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Monografias | Delegar la autoridad es una forma de dirección adecuada, es el medio idóneo de obtener una mayor eficiencia en la actividad laboralDelegar la autoridad es una forma de dirección adecuada, es el medio idóneo de obtener una mayor eficiencia en la actividad laboralResumen: Es muy común entre el personal que dirige, la sensación de agobio motivado por le “poco tiempo disponible” para acometer todas las tareas que tiene que realizar en su jornada de trabajo o al menos en el tiempo que tiene destinado para su realización. Es una opinión generalizada, que la correlación entre el volumen de trabajo a realizar y el fondo de tiempo disponible presenta un balance desfavorable, por lo cual se van obligados a prolongar su jornada de trabajo diaria y, en ocasiones, utilizar parte de su tiempo libre para poder cumplir con sus responsabilidades.(E) INTRODUCCIÓN Es
muy común entre el personal que dirige, la sensación de agobio motivado por le
“poco tiempo disponible” para acometer todas las tareas que tiene
que realizar en su jornada de trabajo o al menos en el tiempo que tiene
destinado para su realización. Es una opinión generalizada, que la correlación
entre el volumen de trabajo a realizar y el fondo de tiempo disponible presenta
un balance desfavorable, por lo cual se van obligados a prolongar su jornada de
trabajo diaria y, en ocasiones, utilizar parte de su tiempo libre para poder
cumplir con sus responsabilidades. Con
variaciones y matices diversos, podemos plantear que este es un problema general
de los dirigentes en cualquier latitud lo que ha generado la realización de
estudio e investigaciones profundas y extensas para tratar de llegar a una
adecuada solución. En Cuba, desde hace varios años se estudian estos problemas
por diversos estudiosos del tema así como disímiles instituciones. Cada
uno de nosotros sólo tiene 24 horas diarias, y una parte de estas tiene que ser
dedicada al descanso, la alimentación, la higiene, la recreación, etc., sin
embargo, en un número considerable de casos hay dirigentes que sacrifican estos
aspectos en aras del trabajo lo cual trae como consecuencia que se presenten
problemas de salud y de diversa índole que, a la larga, inciden en la disminución
de su capacidad de trabajo y, por tanto, en la eficiencia de su acción de
dirección. Como,
obviamente, no es posible "estirar" el tiempo, el problema no es el
tiempo en sí, sino la utilización que hacemos de éste, como lo utilizamos, en
qué medida lo aprovechamos. Cuando
hablamos de aprovechamiento del tiempo, no estamos pensando en aquel que
simplemente se distrae, el que se dedica a escuchar música u otra actividad
ajena al trabajo; estamos pensando en aquel trabajador que se entrega al trabajo
con dedicación y ahínco, sin embargo, no le bastan ocho, nueve o más horas
para cumplir sus tareas de dirección por más que realice una correcta
planificación de su tiempo. Un
primer paso en este análisis nos debe llevar al examen del contenido de trabajo
del dirigente. Muchas veces cuando los técnicos son promovidos a cargos de
dirección, continúan realizando aquellas tareas propias de su profesión que
siempre les resultaron más agradables, sin percatarse de que las mismas
corresponden a su anterior puesto de trabajo, por tanto, deben ser realizadas
por sus subordinados. Esto
es un fenómeno que tiene lugar muchas veces de manera inconsciente, el
dirigente recién promovido continúa desarrollando muchas de las actividades
que antes realizaba. En una investigación reciente en la que se entrevistaron
233 dirigentes, el 23,1% manifestó problemas de esta naturaleza. Esta
práctica contribuye a "distraer" una parte considerable del tiempo de
aquellos que la siguen. Por otra parte está la pérdida
de las horas que se dedican a realizar un trabajo que corresponde a los
subordinados; por otra la gran cantidad de interrupciones que genera, ya que los
subordinados no se habitúan a cumplir con sus obligaciones, sino que, ante una
dificultad técnica de cualquier magnitud, acuden al jefe, para que este les
resuelva el problema, eliminando de paso su responsabilidad y trasladándola al
jefe consultado. Un
análisis de estas situaciones nos revela las siguientes consecuencias: ·
El tiempo
de trabajo del dirigente resulta afectado:
de una parte por dedicarse a tareas propias de los subordinados; de otra
por la gran cantidad de interrupciones que le impiden concentrarse en su tarea esencial:
la dirección. ·
Los
subordinados se acostumbran a no pensar, ni encontrar soluciones por ellos
mismos; resulta más cómodo llevar los problemas al jefe y que este le de
solución. Este
fenómeno que hemos descrito es lo que algunos especialistas denominan "la
delegación invertida" o "delegación inversa". La verdadera
tarea del dirigente, de lo que se trata, es de invertir este flujo de tareas,
las cuales, en lugar de "subir" hacia su mesa, deben "bajar"
hacia los subordinados. En esto consiste la llamada "delegación de
autoridad". LA
DELEGACION DE AUTORIDAD Delegar
significa según el diccionario Pequeño Larousse: “Transmitir por delegación;
delegar en o a uno su poder; enviar; mandar”, delegar autoridad significa
entonces ceder, trasladar o traspasar a un subordinado, una parte de la
autoridad que tiene el dirigente, para que se ocupe de algunas funciones o
tareas de manera expresa. El
jefe, al delegar autoridad, a un subordinado para el cumplimiento de su
encomienda, debe establecer simultáneamente el compromiso que adquiere este último
por la autoridad otorgada, lo que supone la ulterior exigencia de
responsabilidad. Cuando
se utiliza correctamente esta técnica, se obtienen resultados muy favorables.
Por otra parte, se incrementa la eficiencia del trabajo del dirigente, ya que su
capacidad, tanto física como intelectual, resulta multiplicada y le permite
entonces concentrar la atención en las tareas de mayor importancia. Así mismo,
los resultados de la actividad resultan beneficiados por la incorporación de más
participantes y más iniciativas al proceso de dirección, análisis y ejecución,
así como un mayor grado de especialización del trabajo. La
delegación de autoridad influye positivamente en la motivación de los
subordinados, a la vez que contribuye a desarrollar su sentido de
responsabilidad, todo lo cual repercute favorablemente en la formación de los
cuadros al poner de manifiesto cualidades y deficiencias de los subordinados no
advertidos anteriormente. No
obstante, a pesar de todas las ventajas que reporta la delegación de autoridad,
muchos dirigentes prefieren centralizar al máximo las tareas y decisiones, ya
sea por falta de confianza en la capacidad de los subordinados, por intolerancia
a los errores, por una sobre valoración de sus propias posibilidades, o por
tratarse de hábitos muy arraigados de los cuales les resulta muy difícil
desprenderse, aunque comprendan su nocividad. Esta
forma de proceder por parte del dirigente lo obliga a trabajar largas jornadas.
En la encuesta anteriormente señalada, aplicada a 233 dirigentes de la
industria, el 72,1% reconoció que trabajaba más horas que sus subordinados. Es
curioso señalar que la mayoría de estos dirigentes que dedican más de 60
horas semanales al trabajo y se sumergen
en los detalles de las operaciones cotidianas, admite que sus subordinados podrían
realizar sus actividades sin ellos, lo que equivale a afirmar que no se
consideran indispensables. No obstante, su comportamiento práctico contradice
lo que afirmaron anteriormente. En la encuesta señalada anteriormente, el 63,9%
de los participantes señaló que le agradaba mantener la vista en todos los
asuntos, independientemente de su importancia, lo que evidencia una fuerte
resistencia a la delegación de autoridad. La
aplicación de cualquier técnica, y más aun en el campo de la dirección, sin
un dominio pleno, puede conducirnos a errores, es por ello tan importante y
necesario conocer algunos elementos esenciales para la aplicación exitosa de la
delegación de autoridad. En
primer lugar, el dirigente debe definir con claridad, cuáles son las tareas que
van a ser delegadas, el tiempo necesario para su ejecución, los objetivos que
se persiguen, el marco de acción en el que podrá moverse el ejecutor, y la
persona que va a asumir cada una de las tareas. Si las tareas no están
claramente precisadas, o no está definido lo que se puede y lo que no se puede
hacer, es muy posible que se presenten errores, es por eso que la
previsión y evitación de los mismos está, en gran medida, en manos del
dirigente. Una
práctica bastante extendida entre los jefes, es la de delegar tareas poniendo
en primer plano la disposición del subordinado y no su capacidad. Ambas son
importantes, pero pienso que es necesario poner en primer lugar la capacidad del
subordinado o colaborador y trabajar con él para motivarlo, comprometerlo y así
elevar su disposición e interés. El no hacer este trabajo nos lleva a las
siguientes interrogantes: ¿Por
qué en las empresas hay tantos técnicos de nivel medio y superior que se
resisten a ocupar cargos de dirección? ¿Hemos
trabajado con ellos? ¿Los
hemos motivado adecuadamente? Aquí
hay una fuente importante para el desarrollo y promoción de cuadros de dirección
con la que se hace necesario trabajar. El
que recibe autoridad para la ejecución de cualquier tarea o en función de un
cargo específico, simultáneamente está contrayendo un compromiso de tipo
moral con aquel que otorgó la autoridad. Esto conlleva la necesidad de exigir
responsabilidad de acuerdo a la autoridad conferida. Este hecho implica deberes
para las dos partes involucradas en la delegación: para el subordinado; la
obligación de cumplir con la tarea asignada; para el dirigente, la exigencia de
responsabilidad al subordinado. Cuando esta última no se exige, entonces no se
garantiza el cumplimiento de la primera. Por
lo tanto la delegación de autoridad no constituye un mecanismo para
"olvidarse" de las tareas, si no una técnica para poner a todos en
función de los resultados que implica, para el dirigente, la obligación de
controlar, adecuadamente, si estos resultados se van alcanzando
satisfactoriamente o no, depurar las responsabilidades que
existan y tomar las medidas que aseguren el cumplimiento de los objetivos
trazados. La
delegación de autoridad constituye también una vía para la estimulación. El
hombre, como un ser que trabaja y piensa, tiene determinados intereses y
aspiraciones. Para dirigir a los hombres con acierto es necesario estimularlos
de manera eficaz. El dirigente debe reconocer los buenos resultados alcanzados
por los subordinados en el desempeño de sus tareas y criticar de forma
constructiva los errores cometidos teniendo presente mostrarles las causas de
sus errores y enseñarles las formas más correctas para la actuación
posterior. Esto
no significa llevarlos de la mano en la ejecución de las tareas, pues ello
puede ser tan negativo para el dirigente como para el subordinado. Supongamos
que usted delegara parte de sus
tareas, que por lo general serían las más rutinarias (esas que lo disgustan),
sin tener en cuenta qué grado de satisfacción podrá encontrar en ellas el que
las tiene que realizar. Si además de eso, usted le da instrucciones muy
precisas y detalladas acerca de cómo quiere que sean hechas todas y cada una de
las tareas asignadas, puede eliminar la satisfacción del trabajador, pues debe
pensar que este podría resolver o
determinar el método de solución con su propia iniciativa. Pero
además, el hecho de centrar su atención en el proceso, más que en los
resultados, puede significar que el tiempo que ha liberado a su favor, producto
de la delegación de autoridad realizada, se ha consumido totalmente
prescribiendo las normas y métodos para su ejecución y controlando la forma en
que esta se realiza y no en los
resultados alcanzados. En estas condiciones, la delegación se consume en sí
misma y no incrementa el tiempo disponible para el dirigente, a la vez que no
contribuye a incrementar la satisfacción en el trabajo de los subordinados ni
al desarrollo de los cuadros. La
intolerancia a los errores funciona también como un freno a la delegación de
autoridad. Si cuando alguna tarea se ha de delegar entonces se trata de
prevenir, de forma exagerada, la comisión de errores por parte de los
subordinados, se crea un ambiente de desconfianza e inseguridad que impide la
buena marcha del trabajo. Todos nosotros, en el proceso de aprendizaje,
cometemos errores, y a partir de estos vamos desarrollando nuestra experiencia,
enriqueciendo nuestra capacidad y perfilando nuestras habilidades. Se trata de
un proceso natural que hay que
comprender y asimilar. En
lugar de un clima de intolerancia a los errores, es preferible crear un ambiente
de confianza y seguridad, en el cual los subordinados pueden probar sus
capacidades e iniciativas, lo cual repercutirá favorablemente en el desarrollo
del trabajo y en la propia formación de estos como cuadros. Una
última recomendación validad para la aplicación de esta técnica sería: manténgase
alerta para enfrentar las dificultades que pueden surgir como consecuencia del
proceso de delegación. La designación de
un trabajador para asumir una tarea puede crear en otros, algún tipo de recelo
que enturbie las relaciones humanas en el seno del grupo laboral; esto hay que
saber advertirlo y tratarlo a tiempo. Por otra parte si se ha delegado una tarea
y no se han realizado las coordinaciones que viabilicen su ejecución, pueden
surgir dificultades, las cuales deben ser resueltas rápidas y eficazmente. La
asimilación de lo nuevo, a menudo encuentra resistencia, pues los hábitos
desarrollados durante largo tiempo son difíciles de desarraigar. No obstante si
advertimos las ventajas que lo nuevo nos puede reportar, comienza a tener lugar
un cambio de actitud. Medite sobre su situación: ¿Le
escasea el tiempo? ¿Serán
capaces sus subordinados de trabajar más si usted los organiza adecuadamente? ¿Se
siente usted capaz de dar un salto de la calidad en su trabajo y de aprovechar
mejor su tiempo? Si
tiene dudas, le recomendamos volver a leer el presente trabajo y,
principalmente, las recomendaciones para poner en práctica la delegación de
autoridad. Confronte
estas recomendaciones con su estilo habitual de trabajo. ¿Piensa
que sus formas de trabajar actualmente son las mejores? ¿No
hay posibilidades de mejorar? o, por el contrario ¿Hay
algunos elementos que le permitirían mejorar su trabajo? La
decisión la toma usted, nosotros solo le damos los elementos para su análisis.
Acepte el reto que significa involucrar a todo el grupo o colectivo en la solución de las tareas de dirección. ALGUNAS
DIRECTRICES PARA DELEGAR ·
Conozca a
sus empleados. ·
Dedique
tiempo a hablar claramente con ellos. ·
Sea
concreto cuando orienta. ·
Delegue
pero no abdique. ·
Analice la
tarea que pretende delegar. ·
Delegue
tareas importantes. ·
Delegue
tareas agradables. ·
Recuerde
que todas las cosas necesitan tiempo. ·
No delegue
siempre en los más competentes, permita que el resto demuestre si iniciativas. ·
Confíe en
sus subalternos, no los subvalore. ·
Delegue el
objetivo, no el procedimiento. ·
Haga que
sus subordinados se planifiquen. ·
Permita
que sus subordinados cometan errores. ·
Pida a los
subordinados soluciones, no problemas, los problemas son los que usted delega
para que ellos solucionen. ·
Ceda los méritos,
asuma los reproches. ·
Perfeccione
los conocimientos de sus empleados, capacítelos. BIBLIOGRAFÍA Autor Lic.
Reynel Llanes Belett Prof.
de Filosofía Publicación enviada por Reynel Llanes Belett Contactar mailto:reynel.llanes@infomed.sld.cu Código ISPN de la Publicación EEpZlkAlplcjgtMaeH Publicado Monday 7 de February de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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