Monografias | Mquiavelo y la falsa antítesis entre ética y políticaMquiavelo y la falsa antítesis entre ética y políticaResumen: Con frecuencia se afirma que la aportación fundamental de Nicolás Maquiavelo a la formación del pensamiento moderno, reside en haber establecido la división entre ética y política. Partición esta que conlleva la autonomía de la política respecto de la ética. Corroborar o refutar la existencia de tal división en el pensamiento maquiaveliano es el interés fundamental de este trabajo. Con
frecuencia se afirma que la aportación fundamental de Nicolás Maquiavelo a la
formación del pensamiento moderno, reside en haber establecido
la división entre ética y política. Partición esta que conlleva la
autonomía de la política respecto de la
ética. Corroborar o refutar la existencia de tal división en el pensamiento
maquiaveliano es el interés fundamental de este trabajo Florencia Nicolás Maquiavelo nace en Florencia en 1469 y
muere en la misma ciudad en 1527. Su vida esta signada
por las vicisitudes que se suceden en la urbe del Arno y en toda Italia,
en el tránsito entre el siglo XV y el XVI. El comienzo de su existencia coincide con un período
de delicado equilibrio, fundado en un sistema de alianzas entre distintos
estados que, siendo los emergentes de la desarticulada configuración política
de la Italia medieval, se reparten el territorio y la influencia política. Pero ese equilibrio se hará pronto pedazos,
dando lugar a uno de los períodos más tormentosos de la historia peninsular. Todo ello al tiempo que se van configurando las
grandes formaciones estatales de la Europa Occidental. Así, Inglaterra y
Francia, tras su enfrentamiento de casi un siglo, asisten a otras luchas
intestinas entre nobleza y realeza, al final de las cuales, los señores quedan
debilitados de tal manera que emerge un poder real centralista y unificador,
preanunciado la formación del estado absolutista. De igual manera en España, la unión
matrimonial de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, da lugar, junto a la caída
del último baluarte moro en Granada, a la unificación fáctica territorial y
política en torno a la Corona. Finalmente en Oriente, la larga agonía del
Imperio Bizantino, culmina con la caída de su capital y su hinterland balcánico,
a manos del empuje expansionista del nuevo Imperio Otomano. Frente a todas estas nuevas potencias, Italia
permanece dividida y sin miras de unificación, pese a la centralizadora tradición
romana. A ello se suma la recurrente intervención extranjera, acentuada a fines
del siglo XV, debido al creciente poder de las grandes potencias. Italia, tierra
rica y dividida, es entonces, un
excelente y apetecible botín. En el sur peninsular, el Reino de Nápoles, es
objeto de codicia tanto de Francia como de Aragón. En el centro, los Estados Papales y Florencia,
mantienen un delicado equilibrio
pronto a estallar, dadas las ambiciones encontradas del Papa y del rey de
Francia. En el norte, el Milanesado y Venecia son las
formaciones estatales de mayor envergadura. El primero está acechado por las
pretensiones de la Corona francesa. La República Serenísima al mismo tiempo ve
cortada sus rutas comerciales con Oriente por el Turco. En Florencia, la opulencia de los antiguos
gremios artesanales da lugar a una aristocracia financiera que encarnada en la
familia Médicis, se hace del poder durante seis décadas. En 1494, la
intervención francesa acaba con esa hegemonía. Se restaura entonces el sistema
republicano, que conducido en su gobierno en primer lugar por Savonarola y luego
por Soderini, durará hasta 1512, año en que la suerte favorecerá a la liga
papal en su lucha contra los franceses. Para Florencia el resultado de la guerra
significa el retorno de los Médicis al poder. Para Maquiavelo señala el
comienzo de un largo ostracismo. Acaba entonces su participación en la vida pública,
en esa comuna republicana florentina en la que ha desempeñado varios cargos,
algunos de ellos de gran complejidad, en cuestiones de política interna,
militar y manejo de relaciones
exteriores. Toda esta experiencia acumulada en tres lustro
de participación en la cosa pública, junto al dejo amargo que le produjo el
fracaso del gobierno del que fue parte, será volcada un año después, en su
obra canónica, El Príncipe. El Príncipe Formalmente se trata de una obra que pretende
ser un tratado sobre los distintos tipos de principado. Y en realidad destaca
por lo que no es: No es un tratado humanístico o medieval. Al
contrario de estos, está escrito en lengua vulgar y no en latín, como era
usual en aquellos. Asimismo su estructura no tiene la distribución
y el equilibrio de estos tratados. Maquiavelo llega a minusvalorizar su obra,
motejándola de “opúsculo” o “antojo”. Todo esto nos muestra una obra no encuadrable en
los modelos de la literatura humanística tradicional. Una obra única y
original, tanto en su estructura como en su contenido. Dividida en capítulos, los dos primeros tratan
breve y respectivamente acerca de los diversos tipos de principado y de los
principados hereditarios acostumbrados a
la sangre de su príncipe. Es a partir del tercer capítulo donde
Maquiavelo aborda el tema fundamental de su obra: “el príncipe nuevo”.
Analiza entonces los distintos tipos de principado que responden a esa
fenomenología. La distinción fundamental se da por el momento
de la conquista y el momento del mantenimiento. La condición fundamental para
que el principado nuevo (producto de la fortuna, la conquista o la herencia)
sobreviva y se consolide, es que el príncipe no se limite a ocupar una
estructura política, sino que proceda a su transformación o renovación. Finalmente nos encontramos con los capítulos más
difundidos y peor comprendidos de su obra, aquellos que vulgarmente sustentan el
sentido negativo dado a términos como “maquiavelismo” o “maquiavélico”.
Con ellos se pretende adjetivar el uso del poder político ejercido sin el freno
de escrúpulos morales, donde todo es considerado válido para la consecución
de un fin determinado. Tal interpretación está fundada en simplificar
el pensamiento político de Maquiavelo a la literalidad expresada en frases
tales como que el príncipe no se preocupe
de incurrir en la infamia de aquellos vicios sin los que difícilmente se pueda
salvar el Estado (cap. XVI),…un príncipe
(debe) despreocuparse de la infamia de
cruel (cap. XVII),…cuando se halle
necesitado, para mantener el Estado, puede obrar contra la fe, contra la
caridad, contra la humanidad, contra la religión (cap. XVIII). Pero estos capítulos, pese a su exitosa mala
divulgación, no son todo El Príncipe,
y no es correcto aislarlos del conjunto de la obra. Si hacemos un breve análisis
de su texto podemos inferir que el tema dominante es el de la regeneración de
un organismo político corrupto, o como expresa el autor en el cap. XXVI, su redención mediante la introducción de un orden nuevo por un príncipe
nuevo. Ese príncipe que llega a ser tal, por propia virtud. Pero ese principado nuevo apenas es un esbozo teórico.
Maquiavelo no encuentra en la realidad italiana referencia ni modelo concreto
alguno. Pone entonces el ojo más allá de la frontera. Así contrapone las ciudades suizas y alemanas a
las italianas, afirmando que aquellas están
muy armadas y son muy libres. Observa con particular interés a las grandes
monarquías absoluta, en especial la francesa, a la que considera como uno de los reinos bien gobernados y ordenados de nuestro tiempo, en
el que se encuentran muchas buenas
constituciones, en particular el Parlamento, que es un doble freno
equilibrante, ya sea de la ambición del
poderoso o frente al pueblo.
Observa el contraste con la monarquía del
Turco, en el que un déspota manda un pueblo de siervos. Diferencia claramente entonces entre la monarquía
despótica asiática y la monarquía absoluta de tipo occidental. Intuye en esta
última una forma más moderna de organización política y social, que fácticamente
se expresa en los éxitos militares. Unidad de
obra y pensamiento El Príncipe
no es la única obra de Maquiavelo. Entre otros escritos, el florentino es el
autor de una comedia: La Mandrágora; un tratado militar: El Arte de la Guerra, una reconstrucción del pasado de su ciudad: Historias
Florentinas, y otras obras menores. Una se destaca en particular. En la misma época
del comienzo de su ostracismo en que da a luz El
Príncipe, comienza a escribir Discursos
sobre la primera época de Tito Livio. Hay entre ambas obras una aparente contradicción
de principios. Por un lado un teórico Maquiavelo aconseja a los poderosos en El Príncipe, a tener ausencia de prejuicios. Por el otro, un
republicano Maquiavelo en Discursos…,
la emprende contra Julio César por haber este acabado con la libertad
republicana en Roma. Esta contradicción si se plantea como dilema,
se plantea mal. Debemos ver en Maquiavelo una unidad de obra y pensamiento.
Vista ya someramente su obra, hagamos una aproximación a su pensamiento. Este
no se inscribe únicamente en el breve paso de su vida terrena. Como
acertadamente afirma José Luis Romero, “el pensamiento de Maquiavelo se
inscribe en el largo plazo de la formación de la mentalidad burguesa que a
partir del siglo XI, se va gestando a la sombra de los cambios estructurales que
sacuden a la Europa”. Así lenta y persistentemente, la aparición de
nuevas clases en el seno de una sociedad binaria (poseedores y no poseedores de
la tierra) da lugar a esa nueva mentalidad que no es la cristiano feudal estática,
jerárquica y basada en un orden divino. Las nuevas clases no aceptan esa visión
inmutable. La realidad social adquiere entonces, al compás de las luchas de la
naciente burguesía contra los señores feudales, un carácter histórico y
desacralizado. La mentalidad burguesa nace necesariamente profana. Esa
profanidad es el resultado de una actitud de entendimiento directo con la
realidad, con expresa omisión del origen de esta. La figura humana es pensada
como algo concreto y no como una abstracción. Se reconoce una metafísica, pero
se actúa como si esta no existiera. Ante esto los grupos más tradicionales y
cerrados, intentan volver cerrilmente a las fuentes y creencias religiosas,
abrevando en la más estrecha mentalidad cristiano feudal, para combatir la
mentalidad burguesa. Otros grupos, especialmente las nuevas
aristocracias, juegan a la gallinita ciega del
pensamiento, encubriéndose bajo una artificiosa teatralidad religiosa.
La regla es el eufemismo y el no
declarar explícitamente los fundamentos del pensamiento burgués. Frente a todo esto, afirma el florentino con
indudable coraje, que el hombre es un ser natural, que la política tiene
fundamentos profanos y que las nuevas burguesías obran motorizadas por su
propia mentalidad, aunque formalmente adscriban a un sistema tradicional en el
que no creen. El primer
pensador de la modernidad Es esta pública ruptura con los modos
medievales de pensamiento, la que hace de Maquiavelo el primer pensador político
genuinamente moderno. Asimismo su hostilidad a los gobiernos hereditarios y a la
nobleza parasitaria, denota los avances de su pensamiento en conceptos tales
como legitimidad y autoridad. Su dedicada aplicación a la profesión de teórico
político podemos entenderla como una respuesta moral que trasunta su preocupación
humanística en un contexto de corrupción generalizada. Maquiavelo conoce la definición aristotélica
del carácter distinto y contrapuesto de
la ética y la política. Sin
embargo estos términos no aparecen con frecuencia en sus obras. Más que estas
ausencias, sorprende en un autor calificado de impío una presencia constante:
la del término “religión”. Varios capítulos de los Discursos
están dedicados a la función de la religión en la conservación del Estado,
función esta que considera de gran importancia. No se refiere sin embargo a una
religión determinada o a alguna iglesia en particular. Lo que interesa a
Maquiavelo es aquello que todas las religiones tienen en común: su función de
vínculo social y de cohesión política. Ese interés se torna visible en El
Príncipe, cuando considera que junto al príncipe nuevo, las órdenes
nuevas están conformadas no solo por buenas
armas y buenas leyes, sino también por nuevos valores y reglas de
convivencia. Forzando el análisis estaríamos frente a una
“Reforma”. No nos parece tan descabellado establecer cierto paralelismo
entre Maquiavelo y lucero. Frente a la interpretación tradicional que sostiene
que la aportación de Maquiavelo al pensamiento político moderno, es la
separación de política y ética, y la autonomía de la primera respecto a
esta, los autores de este trabajo nos inclinamos por una interpretación
diferente. Sustentamos que si para Maquiavelo, la “religión”
no es otra cosa que la moral y la ética, se torna falsa la antítesis entre
esta y la política. Si la política es vista como la persecución de fines
generales en vistas a la realización de una mejor convivencia social, implica
entonces valores éticos. La verdadera antítesis no se da entre ética y
política, entendidas ambas como dos concepciones diferentes del actuar humano,
sino entre dos concepciones del mundo, o en términos de Maquiavelo, entre dos
“religiones”, dos sistemas de valores, encarnado uno en la mentalidad
cristiano feudal, y el otro en la profanidad renacentista de la mentalidad
burguesa. Esta oposición entre ambos sistemas, encuentra a Maquiavelo siendo
parte del segundo al que al mismo tiempo ayuda a construir. Su rechazo a los
absolutos morales cristiano feudales, no implica de su parte negar la existencia
en la naciente modernidad de criterios éticos donde encauzar la acción y
aplicación de la actividad política. Es Maquiavelo, en tanto el más alto exponente
de la mentalidad burguesa del siglo XVI, quién llama a las cosas por su nombre,
en el mismo momento en que triunfa el compromiso de no hacerlo. Tal vez en ese
importunismo, en ese “discurso políticamente incorrecto”, se encuentre la
clave del destino que se le reservó a su pensamiento, adjetivado de manera
irremediablemente negativa. Ética y política, dos partes de un todo que desde
hace cinco siglo muchos “maquiavélicos” pretenden escindir, demostrando no
haber comprendido en absoluto al gran humanista florentino. Fernando Cesaretti y Florencia Pagni Escuela de Historia. Universidad Nacional de
Rosario Publicación enviada por Fernando Cesaretti y Florencia Pagni Contactar mailto:grupo_efefe@yahoo.com.ar Código ISPN de la Publicación EEpyyAVEluBkHSqfMJ Publicado Tuesday 25 de January de 2005 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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