Monografias | Conceptualización de la desigualdad. Un acercamiento desde el enfoque sociológico

Conceptualización de la desigualdad. Un acercamiento desde el enfoque sociológico

Resumen: Desde la perspectiva sociológica se hizo tradicional, a partir de fines de la década de los 80 identificar áreas de desigualdad, y varios estudios desde las ciencias sociales cubanas adelantaron la posibilidad de una crisis. La Sociología instaura su reflexión científica en el debate de la situación actual del país, siendo pionera en el análisis de estos temas.

Publicación enviada por Lic. Yeny Delgado Brito


 

Resumen.
Desde la perspectiva sociológica se hizo tradicional, a partir de fines de la década de los 80 identificar áreas de desigualdad, y varios estudios desde las ciencias sociales cubanas adelantaron la posibilidad de una crisis. La Sociología instaura su reflexión científica en el debate de la situación actual del país, siendo pionera en el análisis de estos temas. 

Desarrollo
A mediados de los 90 la desigualdad se visibiliza como un problema social. Comenzó así, una producción de discursos científicos desde varias ciencias como fueron: la Economía, la Psicología Social y otras disciplinas, que aunque particularizan su visión, tratan de dar un enfoque bastante integral del tema, es así como también, la transdisciplinariedad ocupa la agenda científica en los análisis sociales de esta década. Ejemplo es el Centro de Salud y Bienestar Humano (CSBH), que desde el año 2000, ha aunado esfuerzos en la integración de los distintos enfoques que sobre las temáticas se vienen desarrollando en el país. 

Los discursos analizados para el desarrollo de este artículo son producidos fundamentalmente después del año 1995, aunque tenemos referencias de algunos trabajos, fundamentalmente del CIPS que inauguran el debate. Es interesante resaltar el contexto histórico en que se desencadena esta producción científica, ya que durante la crucialidad de la crisis no encontramos una línea de trabajo constante. Esto pudo estar condicionado por la carencia de recursos que agobió al país, pero también, porque se priorizaron aquellos centros investigativos que pudieran aportar al área productiva de la Economía del país o la salud y que podrían contribuir a líneas estratégicas de desarrollo. Por otra parte, también puede haber estado presente los tabúes existentes con respecto al tema en el país.

Las investigaciones realizadas por los centros, y que se ocupan de este objeto de estudio, responden a intereses y objetivos oficiales, y las demandas investigativas se construyen por diferentes vías o variadas maneras. Una parte, corresponde a pedidos oficiales, y por otra, estas demandas se construyen a partir del reconocimiento de los científicos de las necesidades de la ciencia misma. Estas investigaciones son de temas diversos; por ejemplo sobre juventud, estructura social, familia, desigualdad y pobreza. 

Es interesante ver cómo en la recopilación hecha de trabajos relacionados con el tema, hay una coincidencia entre los que versan sobre desigualdad y estructura social, es decir, los de estos temas convergen en el análisis de una y otra problemática, para un 26.9% de representatividad, mientras que los de pobreza reflejan un 19.2%. Otros temas como los de familia y los de economía se concentran en un 11.5% y un 15.4% respectivamente y por último los estudios de caso que han sido revisados arrojan un 19% del total. Esta muestra, no abarca la totalidad de lo realizado , pero la selección ha sido minuciosa y se ha tratado de maniobrar con los discursos escogidos para brindar un análisis que sea integrador y que profundice, dentro de estos, los puntos más importantes.

El tratamiento temático de la desigualdad-igualdad, tiene una presencia importante en este tipo de estudio, pues enfatiza en los principios que han encaminado el desarrollo del modelo social cubano. 

Desde los inicios del proceso revolucionario y sus primeras medidas se precisó la igualdad como núcleo del proyecto y esencia en la construcción del consenso político. La igualdad ha sido concebida como similitud de oportunidades y derechos para todos los grupos sociales, en al acceso al trabajo, la educación, los servicios de salud, y al consumo de bienes materiales y espirituales. Todo ello, a partir de mecanismos distributivos que descansan en la equidad y justicia social como ejes centrales.

Aunque se afirma, que la desigualdad ha aumentado, para nada es un factor de funcionamiento del sistema y la pérdida de espacios de igualdad, no ha lacerado, ni diferenciado derechos esenciales de este proyecto social (educación, salud y trabajo). En este caso, se trata de diferencias en las oportunidades de acceso al consumo en su sentido más amplio, generadas a partir de las transformaciones estructurales que se desarrollan y condicionan diferenciaciones entre los componentes de la estructura social y al interior de ellos, y al establecimiento de redes de socialización que no siempre se corresponden con las intenciones del modelo, y que imposibilitan a determinados actores sociales el acceso a todas las oportunidades.

Aún, cuando se ha tratado de conservar la justicia social en niveles que atenúen costos sociales y protejan a determinados grupos, es posible afirmar que se han diversificado y ampliado los espacios de desigualdad, que tienen una expresión objetiva pero también subjetiva, en el modo en que los individuos reflejan la realidad al mismo tiempo que la configuran y actúan sobre ella. 

El problema de la igualdad social en la transición, es también clave en la conformación del ideal social y en la política que se siga para dirigir la sociedad hacia ese objetivo. Los críticos del Socialismo han tratado de presentar la lucha por la igualdad social como una de las causas del derrumbe, que tuvo ese sistema en Europa. Ahora bien, la desigualdad social no puede ser considerada como objetivo de ningún proyecto dignificador de la persona, ni debe verse como palanca necesaria de compulsión social ante el fracaso de mecanismos económicos. 

El discurso citado se refiere a la desigualdad como algo pernicioso que debe ser eliminado. Sin embargo, hay un grado de desigualdad que es funcional a la sociedad para su mejor desempeño económico y social, pues el esfuerzo, el talento, la iniciativa que se aportan a la sociedad deben ser estimuladas, ello explica la necesidad de que exista determinado grado de desigualdad en la sociedad. En el Socialismo, se dan factores motivacionales y elementos de satisfacción que permiten aspirar a un grado funcional de desigualdad menor que en el Capitalismo, pues el motor impulsor de la eficiencia económica no es solo de carácter material. No obstante, la proporcionalidad admisible entre lo material y lo no material depende del desarrollo alcanzado, de las condiciones económicas concretas y de las decisiones políticas al respecto.

Aunque se advierte una perspectiva marxista de análisis, esta visión refleja una afiliación peculiar al funcionalismo, pues no concibe al sistema como un todo integral sino que reconoce las necesidades sociales en alguna de las partes del sistema. La esencia del fenómeno de la desigualdad es concebida como legitimizadora de la efectividad funcional del sistema, siendo esta una característica que según la propuesta regula y estabiliza tanto el funcionamiento como las funciones sociales de la sociedad. 

Otro criterio al valorar la desigualdad hace referencia a la desigualdad de ingresos monetarios, el análisis debe ir más allá y contener los beneficios no monetarios a los que se accede, como pueden ser gratuidades y subsidios contenidos en la política social; autoconsumo; o remuneraciones relacionadas con el aporte laboral que se ejecuten en especie u otras formas no monetarias. En el caso de los ingresos monetarios es importante considerar todas sus posibles fuentes, es decir, rentas por la propiedad, remuneraciones a los trabajadores y remesas, entre otras ; así como analizar si estos se generan en espacios legales o ilegales.

En algunos trabajos de los evaluados se hace visible la conceptualización de la desigualdad en términos de tenencia o no de riquezas, lo cual condiciona una visión que desde la Sociología se identifica como reduccionista, ya que prioriza las circunstancias materiales, aunque también se valore el aspecto espiritual, el caso que se analiza a continuación es muestra de ello.

La existencia de la desigualdad hay que aceptarla ya que es resultado de las diferencias sociales que permanecen en todas las sociedades modernas. Es la diferencia existente en la población en cuanto al ingreso o la riqueza acumulada, lo que se refleja en las distancias entre las condiciones de vida y de bienestar de distintos grupos sociales, así como en diferencias en formas de pensar y expectativas . 

Las desigualdades no constituyen por sí mismas fenómenos negativos. Son ante todo, parte de la diversidad natural y humana; y este lado positivo del asunto no puede perderse de vista. Sin embargo las desigualdades sociales tienden a la polarización de la sociedad y a colocar a los seres humanos en condiciones sociales de inequidad, constituyen un fenómeno social que tiene que ver con el desarrollo socioeconómico, con políticas y los modos de construcción y auto-organización de una sociedad dada. Las desigualdades sociales deben ser consideradas y tratadas en el marco de la solidaridad, la justicia y la equidad. 

Por otra parte, las desigualdades sociales son esencialmente relativas y pueden estar condicionadas por la posición socioeconómica, diferencias intergénero, interétnicas, intergeneracionales entre otras, así como por diferentes niveles de desarrollo socioeconómico en espacios, países y regiones. 

Estos enfoques consideran el fenómeno con cierta relatividad en la esencia que los origina, ya que sus posturas están influidas por un marxismo que, valorando las condiciones socioeconómicas, centra su análisis en las alternativas que caracterizan su línea de desarrollo, describiendo una trayectoria positiva que sin lugar a dudas abarca todas las estructuras dentro del sistema., ya que la sociedad es entendida como totalidad.

Desde una perspectiva sociológica, pero que a la vez vincula todos los enfoques que brindan alguna idea nueva al análisis, la desigualdad es entendida como la medida que caracteriza la segmentación estratificada de diferentes grupos, es decir, unos en situación más ventajosa que otros en lo relativo a acceso a poder y bienes materiales y espirituales, obviamente implica una jerarquía. 

La desigualdad expresa un acceso diferenciado, y quizás excluyente, al bienestar de que una sociedad dispone y puede distribuir entre sus miembros. Una política de elevación del bienestar, de desarrollo social, tiene que partir de conocer ¿qué factores marcan las diferencias sociales?, ¿qué ubica a unos grupos en una situación preferencial con respecto a otros?, de lo que pueden inferirse líneas de acción que favorezcan la redistribución social y la elevación del bienestar hacia los más necesitados.

Resulta esencial considerar las desigualdades no sólo en lo relativo a la disparidad en los ingresos o en el acceso a los servicios básicos, sino en combinación con las percepciones y representaciones de los sujetos involucrados, es decir ofrecerle al sujeto, la centralidad que requiere como protagonista de la desigualdad; así como, su expresión en el desarrollo de diferentes comportamientos, estrategias, pautas sociales y estilos de vida, para lo cual resulta pertinente la metodología cualitativa pues facilita la búsqueda de un conocimiento más comprometido con la realidad. Los resultados de este análisis no se reducen a concepciones materiales absolutas sino qua abarca elementos subjetivos que involucran a los sujetos.

Respecto a lo primero, con frecuencia las instituciones públicas y los grupos de poder asocian el fenómeno de la desigualdad con marginalidad, derivando de ello percepciones estigmatizadoras y de amenaza potencial para la estabilidad y seguridad ciudadana que legitiman formas excluyentes de control social. Para los pobres y excluidos la desigualdad se percibe como la reproducción de las desigualdades.

Con relación a lo segundo, no sólo se relaciona con aspectos físico-espaciales, sino también con procesos simbólicos y psicológicos que estructuran las conductas individuales y las interacciones sociales, lo que incide en que se retome nuevamente el estudio de los procesos de subjetividad, lo cual extiende el análisis a los procesos de reproducción social. Asimismo, se identifican desiguales estrategias de vida, que constituye un componente estratégico de la reproducción social y de los procesos de segregación urbana. 

El estudio de este fenómeno de la desigualdad social se hace más complejo aún en el escenario actual de la globalización, cuyas disímiles manifestaciones y dimensiones tienen un impacto diferencial en diferentes sectores de la sociedad y áreas geográficas, que producen desarrollos desiguales y procesos de fragmentación económica, social y cultural, relacionados con niveles de vulnerabilidad social, pobreza y exclusión social de la población, por lo que se vincula la polarizaciòn de la sociedad con la dinámica de los grupos.

En el nivel de desigualdad influyen un conjunto de factores, unos socioeconómicos y otros sociodemográficos. Entre los primeros se encuentran el nivel y desigualdad de los ingresos de las familias, monetarios y no monetarios, laborales y no laborales. También resulta relevante el tipo de inserción ocupacional que se logre, es decir, el tipo de ocupación y el sector de actividad; así como la política social vigente y el alcance de los beneficios que brinda.

Entre los factores sociodemográficos que influyen en la desigualdad se encuentran el tamaño y la composición de la familia, por edad, sexos, educación y sus implicaciones en cuanto a oportunidades familiares.

En la sociedad cubana actual, el principal factor de desigualdad es poseer una fuente de ingresos en divisas. Ello responde a lo elevado del tipo de cambio vigente, junto al hecho de que, para satisfacer algunas de las satisfacciones de la familia, ello debe efectuarse obligatoriamente en divisas. Esta situación se encuentra estrechamente relacionada con la segmentación del mercado de consumo cubano. 

Reconociendo el papel de la divisa como sustento de desigualdad, conviene aclarar que de ello no puede concluirse que las remesas sean la causa principal de desigualdad en el país, ya que como han señalado una autora los ingresos laborales en divisas también ocupan un lugar prominente . No obstante, conservan un peso importante que, por lo elevado del tipo de cambio, resulta excesivo para la búsqueda de la igualdad, objetivo del proyecto socialista.

Adicionalmente en la valoración del efecto de la dualidad monetaria en la desigualdad de la población, no puede dejar de señalarse que el tipo de cambio no oficial que es el más comúnmente utilizado, y que no refleja el poder de compra económicamente fundamentado de la moneda nacional. Su utilización en los estimados de la magnitud de desigualdad en el país, engrandece significativamente esas estimaciones. Esta inserción de la dualidad monetaria jerarquiza la sociedad en todo su conjunto y complementa sus consecuencias en la aparición de necesidades nuevas.

El primer nivel de manifestación de desigualdades sociales en Cuba no tiene que ver con la diferenciación de grupos, sino que atañe a la sociedad en su conjunto y se expresa como relación asimétrica y desigual de la sociedad cubana con respecto a sí misma en la etapa anterior al período especial. Esta desigualdad ha tenido profundas consecuencias sociales, pues la sociedad fue movida, de su estado anterior hacia uno en que las condiciones materiales y espirituales de vida se deterioraron rápidamente. Esta fue una afectación a la mayoría de la población y al sistema económico y social en su totalidad. Esta es una conclusión relevante de los estudios presentados.

El segundo nivel esta relacionado con la diferenciación social y la aparición de sectores emergentes en la economía (capital extranjero y economía informal), la adopción de cambios en la organización empresarial en la industria y la agricultura; y la creación de un mercado para la recaudación de divisas. Evaluando este análisis desde un enfoque sociológico, la desigualdad es entendida a través de los grupos que componen la sociedad y por tanto son reflejo de los cambios en la dinámica de las instituciones vinculadas al desarrollo social. 

Aunque el capital extranjero y la economía informal tienen un peso desigual en la economía nacional, ambos introducen elementos de heterogeneidad social que no estuvieron presentes en las etapas anteriores. La presencia del capital extranjero trae consigo desigualdad económica y diferenciación empresarial con amplia resonancia social. Aunque operan en el contexto de una economía social, con predomino del sector estatal, sujetos a regulaciones o leyes, la esfera de los intereses se afecta significativamente por el proceso de diferenciación. Por su parte, el sector informal, debido a su carácter heterogéneo, hace difícil establecer medidas de control efectivo a gran escala. A su vez, como se trata de actividades laborales que se desarrollan con un marcado interés de beneficio inmediato y en condiciones tecnológicas artesanales y semi-industriales, tiene además de los efectos sociales, económicos y comunitarios, efectos ambientales locales y de impacto significativo ante fragilidades del entorno. A este respecto habría que incluir las tensiones generadas por los fenómenos emergentes de pobreza y las urgencias materiales que afectan a la población y que suelen resolverse en detrimento del ambiente 

Los procesos que conducen a las desigualdades sociales son complejos y multidimensionales. Existen sinergias entre los efectos de las desigualdades en salud y las de educación y ambas de conjunto con las desigualdades sociales, constituyen un obstáculo para el desarrollo social y el mejoramiento de la calidad de vida.

En los estudios sobre desigualdades sociales ha predominado una perspectiva cuantitativa o distributiva, con la utilización de indicadores que expresan dimensiones objetivas del fenómeno. La demanda del tema ha convertido su discusión en recurrente en cada uno de los espacios que se disponen para el análisis social de cualquier fenómeno, se concibe su utilidad como la oportunidad que brinde para los análisis interdisciplinares, permitiendo conclusiones integrales y abiertas a propuestas sociales. 

Alrededor de la conceptualización de la desigualdad social fueron analizadas varias investigaciones, sobre todo producidas desde el CIPS, que se debaten en la complejidad de este fenómeno social; pero su experiencia en este tipo de investigación ha permitido elaborar una tradición científica que está respaldada por otras temáticas de interés para el centro como son estructura social–homogeneidad y heterogeneidad. Estos temas también ocupan el análisis de esta tesis y se reflejan en el aspecto que se evalúa a continuación.

Datos Personales: 
Licenciada Yeny Delgado Brito.
Profesora del Centro de Estudios para el Perfeccionamiento de la Educación Superior. (CEPES). 
E-mail: yeny@cepes.uh.cu

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Publicado Tuesday 28 de March de 2006

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