estrategias nuevas.
Dejemos de esquivar, levantemos la poesía revolucionara contra la vida
miserable a que nos condenan a vivir. Levantemos unidos la poesía
revolucionaria como ejército de luz, contra las emboscadas. Al lado (o detrás)
de millones de obreros que levantan al cielo sus banderas de aurora, la única
esperanza, la última esperanza contra el hambre eterna y el
descorazonamiento, contra la angustia que cuelga de los pechos. Contra las
alucinaciones de la angustia tantos siglos acumulada como lágrima inmensa.
Contra la muerte infiltrada de rapsodias burócratas, infiltrada de pianos
tenues y banderas camaleónicas con transfusiones eléctricas de pesadilla y
fatalidad en nombre de un idiota. Démonos
la unidad, no uniforme, como flor de manos en acción y muchedumbres de
aullidos rebeldes. Para que los mundos galopen en órbitas sin angustia. Para
que se rompan los candados del cerebro y un huracán de poesía arrastre la
podredumbre. Para que resuene otro violín gutural acompañando al piano de la
revolución. Para que otra voz embrujadora traiga su gramática olorosa y
triunfal como tempestad ardiente en nuestros cráneos. No
hay métodos rápidos ni técnicas milagreras para Unidad ni para la poesía
Revolucionaria. El poeta revolucionario debe saber que toda oficina, toda fábrica
tiene su buena cuota de ritualistas obsesivos, de sádicos, de petulantes...
El especial sadismo de la burguesía sabihonda a costa del ignorante tiene una
larga historia, densa y amarga... Durante siglos, los profesores, los
preceptores, los maestros de música y de canto eran, entre otros, en
realidad, sirvientes... ¿Y hoy? ¿Dónde estamos parados? ¿Qué nos une? ¿Quién
fabrica nuestra incapacidad organizativa, de unidad, de lucha, juntos… no
revueltos? La
poesía revolucionaria está aquí ¿Se escucha? Está detrás del ruido
siniestro en los pechos cerrados. Abrirá la puerta del alma con un suspiro de
huracán. ¿Acudiremos? Y
la tarea primera sigue siendo contribuir, sin dogmas, con la organización
revolucionaria como un telescopio que apunta la cola de un cometa infatigable.
No hay puerta de salida sin la revolución y sin su poesía. La unidad
producirá grietas al fondo del infortunio, del tiempo y de nosotros mismos…
por ahí se filtrará, a través de todos los espacios y todas las edades, el
viento de la revolución que se enredará en la voz contra esta noche fría de
gruta en huesos de miseria. ¿Eso es poco? Desorganizados somos como un barco
que se hunde y apaga sus luces en las aguas de la impotencia, mientras, los
perros burócratas ladran a las horas que se nos mueren. Acordemos
la unidad porque muchos siguen haciendo pasar por “poesía” una impostura
decorativa de “artistas” dedicados a disfrazar, estéticamente , la
miseria. Mueven la cola, hacen gracejetas al patrón que saca cheques para
comprarles, rentarles, exhibirles obra. Siguen haciendo pasar por “poesía”
el idealismo solipsista, más enfurecidamente nihilista. Coincidamos
en unirnos en un Frente Mundial revolucionario con lugar para disentir y
construir. Frente que sea frente y no espaldas de algo o alguien. Frente que
no nos diluya, que no nos corporativice. Frente para no dejar de ser lo que
pensamos y somos y para dejar de serlo sólo si lo deseamos y acordamos.
Frente para ganar, no para que nos ganen. Frente para acompañar la revolución
obrera y campesina, no para ilustrarla ni usufructuarla. Frente para la unidad
no para la uniformidad. Frente confiable, no rentable. Coincidamos,
porque es posible, para lo inmediato y lo mediato. Para lo de hoy y lo de
siempre. Por lo legal y por lo legítimo. Por la esperanza y por la panza. Por
la dignidad y por la espontaneidad. Por el humor y por el amor. Por el salario
y por el ideario. El
caso es que una buen día quizá cuando el cansancio y la rabia nos antesalen
a la noche, antes de caer dormidos, percibiremos nítidamente articulada,
hasta el punto de que resulte imposible cambiar ni un solo elemento, la imagen
de una revolución plena, no ajena al sonido de nuestra voz, de cualquier voz,
como una frase nueva que llegará hasta nosotros sin llevar en sí el menor
rastro de distancia y que, según ciertas revelaciones de la conciencia, nos
ocupara el resto de la vida. Esa frase, la frase revolucionaria, parecerá, en
un insistente, casi atrevida como el cristal. Aparecerá como un lenguaje
nuevo de guerra poética, que no podrá entenderse más que hundiendo sus raíces
en el humus revolucionario de los obreros y los campesinos para nacer como una
planta nueva siempre. Grabemos rápidamente tal frase en la memoria, y, cuando
nos dispongamos a pasar a otro asunto, el carácter orgánico de la frase
retendrá nuestra atención. Y entonces poblaremos su vientre con una
militancia nueva que se prolongara en la sangre a que responderemos sobre el
surco de un arado de luz y ojos enaltecidos. En
el examen de la historia no sólo hay que saber, sino que hay que saber de una
cierta manera poética. Tiemblen farsantes, uno conoce muy bien sus
estrategias. Estamos en pie de guerra con nuestro cielo lleno de estrellas que
esperan convertirse en poesía revolucionaria, con salpicaduras de astro que
sopla sobre el pecho montañas a altura de los deseos. El entusiasmo intacto.
Vivitos y coleando. Nos daremos la vida, desde esta muerte que nos dan y
contra ella, si juntamos todas las frases revolucionarias, si las organizamos,
aquí y allá, para tomar el cielo por asalto, hoy cercado con balas. “Cada
palabra que se pronuncia aquí dice al menos esta única cosa: que esta
humillante época no ha podido ganarse nuestro respeto” (H. Ball). Autor:
Fernando Buen Abad Domínguez Casi
400 millones de personas en el mundo hablan español, según datos de la
UNESCO. Esas estadísticas contabilizan la población de los países cuyo
idioma oficial es el español, a lo que se le suma los 22,5 millones de
personas que usa regularmente el castellano en Estados Unidos. Cifras
en millones de personas. País Población %
mundial México 104,00
millones 26,06% 42,00
millones 10,52% España 41,00
millones 10,27% 36,00
millones 9,02% Perú 27,00
millones 6,76% 23,00
millones 5,76% Estados
Unidos* 22,50
millones* 5,63%* 15,00
millones 3,75% 12,00
millones 3,00% 11,00
millones 2,75% 11,00
millones 2,75% 8,50
millones 2,13% República
Dominicana 8,00
millones 2,00% 6,50
millones 1,62% 6,00
millones 1,50% 6,00
millones 1,50% 5,00
millones 1,25% 4,00
millones 1,00% 3,80
millones 0,95% 3,20
millones 0,80% Panamá 3,00
millones 0,75% 0,50
millones 0,12% ·
En
Estados Unidos viven unos 39 millones de personas de origen hispano, pero no
todos hablan español. La cifra de 22,5 millones corresponde a personas que
hablan regularmente en castellano, según sispain.org. http://www.univision.com/content/content.jhtml?cid=327254 La
mitad de la población mundial se expresa por medio de alguna de estas ocho
lenguas, según datos manejados por la UNESCO, que subraya que las cifras
sobre hablantes varían mucho en función de los métodos de recuento. A
continuación, las cifras (en millones de hablantes) para estas ocho
principales lenguas del mundo: Idioma Millones
de hablantes 1.200
millones Inglés
478 millones Hindi
437 millones Español
392 millones Ruso
284 millones Arabe
225 millones Portugués
184 millones Francés
125 millones Según
cifras de la UNESCO en Japón el 91% de la población tiene hábito de lectura
mientras que en México solamente el 2%. En general los mexicanos leemos medio
libro por habitante al año lo cual es preocupante. En un país en el que
existen 100 millones de habitantes, 15 millones son lectores potenciales y
solamente 2 millones leen por hábito. La población se inclina más por los
libros del momento, del escándalo o de la vida pública, pocas personas
conocen y se interesan por los grandes escritores de los que es cuna nuestro
país. La literatura más solicitada en bibliotecas es sobre temática técnica
que solicitan en las Preparatorias y Universidades sin embargo escasamente se
solicitan libros sobre literatura. http://www.tress.com.mx/boletin/sept2004/lectura.htm --------------------------------- Pese
a los avances en la extensión de la educación básica, en el mundo existen
todavía 860 millones de adultos analfabetas, advirtió hoy la Organización
de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) al
celebrar el Día Internacional para la Alfabetización. La
UNESCO subrayó que de estos 860 millones de personas que no saben leer y
escribir, dos terceras partes -500 millones- son mujeres, por lo que este año
el lema de la conmemoración es “Alfabetización y Género”. No
obstante esta desigualdad entre hombres y mujeres en las cifras mundiales, en
América Latina, donde existen 30 millones de analfabetas, sólo se observan
diferencias de género en algunas zonas rurales. El
día Internacional de la Alfabetización tiene el objetivo de recordar a la
población de todo el mundo que la educación es uno de los medios más
efectivos para potenciar las capacidades humanas y ponerlas al servicio del
progreso y el bien común. La
celebración anual de esta jornada representa una oportunidad para que los
gobiernos, instituciones educativas y sociedades en su conjunto hagan un
balance de la lucha contra el analfabetismo y movilicen a la opinión pública
internacional, promoviendo la participación activa de la población en campañas
de alfabetización. La
UNESCO se ha fijado como meta reducir el analfabetismo a la mitad para el
2015. Fuente:
Centro de Noticias ONU Publicación enviada por Fernando Buen Abad Contactar mailto:reds@2vias.com.ar Código ISPN de la Publicación EEpEpAplkkSgfvkkmP Publicado Sunday 21 de November de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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