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Perfeccionando los examenes escritos.
Resumen: Actualmente, uno de los centros del debate acerca de la evaluación del aprendizaje, gira en torno de los exámenes. El desarrollo de las ciencias y la tecnología, promueve nuevas inquietudes: ¿Deben ser eliminados los exámenes escritos? ¿Pueden estos instrumentos contribuir a la obtención de juicios valorativos fiables, acerca del desarrollo del aprendizaje de los alumnos?
Publicación enviada por Mario Hernández Nodarse
Reflexiones y sugerencias metodológicas.
El pensamiento de Aristóteles tuvo verdaderos aciertos.
Ciertamente, en el contenido están las posibilidades de las cosas.
Así, el contenido se convierte en una u otra cosa, al tomar una u otra forma, al
igual que el carbono puede llegar a joya
después de ser tallado finamente.
El autor.
DESARROLLO
¨ Reflexionando antecedentes y tendencias.
De acuerdo con Zaira González Ungidos, “El mundo cultural es el mundo del hombre
mismo, un mundo que es el resultado de la activación histórico-social donde el
hombre actúa como principio activo, creador y consciente” (Ob. Cit, p. 332). En
este sentido, cada concepción teoría e instrumento creado por el ser humano, ha
surgido bajo la fuerza que genera la necesidad de descubrir, de conocer, de
comprender, de evaluar logros y posibilidades que orientan las futuras acciones
hacia una perspectiva de mejoramiento y desarrollo.
Los exámenes escolares son parte de este mundo
cultural. Ellos resultan ser, una de las herramientas pedagógicas más antiguas y
tal vez la más universal dentro del contexto escolar. En tanto; es un
instrumento histórico y un indicador de la evolución de las ideas pedagógicas,
psicológicas y filosóficas de la humanidad con relación al proceso de
enseñanza-aprendizaje. Consecuentemente, es otra consecuencia del desarrollo
histórico-cultural, que ha respondido a diferentes fines y objetivos en cada una
de las etapas por las que ha transitado dicho desarrollo (Díaz Barriga (1993).
Los primeros exámenes de que se tiene referencia,
sirvieron para determinar las condiciones y aptitudes que poseían los
estudiantes de las universidades medievales, que aspiraban ser nuevos miembros
de determinadas instituciones surgidas como consecuencia de la organización
corporativa. Así, aparecen estos en el contexto educativo como instrumento de
regulación, destinado a la comprobación del nivel de competitividad alcanzado
por un determinado alumno (González, 1999).
En esta época (siglos XII y XIII) surge la sociedad feudal, y simultáneamente en
el campo de la enseñanza, la escolástica se establece con sus métodos rígidos y
un marcado interés por la memorización de conceptos, impidiendo así toda forma
de razonamiento y de desarrollo del pensamiento independiente de los aprendices.
En consecuencia, derivó una fuerte inercia que impidió que dichos instrumentos
pudieran tributar al desarrollo del aprendizaje.
Con el surgimiento de las primeras formas de capitalismo, aparecen algunos
cambios en las concepciones sobre la educación. Destacados aportes al campo de
la didáctica (Comenius, 1632) impulsan la labor pedagógica de la época. Pero
lamentablemente, estos no trascendieron suficientemente en el modo de elaborar
los exámenes y asumir la evaluación.
Así, la escuela jesuita, iniciadora de los
métodos modernos de hacer exámenes, establece un sistema evaluativo que concedía
gran importancia al rigor, el que estaba relacionado básicamente con la cantidad
de conocimientos acumulados. Con esta concepción, publican en 1599 un texto
sobre la educación, que incluía un conjunto de reglas para la organización de
los exámenes escritos (Peth, 1993, tomado de M. González, 1999).
Ya en 1750, las Teorías Pedagógicas y Filosóficas de J. Rousseau y J. E.
Pestalozzi, condicionan el camino para que la Psicología; interesada entonces en
el desarrollo de las capacidades de la personalidad del individuo, irrumpa en el
ámbito educacional.
Posteriormente, los trabajos de K. D. Ushinski
(1824-1870) y I. M. Séchenov (1829-1905), contribuyen notablemente a que
comenzara a prestarse atención al desarrollo del pensamiento, a la actividad
cognoscitiva y al papel de la educación en el desarrollo del individuo (Ver
Konstantinov, 1974).
Sin embargo, la inconsistencia de la psicología pedagógica de la época para
enfrentar las necesidades existentes en la esfera escolar, impidió la aparición
de cambios sustanciales en las concepciones sobre la evaluación. Lógicamente,
los exámenes continuaron prestando un excesivo interés en medir grandes cúmulos
de conocimientos que eran aprendidos de manera memorística, como modo de avalar
el rendimiento académico de los alumnos.
Un ejemplo de ello y de sus consecuencias en el
aprendizaje, queda demostrado en la cita del genial Albert Einstein en 1949 (122
años después de la muerte de Pestalozzi): “Me asustaba tanto esa compulsión que
por todo un año después de rendir un examen final me envenenaba cualquier
meditación sobre problemas científicos”. Y concluía: “Es casi un milagro que los
métodos de enseñanza y los tipos de exámenes que enfrentaba, no hayan asfixiado
por completo mi santa curiosidad”. (Tomado de Kuznetsov, 1990.).
Las controversias relacionadas con la forma de
medir las habilidades de un joven para aprender de memoria argumentos ya
gastados, son referidas por Mark Curtis, en su obra "Oxford y Cambridge en
transición" de 1959, (tomado de González, 1999), y demuestra también, la
tendencia de "estandarizar la excelencia", con la aplicación de exámenes
extraordinariamente difíciles, cuyo principal afán era poder diferenciar a unos
estudiantes de otros desde criterios academicistas.
Mientras, la Teoría del Marxismo iba produciendo una revolución en el campo de
la filosofía y de otras ciencias, dejando establecidas las bases científicas
necesarias para salvar los espacios existentes entre la Pedagogía y la
Psicología, y poder resolver los problemas relativos al desarrollo de la
personalidad de los aprendices. Es así, que aparecen en Rusia numerosos autores
(Makárenko, Vigotski, Galperin, y otros) que hacen brillantes aportes al estudio
y la comprensión de los fundamentos y leyes que rigen el desarrollo del
individuo desde una óptica más integral.
Estos aportes, tributaron a distintas teorías
relacionadas al aprendizaje (Piaget 1970, 1983; Ausubel 1978, 1983), permitiendo
la elaboración de modelos experimentales de desarrollo psíquico, que facilitaron
la aparición de concepciones y herramientas metodológicas, cuyas posibilidades
alcanzó un cambio en las concepciones para el diseño de distintos instrumentos
destinados a la evaluación del aprendizaje.
En este sentido, fueron importantes los aportes de la psicología conductista en
Alemania, Inglaterra y E.E.U.U, donde tomó auge el empleo de los tests como
método investigativo sobre las dotes intelectuales.
Esta psicología conductista, a pesar de sus limitaciones, enriqueció y
fortaleció teórica e instrumentalmente a la evaluación. Bajo este enfoque
aparece y se establece, incluso hasta nuestros días, la denominada Pedagogía por
objetivos.
La Psicología Cognitiva contemporánea, ha
incorporado valiosos trabajos relativos a la estructuración y elaboración del
aprendizaje, con un fuerte apoyo en numerosas teorías sobre el tratamiento de la
información, que incluyen la informática y la cibernética, enriqueciendo así el
estudio y el tratamiento de la evaluación dentro del proceso de
enseñanza-aprendizaje.
Sus aportes han ayudado a definir el objeto de la evaluación, contribuyendo a la
elaboración de métodos, técnicas e instrumentos que garanticen una mayor
objetividad y validez del proceso evaluativo.
Desde este afán por el mejoramiento del
aprendizaje, aparece el concepto moderno de evaluación educativa, salido de Ralh
Tyler. Sus presupuestos y propósitos, definidos y desarrollados por diversos
autores (Chadwick, 1989; Rotger, 1990; Villarroel, 1974; Camperos, 1984),
reflejan tácitamente una fuerte crítica a los métodos tradicionales de
evaluación, y en especial a los exámenes de papel y lápiz por sus formalismos y
limitaciones.
La evaluación educativa o formativa, resulta ser una manifestación concreta de
las preocupaciones existentes y tendencias, con relación al objeto de la
evaluación, las que según González (1999) van:
ü Del rendimiento académico de los estudiantes, a
la evaluación de los objetivos programados.
ü De la evaluación de los resultados, a la evaluación de los procesos y
resultados.
ü De la búsqueda de la estandarización, a los rasgos singulares y
manifestaciones personales.
ü De la evaluación fragmentada, a la holística e integral.
Así mismo, numerosos autores (Hammond y Collins,
1991; Reeves y Okey, 1996), proponen el diseño de entornos evaluativos
constructivistas con un fuerte apoyo de las Nuevas Tecnologías de la Información
(NTI): formularios en HTML que permiten cierto feedback al profesor, software
con pruebas cerradas que permiten autocorrección por parte de los alumnos, a la
vez que facilitan la comunicación a distancia, la autodirección, la
autorregulación y una mayor dinámica del proceso evaluativo.
En las últimas décadas, otras modalidades evaluativas (Evaluación del desempeño,
evaluación autentica, evaluación de portafolios, etc.) surgidas en el campo de
las artes, el ejército y la industria, han tomado auge y se han ido
introduciendo progresivamente en el ámbito educativo.
Pudiéramos suponer que, ante todo este desarrollo e incorporación del amplio
arsenal de alternativas, técnicas e instrumentos de evaluación, creados hasta
hoy o por crear, los exámenes escritos; el más antiguo y universal de los
instrumentos evaluativos, no tienen ya espacio dentro de las nuevas concepciones
educativas, por su incapacidad para responder a los objetivos y propósitos
previstos.
¨ ¿Deben ser entonces eliminados los exámenes
escritos?
Muchos autores contemporáneos (Jornet, González Such y Pérez Carbonell, 1995;
Ahumada, 1998; Garriga Hernández, 2002; Señoriño y Vilanova, 2005, entre otros),
manifiestan esta y otras preocupaciones, y abren desde perspectivas generalmente
constructivistas, reflexiones y propuestas metodológicas que resultan
interesantes en la búsqueda de nuevos enfoques que amplíen el abanico de
opciones evaluativas y que apunten hacia un perfil más integral y educativo.
Ciertamente, resulta más preocupante que paradójico, que los exámenes escolares
contemporáneos sigan ejerciendo al igual que antaño, un efecto no deseado en el
aprendizaje, en especial en la esfera motivacional-afectiva de los estudiantes.
De ahí que para muchos autores como Jean Piaget, (citado por Aray, 1993), “esta
autentica plaga de la educación a todos los niveles sigue viciando”.
¿Acaso no habrá existido más interés por incorporar nueva alternativas
instrumentales, que por perfeccionar los viejos instrumentos evaluativos? ¿Las
nuevas alternativas con apoyo tecnológico es la solución a los problemas
existentes? ¿Lo que resulta determinante es el instrumento evaluativo en sí, o
la forma en qué este se concibe, se diseña y se instrumenta? ¿Se ha avanzado
suficientemente al respecto?
El análisis de los problemas asociados a la
evaluación, realizado por diversos autores (Zabalza, 1992; Eisner, 1993; Díaz
Barriga; Santos Guerra, 1993, 1994; Huerta, 1995; González, 1999; Gimeno, 1998;
Alvarez. 2000; N. R. Gómez y N. P. Gómez Cruz, 2001), permite constatar que
precisamente, el origen de muchos de dichos problemas, está relacionado al
reduccionismo conceptual, metodológico e instrumental de la práctica evaluativa.
No debe sorprender que, tal reduccionismo afecte a los exámenes escritos. Al
respecto, se han podido identificar un grupo de dificultades que permiten
comprender por qué dichos instrumentos son frecuentemente considerados
“estereotipados y tradicionales”. Lo que demuestra sin dudas que en materia de
examen, no todo está hecho.
Algunas de las características frecuentes de los exámenes escritos, así lo
demuestra:
§ Carencia de un diseño estéticamente pertinente
(agradable, motivante).
§ Cuestionarios, muchas veces inclinados a serie de ítems simplistas, que exigen
predominantemente respuestas estrechas, fijas e irreflexivas. En los que no hay
espacio para la creatividad.
§ Están dirigidos, más comprobar los conocimientos acumulados, que a propiciar
el desarrollo y el descubrimiento de procedimientos y funciones mentales de los
estudiantes puestas en acción durante su realización.
§ No están convenientemente orientados hacia la solución de las problemáticas
principales existentes en el aprendizaje, y muchas veces son ajenos a tareas
reales en que se desempeñará el futuro profesional.
§ No son suficientemente contextualizados e integradores.
§ No son coherentes con el resto de las tareas docentes y ni con el sistema
evaluativo del que forman parte.
§ Se limitan o acogen casi exclusivamente a un criterio de estandarización. No
atienden la diversidad psicológica, los distintos niveles de desarrollo
alcanzado por los alumnos, ni brindan opciones para las diversas necesidades de
aprendizajes.
§ No establecen verdaderos retos al aprendizaje (carencia de rigor científico).
§ No son reconocidos suficientemente, como medio a través del cual también se
instruye, se educa y se moviliza el interés por estudiar más y mejor. Por tanto,
no son habitualmente desarrolladores.
Tales características hacen del examen un
instrumento afuncional, a partir del cual es difícil impulsar, valorar y mejorar
los aprendizajes de los alumnos. Pero, es obvio que los problemas no están en el
instrumento, sino más bien en las concepciones tradicionales desde las cuales
estos son elaborados, aplicados y calificados. Lo que ratifica Molina (2004), al
decir que; “tal y como se conciben actualmente dichos instrumentos, no permiten
emitir juicios de valor acerca de la personalidad del estudiante vista de modo
integral”.
De hecho, no existe una forma evaluativa que por
sí sola, pueda tener la capacidad absoluta para hacerlo. El secreto del éxito
está más bien, en el perfeccionamiento continuo de las técnicas e instrumentos y
en su complementación racional. Lo es reafirmado por González (1999) al decir
que: “todos los métodos (entendidos en un sentido estrecho, como técnicas e
instrumentos) pueden servir mejor o peor en dependencia de para qué, cómo y
cuándo se utilicen, aunque unos pueden resultar más adecuados que otros” (p.
87). Cuestiones estas que determinan, la potencialidad de la técnica o
instrumento evaluativo.
Todo lo señalado, lejos de apuntar hacia una exclusión de los exámenes escritos,
indica la necesidad de perfeccionarlos. Frente a tal propósito, resulta
indispensable reflexionar algunos presupuestos teóricos-metodológicos vigentes
para la enseñanza (Labarrere, 1988; Álvarez de Zayas, 1992).
Análisis, reflexiones y sugerencias
metodológicas:
¨ Acerca del proceso docente-educativo (PDE).
Muchas veces, se comienza a proyectar un examen (selección de los objetivos a
evaluar, la estructuración del instrumento, los tipos y alcance de las preguntas
a formular, etc.) días antes de ser aplicado dicho examen. Cuando en realidad,
es algo que debe comenzarse a prever desde las primeras semanas del curso;
reajustándose las perspectivas periódicamente, según sean los resultados de
aprendizajes que van obteniéndose en las restantes tareas evaluativas
(frecuentes).
Los exámenes, son una de las varias herramientas (de alcance parcial o general)
que forman parte de un amplio abanico de opciones evaluativas que tienen
carácter de sistema, teniendo como función general la regulación del PDE.
Consecuentemente, estos y otras formas de
evaluación, deben ser cuidadosamente estudiadas, buscando su implementación en
el momento oportuno, su pertinencia, su complementación y correspondencia con el
resto de las tareas docentes desarrolladas a lo largo todo el proceso de
enseñanza-aprendizaje.
Ello implica, tomar en cuenta la relación existente entre los distintos
componentes del PDE (problemas, objetivos, contenidos, métodos, medios, etc.) y
su interrelación. Es decir, una adecuada planificación e implementación armónica
de dichos componentes, tanto para enseñar como para evaluar de acuerdo a ciertos
objetivos previstos.
Consecuentemente, a la hora de seleccionar lo que será evaluado en un examen y
de proyectar cómo hacerlo, debe reflexionarse algunas cuestiones:
ü ¿Se han formulado bien desde el inicio los objetivos generales y derivado
correctamente aquellos más específicos?
ü ¿Merecen ser evaluados todos los objetivos
previstos desde un inicio? ¿Acaso, muchos de ellos no han sido evaluados y
alcanzados en tareas anteriores, permitiéndonos tener ya ciertos juicios de
valor suficiente?
ü ¿La práctica docente sistemática (durante las clases) no resulta en ocasiones
“menos dócil” de lo previsto, obligando al reajuste de ciertos objetivos y
metodologías al calor del avance sucesivo de la actividad?
De acuerdo con Joseph Schwab, en el quehacer cotidiano de la actividad docente,
surgen frecuentemente incompatibilidades entre la realidad y las intensiones, lo
que obliga de acuerdo con Feldman (2001. p. 1), “a cambiar la realidad o las
intensiones”.
Esto conduce a reflexionar hasta que punto, los objetivos que se han previsto
evaluar desde un principio, se van a corresponder realmente con los objetivos
logrados, así como con los métodos y medios empleados durante las clases.
ü ¿Debe subordinarse el examen, a la evaluación exclusiva de los objetivos?
De acuerdo con González (1999), “los objetivos son necesarios pero no
suficientes” (p. 56). Cuando la evaluación es subordinada exclusivamente a los
objetivos, puede correrse el riesgo de desatender la profundidad de los procesos
de aprendizajes.
ü Por otra parte, si el objeto de la evaluación es el aprendizaje; ¿Cuáles son
los “contenidos” a evaluar en el examen? ¿Son evaluados realmente en los
exámenes, los contenidos de la enseñanza?
Los contenidos de la enseñanza, no son más que aquellos contenidos que deben ser
aprendidos por los alumnos; los que no sólo son aquellos tradicionalmente
reconocidos: temas o contenidos específicos de cada asignatura, tales como;
hechos, fenómenos, conceptos, leyes, principios, etc.
Clasifican además y sobre todo: los procesos y los mecanismos intelectuales y/o
motrices desarrollados por el alumno para la apropiación de dichos contenidos,
sus hábitos y habilidades de trabajo, sus métodos y los procedimientos empleados
para la solución de las tareas, así como sus valores.
Es evidente que, esta diferencia en el reconocimiento del concepto de
“contenidos de aprendizaje”, marca la diferencia en los procedimientos, así como
en la concepción con que se conciben, se elaboran, se aplican y se califican los
exámenes.
ü ¿El examen aplicado (su proyección conceptual, su forma, sus preguntas, etc.)
se corresponde con los métodos de enseñanzas y el carácter de las tareas
docentes desarrolladas? ¿En qué grado se ha empleado, métodos participativos
durante el PDE?
En ocasiones se pretende realizar exámenes “de a peso”, cuando las clases han
sido “de a centavo” sin tener en cuenta los métodos y procedimientos
desarrollados a lo largo del proceso, así como el alcance de las habilidades y
los conocimientos científicos adquiridos por los alumnos. Es absurdo aplicar un
examen, que exija cosas que no fueron exigidas, estudiadas y logradas en forma
semejante durante el PDE.
En este sentido, es necesario cuidar que los métodos de enseñanzas (Labarrere,
1988; Álvarez de Zayas, 1992) no se conviertan, de acuerdo con Rubistein (1982)
“en operaciones externas o procedimientos formales que se aplican desde
afuera”(p. 45).
Cada vez más, la enseñanza contemporánea necesita de métodos participativos (CEPES,
1995; Vidal, 1997), los que desde un enfoque histórico-cultural y sustentados en
la Teoría de la actividad (Ver Jarkov, Vigotsky, Leontiev, Galperin y otros)
apuntan a un mayor protagonismo del estudiante; priorizando la atención a la
estructuración de las acciones del proceso cognoscitivo que cobra vida dentro
del dinamismo del aprendizaje grupal (lenguaje de las acciones). Lo que propicia
el pensamiento independiente, el intercambio y el razonamiento profundo de los
alumnos a un nivel productivo y creador.
Consecuentemente, los exámenes han de ser herramientas “muy finas” a elaborar, a
partir de reflexionar constantemente las cualidades del PDE desarrollado: el
carácter de las situaciones de aprendizajes creadas, las características de la
actividad cognoscitiva desarrollada por los alumnos y sus necesidades, en virtud
de los resultados frecuentes alcanzados. Lo que contribuye a que dichos
instrumentos, jueguen el papel justamente necesario al servicio de la enseñanza
y del aprendizaje.
¨ De las posturas y los procedimientos a adoptar: Creando un clima psicológico
favorable ante los exámenes.
Los procedimientos desarrollados durante el PDE, forman parte de los contenidos
de enseñanza. De hecho, los “contenidos” determinan el tipo de relación
establecida entre los alumnos y el maestro (grado, tipo y calidad de la
comunicación, respeto a la pluralidad de criterios, atención a la diversidad
psicológica, nivel de colaboración, estilos de trabajo, etc.), lo que influye
decisivamente en la confianza mutua y determina hasta que punto resulta
formativo (educativo) el proceso.
Ser consecuente en la práctica metodológica, con los presupuestos teóricos,
contribuye a que en lugar de “realizarse el aprendizaje en un clima de
evaluación” (Gimeno, 1998), la evaluación se realice en un clima de aprendizaje
consciente. Lo que permitirá entre otras cosas, poder evitar que los alumnos
rechacen los exámenes; viéndolos como instrumentos exclusivamente
comprobatorios, formales o como un pase de cuentas. Llegando a reconocer que
ellos son una herramienta necesaria para su autorregulación, para ajustar lo
aprendido, para retroalimentarse, para perfeccionar sus métodos de estudio e
impulsar su aprendizaje hacia planos superiores.
De manera que, el clima psicológico favorable
comienza a conformarse desde el primer día de clases. Desde que, con psicología,
máxima maestría, transparencia y franqueza se comparte y discute con los
estudiantes la estrategia de trabajo a seguir de conjunto, se les argumenta las
posibilidades formativas de la evaluación, de cómo los exámenes pueden
contribuir a mejorar e impulsar sus aprendizajes. Lo que va contribuyendo
progresivamente a que las preocupaciones dejen de centrarse en las “notas”, para
dirigirlas a cómo aprender más y mejor para obtener mejores resultados.
Del mismo modo, es necesario que se esclarezcan sistemáticamente cuáles son los
indicadores a observar y a evaluar en cada examen, analizando y compartiendo con
claridad los argumentos y los juicios valorativos que sean emitidos, haciendo
así que el proceso evaluativo deje de ser algo “misterioso y clandestino”.
Creado este clima psicológico favorable, los alumnos comienzan a adquirir
confianza, responsabilidad, a establecer metas personales y compromisos
colectivos superiores.
Algunas experiencias desarrolladas demuestran,
que los alumnos cuando son bien orientados, educados en un ambiente de
confianza, y con procedimientos adecuados, adquieren una notable conciencia de
la importancia de la evaluación. Incluso, se muestran insatisfechos cuando
realizan una “prueba fácil” y son capaces de halagar aquellos exámenes que
consideran que les aportan algo interesante y provechoso, de acuerdo a sus
preferencias profesionales.
¨ Relativo a la elaboración de los exámenes
escritos
Numerosos autores (Bloom, Hastings y Madaus;
1975; Aray, 1983; Villarroel, 1990; Zabalza, 1991; Fernández Pérez, 1994;
Casanova, 1999), han hecho importantes aportes a la clasificación, elaboración y
aplicación de variados formas de evaluación, en particular de los exámenes
escritos. Sin embargo, estamos convencidos que este sigue siendo un tema en
desarrollo que obliga a todos los maestros, a replantearse nuevas concepciones
para mejorar el diseño y la elaboración de estos instrumentos.
En primer lugar, es necesario comprender que siendo el aprendizaje el objeto de
la evaluación, lo que más importa no son los resultados o respuestas dadas en el
examen, sino qué sustenta a dichas respuestas: qué procesos mentales fueron
ejecutados, en qué orden, qué habilidades resultaron determinantes, cuáles
conceptos debieron ser comprendidos, etc. De lo contrario, ¿cómo es posible
impulsar y valorar con precisión el aprendizaje?
Consecuentemente, el examen debe ser un instrumento científicamente propiciador
de desarrollo del aprendizaje y revelador de los cambios experimentados por el
alumno a partir de la experiencia previamente adquirida, permitiendo la
valoración de en qué medida dichos aprendizajes han llegado a ser realmente
significativos (Ausubel, 1983; Novak, 1988, de Zubiría, 1988; Morenza, 1996), lo
que reflejará el tipo y el carácter de las actividades desarrolladas por el
estudiante durante el PDE y hasta donde ha sido acertado el desempeño pedagógico
del maestro.
A continuación, se indican algunas sugerencias:
1- Emplear variadas modalidades de exámenes
(anexos 1, 2 y 3).
Las diferentes modalidades de exámenes (Parciales, Intrasemestrales, Finales, de
Concurso, de Premio, etc.), constituyen opciones evaluativas que pueden ser
empleadas de acuerdo al momento del curso, a las características de los
“contenidos”, al grado de desarrollo evidenciado por los estudiantes y según los
fines y propósitos estratégicos.
En Cuba por ejemplo, se aprecia una tendencia a elaborar “exámenes
desarrolladores” e “Integradores”, los ponen énfasis en la integración de los
conocimientos (de procesos y habilidades vinculando distintas áreas del saber,
disciplinas y asignaturas), con una perspectiva amplia de impulso al aprendizaje
integral.
Opciones menos empleadas, pero muy convenientes
en ocasiones, son los llamados exámenes “Contra tiempo”, los que pueden revelar
ciertos Indicadores del Mejoramiento del Aprendizaje (IMA) y permitir evaluar el
dominio por los estudiantes de aquellas vías, métodos y procedimientos que
resultan más eficientes en la solución de una problemática dada. Generalmente
este tipo de examen, suele ser empleados principalmente en el entrenamiento de
alumnos concursantes.
Salvo intereses concretos y específicos, los exámenes deben romper la rigidez de
la “estandarización extrema”, para brindar opciones a la diversidad sobre la
base de un nivel mínimo común para todos. ¿Acaso no resulta un absurdo obligar a
estudiantes interesados y no interesados a realizar un mismo examen?.
Así por ejemplo:
Para todos los alumnos se puede ofertar un examen
básico. Los que han logrado un desarrollo discreto o notable (DD y DN)
encuentran preguntas opcionales (ya referidas) que sirven de reto personal y
mejoramiento.
Para los alumnos de desarrollo sobresaliente(D.S); que generalmente son
monitores, concursantes o ayudantes de la asignatura (con habilidades o
entrenamiento adicional), se le puede ofertar una “Temario especial” al cual
pueden acogerse voluntariamente.
Estos temarios o exámenes especiales, se han de caracterizar por tener un grado
de complejidad mayor: por la profundización en los temas, grado de
transferencia, grado de integración y requerimientos operativos en los niveles
productivos y creativos. Deben constar de menos incisos (5 generalmente); pues
se sobreentiende que los alumnos que lo realizan, han demostrado un dominio
general de aquellos elementos básicos del aprendizaje.
Es bueno insistir que, el desarrollo de las
diferentes modalidades o alternativas no deben ser establecidas unilateralmente
por el profesor. Debe existir un diálogo previo con el estudiante, haciendo de
conjunto una reflexión y una valoración de los buenos resultados alcanzados, sus
logros, posibilidades reales y beneficios a su desarrollo creciente. De manera
que la decisión de realización de dicho temario sea meditada, libre y
consciente.
Lo referido, refuerza la premisa de que, no sólo lo que se evalúa resulta
importante, sino también la forma en que se hace. De ahí que, el diseño de un
examen tiene que prestar atención no sólo a su contenido, sino también a su
forma.
Por otra parte, todo examen debe establecer un
cierto reto al aprendizaje, poniendo a prueba las habilidades adquiridas por los
alumnos, lo que inevitablemente genera una “cierta tensión”; necesaria como
impulso para avanzar, para tomar conciencia de la distancia entre el nivel
alcanzado y el por alcanzar, lo que promoverá la reflexión acerca la pertinencia
de los métodos y procedimientos de estudio empleados durante una cierta etapa, y
el establecimiento de nuevas metas personales.
Desde esta perspectiva, el examen se convierte en una “situación más de
aprendizaje”, en una actividad interesante, productiva e incluso deseada por
todos los que participan en ella, lo que influye positivamente en el ambiente
creado en torno a la evaluación.
2. Formular correctamente los objetivos a evaluar
en el examen:
La correcta formulación de los objetivos, es uno de los factores que determinan
el poder lograr una validez a la hora de evaluar el desempeño del estudiante en
la realización del examen. Es obvio que, ello está antecedido de una cuidadosa
taxonomía de los objetivos y su pertinente selección.
Por otra parte, es importante tener presente dicha formulación conlleva a la
selección de un verbo que ha de ser portador de una acción, la que es ni más ni
menos, es expresión de la habilidad específica que se quiere evaluar.
3. Relacionar: objetivos-contenidos- HCDP-
habilidades específicas- IMA.
Cada habilidad específica relacionada a los objetivos, va a corresponderse con
un cierto “grupo de habilidades” mucho más abarcadoras, conocidas como
“Habilidades Conformadoras del Desarrollo de la Personalidad” (HCDP), las que
revelan el desarrollo de la personalidad del individuo en sus distintas
dimensiones.
De acuerdo con Fariñas (1999), las HCDP “pueden ser colocadas como columna
vertebral de cualquier asignatura o curriculum, (...), porque posibilitan la
eficiencia o competencia del individuo en cualquier actividad o esfera de la
vida, ya que están en la base de todo aprendizaje y porque son mecanismos de
auto desarrollo” (p.2). Por tanto, puede “incluirse o hallarse en ellas
cualquier habilidad específica”.
De ahí que, las HCDP constituyen un soporte conceptual-metodológico importante
en el establecimiento de los criterios a partir de los cuales se seleccionan, se
estudian y se evalúan los indicadores del Mejoramiento del aprendizaje (IMA).
Los IMA (Hernández Nodarse, 2006), resultan ser un colimador de señales que
ofrecen una muestra que, aunque parcial, resulta ser valiosa a la hora de
evaluar los procesos internos puestos en acción durante la realización del
examen por los estudiantes.
Desde esta perspectiva, cada examen se convierte en un instrumento que, formando
parte de un sistema de exámenes, es capaz de ofrecer una información más
precisa, acerca de los procesos, destrezas y habilidades que han desarrollado
los alumnos (al menos parcialmente) para solucionar las preguntas y los
problemas presentes en la prueba.
Es obvio que dicho enfoque, resulta crucial para
la calificación, una vez que permite observar, comprender y valorar con una
mayor objetividad los procesos y productos del desarrollo que han resultado
determinantes en los resultados del aprendizaje de cada estudiante. A la vez
que, permite reorientar mejor las tareas docentes subsiguientes.
4. Estructuración del cuestionario del examen.
4.1- Relativo a los contenidos temáticos:
La estructuración de los contenidos, tiene mucho que ver con la forma en que
estos son abordados en el examen. Lo que no debe desentenderse de los problemas
que se presentan comúnmente en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Resulta
tácito que ello dependa igualmente de las formas de enseñanzas empleadas.
Muchos autores, relacionados a la enseñanza de las ciencias, de la Química por
ejemplo (Gillespie,1991; Kember, 1994; Jensen, 1998 y Vidal, 2002) coinciden en
referir diversos problemas (valorados en Tesis de Maestría del autor, 2004), han
mostrado preocupación por algunos problemas, tales como:
§ Adiestramiento de los alumnos a aprender
mecánicamente determinados conceptos, fenómenos, hechos y algoritmos con el
interés primordial de vencer evaluaciones.
§ Se sacrifica con frecuencia el logro de una comprensión integral y
contextualizada de la química en el intento de obtener una mejor comprensión de
las partes, (tratamiento fragmentado de los contenidos).
§ Se presta poca atención a los distintos niveles de asimilación.
§ La modelación de los conceptos y fenómenos, son empleados insuficientemente en
detrimento de las representaciones mentales; esenciales en la comprensión de una
asignatura estrechamente relacionada con el micromundo.
§ La estructuración del conocimiento es uno de los aspectos más descuidados por
los profesores; lo que se deduce que pueda estar determinado por el estímulo
excesivo a la memorización, pues es más fácil introducir cambios didácticos que
en la forma de articulación del pensamiento lógico.
Consecuentemente, consideramos que al estructurar
los contenidos del examen, debe considerarse los distintos niveles de
sistematización de los conocimientos científicos (Rebustillo y Moltó, 1999):
1º.Conceptos y modelos, 2º. Leyes y principios, 3º. Teorías y 4º Aplicaciones y
generalizaciones. Lo que también contribuye a perfilar mejor los criterios sobre
los cuales se evalúa el aprendizaje.
De acuerdo con Valiño (1989, 1999) a partir de propuestas de Zlobin (1976.
Tomado de González, 1999. p. 117), una vez definidos los objetivos generales, se
pueden definir los contenidos por grupos. Tomemos por ejemplo la asignatura de
Química del grado 10, de la enseñanza preuniversitaria:
1- Contenidos del grupo I:
1.1- Conceptos básicos: átomo, número atómico, carga nuclear, número de
oxidación, enlace químico, reacción química, masa de sustancia, cantidad de
sustancia y otros.
1.2- Leyes: Conservación de la masa y la energía.
1.3- Reglas: Para el cálculo de los números de oxidación y para la nomenclatura
y notación de sustancias.
1.4- Procesos: Reacción química y sus diferentes manifestaciones según los
tipos.
2- Contenidos del grupo II:
2.1- Las demostraciones teóricas y matemáticas de las leyes, al explicar
fenómenos o hechos, y al solucionar los problemas de cálculo (los
procedimientos).
3- Contenidos del grupo III:
3.1- Expresado en los procedimientos desarrollados por el alumno, en la
capacidad para organizarlos, de aplicarlos y relacionarlos (causa- efecto), en
la manera de ampliarlos y de transferirlos hacia diferentes situaciones
complejas o temas de estudio perspectivo.
Es evidente, que en dicha estructuración permite:
(I) Que queden claros “los núcleos básicos generales” de la asignatura.
(II) Que las preguntas, estén mejor orientadas a la evaluación de los conceptos
(comprensión, aplicación, transferencia, etc.), de los procedimientos (procesos
que expresan el grado de dominio de las leyes, principios, algoritmos y métodos
de trabajo), y de las actitudes (compromiso, responsabilidad y aprovechamiento
del estudio, por ejemplo).
4.2- Relativo a las preguntas empleadas en el
examen:
a- Tipo de preguntas.
Existen diferentes tipos de preguntas (de elección múltiple, de asociación, de
completar, de análisis, de desarrollo práctico, de soluciones matemáticas,
etc.). Muchos maestros, optan frecuentemente por la aplicación de exámenes que
ofrecen solamente, de uno a tres de estos tipos, con razones comprensibles.
Algunos sin embargo, recurren habitualmente a pruebas con preguntas de elección
múltiple o de verdadero y falso, pensando en una calificación más rápida.
Mientras que otros opinan, que esta última tipología es conveniente sólo en los
niveles primario y secundario de la enseñanza.
Evidentemente, las preguntas que se formulan en un examen escrito, no pueden
estar sujetas al formalismo o la arbitrariedad. Se trata de un aspecto esencial,
que ha de tomar en cuenta los fines que se persiguen con el examen, el momento
en que se realiza, qué y cómo se quiere evaluar, las características de la
enseñanza, los niveles de desarrollo alcanzado por los estudiantes, etc.
Bloom, Hastings y Madaus (1975) por ejemplo, consideran y ejemplifican cómo las
preguntas de verdadero / falso pueden adecuarse convenientemente, permitiendo
que bajo ciertas condiciones, estas puedan servir para detectar ciertas
dificultades (uso inadecuado de la información, por ejemplo) que le impiden al
alumno llegar a resultados esperados, o para descubrir la tendencia de otros de
ir más allá de lo que la información disponible permite (Ver Anexos 1, 2 y 3).
Aunque hay tantas opciones como realidades, es conveniente estimular la
perspectiva de elaborar exámenes donde se presenten diferentes tipos de
preguntas, las que empleadas de manera balanceada, racional, e inteligentemente
combinadas; permiten construir distintas “situaciones” y plantear distintos
niveles de reto, lo que contribuye a valorar diversos aspectos del conocimiento
y sus conexiones. Esto propicia, que los alumnos tengan que poner en práctica
diferentes mecanismos y acciones mentales, permitiendo a su vez, que el profesor
pueda identificar con mayor precisión las diversas habilidades y destrezas
alcanzadas (ver Anexos 1,2 y 3), las que constituyen en sí mismas, indicadores y
objetivos de aprendizajes (leer, interpretar, comparar, identificar, argumentar,
explicar, desarrollar algoritmos o procedimientos lógicos, calcular, etc.).
Dos opciones adicionales y/o complementarias:
a) Pregunta final (abierta): En ella cada alumno puede hacer valoraciones sobre
el examen, además de exponer las dificultades afrontadas al enfrentarlo. Esta
opción, puede quedar fuera del examen (en momento posterior), posibilitando el
anonimato y con ello la mayor honestidad y objetividad de las respuestas.
b) Pregunta opcional especial: De mayor profundidad. En ella debe predominar la
aplicación sobre la extensión (razonar más que escribir). No debe estar limitada
a los objetivos del programa básico (puede abordar transferencias conceptuales,
generalización de teorías o métodos, temas de concurso, etc.).
Se le asigna un valor de 1 a 5 puntos, y se califica sólo si el alumno alcanza
los 95 puntos restantes del examen (estímulo al esfuerzo y logros alcanzados en
aspectos básicos). Esta asignación de puntos o aspectos evaluados puede variar
de acuerdo al tipo de examen y las escalas empleadas.
b- Calidad de elaboración de las preguntas.
Procurar una redacción clara y comprensible, con órdenes precisas. Lo que,
contribuye a la calidad del examen y a evaluar con validez. En muchas ocasiones,
los alumnos interpretan mal una información o eligen un ítem correcto basándose
en ideas erróneas que son trasmitidas por imprecisiones en el contenido de la
pregunta (Yarroch, 1991); lo cual amenaza el verdadero propósito de la pregunta.
c- Estructuración lógica e integración de las
preguntas.
Dicha lógica consiste, en el establecimiento de un orden en las preguntas de
acuerdo a su complejidad (en forma creciente), apoyada en la dificultad que
establecen los propios contenidos, en sus relaciones y la integración de saberes
que establece la propia ciencia y la vida.
Es curioso que, se le hable a los alumnos durante toda una etapa, de la
necesidad de integrar el conocimiento, y al llegar el día del examen se le
formula una pregunta por cada tema estudiado en clases ¿Por qué no formular una
pregunta con varios aspectos abordados por incisos? ¿No será acaso esto, una
señal inequívoca del modo en que se ha enseñado durante toda la etapa?
d- Rigor científico de las preguntas.
El rigor científico, no sólo está relacionado a la complejidad que lleva en sí
la propia ciencia, sino también con la medida en que las preguntas que se
formulan, sean capaz de contextualizar el contenido, de utilizar un lenguaje
técnico apropiado, y textos que muestren la exquisita realidad de los fenómenos
que forman parte de nuestras vidas (Ver anexos 1, 2 y 3).
Igualmente, las preguntas formuladas deben establecer en un nivel apropiado, un
reto al aprendizaje de los conocimientos científicos adquiridos por los alumnos.
5. Graduación en el nivel de acceso a los datos (Ver
anexos 1 y 2).
Se sugiere ofertar una data general, que apareciendo al final del examen, cumpla
con los rasgos siguientes:
a- Los datos deben ser reales y cotidianos (contextualizados).
b- Los datos brindados, no se ciñen exclusivamente a los necesarios (persigue
que el alumno busque y sepa seleccionar aquellos que necesita).
c- El alumno debe verse necesitado, de procesar o mejorar algunos de los datos
dados, para poderlos utilizar en cierta situación o pregunta planteada.
Ello contribuye, al desarrollo de determinadas habilidades (Búsqueda y
organización de la información): Saber que dato se necesita, dónde buscarlo,
cómo buscarlo, cómo procesarlo preliminarmente y por qué (logicidad del
pensamiento), poner al estudiante más cerca de la realidad cotidiana y mejorar
la comprensión de lo que se hace, entre otras razones.
6. Recursos que refuerzan el efecto psicológico y
educativo.
Instrumentados, a partir de la forma en que se presenta la información y de
transmitir diferentes mensajes con intenciones instructivas y educativas (de
modo directo o sutil), con apoyo en elementos que resultan novedosos:
estructuración del examen, fotos de personajes célebres, frases o pensamientos
de profundo valor humano y científico, ilustraciones de apoyo al razonamiento e
informaciones instructivas insertadas en los textos del examen que realzan la
importancia de los temas tratados (Ver anexos).
Todo esto, fortalece la curiosidad del estudiante y promueve muchas veces la
búsqueda posterior de una mayor información de modo independiente. Todo lo cual
fortalece la unidad entre lo instructivo y lo educativo, provocando en los
alumnos un mayor gusto por la realización de los exámenes y la incorporación de
mayores motivaciones para aprender.
¨ Acerca de la calificación de los exámenes.
Calificar, no es exactamente evaluar, pero es sin dudas un paso determinante a
la hora de asignar una “nota”, como forma numérica de reflejar un resultado y
emitir un “juicio de valor” acerca del aprendizaje alcanzado por los alumnos.
Abordar discretamente la complejidad del asunto, haría demasiado extenso este
artículo. Sólo el hecho de intentar cuantificar algo tan cualitativo, es ya de
por sí algo que merece más de un comentario por lo desatinado que resulta. Sin
embargo, no es este el mayor desatino. Lo es, pretender expresar a través del
“número”, algo que no fue previamente proyectado y que no puede estar por tanto
contenido en el juicio que se emite.
Calificar, requiere de una observación, de meditación e interpretación de lo
observado y de una valoración de lo interpretado. Todo lo cual, constituye un
puente o conexión entre la realidad que es observada, estudiada y valorada (los
IMA; 2006), y la concepción con que se hace. Lo que ha de hacerse con
objetividad y validez.
Para ello, resulta conveniente:
- Definir los criterios de calidad.
- Seleccionar y definir correctamente, aquellos Indicadores del Aprendizaje (IMA)
que estén contenidos en las acciones desarrolladas por los estudiantes durante
el examen, y que resultan verdaderamente medibles.
- Establecer jerarquías y relaciones entre dichos IMA.
- Relacionar parámetros o índices cuantitativos y cualitativos. Sistema de
valor.
- Disponer de un sistema de referencia (respuestas posibles) amplio y flexible.
- Elaborar claves de calificación, que contengan los aspectos referidos y
establezcan una relación las “notas” y el porcentaje de logro alcanzado por el
estudiante en el examen.
- Ampliar las escalas de notas; usualmente limitadas en la enseñanza
universitaria de 0 a 5 (o en M, R, B y E).
- Compartir todos los elementos anteriormente referidos, con los estudiantes y
padres.
¨ Algunas instrumentaciones complementarias encaminadas a emitir un juicio de
valor acerca del aprendizaje.
En experiencias anteriores desarrolladas, ha sido provechoso el empleo adicional
de Guías de Observación, las que permiten recoger las observaciones realizadas
(de los IMA) en los diferentes exámenes realizados (u otros ejercicios
evaluativos), lo que contribuye a la contrastación, a un estudio más integral
del aprendizaje de los alumnos y al registro sistemático (por el maestro y por
los propios estudiantes) de la evolución y el comportamiento de cada uno ante
cada actividad realizada. Lo que mejora mucho los juicios valorativos emitidos.
Igualmente, resulta productivo la realización de entrevistas y encuestas
periódicas a los estudiantes, lo que permite recoger y valorar sus opiniones
acerca de los exámenes realizados y del proceso evaluativo en general. De esta
manera, es posible perfeccionar los procedimientos y la concepción con que se
diseñaron dichos instrumentos, lo que ha deviene en un importante elemento
metaevaluativo del proceso.
Actualmente, algunos profesores optan por la implementación del llamado “sistema
feedback”: conjunto de herramientas educativas concebidas para perfeccionar y
optimizar en todas sus etapas, el proceso de evaluación mediante exámenes y
tests escritos. En lo material, este sistema requiere esencialmente de una PC e
impresora, a la que se le instala un lector digital que, valiéndose de sensores
ópticos y de un programa previamente instalado, permite leer, corregir y evaluar
en segundos las respuestas dadas por los alumnos.
A pesar de lo ventajoso del sistema, no debe olvidarse que la evaluación;
teniendo la responsabilidad de emisión de un juicio de valor, requiere de una
interpretación de la información que ha de apoyarse en la observación y el
estudio de ciertos IMA, algo no tan sencillo, que no puede ser puesto de forma
absoluta en manos de una máquina.
En cualquier caso, es atinado reconocer junto a Chelimsky (1994, 1997), que la
práctica evaluativa contemporánea, cuenta con mayores posibilidades y
perspectivas si se implementan diseños multimetodológicos, en los que se utilice
las ventajas de un método o instrumento para cubrir las deficiencias o
limitaciones de otro, con lo cual se asiste a variadas combinaciones de técnicas
cuantitativas y cualitativas.
Desde esta perspectiva, la evaluación se convierte en un proceso educativo y en
una “investigación sistemática” en la que participan alumnos y maestros,
discutiendo y reflexionando críticamente la valía del examen, de sus resultados,
de su consistencia y su correspondencia con los objetivos, tareas y acciones
desarrolladas en todo el proceso docente-educativo.
Sin dudas, todo ello permite ajustar los criterios de valor sobre los cuales se
diseñan y aplican los exámenes escritos, determinante en la transformación de
las concepciones, los juicios y patrones de calidad tradicionalmente existentes.
CONCLUSIONES
§ No es posible pensar en una exclusión de los exámenes escritos, ni pasarlos a
un segundo plano. Sí es posible reconceptualizarlos, ponerlos a la altura del
desarrollo teórico-metodológico y científico existente, ponerlos en función del
mejoramiento del aprendizaje una vez que sea un instrumento funcional y
complementado, más que una herramienta fría y estereotipada de medición
cuantitativa.
§ La forma que se conciben, se diseñan e instrumentan los exámenes escritos, ha
de corresponderse con las cualidades y el carácter del proceso
docente-educativo, con las características, necesidades y perspectivas futuras
de los que aprenden.
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Publicación enviada por Mario Hernández Nodarse
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Publicado Tuesday 30 de May de 2006
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