Monografias | Financiamiento cooperativo Activos de BanderaFinanciamiento cooperativo Activos de BanderaResumen: El Ministro de Agricultura y Ganadería del Brasil, Roberto Rodríguez ha manifestado que el presidente Ignacio Lula Da Silva propone convertir a su país en una `Republica Cooperativa´. En esa misma perspectiva, el flamante presidente paraguayo, Nicanor Duarte Frutos ha dicho que las cooperativas son uno de los puntales de la Economía Paraguaya. Colombia, Guatemala, México y Chile, Venezuela –un poco antes-, acaban de darse recientemente su nueva ley de cooperativas.(V) El
Ministro de Agricultura y Ganadería del Brasil, Roberto Rodríguez ha
manifestado que el presidente Ignacio Lula Da Silva propone convertir a su país
en una `Republica Cooperativa´. En
esa misma perspectiva, el flamante presidente paraguayo, Nicanor Duarte Frutos
ha dicho que las cooperativas son uno de los puntales de la Economía
Paraguaya. Colombia,
Guatemala, México y Chile,
Venezuela –un poco antes-, acaban
de darse recientemente su nueva ley de cooperativas. Es
que en dichos países como en la Argentina,
el cooperativismo en general, por
caso, el relacionado con el agro, el crédito o la gestión de servicios públicos,
es sin duda un “capital nacional estratégico”. Estos
capitales cooperativos son funcionales a políticas económicas progresistas,
serias y duraderas, sustentables hacia dentro y afuera del país como las que se
anuncia, han de implementarse. Pero
es imprescindible que tanto la
educación cooperativa así como la instalación en los medios de comunicación,
de la importancia y trascendencia de estos ´Activos de Bandera´, no sufran más
postergaciones. En
efecto, aún la conciencia colectiva parece advertir la potencialidad y el vigor
de la cooperación, capital estratégico, nacional y solidario,
que ha servido y sirve a la
Comunidad Nacional pero puede servirla mucho más y mejor si conservamos su
autonomía e independencia y su interés por la Sociedad Civil, y mucho mas
todavía, superando los agoreros pronósticos de quienes insinúan su
inviabilidad intrínsecamente considerada. Quién
puede negar o siquiera, dudar que la educación, el crédito, la vivienda, la
prensa, el agro, la producción, el trabajo o el consumo cooperativos, hacen a
la definición de ejes centrales del nuevo país que merecemos ... Es
que, el cooperativismo nacional supo transformar y expandir derechos y garantías
del ciudadano en concretas capacidades y disponibilidades, constituyéndose en
uno de los artífices del desarrollo urbano y rural ... Por
estos tiempos y frente a los fenómenos de concentración económica, del saber,
del poder y del prestigio, los argentinos disponemos de la integración
cooperativa para replicas adecuadas y discrepantes ... Por
otra parte, es absoluta y definitivamente absurda como
falsa la posición de quienes plantean incompatibilidad entre la eficiencia
cooperativa y los principios cooperativos en un contexto de economía de
mercado. Además y como reclaman Naciones Unidas y la OIT, se debe favorecer y
facilitar un entorno propicio para
un desarrollo cooperativo local, regional y supraregional, autogestionado,
democrático e inclusivo. Para
todo ello, la cooperación merece y reclama en lo económico, una autonomía
semejante a la autonomía municipal en lo institucional, economía cooperativa
que genera puestos de trabajo blancos, que agrega valor a
la producción primaria, que invierte en el país,
se involucra en el comprelocal, atiende
prioritariamente al mercado interno, democratiza la economía a partir de su
practica democrática interna, atiende
puntualmente los aportes previsionales y asume los tributos, aun aquellos
verdaderamente distorsivos (Vg. los derivados de la Ley 23.427, IVA, tasas
municipales, etc.). El
cuarto-nuevo- principio cooperativo “Autonomía e Independencia”[2]
ha resultado ser un elemento indispensable, particularmente en aquellas
sociedades en las que, ciertos gobiernos habían utilizado distorsionadamente
las cooperativas para instaurar sus propios planes económicos, a menudo, en
detrimento de los valores cooperativos de autoayuda y responsabilidad social
empresaria. Otro
nuevo principio, el último agregado: “Interés por la Comunidad” se
corresponde con lo relacionado, principio que recoge y refleja el impacto de las
cooperativas en cuanto a contribuir con un desarrollo duradero en las
comunidades en que surgen y se
desarrollan. Ahora
bien, estos “Activos de Bandera” vienen posibilitando,
propiciando, una economía más solidaria, más ambiental, más civil, más
inclusiva, mas pacifica, es decir, más humana,
y lo hacen, no solo desinteresadamente sino, sufriendo
-reitero-, verdaderas gabelas e impuestos tan distorsivos como absurdos. Se
escapa o quizá, se confunde que los capitales nacionales invertidos en bienes y
servicios cooperativos, sólo pueden implicar confianza, crédito, buena fe. Lo
cierto es que estos capitales atesorados con fidelidad, principios y valores,
para confirmar su carácter estratégico y prospectivo, deberemos dinamizarlos
para la inversión, la producción, la industrialización, la calidad, las pymes
y el trabajo. Ahora
bien, cierto es que no podemos
ignorar la inercia negativa propia de una inestabilidad e inconsistencias
argentinas, internas y externas; la inercia del alegre y aplaudido default,
la inercia de la desconfianza (corralito y corralón) –externalidad
negativa argentina- lo que se resume en un conjunto adverso para la organización,
funcionamiento, desarrollo y consecuente proyección de cooperativas,
microempresas y pymes en general. Asimismo,
todos coinciden, parejamente, en que el crédito es uno de los insumos críticos
y escasos, singularmente para el sector cooperativo. Claro, si solo se piensa en
la ausencia de intermediarios y de fines de lucros, este ‘árbol’
no permitirá mirar el bosque cooperativo. En efecto, los
servicios, beneficios y eficiencia de las cooperativas,
han sabido ofrecer, con
precio justo, respuestas oportunas y satisfactorias en distintos aspectos
del campo socioeconómico y en los más diversos territorios
de nuestro país, precisamente allí mismo donde el Estado no “llegaba”
o no le interesaba a caprichosos
capitales –por lo general extranjeros-, puramente especulativos, sin ninguna
responsabilidad social ni compromiso por la comunidad. A la
hora de legislar, a la hora de judicializar actos o prácticas cooperativas, a
la hora de ejecutar políticas, no se puede subestimar lo relacionado como
tampoco, que cada cooperativa es un fideicomiso en sí misma. Sin
embargo, la integración cooperativa puede lograr fideicomisos de escalas
superiores –que para nosotros –reitero- implican necesaria y
condicionalmente: ocupación, valor agregado, asimilación tecnológica, cultura
ambiental, sustitución de importaciones, reindustrialización nacional,
recuperación de empresas; todos unos verdaderos iconos que deberían ser
complementados V.g., con líneas de créditos blandos que faciliten medianas y
grandes inversiones, políticas arancelarias Pro- Argentina de entrada y
de salida funcionales a una mejor productividad y competitividad cooperativas
para la reposición en cartel de Argentina en el exterior-; economías de escala
para telecomunicaciones, agua potable, cloacas, transporte, gas e
infraestructura; bienes y servicios
necesarios para la vida digna de cada argentino,
fortaleciendo simultáneamente nuestro mercado interno, con crecientes
niveles de eficiencia. En
este último sentido, el sector cooperativo ha realizado –y realiza- aportes
al desarrollo de la infraestructura necesaria para mejorar la vinculación física
de personas y economías, brindando condiciones para el desarrollo y cohesión
de las economías locales y regionales, facilitando el aprovechamiento de
oportunidades, siendo en esto, pionero y coincidente con uno de los objetivos
centrales –a otra escala- de la Fundación de la Comunidad Sudamericana de
Naciones plasmada en la reciente Cumbre de Cusco (Perú). Si
obtuviésemos una foto del desempeño cooperativo, quién podría desconocer que
los servicios públicos gestionados y servidos por cooperativas, fueron, son y
serán artífices del desarrollo rural (electrificación, telefonías,
acueductos, gasoductos, etc.) y urbano, reduciendo costos, llevando progreso y
bienestar. Todo
esto se ha comprendido acertadamente, atento
la pareja valorización constitucional del cooperativismo en las provincias
argentinas. Claro, esta valorización no es una pura abstracción. Córdoba cuenta
con cientos de cooperativas para servicios públicos: agua potable y servicios
sanitarios: 100; energía eléctrica: 204; telefonías: 79, etc.;
Santa Fe: telefonías: 81;
agua potable: 107; energía eléctrica: 61; Buenos Aires: agua potable:
125; telefonías: 117; energía eléctrica: 215; Entre Ríos: agua
potable:32; telefonías: 5; energía eléctrica: 18; Mendoza: agua
potable: 9; energía eléctrica: 9; Río Negro: agua potable: 8; telefonías:
12; energía eléctrica: 2; Chaco: agua potable: 7; telefonías: 5; energía
eléctrica: 15; La Pampa:
agua potable:25; telefonías: 11; energía eléctrica:29; Chubut: agua
potable: 14; telefonías: 7; energía eléctrica: 30; Misiones:
agua potable: 37; telefonías: 5; energía eléctrica: 8; etc. etc.. Toda
esta actividad cooperativa, está impulsada y supone aquellos capitales estratégicos
nacionales a que hacíamos mención, pero también supone riesgo que las
cooperativas vienen asumiendo con éxito, secularmente. Si a
esto añadimos el interés cooperativo por la comunidad, dato no menor, a la
hora de evaluar, promover y difundir la cooperación en general y la industria
cooperativa en particular, apreciaremos sin esfuerzo, una de las manifestaciones
más genuinas de la función social del capital. Con
espíritu alberdiano, nuestra Carta Magna, en sus artículos 4, 14, 75
inc. 18 y cc., promueve explícitamente la industria nacional y la industria
cooperativa es industria nacional. Queda
claro entonces, la necesidad de favorecer y facilitar a nuestras autenticas
cooperativas, un simplificado acceso al crédito,
para medianas y grandes inversiones, la dotación de una infraestructura
adecuada a los nuevos requerimientos regionales y supraregionales, la
simplificación administrativa y una consideración fiscal acorde a sus características
y finalidades. Y,
en esa perspectiva-prospectiva, el Banco de la Nación debe ser el `gran
fiduciario argentino´ para recuperar la inversión, la producción, el
trabajo y el consumo a favor del mayor número posible de argentinos
fideicomisarios, comprometidos definitivamente con el trabajo y la producción. A
modo conclusivo, estos “Activos Argentinos”, no obstante lo dicho, no han
merecido todavía la manifestación de alto interés nacional y provincial que
representan por la significativa
membresía adquirida. Quizás
la nueva Ley 25.782 de Cajas de Crédito Cooperativo -que acaba de
reglamentarse-, pueda aglutinar, fecundar y proyectar a estos activos
cooperativos, no debiendo descartarse la implementación de sociedades de garantía
reciprocas con una ‘mirada’ decidida y profunda, en apoyo y promoción
de nuestras economías e industrias cooperativas, tanto hacia el mercado interno
como al externo, atesorando también, toda
posibilidad de alianzas estratégicas y complementarias en el ámbito regional y
supraregional, sin descartar claro está, los
warrants, la emisión de obligaciones negociables, el leasing, las inversiones
bursátiles, etc.. Cuando
nos preguntamos porqué la cooperación argentina, no obstante su trayectoria y sus frutos duraderos, carece de instrumentos que proponemos
y soporta gabelas y diferentes maneras de resistencia, quizás, debamos admitir
que una de las posibles razones, no explícitas, que puedan explicar y predecir
la postergada falta de cristalización de merecimientos legítimos, puede ser la
percepción sociopolítica y económica de cooperativas no auténticas, en las
cuales, por falta de educación, participación y control público, un grupo de
pícaros les manipulan caprichosamente, anteponiendo el propio interés al de
los asociados, monopolizando de cierta forma, el bienestar,
lo que claro está, resulta no-solo inadmisible sino, duramente
reprochable. Finalmente,
y a pesar de esto último, ello se puede remediar si activamos y articulamos
mecanismos y legislación existente (V.g.; las leyes 16.583,
20.337 (Art.99, 100 y cc.), 23.101, 23.427), si acompañamos a estas
organizaciones solidarias con políticas publicas proactivas, con
discriminaciones positivas, con el compre nacional y cooperativo, con
legislaciones, con establecimientos educativos con orientación solidaria, con
órganos de control y tribunales idóneos, competentes; pero, particularmente,
con una gradual, paulatina y decidida integración solidaria regional,
desde lo local.- [1]
Profesor de Derecho Cooperativo, Facultad
de Derecho y Ciencias Sociales, Universidad
Nacional de Córdoba, República
Argentina.- [2]
“Los Principios Cooperativos Rectores del Movimiento Cooperativo
Internacional en la Nueva Declaración sobre la Identidad Cooperativa,
aprobado en el Congreso del Centenario y en la Asamblea General de la
Alianza Cooperativa Internacional, en septiembre de 1995”.- Publicación enviada por Roberto Bertossi Contactar mailto:ceciliacos18@yahoo.com.ar Código ISPN de la Publicación EEplVpyVZyEmqjnard Publicado Tuesday 15 de February de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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