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Monografias | No todo lo viejo es malo: arcaísmos en el lenguaje campesino holguineroNo todo lo viejo es malo: arcaísmos en el lenguaje campesino holguineroResumen: Según nos hemos “malacostumbrado”, existe una tendencia humana hacia el rechazo de las cosas viejas, pues creemos que siempre lo más nuevo debe ser, por una razón práctica, lo mejor. Trataremos de demostrar que en los terrenos del lenguaje esta máxima no se cumple, antes bien, hay palabras que, mientras más antiguas son en el español, más expresividad y a veces gracia, poseen. Según
nos hemos “malacostumbrado”, existe una tendencia humana hacia el rechazo de
las cosas viejas, pues creemos que siempre lo más nuevo debe ser, por una razón
práctica, lo mejor. Trataremos de demostrar que en los terrenos del lenguaje
esta máxima no se cumple, antes bien, hay palabras que, mientras más antiguas
son en el español, más expresividad y a veces gracia, poseen. En
una investigación realizada con los descendientes canarios de la Provincia de
Holguín, se determinó que los hablantes del último grupo etáreo (mayores de
55 años) dominaban más términos de uso antiguo en el español y tenían, por
tanto, mayor competencia léxica, es decir, más posibilidades de expresar
matices significativos que los hablantes o usuarios del resto de los grupos de
edades. Dentro
de estos hablantes investigados, se centró la atención en los que tenían procedencia campesina, pues las inmigraciones canarias hacia nuestro
territorio norteoriental, fueron mayormente de isleños que procedían del campo
y realizaban labores agrícolas, sobre todo, en pequeñas parcelas de
autoconsumo y en la producción tabacalera. Ese tipo de inmigración formó,
mayoritariamente, la población
campesina holguinera que ha ido transmitiendo su legado cultural y sus usos
idiomáticos a las sucesivas generaciones. Muchos
son los vocablos que delatan un empleo muy antiguo en la lengua española y son
conservados y empleados con frecuencia por la población objeto de estudio. Esos
términos reflejan variados grupos temáticos, relacionados con las actividades
y costumbres de los seres humanos. El verbo aliñar,
verificado desde principios del siglo XV en nuestra lengua, significaba
“aderezar, hermosear; entablillar huesos, mejorar, acomodar”. Como se
infiere, la significación actual de este verbo está más relacionada con aderezar,
pero los significados guardan relaciones entre sí ¿Acaso es impropio decir que
las yucas están mejor “acomodadas” con un buen aliño?
¡Claro que no! Clasificado
por la romanista Alésina (1986) de arcaísmo, el adjetivo
bravo: “áspero, inculto, farragoso”, también puede emplearse como una
interjección de aprobación; pero el español de América lo adaptó con el
significado de “enojado, irritado, colérico” y en estas últimas acepciones
lo verificamos entre nuestros informantes.”Ponerse bravo” es molestarse,
contrariarse y tiene un amplio espectro de uso entre los hablantes campesinos
entrevistados. “Esa loma sí que está brava”, “para desyerbar (deserbar)
ese monte, sí hay que ser bravo de verdad”, “ese toro es bravo, bravo”,
son expresiones recogidas de cualquier ambiente, pero con predominio del rural. El
sustantivo candela procede del latín
“candere”, que significa arder, término clasificado por la misma autora
como arcaico en español y un poco desusado en España. Actualmente es empleado
en Colombia y en el habla popular de las Islas Canarias y con total aceptación
y empleo por los hablantes muestreados. Para ellos es también sinónimo de
lumbre. La expresión “esto está en candela” para calificar a un asunto o
empresa difícil, fue considerada por Don Fernando Ortiz, nuestro Tercer
Descubridor, como un cubanismo. Muchas personas, sobre todo mayores y
campesinas, usan candelá, para referirse a un fuego de grandes dimensiones, variante
fonética que, si bien no es académica, sí es muy expresiva en el habla pública
común. La
palabra canto significa, por una parte, “melodía o pieza musical” y por
otra, “borde, orilla filo de un objeto”. Es un vocablo muy antiguo que
procede directamente del latín “canthus” con el significado de “parte de
una cosa”, empleado en el español desde 1220. El modo adverbial “de
canto”significa “de lado” y tiene como otras acepciones: extremidad,
punta, esquina o remate de una cosa. Entre los hablantes de las ciudades no es
muy usual decir “en el canto de la
mesa”, pues este empleo va quedando reservado para los ambientes rurales y los
hablantes de mayor edad. El
verbo cundir es otro de uso muy antiguo en nuestra lengua, relacionado con
“percundir” (sigloXV), intervino en su formación el antiguo verbo dialectal
“condir”. Se conoce como “extenderse, propagarse, dar mucho de sí,
abundar”. Su uso es considerado anticuado entre los informantes, sin embargo,
en la expresión “cundir el pánico” no se siente tanto esa antigüedad,
además, los hablantes campesinos
lo usan para referirse a la productividad que se logra en un sembrado de
determinado cultivo: “se me cundió el campo de calabazas”. Otro
arcaísmo es el sustantivo fleco, que
pasó primero por la forma “flueco” y que a su vez, viene del latín “fluccus”:
copo de lana, pelo de los paños. Se emplea metafóricamente en las frases
“fleco de carne”, “estar hecho flecos”; esta última expresa la idea de
destrucción, con la piel destrozada, hecha jirones. Los campesinos usan mucho
la palabra fleco para referirse a la carne ripiada, aunque también se escucha
con el significado de “adorno compuesto de colgantes de una tira”. Cuando
escuchamos decir: “tengo un hincón
en la cabeza”, no hay que esforzarse mucho por adivinar la procedencia
campesina de quien así se expresa. El vocablo hincón
se deriva directamente del latín “fincar”, 1140, en el sentido
medieval de “permanecer, quedar”, de ahí, afincar.
Como arcaísmo es considerado también en el argot de las ciencias jurídicas,
proveniente de finca, propiedad, inmueble que no se traslada de lugar, que
permanece. Entre los hablantes campesinos investigados, el término significa
“dolor agudo que se presenta a intervalos”. El verbo hincar (arrodillarse) no presenta esa connotación arcaica del
sustantivo hincón. Una
característica del cubano es su capacidad expresiva con el empleo de las
palabras. La propia idiosincrasia nuestra nos lleva, en ocasiones, a una discusión
acalorada donde suelen decirse “una jarcia
de disparates”. Analicemos jarcia. Esta palabra nos viene de 1490 en un
ambiente marinero (recuérdese que la Conquista del Nuevo Mundo fue una empresa
marítima), su significado original era “aparejos y cabos de un buque, carga
de cosas diversas para un fin”, vocablo del griego “exartizo”, yo equipo,
yo aparejo, yo acomodo. Los campesinos suelen utilizar el término como sinónimo
de “cantidad de cualquier cosa”. Una
palabra muy expresiva de la cualidad que representa es reteso.
Considerada como antigua en español,
significa “acción y efecto de retesar, llenar una cosa hasta el máximo”.
Como consecuencia, las cosas retesas
se ponen duras, igual que las ubres de las vacas cuando están bien llenas de
leche: “están retesas”. Una persona que no ha cuidado bien de su dieta, ha
engordado tanto que está “retesa”, unida a esta característica, la persona
infla sus cachetes y se les ponen “brillantes y retesos”. Este adjetivo
tiene un uso muy marcado entre los hablantes campesinos y es valorado por
algunos jóvenes como desconocido para ellos. Como
arcaísmo se clasifica, asimismo, el vocablo transido
(transío, variante fonética), “fatigado, acongojado, angustiado”, en
sentido figurado, consumido por alguna pena. Metafóricamente este término es
usado por nuestros informantes como “muy delgado”. Cuando una persona no se
alimenta bien y adelgaza mucho se dice que está “transío del hambre”, se
aplica también a los animales que no “arriban” o sea, que no crecen ni
aumentan de peso. Procede del latín “transire”, morir, pasar más allá,
traspasar. Es un adjetivo poco o nada empleado por los jóvenes y sí muy
frecuente entre los campesinos. El
adjetivo prieto primeramente significaba “ajustado, ceñido”; en la isla
de Gran Canaria es considerado como
uso arcaico y rústico. Se le aplica al color oscuro que casi no se distingue
del negro y en esta última acepción fue verificado entre los informantes de
mayor edad y de procedencia campesina. El pueblo cubano, con la Revolución,
aprendió a desterrar las más mínimas reminiscencias de discriminación
racial; por lo cual, de manera eufemística y cariñosa, a veces, se le dice prieto o
prieta a una persona de la raza
negra, en plena correspondencia con el significado primitivo de este adjetivo. Las
palabras analizadas tienen, todas, un sabor antiguo, pero no
están en desuso en Cuba. Los campesinos son hablantes muy conservadores
por su aislamiento y sus costumbres, muy apegadas a sus tradiciones. Gracias a
ellos podemos contar aún con muchos términos que, entre otros hablantes de las
grandes ciudades, apenas se escuchan. Debemos fomentar los usos idiomáticos
tradicionales de nuestros campos, pues forman, junto a otras costumbres, una
parte muy importante de la cubanía. M Sc.
Beatriz González Garcell
Profesora de lingüística de la
Universidad
Oscar Lucero Moya. Publicación enviada por Lic. Julio C. Salazar R. Contactar mailto:jsalazar@fh.uho.edu.cu Código ISPN de la Publicación EEplyZlpVphXmCJsKw Publicado Thursday 17 de February de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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